martes, 14 de julio de 2009
Los japoneses se vuelven hacia los comunistas en la depresión económica
Telegraph.co. uk
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Millones de asalariados japoneses, cuyos padres y abuelos iniciaron el milagro económico de esta nación, son plenamente conscientes de que la fuerza laboral del país ya ha sido totalmente desbrozada.
Han visto cómo los empleados a tiempo parcial marcaron su salida por última vez y que los contratos de los trabajadores extranjeros no han sido renovados. Saben que ya no queda excesos en el personal que eliminar y han visto que comienzan a haber despidos en compañías en las que antes el asalariado de traje oscuro era intocable.
“Es muy duro ahora,” dice Keisuke Obata, empleado de 42 años de una gran compañía manufacturera basada en Tokio. “Nunca he visto que las cosas vayan tan mal, y todo lo que oímos de la compañía y de los políticos es que tenemos que tratar un poco más y aguantar un poco más.”
Obata ha trabajado con una semana reducida desde enero, le han reducido su paga y su bonificación de verano también ha disminuido. La compañía llama a la gente a aceptar despidos voluntarios.
“Te hace pensar,” admire. “Pero no hay muchos otros puestos de trabajo y tengo obligaciones.”
Gente como Obata, que ha entregado dos décadas de servicio a su compañía pero que está a punto de ser sumariamente despedido, descubre que su previo compromiso inquebrantable con sus empleadores ha sido eclipsado por el instinto de autopreservación.
Con una hipoteca y tres niños que sustentar, Obata ha escuchado el mensaje que se ha difundido gradualmente por el taller y entrado al recinto de los empleados de oficina. Puede que el comunismo, dicen, tenga la respuesta.
“Las compañías sólo están interesadas en los beneficios y en la protección de la dirección,” dice Tatsuya Yoshida, empleado de una compañía de transporte basada en Tokio.” No les preocupa su personal. Nos consideran desechables.”
La última vez que votó Toshida de 42 años, apoyo al partido Nuevo Komeito.
Miembro menor de la coalición de dos partidos con el Partido Liberal Democrático, recibe su apoyo sobre todo de las filas de la organización budista Sokka Gakkai, y es actualmente el tercer partido por su tamaño en la Dieta japonesa.
Según los últimos sondeos de opinión, ha sido sobrepasado por el Partido Comunista Japonés [JCP]. Y trabajadores como Yoshida hacen todo lo que pueden por pasar la voz.
“Solía ser presionado por mi familia para que votara por el Nuevo Komeito, pero Japón necesita un verdadero cambio y ya me bastan los políticos que hacen promesas que rompen poco después,” dice.
Yoshida cuenta sus preocupaciones principales con los dedos de su mano izquierda: proteger su trabajo, asegurar que sus dos hijos tengan suficiente dinero para ir a una buena universidad, asegurar que todos tengan un estándar de vida mínimo y proteger el Artículo 9 de la constitución de Japón, que renuncia a la guerra.
Otros partidos han hecho esas promesas, y más, mientras están en la oposición, señala, pero las han “olvidado” en cuanto llegan a una posición de poder.
“La oposición es efectivamente un seudo Partido Liberal Democrático [LDP] e incluso si ganan la próxima elección no veo posibilidades de mejora en la situación política, económica o social en Japón,” dice Yoshida, apuntando al Partido Democrático de Japón [DPJ] que hasta hace poco era dirigido por un antiguo político del LDP que fue obligado a renunciar por aceptar donaciones ilegales de una compañía de construcción.
“¿Cómo podemos confiar nuestros futuros a esa gente?”, dijo.
Los fiscales públicos acusaron al secretario personal de Ichiro Ozawa por aceptar los fondos, pero no arrestaron al dirigente del DPJ.
“La gente viene a nosotros porque el JCP no acepta donaciones de compañías u organizaciones,” dice
Yoshida. “Por eso podemos pronunciarnos contra las grandes corporaciones.”
Y a pesar de que se ajusta a sus principios sobre donaciones, el JCP es el segundo partido en la cantidad de fondos recolectados del país. Sólo el gobernante LDP recolecta más.
La corrupción rampante combinada con el aumento del desempleo causado por la depresión económica global ha dado al partido una nueva base inmensa de apoyo.
Los funcionarios del partido dicen que más de 14.000 personas se han sumado a la causa en los últimos 18 meses, un cuarto de ellas de menos de 30 años. Del mismo modo, la circulación del periódico del partido,
Akahata (Bandera Roja) ha aumentado a 1,6 millones de copias.
El LDP, por otra parte, ha visto una baja de la cantidad de miembros de un máximo de 5 millones a sólo un millón.
“Muchos trabajadores están siendo privados del derecho de trabajar con dignidad,” dijo en marzo Kazuo Shii, el carismático presidente del JCP, de 54 años, a una conferencia de prensa. “Es la forma más cruel de conducta bajo ‘el capitalismo sin reglas.’
“La mayoría de la gente que trabaja con contratos temporales son trabajadores desechables, obligados a sufrir condiciones de trabajo explotadoras e inestables, así como discriminación,” dijo, describiendo las condiciones como “un renacimiento del trabajo esclavo y una forma moderna de crueldad.”
“Me indigna que se esté obligando a los trabajadores temporales a trabajar en condiciones tan inhumanas en corporaciones como Toyota y Canon,” dijo.
Según el partido, la cantidad de trabajadores que ganan menos de 2 millones de yen (21.600 dólares) al año ha aumentado a más de 10 millones.
Este aumento en el apoyo en la base ha sido acelerado por una versión de “El Capital” de Karl Marx, en dibujos animados, que vendió más de 6.000 copias en los dos días después de su publicación en diciembre, y el renacimiento del interés por una novela de 1929 intitulada “Kanikosen” sobre una rebelión entre trabajadores de un barco de procesamiento de cangrejos frente a Japón septentrional.
A pesar de la reciente mejora de su suerte, Shii y sus partidarios aceptan que el JCP no tendrá una mayoría en la Dieta en el futuro cercano. Participarán, por cierto, en las elecciones nacionales, pero concentran gran parte de su atención en la conquista de mentes y corazones al nivel local.
“En general, los japoneses hacen lo que la gente más poderosa les dice,” dice Yoshida. “No queremos causar desarmonía con la gente alrededor nuestro. De modo que obedecemos cuando nos dicen qué hacer y no expresamos nuestras propias opiniones. Por eso tenemos a los mismos partidos dirigiendo el país desde el fin de la guerra.”
“A pesar de que los comunistas sólo tienen un 3,3% en los últimos sondeos de opinión, más de un 31% de la gente dice que no se ha decidido,” señala. “Queremos aumentar nuestro apoyo de voto a voto y queremos que nuestros políticos digan a la Dieta lo que la gente realmente piensa.”
Esta actitud da señales de producir resultados; a fines de abril, el candidato del JCP, Hiroshi Shikanai, fue elegido alcalde de la ciudad de Aomori, superando a su oponente y alcalde saliente del LDP.
Un tema clave en la campaña fue el estado de la economía regional, que indudablemente volverá a estar en juego nuevamente cuando el país vaya a las urnas en los próximos meses.
Keisuke Obata ha anulado sus planes de un viaje a Hawaí con su familia durante este año y en su lugar va a llevarlos a un viaje de camping por los lagos alrededor del monte Fuji.
Dijo que espera con ansia un poco de tiempo lejos del trabajo y un poco de paz para contemplar su futuro, tanto profesional como político.
lunes, 6 de julio de 2009
Después del siglo XX: Un mundo en transición
El mundo de principios del siglo XXI se caracteriza por tres sucesos principales:
• Las enormes fuerzas que aceleran la velocidad de nuestra capacidad de producción y que, al hacerlo, cambian la faz del mundo. Esto es así y así continuará.
• Un proceso de globalización acelerado por la revolución en el transporte y las comunicaciones, nos indica que: a) sus efectos mayores corresponden directa o indirectamente a la globalización económica; aunque b) se presenta en todos los campos excepto en los del poder político y la cultura, en la medida en que dependen del idioma.
• El reciente pero rápido cambio en la distribución de la riqueza, el poder y la cultura, de un patrón establecido que duró de 1750 a 1970 a uno todavía indeterminado.
I. El incremento en nuestra capacidad para producir –y para consumir– difícilmente requiere de comprobación alguna. Sin embargo, deseo hacer tres observaciones. La primera concierne a la explotación de recursos cuyo abastecimiento es naturalmente limitado. Esto incluye no sólo las fuentes de energía fósil de las cuales la industria ha dependido desde el siglo XIX –carbón, petróleo, gas– sino de los más antiguos fundadores de nuestra civilización, a saber: agricultura, pesca y bosques. Estas limitaciones naturales o son absolutas dada la magnitud de las reservas geológicas y de tierras cultivables, o relativas cuando la demanda excede la capacidad de estos recursos para su propia renovación, como la excesiva explotación pesquera y de bosques. Cerca del final del siglo XX el mundo no se había aproximado aún al límite absoluto de las fuentes de energía, ni a un incremento sustancial en la productividad agrícola y las extensiones cultivables, aunque el ritmo de incorporación de nuevas tierras aflojó durante la segunda mitad del siglo. Los rendimientos por hectárea de trigo, arroz y maíz subieron a más del doble entre 1960 y 1990. Sin embargo, los bosques fueron seriamente amenazados. La deforestación en pequeña escala ha sido un antiguo problema y ha dejado marca permanente en algunas regiones, notablemente el Mediterráneo. La sobreexplotación pesquera empezó a alcanzar su punto crítico en el Atlántico norte alrededor de los últimos treinta años del siglo XX y se extendió a todo el globo debido a la preferencia por algunas especies. Esto, hasta cierto punto, se ha compensado con la acuicultura, que en la actualidad produce alrededor del 36% del pescado y marisco que consumimos –cerca de la mitad de las importaciones de pescado de los Estados Unidos. Aunque la acuicultura todavía se encuentra en etapa inicial, el esfuerzo podría terminar en la mayor innovación en la producción de alimentos desde que se inventó la agricultura. Esta vastedad de alimentos alcanzada, que permite alimentar a más de seis mil millones de personas mucho mejor que a los dos mil millones de principios del siglo XX, se logró a través de los métodos tradicionales, además de las tecnologías mecánica y química; de modo que no tiene sentido argumentar que la humanidad no puede ser alimentada sin manipulación genética.
El agotamiento de los recursos no renovables o limitados ciertamente planteará serios problemas al siglo XXI, particularmente si la crisis medioambiental no se encara seriamente.
Mi segunda observación se ocupa del impacto que la revolución tecnológica ha tenido sobre la producción y la mano de obra. En la segunda mitad del siglo XX, por primera vez en la historia la producción dejó de ser de mano de obra intensiva para volverse de capital intensivo y, progresivamente, de información intensiva. Las consecuencias han sido dramáticas. La agricultura sigue siendo el principal deponente de mano de obra. En Japón la población agrícola se redujo del 52,4% después de la Segunda Guerra Mundial al 5% en el presente. Lo mismo en Corea del Sur y Taiwán. Aun en China la población agrícola ha disminuido del 85% en 1950, al 50% hoy en día. No hay necesidad de comprobar la sangría de campesinos en América Latina desde 1960, pues es evidente. Para decirlo pronto, salvo la India y algunas zonas del África subsahariana, no quedan países campesinos en el mundo. La dramática caída de la población rural se ha compensado con un alto crecimiento de las zonas urbanas que, en el mundo en desarrollo, han dado origen a ciudades gigantes.
En el pasado, este caudal de mano de obra redundante y no calificada era absorbido por la industria –en la minería, la construcción, el transporte, las manufacturas, etc. Esta situación aún prevalece en China, pero en el resto del mundo, incluyendo a los países en desarrollo, la industria ha venido deshaciéndose aceleradamente de la mano de obra. Este descenso en la industria no es sólo debido a la transferencia de la producción de regiones de altos costos a otras de bajos, sino que también va implícita la substitución de tecnologías cuyos costos declinan por mano de obra calificada cuyos costos son inelásticos y al alza con el propio desarrollo económico. Desde 1980, los sindicatos de la industria automotriz en los Estados Unidos han perdido la mitad de sus miembros. Igualmente Brasil empleaba un tercio menos de trabajadores aun cuando produce casi el doble de vehículos automotores en 1995 que en 1980. El incremento en el sector de los servicios junto al crecimiento económico no ofrecen una alternativa viable para dar salida a la mano de obra redundante tanto industrial como agrícola, generalmente de baja escolaridad y con poca capacidad de adaptación. Sin embargo, hasta ahora, el empleo a las mujeres ha resultado relativamente beneficiado, al menos en los países desarrollados.
La mayor parte de la mano de obra redundante la absorbe la economía informal que, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), comprende el 47 por ciento del empleo no agrícola en el Medio Oriente y Norte de África; 51 por ciento en América Latina; 71 por ciento en Asia y 72 por ciento en el África Subsahariana. El problema se observa muy agudo en los países más pobres y en aquellos otros devastados por la transición económica, como la ex URSS y los Balcanes. Mientras se ha argumentado a favor de la flexibilidad y efectividad de la economía informal sobre todo en el caso latinoamericano, la verdad es que ésta es siempre bastante menos significativa en los países desarrollados (alrededor de diez por ciento en Estados Unidos). En cambio, el contraste entre un rápido crecimiento económico y la incapacidad para generar suficientes empleos es particularmente impactante en la India , cuyo crecimiento se cimienta en capital e información intensivos pero con un 83 por ciento de la fuerza laboral en el sector informal. El gobierno de Manmohan Singh se ha visto en la necesidad de garantizar un mínimo de días de trabajo a la población rural más pobre.
Mi tercera observación es obvia, y es que el enorme incremento en la capacidad humana para producir depende mayormente de los conocimientos y la información. Esto es, en un gran número de gente con altos estudios y no necesariamente sólo en el campo profesional de la investigación y el desarrollo. Aquí, la riqueza acumulada y el capital intelectual de la era de la industrialización occidental continúa dándoles a los países del norte enormes ventajas sobre los países en desarrollo. Aunque el número de asiáticos laureados con Premios Nobel de Ciencia va en aumento desde 1980, sigue siendo pequeño. Los recursos intelectuales en el resto del mundo en desarrollo siguen a la espera de un mejor aprovechamiento. Además, los jóvenes investigadores del mundo en desarrollo pueden trabajar en los centros de investigación del Norte, reforzando así su predominancia.
Sin embargo, el siglo XXI está siendo testigo de la rápida transferencia de actividades innovadoras, base del progreso moderno, antes monopolizadas por las regiones del Atlántico norte. Esto es muy reciente. El primer laboratorio extranjero para investigación y desarrollo se estableció en China en 1993 (por Motorola); pero en pocos años setecientas empresas transnacionales han hecho lo mismo, mayormente en el sur y el este de Asia, una región especializada en diseño de semiconductores. Y aquí, una vez más, las disparidades regionales parecen aumentar, ya que el progreso depende también de que los gobiernos sean efectivos, se cuente con infraestructura adecuada y, sobre todo, con población educada por encima de los niveles básicos. No hay duda de que en países como la India y, en menor grado, Brasil, la baja escolaridad de la mayoría de la población es un obstáculo; sin embargo, esto se ha compensado por el relativo buen aprovechamiento del escaso número de los altamente educados. Los avances en este aspecto, en el mundo en desarrollo, todavía enfrentan un largo camino. El crecimiento de algunas regiones y el rezago de otras es muy evidente, así como el aumento en las disparidades. Según la revista R&D , en la lista de países más atractivos para invertir, están –en ese orden– China, Estados Unidos, India, Japón, el Reino Unido y Rusia. De América Latina, Brasil ocupó el lugar diecinueve (debajo de Austria), y México el ventitrés.
II. Y paso a la globalización, esto es, el desarrollo mundial como una sola unidad, cuyas transacciones y comunicación están libres de trabas locales y de otra índole.
Esto, en principio, no es nada nuevo. Teóricos como Wallerstein registran un “Sistema Mundial” desde la circunnavegación del globo durante el siglo XVI. Desde entonces se han ido registrando otros varios e importantes avances, principalmente en los campos económico y de las comunicaciones. Dejaré fuera de las comparaciones la fase del proceso previa a 1914. Esa economía nunca abordó seriamente asuntos de producción y distribución de bienes materiales aun cuando sí creó un libre flujo global en las transacciones financieras –aunque en menor escala que las actuales. Fueron tiempos de migraciones de mano de obra casi totalmente irrestrictas por los gobiernos, y en este sentido, una globalización más avanzada que la presente. Y mientras que las comunicaciones sufrieron cambios benéficos y sustanciales en los sistemas postales, telegráficos y organismos de coordinación internacional a mediados del siglo XIX, el número de personas involucradas en transacciones internacionales fue escaso. De hecho, la globalización de la producción ha sido posible gracias al revolucionario avance en las comunicaciones, que virtualmente han abolido las limitaciones en cuanto a lugar, distancia y tiempo se refiere y al no menos dramático adelanto en la transportación de mercancías desde los años sesenta –carga aérea y contenedores–, aun cuando la innovación tecnológica fue menor que en las comunicaciones humanas.
Aquí, tres puntos son relevantes.
El primero es la peculiar naturaleza de este proceso a partir de los años setenta, concretamente el triunfo sin precedente de un capitalismo que descansa en la libre movilidad global de todos los factores de la producción y la de los gobiernos atentos a no interferir en la distribución de los recursos dispuesta por el mercado. Ésta no es la única versión del concepto de globalización. En las décadas anteriores a 1914, su progreso corrió paralelo rivalizando con las políticas proteccionistas, moderadas en la mayoría de los países industrializados y extremas en los Estados Unidos. Durante las décadas doradas posteriores a 1945 esta práctica de sustitución de importaciones corrió paralela a las políticas, no tan infructuosas, del mundo no comunista. No queda claro que los programas neoliberales extremos aseguren un máximo de crecimiento económico, asumiendo que fuese deseable. El más rápido crecimiento del Producto Interno Bruto per cápita observado en el “mundo capitalista avanzado” no se dio en el “orden liberal” de 1870 a 1913, ni tampoco en el “orden neoliberal” de 1973 a 1998, sino solamente en los “años dorados” de 1950-1973. El crecimiento económico de los inicios del siglo XXI ha descansado primordialmente en un dinamismo que Maddison llama “las quince economías asiáticas resurgentes”, cuyo crecimiento ha sido asombroso. Pero no fue el neoliberalismo el que presidió la extraordinaria revolución industrial de Corea del Sur, Taiwán, China y, aun, la India a principios de los años noventa. A la inversa, la situación de 168 economías, fuera de estos dínamos, mostró un rápido deterioro en el último cuarto del siglo XX y fue una catástrofe para la ex URSS, los Balcanes y algunas regiones africanas.
Algunos aspectos de esta globalización neoliberal tienen relevancia directa sobre la situación mundial general a principios de este siglo XXI. Primero, es patente el incremento en la desigualdad económica y social tanto entre países como al interior de ellos. Esta desigualdad eventualmente podría disminuir, pues las economías asiáticas más dinámicas podrían alcanzar a los viejos países capitalistas desarrollados; pero en el caso de la India y China, con sus miles de millones de habitantes, hace que la brecha sea tan grande y que el paso al que pudieran alcanzar el mismo PIB per cápita de los Estados Unidos sea tan lento como un caracol. Lo que es más, la rapidez con que crece la brecha entre países ricos y pobres reduce el significado práctico de estos avances.
Sería inapropiado usar a los 52 multimillonarios de Rusia como índice comparativo del estándar de vida en ese país. Éstos representan otra más de las consecuencias de la globalización neoliberal, cuya novedad es que pequeños grupos de ricos globales son tan adinerados que sus recursos podrían ser de la magnitud del ingreso nacional de países como Eslovaquia, Eslovenia, Kenya o, en el caso de los muy ricos, del orden del PIB de Nigeria, Ucrania y Vietnam. Este tipo de crecimiento ha generado en la India un mercado de clase media tipo occidental contado por decenas –algunos aseguran que cientos– de millones; sólo hay que subrayar que, hacia 2005, en este país el 43 por ciento de la población vivía con menos de un dólar al día. Fuertes y crecientes desigualdades en la riqueza, el poder y las oportunidades para tener una vida mejor no son la receta para la estabilidad política.
La segunda característica de la globalización, respaldada por las políticas socialmente ciegas del Fondo Monetario Internacional, ha sido el agudo crecimiento en la inestabilidad económica y en las fluctuaciones económicas. Los viejos países industriales han estado resguardados, comparativamente, de las depresiones cíclicas, excepto por los bruscos virajes a corto plazo del mercado bursátil; sin embargo, el impacto ha sido dramático en grandes partes del mundo y, notablemente, en América Latina, el sudeste asiático y la ex Unión Soviética. Sólo tenemos que recordar las crisis de principios de 1980 en Brasil y, a fines de los noventa, las de Indonesia, Malasia, Tailandia y Corea del Sur y, sin olvidar, la de Argentina a principios del año 2000. Sólo recordemos los cambios políticos que siguieron a estas crisis en varios países. Las economías volátiles no son receta para la estabilidad política.
La tercera característica de la globalización neoliberal es que, al sustituir un conjunto de economías nacionales por una economía global, se reduce severamente la capacidad de los gobiernos para influir en las actividades económicas de su territorio y se daña su capacidad recaudatoria. Esta situación se agudizó mayormente al aceptar todos la lógica del neoliberalismo. Desde la terminación de las economías de planeación centralizada, todos los países, incluyendo a los más grandes, están en mayor o menor grado a merced del “mercado”. Esto no implica que hayan perdido todo peso específico en la economía. Todos los gobiernos centrales y locales, por la naturaleza de sus actividades, son los principales empleadores de la fuerza laboral. Es más, así han retenido su mayor valor histórico: el monopolio de la ley y el poder político. Y esto significa que ya no funcionan como actores económicos en el teatro mundial, ni siquiera como dramaturgos aunque sí como escenógrafos. Pues los actores de hoy, las grandes corporaciones transnacionales, se ven en la necesidad de acudir a ellos pues también son los propietarios de los teatros nacionales que requieren para sus operaciones. La globalización neoliberal ha debilitado seriamente a los Estados nacionales como los conductores del poder y artífices de la política.
Políticamente, el aspecto más serio de este debilitamiento es el de que priva a los gobiernos, sobre todo a los de las economías desarrolladas del Norte y Occidente, de sus ambiciosos y generosos planes sobre seguridad social, mismos que ya desde los tiempos de Bismarck habían sido reconocidos por los gobernantes como la mejor herramienta para la estabilidad social y política, esto es, el Estado benefactor. En vez de esto, el mercado global fundamentalista ofrece un proyecto de prosperidad para todos –o casi todos– a través de los beneficios de un crecimiento económico interminable. Aun en los países como el Reino Unido donde el programa neoliberal ha proveído a la gente de una genuina y bien distribuida riqueza, no han disminuido las demandas de los ciudadanos por más empleos, garantías para sus ingresos básicos, seguro social, salud y pensiones. Sólo la capacidad o voluntad de los gobiernos para proveer lo anterior ha posibilitado el cumplimiento de esas ambiciones.
Esto me trae a la segunda y más amplia de las propuestas sobre globalización y es que ésta, en mayor o menor grado, es universal pero se queda corta ante un problema humano mucho mayor: la política. Históricamente han existido y existen mecanismos económicos en el mundo, pero ninguno dirigido a la creación de un gobierno mundial. Las Naciones Unidas y otros organismos prevalecen por la conveniencia y el permiso que los propios países les otorgan. Los Estados nacionales son las únicas autoridades en el mundo y sobre el mundo para ejercer el poder de la ley y el monopolio de la violencia. De hecho, en el transcurso del siglo XX se dio fin a la era de los viejos y nuevos imperios y, durante la Guerra Fría , se estabilizaron las fronteras de los Estados nacionales, revertiéndose la vieja tendencia hacia la concentración del poder político debido a la expansión imperial y por el surgimiento de Estados nacionales ampliados. Por implicación, esto resultó antiglobalizador. Hoy en día, hay cuatro veces más naciones técnicamente soberanas que hace cien años.
Desde luego, en cierto sentido esta multiplicación de Estados nacionales ha favorecido la globalización económica pues muchas de las pequeñas y enanas unidades políticas dependen totalmente de la economía global porque poseen recursos indispensables –petróleo, destinos turísticos, territorios base para la evasión fiscal, empresas transnacionales. Así pues, algunos países se han beneficiado desproporcionadamente con la globalización. De los quince Estados nacionales con el PIB más alto per cápita en el 2004, doce tienen una población que va de los cien mil a los diez millones de habitantes. La mayoría sin un poder o peso significativos. No obstante, aun los Estados pequeños y aquellas etnias aspirantes a formar el suyo propio, son rocas que rompen el oleaje de la globalización. Ha habido intentos ocasionales de contrarrestar la fragmentación política del mundo, principalmente a través de áreas regionales de libre comercio como el Mercosur, pero sólo la Unión Europea ha logrado ir más allá de lo meramente económico, pero aun sin que se vean indicios claros de avance hacia una federación, ni siquiera a Estados confederados, como estaba en la mente de sus fundadores. La UE , pues, permanece como un hecho irrepetible y producto de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.
Y abundando: los Estados nacionales son lugares políticos y la política tiene una considerable fuerza internacional en una época en que todos los países, democráticos o no, y aún las teocracias, tienen que tomar en cuenta el sentir de sus ciudadanos. Esa ha sido una fuerza suficiente para ponerle un freno a la globalización neoliberal. El ideal de una sociedad global de libre mercado supone la irrestricta distribución de recursos y resultados en base a criterios de mercado. Por razones políticas, los gobiernos no pueden correr el riesgo de dejar en manos del mercado la distribución del producto nacional. Otra, la globalización requiere de un solo lenguaje –una versión globalizada del inglés pero, como lo demuestra la historia reciente en Europa y el sur de Asia, los países pagan las consecuencias si fallan al tomar en cuenta los idiomas dentro de sus territorios. Un mundo neoliberal requiere moverse libremente en la transacción de todos los factores de la producción. Sólo que no existe el libre movimiento internacional de la mano de obra, a pesar del hecho de encontrarse una enorme brecha entre los niveles de salarios de los países pobres y los ricos; millones de pobres en el mundo quieren migrar a las economías desarrolladas. ¿Y por qué no hay libertad migratoria? Porque no existe gobierno alguno en las economías desarrolladas que se atreva a pasar por alto la resistencia masiva de sus ciudadanos hacia la irrestricta inmigración, tanto en el plano económico como en el cultural. No defiendo esta situación, sólo señalo su enorme fuerza.
La política, a través de la acción del Estado, proporciona así el necesario contrapeso a la globalización económica. Sin embargo, difícilmente hoy encontramos gobiernos que rechacen las desventajas de la globalización o que pudieran suspenderla en sus territorios, si quisieran. Claramente no todos los países son iguales. Ciertamente, la proliferación de países pequeños y virtualmente débiles da gran prominencia y peso global a un puñado de países o uniones fuertes que dominan hoy en día el mundo: China e India, los Estados Unidos, la Unión Europea , Rusia, Japón y Brasil, quienes tienen alrededor de la mitad de la población mundial y casi las tres cuartas partes del PIB. La globalización económica opera a través de empresas transnacionales sin poder militar ni político, pero que funcionan en un marco determinado por sus propios países de origen, sus políticas, alianzas y rivalidades.
No obstante, los progresos y la voluntad de globalización continuarán aun si –lo que no es imposible– el ritmo para lograr el libre intercambio mundial aflojase en las próximas décadas. Esto me trae a mi tercera proposición: la creación de una economía mundial como una sola y total unidad interconectada y sin obstáculos aún está en la infancia. Así, si tomamos los bienes de exportación como si fuesen el PIB de los 56 países económicamente significativos del mundo, este alcanzó su primer punto máximo alrededor de 1913 con cerca del nueve por ciento de los PIBs conjuntos, pero entre este año y 1990, sólo hubo un crecimiento del 13,5 por ciento; ni siquiera se duplicó. El Instituto Federal Suizo de Tecnología, en Zurich, ha establecido un índice de globalización. En este índice los diez países más económicamente globalizados del mundo sólo incluyen una economía avanzada, la del Reino Unido (como el número 10). De las economías mayormente desarrolladas, Francia clasifica en el puesto 16; los Estados Unidos en el 39 un poco adelante de Alemania y Noruega; Japón ocupa el puesto 67; Turquía clasifica en 52; China en 55; Brasil, 60; Rusia, 76 y la India ocupa el lugar 105. La clasificación en globalización social se distribuye más uniformemente entre las economías occidentales. Con excepción de la mayor parte de América Latina, la globalización social (si se prefiere cultural) refleja un mayor avance que la económica.
Esto indica que el mundo continúa abierto a los choques y tensiones de la globalización. Consideremos que, mientras los pasados treinta años nos han traído las más grandes migraciones masivas, sólo el 3 por ciento de la población mundial vive fuera de su país de origen. ¿Qué tan lejos nos llevarán los todavía modestos avances de la globalización? Júzguenlo ustedes.
III. Si hemos de juzgar los cambios en la riqueza, el poder y la cultura en el equilibrio global, debemos, por tanto, definir lo que se entiende por equilibrio mundial, o mejor, por desequilibrio –como prevaleció el planeta en el período de 1750 a 1970. Con una sola excepción –la población– hubo un gran predominio de la región del Atlántico norte, al principio confinada a las partes más relevantes de Europa pero que en el transcurso del siglo XX se inclinó hacia las antiguas colonizaciones de emigrantes europeos a Norteamérica, específicamente los Estados Unidos. Europa y las regiones colonizadas por emigrantes europeos nunca fueron más que una minoría de la población global, digamos el veinte por ciento en 1750, y tal vez el treinta o 35 por ciento hacia 1913.
Desde entonces, ha caído hasta llegar alrededor del quince por ciento.
En cualquier otro sentido, el predominio del Atlántico norte fue absoluto. Cualesquiera que hubiesen sido las circunstancias, la economía mundial se transformó gracias a las tecnologías y al sistema capitalista occidentales. Pero aquí debe hacerse una distinción entre el original predominio europeo y la más reciente fase norteamericana. En el siglo XIX la dinámica global venía del capitalismo europeo pues los Estados Unidos eran mayormente una economía independiente: hasta el siglo XX su impacto sobre América Latina, por ejemplo, era menor comparado con el de Gran Bretaña. Los territorios del mundo estaban ocupados y divididos entre los poderes europeos occidentales del Atlántico Norte y el Imperio ruso. En términos militares la situación no era del todo desequilibrada, pero ninguna potencia que no contase con los recursos técnicos y de organización occidentales podría haberse enfrentado a otra que sí los tuviese. En lo que se refiere al campo intelectual, excepto el religioso, las ideas que cambiaron la política y la cultura en el mundo llegaron de Europa. Modernización significaba occidentalización. La ciencia y la tecnología, aunque internacionales, se originaban en Europa y sus filiales y estaban virtualmente monopolizadas por los países de la región. Igualmente por lo que hacía a la literatura, comunicación impresa, libros y periódicos.
En términos de poder económico, la globalización reforzó la situación original del norte industrializado y su desarrollo capitalista, el cual también multiplicó la distancia entre la riqueza per cápita de estos países con los del resto del mundo, dando a sus habitantes un elevado nivel de vida, seguridad social y, en general, mejores oportunidades de vida. En términos de lo que podría llamarse “capital intelectual”, el monopolio sobre la ciencia y la tecnología se mantuvo, aunque el centro de gravedad de estos campos se movió de Europa a los Estados Unidos después de concluida la Segunda Guerra Mundial. En el campo de las ideas y hasta la Revolución Iraní de 1979, las ideologías de origen europeo/norteamericano nacidas de las Revoluciones Estadounidense, Francesa y Rusa así como las de los Estados nacionales independientes y aun las del fascismo, fueron ideas casi universales e inspiraron tanto a los propios gobiernos como a los que quisieron deponerlos.
Esta fue la situación que empezó rápidamente a cambiar hacia finales del siglo XX, afectando desigualmente a diferentes partes del mundo. Las regiones importantes en el mundo del siglo XXI son hoy muy distintas en sus estructuras demográficas. En el año 2006 se estimaba que, en países con poblaciones enormes, los niños menores de quince años de edad constituían entre el treinta y el cincuenta por ciento de la población. Para ser más preciso, son cuatro las regiones de jóvenes actualmente: América Latina y el Caribe, al norte del Cono Sur; la subsahariana de África; la importante región musulmana de Oriente Medio y el Norte de África; y el sur y sudeste asiático. Es preciso distinguir claramente entre el subcontinente Indio y sudeste asiático. Dejo fuera los archipiélagos del Pacífico por no ser de gran importancia cuantitativa. Tres regiones desarrolladas o en rápido desarrollo representan a la población en proceso de envejecimiento en el mundo. Europa en el más amplio sentido, incluyendo Rusia y los otros países ex comunistas (no los musulmanes de Asia central) y Norteamérica y Australasia, todas éstas son regiones originalmente colonizadas o pobladas por blancos europeos. Existen, desde luego, diferencias significativas entre Norteamérica, la Unión Europea , los países que integraban la URSS y la Europa del este y el lejano oriente asiático: China, Corea del Sur, Japón, Hong Kong, Taiwán y Singapur.
Para efectos de este trabajo, no me interesa ahora discutir los problemas globales de la transición demográfica que, esperamos, logre estabilizarse en una población mundial de más de seis mil millones.
Es evidente que la humanidad del siglo XXI contendrá una proporción mucho menor de blancos europeos o sus descendientes, una menor proporción de asiáticos del este y una mucho más alta proporción de latinoamericanos, de subsaharianos de África, de musulmanes mediorientales y asiáticos del sur y sureste. Esto tiene una relevancia inmediata sobre la distribución de la pobreza en el globo, que claramente se concentra en las regiones de rápido crecimiento demográfico, a excepción del sureste asiático, donde el desarrollo económico ha reducido la expansión poblacional; y desde luego también, los antiguos países soviéticos. De otra parte, mientras no existan implicaciones inmediatas en la distribución de la riqueza y el poder económico, esto es irrelevante. Así, de las unidades políticas más importantes y que son centros de poder económico, sólo dos –India y Brasil– están presentes en las regiones de crecimiento demográfico; cuatro, los Estados Unidos, la Unión Europea , Rusia y China están en los regiones de estancamiento o disminución poblacional. El África subsahariana, el Medio Oriente musulmán y el sureste asiático están fuera de consideración.
La globalización y el desarrollo económico han afectado a los países de manera asimétrica. De hecho, hoy tenemos un “mundo en desarrollo” dividido en tres partes: los países de desarrollo rápido; los países cuya función principal es la de abastecer materias primas y combustibles fósiles y los países con poco interés en la economía globalizada. En el presente, el este asiático es el más exitoso ejemplo de los primeros, los de rápido desarrollo; los países del antiguo bloque soviético y la mayoría de los musulmanes de Medio Oriente pertenecen a la segunda categoría y la mayoría de los subsaharianos de África, a la tercera.
El cambio más importante que se da a partir de 1970 es la transferencia del centro de gravedad de la economía mundial, de Norteamérica y la Unión Europea hacia el Oriente extendiéndose por el sur y sureste asiáticos. A menudo se olvida que el ascenso hacia la prominencia global de la economía japonesa también ocurrió a finales del siglo XX, así pues, al término de 1968 la producción industrial de Japón alcanzaba no más de cuatro por ciento de la mundial total, por debajo de la del Reino Unido. Desde luego, es verdad que el equilibrio del poder mundial de los negocios continúa, en gran medida, en manos de los viejos países industriales. Sin embargo, la tendencia es clara por el destacado y sorprendente papel de los asiáticos.
Qué tan lejos llegarán los cambios en el equilibrio del poder económico no está claro todavía. Norteamérica y la Unión Europea , los más importantes contribuyentes al PIB mundial, perderán terreno –Estados Unidos tal vez más que la ue. Por su parte, los países del Mar de China avanzarán, pero todavía les falta mucho. A la India , todavía no se le puede juzgar, pero hay que considerarla como claro y futuro jugador importante. A América Latina, con su cercanía al ocho por ciento del PIB mundial, no se le ven trazas de algo importante; los resultados de décadas pasadas han sido más bien decepcionantes y sus prospecciones dependerán del progreso que obtengan los países del Mercosur y México mientras no sean absorbidos aún más por la economía estadounidense. El mundo musulmán del Oriente Medio, con todo y los ingresos por el petróleo y gas, contribuye poco a los cambios y –a excepción de Turquía e Irán– sus prospecciones dependen mucho de la venta de energéticos. Por su parte, los sucesores de los países comunistas, que ahora contribuyen con alrededor del cinco por ciento del PIB posiblemente mejoren algo sus resultados cuando se recuperen de los infaustos sucesos de los noventa. Además de las materias primas y el petróleo, el poder económico de la Rusia desindustrializada tiene hoy un poco más en don- de apoyarse que en los tiempos de la era soviética con todo y la poderosa industria de armamentos y la gente con elevada educación. Por otro lado, a la cada día más empobrecida África subsahariana se le ven escasas esperanzas de poder lograr desempeñar un mejor papel.
De todas las regiones, sólo una, América del Norte, se encuentra bajo el predominio de una sola economía nacional: los Estados Unidos. Cuando las reliquias de la Guerra Fría incluyendo a Rusia asumieron que el camino se despejaba, el futuro lógico lo encontraron en combinarse con Europa. En el este y sudeste asiáticos, China puede aspirar a la hegemonía económica que por breve tiempo disfrutó Japón, pero Japón permanecerá como un jugador principal, sin tampoco olvidarnos de la India. Este nuevo y dinámico centro global, por consiguiente, será el campo en la interacción de estos tres gigantes. Ni la región musulmana del Medio Oriente, ni África, potencialmente poseen fuerza hegemónica en los campos económico y político; pero en América del Sur el solo tamaño y potencial de la economía brasileña le asigna a ésta un papel central, todavía más si la economía mexicana se permite seguir atada al sistema de los Estados Unidos.
Esto no significa que estas economías hegemónicas nacionales o regionales estén en conflicto con la ya en buena parte interdependiente economía global, que les otorga a todos beneficios reales o potenciales. Y sí significa que la globalización no puede –como el neoliberalismo lo supone– ser como el fluir suave de un líquido. Existen tres agregados principales, políticos y sociales, en el líquido. Primero, el siglo XXI tiene poco que ofrecer al rico mundo del norte, excepto la erosión, tal vez la pérdida, de su vieja hegemonía que fue también la base de su poder y del extraordinariamente elevado estándar de vida en su gente. Inevitablemente este mundo del norte se resistirá a los cambios, aunque sólo los Estados Unidos –con sus aspiraciones de supremacía de mano fuerte– pueden verse tentados a complementar su resistencia con medios militares. Segundo, la ausencia de autoridades globales efectivas y de un sistema de poder internacional, han creado una situación de gran inestabilidad política y social, turbulencias y gobiernos impotentes en muchas partes del mundo, efectos que durarán todavía algún tiempo. Tercero, las tensiones y desigualdades originadas por una globalización incontrolada, están generando una significativa resistencia popular que limita el campo de acción de los gobiernos neoliberales y de regímenes democráticos. Desde luego, se generarán movimientos de disidencia y rebelión populares.
Nos encontramos en el presente ante una fase de transición, de una economía mundial dominada por el Norte a una de nuevo esquema, probablemente de orientación asiática. Hasta que estas nuevas pautas queden establecidas, es probable que pasemos por algunas décadas de violencia, turbulencias económicas, sociales y políticas, como ha ocurrido en el pasado en similares periodos de transición. No es imposible que esto nos lleve a guerras entre países, sin embargo serán menos probables que en el siglo pasado. Quizá podamos esperar una relativa estabilidad global en algunas décadas, como las posteriores a 1945. Ciertamente la humanidad no se acercará a la solución de la crisis medioambiental del mundo, crisis que la propia actividad humana continuará fortaleciendo. ¿Cuál es la participación de Latinoamérica en esta prospección global? Ésta es una cuestión que ustedes como expertos pueden encarar mucho mejor que yo, que no lo soy.
domingo, 5 de julio de 2009
Selección de las Opiniones más destacadas de los intelectuales reunidos en el CIM
I. Sobre la crítica
Vladimir Acosta
No ocultar las críticas por temor porque luego puede ser demasiado tarde para enmendar
Yo no quiero terminar sin decir algo positivo, porque van a creer que estoy llamando a que nos suicidemos. No es eso. Lo que estoy tratando de decir es que en medio de los extraordinarios logros que hemos obtenido aquí, que lo vemos todos los días —y que por eso, repito, no hay necesidad, en diez minutos, de poder dedicarnos a ellos, porque tendríamos que pasar una semana mencionándolos— dentro de esos logros tenemos problemas importantes, tenemos problemas serios y muchas veces aquí no ha habido espacio suficiente para que esta crítica, que es una crítica constructiva para mejorar, para profundizar, se exprese. Me parece excelente que esta reunión sea una oportunidad en que, sin temor a quien esté, la crítica no tiene que ser escondida, no tiene que ser escondida; las críticas se hacen abiertas y justamente por eso es que se puede avanzar. La televisión que esté, el canal que esté, quien esté. Eso es lo que tenemos nosotros que hacer porque hay demasiadas cosas positivas por encima de estas críticas para que nosotros nos asustemos o para que pensemos que tengamos que ocultarlas. Lo que sí es malo es ocultar las críticas por temor y dejar que las cosas que empiezan a dañarse se pudran y que se vuelva demasiado tarde para enfrentarlas.
Enfrentemos estas críticas, critiquemos, y este es el punto de partida para pasar al último aspecto, que es: cómo resolvemos la mayor parte de estos problemas y cómo seguimos avanzando para que esta revolución sea realmente un instrumento para seguir transformando esta sociedad venezolana y para acercarnos a una sociedad justa, a una sociedad soberana, una sociedad libre, una sociedad que no podrá ser otra cosa que no podrá ser otra cosa sino una sociedad socialista.
Ernesto Villegas
Bienvenida sea esa tónica que se ha adoptado, porque yo estoy seguro de que nadie de los que ha hablado aquí ha hablado desde la deslealtad. Todo el mundo, independientemente de lo debatible que sean sus críticas, lo hace con el corazón puesto en esto. Bienvenido sea, ojalá este espacio se multiplique, yo les agradezco mucho.
II. El hiper liderazgo de Chávez
Juan Carlos Monedero
El primer fantasma es el del hiperliderazgo
Creo que es propio de países con escaso cemento social, con un débil sistema de partidos democráticos y con amplios porcentajes de exclusión. El hiperliderazgo permite situar una alternativa frente a lo que llamamos la selectividad estratégica del Estado. Siempre la burguesía, los poderes del antiguo régimen tienen el aparato del Estado y en ese sentido creo que, pese que se asalta el Estado, no se tiene ni mucho menos el poder. En ese sentido entiendo que el hiperliderazgo desempeña un papel importante, tiene la ventaja de articular lo desestructurado y de juntar los fragmentos, con formas de lo que llamaba Gramsci “cesarismo progresivo”, que tanto ayudan a retomar el rumbo de la revolución en momentos de vacío político o de confusión ideológica.
Pero ese liderazgo también viene con problemas. El hiperliderazgo desactiva, en última instancia, una participación popular que puede confiarse en exceso en las capacidades heroicas del liderazgo.
Gonzalo Gómez
Hoy ese liderazgo imprescindible
Y ahí está el liderazgo del presidente Chávez, donde planteamos la necesidad de colectivizar ese liderazgo, pero sabemos que hoy por hoy, y por mucho tiempo más, ese liderazgo imprescindible tiene que equilibrar su peso con el desarrollo de las otras direcciones.
Vladimir acosta
El Presidente no puede hacerlo todo, ni puede estar en todas partes
Por supuesto nadie cuestiona el liderazgo del Presidente Chávez; el Presidente Chávez es el alma, el corazón, el nervio, la fuerza de este proceso, este proceso se identifica plenamente con él, el Presidente trabaja 25 horas diarias por este proceso, dedica su vida y arriesga su vida por este proceso. Nadie cuestiona el liderazgo, pero el Presidente no puede hacerlo todo, ni puede estar en todas partes. Y una de las cosas que requiere un proceso como ese es una dirección colectiva y estamos lejos de tener una dirección colectiva. La relación sigue siendo una relación del Presidente con el pueblo, que lo adora con toda razón la mayoría del pueblo, pero los dirigentes, los líderes, los cuadros o son desconocidos, o son ignorados e incluso son hasta rechazados por la propia población.
Crear condiciones para que los dirigentes se atrevan a opinar
Aquí no ha habido la creación de una dirección colectiva que refuerza el liderazgo del Presidente y eso me parece que es fundamental para que las tareas puedan cumplirse mucho mejor y para que un dirigente, teniendo además una línea política, se atreva a opinar antes de que el Presidente Chávez lo diga por que todo está más o menos establecido, una línea general. Eso es la segunda falla, que yo creo que tenemos y repito: las estoy enunciando sin entrar mucho en detalles.
Roberto López
Necesidad de construir una dirección colectiva
Desde ese punto de vista, la necesidad de construir una dirección colectiva del proceso revolucionario es innegable, la necesidad de una rectificación del propio Presidente Chávez, quien debe permitir la construcción de esa dirección colectiva, que permita constituir una especie de vanguardia. Yo no veo esa posibilidad en la actual dirección del PSUV, porque en el PSUV hay personajes que ni siquiera fueron electos y, sin embargo, son vicepresidentes del partido. Fueron cooptados por el propio Presidente Chávez a pesar de que las bases del PSUV no votaron por ellos. El PSUV sería la aberración de lo que sería una dirección colectiva, democrática de un partido revolucionario.
Javier Biardeau
Chávez ha ocupado un vacío político y si sigue haciéndolo eso puede generar problemas
Una de las observaciones que se hacía al principio es el tema del hiper liderazgo. Otros le han llamado el bonapartismo progresivo, otros el cesarismo, algunos han confundido la terminología de Gramsci sobre el cesarismo progresivo con la lectura positivista de Vallenilla Lanz sobre el cesarismo democrático. Creo que es un gran error. Lo que Gramsci plantea es básicamente que en momentos en los cuales una estructura de dirección política colectiva no esta bien asentada, una gran personalidad política toma, bajo su peso, la dialéctica de la revolución o la dialéctica de la restauración. Y creo que Chávez ha ocupado un vacío político, un vacío político importante que si sigue ocupándolo puede generar cuchillos para la propia garganta de la revolución bolivariana.
Para las tareas, para las funciones, para el avance de la revolución bolivariana se requiere una estructura política, vamos a llamarla, un intelectual colectivo. No se requieren intelectuales individuales, se requiere pensamiento crítico, y se requiere una recuperación del vehículo entre socialismo y democracia, que la derecha ha tratado constantemente de opacar, de generar una disyuntiva en la cual socialismo es totalitarismo y la democracia representativa es justamente el fin de la historia y el último camino que nos queda.
III. Confusión entre partido y poder popular
Gonzalo Gómez
Acompañar pero no someter al poder popular
El partido puede aspirar a proponer y orientar, desde el acompañamiento a los movimientos sociales en la construcción del poder popular, pero no puede someter al poder popular: someter a ese actor constituyente por lo constituido.
El poder público no debe convertirse en camisa de fuerza para el poder popular
Una cosa es que se administren las regulaciones y las leyes del estado y otra cosa es que el poder público se convierta en camisa de fuerza para el poder popular, ese es otro problema que tenemos que resolver o esas contradicciones van a continuar.
Todas las relaciones en el proceso revolucionario son tensas por más que tratemos de armonizarlas, hay que tratar de hacerlo pero van a ser tensas, y tenemos que crear correlaciones de fuerza que permitan empujar las cosas en la dirección correcta. Los intelectuales, o los llamados intelectuales, yo prefiero hablar de los integrales, pueden actuar en el marco de el gobierno y del aparato del estado, de los movimientos sociales o del poder popular , en el marco de las organizaciones políticas o del partido, y pueden tener también contribuciones independientes, pero no se puede estar aislado de estos escenarios y hay que tener un papel específico en ellos, porque allí es donde se definen las cosas, y si criticamos en este escenario el partido, y no nos metemos en él para cualificarlo, para aportar nivel político, formación ideológica, para luchar por el modelo de partido que queremos, entonces estamos mirando los toros desde la barrera a menos que alguien piense aquí que puede levantar otra organización tan alternativa que se convierta en el gran partido de masas. Hoy por hoy en el país es alternativa no existe. ¡No lo hay!
Santiago Arconada
Creo que actualmente existe el riesgo de un aplastamiento por parte del PSUV de las formas de organización de base, las cuales tienen que existir de manera independiente. Estoy convencido de que la organización política no puede instrumentalizar ni colonizar a las organizaciones de base. Las organizaciones sociales de base tienen derecho a contar con toda la diversidad posible y no pueden ser encasilladas.
La relación adecuada entre la organización política y las organizaciones de base constituye un problema que tiene que ser afrontado. Esta sería una de las rectificaciones, a mi juicio, más necesarias de este momento.
Pienso que la razón por la cual se ha producido esta equivocación profunda en las actuales organizaciones políticas y, en este caso concreto, en el PSUV, es porque no reconocen diferencias entre el ámbito de un consejo comunal, el ámbito de una mesa técnica de agua, el ámbito de una mesa técnica de telecomunicaciones, informáticas y servicios postales, el ámbito de una mesa técnica de energía, y el ámbito de lo político propiamente dicho.
[...] Yo creo que el más flaco favor que se le puede prestar al proceso revolucionario bolivariano es hacer aparecer el socialismo como algo obligatorio. Y a eso contribuye de una manera muy efectiva la expresión que, lamentablemente, no he sido el único en escuchar, y que resume de manera dramática este problema: “Vamos a hacer un consejo comunal, los que no sean socialistas se pueden ir”.
[...] Se están afectando gravemente años de trabajo, años de consolidación de espacios públicos [...] es muy hiriente, por no encontrar otra palabra, encontrarse con directrices políticas que obvien ese problema y sencillamente aluden a las mesas técnicas de agua del PSUV, a los consejos comunales del PSUV como si eso fuese posible. Como si eso no fuese a la vez el modo en que esa expresión comunitaria se desnaturaliza, y en su desnaturalización se pierde, se muere, deja de ser lo que tiene que ser. [...]
Esto de lo que hablo no es un dogma. La razón por la cual la organización política revolucionaria reconoce que no debe fagocitar, que no debe colonizar a las organizaciones de base, es el resultado de una larga experiencia de los movimientos revolucionarios a través del tiempo. Es un error que cometimos y al que no queremos regresar, es un error que ya evaluamos, que ya lo vivimos. No es un dogma, es parte de nuestra experiencia.
Confusión entre partido y poder popular
Vladimir Acosta
Consejos comunales y organizaciones de defensa de la revolución
Luego, hay otro problema —lo voy a mencionar, nada más— que es la falta de organizaciones populares revolucionarias. Una revolución como esta está amenazada constantemente por el enemigo y aquí lo que se ha construido, que es sumamente valioso, son los consejos comunales, pero éstos no son exactamente una organización revolucionaria, son una organización institucional. En la zonas pobres, un consejo comunal lo domina probablemente la gente de izquierda, pero un consejo comunal en la Lagunita, si es que lo hay, o en el Cafetal, es difícil que pueda ser un consejo revolucionario. Lo que teníamos que tener nosotros, además de eso, sería organizaciones populares en todas partes, a nivel de los barrios, a nivel de cualquier espacio donde conviva todo el mundo y que puedan ser organismos revolucionarios. Los hemos tenidos y los perdimos, porque justamente los Círculos Bolivarianos fueron un ensayo de eso y desgraciadamente se quedaron en el camino. Pero hace falta que una revolución amenazada como esta tenga como defenderse. No basta la contraloría social, y la información que se descubre, como, por ejemplo, donde estaban los carros de este caballero que los tenían escondidos ahí, alguien seguramente vio un montón de carros, pero eso es circunstancial. Aquí hay conspiraciones, aquí hay amenazas, aquí hay una guerra permanente para destruir ese proceso y el pueblo tiene que estar bien organizado para enfrentarlo.
Marta Harnecker
No confundir poder popular con militancia política
Por otra parte, Vladimir Acosta dijo algo en lo que yo siempre he insistido mucho: no podemos confundir el popular con la militancia política. El partido es una cosa y el poder popular es otra. Yo digo que el rojo puede ser el color del partido pero no puede ser el color del poder popular ni debería ser el color de los ministerios. Una de las cosa que a nosotros nos extraña y a los extranjeros supongo que les chocará muchísimo, especialmente en Europa, es que el estado sea el instrumento con el cual se construye el partido. Eso es algo absolutamente contradictorio con nuestra visión de partido.
IV. El Partido y los intelectuales
Michael Lebowitz
Partido debe garantizarv espacio a intelectuales
En una oportunidad alguien preguntó a Víctor Serge si las semillas de Stalin estaban presentes en Lenin. Serge respondió “Había muchas semillas en Lenin”. Yo considero que la responsabilidad del intelectual revolucionario es cuidar las semillas revolucionarias – y hacerlo dondequiera que sea posible; es comunicar las visión del socialismo para el siglo XXI a las masas porque, como sabemos, las ideas se convierten en fuerza material cuando agarran la mente de las masas. Su responsabilidad consiste también en intentar convencer de estas mismas ideas y esta misma visión a los que están dirigiendo el proceso.
Si este partido realmente quiere avanzar en el proceso de construir el socialismo para el siglo XXI, debería garantizar que haya un espacio donde los intelectuales revolucionarios puedan cumplir su compromiso revolucionario. No ofrecer este espacio y no estimular que se cuide a las semillas revolucionarias es permitir que las malezas crezcan.
V. Metas y tiempos impiden necesaria maduración de los procesos
Marta Harnecker
Hay una cosa que me parece no se ha tocado salvo que se haya tocado ayer en la mañana, que es el gran problema de las metas y los tiempos. Yo creo que los procesos democráticos requieren maduración, requieren tiempo, pero aquí lo que pasa es que nos ponemos metas enormes y tiempos escasos, entonces tenemos a toda la gente corriendo para cumplir esas metas. Hay un tareísmo terrible y no hay posibilidad de pensar estratégicamente y de ir permitiendo que maduren las cosas. Cuando tú estás trabajando en un proceso de transformación viene la intervención del estado que, muchas veces, rompe ese ritmo de maduración, apresura el proceso.
Y respecto a eso déjeme decirles que yo creo que la idea de los consejos comunales es una idea excelente y que el Presidente tiene clarísimo que tiene que construir fuerza social construyendo política, porque algunos piensan que construir fuerza es tener cargos, ganar cargos. Pero para construir esa fuerza social, ella tiene que construirse a través de un determinado tiempo de maduración, y es allí donde vienen las metas que rompen esa maduración. Llegan, por ejemplo, los gabinetes móviles, había que elaborar proyectos en cinco días, en lugar de que el proceso de conformación de los consejos comunales fuese un proceso de al menos tres meses —como pensábamos algunos que participamos de la idea inicial— se reduce a dos asambleas y listo: una para instalar la comisión promotora y otra para elegir a las voceras y voceros. A ello se debe el que se vayan deformando los procesos, van muriendo experiencias extraordinarias.
VI. Corrupción e ineficiencia
Juan Carlos Monedero
Una nueva nomenclatura
Creo que son las dos caras de un mismo problema: porque se es ineficiente en el aparato del Estado se cuela la corrupción. La lucha contra la corrupción y la ineficiencia articuló la campaña del 98, pero aún está esperando una respuesta. La corrupción arrasa con recursos que son de todos y los pone al servicio del privilegio de nuevas castas que hacen del lujo y de la ostentación un objetivo. Las nomenclaturas a veces tardan una generación en construirse y a veces uno tiene la sensación de que hay una nueva nomenclatura en Venezuela que se ha construido en demasiado poco tiempo, anclada, ya digo, en este fantasma de la historia.
[...] Al igual que los cambios ministeriales dentro de un mismo gobierno, que hacen que cuando cambia al ministro se arrase con todo el personal que trabaja en la administración o que hace que cuadros esenciales para este proceso pasen del ministerio a la alcantarilla, se sienten en el banquillo y se desperdicien recursos esenciales para la marcha del país.
Roberto López
Pasar de las tres erres a una cuarta: la respuesta
Entonces la lucha ideológica, el debate y la rectificación son necesarios. Alguien agregaba la cuarta erre: a la revisión, rectificación, reimpulso, el pueblo comienza agregar la cuarta erre: la Respuesta. “Dejen las reflexiones y respondan de una vez qué es lo que van a corregir y qué no van a corregir, porque pareciera al final un mal chiste lo de las 3 R —algo que en todo caso esta bien concebido. Nosotros en Maracaibo hemos hecho asambleas populares —tanto en el 2008 como en el 2009— de análisis, de caracterización de los distintos ministerios, instituciones del Estado: que deberían corregir y qué no, pero a la final eso termina en un ejercicio intelectual que no conduce a nada. Falta la cuarta erre: la respuesta. Yo espero que el presidente Chávez entienda esto, el presidente Chávez tiene que entenderlo porque él mismo se ha colocado en un papel excesivo determinante de todo. Prácticamente la revolución no puede corregir su destino si el presidente Chávez no accede corregir el rumbo de la revolución y yo me pronuncio porque lo corrija porque de una u otra manera esta revolución sin el liderazgo de Chávez entraría en el caos. Ahorita es imposible concebir el destino de la revolución bolivariana sin el liderazgo de Chávez. Es una contradicción dialéctica que hay que resolver, pero creo que es imprescindible avanzar hacia ahí.
VII. Capitalismo o socialismo
Víctor Álvarez
El nuevo modelo: una asignatura pendiente
Sin lugar a dudas, Venezuela está ganando la batalla contra la pobreza.
Sin embargo, la asignatura pendiente sigue siendo avanzar en la transformación de la economía capitalista en un nuevo modelo productivo socialista a través del cual se erradiquen de manera definitiva las causas estructurales que generan desempleo, pobreza y exclusión social.
En diez años el peso del sector privado ha aumentado
No obstante la creciente crítica del Gobierno Bolivariano al capitalismo como un modelo productivo generador de desempleo, pobreza y exclusión que no ha sido capaz de garantizar la satisfacción plena de las crecientes necesidades materiales y espirituales de la población, luego de diez años de Revolución los datos oficiales revelan que -lejos de disminuir-, el peso del sector privado en el PIB más bien ha aumentado. Su participación sigue siendo mayoritaria y, por lo tanto, define la naturaleza capitalista del actual modelo productivo venezolano.
Javier Biardeau
Crece el capitalismo pero se radicaliza el discurso
No creo que sea necesario que nosotros carguemos como un legado histórico el defender la revolución cubana, que eso se convierta en un handicap de la revolución venezolana. Me parece que durante la transición al socialismo, como ha dicho Víctor Álvarez, resulta bastante sugerente pensar, que al tiempo que se fortalece una economía mixta de signo capitalista, donde se fortalece el sector privado, el discurso presidencial es un discurso de radicalización socialista. Entonces ¿cómo se compaginan los datos de la evolución sobre el crecimiento de la matriz productiva capitalista con una radicalización del discurso presidencial? ¿Cómo nosotros asimilamos estas dos tendencias? ¿Qué es lo que sucede allí?
Luis Britto
Nos proclamamos socialistas, pero somos capitalistas
Venezuela esta entre los países que de una manera escandalosa, desafiante, abierta, planteó de nuevo el tema del socialismo al mundo, cuando todo el mundo andaba tratando de disfrazarse de neoliberal o intentando que lo reconocieran allí por lo menos como un moderado neoliberalizante, pero yo diría que nos hemos quedado en una situación casi estática de empate. Nos proclamamos como socialistas, pero, fuera de Petróleos de Venezuela y algunas de las grandes industrias básicas, somos un país capitalista. La Constitución lo reconoce así y se dice por allí que no es malo ser rico y que es legítimo enriquecerse.
Vivimos en una sociedad dual y yo digo en una fábula que hice que cuando uno intenta hacer un sistema mixto con gallinas y con zorros en un mismo gallinero, a la semana sólo quedarán zorros y además se comerán al granjero.
Hay que superar esa indefinición, y superar esa indefinición entrando en la batalla ideológica que es una de las más importantes.
Roberto López
Una nueva burguesía bolivariana asociada a grupos empresariales
Con respecto a lo que planteó Víctor Álvarez de que Venezuela se ha hecho más capitalista en los últimos años, creo que eso significa un escenario en el cual sectores empresariales privados que no son necesariamente los que están tratando de derrocar al gobierno, sino los sectores empresariales privados aliados a la burocracia bolivariana, se han hecho multimillonarios en este periodo. Habría que hacer un análisis de los grupos empresariales y de la relación con los haberes económicos de muchos dirigentes y próceres del proceso. Pareciera que hay una nueva burguesía bolivariana asociada a sectores empresariales. Por ejemplo, un hecho que conozco casi directamente es el de las empresas contratista que acaban de ser nacionalizadas, expropiadas en la Costa Oriental del Lago, donde prácticamente en todas esas empresas estaban empresarios que habían participado en el golpe, en el paro petrolero y todos estaban asociados con dirigentes del PSUV, con dirigentes de la revolución, con diputados, gobernadores bolivarianos, etc.
Víctor Álvarez
Se favorece las impostanciones en desmendro de la producción nacional
Es necesario advertir que la expansión del aparato productivo interno sigue estando limitada debido al desplazamiento de la producción nacional por las importaciones que se vienen haciendo con un bolívar sobrevaluado y, por lo tanto, un dólar barato, el cual inhibe la inversión productiva y la reorienta hacia la inversión comercial. Este fenómeno ha impulsado un crecimiento superior del comercio importador y de la red nacional de distribución al mayor y comercialización al detal de productos importados.
Incentivos favorecen reproducción del capitalismo
Actualmente, la transformación de la economía capitalista en una economía socialista se enfrenta a una política económica que aún dirige y concentra buena parte de sus incentivos fiscales, financieros, cambiarios, compras gubernamentales, suministro de materias primas, etc. a favor de las empresas mercantiles que reproducen la economía capitalista, que es justamente la que se quiere transformar. Subyace en la propia política económica del Gobierno Bolivariano una de las principales restricciones para la transformación de la economía capitalista en un modelo productivo socialista.
VIII. Partido
Gonzalo Gómez
Un partido en que predomina excesivamente el sector funcionarial
Yo estuve en congreso fundacional. Buena parte de la dirección no participó en el congreso fundacional como tal y allí votamos unos principios y un programa que no se examina y no se construye la política con esa orientación. La política se viene caracterizando esencialmente por el electoralismo, apéndice de la gestión pública y despego respecto a las luchas concretas de los sectores populares, y esto hay que resolverlo. Tiene que ver con problemas de formación y tiene que ver con problemas de composición, incluso de su dirección. Este es un partido donde predomina de manera exagerada el sector funcionarial, respecto a una buena franja popular, pero hay muy poca incidencia del movimiento obrero y de los trabajadores y sus organizaciones, que empieza a revertirse con la creación de los frentes. No hay clase trabajadora en la dirección del partido, no hay dirigentes campesinos en la dirección del partido, hay un sector funcionarial que acapara la conducción y, por consiguiente, no puede reflejar como debería reflejarlo, el proceso de los movimientos sociales sus aspiraciones, sus inquietudes, sus luchas. Si ese partido no cambia, difícilmente podrá estar a la altura de los retos del proceso revolucionario.
Entonces hay problemas relacionados con los principio y el programa. Carecemos de estatutos, porque no se aprobaron, y el partido anda a capricho de las correlaciones de fuerzas eventuales, porque no hay reglas, las reglas aparecen en e l transcurso del juego mismo. Eso debe ser cambiado garantizando la democratización plena de la organización y, por otro lado, está la relación con el estado, con el poder popular y los movimientos sociales.
Entrar al PSUV para cualificarlo
Y entrar a cualificar el PSUV, o desde las organizaciones en que se participe, saber que hay que contar con esa organización y ese partido y que lo que pase ahí va definir cosas sustanciales en la historia de este país. No se puede ver desde afuera. Por lo tanto, una invitación a comprometerse o tener algo que ver desde la posición que se ocupe con la construcción de ese partido.
Roberto López
El Psuv es un parapeto electoral
Yo comparto la opinión de muchos de los compañeros que aquí el partido existe de nombre, pero como partido no existe, no existe ninguna dirección colectiva, ni siquiera un mal remedo de lo que podía ser el partido bolchevique de 1918. Lo que existe es un parapeto electoral que hasta ahora ha demostrado ser efectivo para ganar elecciones, pero que, no necesariamente, como dijeron algunos aquí, puede seguir siendo efectivo en el futuro para seguir ganando elecciones.
Luis Britto
En las candidaturas no se respeta el criterio de las bases
En muchos casos se dice que no hay consulta a las bases, que poco a poco en algunos puntos una clase política ha ido copando lo que debería ser la obra de la representación popular. En muchos casos aparentemente se han perdido candidaturas porque había un candidato que había sido elegido por las bases y fue impuesto otro que no gozó del favor de las bases, entonces los revolucionarios fueron divididos al proceso electoral y por eso se perdieron puntos importantes.
A las organizaciones sociales se les dice organícense, reúnanse, júntense, y después que se hace esa incitación, no se les da ningún tipo de papel, se les rechaza sus postulaciones, no se les hace caso, etcétera.
Creo que dentro de esas luces está ese repunte de la participación.
Para el 2021 yo espero un país con una participación verdaderamente plena donde el ciudadano pueda hacer valer totalmente sus derechos, tanto individuales como colectivos y donde las decisiones sean tomadas desde las bases, apoyadas por las bases. Donde la participación política sea una parte integral definitiva e irrenunciable de la vida de cada ciudadano como lo fue para una élite en la llamada Atenas de la democracia.
IX. Medios
Gonzalo Gómez
Apertura de los medios de comunicación del estado a la crítica y al debate revolucionario
Apertura de los medios de comunicación del estado a la crítica y al debate revolucionario, no temiendo que eso le de armas a la derecha. Sepamos como plantear las cosas, pero negar el debate es la mejor ruta para darle herramientas a la derecha y para que se lleven a la gente a declarar en sus espacios.
Medios de comunicación para las grandes organizaciones sociales y del poder popular
Desarrollo a fondo de los medios comunitarios alternativos, pero planteándoselo ya no como pequeños medios locales, aislados, en espacios muy circunscritos sino, medios de comunicación para las grandes organizaciones sociales y las organizaciones del poder popular, para los consejos comunales y para las futuras comunas, para las organizaciones de los trabajadores y los campesinos. Eso es democratización de la comunicación, no depender de que un funcionario del estado decida si tú vas a una televisora o no vas, aun cuando tengamos mucho mas espacio que en el pasado, que lo tenemos, pero hace falta más.
Conclusión
Carmen Bohorquez
El Presidente solo no puede.
Lo que si tenemos claro es que hay que acelerar el paso y coordinar esfuerzos porque el presidente no puede hacer esto el solo.
Ahora cuales nuestra responsabilidad, nosotros hablamos escribimos sobre todos esos cambios, analizamos causas, hacemos proyecciones, resaltamos logros, pero casi siempre en solitario, nos reunimos ocasionalmente cuando hay un convocante como ahora, como se vio la semana pasada, en los encuentros que la red de intelectuales y artistas en defensa de la humanidad ha convocado, en los foros de filosofía, en los foros que organiza normalmente al CIM. Pero ¿no podríamos hacer algo más? ¿No podríamos reunirnos cada cierto tiempo para analizar en colectivo cuales son esos problemas que hoy estamos señalando aquí para trabajar sobre ellos, son problemas que requieren afinar estrategias, que requieren que se produzcan documentos que sirvan de insumo a quienes tienen que tomar resoluciones. Que —como dijo el ministro de Educación Superior— nos permitan, por ejemplo, diseñar un plan para tener desde ahora una presencia combativa en las universidades.
Juan Carlos Monedero
Lo que no duele no se transforma
El primer paso consiste en alumbrar estos fantasmas como problemas. Lo que no se ve no se puede identificar como fuente de dolor. Lo que no duele no se transforma y lo que no se transforma se necrosa. Creo que es obligación de los intelectuales oxigenar todas estas heridas con su crítica.
Como decía al comienzo, creo que esta reunión, desde mi perspectiva, es una negación de aquellos que quieren negar la capacidad de crítica en Venezuela. Creo que esta reunión es una invitación a la esperanza y creo que del coraje que aquí demostremos, de la astucia de nuestro pensamiento, creo que va a salir una parte importante de nuestra colaboración para que esta Revolución siga siendo bonita.
sábado, 4 de julio de 2009
¿Se está orientando el desenlace de la crisis en favor del capitalismo?
Un antecedente: crisis y relegitimación del capitalismo tras la Gran Depresión
En el período de entreguerras el capitalismo como sistema socioeconómico, y la democracia liberal como sistema político más claramente identificado con aquél durante el siglo XX, conocieron una enorme crisis de legitimidad. Los horrores de la guerra interimperialista desatada en 1914, la gran depresión iniciada en 1929, la existencia del primer Estado obrero estable en la historia gozando en ese momento de un gran atractivo entre la clase obrera, y el fracaso de la Sociedad de Naciones, fueron los principales acontecimientos que contribuyeron a dicha crisis de legitimidad.
El desafío que suponía la alternativa comunista en medio de esa crisis de legitimidad era serio, las causas del fracaso de dicha alternativa en ese período para aprovechar ese momento de deslegitimación del capitalismo habría que buscarlas en gran parte en sus propias debilidades y errores.
Pero inmediatamente apareció un segundo desafío, no al capitalismo como sistema socioeconómico, sino a la democracia liberal, fueron los fascismos que rápidamente se extendieron, por Europa sobretodo. Se trataba de una alternativa al régimen político más peculiar del capitalismo, la democracia liberal, justamente para salvar el régimen socioeconómico. [i]
La derrota militar del fascismo en la II GM mediante una alianza entre el capitalismo de las democracias liberales anglosajonas y el comunismo stalinista llevó en lo inmediato a un refuerzo y relegitimación de ambos sistemas, que se enfrentaron inmediatamente y durante todo un período alternativo de guerra fría y coexistencia.
La legitimidad del capitalismo se mantuvo en general alta en los países centrales a pesar del desencadenamiento de diferentes crisis (económicas como la de mediados de los 70; o, políticas como la del mayo del 68, o la revolución portuguesa, por citar algunas), al contrario que en los países de la periferia y semiperiferia donde su baja legitimidad conoció desafíos importantes, algunos de ellos con éxito (China, Cuba, Vietnam).
El cenit de su legitimidad y aceptación lo alcanzó el capitalismo al terminar la década de los 80, cuando se produjo el hundimiento del socialismo eurosoviético y China comenzó su larga marcha al capitalismo. La versión neoliberal apareció entonces con un ímpetu arrollador que, justamente, provocaría la primera crisis de legitimidad de importancia del capitalismo - al menos en su versión neoliberal - desde la posguerra, centrada fundamentalmente en América Latina.
No cabe duda que esa deslegitimación es una condición importante que va a permitir el avance de los movimientos sociales que le venían ofreciendo una fuerte resistencia, y la aparición de gobiernos antineoliberales en la región.
Los países centrales, por el contrario, se mantenían inmunes a cualquier desgaste serio de esa legitimidad. El giro importante producido en EEUU en 2008 con la derrota de los republicanos de Bush por Obama no puede leerse en clave de perdida de legitimidad del capitalismo. Se ha tratado de una sana reacción del pueblo norteamericano a la política ultraconservadora y belicista de los neocon, pero no puede leerse en clave de una desautorización del capitalismo.
Es importante retener en esta diferencia de comportamiento un cambio importante sobre los actores políticosociales en América Latina y los países centrales, para el caso que nos ocupa, Europa, que es señalado por diversos analistas: “no fueron los partidos políticos los que estuvieron a la vanguardia de la lucha contra el neoliberalismo sino, por el contrario los movimientos populares. Estos movimientos surgen del marco de la crisis de legitimidad del modelo neoliberal y de sus instituciones políticas y parten de dinámicas presentes en su comunidad o espacio local. Se trata de movimientos muy pluralistas donde coexisten componentes de la teología de la liberación, del nacionalismo revolucionario, del marxismo, del indigenismo, del anarquismo.” [ii]
La crisis no consigue mellar la legitimidad del capitalismo en Europa
En los primeres meses de 2009 pareció que despegaba en el viejo continente un movimiento de protestas contra las consecuencias sociales de la crisis [iii] , pero dicho despegue se quedó, al menos de momento, en un amago sin más consecuencias.
En junio tuvieron lugar las elecciones europeas. Como es perfectamente conocido los partidos mayoritarios de los 27 países miembros (conservadores, liberales, socialdemócratas, etc.) suelen utilizar estas elecciones para desgastar al gobierno nacional de turno o para reafirmarse en el poder si forman gobierno, por lo que los temas principales de campaña suelen ser domésticos. La abstención suele ser alta, aunque in crescendo, y suele generar una reacción cínica de los principales actores de stablishment (políticos, medios de comunicación, instituciones económicas, etc.) sobre el desapego de los ciudadanos de los países miembros por la Unión Europea.
En general esta ha sido la tónica seguida también en las elecciones de este año. Ninguno de los partidos del stablishment se había planteado seriamente que pudiera expresarse un voto que significara una perdida de legitimidad del capitalismo, y a la vista de los resultados el único discurso postelectoral escuchado es el de la consabida preocupación por el desapego europeo de los ciudadanos, fruto especialmente de la propia actitud de los políticos.
Pero la izquierda transformadora, especialmente la más radical, si supuso que todo el desarrollo de la crisis, primero financiera, luego económica y, finalmente, social tendría una traducción política que se expresaría en estas elecciones. Ese fue el origen de la aparición de muchas organizaciones de la izquierda anticapitalista en diferentes países, con unos resultados electorales globalmente desastrosos.
Si como todo el mundo concuerda se ha producido en estas elecciones [iv] un avance de la derecha y la extrema derecha, un retroceso importante de la socialdemocracia, aprovechado por los verdes para dar un gran estirón, el estancamiento de la izquierda comunista clásica y el fracaso de la izquierda radical, es decir, si la legitimidad del capitalismo no ha sido en absoluto mellada, entonces, habrá que buscar alguna explicación un poco convincente. Porque luego están los centenares de explicaciones para consumo interno de la izquierda radical que interpretan que se ha producido un “abrumador rechazo popular a la Europa del gran capital” (tiene que estar encantada la derecha de que la rechacen así).
Pero antes que nada hay que aclarar un punto en el que se apoyan muchos análisis de esta izquierda para revertir a su favor lo que es un inapelable fracaso electoral, porque, como tantas veces se ha repetido la sentencia de Francis Bacon, la verdad surge con más facilidad del error que de la confusión.
Este punto se refiere a la interpretación de la alta abstención, y el interrogante planteado es el de sí se puede interpretar esa abstención como una perdida de legitimidad de las instituciones europeas y del capitalismo.
No pretendo ser contundente en el diagnóstico porque habría que hacer análisis más finos, con un manejo más exhaustivo de datos de los que en estos momentos puedo aportar, pero creo que al menos las conclusiones tan alegremente lanzadas por una parte importante de la izquierda pueden ser rechazadas.
En las siete elecciones al Parlamento Europeo [v] celebradas entre 1979 y 2009 la participación ha bajado, cita tras cita, desde el primer 61,99% al 43,24% actual. Correlativamente a cada descenso de participación en cada nueva elección correspondía con un Europa comunitaria más amplia, de los 9 miembros de 1979 se ha pasado a los 27 actuales. A mayor espacio, menor porcentaje de participación. Esto orienta hacia una primera hipótesis interpretativa, los ciudadanos europeos se sienten cada vez más extraños a unas instituciones cada vez más lejanas, siendo percibido, además, el Parlamento Europeo como un órgano sin impacto en las decisiones que les afectan. En estas circunstancias, el que se añada que esas instituciones, incluida la electiva del Parlamento, representan a la “Europa de los mercaderes”, no creo que añada un gran peso en la alta abstención.
Para empezar a plantearse que la abstención representa un rechazo difuso y no articulado a una Europa construida según los parámetros señalados por los “mercaderes”, habría que ver reflejada dicha abstención en las elecciones nacionales o de nivel administrativo inferior, lo cual no es cierto. Solo por tomar algunos ejemplos del porcentaje de participación en elecciones nacionales en los años inmediatamente anteriores a estas elecciones europeas: En 2005 en Alemania, 77,7%. En 2008 en España, 73,8%. En 2007 en Francia, 83,8%. En 2006 en Holanda, 80,4%. En 2005 en Gran Bretaña, 61,4%. En 2006 en la República Checa, 64,5%.
Y sabemos también lo que esas elecciones con una media-alta participación han arrojado como resultado, una mayoría de gobiernos de derecha en Europa.
No puede confundirse una falta de interés por las instituciones europeas, por el propio proyecto europeo, con una perdida de legitimidad del capitalismo. Los ciudadanos europeos se desentienden de esa construcción artificial que para muchos empieza a ser Europa, para volcarse en sus respectivos Estado-nación y votar conservador, o, como mal menor, socialdemócrata.
Se ha utilizado un argumento más sofisticado e interesante para intentar demostrar que Europa no es derechas, los resultados de una encuesta sobre los valores de la población de la Europa comunitaria que arrojaría una mayoría partidaria de políticas progresistas e incluso socialistas [vi] . Si a pesar de estos valores mayoritarios la socialdemocracia retrocede es porque en los últimos años se habría orientado al socialiberalismo con el abandono de las políticas redistributivas y progresistas. Ante dicho giro las clases populares que les apoyaban se han refugiado en la abstención y han permitido así el triunfo de la derecha. A esta tesis, que no se enfrenta a la pregunta clave de porque se han refugiado en la abstención y no se han desplazado a opciones más a la izquierda, se la puede oponer el mismo contra-argumento empleado anteriormente, en las respectivas elecciones nacionales la participación se mantiene alta y se eligen mayoritariamente gobiernos de derechas.
Se puede pensar que, como ocurre con las encuestas realizadas durante las campañas electorales, la prueba de la verdad es el propio resultado obtenido en las votaciones, esa es la encuesta real. También se podía pensar que la población europea sufre de disonancia cognitiva (piensa una cosa y practica otra diferente) a la vista de los resultados de la citada encuesta sobre valores y el de las elecciones. Pero la pregunta que nos interesa en este trabajo es otra: si hay razones para que la socialdemocracia esté desprestigiada, y así se refleja en los resultados electorales, también las hay ahora mismo para que esté desprestigiado el capitalismo, pero eso justamente es lo que no se refleja en los resultados electorales.
Despejado el punto de la interpretación de la alta abstención en las elecciones europeas de junio de 2009, que algunos utilizan como hoja de parra para ocultar su fracaso, pasemos, como hemos dicho, al núcleo del artículo que es explicar los pobres resultados de la izquierda (en sentido amplio, desde la socialdemocracia hasta la revolucionaria) interpretados como el mantenimiento de la legitimidad del capitalismo a pesar de los meses de crisis transcurridos y el impacto social producido.
¿Por qué la legitimidad del capitalismo en Europa resiste los efectos de la crisis?
El verano del año pasado, justo antes de desencadenarse la crisis financiera, la revista El Viejo Topo [vii] publicó una encuesta realizada entre importantes intelectuales y algunos políticos de la izquierda española con una pregunta clara ¿Por qué en España un gran número de trabajadores vota a la derecha?
Dentro de la diversidad de matices, las respuestas ofrecidas a este interrogante pueden agruparse en torno a siete bloques. En realidad son las que se exponen en la mayoría de los análisis o artículos que se han ocupado del tema más general de la crisis actual de la izquierda y, por esta razón, muchas de ellas se han terminado convirtiendo en tópicos. Dado el formato de la encuesta, tampoco los entrevistados entraron en una explicación más profunda de las razones que alegaron. Al margen de algunas causas derivadas de la situación específica de España, que no englobamos en esos siete bloques, la mayoría son extrapolables al entorno de la los países de la Unión Europa.
Esas respuestas pueden servir de punto de partida a la misma pregunta, pero formulada de manera diferente; para un espacio más amplio, los 27 países de la Unión Europea; y en un contexto diferente, la crisis económica más graves del capitalismo después de la Gran Depresión de los años 30.
La pregunta se podría formular así a la vista de los resultados de las elecciones europeas de junio de 2009: ¿por qué dicha crisis no ha mellado seriamente la credibilidad del capitalismo en Europa?
Veamos cuales fueron aquellos bloques de respuestas y su capacidad para responder también a esta última pregunta, porque, evidentemente, no es exactamente lo mismo preguntarse por qué los trabajadores votan a la derecha, que las razones por las que el capitalismo no ha perdido credibilidad en esta crisis
Lo primero que se puede constatar es que hay una jerarquía de importancia entre esas causas, en cuanto algunas son señaladas por la mayoría de los 16 encuestados y otras solo por una parte minoritaria.
La que goza de mayor aceptación es aquella que responsabiliza a las organizaciones de izquierda (partidos y sindicatos) del comportamiento electoral de una gran parte de los trabajadores, que tal vez podamos traducir por la ausencia de erosión de la credibilidad del capitalismo.
¿De que se las acusa a estas organizaciones? De no haber hecho nada por resolver los problemas reales de la gente, de renunciar a la defensa de los más débiles; de no tener un comportamiento ejemplar desde las instituciones, comportándose como los políticos profesionales de la derecha e, incluso, con casos notorios de corrupción; de haber ido aceptando progresivamente los valores de la derecha, renunciando a defender otras alternativas y diluyendo sus referencias de clase; de sus divisiones, escisiones y luchas intestinas; de la falta de referencia a la clase obrera en sus discursos, dirigiéndose a los ciudadanos o al pueblo; del abandono de todo trabajo político-social en el seno de la clase trabajadora, con una escasa presencia de activistas en las empresas y barrios obreros; del transformismo de la izquierda en el poder y de la convergencia en sus propuestas sociales y políticas con las de la derecha.
Estas críticas pueden ser dirigidas fundamentalmente a los partidos que han tenido importantes responsabilidades en diferentes niveles de gobierno, es decir, en Europa, a la socialdemocracia, aunque algunas de ellas son extensibles al conjunto de la izquierda. En este sentido explicarían no solamente la importante derrota de la socialdemocracia en las elecciones europeas de este año, sino también su constante declive desde las primeras de esas elecciones en 1979 e, igualmente, el predominio de la derecha en los distintos Estados nacionales europeos. Pero por sí solas, estas críticas no explican porque, desencantados de la socialdemocracia, los trabajadores no apoyan a las expresiones políticas a su izquierda. En los términos de nuestra pregunta ¿por qué no se produce un descrédito paralelo de la socialdemocracia y el capitalismo?
La segunda causa más señalada en la encuesta es la que tiene que ver con el gran éxito de la burguesía en imponer de manera incontestable el conjunto de sus valores, especialmente el consumismo, al conjunto de la sociedad, incluida la clase obrera, lo que ha llevado a construir un sentido común profundamente conservador. El individualismo se ha impuesto sobre la acción colectiva y se ha extendido el capitalismo popular. Esta causa es más generalista y profunda en cuanto sirve para explicar porque la posible desafección con la socialdemocracia no se traduce en un mayor apoyo a su izquierda u otros fenómenos como la baja sindicalización y militancia partidaria.
Hace referencia a lo que se puede considerar el núcleo de un sistema de dominación, la hegemonía de los valores de la clase dominante, sin la cual la dominación solo puede mantenerse por la coacción y se vuelve inestable a largo término. Pero la constatación de este axioma, común a todo sistema de dominación estable, exige que se descubra donde radica la capacidad para mantener esa hegemonía en el capitalismo actual, cual es su base de sustentación. Ésta es la respuesta ausente en la encuesta. Sin enfrentarnos a esta cuestión no podremos comprender porque no se ha producido una deslegitimación del capitalismo en esta crisis y, por lo tanto, porque retrocede la izquierda en lugar de avanzar.
Pero antes, sigamos repasando el resto de los motivos que se alegaron en la encuesta a la que estamos haciendo referencia, siguiendo el orden decreciente de las más mencionadas.
La tercera en este sentido es un fenómeno que ha aparecido en los últimos años en Europa, pero al que, sin embargo, se cita repetidamente como uno de los argumentos de la derecha que más réditos la ha producido entre las filas de la clase obrera. El rechazo al fenómeno de la inmigración esgrimido como una amenaza al empleo de los trabajadores nacionales, magnificado en una situación de crisis y destrucción de empleo como la actual (este argumento sería válido para los países más desarrollados de Europa, pero no para los más recientemente incorporados del centro y este europeo).
En realidad esta cuestión se podría plantear dentro de la causa anterior, del dominio de los valores de la burguesía. En este sentido significa la sustitución de los valores de la solidaridad por los del egoísmo, donde el adversario real, la burguesía, es sustituido por el inmigrante, quién deja de ser percibido como otro explotado más, y en peores condiciones, para ser visto como una amenaza. Representa uno de los más claros y dolorosos ejemplos de inversión de valores entre los oprimidos y explotados. Una de las más claras muestras de la hegemonía ideológica y cultural de la burguesía.
La siguiente causa apuntada como explicación del comportamiento electoral de parte de la clase trabajadora, y que estamos ahora empleando para analizar igualmente el fenómeno de la ausencia de desgaste de la credibilidad del capitalismo en esta crisis, hace referencia a los efectos del fracaso de las experiencias socialistas en la Unión Soviética y el este europeo, tanto por las consecuencias del propio fracaso, como por la incapacidad de la izquierda para levantar un modelo alternativo diferente y alejado del que representó el comunismo eurosoviético. Los efectos se hacen notar en una doble vertiente, de un lado ha llevado a un descrédito generalizado de los valores e ideales de la izquierda, no importa cual sea la escuela concreta a la que se vincule; de otro lado, se ha impuesto el sentido común de que no es posible ninguna alternativa al capitalismo, de que éste es el horizonte final de la historia.
Relacionado directamente con la causa anterior, el quinto motivo citado hace referencia a la ausencia en estos momentos de un paradigma socialista creíble. Esto es fruto, en primer lugar, de la pérdida de sus referencias históricas. Este vacío en la izquierda es un elemento importante que facilita enormemente la penetración de la cosmovisión burguesa en la conciencia de todas las clases dominadas y explotadas de la sociedad, a lo sumo se puede originar una conciencia reivindicativa por obtener un mejor equilibrio en el reparto de la riqueza o la eliminación de las injusticias más flagrantes, pero impide superar el horizonte capitalista. La ausencia de paradigma va asociado, inevitablemente, a la ausencia también de un referente político atrayente en la izquierda transformadora. La izquierda aparece polarizada entre la parte que acepta la sociedad actual, con objetivos reformistas, y la parte que “ practica una retórica ideológica antigua que resulta muy poco creíble”. Este vacío explicaría igualmente el enorme descenso de la militancia de izquierda y esa ausencia mencionada anteriormente de activistas en los lugares de trabajos y los barrios populares. Es la incapacidad para generar ilusiones y esperanzas de manera amplia.
Entre los dos últimos argumentos empleados, que son citados de manera minoritaria, hay uno de ellos que tiene una importancia singular, y se refiere a los profundos cambios producidos en la estructura social en general y, en concreto, en el seno de la clase trabajadora que se ha visto sometida a un proceso de heterogeneización profunda, entre estables/precarios, autóctonos/inmigrantes, cualificados/descualificados, hombres/mujeres, adultos/jóvenes, asalariados/autónomos. Algunas de estas líneas de división son nuevas y otras ya existían pero han sido reforzadas, y producen diferencias de situaciones laborales y de derechos que se transforman en diferencias de modos de vida y expectativas. Si la división de clases se difumina y se introduce la competencia en el interior de una clase obrera más fragmentada, entonces es inevitable el debilitamiento de los lazos sociales y de la solidaridad.
Crear un discurso y un programa que sean capaces de homogeneizar esa clase trabajadora fragmentada desde los valores de la izquierda es uno de los grandes retos hasta ahora no alcanzado y que se relacionado con el aspecto mencionado anteriormente de ausencia de alternativas creíbles.
La derecha, por el contrario, ha tenido más éxito para lograr mensajes homogeneizadores sobre la clase obrera y arrastrar a una parte importante tras de sí, y la ha sido más fácil porque apela a elementos simbólicos tradicionales de fuerte atracción en ausencia de una conciencia crítica como el patriotismo o el orden y la autoridad, pero también al miedo y al egoísmo - “ la siembra creciente de un miedo abstracto que provoca comportamientos de jauría (miedo frente al inmigrante, frente al que rompe el orden, frente al que cuestiona la irracionalidad de la nación o la religión, frente a quien tiene un trabajo peor, frente a quien desnuda al poder..” - buscando la unidad en torno al programa conservador frente al otro, al diferente. Son los discursos xenófobos, anti-inmigrantes, nacionalistas. Un discurso muy efectivo cuando se ha penetrado anteriormente en las conciencias y además hay una situación de crisis aguda. Y en una situación de este tipo, como hemos podido constatar en estas últimas elecciones, obtiene bueno resultados la extrema derecha.
Curiosamente, el motivo menos utilizado entre los consultados en esta encuesta es uno que suele ser muy popular en muchos análisis y documentos de la izquierda. El poder de los medios de comunicación del stablishment, la virtual posición monopolista de los medios burgueses. Existe, es verdad, la libertad de prensa en las democracias liberales y se puede intentar crear un medio de comunicación del tipo que se quiera, lo mismo que una fábrica de aviones, solo que se queda en eso, en una posibilidad, nadie levanta todos los días una fábrica de aviones, ni un potente medio de comunicación porque el ticket de entrada es muy costoso y difícil. Es evidente que los modernos medios de comunicación son un instrumento poderoso para crear y difundir la cosmovisión burguesa, que en ciertas coyunturas, como en la Venezuela bolivariana, han llegado a cumplir el rol de oposición política derechista cuando se han hundido los partidos burgueses, pero también se ha demostrado, como en la misma Venezuela, que su capacidad es limitada cuando se pone en marcha un proceso social liberador de fuerte arraigo popular. Su efectividad es, pues, importante cuando se encuentra ante condiciones favorables, pero disminuye en condiciones adversas.
Estas condiciones son las importantes a analizar. Los medios de comunicación contribuyen a legitimar todos los días el capitalismo, pero si éste fracasa, si las condiciones de vida de la gente se degradan durante un largo tiempo, si pierden la esperanza en recuperar su situación de bienestar anterior, si la sensación de injusticia se hace intensa, si empiezan a considerar insoportable un sufrimiento al que no ven salida en el futuro, si con ello se rompe el encantamiento de que la libertad y la democracia son monopolio del libre mercado, si aparecen alternativas creíbles e ilusionantes de un futuro mejor, si aparece un referente político que canalice los deseos de cambio, entonces aparece una dinámica política y social orientada a la transformación. Podríamos decir que, en general, estos fueron los parámetros que concurrieron recientemente en América Latina, no como consecuencia de una crisis capitalista, sino de la aplicación de las políticas neoliberales, y que dieron lugar a la dinámica actual de transformaciones.
¿Se están dando estos parámetros en los países centrales del capitalismo y, más en concreto en Europa? Veamos.
El capitalismo mantiene en Europa intacto el núcleo del sistema de dominación.
“El punto de partida del análisis de Marx sobre la naturaleza del Estado es indiscutiblemente su teoría de la explotación y las clases sociales, que suministra una explicación formal sobre el origen y la reproducción de la desigualdad social. El poder político se concibe como un aspecto esencial de la existencia de la desigualdad social. Es decir, no es posible concebir la pervivencia de una relación de dominación económica sin un factor de cohesión de naturaleza política, lo que presupone una autoridad legitimada incluso (o sobre todo) en el uso de la violencia; es decir, un Estado.” [viii]
José María Maravall cita a dos importantes sociólogos y politólogos para definir en que consiste el núcleo de la legitimidad de un sistema político, el primero es Weber, para quién “un orden legítimo sería aquel ‘que aparezca con el prestigio de ser obligatorio y modelo’ “, el segundo es Juan J. Linz, que define la legitimidad como “la creencia de que, a pesar de insuficiencias y fracasos, las instituciones políticas existentes son mejores que otras alternativas que pudieran establecerse y pueden por tanto demandar obediencia”. Y continua con un argumento que es muy pertinente en este momento, “Se ha argumentado con frecuencia que la legitimidad de las democracias disfruta de cierta independencia respecto del rendimiento de las instituciones políticas y económicas. Durante un tiempo, impreciso pero prolongado, la insatisfacción con dicho rendimiento no socavaría la lealtad de los ciudadanos respecto de los regímenes....Como consecuencia, cuando una democracia es legítima, puede sobrevivir a profundas crisis económicas”[ix]
Este argumento es traído a colación porque al haberse vinculado durante un largo período, especialmente después de la II guerra mundial, el régimen socioeconómico capitalista con la forma política de la democracia liberal, la legitimidad de esta última - basada sobretodo, pero no exclusivamente, en el aspecto procedimental, la celebración periódica de elecciones - se ha transmitido al primero. Uno de los mayores éxitos de la propaganda burguesa ha consistido en hacer aparecer como sinónimos los conceptos de libre mercado y democracia, que, a su vez, también ha conseguido hacer confundir con el modelo liberal burgués, así, la única democracia posible es la liberal burguesa cuyo supuesto de existencia es el libre mercado. En realidad el mérito de este éxito no es solo de la derecha, la izquierda también a contribuido a él con sus errores.
La lucha por la bandera de la democracia se ha convertido en un aspecto fundamental tanto de las corrientes de la izquierda que más lucidamente se han enfrentado a las experiencias del siglo XX, como por parte de diferentes instituciones conservadoras que promueven los intereses del capitalismo no a través de los golpes y las guerras - aún sostenido por su sector ultra o neocon - sino mediante ONGs, medios de comunicación, revoluciones de colores, etc. que insistentemente propagan que los únicos y genuinos candidatos o procesos democráticos son aquellos que se presentan defendiendo el “libre mercado”, en tanto sus opositores son metidos en el mismo saco de ganadores fraudulentos, dictadores en potencia o tiranos encubiertos. Por esos son tan importantes los procesos que se desarrollan en estos momentos en América Latina, porque además de representar la más importante contestación al neoliberalismo, y de ser el primer ensayo de avance al socialismo - en un modelo no claramente definido aún - después de la debacle del comunismo eurosoviético, se realizan mediante una lucha que disputa la bandera de la democracia a las fuerzas derechistas, desenmascarando su verdadera naturaleza. Esta queda en evidencia en el momento en que la burguesía nacional y el imperialismo acuden al expediente del golpismo o la insurrección ultraderechista, como en Venezuela, Bolivía y Honduras recientemente, cuando obtienen un resultado electoral desfavorable o no ven factible conseguir sus objetivos mediante los cauces democráticos.
La lucha por deslegitimar al capitalismo y relegitimar las alternativas de izquierda tiene un aspecto central en la demostración práctica de que la concepción instrumentalista de la democracia es la de la burguesía y el imperialismo. Y esa es una batalla larga y difícil porque si bien hay numerosos ejemplos históricos de este comportamiento de las fuerzas de la derecha, estos son contrapesados por la experiencia del comunismo eurosoviético o sus dos supervivencias más notables en la actualidad, China y Corea del Norte.
El Estado de Bienestar es analizado desde el marxismo como un instrumento funcional al capitalismo en cuanto mediante una serie de concesiones a la clase obrera amortigua el conflicto de clases. La dominación ideológica mencionada anteriormente de hacer aparecer como sinónimos la democracia y el mercado libre, solo sirve de refuerzo al núcleo de la dominación burguesa basada en un pacto social mediante el que los trabajadores además de ciudadanos son consumidores y beneficiarios de un sistema de derechos sociales. ¿Se ha quebrado la médula de este pacto social en Europa con la actual crisis?
Algunos analistas han adelantado la explicación de que la falta de movilizaciones frente al impacto social de la crisis se debe al hecho de que, a pesar de todo el discurso neoliberal, sin embargo, en la práctica, la mayoría de las instituciones del Estado de Bienestar se han mantenido en pie y han funcionado como paraguas protector en esta Europa tocada por la crisis.
Pero debemos preguntarnos primero si el impacto social de la crisis ha sido realmente tan importante hasta el momento. Tomando como indicador el incremento del paro en un año, de mayo de 2008 a marzo de 2009 podemos observar una fuerte dispersión en Europa. La media de la Europa de los 27 ha pasado de un 6,8% a un 8,6% de parados, es decir 1,8%, importante, pero no espectacular. El problema es que frente a una mayoría de países en ese umbral y algunos por debajo, hay especialmente 5 países donde si se ha producido un auge dramático del paro, España, pasando del 10,5% al 18,1%; Letonia, del 6,2% al 17,4%; Lituania, del 4,6% al 16,8%; Estonia, del 3,9% al 13,9%, e Irlanda, del 5,5% al 11,1%.
De los componentes de este grupo especialmente golpeados por el paro, solo Letonia conoció fuertes movilizaciones que llevaron en febrero a la caída del gobierno y la formación de otro también conservador, y el resultado de las actuales elecciones europeas arroja como el partido más votado al conservador Unión Cívica (24,29%), uno de los cinco que forman la coalición gobernante, seguido del representante de la minoría ruso-hablante (16,68%). En España, justamente fue el partido socialista, en el gobierno, el que menos perdidas sufrió entre los grandes de la familia socialdemócrata en Europa. Y la pérdida sufrida por los socialistas no fue en beneficio de su izquierda, que también descendió, sino del derechista Partido Popular.
Si, entonces, el impacto de la crisis en la eurozona no ha sido especialmente devastador en términos de pérdidas de empleo, con la excepción de los países citados, ¿es posible que, además, el mantenimiento de estructuras fundamentales del Estado de Bienestar haya desactivado, por el momento, el dramatismo de una crisis social?
Atilio A. Borón sostiene que “ Si algo ocurrió en los capitalismos metropolitanos en los últimos veinte años ha sido precisamente el notable aumento del tamaño del Estado, medido como la proporción del gasto público en relación al PIB. Lo que ocurrió desde el advenimiento de la crisis del capitalismo keynesiano, a mediados de los setenta, fue un descenso relativo en la tasa de crecimiento del gasto público, pero éste continuó creciendo sin interrupción aunque a un ritmo más lento.
Pero mientras los Estados se agigantan en el corazón de los capitalismos desarrollados, la historia en el mundo de la periferia es completamente distinta. En la reorganización mundial del sistema imperialista que tuvo lugar bajo la égida ideológica del neoliberalismo, los Estados fueron radicalmente debilitados y las economías periféricas sometidas cada vez más abiertamente, y casi sin la mediación estatal, a los influjos de las grandes empresas transnacionales y las políticas de los países desarrollados, principalmente los Estados Unidos” [x]
A partir de la ofensiva iniciada por el tandem Teatcher-Reagan, el neoliberalismo también ha impactado en las estructuras del Estado de Bienestar europeo, en unos países más que en otros, con la expansión del mercado a costa de los servicios públicos y el ataque a las políticas redistributivas. Los recortes han afectado al sistema de pensiones, a las condiciones de empleo y trabajo, a la cobertura sanitaria o al sistema educativo. Pero el núcleo ha persistido y a funcionado, al menos en la parte de la crisis que hemos sufrido hasta el momento. Analizando el ataque sufrido por el Estado de Bienestar [xi] se ha periodizado tres etapas, la de pre-crisis (anterior a 1973), la crisis (mitad de los años 70) y la poscrisis ( de los años 80 en adelante). El resultado final es que fue abandonado el primer componente, el del pleno empleo; mientras que el segundo, los servicios sociales de carácter universal, sufrió solamente de un deterioro menor; y el tercero, el mantenimiento de un nivel mínimo de calidad de vida, fue muy debilitado, produciendo como consecuencia que fuesen los grupos de rentas bajas y otras minorías vulnerables quienes sufriesen lo peor de la política neoliberal.
Es posible que los costes sociales, excepción hecha del grupo de países fuertemente golpeados por el paro, no hayan sido de una intensidad tal que pudiesen provocar una reacción más fuerte de los trabajadores y otras capas sociales.
Pero aunque la crisis hubiese tocado fondo, en primer lugar no se ha producido aún la recuperación y todo parece indicar que ésta será larga y, en segundo lugar, los déficits en que han incurrido los diferentes gobiernos por las enormes ayudas aportadas al sistema financiero y luego al resto de los sectores económicos van a lastrar las cuentas públicas por largo tiempo. En esta situación el pulso social va a continuar para dirimir que sectores sociales van a cargar con la mayor parte del sacrificio de esta crisis.
La reacción xenófoba contra los inmigrantes forma parte de este pulso, también los llamamientos cada vez más insistentes por reformar el mercado de trabajo, léase un despido más fácil y barato, por aumentar la edad de la jubilación y reducir las pensiones, por aumentar los impuestos indirectos, etc.
Europa ha crecido, desde la segunda guerra mundial, asentada en un pacto social en el que los sindicatos han sido un interlocutor importante, cuya práctica algunos analistas han llegado a denominar neocorporativismo.
Si la derecha europea es capaz de maniobrar inteligentemente, manteniendo esa práctica neocorporativista, sujetando a los sindicatos con diversas concesiones, manteniendo el núcleo fundamental del Estado de Bienestar, imponiendo sacrificios diferenciados según capas sociales para romper toda posibilidad de unidad, y difundiendo con éxito un discurso fatalista, es posible que, finalmente, la crisis se supere a costa de las capas populares, con un coste diferenciado según su debilidad y en general en detrimento de los más débiles, y con una mayor sensación de derrota y abatimiento en la izquierda.
La impresión es que la izquierda europea lo tienen difícil en esta coyuntura. Su posición política es de extrema debilidad, como ha demostrado los resultados de las recientes elecciones, su capacidad de influencia en los sindicatos tampoco es muy grande. Pero lo peor que pudiera hacer es ceder a la tentación de huida hacia delante, de utilizar un mensaje más radical cuanto menos influencia social posea, de sustituir estrategias y análisis complejos por consignas altisonantes. Debe sacar lecciones del porque las grandes manifestaciones realizadas en Europa por el movimiento altermundialista, contra la guerra de Irak, o las más recientes contra la crisis no se han transformado en posiciones de poder de la izquierda.
Sin un previo trabajo de análisis sobre la estrategia a seguir, la política de alianzas a establecer, el programa a levantar y los sujetos sociales a los que dirigirse, todo lo demás se parece a una carrera a ninguna parte.
[i] La naturaleza y la funcionalidad del fascismo para el capitalismo han sido objeto de una amplia polémica entre diferentes corrientes políticas, pero este no es el momento adecuado para hacer una exposición de la misma.
[ii] Marta Harnecker, América Latina: inventando para no errar , pág. 4
[iii] Remito a mi artículo Crisis, despegue de la contestación en Europa y las dificultades de la construcción de un nuevo paradigma emancipatorio en la izquierda .
[iv] Remito a mi artículo anterior, Su crisis, nuestra frustración, para el análisis del resultado de las elecciones europeas.
[v] Las cifras utilizadas a continuación han sido recogidas de las siguientes páginas:http://electionresources.org/eastern.europe.html, y http://www.elections2009-results.eu/es/index_es_txt.html
[vi] Vicenç Navarro, ¿Es Europa de derechas? , Rebelión, 16/06/2009
[vii] El Viejo Topo nº 246-7, 2008
[viii] Diego Guerrero (coord). Manual de economía política , pág. 327
[ix] José María Maravall, Los resultados de la democracia , pág. 251-5
[x] Atilio A. Borón, Imperio: dos tesis equivocadas , págs 8-9
[xi] Jorge Benedicto y María Luz Morán (eds.), Sociedad y política , pág. 220