viernes, 12 de marzo de 2010

Déficit presupuestario e internacionalización del capital en la teoría marxista

Ernest Mandel [08.03.2010]-
Actualización 10:00 pm de Cuba

Hemos traducido este texto que Ernest Mandel, uno de los economistas marxistas más importante de la segunda mitad del siglo XX, publicó en el periódico de la sección belga de la IV Internacional, La Gauche, en su número n°14, el 12 de agosto de 1992, tres años antes de su muerte. Un artículo que, pasados ya casi 20 años, mantiene una increíble actualidad.
«Para que el déficit presupuestario no genere inflación antes de que se alcance el pleno empleo, es necesario que los impuestos directos aumenten en la misma proporción que las rentas. Pero la burguesía prefiere suscribir deuda pública a pagar impuestos: la deuda paga dividendos, los impuestos no. El fraude fiscal es un fenómeno generalizado en la sociedad burguesa del siglo XX. Por ello, el déficit presupuestario va acompañado prácticamente siempre de un crecimiento de la deuda pública.»
«Ante el ascenso de las multinacionales, el estado-nación ha dejado de ser un instrumento económico adecuado para la burguesía. Pero sigue necesitándolo para auto-defenderse. Necesita al estado para defender sus intereses particulares frente a los competidores extranjeros. Necesita el estado para amortiguar los choques de las crisis económicas y sociales. Necesita el estado para reprimir en caso de crisis socio-económicas explosivas. En la medida en que el estado nación le es menos útil, tiende a sustituirlo por instituciones supranacionales. Pero para que estas adquieran funciones comparables a las estatales, hay que superar importantes obstáculos políticos, culturales, ideológicos. Y acaba siendo mucho más complicado que lo previsto inicialmente.»
«Ante la internacionalización creciente del capital y del poder de las multinacionales no hay más que dos estrategias posibles para los asalariados y los activistas de los nuevos movimientos sociales. La primera es la de la colaboración de clases con su propia burguesía, contra los "alemanes", los "británicos", los "españoles" o los "japoneses", en una alianza de patrones y trabajadores. Esta estrategia no solo es reaccionaria ideológicamente, sino que nutre el chovinismo, el egoísmo a corto plazo, la xenofobia o el racismo. Es también una estrategia del avestruz. Como las multinacionales siempre encontrarán un país en el que los salarios sean más bajos, las condiciones de trabajo más duras, las libertades democráticas más limitadas, adoptar esa estrategia es sumirse en una espiral de salarios, condiciones de trabajo o libertades democráticas cada vez peores. Es luchar por una "igualación a la baja".»
Fue el economista británico John Maynard Keynes quién puso en primer plano la utilización del déficit presupuestario como instrumento para combatir la crisis económica y el paro. Una idea que ha sido parcialmente recuperada por el movimiento obrero organizado en numerosos países para relanzar la economía a través de un incremento significativo del gasto en obras públicas. Ese fue el caso en los años treinta en Bélgica del Plan de Trabajo del Partido Obrero belga.
Desde el punto de vista teórico, aumentar la demanda global (el poder de compra globalmente disponible) en un país dado facilita la recuperación económica en tanto haya disponible capacidad de producción no utilizada: trabajadores en paro, reservas de materias primas, maquinaria que no se utiliza a tiempo completo, etc. Estos recursos no utilizados son de alguna forma movilizados por el poder de compra suplementario que resulta del déficit presupuestario. Mientras que esas reservas no se agoten, el déficit presupuestario no tiene por qué desembocar inevitablemente en inflación.
Pero hay un pero. Para que el déficit presupuestario no genere inflación antes de que se alcance el pleno empleo, es necesario que los impuestos directos aumenten en la misma proporción que las rentas. Pero la burguesía prefiere suscribir deuda pública a pagar impuestos: la deuda paga dividendos, los impuestos no. El fraude fiscal es un fenómeno generalizado en la sociedad burguesa del siglo XX. Por ello, el déficit presupuestario va acompañado prácticamente siempre de un crecimiento de la deuda pública.
El servicio de dicha deuda supone un peso cada vez mayor del gasto público. Tiende a hacer crecer el déficit presupuestario sin ningún efecto positivo sobre el empleo. Por el contrario: como los asalariados y las asalariadas pagan sus impuestos antes de recibir su paga, retenidos de la nómina, el crecimiento de la deuda pública implica una redistribución de la renta nacional a expensas de los asalariados y en beneficio de la burguesía.
Keynes lo admitía no sin cierto cinismo. En su opinión, los asalariados y los sindicatos serían más sensibles a una reducción de los salarios nominales y de las prestaciones de la seguridad social que a una reducción efectiva de los salarios reales netos, acompañada de una subida de los salarios nominales (una visión que ha sido puesta en cuestión en los últimos decenios). Pero ¿el crecimiento de las rentas de los capitalistas no estimula las inversiones y, por lo tanto, el empleo? Esta es la tesis de los defensores de la recuperación a través de las "políticas de oferta", adversarios de Keynes en los años treinta y que han tenido una gran influencia sobre Reagan y la Sra. Thatcher.
De nuevo, no existen "automatismos"
Los argumentos de Keynes a este respecto son convincentes. Los capitalistas no están obligados a reinvertir sus beneficios suplementarios en la producción. Pueden optar por atesorarlos o utilizarlos con fines estrictamente especulativos. Pero cuando los invierten puede ser como inversiones de racionalización que supriman empleos en vez de crearlos.
Los capitalistas no trabajan para el "interés general". Lo que buscan es aumentar al máximo sus beneficios. Esa conducta es la que acaba por provocar el crecimiento periódico del paro y las crisis económicas más o menos largas. En el curso de estas crisis, el volumen y la tasa de ganancias caen. La restauración de la tasa de ganancias es una prioridad absoluta para la burguesía. El aumento de la tasa de explotación de los asalariados –en términos marxistas, la tasa de plusvalía− es el medio que utiliza para ello. La política de austeridad se convierte en su programa. La deflación "monetarista" y la inflación keynesiana no son sino dos variantes de esta misma orientación fundamental.
Un balance histórico incontrovertible
El balance histórico de la política keynesiana es bastante evidente. La experiencia más prometedora, el New Deal de Roosevelt, se saldó en un fracaso vergonzante. A pesar del crecimiento del gasto público, acabó desembocando en la crisis de 1938, con más de diez millones de parados en Estados Unidos. Solo la economía de rearme acelerado consiguió acabar con el paro masivo. Se confirmo así el diagnostico de Rosa Luxemburg, que identificó que la economía de producción de armamentos es el "mercado substitutivo" por excelencia de la época imperialista.
Después de 1948 fue la amplitud de los gastos en armamento en Estados Unidos lo que se convirtió en el motor de la expansión de la economía capitalista internacional en su conjunto. Fueron ellos los que sostuvieron la "onda larga expansiva" de la economía capitalista, a costa de un déficit presupuestario y de una inflación permanentes. El otro estímulo principal de la expansión fue el crecimiento enorme del crédito, es decir de la deuda, tanto de las grandes compañías como de los hogares mas pobres. Como hemos explicado una y otra vez, la economía capitalista se ha expandido flotando sobre un mar de deuda. Sólo la deuda en dólares alcanza actualmente la cifra astronómica de 10 billones de dólares, que incluye la famosa "deuda del tercer mundo" que afecta a más del 50% de los habitantes del planeta, pero que no representa más que el 15% del total.
Esta explosión de la deuda representa igualmente un mercado de substitución. Crea un poder de compra suplementario que permite amortiguar los efectos de las contradicciones internas del capitalismo. Pero esta capacidad de amortiguación es solo temporal. La hora de la verdad se retrasa, pero no indefinidamente. El endeudamiento creciente alimenta inevitablemente la inflación. A partir de un cierto umbral, en vez de estimular la expansión, comienza a estrangularla. Ello precipita la conversión de la "onda larga expansiva" en "onda larga depresiva", tal y como ocurrió a finales de los años 60 y comienzos de los 70.
Hay además algo irreal en la oposición desarrollada por los dogmáticos del neoliberalismo entre las llamadas políticas de "oferta" y las políticas de "demanda" a través del déficit presupuestario. El déficit presupuestario nunca ha sido tan grande como bajo la administración del autoproclamado campeón del neoliberalismo, Ronald Reagan. Lo mismo se puede afirmar en buena medida de la Sra. Thatcher. Ambos han sido campeones de un neo-keynesianismo de choque, a pesar de sus profesiones de fe en sentido contrario. El verdadero debate no es sobre el tamaño del déficit presupuestario, sino en qué se utiliza. ¿Que clase social o fracciones de clase se benefician?, ¿con que resultados para el conjunto de la economía y de la sociedad?
En este sentido, los datos empíricos son incontrovertibles. El neo-keynesianismo de Reagan y de la Sra. Thatcher, asociado a los dogmas "monetaristas" (como la estabilidad monetaria a todo precio) ha reforzado brutalmente en todos lados la ofensiva de austeridad del gran capital. Se ha reducido el gasto social y las inversiones en infraestructuras. Se han multiplicado los gastos de armamento en Estados Unidos, Gran Bretaña y en menor medida en Japón y Alemania. Han aumentado los subsidios a las empresas privadas. Ha crecido la desigualdad social. Se ha estimulado el paro, que ha pasado de 10 a 50 millones de desempleados, si no más, en los países imperialistas, y ha alcanzado, si no superado, los 500 millones de personas en el "tercer mundo". Los efectos sociales globales han sido aún más desastrosos. Los cursos de economía del desarrollo que se imparten en todas las universidades del mundo afirman con toda la razón que las inversiones más productivas a largo plazo son las que tienen lugar en los sectores de la enseñanza, la sanidad pública y las infraestructuras. Pero los dogmáticos del neoliberalismo hacen caso omiso de esta sabiduría elemental cuando abordan los problemas de las finanzas públicas bajo el principio del "restablecimiento del equilibrio" a cualquier precio. Cortan en primer lugar los presupuestos de enseñanza, sanidad e infraestructuras, con efectos desastrosos a medio plazo, incluidos los que se dan sobre la productividad.
¿Quiere ello decir que los socialistas y los humanistas deben preferir el keynesianismo tradicional, que defiende las distintas variantes del "estado del bienestar", en vez del cóctel envenenado de monetarismo y neo-keynesianismo que se nos quiere servir hoy? La respuesta parece ser obvia, pero debemos matizarla. El keynesianismo tradicional implica formas diversas de ejercicio y reparto del poder en el marco de la sociedad burguesa. Ello conlleva siempre diversas formas de "contrato social" y de consenso con el gran capital sobre la base de lo que es aceptable para el gran capital, es decir, de un "consenso" unilateral (socialismo de gestión). A ello oponemos la prioridad absoluta de la defensa de los intereses inmediatos de los asalariados y de los objetivos válidos de los "nuevos movimientos sociales" (ecologistas, feministas, pacifistas, de solidaridad con el tercer mundo). Ello exige mantener o recuperar la independencia política de la clase de los asalariados y asalariadas. Por otra parte, el keynesianismo tradicional como mal menor en relación con las políticas deflacionistas sólo tiene sentido si produce una reducción rápida y radical del paro. Porque en las condiciones actuales, el neo-keynesianismo lleva a un crecimiento del paro y de la marginación de sectores cada vez mayores de la población. No supone ningún freno al objetivo de la burguesía de una "sociedad dual", a la división institucional de la clase asalariada, a la degradación y desmoralización creciente de sectores de las clases trabajadoras. Mediante la despolitización y la desesperanza se crea así el caldo de cultivo para el crecimiento de la extrema derecha neo-fascista.
El peso de las multinacionales
El capitalismo tardío se caracteriza por otra parte por una concentración y centralización internacional del capital sin comparación con el pasado. Las compañías multinacionales se han convertido en la principal forma de organización del gran capital. Menos de 700 empresas dominan la mayor parte del mercado mundial. Ante las todo poderosas multinacionales, los estados-nación tradicionales son cada vez más incapaces de aplicar en los hechos una política económica coherente y eficaz. Es cierto que las multinacionales no son la única forma que adoptan las grandes empresas. A su lado subsisten grandes empresas sectoriales esencialmente "nacionales", además de empresas públicas y mixtas de todo tipo y diferentes en cada país. El papel económico del estado-nación no se ha reducido, por lo tanto, a cero. Pero hay que reconocer que esta es la tendencia fundamental a largo plazo, es decir, un declive gradual (ni inmediato, ni total) de la eficacia del intervencionismo económico del estado nacional. La ofensiva ideológica del neoliberalismo es en gran medida el producto y no la causa de esta evolución.
Ante el ascenso de las multinacionales, el estado-nación ha dejado de ser un instrumento económico adecuado para la burguesía. Pero sigue necesitándolo para auto-defenderse. Necesita al estado para defender sus intereses particulares frente a los competidores extranjeros. Necesita el estado para amortiguar los choques de las crisis económicas y sociales. Necesita el estado para reprimir en caso de crisis socio-económicas explosivas. En la medida en que el estado nación le es menos útil, tiende a sustituirlo por instituciones supranacionales. Pero para que estas adquieran funciones comparables a las estatales, hay que superar importantes obstáculos políticos, culturales, ideológicos. Y acaba siendo mucho más complicado que lo previsto inicialmente.
De la misma manera, la unificación de la Europa capitalista sigue arrastrándose entre una vaga confederación de estados soberanos (una zona de libre cambio), y una federación europea de carácter realmente estatal, con una moneda común, un banco central común, una política industrial y agrícola común, un ejercito y una policía comunes, todos ellos representados por un auténtico gobierno común. Las instituciones surgidas del acta única o de los Acuerdos de Maastricht reflejan bien ese carácter híbrido. Se trata de instituciones pre-estatales, semi-estatales, que no son realmente estatales. El auténtico poder sigue en manos del consejo de ministros, es decir de los doce gobiernos asociados. Las transferencias reales de soberanía son muy limitadas. La disparidad de las realidades nacionales sigue pesando mucho.
Ni repliegue proteccionista ni euforia europeísta
Los Acuerdos de Maastricht imponen a los estados que participan de pleno derecho en la Europa unida una reducción del déficit presupuestario del 3% del PIB para mantener la estabilidad monetaria. Pocos estados alcanzarán este objetivo en 1996, en 1997 o 1998. ¿Se avanzará a una Europa a cinco (Alemania, Francia, Benelux)? Todo el mecanismo parece gripado. Hay que añadir además una bomba retardada: los efectos a medio plazo de la llamada "estabilización presupuestaria" sobre la coyuntura económica y especialmente sobre el empleo. Según una nota confidencial de la OCDE, dichos efectos serán muy negativos. Solo el hecho de que Maastricht implique un reforzamiento de la política de austeridad es motivo más que suficiente para que el movimiento obrero y la izquierda alternativa rechacen dichos acuerdos.
Pero no hay que engañarse. En realidad, con la excusa del "rigor presupuestario", Maastricht no es más que una política dura de austeridad con la que se han comprometido todos los gobiernos. Es a esa política de austeridad a la que hay que enfrentarse, más allá de los acuerdos de Maastricht. Es decir, la oposición a Maastricht no debe adoptar la forma de un repliegue proteccionista y nacionalista.
Una estrategia de ese tipo sería una pérdida de tiempo, porque nos volvería a confrontar con las políticas de austeridad. Incluso proporcionaría una "justificación" ideológica adicional: la defensa de la soberanía nacional. ¿No ha sido así como la dirección del Partido Socialista belga, los Martens o Dehaene han abrazado las políticas de austeridad para defender la "competitividad nacional" o "nuestra" industria?
Ante la internacionalización creciente del capital y del poder de las multinacionales no hay más que dos estrategias posibles para los asalariados y los activistas de los nuevos movimientos sociales. La primera es la de la colaboración de clases con su propia burguesía, contra los "alemanes", los "británicos", los "españoles" o los "japoneses", en una alianza de patrones y trabajadores. Esta estrategia no solo es reaccionaria ideológicamente, sino que nutre el chovinismo, el egoísmo a corto plazo, la xenofobia o el racismo. Es también una estrategia del avestruz. Como las multinacionales siempre encontrarán un país en el que los salarios sean más bajos, las condiciones de trabajo más duras, las libertades democráticas más limitadas, adoptar esa estrategia es sumirse en una espiral de salarios, condiciones de trabajo o libertades democráticas cada vez peores. Es luchar por una "igualación a la baja".
La segunda estrategia es la única eficaz, la de la unidad y colaboración de los asalariados de todos los países y de sus aliados contra los patronos de todos los países, con el objetivo de mantener todas las conquistas sociales y de elevar progresivamente los salarios, la seguridad social, las condiciones de trabajo de los asalariados de los países más desfavorecidos en relación con los países con mayores conquistas. Es la lógica de la "igualación por lo alto".
Coordinar la respuesta internacional
Es verdad que en el seno de las instituciones europeas, hay matices que enfrentan a las fuerzas del "centro-izquierda" con las del "centro-derecha". Los debates en relación con la "carta social europea" dan testimonio de estas diferencias. Por ello, no defendemos la política de cuanto peor, mejor. Pero no tenemos más remedio que constatar que ambos defienden la política de austeridad.
No nos oponemos por lo tanto a la Europa de Maastricht y las multinacionales en nombre de una prioridad de acción política en el marco del estado-nación. Nuestro objetivo a largo plazo son los Estados Unidos Socialistas de Europa, en la vía de la Federación Socialista Mundial, único marco adecuado para resolver los acuciantes problemas de la Humanidad.
Apoyamos todas las iniciativas que favorecen la toma de conciencia de la necesidad de una acción común de los asalariados en el terreno político a escala europea. Por ello estamos a favor de todo aquello que ayude a una protección común de los asalariados a escala europea, sobre todo de los más desfavorecidos.
Sabemos que no se crearán a corto y medio plazo los Estados Unidos Socialistas de Europa, dada la correlación de fuerzas existente. Por ello damos la máxima prioridad a la defensa intransigente de los intereses inmediatos, económicos y políticos de las masas, tanto a nivel europeo como nacional.
La prioridad es la acción de masas extra-parlamentaria. Esta prioridad no supone rechazar ninguna iniciativa parlamentaria o legislativa en los Parlamentos nacionales o en su sucedáneo europeo. Implica al mismo tiempo una dimensión moral decisiva: la recuperación por parte del movimiento obrero, de los asalariados y sus aliados, del principio de la solidaridad, que expresa de forma tan admirable la consigna del sindicalismo americano: "un ataque a uno es un ataque contra todos".
Ernest Mandel (1923-1995), economista marxista belga, fue autor de obras fundamentales como el Tratado de Economía Marxista (1962), El Capitalismo Tardío (1972) y Las Ondas Largas del Desarrollo Capitalista (1978 y 1995). Como dirigente de la IV Internacional fue autor de numerosos libros de análisis y crítica política.
El economista de Cuba 12/03/10

jueves, 11 de marzo de 2010

El marxismo de Samir Amin

A la búsqueda de nuevos modelos de desarrollo
Giuliano Battiston
Il Manifesto
Traducido para Rebelión por Jorge Aldao y revisado por Caty R.

Entrevista con el economista egipcio, cuyo último libro reitera la búsqueda de alternativas superadoras del capitalismo, considerado «un paréntesis histórico», al tiempo que los procesos migratorios amenazan con un futuro de barriadas miserables por todo el planeta.
«Memorias de un marxista independiente»: es el subtítulo del último libro autobiográfico del economista egipcio Samir Amin, A Life Looking Forward (N.deT. Una vida mirando el futuro) (Zed Books, 2006) quien ha dedicado buena parte de su vida de investigador y militante a la búsqueda de alternativas que superen el paréntesis histórico del capitalismo. Incluso en su último libro traducido al italiano, La crisi. Uscire dalla crisi del capitalismo o uscire dal capitalismo in crisi?, Punto Rosso, 128 páginas, 13 euros, (La crisis. ¿Salir de la crisis del capitalismo o salir de capitalismo en crisis?) Continúa insistiendo en la necesidad de recurrir a la crítica utópica «partiendo de Marx, pero sin limitarse a él» para comprender y transformar el mundo.
No obstante la obsolescencia del capitalismo y el fracaso del modelo neoliberal –«un apartheid a nivel global»– Samir Amin es consciente de los obstáculos que se oponen a la «larga transición al socialismo» que propone. Después de todo, escribe en su último libro, la crisis «no es el producto de una explosión de luchas sociales» sino de las contradicciones propias del sistema de acumulación de capital. Y «la iniciativa todavía está en manos del capital».
También porque, como explica a il manifesto, a diez años del primer Foro Social Mundial, «las organizaciones permanecen terriblemente fragmentadas y débiles: se defienden de los ataques del capitalismo de los oligopolios financieros, pero no desarrollan estrategias políticas y de acción eficaces» sosteniendo todavía aquella ingenua ilusión de que sería posible cambiar el mundo sin tomar el poder». Para Amin, por el contrario, sólo si se reconoce «la inevitable cuestión de la relación entre el poder y la transformación» será posible construir «la unidad en la diversidad de la lucha» por la emancipación de los individuos.
Con la crisis económica y financiera, nos preguntamos de nuevo acerca de los límites de la globalización neoliberal y, de manera más general, acerca de los límites del capitalismo. Explique en qué sentido, como escribe en The World We Wish to See (N.deT El mundo que queremos ver), «el desarrollo mundial del capitalismo ha sido siempre polarizador (1)» y el imperialismo representa «no una fase del capitalismo sino una característica permanente de su expansión global»
Al principio adopté la tesis de Lenin según la cual el capitalismo de los monopolios constituía una nueva fase en la historia del capitalismo, anticipada a finales del siglo XIX y que el capitalismo se había convertido en una forma de imperialismo a partir de esa fecha. Posteriormente, sin embargo, he acabado desarrollando la idea del carácter originariamente polarizador –y por lo tanto de alguna manera imperialista– del capitalismo desde sus orígenes. En efecto, considero que la acumulación a escala mundial ha sido siempre, no de manera exclusiva pero sí preponderante, una acumulación de carácter confiscatorio.
Una confiscación que atañe no sólo a «la acumulación primitiva» analizada por Marx y que se refiere a los orígenes del capitalismo, sino que es una característica permanente en la historia del capitalismo histórico realmente existente desde la época mercantilista.
Una incuestionable y evidente acumulación por confiscación que ocupa, durante ese largo período de transición, el rol central en una globalización organizada en torno a la conquista de América y la trata de negros.
Esta acumulación se desarrolla a lo largo del siglo XIX y se intensifica con la formación de monopolios que promueven la exportación de capitales en una escala mucho mayor «implantando» rasgos del sistema capitalista globalizado en las colonias «de ultramar», en las semicolonias y en las colonias de América Latina.
Por otra parte, se demuestra con datos sencillos que la concentración es inherente al desarrollo globalizado del capitalismo, acompañándolo desde sus inicios: hasta 1820 el producto interno bruto per cápita en China era superior al promedio de la Europa avanzada. Entre 1820 y 1900, se pasa de una relación 1 a 1 a una relación de 1 a 20, y entre 1900 y el 2000 esa relación pasa del 1 a 20 al 1 a 50.
Ya en Más allá del capitalismo senil usted escribía que, precisamente a causa de su «talón de Aquiles» –la dimensión financiera– el sistema capitalista estaba preparando «una catástrofe económica inminente». Ahora la inminencia se ha convertido en realidad; ¿Qué quiso decir cuando afirmó que la actual es «la crisis del capitalismo imperialista de los oligopolios», vinculada orgánicamente a la financiarización (2) del sistema?
Continuando una línea de investigación abierta por el libro de Sweezy y Baran de 1966, Capital monopólico –la primera formulación coherente de la transformación cualitativa del capitalismo en el siglo XIX con el establecimiento de los monopolios– he detectado dos grandes oleadas en el proceso de monopolización.
La primera comienza a finales del siglo XIX y se extiende hasta 1945, la segunda comienza en los años 70 del siglo pasado y, por lo tanto, no coincide de ninguna manera con la crisis financiera de 2008.
En esta segunda oleada, el grado de monopolización adquiere un nivel sin precedentes, lo que me lleva a considerar que el contemporáneo es un capitalismo oligopólico generalizado, globalizado y financiarizado. Oligopolio generalizado porque controla la economía en su conjunto (así como los ámbitos político y cultural) incluso en aquellos sectores no directamente monopolizados y globalizados a consecuencia de las políticas liberales y neoliberales de los años 80, 90, y 2000.
Ahora bien, en cuanto a la financiarización, aún desde la «izquierda», buena parte de los análisis del sistema financiero tienden a distinguir a la financiarización, artificial y negativa, del buen capitalismo productivo. No es así, los dos aspectos van juntos de la mano. Los oligopolios son financiarizados en el sentido de que no es cierto que, por un lado, haya un sector financiarizado, el de la banca, las aseguradoras y los fondos de pensiones y, por el otro, un sector productivo sano. Más bien, los oligopolios son propietarios de las grandes empresas productivas, y al mismo tiempo de las grandes instituciones financieras. Y, a su vez, esos oligopolios tienen necesidad de la expansión financiera para garantizar su control sobre la economía y sobre toda la sociedad. La superposición, como ya señalaba Baran, es total. Y tiene sus raíces en un sistema que conduce a un estancamiento relativo, particularmente notable desde 1970, cuando en los países de la Tríada Imperialista (Estados Unidos, Europa y Japón) se registra una drástica reducción de las tasas de interés, del crecimiento y de las inversiones. Y ese estancamiento –un superávit excesivo en relación con las posibilidades de expansión del capital para ampliar e incrementar las inversiones productivas– tiende a alimentar las burbujas financieras. Que no son producto de desvíos o desregulaciones, sino una consecuencia inherente al sistema capitalista contemporáneo. La financiarización es la única manera en que los capitalistas de los oligopolios generalizados y globalizados pueden superar la tendencia profunda e intrínseca al estancamiento. Por esto estoy convencido de que no nos queda otra alternativa que salir de este capitalismo en crisis. O, más modestamente, empezar a tomar la salida hacia otro modelo de desarrollo, cuyas características aún no son claras, y para cuya definición necesitaremos otros cincuenta o cien años.
En un ensayo reciente, «A critique of the Stiglitz report» (3), usted afirma que una globalización negociada pasa por la «desconexión», por la construcción de una economía nacional autocentrada pero no autárquica. Una economía que –escribe en A Life Looking Forward–, «encontrará serios obstáculos si no es reforzada por una integración regional capaz de aumentar el efecto positivo». ¿Cómo combinar la desconexión del sistema global con la construcción de bloques regionales?
No existen alternativas practicables al desarrollo autocentrado, que subordina las relaciones externas a las exigencias de la transformación interna de la manera más progresista posible.
No se trata de una simple autarquía, sino de la inversión de la lógica actual. En lugar de adecuarse y plegarse a las tendencias dominantes a escala mundial, debe actuarse para que esas tendencias se adecuen a las exigencias internas. Éste es el sentido que atribuyo a las iniciativas independientes por parte de países del Sur del mundo. Las razones para hacerlo así son evidentes en la mayoría de los casos. Tal vez no para los tres nuevos gigantes económicos, China India y Brasil que, de manera individual, pueden considerarse con una importancia equivalente a la de una gran región y que, por ello, parecería que no necesitan recurrir a acuerdos subregionales o interregionales. Sin embargo aún esos países tienen déficits: basta pensar en la escasez de recursos naturales que necesitan, los energéticos en primer lugar. Y esto es más cierto aún para los países del Sudeste asiático, del mundo árabe, del África subsahariana y de la América Latina española.
En todos estos casos, los acuerdos subregionales sirven para establecer, de manera negociada, formas de complementariedad, que se definirán sobre muchos planos. Por ejemplo el de las tecnologías: hoy, los países del Sur son capaces -no todos del mismo modo- de desarrollar capacidad tecnológica sin tener necesariamente que someterse al proteccionismo del derecho de propiedad industrial promovido por la Organización Mundial del Comercio. Lo mismo debería ocurrir para las infraestructuras, para la detección de estrategias de complementariedad industrial, a partir de las industrias de base, por supuesto, pero también para las industrias del gran consumo y para el acceso a los recursos naturales.
A propósito de recursos naturales: usted afirma que, «lejos de estar resuelta, la 'cuestión agraria' está más que nunca en el centro de los retos que la humanidad deberá afrontar en el siglo XX». ¿Porque considera que el capitalismo, «por su misma naturaleza, es incapaz de resolverla», y por qué cree que sólo puede ofrecer la perspectiva de un planeta de barrios marginales?
La acumulación por confiscación que caracteriza el capitalismo histórico, que a comienzos del siglo XIX se fue materializando alrededor del triángulo Londres-Amsterdam-París, no sólo afecta a los pueblos de América, sino también a los campesinos europeos. El modelo es el de los cercados de Gran Bretaña, el despojo de los campesinos ingleses e irlandeses, que sufrieron, los primeros en Europa, una forma de apropiación privada de la tierra, luego generalizada en el continente europeo. Este modelo histórico habría tenido consecuencias explosivas si no hubiera estado acompañado de ese enorme «aparato de seguridad» y «válvula de escape» constituida por el sistema de las migraciones hacia América. Los procesos migratorios permitieron a Europa construir, en otros lugares, otra Europa, igual, si no más importante en términos de población, a la del continente.
Pero si consideramos los otros continentes, Asia, África y América Latina, donde hoy vive el setenta y cinco por ciento de la población mundial, la mitad de ella campesina, nos damos cuenta de que este sistema es inaceptable e ineficaz. Como demuestra el reciente nacimiento de un planeta de barrios marginales, los campesinos expulsados de las tierras no pueden ser «absorbidos» por los mecanismos de la moderna industrialización y no podrán recurrir de forma masiva las migraciones. La solución a la cuestión agraria propuesta por el modelo capitalista requeriría que se proporcionen a Asia, África y América Latina, al menos otras cuatro Américas.
Notas de la traducción
(1) Según Amin, la globalización es un fenómeno antiquísimo. Sin embargo, en las antiguas sociedades éstas ofrecía realmente oportunidades para las regiones menos avanzadas de alcanzar a las demás. Pero la globalización moderna, asociada al capitalismo, es polarizadota por naturaleza, es decir que la lógica de expansión mundial del capitalismo produce en sí misma una desigualdad creciente entre los miembros (polos desarrollados y polos subdesarrollados) del sistema.
(2) Financiarización. Es el patrón de acumulación en el cual la consecución de beneficios tiene lugar fundamentalmente a través de los canales financieros, en lugar de a través del comercio y la producción de mercancías. La extrema financiarización especulativa de la economía en un contexto de globalización asimétrica eleva al máximo este antagonismo, pues los elevados beneficios de la especulación financiera se consiguen en detrimento de la riqueza creada en el sector productivo.
Las reformas estructurales en la economía, a partir de la década de los setenta, configuraron un nuevo contexto internacional donde lo financiero comenzó a dominar y determinar el funcionamiento de lo productivo. Esta nueva configuración de las relaciones entre el sistema productivo y el sistema financiero suele llamarse «financiarización».
(3) Véase la página Web http://www.pambazuka.org/en/category/features/58453 Fuente: http://www.ilmanifesto.it/il-manifesto/in-edicola/numero/20100303/pagina/11/pezzo/272775/

martes, 9 de marzo de 2010

Mandel, la inflación y algunas ideas de Keynes y Marx

José A. Tapia Granados
Sin Permiso

Sin Permiso (28/02/10 , http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3140 ) ha aparecido recientemente una versión en castellano de un texto de Mandel sobre “Déficit presupuestario e internacionalización del capital en la teoría marxista”. El artículo, publicado originalmente hace ya casi veinte años, en 1992, tiene muchos aspectos de interés y de gran actualidad, como señala la introducción al mismo. En estos tiempos en los que parecería por lo que sugieren algunos que el principal peligro para los puestos de trabajo de los trabadores de occidente son los trabajadores chinos o hindúes que trabajan por salarios de miseria en sus países, o los trabadores inmigrantes que a menudo han de aceptar los trabajos ilegales, con salarios incluso por debajo del mínimo, es especialmente importante enfatizar la solidaridad internacional de los trabajadores, como hace Mandel. Solo cuando los trabajadores en particular y la humanidad en general asumamos plenamente que hemos de defender los intereses comunes y no las falsas divisiones que nos separan podrá la especie humana dar un paso adelante hacia un mundo más solidario, más justo y más sostenible.
Algunas afirmaciones que contiene el artículo de Mandel me parecen sin embargo cuestionables. Afirma por ejemplo que para que el déficit presupuestario no genere inflación antes de que se alcance el pleno empleo es necesario que los impuestos directos aumenten en la misma proporción que las rentas. Pero eso parece desmentido por la realidad empírica de las últimas tres décadas. Desde la época de Reagan e incluso desde antes, los impuestos directos en EE.UU. en general disminuyeron, mientras que “las rentas” en general aumentaron y la inflación ha sido muy pequeña, casi nula si se usan estándares históricos.
Ignoro qué término usaría Mandel en su original (que probablemente fue escrito en francés), pero el término “rentas” en castellano es muy ambiguo y a mi juicio debería evitarse usarlo en contextos económicos sin explicitar claramente a qué se refiere, ya que puede indicar muy distintas cosas. Unas veces “rentas” alude a ingresos en general (como parece ser el significado en este contexto, equivalente al significado de income o revenue en inglés), pero otras veces alude a flujos de ingreso derivados del pago por el uso de determinados bienes físicos (tierras, edificios, máquinas, lo que en inglés se indica con la palabra rent) o de los pagos de intereses por la posesión de activos financieros, sean bonos del tesoro, dinero a plazo fijo, u otros activos financieros. Los “rentistas”, tan a menudo aludidos por Keynes y sus seguidores, serían quienes viven de ese tipo de rentas.
Por otra parte, según el artículo, Keynes admitía con cierto cinismo que los asalariados «serían más sensibles» a una reducción de los salarios nominales y de las prestaciones de la seguridad social que a una reducción efectiva de los salarios reales netos, acompañada de una subida de los salarios nominales. En este caso la traducción del texto de Mandel probablemente se entendería mejor si dijera que los asalariados serían no más sensibles sino “más reacios” a la primera opción que se da, a saber, un recorte de salarios reales conseguido mediante recorte de salarios nominales con precios estables. La segunda opción, que Keynes sugiere como más “tragadera” por los asalariados (de ahí el cinismo al que alude Mandel) sería un recorte de salarios reales conseguido mediante aumentos de salarios nominales combinados con aumentos proporcionalmente mayores de los precios.
Una confusión importante que parece sugerir Mandel mismo es la frase donde dice: «Pero ¿el crecimiento de las rentas de los capitalistas no estimula las inversiones y, por lo tanto, el empleo? Esta es la tesis de los defensores de la recuperación a través de las "políticas de oferta", adversarios de Keynes en los años treinta y que han tenido una gran influencia sobre Reagan y la Sra. Thatcher.»
¿Qué quiere decir esto? Lo que parece cuestionar aquí Mandel es que el aumento de las ganancias (“rentas de los capitalistas”) aumenta las inversiones y por tanto el empleo, idea que sería propia no solo de los adversarios de Keynes, sino de los Reagan y Thatcher. Lo interesante es, sin embargo, que esta idea que al parecer se atribuye a la reacción, es precisamente una idea clave de Marx. Marx ve en la ganancia el estímulo principal, el acicate que estimula la acumulación, o sea, las inversiones. Y como las inversiones son las que crean puestos de trabajo, que se mantengan (y se incrementen incluso) las ganancias del capital es fundamental para que se creen puestos de trabajo. Marx explicó muy bien todo eso en varias partes de su obra, especialmente al ocuparse del proceso de acumulación del capital (en el capítulo 25 del tomo I de El Capital).
Las consecuencias de eso para la política sindical son peliagudas, porque indudablemente la lucha de los asalariados por mejores condiciones de trabajo recorta las ganancias del capital y en alguna medida crea condiciones para el aumento del desempleo. En épocas de crisis económica cuando el desempleo se generaliza, la alternativa es, o agachar la cabeza y aceptar una mayor explotación, lo que podría facilitar quizá la recuperación económica, o luchar por mantener los salarios y las conquistas sociales, lo que probablemente prolongará la crisis. Si se parte de una visión en la que lo que prima es la lucha contra el sistema de explotación, se optará por lo segundo. Lo que no se puede hacer es promover a la vez los intereses de los asalariados y los intereses del sistema.
Lamentablemente, desde época inmemorial los sindicatos en general han negado esa realidad mediante una visión subconsumista de las crisis económicas. En la perspectiva subconsumista, que Keynes heredó de Malthus, y que tan frecuente es entre “gente de izquierda”, la falta de poder adquisitivo de “los consumidores” reduce la demanda efectiva y es la causa de que acabe la expansión y comience la recesión. Reclamar aumentos salariales que van a favor de los intereses de clase, sería así también apropiado como política para resolver la crisis. Lo que es bueno para los trabajadores, mejores salarios, sería también bueno para el sistema, que se recuperará antes de la crisis. Esa visión que es propia de Keynes y de la socialdemocracia europea, y quizá también, en algún aspecto, del jóven Marx que escribió el Manifiesto comunista con Engels, no es la del Marx economista “rojo” que escribió El capital, donde la rentabilidad empresarial (o sea, las “rentas del capital”) es el principal determinante de la inversión, que es a su vez el principal determinante del estado de expansión o contracción del sistema.
En un pasaje a menudo citado del tomo II de El capital (capítulo 20, cito en la traducción de W. Roces), Marx afirma que el hecho de que las mercancías queden invendibles durante las crisis:
“… quiere decir sencillamente que no se encuentran compradores o, lo que tanto vale, consumidores solventes para ellas (lo mismo si las mercancías se destinan en última instancia al consumo productivo que si se destinan al consumo individual). Y si se pretende dar a esta perogrullada una apariencia de razonamiento profundo, diciendo que la clase obrera percibe una parte demasiado pequeña de su propio producto y que este mal puede remediarse concediéndole una parte mayor, es decir, haciendo que aumenten sus salarios, cabe observar que las crisis van precedidas siempre, precisamente, de un período de subida general de los salarios, en que la clase obrera obtiene realmente una mayor participación en la parte del producto anual destinada al consumo. En rigor, según los caballeros del santo y “sencillo” (!) sentido común, estos períodos parece que debieran, por el contrario, alejar la crisis. Esto quiero decir, pues, que la producción capitalista implica condiciones independientes de la buena o la mala voluntad de los hombres, que sólo dejan un margen momentáneo a aquella prosperidad relativa de la clase obrera, que es siempre, además, un pájaro agorero de la crisis.”
Lamentablemente, durante la segunda mitad del siglo XX la (con)fusión del keynesianismo con las ideas de Marx fue muy frecuente, alimentada en buena parte por los trabajos de Baran y Sweezy. Y dado lo complicadas que son las cuestiones económicas y lo arduos que son los textos económicos de Marx y Keynes, no parece que esa confusión vaya a resolverse a corto plazo.
José A. Tapia Granados es investigador en el Institute for Social Research de la Universidad de Michigan, Ann Arbor . Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3145

lunes, 8 de marzo de 2010

La segunda arista de la concepción Marxista del Mundo: La dialéctica (Segunda aproximación)

Un prólogo para un clásico de la tradición
Salvador López Arnal
Rebelión

La dialéctica fue asunto que permaneció en el quehacer político-filosófico de Sacristán hasta sus últimos días. Varios de los cursos y seminarios de Metodología de las Ciencias Sociales que impartió tras la muerte del dictador golpista tuvieron la temática dialéctica como uno de sus ejes principales.
Igualmente, en una carta de junio de 1984 dirigida a Adolfo Sánchez Vázquez [1], señalaba Sacristán:
[…] Entre las escuelas de mi operación de corazón y el hecho, bastante peor, de que poco después de ella entré en hemodiálisis (a causa del fallo definitivo del riñón que me quedaba), he atravesado una larga temporada en la que he estado bastante pasivo e incapaz. Sería más bonito que descubriera alguna excusa más elegante, pero la verdad, poco agradable, es ésa que te digo [...] Si consigo reunir a tiempo energía suficiente, enviaré un trabajo sobre dialéctica que tenía pensado para tu jubileo.

Antes de esa fecha, en la que seguramente fue una de sus grandes entrevistas, una conversación con Antoni Munné y Jordi Guiu [2], Sacristán no renunciaba a la finalidad dialéctica distanciándose de algunas aproximaciones usuales:
[…] la dialéctica de la negación de la negación, de la aparente radicalidad podría decirse, no es toda la dialéctica, es la mala dialéctica, es la escolastización de la dialéctica. En vez de decir “abandonemos la dialéctica”, acordémonos de que dialéctica ha querido decir muchas cosas en la tradición. Ha querido decir la escolástica de la negación de la negación, el cierre categorial desde el mal Hegel hasta Gustavo Bueno, pasando por Althusser, pero dialéctica ha querido decir también, para Platón, por ejemplo, el razonamiento seguro, y, en el mismo Aristóteles, el razonamiento incierto, el trabajo con lo difícil, el trabajo con lo impreciso, con lo que no se puede precisar, con aquello que si se precisa daría lugar a un caso de falacia de la falsa exactitud. Dialéctica ha querido decir también globalización, conocimiento de totalidades, atención a las totalidades (...) y aquí sí que viene una interesante reflexión. Se puede decir que tal vez los problemas ecológico-sociales sólo tienen solución por la vía del mesótes aristotélico. Eso también es dialéctica, buscar el sistema de equilibrios. Ocurriría por tanto con la palabra “dialéctica” lo mismo que con las expresiones “materialismo histórico” o “materialismo dialéctico”. Uno se ve forzado en abandonar la expresión “materialismo dialéctico” si ha de ser el nombre de un sistema científico; hay que abandonarlo como sistema. De todas maneras, sería primitivo decir: se acabó el materialismo histórico, porque en cambio no hay ninguna duda de que existe, que está justificado un modo de pensar que es materialista, en el sentido elemental de no idealista, y es dialéctico, en el sentido elemental de no fijista, de integrador. Por lo tanto, yo no sería partidario de decir “se acabó la dialéctica”. Lo que hay que hacer es repensarla.

Igualmente, en un texto redactado probablemente a finales de noviembre de 1980 que lleva por título “Althusser sin eufemismos”, Sacristán se alejaba de determinadas aproximaciones a la noción de “contradicción dialéctica”:
Para uno que ha pensado siempre, desde la época de mayor influencia del filósofo, que el pensamiento de Louis Althusser es en sustancia una confusión lamentable, peligrosamente disfrazada de claridad y precisión, resulta mucho más desagradable opinar sobre él ahora de lo que lo era hace diez o quince años. Pero, si hay que hacerlo, más vale que sea sin eufemismos.
La verdad es que el historiador E.P.Thompson ha sido demasiado generoso con Althusser al titular su ensayo crítico contra el filósofo Miseria de la teoría , porque la debilidad principal del pensamiento de Althusser no consiste en que atribuye demasiada importancia a lo teórico -cosa que efectivamente hace-, sino, sobre todo, en que sus nociones de teoría y ciencia son malas. Su intento de reconstruir el pensamiento de Marx como un producto puramente científico no es sólo un falseamiento de Marx, sino también una manipulación disparatada de las ideas de ciencia y teoría.
Sus intentos de exactificar ciertas intuiciones filosóficas tradicionales presentes en el marxismo por herencia hegeliana desembocan, desde un punto de vista lógico, en fracasos obvios y tienen además, ideológicamente considerados, un sentido apologético desagradablemente beato y escolástico. (Un aspecto muy principal de toda mentalidad escolástica, igual en Santo Tomás que en Stalin, consiste en pretender que lo vago es exacto, lo aleatorio determinado, lo empírico lógicamente necesario). Sea, por ejemplo, la interpretación por Althusser de la "contradicción dialéctica". En la lógica de verdad y en el uso normal del lenguaje, la negación contradictoria de una proposición está siempre unívocamente determinada: la contradictoria de "Todos los A son B" es "Algún A no es B", y la de 'Algún A es B" es "Ningún A es B". Pero la vaga contradictoriedad dialéctica es un concepto intuitivo, precientífico, carente de esa determinación: sólo si se lo dicen a uno, y con la sabiduría del después, se entera de que la "negación dialéctica" de un grano de cebada es ese mismo grano de cebada una vez sembrado, y que la negación de la negación de ese grano de cebada es la espiga que brotó de él. Pues bien: en vez de reconocer el carácter vago y altamente metafórico de semejante uso del lenguaje, pre-analítico e indeterminado, por más que acaso sugeridor poéticamente, Althusser sostiene que se trata de un modo de pensar ultra-exacto, "sobredeterminado". Así falsea las cosas con una intención claramente apologética y con un efecto destructor de la capacidad de rigor analítico y científico en sus discípulos.
Lo peor de la influencia de Althusser es que enseña a gustar gato por liebre, logomaquia exactista por ciencia, verborrea cargada de términos pseudo-técnicos por teoría”.

En su conversación para Dialéctica de 1983 [4] con Gabriel Vargas Lozano, Juan Mora Rubio y Jorge Redón Alarcón, Sacristán señalaba su punto de vista positivo sobre la noción:
“Mi propia opinión sobre la dialéctica que creo inspirada en el trabajo científico de Marx, se puede expresar en una tesis negativa y otra positiva.
[...] Mi tesis positiva es que “dialéctica” significa algo, contra lo que tantas veces han afirmado los analíticos, por ejemplo, Popper o Bunge. “Dialéctica” es un cierto trabajo intelectual, que, por un parte, está presente en la ciencia, pero, por otra, le rebasa con mucho... Ese tipo de trabajo intelectual existe como programa (más bien oscuro) en la filosofía del conocimiento europea desde el historicismo alemán.
El estilo dialéctico consiste principalmente en proponerse un objetivo de conocimiento que estaba formalmente excluido por la filosofía de la ciencia desde Aristóteles, según el principio, explícito en unas épocas y tácito en otras, de que ”no hay ciencia de las cosas particulares”, de lo concreto. Tanto Hegel a su manera como Marx a la suya tienen, por el contrario, un programa de investigación que busca el conocimiento de algo particular o concreto: en el caso de Hegel, el discutible concreto que es el Todo; en el caso de Marx, la sociedad capitalista existente (... ) pero, a pesar de ello (a pesar de los elementos de abstracción presentes en El Capital ), lo construido en El Capital. .. tiene una concreción desconocida en el ideal tradicional de ciencia, tan eficaz en las ciencias de la naturaleza”.

Tal como se comentó en la entrega anterior [5], por esta misma senda transitó Sacristán en el coloquio de su conferencia sobre la dialéctica de 1973 en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Barcelona [6]. Fue entonces cuando se le formuló una larga e informada pregunta sobre el problema de la operatividad del pensamiento dialéctico que se centró en el ámbito del derecho y de los condicionamientos sociales. El asistente citó, en su exposición, a Hesse, a Platón, a Heráclito y a Cerroni. Al final de su intervención hizo referencias al neopositivismo y a Wittgenstein y le planteó a Sacristán la posibilidad de realización de los objetivos de la dialéctica.
Sí, respondió Sacristán, “pero casi habría que volver a empezar; quiero decir, esto es todo el tema. Arrancó con un sueño.
“Yo arrancaría de la aceptación de lo principal que me parece que es la palabra “sueño”. Si hubiera hecho la última parte de la conferencia, que me ha parecido que era oportuno desistir, habría podido exponer lo que es mi comprensión fundamental de la noción de dialéctica”.

Sacristán no creía que hubiera un método dialéctico, usando la palabra “método” en el mismo sentido tecnificado en que se usaba aproximadamente desde Descartes. “Método” era una palabra cómodamente laxa, aproximadamente, hasta el autor de La Geometría . Desde entonces, desde la cristalización del álgebra moderna, desde Viète y Descartes, la palabra adquirió una frecuencia natural del uso en plural, se empieza a hablar de métodos, y se consigue, por otra parte, una gran precisión de descripción:
“[…] existe el método de los algebristas, existe, sobre todo a partir de Descartes, el método geométrico en el sentido cartesiano, o sea la geometría analítica, el pasar las nociones geométricas a nociones algebraicas. Eso sí que lo habéis hecho seguro en enseñanza media, las ecuaciones de una recta, las ecuaciones de una curva, o de tal o cual curva o de tal o cual recta. En este sentido muy preciso de método, yo no creo que se pueda decir método dialéctico en ese sentido moderno inventado por la cultura burguesa moderna”.

Ante esa situación cabían dos opciones: rechazar este sentido rígido y estrecho de método que habían inventado la ciencia y la filosofía burguesas o ir a una noción antigua de método. Cabía decir, se decía de hecho: la dialéctica no sirve para nada porque el pensamiento dialéctico no es operativo en el sentido de esos métodos. La posición de Sacristán se movía en otras coordenadas:
“Yo pienso que es equivocado, sectario y anulación de la historia, decir: vamos a suprimir el uso exacto de la palabra “método”, es decir, vamos a no llamar ya nunca más método a las varias técnicas, por ejemplo, de resolución de sistemas de ecuaciones”.

Así, pues, en el sentido estricto inventado por la cultura burguesa, y por la filosofía de la ciencia burguesa, ¿qué era un método?
“[…] método era un conjunto de operaciones muy simples, normadas en el sentido de que como son muy simples todos las podemos practicar del mismo modo sin necesidad de ser genios ni poetas ni filósofos, nos basta con saber la ciencia básica de la burguesía, contabilidad, que es verdad, no es un chiste, es la pura verdad, sobre esa base está montada, sobre la idea de que las cuentas sean claras, operaciones que están muy normadas por lo claras y porque su orden de sucesión está previsto. Primero se hace esto, después se hace lo otro. Primero se escribe la incógnita, después se escribe la expresión conocida y en medio se ponen dos rayitas horizontales si puede ser de la misma longitud mejor, y que cada cual, por lo tanto, con sólo que sea competente, puede repetir del mismo modo, obteniendo los mismos resultados si parte de los mismos datos. Éste es el ideal de método de la cultura burguesa, de la sobreestructura ideológica burguesa”.

La actitud que despreciaba ese legado, que afirmaba que eso no era un método realmente, le parecía equivocada a Sacristán. Era perder historia
“Sería olvidarse de todo el capítulo del Manifiesto Comunista en el que Marx y Engels hacen el catálogo de los grandes méritos históricos del capitalismo. Por tanto, creo que es digno de conservación ese uso de la palabra “método” como sucesión normada de operaciones simples tales que toda persona competente, si parte de los mismos datos, puede llegar con su ayuda a los mismos resultados”.

No se podía, pues, abandonar ese camino, pero a Sacristán le parecía también, complementariamente, que si se tuviera que vivir sobre la base de esos métodos
“[…] lo mejor era pegarse un tiro rápidamente, porque esos métodos no sirven más que para contar, medir y pesar. Aquel que reduzca su vida a contar, medir y pesar o a la sublimación del contar, medir y pesar, que es la operatividad de la filosofía de la ciencia burguesa, ése ya puede ir contento, le basta. Si su vida se reduce a eso, al contar, medir y pesar y a la sublimación del contar, medir y pesar que es la operatividad definida por toda la tradición neopositivista, desde Mach hasta Carnap, entonces ya va bien, le basta. Creo, de todas maneras, que seríamos mayoría los que nos pegaríamos un tiro si nos quedáramos reducidos a eso”.

Por ello, efectivamente, había el sueño de ir a por más. Era un sueño, un objetivo, no había que ocultarlo. En su opinión, hablando con precisión no existía un método dialéctico sino una aspiración, un objetivo, un pensar con objetivos dialécticos.
“Pero no hay más métodos normados que los que podemos inventar trabajando. Como si fuéramos positivistas decías. Yo rectificaría: como si fuéramos científicos positivos. No tengo que ser positivista para hacer álgebra, hay muchos algebristas que no son positivistas en absoluto. El más rojo, y más simpático, por otra parte, de los intelectuales marxistas franceses es un algebrista, un gran matemático”.

Entre esos objetivos dialécticos estaban los objetivos de totalización, de conseguir visión total, visión del todo. También en la sabiduría oriental existía pensamiento dialéctico, también era un pensamiento que intentaba totalizar:
“[…] mucho más por supuesto en el caso de las fuentes, en Lao-tsé frente a Confucio, que no era nada totalizador, en las escuelas heterodoxas hindúes frente a la ortodoxia de Sankara [7], que tampoco era nada totalizador, pero hay la aspiración a globalidad, a ver la vida entera y no sólo el detalle técnico administrativo y etiquista a lo Confucio o el aspecto puramente teórico, a lo Sankara, en la ortodoxia brahmánica, sino a ver todo lo demás. En el caso de Lao-tsé, a hacer metafísica para decirlo en plata, a hablar del mundo y no sólo de la política, de las ciudades y de la moral, como en la tradición confuciana, y en el caso de las escuelas heterodoxas hindúes, la aspiración a recoger lo que no es teoría, lo que son, pues, técnicas por ejemplo en el Nyaya, o artes en otras corrientes hindúes heterodoxas *15 , en forma de sueño, como decías tú, en forma de aspiración.

En su opinión, ello marcaba una importante diferencia respecto del mismo sueño dialéctico occidental.
[…] un pensamiento dialéctico europeo-occidental -aunque sea en Oriente, por ejemplo, en Pekín-, en vez de partir de la simple experiencia vivida, como Lao-tsé o como las escuelas heterodoxas hindúes, puede partir ya de la experiencia elaborada por la ciencia, que sería, en mi opinión, lo característico de la dialéctica marxista, el ser una dialéctica que sabe, que no puede arrancar de cero, como la de Hegel, inventándose a sí misma, sino que tiene que arrancar de algo previo; a saber, de datos no dialécticos pero ya elaborados científicamente, en alguno de los numerosísimos usos de la palabra “científica”. Concretamente, en el inventado por la burguesía de finales del capitalismo mercantil y principios del capitalismo industrial.

Que fuera más artística que teórica la aspiración dialéctica era afirmación que podía ser confusionaria para alumnos de primero, apuntaba Sacristán. Él la aceptaría siempre que por artístico se entendiera no intuitivo sino poiético , productivo, creador de producto, siempre que se comprendiera que el objetivo de un pensamiento dialéctico pasaba forzosamente por una intervención del sujeto que totalizaba.
“Consiguientemente, es en gran parte producto, no reflejo , como con un error histórico siniestro suelen decir los rusos cuando se refieren a la teoría dialéctica, o a una concepción dialéctica del conocimiento, por un lapsus lingüístico procedente de la formación burguesa dieciochesca de Lenin, en filosofía se entiende”.

El uso de la palabra “reflejo” para hablar de lo que era el conocimiento humano era literalmente lo contrario de lo que podía y aspiraba a ser un pensar dialéctico. Al pie de la letra.
Concluía su respuesta Sacristán con una alusión histórica, sobre el ejemplo de Wittgenstein y Cerroni al que había aludido el interlocutor. Wittgenstein se había callado al final del Tractatus. Se había pasado un año y medio siendo maestro en una escuela primaria de Austria y a continuación había empezado a hablar y ya no hubo quien lo parara hasta que se murió. ¿Por qué?
“Porque efectivamente llegó al silencio sobre la base de admitir que el único ideal era la operatividad en ese sentido positivista. Mientras él mantuvo como ideal la operatividad positivista, la verificación estricta, muy bien, ya no quedaba luego más que el silencio; cuando Popper * y sus demás colegas, le demostraron que no había no ya sólo experimento crucial posible sino ni siquiera verificabilidad empírica posible, entonces el hombre se quitó la represión que, por hablar en términos freudianos, se había metido encima, y empezó a charlar como un condenado y a tocar el órgano en todas las Iglesias de Londres en que le dejaban y a leer novelas policíacas sin parar. Descubrió la vida finalmente, una vez que le hubieron destrozado el principio de verificabilidad que sostiene el Tractatus y se convirtió en ese enorme charlador de las Philosophical Investigations , de Los cuadernos azul y marrón, en los que va hablando de lenguaje real, no de lenguajes ficticios. ¿Por qué? Porque evidentemente ya no le importaba, ya sabía que la operatividad no es una cosa accesible sino también un desideratum y sabía que ese desideratum sólo es realizable en un tipo de investigación que no da para vivir… Bueno, puede dar para vivir, en el sentido en que pueda dar para vivir el presupuesto del Estado a través de las instituciones académicas si uno es profesor de lógica, desde luego. La operatividad total le da para vivir a través de un sueldo de catedrático de lógica, pero no para vivir en un sentido más serio, en un sentido más completo, no sólo de la comida”.

De hecho, proseguía Sacristán, el resto de la obra de Wittgenstein era una cruzada contra la idea de operatividad en sentido estrecho. Exagerada en opinión de Sacristán ya que lo que se había probado, lo que Popper y otros autores habían señalado, era que la operatividad “de la que tan orgullosos andaban los neopositivistas por los años treinta” era también un ideal, igual que era un objetivo, una aspiración la apuesta del pensamiento dialéctico.
“Entonces la contraposición entre los dos ideales arroja un resultado claro. El de operatividad científico-positiva pura, ¿qué sería? El de obtención de la mayor comprobabilidad de los conocimientos particulares, mientras que la aspiración dialéctica no es ésa sino la de máxima totalización de los conocimientos particulares en una integración. Empiezan por no ser incompatibles. Si se ponen como incompatibles es que alguien está negando, sectariamente si es un dialéctico, que tenga valor la exactitud del conocimiento particular, o está negando, mezquinamente si es un positivista, que tenga valor el intento de globalizar la visión de la realidad”.

Eran negaciones que no tenían una base teórica, tenían suelo político, ideológico. Cuando habían tenido vigencia, su vigencia había sido la de la lucha de clases.
“Ha sido, por ejemplo, la de los semánticos norteamericanos en 1939, luchando desesperadamente porque Roosevelt no entrara en guerra contra los nazis arguyendo que el concepto fascismo no es operativo porque no es verificable la proposición “x es fascista”. Pero claro, esto es ya pura lucha de clases, no es diferencia científica entre las dos aspiraciones”.

Con esas palabras finalizaba Sacristán su respuesta al interlocutor. Años más tarde, en sus clases de Metodología de las ciencias sociales, en seminarios y clases de doctorado, volvería reiteradamente sobre la cuestión.

Notas:
[1] Adolfo Sánchez Vázquez, “Semblanza de un marxista: Manuel Sacristán”, mientras tanto 30-31, 1987, p. 117.
[2] De la Primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón . Los Libros de la Catarata, Madrid, 2004, pp. 113-114
[3] Se trata de una colaboración para el diario AVUI que, finalmente, no llegó a publicarse. Permanece inédita.
[4] De la Primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón , ed cit, pp. 164 y 166-167
[5] Véase “ La segunda arista de la concepción Marxista del Mundo: la dialéctica (I) Un prólogo para un clásico de la tradición”. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=101233
[6] Manuel Sacristán, Sobre dialéctica . El Viejo Topo, Barcelona, 2009, pp. 101-130.
[7] Véase Manuel Sacristán, Lógica elemental . Vicens Vives, Barcelona, 1995 (edición de Vera Sacristán Adinolfi, prólogo de Jesús Mosterín).

Referencia Prólogo:
El prólogo de Sacristán en la red: http://archivo.juventudes.org/node/114

martes, 2 de marzo de 2010

¿Crisis o colapso?

Entrevista a Dimitri Vasilievich Valobog, economista ruso
Pravda
Traducido para Rebelión por Nelson Dávila Acosta

El tema número uno para millones de gentes es la crisis económica mundial, los científicos discuten acerca de sus fuentes, causas, intentando avizorar posibles variantes del futuro. Conocimos el punto de vista del afamado economista Dimitri Vasilievich Valobog, quien por muchos años, trabajó en el “PRAVDA” como asistente del redactor en jefe, en la actualidad encabeza la cátedra de Teoría Económica, en la Academia del Trabajo y de Relaciones Sociales, es Doctor en Ciencias Económicas, Professor*, honrado como activista de la ciencia y laureado con el premio estatal de la Federación Rusa. Es autor de muchos libros, el último de los cuales, se publicó recientemente, titulado: “Humanidad: Ayer, Hoy y Mañana”.
POR TODAS PARTES: DINERO, DINERO, DINERO
Dimitri Vasilievich, ante todo quisiera conocer su opinión sobre la actual crisis y sobre la efectividad de las medidas tomadas en la bulliciosa cumbre de Londres?
-En una ya lejana visita en Polonia, en Cracovia, me presentaron a un interesante sacerdote, era Karol Wojtyla, futuro Papa romano Juan Pablo II, cuando todavía no era ni Cardenal. Wojtyla me mostró a Copérnico en un aspecto desconocido para mi- como economista representativo de su tiempo. El año 1526 en el “Tratado sobre acuñación de la moneda”, Copérnico, escribió: “como ninguna de las numerosas tragedias, que como resultado de las cuales, reinados, principados y Repúblicas, caen al precipicio, se distinguen cuatro: las guerras, la mortandad, la hambruna y la depreciación de la moneda, las tres primeras, como es evidente, todos las conocen. La cuarta en cambio, es decir la depreciación de la moneda, la entienden sólo unos cuantos pensadores profundos, pues, ella, paraliza y destruye gobiernos no inmediata y tormentosamente, sino lento y escondido”.
Pido su atención sobre el peligro de la depreciación de la moneda, Copérnico lo vio dos siglos antes de que apareciera el papel moneda. En aquellos tiempos, la depreciación monetaria se refería al cambio del oro por los demás metales baratos y a la reducción de su peso, marcado en las monedas, incluso en esto, Copérnico vio una de las causas fundamentales para la caída de los gobiernos.
La aparición del papel moneda creó condiciones superiores para la depreciación, y la liquidación del estándar oro el año 1976, en la Conferencia Internacional de Jamaica, permitió imprimir símbolos monetarios tanto cuanto se quiera. La cantidad de dinero comenzó a crecer como avalancha de nieve. Ya en el amanecer del capitalismo Sebastián Brant en su famosa obra: “La Nave de Los Bobos”, escribió:
“apenas amanece y sale la luz,
todos esperan sólo dinero, dinero
y como en la canción: “por todas partes: dinero, dinero, dinero, por todas partes dinero, señores, sin dinero, la vida está mal- no hay a donde ir”
Completamente cierto. Y así, la cantidad de dinero se fue lejos de los límites del cuatrillón y el volumen mundial del producto interno bruto PIB, representa apenas 65 trillones de dólares. Es un pequeño lago de lo realmente producido, dentro de un océano monetario que hierve ¡ es precisamente aquí que “crecen las piernas” de potentes burbujas que impulsan a la actual crisis financiera. Esta nueva calidad, significa que el dinero se convirtió en documentos de colores, cuyo precio se determina por el costo del papel, pinturas y el trabajo de impresión.
La convertibilidad de la divisa, es un mito que enmascara a la especulación y al fraude a escala mundial.
Por desgracia, en la cumbre de Londres, el tema de la creación de un nuevo sistema financiero y de la formación de centros regionales de pago, no fueron considerados. Más aún, sus participantes acordaron rellenar al océano monetario con los papeles de colores anteriores y con ello echaron más combustible al fuego. Las medidas extras, no son sino tabletas analgésicas. En algún momento, ellas calmaran al dolor, pero, harán a la enfermedad crónica e irreversible.
Copérnico suponía que la pérdida de valor del dinero “paraliza y destruye gobiernos no rápida y tormentosamente, sino lenta y ocultamente. Pero considerando la depreciación de la divisa que ya está lejos de los límites del cero, la destrucción de la economía mundial, en los próximos decenios, puede ser abierta y tormentosa, lo atestigua la experiencia de EE.UU. de América.
En una recientemente publicada novela científico – documental “La Humanidad, Ayer, Hoy y Mañana, una de sus secciones se titula: “Cómo Escondieron 100 Simulacros de América”
EL SIMULACRO MATA A LA CIENCIA
-¿Cuál es su esencia?
Antes de la II GM, el PIB de USA, alcanzaba a los 100 billones de dólares. En el 2006, según datos oficiales, aquel aumentó a 11 trillones, y a precios reales, 13 trillones. Esto significa “crecimiento económico” de 110 a 130 veces, ¿Por qué semejante simulacro fue posible? Porque ante todo, en occidente, en el siglo pasado, fue liquidada la verdadera ciencia económica….
-Pero la ciencia – es un tema discutible y cada uno trata el tema desde su ángulo.
Un teórico genial: Dimitri Ivanovich Mendeleyev, con precisión determinó: “la verdadera ciencia lo es cuando comienzan a medir, la ciencia es impensable sin medidas”
Después de la superación del fanatismo religioso del Medioevo, ante la ciencia se planteó la cuestión: ¿si la riqueza no es un tema divino, de dónde, aquella surge?, la discusión se alargó durante tres siglos, en conclusión, se creó la teoría del valor – trabajo, según el cual, la única fuente y única medida de la riqueza es el trabajo productivo, es decir el trabajo creador de mercancías y servicios. “si es que el rico, -aseguraba Adam Smith - contrata trabajadores productivos, él enriquecerá, pero si ocupa a funcionarios, se empobrecerá.
El alfa y omega de los neoclásicos es otra concepción: de que todas las formas de trabajo son productivas, mientras más ganancia traiga una u otra forma de trabajo, será más productivo. Los financistas, especuladores y estafadores, no solamente se legitimaron, sino que además adquirieron status de “élite de la nación”, en tanto en cuanto, sus ingresos superaban en decenas y a veces en miles de veces a los reales sectores de la economía. Todo esto abrió posibilidades de aumentos artificiales del PNB así como del PIB. Las formas actuales de su perfeccionamiento, así como de los fraudes financieros y maquinaciones, son insuperables, en resumen, ocultar 100 simulacros, fue algo fácil, y habrá más. Oh, oh, oh.
Marx, conceptualizó al “capital ficticio”, el tema tiene que ver con papeles valiosos: acciones, obligaciones, y otros. Por analogía con el papel moneda, que en su tiempo, eran representantes del oro, los papeles valiosos se convirtieron en representantes del capital real – fábricas y plantas industriales. En razón de que en EE.UU. Marx, fue olvidado, en lugar de “capital ficticio”, inventaron el término: “riqueza ilusa”, la actual riqueza de USA, alcanza a 800 trillones de dólares, ¡supuestos 800 trillones! Porque la real riqueza de USA, el “capital real” alcanza sólo a 40 -45 trillones, es decir el 6%; todo lo demás es “riqueza ilusa”. A lo cual hay que tener en cuenta que la deuda estatal de USA superó los 11 trillones de dólares y la deuda de corporaciones y bancos de EE.UU. a todo el mundo supera los 40 trillones.
Una clara y brillante caracterización de EE.UU. la dio el conocido periodista Paul Toynbee en el periódico The Guardián: descubrimos que Ciudad Esmeralda no es sino un espejismo, gobernada por un mago- un hombre chiquito, que no sabe controlar sus propios trucos. La América de hoy, recuerda a un terrible dinosaurio mecánico que tropieza con todo alrededor, aumentado a medidas gigantes el juguete artesanal, peligroso, pero, vacio por dentro, sólo es un Superman que se multiplica, pero, inútil para cualquier cosa buena. La vacía superpotencia se presentó ante nosotros sin peluca, como el rey desnudo.
De esa manera, USA, en esencia está en bancarrota y es un parásito. El país requiere dos veces más de lo que produce. América existe a cuenta de la producción del mundo. Antaño, los salvajes se regocijaban con las bagatelas de colores, entregando a cambio a los colonizadores oro y plata. Hoy, por los papeles de colores, con alegría, entregamos gas, petróleo, bosques y otros recursos, ¿cuánto más puede esta situación alargarse? Sólo cuando el mundo asuma la real situación, se abstendrá de recibir los papeles de colores a cambio de la real riqueza, y entonces el colapso de EE.UU. será inexorable.
Sin embargo, USA, utilizando su inmenso potencial ideológico y militar, no sólo intenta ampliar el plazo del colapso, sino que además prueba a conservar el rol de líder mundial. Incluso en condiciones de la crisis creada por ellos, en la Cumbre de Londres, USA, gracias al apoyo de sus aliados en la OTAN, lograron conservar al dólar como moneda de reserva mundial. Pero, mientras más esforzadamente las políticas entreguistas y los científicos alaben al capitalismo y difamen al socialismo, menos chances tendrá la humanidad para sobrevivir.
¿HABRÁ VIDA DESPUÉS DEL CAPITALISMO?
-En relación con esto, recuerdo un pronóstico suyo, expresado en PRAVDA. Cuando la camarilla de Gorbachev y Yeltsin se esforzaban por convencer al pueblo de que el tránsito al mercado, no tenía porque confundirse con una vuelta al capitalismo, Ud. no sólo desenmascaró la grosera mentira y además delineó las consecuencias de la restauración del capitalismo en Rusia.
- según datos frescos, de la “terapia de choque” el 12 de febrero de 1992, publiqué en el PRAVDA, un largo artículo sobre la “bomba Gaidar” para la economía. Desgraciadamente, incluso, los más sombríos pronósticos se cumplieron con creces. Tras 17 años, no hemos podido regresar a los niveles de 1990. En lo que tiene que ver con los niveles de la vida soviética, hoy, es mucho más problemática, incluso, no logramos alcanzar el peso específico del salario (fuente básica del ingreso de la absoluta mayoría de la población) la estructura de los ingresos, disminuyó en dos veces.
Es oportuno recordar, que hasta la GRAN REVOLUCION SOCIALISTA DE OCTUBRE, el peso específico del salario en la estructura del PNB, de los países capitalistas, iba del 24 al 32%. En la URSS, se elevó al 70 – 75%. En defensa de su clase trabajadora, de la nociva influencia de Oriente. Occidente se vio obligado a aumentar a un nivel del 55 – 65%. Pero ahora, después del derrumbe del sistema socialista, comenzó un proceso reversible: las corporaciones exigen al gobierno la disminución de los gastos sociales. En caso contrario, ellos moverán sus capitales a otros países, donde tendrán mejores condiciones.
En el mundo actual, nuevos y complejos procesos ocurren, pero comprenderlos en esencia a los políticos occidentales y sus científicos no está dado. Ellos están muy confundidos y limitados. En su tiempo, Aristóteles, duramente criticaba la estructura gubernamental, pero, el mismo no podía imaginar la vida sin la esclavitud. Albert Gore, laureado con el premio Nobel, es uno de los políticos más correctos de EE.UU. en sus libros, él bombardea a la democracia americana con críticas demoledoras. Otro laureado con el premio Nobel, Josep Stiglitz, reduce a cenizas el modo americano de vida con sus burbujas de jabón. Pero el límite de los sueños de estos activistas honestos- un capitalismo ampliado. Ellos no ven los defectos del sistema que ha llevado al mundo a su fracaso, liberarse de él, sin cambiar el paradigma económico-social prácticamente es imposible.
Marx utilizaba en “El Capital” una cita del conocido activista social de Inglaterra: T. Dinnik: “ante una ganancia del 300% no hay delito por el que el capital no se arriesgue, aún con la amenaza de la horca”.
En la actualidad, las ganancias de los financistas, se miden por mil y más por ciento, los estafadores con suerte, en instantes acumulan gran cantidad de bienes.
Soros, se derrumbó con la divisa inglesa, obtuvo después una riqueza multimillonaria y llegó a ser una personalidad mundial. Semejantes juegos, hoy son legítimos. ¡Sobre semejante situación, no hay nada que hablar!
Toda esta adquisición depredadora de la naturaleza, ha llevado a la humanidad al borde de la catástrofe ¡
En mi antes mencionado libro, sobre este tema, se muestran sorprendentes conclusiones y documentos de organismos internacionales, incluyendo a la ONU. “el actual modelo de desarrollo y el correspondiente carácter de producción y consumo no son sostenibles para los ricos y no pueden ser repetidos por los pobres. La continuación por este camino puede llevar a nuestra civilización al colapso”. Eso se afirma en el documento de la Conferencia de la ONU sobre el medio ambiente y el crecimiento sostenible, la que contó con la participación de notables científicos y se realizó en Rio de Janeiro en el año 1992.
En lo referente a la situación actual de la ecología en nuestro planeta, basta mencionar un solo ejemplo: la absoluta mayoría de las fuentes de agua dulce, ya están envenenadas, como referencia, no está demás mencionar que el 80% de nuestro cuerpo contiene agua, y la sangre, el 96%. Según datos de la ONU, en la víspera del siglo XXI, millones de personas ya no tenían acceso al agua potable y para el 2015 no la tendrán, tres mil millones más de personas, ¿Qué va a pasar, el 2050?
En una palabra, la conclusión del pasado siglo en la Conferencia de Rio de Janeiro, está absolutamente fundamentada: “vivir así, ya no se puede”, el mito bíblico sobre el fin del mundo, se vuelve realidad. El principal peligro para la humanidad, es el capitalismo.
Y como advirtieran Carlos Marx y Federico Engels, en “El Manifiesto Comunista”: la burguesía no dejó nada sagrado: todas las fábricas, las tierras, los bosques, los periódicos, los aviones, los mandatos ministeriales y senatoriales, científicos periodistas, artistas y futbolistas, hasta la conciencia, la dignidad y el honor, todo se vende y se compra. Llegó una época en que la venalidad gobierna, si no la destruyes, desaparecerá la especie humana.
El universalmente conocido astrónomo Martin Rice en su libro best seller: “Nuestro Último Siglo” apreció la posibilidad de que la humanidad sobreviva en un 50-50, pero, con cada década que pasa, este chance disminuye catastróficamente. En estas condiciones, la aceleración del colapso del capitalismo mundial y la configuración de otro mundo que incluya al socialismo ya existente y nuevos modelos del mismo, en mi opinión, es el único camino para la supervivencia de la humanidad.

*Professor, título académico que se otorga a las personas que se preparan después de haber obtenido el grado de Doctor PHD.
(nota del traductor).

FUENTE: http://gazeta-pravda.ru/index2.php?option=com_content&task=emailform&id=1165&itemid=60

lunes, 1 de marzo de 2010

Alan Woods
El militante

Está de moda retratar el marxismo como una fuente de autoritarismo. Esta acusación ha sido planteada en repetidas ocasiones por los anarquistas, los reformistas y toda clase de oportunistas. Bakunin fue uno de los exponentes más famosos de tales acusaciones. Pero la verdad es concreta y los hechos históricos revelan que los mismos elementos que gritan con gran alboroto contra el autoritarismo son los peores burócratas y autoritarios ... en los lugares donde se las arreglan para llevar el mando.
"Por lo demás, el viejo Hegel ya ha dicho: Un partido se prueba a sí mismo, un partido victorioso por el hecho de que se divide y puede soportar la división." (Engels a Bebel, 20 de junio de 1873)
Ha habido muchas divisiones en la historia del movimiento marxista. Los enemigos del marxismo utilizan este hecho como prueba de una debilidad inherente, un espíritu intolerante, centralismo excesivo, tendencias burocráticas y autoritarias, y así sucesivamente. De hecho, las crisis periódicas y las divisiones son una consecuencia inevitable del desarrollo. Las crisis son un hecho de la existencia humana: el nacimiento es una crisis, como lo es la adolescencia, la vejez y la muerte. Los individuos débiles serán arrastrados por las crisis. Los hombres y mujeres de carácter más fuerte superararan las crisis y saldran fortalecidos y con más confianza que antes.
Es lo mismo con una tendencia revolucionaria. El movimiento debe esforzarse constantemente por deshacerse de las tendencias sectarias y oportunistas, que reflejan en parte las presiones de clases ajenas,y en parte, la incapacidad de una capa de la organización para avanzar a una etapa superior de desarrollo. Este fue el caso en la Primera Internacional o Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), cuando Marx y Engels fueron obligados a librar una lucha feroz contra los seguidores del anarquista Bakunin.
El documento que hemos publicado recientemente , Las pretendidas escisiones en la Internacional es un útil recordatorio de las diferencias entre el marxismo y el anarquismo. Creemos que merece una lectura cuidadosa de las lecciones que tiene para los marxistas de hoy.
Bakunin
Las intrigas de Bakunin contra el Consejo General se iniciaron en 1871, aunque estaba en contacto con Marx, antes de eso. En 1864 conoció a Marx en Londres, de quien se enteró de la fundación de la Internacional. Se comprometió a cooperar. Sin embargo, Bakunin mantenía la opinión de que Marx exageraba la importancia de la clase trabajadora, al tiempo que sostuvo que los intelectuales, los estudiantes, el lumpenproletariado (los desclasados) y la clase media representante de la democracia burguesa eran los más probables agentes de la revolución.
Por esta razón, Bakunin comenzó su actividad, no en el movimiento de los trabajadores, sino en una organización burguesa de Suiza llamaba la Liga de la Paz y la Libertad (Ligue de la Paix et de la Liberté).De hecho, fue elegido para su comité central. Pensó que podía hacerse cargo de la Liga y utilizarla como un vehículo para promover sus doctrinas anarquistas. Sin embargo, en el Congreso de la Liga en Berna, no tuvo ningún impacto y se separó con una minoría insignificante.
Fue sólo en este punto, tras haber caído con la Liga y después de separarse de la Liga burguesa que entró en la sección Romanda de la AIT en Ginebra.Eso fue a finales de 1868. Bakunin tuvo la idea de formar dentro de la AIT una fracción anarquista con él como líder.Para ello, estableció la "Alianza de la Democracia Socialista". Su objetivo era conseguir el control de la AIT y endilgar sus ideas anarquistas sobre ella.
Pero tenía un problema grave: la Internacional estaba encabezada por el Consejo General en Londres, donde Marx tenía una influencia considerable. A fin de lograr su objetivo por lo tanto, Bakunin tenia que socavar al Consejo General y ensombrecer el nombre de Marx. Esto lo hizo en perjuicio de las normas democráticas de la Internacional, por medio de intrigas fraccionales y ataques personales. Estas intrigas, dirigidas aparentemente contra el Consejo General fueron en realidad dirigidos contra la propia Internacional,a las ideas, métodos y programa a los que Bakunin se oponía fundamentalmente.
Las ideas de Bakunin
El marxismo y el anarquismo son ideologías completamente opuestas y excluyentes. La primera es una teoría científica y una política revolucionaria que refleja los intereses de clase del proletariado. El anarquismo es una doctrina confusa y anticientífica, que encuentra su base de clase en la pequeña burguesía y el lumpenproletariado. Este no es el lugar para tratar en detalle con las ideas de Bakunin, a pesar de que volveremos a este tema en el futuro. Su programa (en la medida en que existía) fue un revoltijo superficial de las ideas tomadas de Proudhon, Saint Simon y otros socialistas utópicos. Por encima de todo, predicaba la abstención del movimiento político - una idea que también tomó de Proudhon.
En lo que se refiere al rechazo de la acción política y la organización, Marx escribió:
"Nota en cuanto al movimiento político: El movimiento político de la clase obrera tiene por objeto, por supuesto, la conquista del poder político por la clase trabajadora, y para ello es necesario que, previamente, se haya desarrollado hasta cierto punto una organización de la clase obrera surgida a su vez de las luchas económicas de la misma.
"Por otro lado, sin embargo, todo movimiento en el que la clase obrera se presente como clase contra las clases dominantes e intente obligarlas por medio de la presión exterior, es un movimiento político. Por ejemplo, el intento de una fábrica en particular, o incluso una industria en particular de forzar una reducción de la jornada de trabajo por huelgas, etc, es un movimiento puramente económico. En cambio, el movimiento que tiene como objetivo hacer aprobar una ley que establezca la jornada de ocho horas, etc, es un movimiento político.Y de esta manera, a partir de los distintos movimientos económicos de los trabajadores surge en todas partes un movimiento político; es decir, un movimiento de clase, que tiene por objeto imponer sus intereses de forma general, en una forma que posee una fuerza de compulsión para toda la sociedad.Si estos movimientos presuponen un cierto grado de organización anterior, son también un medio para el desarrollo de esta organización.
"Cuando la clase obrera no es aún lo suficientemente avanzada en su organización como para llevar a cabo una campaña decisiva contra el poder colectivo; es decir, el poder político de las clases dominantes, debe en todo caso entrenarse para ello mediante una agitación continua y una actitud hostil a la política de las clases dominantes. De lo contrario, seguirá siendo un juguete en sus manos, como demostró la revolución de septiembre en Francia , y como también se demostró hasta cierto punto por el juego que los señores Gladstone & Co. están llevando a cabo fuera de Inglaterra, incluso en la actualidad".
(Marx a Bolte, 23 de noviembre de 1871, publicado en Correspondencia de Marx y Engels; Editor: International Publishers, 1968)
Estas ideas confusas tuvieron un cierto eco en Italia y España, donde el capitalismo se encontraba todavía en estado embrionario y el movimiento de los trabajadores estaba poco desarrollado, y en cierta medida en Francia Suiza y Bélgica. En países como Gran Bretaña y Alemania avanzó poco. En las filas de la Primera Internacional era una pequeña minoría. La influencia predominante en la dirección de la Asociación Internacional de los Trabajadores (el Consejo General, con sede en Londres) fue la de Marx y Engels.
¿Anarquismo o democracia?
Hoy día hay personas que repiten los argumentos de Bakunin, como si fueran buena moneda. En particular, los argumentos que el marxismo es "autoritario" y dictatorial, y que una organización revolucionaria centralizada aplasta la libertad del individuo, ahoga todo pensamiento creativo y prepara el camino para la dictadura totalitaria, se repiten con frecuencia por los críticos del marxismo, aunque fueron contestados hace mucho tiempo por Marx y Engels.
Fué Bakunin, y no Marx, quien se dedicaba a la política dictatorial maquiavélica, intrigante a espaldas de la Internacional con el fin de desacreditar a sus líderes y desorganizarla para instalar una organización rival. Fué Bakunin, y no Marx, quien se asoció con Nechayev. Junto al cual escribió folletos sobre un nuevo orden social, que se creará "mediante la concentración de todos los medios de existencia social en manos de nuestra comisión, y la proclamación de un trabajo físico obligatorio para todos".
En este paraíso anti-autoritario, habría residencia obligatoria en los dormitorios comunes, las normas de las horas de trabajo, la alimentación de los niños, etc, de la que Marx escribió con ironía:
"¡Qué bello modelo de comunismo de cuartel! Aquí lo tienes todo: comidas comunales, dormitorios comunales, los asesores y las oficinas de la regulación de la educación, la producción, el consumo, en una palabra, toda actividad social, y para colmo, todo coronado por Nuestro Comité, anónimo y desconocido por todos, como el dictador supremo. Y eso dicho desde el más puro anti-autoritarismo ... "
Para Bakunin y sus seguidores, la palabra "autoritario" sólo significaba cualquier cosa que a ellos no le gustaba. Pero es un hecho innegable que en ciertas situaciones la autoridad es necesaria e inevitable. Como dice Engels,
"Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios". (Engels, Sobre la autoridad) ¿Debe el partido revolucionario reflejar la sociedad del futuro?
Otro argumento tantas veces repetido por los anti-autoritarios es que un partido centralizado, y disciplinado, no puede conducir al socialismo real sino a una dictadura totalitaria. ¿Cuántas veces hemos oído esto? ¿Cuántas veces nos han dicho que el estalinismo fue el producto inevitable del centralismo leninista?
Algún tipo de estructura de toma de decisiones es necesario en cualquier nivel de cooperación u organización humana. En cualquier comunidad, necesariamente tengo que sacrificar parte de mi libertad en favor de los demás. Incluso en la futura sociedad sin clases, la gente todavía tiene que tomar decisiones, que serán las decisiones de la mayoría. Y bajo el capitalismo, los trabajadores deben organizarse colectivamente para luchar para defender sus intereses. ¿Cómo es que esto se realizará, a menos que la minoría se somete a la voluntad de la mayoría?
Es un hecho lamentable con el que a veces hay gente que no está de acuerdo ¿Qué vamos a hacer en tales circunstancias? La historia nunca ha producido ningún instrumento mejor para expresar la voluntad popular que la democracia. Es verdad que incluso la democracia más perfecta tiene sus limitaciones, pero hasta la fecha nadie ha propuesto nada más perfecto. ¿Cuál es la alternativa? "¿Consenso"? Pero eso sólo significa adoptar la ley del mínimo común denominador. ¿O tal vez la solución es que todas las decisiones deban adoptarse por unanimidad? Ese es el método más antidemocrático de todos, ya que la oposición de un solo individuo puede paralizar la voluntad de la mayoría: en otras palabras, es el derecho de veto - ¡la dictadura de un solo individuo!
Las clases medias utilizan los métodos individualistas y tienen una mentalidad individualista. Una asamblea de los estudiantes puede debatir durante horas, días y semanas sin llegar nunca a una conclusión. Tienen un montón de tiempo y están acostumbrados a ese tipo de cosas. Sin embargo, una reunión masiva de fábrica es un asunto totalmente diferente. Antes de una huelga, los trabajadores discuten, debaten, escuchan opiniones diferentes. Pero al final del día, el tema debe ser decidido. Se pone a votación y la mayoría decide. Esto es claro y evidente para cualquier trabajador. Y nueve de cada diez veces la minoría voluntariamente acepta la decisión de la mayoría.
El mejor ejemplo de un antiautoritario es un rompehuelgas, que declara que, sin importar lo que decidan sus compañeros de trabajo, reclama para sí el derecho a expresar su libre individualidad -al romper la huelga. Conocemos estos argumentos en favor de la libertad absoluta del individuo, que son proclamados por la prensa burguesa en cada huelga pora defender a los rompehuelgas. Y sabemos también cómo los trabajadores en huelga tratan a estos últimos y cómo ven "la libertad absoluta del individuo".
En realidad, las organizaciones anarquistas (sin duda, una contradicción en los términos) siempre sufren de la burocracia más extrema, porque alguien tiene que tomar decisiones. ¿Quiénes son? En la práctica, las decisiones se toman "espontáneamente" por los grupos auto-designados que no son elegidos por nadie y no rinden cuentas a nadie - es decir, el gobierno de las camarillas. Ese fue el método de los bakuninistas en la AIT. A espaldas de los miembros, se organizó una intriga, bajo el lema de la lucha contra el "autoritario" Consejo General.
Se podría añadir que las mismas personas que presuntamente fueron librando una lucha por la democracia y contra el autoritarismo, no fueron elegidos por nadie y tampoco eran responsables ante nadie. El Consejo General era la dirección electa de la Internacional. La Alianza bakuninista se autonombró y funcionó al margen de las estructuras democráticas de la Internacional. Sus miembros solo se representaban a sí mismos, aunque sus actividades fueron organizadas y orquestadas por el hombre conocido como "Ciudadano B" (Bakunin), que en realidad lo decidía todo.
La Alianza Socialdemócrata Internacional
Bakunin fue un aventurero sin principios que constantemente intrigaba para impulsar su propia posición y prestigio. Para él, la teoría siempre fue una consideración secundaria: un simple medio de su autoafirmación personal. Ha habido muchas de estas personas en el movimiento, tanto antes como después.
Marx escribió a Friedrich Bolte sobre Bakunin:
"Él -un hombre sin el conocimiento teórico- tenía la pretensión de que esa organización separada representara la propaganda científica de la Internacional, pretendiendo que ésta fuera la función especial de esa segunda Internacional dentro de la Internacional. "[...] Si es un don nadie como teórico,si está en su elemento como un intrigante." (Carta a Friedrich Bolte, 23 de noviembre de 1871).
La Alianza se caracterizó por la verborrea radical. Le declaró la guerra a Dios y al Estado y exigió que todos sus miembros fueran ateos. Su programa económico era confuso y ambiguo. En lugar de luchar por la abolición de la sociedad de clases, se exigió la igualdad de todas las clases.En lugar de la expropiación de los medios de producción, se limitó a una demanda de la abolición del derecho de herencia.Y para no asustar a la clase media y los burgueses liberales, tuvo cuidado de no definir con claridad su carácter de clase.
La nueva sociedad se acercó al Consejo General con la petición de que se la integrara dentro de la Internacional como una organización independiente, con su propia constitución y su programa. Bakunin escribió una carta para congraciarse con Marx, llena de halagos falsos. Él escribió:
"Desde que abandonamos pública y solemnemente a la burguesía en el Congreso de Berna, no sé de ninguna otra sociedad, cualquier otro ambiente, que el mundo de los trabajadores. Mi país es ahora la Internacional, de la cual usted es uno de los fundadores más importantes. Ya ve usted, mi querido amigo, que yo soy su discípulo, y estoy orgulloso de serlo".
Marx no estaba impresionado. Hasta finales de 1868 su actitud hacia Bakunin fue la de la tolerancia extrema. Acogió con satisfacción a Bakunin como colaborador en 1862. Ahora sospechaba de los motivos de este último - y no estaba equivocado. Recordemos que tan sólo cuatro años antes Bakunin había escrito desde Italia prometiendo trabajar para la Internacional. No sólo no cumplió su promesa, sino que dedicó todas sus energías en la promoción de un movimiento rival burgués, la Liga por la Paz y la Libertad. Sólo después de que sus esfuerzos para hacerse cargo de esa organización fallaron regresó su atención a la Internacional, que ahora obviamente crecía en fuerza e influencia.
El Consejo General denegó la solicitud de la Alianza, y Bakunin recurrió a una maniobra. Anunció que la Alianza se disolvería y transformaría sus secciones, (que seguiría manteniendo su propio programa) en las secciones de la Internacional. Después de estas garantías, el Consejo General acordó admitir a las secciones de la antigua Alianza en la AIT.
La Alianza dijo haberse disuelto el 6 de agosto e informó al Consejo General de esto. Sin embargo, pocas semanas después reapareció en la forma de una nueva "Sección Revolucionaria de Propaganda Socialista y Acción", que se declaró de acuerdo con los principios generales de la Internacional, pero se reservaba el derecho de hacer uso pleno de la libertad que los Estatutos y los congresos que la Internacional le ofrecían.
No pasó mucho tiempo hasta que Marx llegara a la conclusión de que Bakunin había engañado al Consejo General. A pesar de haber separado oficialmente su sociedad, mantenía intacta su organización central con el fin de hacerse cargo de la Internacional. Los acontecimientos posteriores demostraron que la Alianza seguía existiendo. Se llevó a cabo una continua guerra de guerrillas contra la Internacional bajo el pretexto de la lucha contra el "autoritarismo" del Consejo General. Para ello Bakunin y sus seguidores no dudaron en recurrir a cualquier medio, incluso las más bajas calumnias y las intrigas más deshonestas.
Cómo trabajaron los intrigantes
No es difícil para los intrigantes profesionales influir en los activistas honestos de un partido. Al tratar con este tipo de individuos, la honestidad ingenua es una desventaja definitiva, ya que la gente honesta no puede reconocer una intriga. Se toman las cosas sinceramente y creen en lo que se les dice, ya que no tienen razón para sospechar de los motivos de la otra persona, considerando que son trabajadores honestos del partido, como ellos mismos.
Bakunin elaboró el plan de una fracción secreta, L'Alliance Internationale de la Démocratte Socialiste, que, aunque formalmente era una rama de la AIT, en realidad formó una asociación paralela a la International, con la misión especial de elaborar los más altos principios "filosóficos" del movimiento proletario. El "por un truco ingenioso, habría colocado a nuestra sociedad, bajo la dirección y la iniciativa Suprema del ruso Bakunin."
Bakunin fue un intrigante hábil y pronto convenció al veterano revolucionario alemán y amigo de Karl Marx y Engels, Johann Philipp Becker, que vivía en Suiza, para que añadiera su firma al programa. Marx escribió con pesar: "El valiente viejo Becker, siempre ansioso por la acción, de que algo se agite, pero poco crítico de mente, un entusiasta, como Garibaldi, fácilmente se dejó llevar". (Marx a Pablo y Laura Lafargue, 15 de febrero de 1869)
La forma en que se manejaron las cosas, fue peculiarmente deshonesta. Enviaron su nuevo programa, colocando el nombre de Becker a la cabeza de las firmas, escondiéndose detrás de la autoridad moral de un veterano de honestidad incuestionable. Entonces, a espaldas del Consejo General enviaron emisarios a París, Bruselas, etc (En aquellos días, que no poseían Internet, que les habría salvado un montón de tiempo y esfuerzo). Sólo en el último momento, dieron a conocer los documentos al Consejo General de Londres.
El Consejo General tomó medidas para detener estas intrigas entre fracciones. El 22 de diciembre de 1868, una decisión unánime del Consejo General declaró nula las normas por las que la Alianza establecía sus relaciones con la Asociación Internacional de los Trabajadores y se negó la admisión de la Alianza como una rama de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Todas las ramas de la AIT aprobaron la decisión.
Becker quedó resentido con Marx por ésto, pero, como Marx escribió a los Lafargue: "Toda mi amistad personal por Becker no podía permitir que este primer intento de desorganizar la sociedad pudiera tener éxito." (Marx a Pablo y Laura Lafargue, 15 de febrero de 1869). Bakunin reaccionó declarando que la Alianza fue "disuelta", cuando en realidad se mantuvo como una organización secreta de trabajo a espaldas de la Internacional.
El asunto Nechayev
Una indicación de las aventuras de Bakunin fue su asociación con el famoso terrorista ruso Nechayev, que fue juzgado por el asesinato de un joven estudiante de su grupo en Rusia y acabó su vida en una prisión zarista, habiendo comprometido seriamente la causa revolucionaria. Fue en parte para desviar la atención de este escándalo que Bakunin intensificó sus ataques a Marx y el Consejo General.
Habia profundas diferencias entre las ideas propugnadas por Bakunin y las de Marx. Bakunin rechazaba totalmente la idea de que el proletariado tomara el poder. Negó cualquier forma de lucha política en la medida que tenía que llevarse a cabo dentro de la sociedad burguesa, la cual tenía que ser destruida. Riazanov resumió la esencia del credo de Bakunin:
"Primero destruir, y entonces todo se arreglará por sí mismo. Destruir - cuanto antes, mejor. Sería suficiente para incitar a los intelectuales revolucionarios y los trabajadores amargados. Lo único necesario sería un grupo compuesto por personas determinadas con el demonio de la revolución en sus almas ". (D. Riazanov, Karl Marx y Friedrich Engels, p. 185)
Esta es una concepción totalmente errónea de la lucha de clases. La clase obrera sólo puede aprender a través de la lucha. Sin la lucha día a día para avanzar bajo el capitalismo, la revolución socialista sería imposible. La lucha por las reformas, salarios más altos, mejores condiciones laborales y de vida, una reducción de las horas de trabajo, etc crea condiciones más favorables para la organización de clase del proletariado. En una fase histórica determinada, las luchas económicas de la clase obrera necesariamente se convierten en luchas políticas, como la lucha por los derechos democráticos, la libertad de expresión y de reunión, el derecho de huelga, el derecho al voto, etc. Es impensable que la clase trabajadora pueda permanecer indiferente a esto.
La consigna de abstención política simplemente significa que la clase obrera sigue estando políticamente subordinada a los partidos de la burguesía liberal, como el ejemplo de Inglaterra ya puso claramente de manifiesto durante el siglo XIX. Con el fin de lograr la independencia de la burguesía en la esfera política, el proletariado debe luchar por su propio partido político independiente. Por eso, Marx consideraba imprescindible la lucha política y la organización política del proletariado para la conquista del poder político. Pero para los bakuninistas se trataba de un libro cerrado con siete llaves.
Como hemos visto, las aventuras de Bakunin fueron completamente expuestas en el asunto Nechayev. Nechayev era un joven fanático, un aventurero revolucionario que se presentó en Ginebra en la primavera de 1869, que afirma haber escapado de la fortaleza de Pedro y Pablo. También afirmó que representaba un comité todopoderoso que derrocaría a la Rusia zarista. Esto fue una pura invención. Nunca había estado en Pedro y Pablo y el Comité nunca existió.
Sin embargo, Bakunin estaba impresionado por ese "joven salvaje", "ese joven tigre" como solía llamar a Nechayev. Nechayev era un devoto discípulo de Bakunin. Pero a diferencia de su maestro, Nechayev siempre se caracterizó por una coherencia de hierro. Bakunin había predicado que el lumpen proletariado fueran el portador real de la revolución social. Consideraba a los delincuentes como elementos deseables para ser reclutados por el movimiento revolucionario. Así que era lógico que su fiel discípulo Nechayev concluyera que era necesario organizar un grupo de lúmpenes con el propósito de "expropiar" en Suiza.
En el otoño de 1869 Nechayev regresó a Rusia con un plan para crear un grupo bakuninista allíá No hay duda de que fue con el pleno apoyo de Bakunin. Llevaba consigo una autorización por escrito de Bakunin, que declaró que él era el "representante acreditado" de la denominada Alianza Revolucionaria Europea - otra invención de Bakunin. Incluso hizo un llamamiento a los oficiales del ejército zarista, instándolos a ponerse incondicionalmente a disposición del "comité", aunque éste no existía.
Cuando un miembro del grupo de Nechayev, un estudiante llamado Ivanov, comenzó a dudar de la existencia de la comisión secreta, Nechayev lo asesinó. Esto dio lugar a numerosas detenciones, pero Nechayev logró evitar la detención. El juicio Nechayev abrerto en San Petersburgo en julio de 1871 y el asunto espantoso fueron expuestos públicamente. Había más de ochenta acusados, en su mayoría estudiantes, Nechayev mismo escapó a Ginebra.
El asunto Nechayev hizo mucho daño al movimiento en Rusia e internacionalmente. Afectó a la AIT porque Nechayev dejó que la gente creyera que estaba actuando en nombre de la Internacional, mientras que en realidad era un agente de Bakunin. Más tarde, con el fin de explicar este asunto y de eximirse de su responsabilidad personal por ello, Bakunin afirmó que cayó bajo la influencia de Nechayev quien lo engañó y lo utilizó para sus propios fines.
Pero fue Bakunin quien le proporcionó documentos falsos que pretendían ser de la Internacional, y fueron firmados por él. Fue Bakunin quien escribió la mayoría, si no todas, las proclamas y manifiestos de la inexistente "comisión", y fue Bakunin quien defendió a Nechayev después de haber huido de la escena del crimen, describiendo el asesinato del desafortunado Ivanov como "un acto político ". Mientras tanto, la mayoría de los estudiantes que fueron sometidos a juicio fueron condenados a largas penas de cárcel o a una muerte en vida en las minas de Siberia.
El Congreso de Basilea
Fue en Basilea que Bakunin hizo su primera aparición, y su facción fue bien representada en ella. Pero como él todavía estaba palpando el terreno, se mostró cauteloso acerca de la presentación de su programa real. Irónicamente, el mismo Bakunin, que siempre se había opuesto violentamente ,al oportunismo, se limitó a exigir la supresión inmediata, no de la propiedad privada, sino del derecho de herencia.
Como de costumbre, Bakunin puso todo de cabeza. No es el derecho de herencia el que es responsable de la propiedad privada, sino la existencia de la propiedad privada la que da lugar al derecho de herencia. Después de la toma del poder, el proletariado se ocupará de esta cuestión, junto con muchos otros temas secundarios relacionados . Pero la tarea principal es la expropiación de la gran propiedad privada a través de la nacionalización de la tierra, los bancos y los monopolios privados. Pero esto es un acto político, y por lo tanto un anatema para los anarquistas.
Proponer la supresión del derecho de herencia en general, además de su carácter claramente utópico, no tiene en cuenta el hecho de que una gran parte de la clase media, campesinos y hasta una sección de la clase obrera se vería afectada. Un Estado obrero no expropiaría a los pequeños propietarios, sólo la gran propiedad privada (terratenientes, grandes empresarios). Mientras tanto, sería suficiente imponer un fuerte impuesto a la riqueza y limitar el derecho de herencia.
Para Bakunin, sin embargo, estas circunstancias concretas eran irrelevantes. Su esquema de la revolución social era una pura abstracción, fuera del tiempo y el espacio. Como de costumbre, su demagogia vacía sólo servía para sembrar la mayor confusión posible. Cuando la cuestión se sometió a votación ninguna de las resoluciones obtuvo una mayoría suficiente, y todo el asunto quedó en un estado de confusión, que era el resultado inevitable de las intervenciones "teóricas" de los anarquistas . Habiendo hecho un lío, Bakunin se olvidó de su derecho de herencia y pasó a otra cosa. Esta fue una conducta absolutamente típica de su parte: a) Aporrea el tambor ruidosamente sobre un tema u otro, b) causa la mayor confusión posible, c) pasa a otro tema. Los resultados de la desorganización de esta conducta son evidentes.
Es interesante observar que las estructuras "autoritarias" de la Internacional contra las que protestaba Bakunin con tanta vehemencia en 1871 y 1872 fueron introducidas a la Internacional por la moción de los partidarios de Bakunin, con el apoyo de Bakunin. Este era en un momento en que el objetivo era hacerse con el control de la Internacional. Sólo cuando este plan falló Bakunin descubrió de repente el "autoritario" carácter de la estructura de la Internacional y sus normas. Bakunin siempre gobernó su propia fracción, la Alianza, con una mano de hierro. Ciertamente, la acusación de autoritarismo y de tendencias dictatoriales pueden ser con mayor justicia usadas en contra de Bakunin que de Marx.
Por esos tiemps Wilhelm Liebknecht y August Bebel, después de una fuerte lucha fraccional contra los seguidores de Lassalle, habían logrado establecer un partido aparte en la convención de Eisenach (1869) basado en el programa de la Internacional. La actividad de Bakunin en la Liga de la Paz y la Libertad fue analizada y rechazada por este congreso del partido. El próximo Congreso se iba a celebrar en Alemania, pero no pudo ser convocado. Inmediatamente después del Congreso de Basilea las relaciones entre Francia y Prusia se deterioron rápidamente y el estallido de la guerra era inminente.
En la medida que los miembros de la Internacional tuvieron conocimiento de la conducta desorganizada de Bakunin y sus seguidores, reaccionaron en contra. Marx escribió a Engels el 30 de octubre 1869:
"A propósito. El secretario de nuestra Comisión francesa de Ginebra está totalmente harto de Bakunin, y se queja de que desorganiza todo con su "tiranía". En la Égalite, el señor Bakunin indica que los trabajadores alemanes e ingleses no tienen el deseo por la individualidad, por eso aceptan nuestro communisme autoritaire. En oposición a esto, Bakunin representa le collectivisme anarchique. El anarquismo está, sin embargo, en su cabeza, que sólo contiene una idea clara - que Bakunin debe tocar el primer violín ". (MECW, Tomo 43, p. 363)
Fuente: http://venezuela.elmilitante.org/content/view/6633/182/