martes, 18 de agosto de 2009

¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra ni en Alemania?

Francisco Umpiérrez Sánchez
Rebelión




Carlos Coronado, un filósofo autodidacta perteneciente al foro Filosofía y Pensamiento, me formuló la siguiente pregunta: ¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra ni en Alemania? Aunque tenía algunas respuestas a mano que ofrecerle, quise aprovechar la ocasión para estudiar algunos textos de Vladimir Ilích y, como siempre, disfrutar de su enérgico e inteligente pensar. Empecé estudiando un pequeño texto, escrito el 20 de abril de 1917, titulado “Como razonan los socialistas que se han pasado a la burguesía”, después un texto mayor titulado “Sobre el impuesto en especie”, escrito el 21 de abril de 1921, que a mi juicio es un adelanto prodigioso de los pasos que actualmente y de forma novedosa está dando el socialismo chino. Y de aquí pasé a estudiar dos textos más: “Acerca del infantilismo izquierdista y del espíritu pequeño burgués”, escrito el 12 de mayo de 1918, y “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, escrito el 27 de abril de 1920. Por último, estudié una vez más la sección “Historia” del libro “La ideología alemana” de Marx y Engels. Proporciono esta información bibliográfica para que el lector sepa de dónde he alimentado mi mente y para dejar constancia de que siempre que elaboro un artículo estudio previamente algún texto clásico. En ocasiones de lo que estudias no utilizas nada, pero te deja la mente en forma.

Una cuestión metodológica

Siempre se tiene la tentación de responder a las preguntas de forma aislada. Y esta tendencia es normal porque las preguntas que te formulan son preguntas aisladas. Quién te formula la pregunta cree que puede haber una respuesta unívoca y precisa, y quien responde tiene la ilusión de poder satisfacer esa necesidad. Pero este procedimiento teórico es contrario a la esencia del pensamiento conceptual, cuyo valor estriba en proporcionar, entre otras cosas, una visión de conjunto del problema. Y así y todo, aunque puedas proporcionar una visión de conjunto del problema, siempre habrá lados que queden oscuros e incompletos. Lo que sucede es que hay muchas personas que tienen la tendencia, no de situar su pensamiento en las zonas claras e ir poco a poco ensanchándolas, sino en moverse de forma insistente en las zonas oscuras. De este modo son presas del desaliento y viven siempre asaltadas por la duda. El conocimiento de una cosa nunca es completo ni acabado. Y a este relativismo hay personas que no terminan de adaptarse y comprender que así no sólo es el conocimiento, sino también la vida.

De todos modos lo que quería concluir es que aquella pregunta que me formuló Carlos Coronado la he situado en un marco teórico más amplio de problemas. También considero que es importante tener en cuenta la perspectiva histórica, puesto que aunque aquella pregunta se refiere en concreto al periodo 1914 – 1918, la experiencia del socialismo ha experimentado muchos cambios desde aquel entonces al año 2008 en el que nos encontramos. Y muchas cosas que ocurrieron en aquel periodo se ven con más claridad y profundidad desde el conocimiento de la experiencia acumulada durante casi un siglo de socialismo, tanto de sus éxitos como de sus fracasos.

La determinación histórico-universal del comunismo

Escuchemos a Marx en la sección “Historia” del capítulo I de la “Ideología alemana”: “El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción coincidente o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado”. Esta idea escrita hace más de 150 años sigue teniendo en la actualidad la máxima validez. El comunismo sólo puede darse de forma firme y definitiva si se produce de forma simultánea en los países más avanzados del mundo, esto es, en los países de la Unión Europea, en EEUU, en Canadá y en Japón, o al menos en una buena parte de ellos. Pero el comunismo sólo se ha dado en los países más atrasados y de forma local: en Rusia primero y en China después. Esta realidad es lo que desalienta a todas las personas que creen en el comunismo. Pero la realidad es como es y nosotros no podemos transformarla de acuerdo con nuestros deseos.

Desafortunadamente los líderes de la izquierda radical y de la izquierda en general no saben evaluar esta realidad en su justa medida. ¿Por qué? Porque han esperado de Rusia primero y de China después la realización del comunismo como un sistema de sociedad cualitativa y notablemente superior al capitalismo. Pero esto no ha sido posible. Cuando China en la práctica no ha podido saciar el deseo que tiene la izquierda radical europea de un mundo nuevo, ésta se ha decepcionado y ha criticado al gigante asiático de forma desaforada. Pero al menos que consideremos falsa aquella premisa establecida por Marx, esta crítica es totalmente injusta. Pero si la tomamos por válida, el comunismo como sociedad superior al capitalismo sólo podrá darse cuando de forma simultánea la revolución socialista se lleve a cabo en una buena parte de los países más avanzados de la tierra. Y si esto es así, el principal culpable de que el mundo nuevo y el hombre nuevo no se hayan dado ha sido y es la izquierda radical de los países más avanzados del mundo.

El comunismo como la superación del estado de cosas actual

He usado la palabra ‘comunismo’ tal y como la emplearon Marx y Engels en la obra referida, donde puede leerse lo siguiente: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que deba implantarse, un ideal al que hay de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”. Esta concepción es muy importante para desechar cualquier concepción idealista sobre el comunismo. Lo dejan muy claro Marx y Engels cuando dicen que el comunismo no es un ideal al que se tiene que sujetar la realidad, esto es, no es un concepto elaborado por una vanguardia inteligente y que después haya que implantar en la realidad. Nada de eso, el comunismo es el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Por ejemplo, en todas las economías capitalistas el sector público representa el 48 por ciento del total. Este 48 por ciento de economía pública representa ese movimiento que en parte ha anulado y superado a la propiedad privada, es una superación del capitalismo en el seno del propio capitalismo. Y forma parte, por lo tanto, del comunismo. Y repito: llamaremos comunismo al movimiento que anula y supera al capitalismo. Y forma parte de ese movimiento muchos hechos y acontecimientos ocurridos fundamentalmente durante el siglo XX. Si bien bajo el punto de vista material en los países más avanzados el comunismo ha dado pasos firmes, bajo el punto de vista político no los ha dado. Aunque habría que señalar que el hecho de que una parte de la burguesía, como la que representa el PSOE en España, se reclame de izquierda, es una manifestación en el terreno de la subjetividad del papel tan grande que tiene la economía pública en la economía total. Y el peso tan destacado de la economía pública en la economía total de los países capitalistas más avanzados, no sólo representa un hecho económico sino también un hecho cultural.

Las dos premisas materiales de la sublevación socialista

Marx, en la misma sección y obra referidos antes, habla del Poder social como la fuerza de producción multiplicada, que nace de la cooperación entre los distintos individuos y bajo la acción de la división social del trabajo. Pero nos indica que este poder social se les aparece a estos mismos individuos, no como una cooperación voluntaria, sino como un poder ajeno que los domina. Este hecho hace que los individuos vivan enajenados, dominados por las potencias que ellos mismos han creado.

Dicho esto, escuchemos ahora directamente a Marx: “Con esta enajenación sólo puede acabarse partiendo de dos premisas prácticas. Para que se convierta en un poder insoportable, es decir, en un poder contra el que hay que sublevarse, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como absolutamente desposeída y, a la par con ello, en contradicción con un mundo existente de riquezas y de cultura, lo que supone en ambos casos, un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas constituye una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generaría la escasez…”.

Esta idea de Marx permite explicar dos cosas: una, por qué la revolución ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra o en Alemania, y dos, el destino histórico que tuvo la revolución soviética. En el periodo 1905-1917 Rusia era todavía un país semifeudal y semicapitalista. Y en ella había una masa de la población absolutamente desposeída. Y en contradicción con ella había también un mundo de riqueza y cultura, en manos de las clases dominantes. Era un poder social insoportable el que representaba la Rusia zarista. Esta era la causa objetiva de la necesidad de la sublevación. La condición de un poder insoportable no se daba en Alemania e Inglaterra como se daba en la Rusia zarista.

No obstante, las fuerzas productivas en la Rusia zarista tenían un escaso desarrollo. De ahí que tras el comunismo de guerra en la Rusia soviética la escasez cobrara todo su predominio. Y fue entonces, en mayo de 1918, cuando Vladimir Ilích propuso la Nueva Política Económica, esto es, propuso las libertades mercantiles, el desarrollo del pequeño capital y el capitalismo de Estado. Y en lucha contra los comunistas de izquierda, esto es, contra los izquierdistas, Vladimir Ilích decía “El capitalismo de Estado es incomparablemente superior desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual”. Después de indicar que la economía soviética estaba constituida por los siguientes elementos, economía patriarcal, pequeña producción mercantil, capitalismo privado, capitalismo de Estado y socialismo, se preguntaba: ¿entre qué elementos se mantiene la lucha principal, si hablamos en términos de categorías económicas? Y respondía: No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. Sólo trato con esta cita de remarcar dos cosas: una, que para el desarrollo de las fuerzas productivas de la Rusia soviética, sin el cual sólo se hubiera generado la escasez, era necesario la pequeña producción mercantil y el capitalismo privado, y dos, que para ejercer un férreo control contra la anarquía que genera la pequeña producción mercantil y el capitalismo privado el socialismo necesita del capitalismo de Estado.

Así que queda claro por qué la sublevación fue posible en la Rusia zarista: una, porque el Poder social era insoportable, y dos, porque fue necesaria la NEP, porque había que desarrollar las fuerzas productivas, que es la segunda premisa material para que una sublevación socialista tenga éxito. No obstante, el periodo estalinista supuso la liquidación de la NEP, la explotación del trabajo a favor de un desarrollo desproporcionado de la industria pesada y de colosales obras de infraestructuras, y bajo el punto de vista del consumo de masas el predominio de la escasez. Se suprimió la premisa material para que la sublevación socialista fuera un éxito: la satisfacción material de los trabajadores.

¿Es imposible entonces que en la Unión Europea se dé una revolución socialista?

En el seno de Europa no existe un Poder social que haya generado a una masa de la población como absolutamente desposeída. Hay pobres, pero no representan grandes mayorías sociales. En principio entonces parece que este Poder social es soportable y no existe la necesidad de sublevarse contra él. Pero si levantamos un poco la cabeza y miramos más lejos, vemos que fuera de Europa, ahí mismo debajo suya, en África, si se ha generado grandes masas de la población como absolutamente desposeídas. Y a esta inmensa pobreza se opone un gigantesco mundo de riqueza y cultura. Aquella se da en África, ésta en la Unión Europea. Vista así las cosas, el Poder social establecido, la fuerza de producción multiplicada, creada por la cooperación entre europeos y africanos, y bajo la acción de la división del trabajo entre esas dos poblaciones continentales, es insoportable. Y en consecuencia hay que sublevarse. Lo que sucede es que es insoportable para los africanos, no para los europeos. Aunque es cierto que cada vez para un mayor número de europeos el Poder social establecido también es insoportable, aunque sólo lo sea para su conciencia crítica.

Condiciones económicas y condiciones políticas del socialismo

Escuchemos a Vladimir Ilích en su texto “Acerca del infantilismo de izquierda y el espíritu pequeñoburgués”: “El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista, basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una organización armónica que someta a decenas de millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción y en la distribución de los productos. Al mismo tiempo, el socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos mencheviques de primera clase, esperaba que se diera de modo liso, tranquilo, fácil y simple el socialismo íntegro) siguió un camino tan original que parió hacia 1918 dos mitades separadas del socialismo, una cerca de la otra, exactamente igual que los futuros polluelos bajo el mismo cascarón del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron del modo más patente la realización material de las condiciones económico-sociales, productivas y económicas del socialismo, de una parte, y de su condiciones políticas, de otra”.

Destaquemos algunas de las ideas expuestas en esta cita por Vladimir Ilích. Una: el socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista, sin los grandes logros del capitalismo. De ahí que debamos considerar inevitable que China recurra al capitalismo para obtener lo que no posee y necesita. Pero después no debemos quejarnos ni asombrarnos de las consecuencias que llevan aparejadas la participación del capitalismo en la economía china. Dos: llamaremos menchevismo a aquella concepción de izquierda que piensa que se dará de forma tranquila y lineal el socialismo íntegro. Esta idea es muy importante: en principio todas las experiencias socialistas tendrán el carácter de ser parciales, no completas, no definitivas, no íntegras. Tres: el socialismo es inconcebible sin la dominación de la clase trabajadora en el Estado. Esto es lo que no comprenden los partidos socialistas burgueses. El socialismo no es posible sin que la clase trabajadora se convierta en la clase dominante. Cuatro: la Alemania de 1918 encarnó la realización material del socialismo. Esta es una idea muy importante: si ya en 1918 Alemania encarnaba la realización material del socialismo, es lógico pensar que los países de la Unión Europea representen en la actualidad mucho más que aquel entonces la realización material del socialismo. No obstante, la Alemania de 1918 y los países de la UE de 1998 no representan las condiciones políticas del socialismo. Cuatro: la Rusia de 1918 encarnó la realización de las condiciones políticas del socialismo. Esta idea es un golpe demoledor contra quienes presentan la concepción marxista de la historia como una concepción determinista, como si las condiciones económicas determinaran de modo absoluto la superestructura política, cuando lo que dice la historia es que la realización objetiva y la realización subjetiva del socialismo se dieron de forma separada. Y justamente como en la URSS de 1918 no se daban las condiciones objetivas para la realización material del socialismo, es lógico que Vladimir Ilích promoviera a través de la NEP la economía mercantil, el capitalismo privado y el capitalismo de Estado.

La fuerza de la burguesía

Escuchemos de nuevo a Vladimir Ilích, pero esta vez en el capítulo II de su obra “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”: “La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento y cuya potencia consiste no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, por desgracia, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa”.

Destaquemos algunas de estas ideas, que como se puede comprobar están repletas de la máxima actualidad. Una: La burguesía sigue siendo una clase mucho más poderosa que la clase trabajadora. Dos: La fuerza y solidez de los vínculos internacionales de la burguesía están mucho más desarrolladas y son más poderosas que la de principios del siglo XX. Tres: La pequeña producción sigue teniendo un papel destacadísimo en todas las economías del mundo y como en tiempos de Vladimir Ilích sigue generando capitalismo y burguesía cada hora de forma espontánea y en masa. Estas ideas son muy importantes para comprender a la China actual. Si para superar el socialismo pobre China ha tenido que abrirse al capital internacional y permitir cierto desarrollo del capital privado, ¿cómo podemos esperar que no se genere capitalismo y burguesía en masa y de forma espontánea? ¿Por qué hemos de estar decepcionados? Tenemos que aceptar la realidad. Les recuerdo lo que decía Marx: el comunismo no es un ideal al que hay que someter a la realidad, sino el movimiento que supera y anula el estado de cosas actual. Pero el socialismo necesita todavía del capitalismo. De ahí que todavía esté muy lejos el día de su total superación.

Una de las condiciones fundamentales del éxito de los bolcheviques

Sólo me resta exponer las condiciones subjetivas que hicieron posible el éxito de la revolución socialista en Rusia en 1917. He puesto el mismo título del capítulo II de la obra de Vladimir Ilích titulada “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, puesto que sólo me limitaré a exponer las ideas principales contenidas en ese capítulo añadiéndoles unos pequeños comentarios. Una: “el partido bolchevique no se hubiera mantenido en el poder sin una disciplina rigurosa y férrea”. Hay personas que creen que la disciplina tiene un valor en sí misma y se sostiene por sí misma, que todo depende de que el partido en cuestión posea unos jefes muy disciplinados y que los militantes les obedezcan en sus directrices. Al principio la representación que se hacen esas personas es la de un partido muy semejante en su rigor disciplinario al del ejército. Pero se equivocan. Vladimir Ilích, con su clásica habilidad argumentativa, dice que ante esta premisa la primera pregunta que surge es la siguiente: “¿Cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado?, ¿cómo se comprueba?, ¿cómo se refuerza?” Y responde. Primero: “Por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la revolución,…”. No se piense que Vladimir Ilích habla aquí de la conciencia sensible, esa conciencia que se adquiere de forma espontánea en la lucha de clases, nada de eso, de la conciencia de la que habla aquí el líder de los bolcheviques es de la conciencia teórica. Así que anoten muy claro todos aquellos izquierdistas cuya conciencia tiene fundamentalmente una naturaleza sentimental, si se quiere tener un partido obrero muy disciplinado, la primera condición es la conciencia teórica. Y para tener esa conciencia teórica hay que estudiar muy duro.

Segundo: “Por su capacidad de ligarse, de acercarse y, hasta cierto punto, si queréis de fundirse con las más amplias masas trabajadoras, en primer término con las masas proletarias, pero también con las masas trabajadoras no proletarias (gran parte de la clase media)”. Esta sí es una asignatura pendiente en la izquierda radical, que se caracteriza justamente por lo contrario, por su incapacidad para ligarse y acercarse a las grandes masas sociales. Y así, sin esa ligazón y acercamiento, es imposible tener un partido obrero con disciplina rigurosa. Y tercero: “Por lo acertado de la dirección política que ejerce esta vanguardia, por lo acertado de su estrategia y de su táctica políticas, a condición de que las mansas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia”. Esta condición es muy importante para poder mantener la disciplina de un partido obrero. Creo que la dirección política de las actuales formaciones de la izquierda radical son en general erróneas, y su principal error está en que no son capaces de conectar con las necesidades e intereses de las grandes masas sociales. Vladimir Ilích culmina estas ideas diciendo que “sin estas condiciones es imposible la disciplina en un partido revolucionario verdaderamente apto para ser el partido de la clase avanzada, llamado a derrocar a la burguesía y a transformar toda la sociedad”.

Es legítimo preguntar qué pasó con los partidos obreros socialdemócratas no rusos. Pues sencillamente que se volvieron partidos social chovinistas. Pusieron los intereses nacionales por encima de los intereses de clases. Y la base socioeconómica para que esto fuera posible fue la transformación del capitalismo de libre mercado en capitalismo monopolista de Estado y el surgimiento de la aristocracia obrera. Algunos se preguntarán: ¿existe hoy día aristocracia obrera? Pues claro que sí: todos los altos ejecutivos son aristocracia obrera. Realizan una función de trabajo, dirigir y gestionar las grandes empresas, pero ganan en concepto de salario más de lo que ganan los pequeños capitalistas en concepto de beneficio.

A modo de conclusión

Daré de forma enumerada las conclusiones. Una: en la actualidad sigue existiendo la misma contradicción que 1918: se dan de forma separada las condiciones materiales de la realización del socialismo de las condiciones políticas. Dos: la izquierda radical europea sigue aquejada de idealismo y de izquierdismo: sigue creyendo que es posible el socialismo íntegro y sigue sin ganarse la confianza de las grandes mayorías sociales. Tres: la izquierda radical sigue sin asimilar que el socialismo no es un ideal que hay que implantar sino el movimiento que supera y anula el capitalismo. Y cuatro: los líderes de la izquierda radical son tan sectarios, tan ciegos, que no ven y, por tanto, no celebran que la economía pública representa el modo práctico en que ha sido en parte superada y en parte anulada la propiedad privada en el seno del propio capitalismo.




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lunes, 17 de agosto de 2009

Trotsky, el socialismo y la democracia

Cuando se cumplen 69 años del asesinato de Trotsky


Guillermo Almeyra
La Jornada


El 20 de agosto se cumplirán 69 años del asesinato en México de León Trotsky, presidente del soviet de San Petersburgo en 1905 y 1917 y, después, líder de la lucha por la regeneración del partido de Lenin y del Estado nacido de la revolución en la que opuso intransigentemente el combate por la democracia interna y la plena y libre discusión de ideas al totalitarismo burocrático de Stalin, nacido de la fusión entre el partido único monolítico y el Estado, ambos en manos de la burocracia seudosocialista.

Los soviets –o consejos– obreros y campesinos (al igual que los consejos de soldados, que eran campesinos en uniforme) fueron –tanto en Rusia, en sus dos revoluciones, como después de la Primera Guerra Mundial en Alemania, Austria-Hungría o incluso Italia en 1920– una creación directa del sector más decidido, culto y organizado de los trabajadores, no de los partidos. En 1905, en efecto, los bolcheviques, el partido de Lenin, se habían opuesto a los consejos a los que veían como competidores de las organizaciones obreras y campesinas del partido y de los que desconfiaban, creyendo que podrían ser maniobrados por los mencheviques, los anarquistas, los socialrevolucionarios, ya que en los consejos militaban todas las organizaciones socialistas, además de gran cantidad de personas sin partido.

Porque los consejos eran el organismo político de coordinación y discusión pluralista de todas las ideas que circulaban entre los trabajadores. Trotsky, de este modo, presidió en 1905 la organización de la expresión directa de todas las tendencias existentes en el campo de la revolución y, en 1917, volvió a dirigir los soviets o consejos pluralistas y democráticos, en los que los bolcheviques tuvieron que ganar la mayoría y enfrentar sus ideas y propuestas con las otras tendencias obreras, antes mayoritarias. Dicho sea de paso, el gobierno soviético presidido por Lenin no fue el de un partido único ni mucho menos monolítico. En el partido bolchevique había, en efecto, libertad de tendencias y una intensa discusión entre las diversas corrientes en la que Lenin muchas veces quedó en minoría, y en el gobierno, además de los bolcheviques –en cuyo partido confluyeron muchísimos anarquistas– estaban los mencheviques internacionalistas y los socialistas revolucionarios de izquierda.

La concepción de Trotsky fue siempre la de Marx: la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, no de una minoría, una vanguardia autodesignada. El partido es sólo un instrumento, en el mejor de los casos un maestro y un organizador, nunca el remplazante de quienes declara servir. Y la base de la construcción del socialismo es la autogestión, como la expresada en los consejos que cumplen el papel del Estado sin estar integrados en éste porque legislan, controlan, deciden sobre los recursos, todo sobre la base de las asambleas y de la libre discusión entre las diferentes tendencias, organizadas partidariamente o no.

Ya a comienzos del siglo pasado, cuando acompañado por Rosa Luxemburgo discutía contra la idea del partido ultracentralizado, de "vanguardia", defendida en 1903 por Lenin, Trotsky había advertido sobre el peligro de que ese tipo de organización anulase la vida interna y favoreciese la dictadura de unos pocos y hasta la de un "jefe" en el partido. Sólo en 1923, fracasado su intento de regenerar un partido ya muerto y un sistema "soviético" en el cual habían desaparecido ya los soviets (consejos) de los años de la revolución y el nombre sólo servía para cubrir los concejos municipales de un partido sin vida interna alguna, Trotsky reivindica la concepción del partido de Lenin. Lo hace porque Stalin y sus secuaces lo acusan de advenedizo, de antileninista y antibolchevique, y la dictadura del aparato inventa un marxismo-leninismo que nada tenía que ver con Marx o con Lenin y que, además, convertía en dogma, en ortodoxia, lo que era un método de análisis revolucionario de la sociedad.

Contra esa invención del "trotskismo" por la burocracia en el poder, que lo presentaba en oposición al leninismo, Trotsky asume el nombre de bolchevique leninista, la continuidad política de las posiciones de Lenin y, respecto del partido, lucha contra Stalin en nombre del breve periodo de vida del partido triunfante en octubre bajo la dirección de Lenin. Pero en cuanto a los soviets, sigue luchando por revivirlos y hacerlos independientes del Estado supuestamente "soviético". Y pugna hasta su muerte para que los consejos –órganos de todos los trabajadores de una empresa o región, sindicalizados o no, miembros o no de algún partido obrero– remplacen a los organismos estatales de mediación, como los sindicatos burocratizados, para ayudar a construir así la independencia política y la conciencia de los trabajadores, y para afirmar su autoconfianza y desarrollar sus capacidades de decisión políticas y administrativas.

Frente a quienes piensan que el socialismo caerá a los trabajadores como un nuevo maná, dispensado desde el partido-Estado, Trotsky aboga en cambio por el socialismo de los consejos, de la autogestión. No sin contradicciones, no sin desvíos momentáneos y excesos administrativos, no sin concesiones incluso a la burocracia que él aborrecía y que le odiaba, pero sí como hilo rojo que marca toda su vida política, que se identifica con toda su vida consciente. Por eso la burocracia mandó asesinarlo: porque era inasimilable e incorruptible. Por eso también le rendimos homenaje en un momento en que muchos pretenden construir el socialismo fundamentalmente desde arriba, con el aparato estatal, desde el aparato estatal, con los trabajadores actuando apenas como coro.

Fuente original http://www.jornada.unam.mx/2009/08/16/index.php?section=opinion&article=020a1pol


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viernes, 14 de agosto de 2009

“Manifiesto capitalista” del editor de Newsweek International

Un intento desesperado de infundir confianza

Nick Beams
World Socialist Web Site

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyen


Fareed Zakaria, editor de Newsweek International, ha escrito un ensayo intitulado “El manifiesto capitalista: La codicia es buena (hasta cierto punto)”, que se propone expresar alivio porque el pánico generado por la crisis financiera global se esté aflojando e infundir confianza en que, a pesar de todos sus defectos, el capitalismo es todavía “la máquina económica más productiva que hayamos inventado hasta la fecha”.

El problema con esta afirmación es que, de nuevo, lejos de que haya terminado la crisis, ésta sólo se comienza a desarrollar.

Zakaria comienza por reconfortarse con el hecho de que todas las crisis financieras de los últimos 20 años hayan sido superadas, llevando a más crecimiento económico. El crash del mercado bursátil de 1987 resistió las predicciones de un retorno a la Gran Depresión y “resultó ser un accidente en el camino hacia un auge aún mayor y más prolongado.” La crisis financiera asiática de 1997 no condujo a una depresión global. En su lugar, las economías asiáticas “repuntaron dentro de dos años.” El colapso de Long Term Capital Management en 1998, descrito por el secretario del Tesoro de EE.UU. de entonces, Robert Rubin, como “la peor crisis financiera en 50 años,” no llevó al fin de los hedge funds. Más bien han “expandido masivamente” desde entonces.

¿Cómo fueron superadas esas crisis anteriores? Como señala Zakaria, el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan siempre presentó la misma solución: reducción de los tipos de interés y suministro de dinero fácil, creando una serie de activos de burbujas. Cuando la crisis de las hipotecas de alto riesgo se desarrolló en 2007, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke siguió el mismo procedimiento. Sin embargo, en esta ocasión, las reducciones de las tasas de interés no aliviaron la crisis. La Reserva Federal inició sus inyecciones de liquidez en agosto de 2007, pero la situación sólo empeoró. El banco de inversiones Bear Stearns quebró en marzo de 2008, seguido por el colapso de Lehman Brothers en septiembre y, para fines de 2008, a pesar de masivas inyecciones de liquidez, los cinco bancos de inversión de Wall Street habían colapsado o se habían visto obligados a reestructurar. El sistema financiero global estaba al borde de la catástrofe.

Esto demuestra por sí solo que, lejos del feliz escenario pintado por Zakaria – esta crisis es como las otras desde 1987 – el colapso que comenzó en 2007 marcó un giro cualitativo en un proceso continuo.

Zakaria se ve obligado a reconocer que el sistema financiero global ha estado “sufriendo crashes con más frecuencia durante los últimos 30 años que en ningún período comparable de la historia.” Pero insiste en que el problema no tiene que ver con el sistema de beneficios en sí. “Lo que estamos experimentando no es una crisis del capitalismo. Es una crisis de las finanzas, de la democracia, de la globalización y en última instancia de la ética.”

En primer lugar, la separación del capitalismo de cada uno de estos fenómenos es absurda – como si el modo capitalista de producción pudiera ser de alguna manera extraído de la situación histórica en la cual está situado; como si no conformara el entorno socio-político en el que opera, incluida la ética imperante.

Examinemos a su vez cada una de las explicaciones de Zakaria para la crisis. Insiste, junto con muchos otros, en que la falla tiene que ver con la operación del sistema financiero.

“Las finanzas fracasaron, o para ser más preciso, fracasaron los financistas. En junio de 2007, al comenzar la crisis Coca-Cola, PepsiCo, IBM, Nike, Wal-Mart y Microsoft dirigían todos sus compañías con balances sólidos, y estaban gastando con prudencia, conservando dinero para mantener una protección para una posible depresión.”

La separación de las finanzas (el lado malo) del resto de la economía capitalista (el lado bueno) tiene una larga historia. Fue hecha suya por Marx en su desdeñosa crítica de Proudhon, el pequeño burgués anarquista francés, hace más de 150 años. Como Marx explicara entonces, el lado “malo” no puede ser separado del “bueno”, especialmente ya que resulta que, las más veces, el lado “malo” es la fuerza impulsora del desarrollo histórico. Y es el caso en la situación actual. El desarrollo del capitalismo estadounidense – y de la economía global – se ha basado en los vastos cambios asociados con los procesos de financialización que comenzó en los años ochenta.

Unas pocas cifras ilustran lo que ha ocurrido. En 1980, las firmas financieras representaban cerca de un 5% de los beneficios totales de las corporaciones. En 2006 esto había aumentado a cerca de un 40%. En una escala global, los activos financieros en 1980 equivalían aproximadamente en valor al producto interno bruto del mundo. Veinticinco años después constituían un 350% del PIB global. En el corazón de esta transformación ha estado la acumulación de la deuda del sector financiero en la economía de EE.UU. Aumentó de un 63,8% del PIB en 1997 a 113,8% en 2007 – resultado de que los bancos y las corporaciones financieras se hayan endeudado aún más a fin de financiar sus operaciones financieras basadas en deudas.

El alza renovada de la financialización no fue sólo una decisión política, sino una reacción a una crisis en el proceso de acumulación capitalista que se había desarrollado a fines de los años sesenta y en la década de los setenta. Ante una caída en la tasa de beneficio, el capitalismo estadounidense emprendió a partir de los años setenta un importante programa de reestructuración. Involucró la destrucción de amplios sectores de la industria manufacturera, un ataque concertado contra la posición social de la clase trabajadora, el desarrollo de la subcontratación en el extranjero y del uso de contratistas para aprovechar fuentes más baratas de mano de obra, y un giro hacia la manipulación financiera, como ser adquisiciones hostiles y fusiones, como fuente de beneficios.

Nuevo modo de acumulación

La transformación de la economía estadounidense en los años ochenta presenció la emergencia de un nuevo modo de acumulación, en el que los beneficios se hicieron mediante la apropiación, a través de métodos financieros, de riqueza ya creada. Históricamente, la riqueza había sido acumulada en la economía de EE.UU. mediante la inversión, el comercio y la manufactura. Ahora la fuerza impulsora de la acumulación fue el aumento de los precios de los activos. Esto ha determinado la forma de la economía de EE.UU., y la acumulación de beneficios por todos los sectores del capital – incluso aquellos que no estaban directamente conectados con las finanzas.

En los años cincuenta y sesenta, las firmas manufactureras basadas en la producción en línea de montaje no constituyeron el mayor componente de la economía estadounidense. Pero los vastos aumentos en rentabilidad posibilitados por estos métodos crearon las condiciones en las cuales podían expandir todos los sectores del capital. Era una sociedad dominada por lo que los sociólogos han llamado un “régimen fordista” en el cual, como señaló genialmente el antiguo presidente de General Motors, Charles Wilson, “lo que era bueno para el país era bueno para General Motors y viceversa.”

En los últimos 25 años, el papel fundamental que otrora tuvo la manufactura en línea de montaje en la economía estadounidense ha sido asumido por el capital financiero.

No importa cuán sana o bien dirigida sea una firma capitalista, la acumulación de beneficio es un proceso social. Cada firma depende para su expansión del crecimiento de la economía en su conjunto. Y en EE.UU., el capital financiero ha sido la fuerza conductora.

Todo intento de separar el lado “malo” del “bueno” colapsa incluso bajo un estudio superficial. Zakaria apunta a varias corporaciones como parte del lado “bueno” del capital estadounidense. Una de ellas es Microsoft. Pero una de las fuentes principales de los beneficios de Microsoft han sido las ventas de los computadores y los programas de software que han impulsado el sector financiero. Consideremos Nike y Wal-Mart. Se han beneficiado de la explotación de mano de obra barata en China y otros países, bajo las condiciones de una producción globalizada. Pero esas operaciones, que involucran complejas relaciones financieras, habrían sido imposibles sin el crecimiento de los derivados financieros. Al mismo tiempo, Nike y Wal-Mart no hubieran seguido siendo lucrativas sin el aumento en la deuda del consumidor estadounidense – en gran parte proveniente de las finanzas de la vivienda – que ha sustentado los gastos de consumo estadounidenses ante el estancamiento o disminución de los ingresos reales durante el último cuarto de siglo.

La trascendencia esencial de la crisis financiera global es que marca el resquebrajamiento del modo de acumulación que ha prevalecido durante los últimos 25 años.

Los activos financieros derivan su valor, en última instancia, de su derecho a la producción de riqueza real. Las acciones son un ejemplo obvio. La acción representa el derecho a una porción de un flujo de ingreso generado por una compañía en particular. Pero esa acción puede ser comprada y vendida, y su valor puede aumentar en el mercado en exceso del valor del activo subyacente.

El hecho de que los activos financieros hayan expandido casi cuatro veces en relación con la producción global durante las últimas dos décadas y media significa que no se puede satisfacer todos sus derechos a riqueza real. Esta disparidad es expresada en la emergencia de así llamados “activos tóxicos” en los libros de los bancos e instituciones de crédito – derechos a ingresos y riqueza que carecen esencialmente de valor.

En otras palabras, la crisis no es de liquidez, es decir de falta de suficientes fondos para asegurar el funcionamiento de un sistema que de otra manera es sano, sino de insolvencia. Sus dimensiones son indicadas por el hecho de que para restaurar la paridad que existía en 1980 entre el valor de los activos financieros y el PIB global significaría la eliminación de valores de activos financieros equivalentes a dos veces el PIB global.

Esas cifras dejan claro el significado del rescate y de los paquetes de estímulo lanzados por gobiernos en todo el mundo. No tienen nada que ver con el mantenimiento de los puestos de trabajo y los estándares de vida de la clase trabajadora. Más bien, apuntan a transferir al Estado la mayor cantidad posible de las masivas deudas y “activos tóxicos” acumulados por las corporaciones financieras y los bancos.

Esta operación de rescate estatal es precisamente lo que ha impulsado los mercados bursátiles durante los últimos tres meses y ha posibilitado el suspiro de alivio de Zakaria. Como señaló un reciente artículo en el

Wall Street Journal, uno de los principales motivos para el repunte de más de un 30% es “de una simpleza apabullante.” Los mercados financieros están “repletos de dinero del gobierno” como resultado del mayor estímulo financiero combinado que el mundo haya visto en nuestros tiempos.

El gobierno de EE.UU. ya ha comprometido 12,7 billones de dólares en apoyo del sistema financiero, casi el equivalente el producto interno bruto de ese país. Desde que la crisis financiera se intensificó en septiembre de 2008, los gobiernos en todo el mundo han comprometido 18 billones de dólares en fondos públicos, el equivalente de un 30% del PIB del mundo, para recapitalizar a los bancos. Esto ha llevado a un reventón en su posición fiscal.

En Gran Bretaña, se espera que la deuda del gobierno llegue pronto a un 100% del PIB, mientras que la deuda del gobierno de Japón se orienta hacia un 200% para 2011 y se espera que la deuda gubernamental en EE.UU. llegue a 100% del PIB al mismo tiempo. Según economistas del FMI, para 2014 las ratios de la deuda pública al PIB de las economías del G-20, que incluyen cerca de un 85% de la economía global, habrán aumentado en 36 puntos porcentuales del PIB en comparación con los niveles a fines de 2007.

Un nuevo régimen político

El financiamiento gubernamental, sin embargo, no puede continuar indefinidamente. Las deudas incurridas por el Estado para financiar los bancos serán pagadas mediante el recorte de los gastos gubernamentales y los servicios sociales y forzosamente empobrecerán a la clase trabajadora. La escala de este ataque contra las condiciones sociales y los niveles de vida será directamente proporcional al tamaño de las sumas de dinero involucradas. Según un cálculo en Gran Bretaña, el consumo tendrá que ser reducido en por lo menos un 20% de su nivel en 2006-2007 para llegar a comenzar un equilibrio en los libros del gobierno.

Zakaria señala el “aterrador” crecimiento de la deuda gubernamental en EE.UU., especialmente si se incluyen los programas de ayuda social y los compromisos de jubilación, y observa que “nadie ha tratado seriamente de colmar la brecha, lo que puede ser hecho sólo mediante (1) aumento de los impuestos o (2) reducción de los gastos.”

“Es la enfermedad de la democracia moderna: el sistema no puede imponer ningún sufrimiento a corto plazo para obtener ventajas a largo plazo.” Las implicaciones políticas son obvias: es imposible imponer los masivos recortes en gastos y aumentos en ingresos necesarios para eliminar la deuda del gobierno dentro del actual orden político. La reestructuración de las economías de EE.UU. y otras importantes economías capitalistas requiere un régimen nuevo, mucho más represivo.

Zakaria se esfuerza en extremo en su intento de afirmar que el capitalismo no es la causa de la crisis. El verdadero problema, insiste, no es su fracaso, sino demasiado éxito. El mundo se ha estado moviendo hacia “un extraordinario grado de estabilidad política”; no hay una importante competencia militar entre las grandes potencias; la violencia política disminuye. Considerando las guerras que son libradas por EE.UU. en Iraq, Pakistán y Afganistán, una afirmación semejante sólo puede ser descrita como absurda. En cuando al apaciguamiento de la rivalidad entre grandes potencias, basta con apuntar a la constante y creciente preocupación en los círculos responsables de la política de EE.UU. por el ascenso de China.

Sin embargo Zakaria no está dispuesto a permitir que los hechos interfieran con la historia que quiere presentar. La estabilidad política, afirma, ha sido acompañada por una reducción de la inflación, el crecimiento económico y el establecimiento de un sistema económico global. Son estos “buenos tiempos” los que llevaron a la complacencia de la gente y, a medida que bajaba el coste del capital, a más complacencia. “La economía mundial se ha convertido en el equivalente de un coche de carrera – más rápido y más complejo que cualquier vehículo que se haya visto. Pero resulta que nunca alguien había conducido un coche semejante, y nadie realmente sabía cómo hacerlo. De modo que se estrelló.”

¿Y el futuro? “El verdadero problema,” continúa, “es que todavía conducimos ese coche. La economía global sigue siendo altamente compleja, interconectada y desequilibrada. Los chinos todavía acumulan sus superávit y tienen que colocarlos en alguna parte. Washington y Beijing tendrán que trabajar duro para estabilizar lentamente su dependencia mutua para que el sistema no esté siendo preparando para otro choque.”

En otras palabras, aunque la crisis ha pasado, todas las condiciones que la produjeron siguen existiendo, y no están ni cerca de ser resueltas.

Lenin señaló una vez que el poder del marxismo es que es verdad. A veces, incluso conscientes oponentes al marxismo se ven obligados, por la lógica misma de los hechos objetivos, a referirse a procesos que forman el centro del análisis marxista. Estamos ante un caso semejante.

Según Zakaria: “De un modo más amplio, la crisis fundamental que enfrentamos es la propia globalización. Hemos globalizado las economías de las naciones. El comercio, el viaje y el turismo juntan a la gente. La tecnología ha creado cadenas de suministro, compañías y clientes mundiales. Pero nuestra política sigue siendo resueltamente nacional. Esta tensión está al centro de muchos crashes de esta era – una incompatibilidad entre economías interconectadas que producen problemas globales pero ningún proceso político compatible que pueda efectuar soluciones globales.”

El movimiento marxista ha identificado hace tiempo como una de las contradicciones centrales del capitalismo mundial la que existe entre el desarrollo global de las fuerzas productivas por una parte, y el sistema de Estado-nación en el que se basa la superestructura legal y política, por la otra. Esta contradicción es lo que convierte el socialismo, basado en el desarrollo de una economía planificada a escala internacional, en una necesidad histórica. Tal como el orden político feudal tuvo que ser derribado para posibilitar el crecimiento de las fuerzas productivas bajo el capitalismo, actualmente la globalización de la producción ha hecho que el sistema de Estado-nación capitalista sea tan reaccionario y retrógrado como los principados y reinos de hace dos o tres siglos.

Esta contradicción estalló en la primera década del siglo pasado en la forma de la Primera Guerra Mundial. Ahora ha aparecido de nuevo, a un nivel aún más elevado. Sólo puede ser resuelta por la toma del poder político por la clase trabajador a escala global, de otra manera la humanidad enfrenta guerras y crisis económicas potencialmente más devastadoras que las que caracterizaron las primeras cinco décadas del Siglo XX.

Zakaria pide une mejor coordinación internacional. Pero la propia lógica objetiva del sistema capitalista impulsa los eventos en la dirección opuesta. La producción capitalista es realizada a escala global. Su propósito no es satisfacer necesidades humanas, sino acumular ganancias privadas. Cuando la acumulación se expande, los diferentes sectores del capital, como señaló Marx, operan como una especie de fraternidad, dividiendo los despojos entre ellos. Cuando el sistema se rompe y ya no se convierte en una cuestión de repartir beneficios, sino de tratar de evitar pérdidas, estalla una lucha violenta. Una ruptura semejante ya no involucra simplemente luchas competitivas intensificadas en el mercado, como lo hizo en el Siglo XIX, sino, con el vasto crecimiento de la industria y las finanzas capitalistas, las crisis económicas llevan inevitablemente a la participación directa del Estado capitalista.

Es lo que ocurrió el año pasado. Después del colapso de Lehman Brothers en septiembre, cuando el sistema bancario y financiero estaba amenazado por la catástrofe, todos los gobiernos del mundo reaccionaron, no mediante el trabajo por una acción coordinada a escala global, sino para proteger su “propio” sistema bancario, lo que llevó a conflictos inmediatos. En los meses desde entonces, las diferencias sólo se han ampliado. Los alemanes y los franceses son hostiles a los rescates del gobierno estadounidense porque temen, correctamente, que permitirán que los bancos de EE.UU. mantengan su posición global dominante. El gobierno estadounidense, por su parte, se opone a llamados por más regulación, porque apuntan a las finanzas de EE.UU. El gobierno británico, no quiere introducir regulaciones más duras por temor a que pongan en peligro la posición de Londres, descrita por el comentarista de Financial Times, John Plender, como “la plaza de juegos de aventura del sistema financiero global.” Esto lleva a la oposición del gobierno alemán, que albergaba esperanzas de que la crisis ofreciera más oportunidades a Frankfurt. Las diversas intervenciones en la industria, asimismo, han agudizado las rivalidades nacionales. El rescate de Opel por el gobierno alemán, por ejemplo, pone en peligro las operaciones en Bélgica, causando incluso preguntas de si podrían haber sido violadas las reglas de un solo mercado europeo.

En cuanto a la coordinación entre EE.UU. y China para resolver los desequilibrios monetarios internacionales, el banco central chino ha llamado dos veces en los últimos tres meses a que el sistema financiero internacional sea reestructurado y que el dólar sea reemplazado como la moneda de reserva mundial. Si eso tuviera lugar, causaría una rápida decadencia en la posición global del capitalismo estadounidense, que ha gozado de enormes ventajas por el papel del dólar como divisa mundial.

A falta de cooperación internacional, advierte Zakaria, habrá “más crashes, y eventualmente puede haber una retirada de la globalización hacia la seguridad – y el lento crecimiento – de economías nacionales protegidas.” El desarrollo de una situación semejante en los años treinta condujo directamente a la Segunda Guerra Mundial. Tendría consecuencias aún más catastróficas en la actualidad.

Al final, Zakaria concluye que una “crisis moral” podría “hallarse en el centro de nuestros problemas.” La mayor parte de lo que sucedió durante la última década fue legal pero “muy poca gente actuó con responsabilidad.” Sin embargo, continúa, algo semejante no sucedió porque “repentinamente los empresarios se hayan hecho más inmorales. Forma parte de la apertura y de la creciente competitividad del mundo de los negocios.”

Zakaria prefiere no entrar en detalles al respecto, porque al hacerlo dejaría demasiado claro que esa “crisis moral” es en sí una expresión de la crisis de la economía capitalista.

Los procesos mismos asociados con el ascenso del capital financiero han hecho cada vez más confusa la línea divisoria entre legalidad e ilegalidad, para no hablar de moralidad e inmoralidad.

En el mundo de las transacciones financieras multimillonarias que involucran el uso de complejos derivados, donde el valor de un activo financiero puede ser alterado mediante el cambio del valor de una u otra de las variables en el modelo matemático en el que se basa; donde mientras más complejo y poco claro sea un derivado financiero, más grande será el beneficio obtenido por el vendedor; donde vastas fortunas pueden ser hechas mediante el juego financiero, y donde una firma que no emplee los últimos métodos dudosos para mejorar sus resultados enfrenta la posibilidad de ser tragada por un liquidador de activos financiados con bonos basura, ¿ética a qué precio?

Además, el crecimiento de una oligarquía financiera que domina y controla todo el sistema político, significa que cualquier reforma racional del actual orden es imposible, incluso si hubiera una solución disponible.

Las fuerzas productivas de la economía global – el complejo y poderoso coche de carrera, para utilizar la analogía de Zakaria – creadas por el trabajo intelectual y físico combinado de la clase trabajadora del mundo, se han desarrollado en una escala inmensa. Pero ya no pueden ser dejadas en manos de una elite gobernante que ha perdido el derecho histórico, político y moral de permanecer al volante. Por eso una revolución socialista, y la transferencia del poder político a manos de la clase trabajadora, se han convertido en una necesidad histórica.

Fuente: http://www.wsws.org/articles/2009/jul2009/zaka-j04.shtml


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jueves, 13 de agosto de 2009

“En el Nuevo Partido Anticapitalista francés queremos que el pueblo esté en el poder, no que nos atrape el poder”

Entrevista al universitario francés Franck Gaudichaud en Chile


Andrés Figueroa Cornejo
Rebelión


Para la izquierda chilena, Francia, históricamente, representa entre una batería enorme de dimensiones, la Revolución Francesa, la Comuna de París, la Resistencia durante la ocupación nazi, Mayo del 68. Hoy, a través del nacimiento del Nuevo Partido Anticapitalista, una vez más, una franja sustantiva de la izquierda de Francia ofrece pistas de interés ante la recomposición mundial de las fuerzas sociales organizadas contra la hegemonía capitalista.

Franck GaudichaudFranck Gaudichaud es Doctor en Ciencias Políticas, miembro del colectivo de www.rebelión.org y académico de la cátedra de América Latina en una universidad francesa. Se doctoró analizando el movimiento popular chileno, en particular, la experiencia de los cordones industriales y el poder popular durante el gobierno de Salvador Allende. Su cariño por Chile lleva tiempo. En una estadía en Bolivia, Franck conoció aspectos de lo ocurrido durante los mil días del gobierno de la Unidad Popular. Se dio cuenta que había mucha literatura respecto de la institucionalidad de la UP y sus grandes personajes, pero existía un vacío sobre el sujeto popular y obrero, protagonista central del proceso. Luego de publicar un texto respecto de los cordones industriales y el poder popular constituyente en Chile (LOM ediciones), ahora quiere lanzar un segundo tomo “sobre la revolución desde abajo en Chile que se dio en la época”.

Aprovechando su visita a Chile, el periodista que escribe se reunió con Franck, militante activo del Nuevo Partido Anticapitalista francés para indagar en relación a temas candentes para el campo popular mundial.

¿Qué ocurre con la izquierda francesa luego de la Segunda Guerra Mundial?

“Después de la segunda guerra mundial, en Francia existió un Partido Comunista muy fuerte, muy enraizado en la clase obrera industrial, un poco como en Chile. Por eso la izquierda francesa siempre ha mirado a Chile y viceversa, por el tipo de estructuración de los partidos y del movimiento obrero, por las similitudes, independientemente de las enormes diferencias en otros ámbitos. También en ambos países se encuentra el cristianismo social o un proletariado minero por ejemplo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el PC sacaba un 25 % de los votos en elecciones nacionales. Era el partido de masas del país por excelencia. Desde esos tiempos hasta nuestros días, hay un declive permanente de los PC en Francia (como en Europa), que tenía fuerte presencia también en los municipios, en la producción cultural, en las universidades, entre los intelectuales, en la literatura, etc. Sin embargo, paulatinamente con la crisis de la URSS y una política parlamentaria y municipal de cogobierno con la social-democracia y el PS, (desde los frentes populares en los 30’ hasta el gobierno Jospin, 1997-2002) se adaptó a la institucionalidad de la sociedad capitalista y colaboró regularmente con los sectores liberales de la “izquierda”. La caída del muro de Berlín en 1989 marcó también mucho al comunismo francés y a un partido que, por lo general, no supo sacar las lecciones críticas de lo que representó como fenómeno histórico regresivo el estalinismo y los socialismos burocráticos reales del Este de Europa. En las ultimas elecciones presidenciales, el PC sacó 1,9% de los votos y su militancia ha bajado de manera sustancial, aunque conserva más de 10.000 concejales locales en el país…”

¿Qué evaluación haces del famoso Mayo de 1968?

“Mayo del 68 tiene mucha relevancia hasta nuestros días, tanto por su impacto como por sus limitaciones. Entonces ocurrió la huelga general más fuerte de la historia francesa: 10 millones de trabajadores. Esto rompe el mito de la pura revolución cultural y estudiantil. La huelga de los trabajadores explica el temor de las clases dominantes. Hay una poderosa crítica a la sociedad capitalista como también al estalinismo verticalista y al funcionamiento de “los socialismos reales”. Se implementan y defienden nuevas libertades sexuales y de género. Los trabajadores se ponen en huelga general sin pedirle permiso a la dirección de la Central General de Trabajadores (CGT, dirigida por el PC en este entonces), con el argumento de que “a nuestros hijos los están reprimiendo”. El conflicto se resolvió con mejoramientos salariales importantes para los trabajadores, con los “acuerdos de Grenelle” entre el presidente de la CGT y el gobierno derechista de le época, momento donde se acuñó la famosa frase “Hay que saber terminar una huelga, compañeros.” Al final era un llamado para que todo volviera al orden anterior en un período donde sí existía la posibilidad y la combatividad obrera para defender una perspectiva de ruptura con la sociedad reaccionaria encarnada por el General De Gaulle. Comienzan a desarrollarse entonces otros sectores anticapitalistas ligados al trotskismo, a los maoístas y a los libertarios. Sobre todo a partir del año 70, donde, entre otras cosas, nace la Liga Comunista, después Liga Comunista Revolucionaria (LCR). Se trata de sectores que se desprenden de la juventud comunista y se encuentran con viejos sectores trotskistas del movimiento obrero y de la cuarta internacional. Los libertarios y el maoísmo cobran también mucha fuerza.”

LA DERECHIZACIÓN DE LA IZQUIERDA INSTITUCIONAL

¿Qué impacto tuvo para la izquierda francesa la implosión del campo soviético?

“Lo anterior continúa en los años 80 y tiene un punto de inflexión con la caída del campo “socialista”. Para unos, la conclusión será que terminó en nuestros países (capitalismos centrales del sistema-mundo) toda posibilidad de ruptura anticapitalista o revolucionaria, fortaleciendo las posiciones parlamentaristas, electoralistas y reformista-gradualista; y para otros significó –al contrario- un nuevo período para el movimiento obrero internacional y la toma de las banderas del anticapitalismo para construir otro socialismo posible. Ello coincide con la reorientación acelerada del Partido Socialista que toma el camino de liberalismo y de lo que llaman hoy, y es un eufemismo, la “economía social de mercado”. El PS fomenta alianzas con el PC en este sentido político reformista. El PS crece, entonces, electoral y políticamente a costa del PC y el mejor artífice de esta política ha sido François Mitterrand. Desde el 83, el PS en alianza con el PC comienza con las transformaciones contra el Estado de Bienestar y el apego a los ajustes estructurales y a la “austeridad” presupuestaria. Esta participación gubernamental le costará muy caro al PC y el rechazo de una parte de su base social. Hasta hoy esta inclinación hacia el neoliberalismo de la izquierda institucional se expresará en que altos dirigentes del PS francés, sean directores de la Organización Mundial de Comercio (OMC – con Pascal Lamy-) y ostenten la presidencia del FMI (Fondo Monetario Internacional, con Dominique Strauss-Kahn ). Es decir unas de las principales herramientas del capitalismo mundial y del saqueo imperial de los países del sur está dirigida por esta “izquierda”… Nosotros a este fenómeno lo llamamos “proceso de social-liberalización”; es decir, neoliberalismo brutal más algunas políticas asistenciales para los indigentes. Los 90’ fue una travesía en el desierto. La izquierda extraparlamentaria se manifiesta en muchos grupos, en minorías revolucionarias que tienen ideas, pero no llegada a la gente común, al pueblo. Hay mucho divisionismo y dogmatismo. Desaparece, casi por completo, el maoísmo. Y dentro de esta nueva coyuntura, aparecen los llamados a la reconstrucción de una izquierda clasista”

¿Cuáles son las condiciones del movimiento popular y de los trabajadores en Francia hoy?

“Al nivel sindical, existen 6 confederaciones. La CGT se dividió durante las últimas décadas entre centrales de “derecha” y de “izquierda”, expresando un rechazo creciente a la hegemonía del PC sobre el movimiento sindical. Por ejemplo, aparece “Solidarios” en 1981, que es una nueva central más radical y dinámica, más joven, que organiza a los sectores más golpeados y precarios: los trabajadores ferrocarriles, empleados públicos de salud, educación y correos, los cesantes, los inmigrantes… Buscan una política unitaria pero claramente clasista. Aparte, existen dos posiciones dentro de la izquierda radical: los que persiguen cambiar y reorientar la CGT por dentro con posiciones clasistas y los que están en “Solidarios” buscando construir un nuevo sindicalismo de lucha. Es necesario mencionar que hay muy buenos sindicalistas de base, obreros del sector privado y empleados públicos, en la CGT también. En regiones, lejos de la dirección nacional burocratizada de la CGT, confraternizan ambas centrales en torno a huelgas unitarias. Hoy se vive una agudización de los conflictos sociales a nivel europeo, pero donde las grandes centrales juegan un papel de freno al movimiento y a la convergencia. En Francia, acabamos de vivir, una secuencia de lucha de clases muy aguda: hubo tomas de fábrica importantes, como Continental o Caterpillar, hubo toda una serie de secuestros de patrones y cuadros de empresas que despiden y deslocalizan para aumentar aun más sus ganancias… Actualmente en una empresa (Molex) se está hablando de requisición por los trabajadores y de control obrero. Este nivel de combatividad excepcional asusta tanto a la burguesía, como al gobierno de Sarkozy. Sobre todo cuando al mismo tiempo se desarrolló la magnífica experiencia del colectivo LKP en Guadalupe, ¡Con una huelga general de 44 días apoyada por todo el pueblo de la isla! Y fue una huelga victoriosa. Los medios de comunicaron intentaron esconderla, pero igual tuvo un impacto muy grande en Francia: la gente dijo sí es posible unirse y ganar frente al gobierno de Sarkozy. Desgraciadamente se conoció poco aquí en América Latina esta experiencia de Guadalupe, que son países hermanos. En Francia, las grandes confederaciones han sido completamente desbordadas por su base. En los últimos meses hubo 3 jornadas de huelga general y el 19 de marzo han salido más de 3 millones de trabajadores a la calle, además de los millones en huelga. Pero las direcciones sindicales no propusieron ninguna perspectiva de huelga reconducible, ni tampoco iniciativas de convergencia de los sectores en lucha, entre empleados públicos y privados, entre trabajadores de planta y precarios, entre trabajadores franceses e inmigrantes. Al contrario; nosotros como universitarios, frente a las reformas privatizadoras del gobierno, estuvimos 3 meses seguido en huelga, hicimos ocupaciones de las ciudades, de los campus, organizamos coordinaciones de movilización: ¡Un hecho inédito! Pero no se logró salir del ámbito. No hubo convergencia, pese a los altos niveles de conflictividad. Esto demostró la falta total de alternativa desde la izquierda institucional. Durante todos estos meses de conflictos sociales, el PS estuvo mudo, ausente, hablando sólo de sus conflictos de poder interno. Esta situación es más fácil explicar cuando vemos que Sarkozy está poniendo en práctica una parte del programa neoliberal del PS (sobre jubilaciones, universidad, flexibilidad del trabajo, en fin).”

¿Qué pasa con la izquierda que no se confunde con el neoliberalismo?

“Estamos ante un proceso largo y histórico para llegar a construir un polo anticapitalista en Francia y en Europa. A partir de 1992 y desde la Liga Comunista Revolucionaria (LCR, donde militaba antes), nosotros decimos que ante un nuevo período caracterizado por la reorganización mundial del capitalismo neoliberal, por el social-liberalismo de la izquierda tradicional y por el derrumbe de los socialismos burocráticos, es preciso crear nuevos movimientos, una nueva organización política y discutir un nuevo programa para la emancipación humana. Pensamos que no hay que quedarse anclados en un principismo dogmático, en teorías que no tienen que ver con la realidad y sobre todo que hay que responder a los problemas reales de la gente. Pero eso sí, rescatando lo mejor de la historia del movimiento obrero y revolucionario internacional. También es necesario tomar en cuenta y escuchar a la nueva generación de militantes sociales que apareció con el ultimo ciclo de la lucha de clases en el mundo y que tiene críticas legítimas que hacer a los partidos de izquierda”

¿Cuáles son las distancias entre los sectores antineoliberales y los anticapitalistas?

“Hay dos posiciones fuertes entre los “antiliberales”, que estiman que todavía es posible humanizar o reformar el capitalismo mundial. Nosotros decimos que el antineoliberalismo consecuente es anticapitalismo; no es posible humanizar el sistema. Y la actual crisis mundial refuerza esta idea, sobre todo cuando el sueño de volver al keynesianismo o al Estado de bienestar es una pura ilusión. Y sobre todo pretender hoy salvar al capitalismo sería como proponerse alimentar una enferma que nos va a matar a todos, humanos y ecosistema incluido. Tácticamente, como anticapitalistas, nos definimos con independencia de la socialdemocracia y del PS francés. Estratégicamente, afirmamos la necesidad de la independencia de clase y de la independencia hacia el Estado y su institucionalidad, que quiere atraparnos, moldearnos y domarnos. Nosotros llegamos a la conclusión de que necesitamos un instrumento político al servicio, para y por las clases populares para enfrentar a Sarkozy. Frente a una derecha de combate, contraponemos una izquierda de combate.”

¿Cuál es la relación entre el anticapitalismo y el PC francés?

“El discurso del PC, para justificar aliarse con el PS y cogestionar con él centenares de municipalidades y regiones, es que hay que crear “mayoría en la izquierda”. Nosotros queremos crear mayoría popular, cambiando de izquierda en base a un proyecto anticapitalista. Aquí nosotros decimos que para construir una izquierda auténticamente anticapitalista hay que formarla de manera independiente del PS, del social-liberalismo y también de las instituciones dominantes. Pero la idea de dotarse de un partido anticapitalista no es un fin per se ; el partido es solamente un instrumento para la emancipación, al servicio de ella, una herramienta (ojalá transitoria). Se trata de dar representación política a las luchas sociales, a los jóvenes pobladores, precarios, trabajadores organizados, inmigrantes, empleados públicos, etc.”

EL CAMINO

¿Cuál es el origen del NPA?

“Desde los 70’, fracasamos en la organización “desde arriba” de un polo anticapitalista, es decir construir en base a un acuerdo de fusión entre varias organizaciones de la izquierda revolucionaria. Entonces la Liga Comunista Revolucionaria asumió la línea “desde abajo”, una política de puertas abiertas, de creación de comités de base en todo el país y de nacimiento de un nuevo partido. Concluimos que la LCR estaba lista para desaparecer, para disolverse y que era el momento de dar un salto cualitativo y cuantitativo. Una apuesta fuerte, de alta incertidumbre, donde la decisión es poner fin a una organización dinámica, de 40 años, en pleno crecimiento: una decisión inédita en la historia reciente. Pero creo que tómanos la buena decisión. Ya desde 2002, realizamos una enorme campaña sobre la prohibición de los despidos. En las elecciones presidenciales nuestro vocero, el joven cartero Olivier Besancenot, obtiene más de un millón de votos y en la presidencial de 2007, 1 millón 500.000 (4% frente a los 1,9% del PC). Además en 2005, hubo una grande campaña unitaria y popular para el “no” al tratado constitucional ultraliberal europeo. Todos estos elementos confirmaban la existencia de un potencial real, la responsabilidad de la LCR para intentar responder al inmenso desfase entre las organizaciones de la izquierda radical y el nivel de combatividad social. El 2007 convocamos públicamente a la conformación de un “nuevo partido anticapitalista”, proceso que dura un año, hasta el congreso de febrero de 2008, a través de la discusión en centenares de comités de base, abierto a todas y todos. Desde el principio, los ex militantes de la LCR son franca minoría en los comités, y esa es la idea, para que los resultados del debate provengan genuinamente desde las bases: no se trataba de renovar la LCR, sino de construir una nueva izquierda anticapitalista.”

¿De qué forma se organizan los comités anticapitalistas?

“Los comités se forman territorialmente de manera inicial y llegan a ser 400 a nivel nacional. Después viene el proceso de organización y coordinación por sectores o regiones. A los comités llegan ex militantes comunistas, ex militantes de base del PS, sectores libertarios, pero sobre todo, muchos sindicalistas clasistas independientes, jóvenes pobladores, militantes altermundialistas, ecologistas radicales, feministas sin partido. Por ejemplo, en mi comité somos dos ex militantes de la LCR, y los 12 restantes no tienen nada que ver con nuestro partido de origen. Éramos menos de 3.000 militantes de la LCR en 2007. Hoy somos más de 11.000 dentro del NPA: se concretizó el salto cuantitativo y también cualitativo.”

¿Cómo se vive la etapa inicial de constitución del NPA?

“El proceso se vive con mucha riqueza, mucho debate y por supuesto dificultades, debido a la proveniencia de la convergencia de distintas culturas políticas y organizacionales, donde es preciso trascender los principismos, el sectarismo para superar las identidades particulares o cerradas y forjar una identidad común anticapitalista. Hay que recordar que en el nuevo instrumento llegan medioambientalistas o libertarios que tienen una visión inicial bastante negativa de los partidos y de las formas de poder (y se puede entenderlo conociendo el siglo XX…); y también gente sin cultura política partidaria. De todo, en buenas cuentas. Tuvimos que poner todo sobre la mesa, sin sectarismo: nuestra concepción de un partido, del anticapitalismo, de la transformación social, nuestros referentes teóricos, todo… y ha sido un ejercicio colectivo muy sano, de democracia directa, de discusión con miles y miles de personas en el país”

¿Cómo discutieron los fundamentos de un nuevo partido?

“El proceso se dio por medio de una agenda y textos comunes. Se conformó un comité de coordinación nacional, plural, que en base a las discusiones en las base propuso textos comunes de debate. En un año se discutió todo y se logro redactar colectivamente, por miles de militantes, un texto central sobre los principios fundadores del NPA; otro sobre coyuntura política nacional e internacional y un texto sobre estatutos y organización (Ver: http://www.npa2009.org/node/24 ). La dinámica consistió en una ida y vuelta de conclusiones desde los comités de base hacia el comité nacional, ¡Con miles de enmiendas! Entonces el comité nacional de coordinación clasificó por temáticas las enmiendas para consensuar las posiciones y cuando no había consenso, se enviaban los puntos en conflicto de regreso a los comités para discutir nuevamente. Entre tanto, hubo una reunión nacional con delegados de toda Francia a mitad de año, reuniones regionales de los comités, hasta llegar al Congreso Fundacional en febrero 2008, donde cuando no hubo consenso, simplemente se votó en base a textos diferentes.”

¿Qué aspectos fueron los más debatidos?

“En el congreso participaron 800 delegados elegidos en los comités de base, representando a más de 9.000 militantes. También acudieron delegaciones internacionales de más de 45 países de todos los continentes y centenares de observadores y periodistas europeos e internacionales. Los temas que más se discutieron fueron, por ejemplo, ¡el nombre! ¿Cómo nos vamos a llamar? Un tema no sólo simbólico, trascendental para un partido ¿Revolucionarios, anticapitalistas, socialistas, de izquierda, ecologistas radicales? Había más de 400 nombres propuestos por los comités. Y en el último Congreso votamos entre 8 y ganó el nombre NPA, es decir el mismo nombre provisorio original. Se había propuesto también “Partido Anticapitalista Revolucionario” o “Partido de la Izquierda Anticapitalista”… También hubo otras discusiones políticas esenciales sobre conceptos del “socialismo del siglo XXI” y del “eco-socialismo”: dos conceptos que reivindicamos principalmente para diferenciarse de los “socialismos” autoritarios del siglo XX. Se debatió sobre estrategia de poder y revolución, sobre organización interna y democracia o sobre cómo participar en las próximas elecciones”

¿Cuáles fueron los acuerdos cardinales?

“Claramente quedó establecido que no queremos socialismo burocrático, ni dictatorial. Finalmente se reivindicó el socialismo del siglo XXI, que nos parece un concepto amplio y que abría las avenidas para la discusión (hay que decir que en Europa este concepto no se asocia inmediatamente como aquí en Chile a la experiencia venezolana). La problemática estratégica todavía no está cerrada. Para ilustrar gruesamente, algunos están más cercanos al modelo bolchevique, otros asumen posiciones de ruptura gradual interrumpida, otros reivindican a Louise Michele y la Comuna de París o Rosa Luxemburgo... Hay muchos matices al respecto en el NPA. No hemos resuelto del todo y en detalle cómo se va a romper con el capitalismo (¡nadie lo sabe!), pero sí estamos de acuerdo que será en base a la auto-organización de las clases populares y a formas de huelga general masiva. Por supuesto, tenemos lineamientos generales comunes ligados a la indispensable socialización y control de los principales medios de producción, a romper con la institucionalidad burguesa, a poner fin al modelo productivista insustentable, etc.”

¿Cuáles son los pasos tácticos y cuál la estrategia?

“Otra discusión tuvo que ver con la táctica en política nacional. Un sector minoritario planteó no participar en las elecciones con argumentos libertarios. En el mismo contexto electoral, un sector postuló aliarse con el PC y desprendimientos del PS para enfrentar a la derecha. Y el sector mayoritario afirmó que es necesario mantener la independencia absoluta respecto del PS, sin cerrar el diálogo con otras organizaciones políticas, como Lucha Obrera, Alternativa Libertaria y con comunistas consecuentes. Se decide que los anticapitalistas deben participar en elecciones e ir al Parlamento Europeo. Si vamos a elecciones es para llevar la voz de los movimientos sociales, de los trabajadores, de los sectores excluidos por el capital. Queremos que gobiernen nuestras ideas a través de un movimiento y lucha de clases muy fuerte. Queremos que el pueblo esté en el poder, no que nos atrape el poder. Los elegidos serán controlados por el partido y serán la voz de los trabajadores, no serán administradores del sistema. Tienen que dar cuenta de su trabajo y actuar en base a orientaciones del partido. La idea es colectivizar las figuras del partido, a través de dirigentes obreros, altermundistas, inmigrantes. La participación electoral es puramente táctica; lo estratégico es la ruptura con el capitalismo y su institucionalidad.”

¿Qué principios acordados te gustaría relevar?

“En nuestros principios fundadores ( www.npa2009.org/sites/default/files/principesfondateurs.doc ) está la autogestión socialista, la autoorganización popular y como herramienta, la huelga general reconducible, el control de las fábricas por los trabajadores, la apertura de las cuentas bancarias, la expropiación de los grandes medios de producción y de servicio desde los trabajadores y los usuarios y bajo su control, la implementación de un desarrollo ecológico socialista sustentable. Nuestros principios reivindican un “proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad” y la creación de una democracia socialista auténtica, económica y social. Así, al contrario de lo que pueden afirmar algunos grupos dogmáticos o sectarios, no se trata de “liquidar” la herencia del marxismo, sino de utilizarla para intentar construir alternativas reales en el siglo XXI. Los “porfiados hechos” dirán si acertamos o no, pero es impensable quedarse con los brazos cruzados cuando estamos frente al abismo y que el capitalismo está a punto de destruir el planeta. Y sin planeta, de socialismo no habrá…”

LA VIOLENCIA POLÍTICA

¿Existe debate sobre el empleo de la violencia?

“Para nosotros, la violencia y el terrorismo viene históricamente de las clases dominantes y del Estado. Entre otros, citamos en nuestros textos fundadores el ejemplo chileno y del golpe de 1973. Por eso nosotros nos reservamos el derecho irrenunciable a la autodefensa popular. Ahora, con el gobierno Sarkozy, estamos viviendo una fase de fuerte represión en Francia, de control policial de los barrios periféricos, de pérdida de las libertades fundamentales, de lógica estatal xenófoba. En concreto, estamos en condiciones de defender marchas, piquetes de huelga. Pero tenemos muchas cosas que enfrentar en este plano y pensamos desarrollar más nuestro “comisión seguridad” y “formación” en este sentido.”

LA ORGANIZACIÓN POR DENTRO

¿De qué manera se estructuran orgánicamente?

“Más que nunca, la forma tiene que ver con el fondo. Si queremos transformar la sociedad de manera radical, tenemos que cambiar nosotros mismos. Por eso nuestra forma de organización debe expresarse también en modificaciones en nuestras relaciones cotidianas y dentro del partido. En el NPA existe paridad absoluta de género, en todas las instancias: un hombre, una mujer. A nivel interno como en las campañas electorales. La confección de los estatutos, que aún son provisorios, nos ha tomado un año. Creemos que la propia práctica ordena. Los comités son la base soberana del NPA. Su naturaleza es territorial, a nivel de ciudad y departamental, pero también puede ser por sectores económicos (por empresa o por actividad profesional). Los comités eligen a escala departamental o regional una direcció, que le otorga coordinación y centralización al trabajo militante. La dirección nacional esta formada por la Comisión Política Nacional (CPN) elegida por los delegados del congreso nacional. En la CPN participan más de 150 compañer@s elect@s que se reúnen trimestralmente. La dirección nacional elige a un comité ejecutivo de alrededor de 30 personas, encargado del trabajo cotidiano, de atender los problemas de organización diarios o de la relación con la prensa. Todo se hace bajo el control de la CPN y de los comités. Es una dirección colectiva, sin secretario general, compuesta en su mayoría de militantes y trabajadores jóvenes (entre 25 y 40 años). De allí salen los portavoces. Hay derecho de creación de tendencia interna y hasta de fracciones como garantía de la expresión de la democracia interna. Los votos se hacen a la proporcional integral. Así se funciona a nivel interno, siempre con el criterio de autonomía local de los comités, pero siguiendo a la coordinación nacional. Sobre todo, nuestros estatutos aprobaron los principios de rendición de cuenta de los dirigentes y también de rotación y revocabilidad de ellos bajo control de los militantes. Casi todos son trabajadores y siguen en actividad. Queremos evitar los procesos de burocratización o de dirigentes descolgados de la realidad”

¿Qué hay de los Equipos de Trabajo?

“También existen varias comisiones nacionales y locales: comisión sobre el trabajo en empresas privadas y públicas a nivel sindical, con creación de boletines específicos por rama y mucha propaganda en el sector. Existe la “comisión inmigración” de apoyo a la lucha de los inmigrantes “sin papeles”, otra de juventud, de formación militante, de disciplina, educación e investigación; de relaciones internacionales (con trabajo por área geográfica: América Latina -a la cual pertenezco-, Mundo árabe, África, Asia, cada uno con boletines de formación y debate específico). El trabajo internacionalista y antirracista es para nosotros fundamental, está al centro de nuestro compromiso político. Al respecto, postulamos a mediano plazo la creación de una nueva Internacional de agrupaciones anticapitalistas, una quinta internacional. Eso ha dado unos primeros pasos concretos en Europa con conferencias de la izquierda europea anticapitalista donde participa un conjunto amplio de organizaciones. A corto plazo, queremos multiplicar los contactos con todas las organizaciones que luchan contra el capitalismo de manera consecuente. Aquí en Chile, nos interesa crear vínculos con el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores y otros organizaciones de la izquierda radical.”

¿Cómo funcionan las comunicaciones?

“Nuestro sistema de prensa se produce a nivel nacional a través del comité ejecutivo. Tenemos el periódico semanal “Todo es nuestro” ( www.npa2009.org/category/section/tout-est-%C3%A0-nous ); uno mensual, más de profundidad y de análisis, que lleva el mismo nombre; la página de internet que se enriquece diariamente con videos, comunicados de prensa, material militante como afiches o panfletos, etc… Además, en nuestro entorno, tenemos “revistas amigas”, no partidarias pero que participan de nuestra reflexión y donde somos varios del NPA quienes escribimos o colaboramos: es el caso de una publicación más teórica, “Contratiempo”, fundada por el marxista Daniel Bensaïd, que es trimestral y abierta a todos los pensamientos críticos, en el sentido que se expresan posiciones políticas e intelectuales que van más allá del propio NPA (ver: http://contretemps.eu).”

¿De qué manera se financian?

“En relación al autofinanciamiento de la organización, todo militante debe ser miembro activo (pegatinas, panfletos, venta del periódico, participación en las reuniones) y cotizar mensualmente: somos un partido militante, no una organización para fabricar votos. Para la cotización, elemento importante para todo partido independiente del sistema, hay una parrilla de cálculo basada en que quien tenga más ingresos, más porcentaje de cotización aporta. Es como un impuesto sobre los ingresos que va del 0,5% de los ingresos hasta el 3% para los más afortunados. La cotización mínima es de 5 euros ($4 mil pesos chilenos) para estudiantes y cesantes. La cotización nos permite autofinanciar el NPA. La mitad de las cotizaciones queda a nivel local para su funcionamiento, y la otra mitad para el trabajo nacional. Teóricamente, quien no tenga las cotizaciones al día no puede votar, independientemente de que participe como observador. Pero estamos abiertos a entender toda situación económica difícil por supuesto”

¿Qué criterios emplean respecto de los cargos públicos electos?

“Sobre los cargos públicos electos, ellos no pueden superar los dos mandatos. Sus remuneraciones van a la organización, y la organización les paga un salario de un trabajador medio. Les ayuda en su trabajo comisiones de preparación de las temáticas que tiene que tratar: el partido es un intelectual colectivo que ayuda a pensar y a actuar. Ahora está en discusión los mecanismos de control por parte de la base, el no cúmulo de los cargos y la revocabilidad, como lo que ocurre con los dirigentes del NPA.”

FRANCIA Y CHILE: DIFERENCIAS Y SIMILITUDES

¿Qué distancias sustanciales adviertes entre las formas de dominación capitalista entre Francia y Chile?

“El modo de dominación entre Francia y Chile todavía se diferencia por los niveles de violencia de clase que son muy brutos, muy desnudos en Chile. Estas diferencias son producto de la inserción desigual y combinada diferente de los dos países en el sistema-mundo capitalista. En Francia, país “céntrico” e imperialista, aún hay un colchón social que utiliza el sistema para amortiguar los conflictos sociales. Todavía quedan conquistas sociales que operan: el reembolso por cesantía, la educación y salud gratuitas. Un obrero francés tiene su casa, su auto, tiene seguridad social, su jubilación asegurada, cuanta con infraestructura de primer mundo. Por eso la ruptura con este modelo no parece tan evidente, pese a la degradación de las condiciones de vida muy acelerada en los últimos tiempos. Chile, en realidad, ha sido el laboratorio del neoliberalismo, de los “Chicago boys”, no sólo para América Latina, sino para casi todo el mundo.”

¿Cuál es tu mirada sobre la patria más austral del mundo?

“Veo a Chile como una “democracia tutelada”, empleando el concepto del sociólogo Felipe Portales. En Chile, el nivel de penetración de las transnacionales está interconectada directamente con la elite política. Se observa en el caso de Pascua Lama, de las salmoneras y en el cobre. Más que nunca el mito de la burguesía nacional como aliada transitoria para los intereses populares es imposible. La Concertación que gobierna el modelo heredado de Pinochet es un claro adversario de las clases populares y de la izquierda y un franco aliado de la clase dominante. Por esta razón, creo que toda reconstrucción de un polo anticapitalista en Chile pasará por una rearticulación de la lucha social en la base, en las empresas, en las poblaciones, en las universidades. Por esta razón, creo que toda tentativa de pacto electoral, como lo está haciendo actualmente el PC chileno con la Concertación, está destinada al fracaso en términos de reconstrucción de alternativas reales e iría a contrapelo de los intereses populares. La reconstrucción de un proyecto de “izquierda de combate” en Chile se hará de manera independiente de la Concertación y del Estado”.

¿Qué contradicciones se descubren en Chile en torno a la sustancial capital / trabajo?

“La contradicción capital-trabajo es inmensa, las prácticas antisindicales salvajes, el código laboral data de la dictadura, la represión de los movimientos sociales, del pueblo Mapuche son denunciadas a nivel internacional. Y a esta contradicción se añade otra: la capital-naturaleza. El conflicto entre la explotación de recursos naturales por las transnacionales y la destrucción del medioambiente está en el centro del funcionamiento actual del capitalismo, por tanto, es una lucha que debe ampliar la política anticapitalista. En Chile es brutal lo que está pasando al respecto, particularmente en el sur del país, esto combinado con el no reconocimiento del derecho a la autodeterminación del pueblo Mapuche.”

¿Qué es lo que más te llama la atención del Chile profundo?

“En Chile llama la atención el nivel de “naturalización” del neoliberalismo, producto de 17 años de dictadura, del terrorismo de Estado y después de 20 años de “dictablanda” y de los gobiernos de la Concertación neoliberal. Chile hace parte -hasta el momento- de los modelos ultraliberales “estables”. Las clases dominantes lograron a sangre y a fuego, y después gracias a políticas muy eficaces de represión-comunicación-manipulación transformar los ciudadanos en verdaderos clientes-consumidores endeudados, los “ciudadanos-crediticios” de los cuales habla el sociólogo Tomás Moulian en su libro “Chile, anatomía de un mito”. En Francia, este fenómeno ha ganado mucho terreno, pero todavía quedan espacios para “la polis”, para la política en el buen sentido del término, para la expresión pública del conflicto y de la disconformidad social. En Chile, los espacios públicos están privatizados o marginados, las plazas públicas se trasformaron en Malls, los movimientos sociales están aún muy débiles y atomizados a pesar de antecedentes esperanzadores como los pingüinos, los Mapuches o la lucha de los subcontratistas mineros. Otra similitud entre Francia y Chile, es la “farandulización” de la política: lo que llamamos allá la “peepolización” alcanzó niveles nunca imaginados con Berlusconi en Italia o Sarkozy en Francia. Es también el caso en Chile con la candidatura de Marco Enríquez Ominami. A nivel mundial, existe un espacio mediático corporativo que es gravitante y hace política… para sus propios intereses. La problemática de los medios de comunicación y de su democratización radical es otro tema que la izquierda tiene que retomar".

Andrés Figueroa Cornejo es periodista y miembro del Movimiento del Pueblo y de los Trabajadores (Chile).



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martes, 11 de agosto de 2009

La imposible unidad de todos en la actual transición boliviana

Remberto Cárdenas Morales
Rebelión


En ocasión de las celebraciones de la independencia de Bolivia otra vez, desde bloques contrapuestos, se planteó la unidad de todos los bolivianos para impulsar los cambios que tienen lugar, a pesar de todo, dentro de la transición que vivimos y/o que protagonizamos. Incluso un grupo de gente de las capas medias hizo circular una carta en la que plantea la reconciliación entre sucrenses, chuquisaqueños y bolivianos. Asimismo, en la Capital boliviana, algunos con su vocinglería desahuciaron la reconciliación la que, lo decimos sin rodeos, es al menos un deseo ingenuo. El diario La Razón, con ironía, le atribuyó a Evo Morales haber dicho, desde la Casa de la Libertad (6-VIII-09) que se acabó en el país la polarización y que por ello llamó a construir alianzas para trabajar por la patria. Sin embargo, en el día de las FF.AA. el Presidente convocó a éstas a derrotar otra vez a los separatistas, alzados el año pasado en son de golpe de estado.

El poeta Pablo Neruda, revolucionario y comunista, alguien que entendía el funcionamiento de la dialéctica, escribió que su partido le enseñó a establecer la unidad y la diferencia entre los hombres. Y, en consecuencia, decimos, entre las mujeres, las clases sociales y pueblos indígenas.

Aquí, especialmente desde la derecha, se parlotea sobre la Constitución Política, la democracia, el Estado, los cambios, la patria, la libertad, el crecimiento económico, la tierra agraria de todos. Con “Bolivia de todos” se puede resumir esa palabrería.

Sin embargo, uno de los primeros elementos que descubre esas mentiras es el silencio sobre lo que al menos puede ser aspiración legal y legítima de los pobres: que al mercado concurramos con similar o igual capacidad de compra, que el crecimiento económico beneficie cuando menos a la mayoría (mejor si a todos), que la tierra sea para el que la trabaja personalmente (así se evidenciaría al que no la necesita), que la justicia se aplique sin discriminaciones derivadas de los bienes materiales que posean los litigantes, que la libertad de asociación sindical y política se la ejerza con los recursos materiales indispensables, que se articule la unidad de todos los bolivianos contra el latifundio improductivo, que la democracia (una forma de dominación) sirva no sólo para reproducirla sino para sustituirla por otra más avanzada, es decir, más democrática (acéptesenos la redundancia o que incorporemos la palabra definida en la definición).

La propuesta de unidad de todos los bolivianos o de la alianza necesaria y posible de los que apoyamos los cambios de este tiempo boliviano es la afirmación que buscamos analizar en la continuación de esta columna.

Para ello nos parece pertinente recoger lo que el Presidente de la República dijo, a propósito de las clases sociales y sus diferencias, en su mensaje del 6 de agosto, desde la Casa de la Libertad de Sucre:

“Seguramente aún tenemos muchas diferencias: y lo que heredé como Presidente de la República, ahora (en el) Estado Plurinacional, es un pueblo dividido en las clases sociales. Hay grupos que nunca aceptan que sectores sociales puedan mejorar sus condiciones de vida; hay grupos, familias, políticas externas que nunca permitieron que haya igualdad entre los bolivianos y bolivianas; hay grupos, o personas, o familias que siempre acapararon todo, ostentaron el poder político, el poder económico, no para todos los bolivianos y bolivianas, sino para algunas familias y, en los últimos años, en la aplicación de un modelo económico que nunca resolvió los problemas sociales, menos los problemas estructurales, (y) saqueó permanentemente nuestros recursos naturales”.

“Esa es la herencia que recibí como Presidente de la República, sin embargo, quiero decirles —queridos parlamentarios, embajadores, embajadoras, ministros, ministras, al pueblo boliviano, desde la Casa de la Libertad, un saludo especial al pueblo sucrense, al departamento de Chuquisaca y a todas sus autoridades, todas sus instituciones, fuerzas sociales—, que cuando hay decisión política en base a una conciencia social y con programas y proyectos, es posible llevar adelante nuestra querida Bolivia”. (Citas tomadas del discurso presidencial distribuido por ABI).

Y sobre las clases sociales es necesario tener en cuenta la definición de Lenin:

Las clases sociales son grandes grupos de personas que se diferencian unas de otras por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por su relación (en la mayoría de los casos fijada y formulada en la ley) con los medios de producción, por su papel en la organización social del trabajo y, en consecuencia, por la magnitud de la parte de riqueza social de que dispone y el modo en que la obtienen. Las clases son grupos de personas, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro en virtud de los diferentes lugares que ocupan en un sistema de economía social determinado”

Marx explicó que él no descubrió las clases sociales y la lucha entre ellas, en la sociedad burguesa (que ese hallazgo es mérito de historiadores franceses), y que el aporte suyo fue establecer que la lucha de clases es la que determina la sustitución de un modo de producción caduco por otro más avanzado.

El presidente Evo Morales no habló expresamente de la lucha entre las clases sociales en las que encontró dividido el pueblo boliviano, es decir, la sociedad boliviana. Sin embargo, nosotros interpretamos que, de manera implícita, hizo referencia a la lucha entre aquellas clases.

Pero, ahora, tratemos de leer correctamente la unidad y/o la confrontación de las clases sociales dentro del actual proceso de reformas avanzadas:

Si estamos divididos en clases sociales resulta una ligereza, para decir lo menos, proponer desde la trinchera de los pobres la reconciliación porque ésta sólo será posible si se renuncia, aunque sea parcialmente, a intereses materiales y, también, si se abandonan principios y/o derechos legítimos. Entre pobres y ricos, es cierto, son necesarias algunas alianzas, limitadas en sus alcances, como la defensa de la unidad territorial, durante una guerra internacional o para preservar la paz (recordemos que en la nueva Constitución Política se excluyen las guerras como medio para resolver controversias interestatales.

Es verdad que entre patrones y trabajadores hay relaciones de unidad y de lucha. La primera tiene lugar en el proceso productivo y la segunda emerge de los intereses distintos y contrapuestos entre los unos y los otros.

Los trabajadores, los pobres en una sociedad como la boliviana, no pueden unirse todos contra el latifundismo improductivo, precisamente, por los intereses opuestos e irreconciliables entre latifundistas y guaraníes de Alto Parapetí, para hablar de una realidad que todavía nos lastima debido a los problemas por resolver, como el esclavismo moderno de aquellos lugares.

Además, la unidad de todos los bolivianos para impulsar los cambios de este tiempo es una propuesta imposible de asumir como propia porque es una mentira cruel, así como es otra mentira, auque ingenua cuando no traidora, convocar a la reconciliación entre pobres y ricos.

Alianzas temporales, para emprender tareas concretas, son posibles y hasta necesarias. Se trata de las alianzas propuestas por Evo Morales a la Prefecta de Chuquisaca y a la Alcaldesa de Sucre. Los ultraderechistas y/o fascistas de esa ciudad (los que silbaron en tono menor al Presidente y dijeron que los campesinos llegaron a Sucre porque les pagaron) rechazan incluso ese tipo de alianzas de corta duración.

Nosotros creemos con firmeza que es urgente ampliar la unidad social y política que apoya los cambios y al gobierno, pero primero que nada entre los pobres (divididos también en clases sociales desde antes del actual gobierno); unidad ampliada con los pueblos indígenas de las tierras bajas y altas, unidad de los pobres con las capas medias (arruinadas o que así se sienten y con las que no padecen merma económica de consideración). Quizá aquella unidad popular y nacional, amplia por su forma y profunda por su contenido, consiga algunas alianzas con empresarios (aunque sean pocos), con los que en el actual proceso consigan la realización de sus intereses sin lesionar los del pueblo.

La unidad nacional y social, amplia y profunda que sugerimos, sólo será posible, al comienzo, si se funda en la defensa y realización de los verdaderos intereses regionales, populares y nacionales, y si tiene como misión la defensa, consolidación y profundización de los cambios de la transición boliviana.

Aquella unidad, dentro de un proceso, debe apoyarse en un programa de la mayoría de los bolivianos y en ideas avanzadas sin las que son imposibles las transformaciones; todo para que el gobierno ejecute una política en la que, en todo momento, se realicen los intereses de los pobres.



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Productividad y eficiencia: ¿mito o realidad?

Marcelo Colussi
Rebelión


"El trabajo es cosa buena, es lo mejor de la vida;

pero la vida es perdida trabajando en campo ajeno.

Unos cinchan como trueno y es de otros la llovida" .

Atahualpa Yupanqui

“El ojo del amo engorda el ganado”, suele decirse desde una posición conservadora, de derecha, pensando sólo en la ganancia empresarial. Solidaria con ello marcha la creencia respecto a que la empresa privada es eficiente, tiene una relación costo/beneficio positiva, jamás dilapida ni “pierde tiempo” (el tiempo es oro, puede llegar a afirmar esta lógica del capital), en tanto los emprendimientos públicos son siempre deficitarios, paquidérmicos e ineficientes, intrínsecamente corruptos y torpes.

Todos estos no son temas económicos. O, al menos, no deben ser temas solamente económicos, sino que deben abordarse con la complejidad del caso como cuestiones políticas y sociales donde todos estamos convocados a participar, opinar e incidir. Es decir: no son temas del dominio exclusivo de los economistas profesionales. Para un planteo socialista puede decirse que es uno de sus temas claves, porque de ello depende la posibilidad de construir la ansiada sociedad nueva. En ese sentido, es una cuestión de la más relevante importancia a la que todos los sectores están convocados a aportar. En otros términos, la pregunta de fondo es: ¿cómo trabajamos?, ¿es cierto que estamos condenados a que el “ojo del amo” sea el garante de la productividad? ¿Qué significa parir el “hombre nuevo”, responsable y dueño de sus actos? Contrariamente a lo que hoy podemos sentir en muy buena medida respecto al trabajo: un peso, una carga, una maldición, ¿cómo llegar a hacer evidente que él es nuestra realización como humanos? ¿Cómo lograr que el trabajo sea nuestra fuente de felicidad y no una atadura?

Estas breves palabras introductorias pretenden mostrar que lo que está en juego es algo más –mucho más– que una cuestión puramente econométrica. Es una cuestión ética, por tanto política. Se trata del proyecto social (filosófico, en última instancia) que está detrás de todo esto: ¿qué somos? ¿Cómo queremos ser?

Definitivamente es un mito mantenido desde interesadas posiciones ideológicas aquello de la eficiencia de la empresa privada. La misma es eficiente en su misión última, es decir: lucrar. En eso no falla. No importa el costo a que lo logre, la obtención de ganancia la mueve con fuerza ciclónica, lo cual le permite justificar cualquier cosa: explotación inmisericorde del recurso humano que maneja, trabajo infantil, degradación ambiental, espionaje industrial, creación de necesidades superfluas para vender y vender sin límites, obsolescencia programada de los productos que ofrece para no detener el ciclo de la ganancia, guerras por materias primas y mercados, invasiones, muerte y dolor de las mayorías para no mermar el beneficio de los propietarios… La lista es tan larga como patética y sangrienta, todo lo cual lleva a pensar que es muy discutible llamar a eso “eficiencia”. Descaro, en todo caso; impunidad, manipulación, tergiversación de los hechos…., pero ¿por qué eficiencia? Si por la misma entendemos la “capacidad para conseguir un efecto determinado”, sin dudas es eficiente. Pero la definición en abstracto sin considerar las circunstancias del caso (explotación del hombre por el hombre, desastre ecológico concomitante…) pone en duda la definición misma. Si no, estaríamos asintiendo que el fin justifica los medios. Y no es ese el caso, definitivamente. Si por eficiencia entendemos la exclusión de buena parte de los interesados, hay algún error en la concepción.

Incluso si medimos el comportamiento de la empresa privada con estos parámetros del éxito, de la eficiencia y el triunfalismo tan típicos de la cultura capitalista, dista mucho de ser eficiente. En infinidad de casos ofrece bienes y servicios altamente deficientes, perniciosos, contrarios a la salud y la ética de los consumidores, desproporcionadamente caros y en muchos casos inservibles, pero no hay mayor espacio para adversarle. El mito en juego, repetido hasta el hartazgo a punto que ya pareciera algo natural, es que la empresa privada produce sin desmayo y logra sus metas, en tanto el ámbito público es lento, perezoso, holgazán. Lo privado “gana dinero” sin cesar mientras que lo público “no es rentable”.

Por supuesto, todas estas son patrañas ideológicas; puros mitos y no realidades. Aunque si consideramos el rendimiento de uno y otro modelo, vemos que hay fenómenos que debemos considerar: ¿por qué en el Estado suceden ciertas acomodaciones y constatamos, como generalidad, una actitud laboral complaciente, relajada, suavecita? Ahí está la necesidad de abrir la crítica al respecto, crítica con conceptos socialistas, crítica implacable en búsqueda de la verdad para proponer alternativas superadoras. Con esto, que puede sonar a abogado del diablo, no queremos sino descartar el mito capitalista de la eficiencia para abrir un debate serio sobre la alternativa a la que aspiramos: un mundo de “productores libres asociados” donde el trabajo es la fuente de dicha y no una carga.

La empresa privada produce incansablemente ganancias, sólo ganancias. Ganancias, lo sabemos, que son propiedad privada de sus propietarios. No hay idea de bien colectivo. Para mantener y reproducir eso afina su eficiencia logrando grados increíblemente sutiles (o despiadados) de explotación: se controla a nivel de segundos cuánto demora cada trabajador en la línea de montaje, se piensa hasta en el más mínimo detalle que pueda favorecer la loca carrera por la acumulación buscando reducir costos de producción, se despliegan las más refinadas políticas de mercadeo auxiliándose de todas las tecnologías disponibles. En definitiva: se explota, se enajena la vida de inmensas masas, se fuerza a grandes mayorías a trabajar en condiciones alienadas y a consumir vorazmente cosas prescindibles. En este circuito la empresa privada se asegura no perder; si pierde, quiebra, por lo que su hambre voraz de lucro es inherente a su sobrevivencia misma. El sistema capitalista, en definitiva, se sostiene de esa irracionalidad: no se produce para llenar necesidades sino para ganar dinero. Círculo vicioso que no tiene salida. Si se rompe, se detiene todo el sistema. Patéticamente, sus crisis periódicas lo dejan ver con claridad: no es la escasez lo que lo traba sino su sobreproducción. Por todo eso es absolutamente conservador: la empresa privada no puede ser solidaria por principios. En función de ello eficientiza sus procedimientos para seguir reproduciéndose y abomina (con sangre si es preciso) cualquier intento de transformación, de repartir ganancias, de horizontalizarse. Es en esa lógica que fuerza a los trabajadores a trabajar sin desmayo, siempre, continuamente, porque si no, se niega a sí misma como empresa lucrativa. Quien no cumple con los requerimientos de la empresa, va a la calle. La cuestión es: ¿por qué llamar a eso eficiencia?

Ahora bien: desde la ideología dominante se ha construido el mito que alimenta esa pretendida “super eficiencia” a prueba de todo de la libre empresa y la ineficiencia como consustancial al sector público. Mito, solamente mito ideológico-cultural mantenido desde una situación de poder. Lo público, lo estatal, puede ser tan eficiente como lo privado. Es sólo cuestión de voluntad política, del proyecto en juego. Cuando la empresa privada hace agua, más allá de su tradicional prédica neoliberal antiestatista, es el Estado el que sale a rescatarla. La crisis financiera que estamos viviendo lo evidencia: ante la caída de los grandes bancos privados o de la General Motors, por ejemplo, es el “ineficiente, burocrático y corrupto” Estado el que se hace cargo de su salvataje. ¿Dónde queda entonces la cantinela de la ineficiencia estatal? Lo público estatal puede ser tan eficiente como la más privada de las corporaciones; el asunto radica en el proyecto político que lo alienta. El punto máximo del desarrollo científico-técnico de la super potencia dominante del mundo en este inicio de milenio, encargada de la investigación más avanzada, a la vanguardia en infinidad de sectores, es un emprendimiento público: la NASA. Y nadie, absolutamente nadie osaría decir que la NASA es ineficiente. ¿Por qué y desde dónde se mantiene el mito entonces?

Pero aún sabiendo que el mito en juego es producto de una ideología que necesita ensalzar el individualismo como valor supremo en detrimento de lo colectivo, el ámbito de lo público no deja de plantearnos interrogantes, a veces inquietantes, que deben ser abordados con honestidad. La Unión Soviética no cayó sólo por la Guerra Fría que la sometió a una carrera sin salida donde se dilapidaban recursos; también había un atraso comparativo en la productividad de su población trabajadora. ¿De dónde surge el prejuicio de que “el ojo del amo engorda el ganado”? ¿Qué anclaje con la realidad tiene? ¿Es puro mito, o debe ser repensado críticamente? Lo cual no quiere decir justificarlo; quiere decir, en todo caso, entender la dinámica real que se juega ahí, porque no es mentira que no se trabaja de la misma manera en una empresa privada que en un puesto estatal.

No es ninguna novedad para nadie que en los puestos públicos es bastante común trabajar “suavecito”. Ahora bien: ¿en qué medida es eso un “error” del sistema? ¿Acaso el hecho de no tener encima un ojo controlador del amo que supervisa casi militarmente el proceso de trabajo fomenta esa “suavidad”, esa cierta tranquilidad excesiva? ¿Hasta qué punto es fatalmente cierto que sólo esa dialéctica de amo controlador, látigo en mano, sobre el esclavo encadenado, permite una alta productividad? ¿Estamos condenados a ese ciclo? La invocación a una nueva ética, y por tanto, nueva productividad socialista: ¿dónde quedan entonces? ¿En qué medida y de qué manera son posibles crear el “hombre nuevo” que pueda saltar sobre esos moldes del trabajo esclavizado que se realiza porque no queda otra alternativa, siempre pesado, molesto, fatigoso? Ahí se inscriben los planteamientos de incentivos materiales que surgen en la economía socialista, los que diseñó la Perestroika soviética, los que actualmente se diagraman en Cuba. ¿Es un límite infranqueable esto de la necesidad de estímulos materiales, más allá de una vocación militante, de una mística que pareciera no surgir tan espontáneamente como quisiéramos? ¿Tiene eso que ver con el peso de una historia milenaria basada en la propiedad privada y el individualismo que nos marca un camino muy difícil de torcer? (“es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”).

Dentro de los estrechos moldes del capitalismo no podemos esperar un cambio de actitudes realmente genuino: se trabaja en el marco de la esclavitud asalariada, y ello, por principios, no puede ser edificante. El trabajador (manual o intelectual, no calificado o altamente calificado, para el caso es lo mismo) es un engranaje más de la cadena productiva, y el producto que elabora no le pertenece. Por tanto, más allá de las engañosas técnicas motivacionales que intentan hacerlo sentir parte de “una gran familia” que sería la empresa privada a la que pertenece, jamás puede tomar como propio lo producido, aunque lo llenen de halagos y lo nombren “empleado del mes”. Cuando la empresa empieza a hacer agua, no duda en despedirlo si la situación económica no le es favorable. En ese marco, entonces, con esos condicionantes, se explica y es absolutamente funcional aquello del ojo del amo como garantía de la productividad. En esa lógica, igualmente, dentro del ámbito público donde ese ojo del amo está más relajado, cobra sentido aquella suavidad, aquella cierta indolencia que podemos ver en los puestos públicos; allí no hay patrón, por tanto, nadie controla. Y nadie puede negar que, hoy por hoy, las empresas públicas muestran una actitud laboral en sus trabajadores que muchas veces está reñida con una ética de la productividad a prueba de balas. Se saca la tarea…, pero de ahí a dar la vida por el trabajo, un mundo.

Ese es el reto abierto para concebir una nueva sociedad: ¿cómo generar una nueva ética del trabajo? ¿Cómo trabajar en función de un proyecto superior de índole colectiva y no desde la mezquina perspectiva que “si me supervisan, lo hago; si no, me hago el loco”? Las experiencias socialistas habidas hasta la fecha son un punto de partida. Todo demuestra que construir –y realmente solidificar– esa nueva ética no es en absoluto fácil. Los trabajadores que podríamos hacer parte de una nueva experiencia de sociedad, de un nuevo proyecto socialista, venimos arrastrando una cultura ancestral en la que el trabajo es carga pesada, y no más que eso (trabajo alienado, trabajo para la propia sobrevivencia y para engordar al patrón). Romper ese ciclo es durísimo. Cambiar moldes culturales, cambiar por dentro cada uno de los sujetos que mantienen la sociedad es más duro, más difícil, más cuesta arriba que el cambio político de una administración. Lejos de ser un marxista convencido, el financista multimillonario George Soros lo expresó con agudeza entendiendo a cabalidad el fenómeno en juego: [no importa el candidato de turno porque] “a la larga gobiernan los mercados, que son quienes votan todos los días”. Lamentablemente: sabias palabras. El mercado capitalista manda, y crea modelos culturales que repetimos día a día. Los moldes culturales que portamos nos tienen absolutamente condicionados, y el ojo del amo que nos controla ya está incorporado como modo de vida. Si falta, si no está presente, cobra sentido y se hace evidente el refrán: “cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta”.

¿Pero quién dijo que estamos inexorablemente condenados a repetir ese ciclo? ¿O acaso está en nuestra genética esta “necesidad” de amo controlador? Observando una oficina pública de cualquier país latinoamericano podríamos estar tentados de decir que sí, entre ritmos excesivamente suaves de trabajo, empleadas que se pintan las uñas en horas laborales y aprovechados de toda laya que hacen “trabajitos extras” en horario oficial de atención al público. ¿Se soluciona esto colocando un capataz con cara de perro? ¿Es connatural a la empresa pública esta laxitud y, por el contrario, connatural a la empresa privada su alto rendimiento, su productividad casi de robot? Repitámoslo una vez más: todo depende del proyecto político en juego. Y proyecto político significa, en definitiva, proyecto de vida. Trabajar bajo un látigo (hoy día los látigos son mucho más sutiles que aquellos esgrimidos por los caporales: la precariedad laboral es quizá el más evidente y efectivo de esos látigos) no significa eficiencia; significa simplemente lo que es: explotación. La contracara de eso es el puesto público, mal necesario para la lógica del capital. Desde esta cultura de la eficiencia desarrollada por la empresa privada, el Estado, en tanto mal necesario según esa cosmovisión, no apunta a la eficiencia ni a la calidad, por lo que se permite su característica “flojedad”. Pero cuando los emprendimientos públicos tienen que ser eficientes –las fuerzas armadas, por ejemplo– lo son. Latinoamérica tristemente lo pudo constatar en las pasadas décadas. ¿O alguien en su sano juicio podría negarlo?

El desafío que se abre es ver cómo en las nuevas sociedades que se aspira construir, en las utopías posibles, podremos ir edificando una nueva ética del trabajo. Si hasta ahora las experiencias socialistas lograron resultados parciales en ello (porque todavía persisten ineficiencias reales, derroche de recursos, falta de compromiso y actitudes perezosas y acomodaticias entre otras cosas, y esto hay que afrontarlo con actitud crítica), eso no es resultado directo de la práctica estatal y del ideario socialista: es herencia de una cultura de la pura sobrevivencia en un mundo de clases sociales tajantemente diferenciadas donde se trabaja sólo para ganar un salario. De momento, la idea de que “el trabajo nos hace libres” (Arbeit macht frei) no pasó de ser un morboso chiste de humor negro colocado por los nazis en el campo de concentración de Auschwitz. El desafío es ver cómo eso se puede tornar realidad.


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FRACASO DEL EXPERIMENTO NEOLIBERAL

ECONOMISTAS DE CUBA
XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo

Revancha en el laboratorio
Por Alejandro Nadal-La Jornada

[10.08.2009]- Actualización 2:31 pm de Cuba

El ensayo neoliberal ha concluido. Todo salió mal. No generó crecimiento, y cuando lo hubo fue sobre bases artificiales. Los equilibrios macroeconómicos crecieron y resultaron insostenibles. Las remuneraciones salariales se estancaron, lo que condujo al endeudamiento. La desigualdad y pobreza aumentaron. El sector financiero se expandió por la deficiente rentabilidad en el sector real y la crisis no se hizo esperar.

Pero dentro de todo esto una minoría se benefició. Esa elite planea no sólo continuar el experimento, sino ampliarlo. Los primeros signos se encuentran inscritos en la arquitectura y prioridades de los programas de rescate y de estímulo para frenar la recesión. Otra señal clara ya se despliega en los laboratorios de la academia.

Vamos por partes. Una lección clave de la crisis se relaciona con la teoría económica. Ahora debe quedar claro para todos que la escuela de pensamiento económico dominante, la teoría económica neoclásica, está en bancarrota. Su principal exponente, el modelo de equilibrio general, es una entelequia para la que esta crisis no debería estar sucediendo. La sofisticación matemática de la teoría de equilibrio general (TEG) sólo es comparable con la superficialidad de sus seguidores. La TEG es el artefacto ideológico más importante del neoliberalismo (y quizás del capitalismo).

Los fracasos de ésta son múltiples. Su principal objetivo era demostrar que las fuerzas del mercado, si son dejadas en libertad, conducen a una posición de equilibrio (oferta y demanda iguales en todos los mercados). Durante años, la TEG trató de probar (a través de un modelo matemático) que la formación de precios de equilibrio es intrínseca al libre funcionamiento de los mercados.

Pero no pudo lograr su objetivo. A finales de los años 50 se alcanzaron algunos resultados que se pensó podían ser la base de una demostración general. La ilusión duró poco: en 1960, Herbert Scarf demostró con su célebre contraejemplo que no había fundamentos para apoyar esa conjetura. En 1974, los teoremas de Sonnenschein-Mantel-Debreu mostraron definitivamente que se había llegado a un callejón sin salida: la TEG nunca podría demostrar la convergencia al equilibrio. ¡Vaya resultado! Pero hay una ironía extraordinaria: en los años que siguieron, la bancarrota científica de la teoría que justificaba el credo del libre mercado coincidiría con el triunfo ideológico del neoliberalismo. Eso tiene mucho que ver con lo que sucedió en las universidades.

La teoría de equilibrio general tiene otros defectos importantes. Por sorprendente que le parezca a los lectores, esta teoría no tolera la introducción de la moneda. Sí, leyó usted bien, la teoría más sofisticada de la que se reclaman los tecnócratas aduladores del libre mercado es no monetaria y su modelo matemático es el de una economía de trueque. La paradoja es más fuerte: resulta que el modelo utilizado para justificar la apertura financiera es un modelo teórico en el que no tiene cabida la moneda. Esto es un escándalo.

La concepción idílica del libre mercado también es la base de la teoría macroeconómica contemporánea. En efecto, la nueva macroeconomía clásica (en su versión monetarista o de expectativas racionales) descansa en una fe inquebrantable en la estabilidad de los mercados. Para esta teoría, si existe flexibilidad de precios y salarios, no habrá desempleo. No importa que no se tenga la menor prueba de que el libre mercado conduce al equilibrio. No importa que muchos estudios demuestren que la flexibilidad de precios es precisamente lo que conduce a la volatilidad e inestabilidad de los mercados.

Los economistas neoclásicos, en su modalidad micro o macroeconómica, tienen una pesada responsabilidad en lo que ha sucedido en la economía mundial. Sus modelos vacíos están detrás de la divergencia entre productividad y salarios, de la desigualdad y del endeudamiento, de la idea absurda de la tasa natural de desempleo y de la especulación como leitmotiv de la vida financiera.

No será fácil cambiar las prioridades de la política económica para acceder a un modelo de desarrollo comprometido con el bienestar y la sustentabilidad ambiental. Esta crisis debería contribuir a reformular trayectorias de investigación y planes de estudio en las universidades con nuevas prioridades sobre crecimiento, salarios y remuneraciones, cartelización y corporaciones, la experiencia monetaria y el sector financiero, y, desde luego, la intersección con la base de recursos naturales.

Pero es precisamente en el laboratorio de la academia donde el establishment buscará que todo siga igual, como si la crisis no existiera. La TEG seguirá siendo objeto de enseñanza (pero sin sus deficiencias), al igual que la nueva macroeconomía clásica. Como si nada. El fuerte compromiso ideológico de los economistas neoclásicos y la flojera crónica para abrir nuevas vías de investigación harán difícil el camino. El revanchismo neoliberal en la academia buscará consolidar la stasis. Para las ciencias sociales, esto conlleva un peligro mortal. Y eso no es metáfora.