Entrevista a Michel Husson, integrante del Instituto de Estudios Económicos y Sociales francés
Juan Kornblihtt
Bolpress
Integrante del Instituto de Estudios Económicos y Sociales (IRES) ligado a diversos sindicatos franceses y autor de numerosos libros que analizan la dinámica de la acumulación de capital, el economista francés Michel Husson es uno de los marxistas más consultados sobre la crisis mundial. En esta entrevista nos revela parte de su visión sobre la actual crisis. Razones y argumentos para seguir pensando la llamada "crisis sistemática global" para Husson.
Husson ha sido miembro del Comité Central de la Liga Comunista Revolucionaria. Sus libros más recientes son Le grand bluff capitaliste (2001) y Les casseurs de l'Etat social (2003). hussonet.free.fr
P. ¿Cuál es la característica de la crisis actual?
R. Se trata de una crisis sistemática global, lo que significa que afecta a todos los sectores de la economía mundial y que pone en cuestión los fundamentos mismos del modo de producción capitalista. La crisis comenzó como una crisis financiera, pero, fundamentalmente, remite a la separación creciente entre la búsqueda de una híper rentabilidad y la satisfacción de las necesidades sociales.
Las transformaciones del sistema financiero deben ser analizadas en base a dos tendencias esenciales que ocurren desde principios de los años '80. La primera, es el alza tendencial de la tasa de explotación: en casi todo el mundo, la parte de la riqueza producida que corresponde a los asalariados está en baja, y los países emergentes no son la excepción a esta tendencia. Incluso el FMI o la Comisión Europea lo constatan. Esta baja de la parte salarial permitió una recuperación espectacular de la tasa media de ganancia a partir de mediados de los '80. Sin embargo, la segunda tendencia, muestra que la tasa de acumulación continuó fluctuando a un nivel inferior al previo a la crisis. Dicho de otra forma, la punción sobre los salarios no ha sido utilizada para invertir más. El "teorema de Schmidt" enunciado por el canciller alemán Helmut Schmidt, a principio de la década de 1980 ("las ganancia de hoy son las inversiones de mañana y los empleos de pasado mañana"), no funcionó.
Esta masa creciente de plusvalía no acumulada fue distribuida principalmente bajo la forma de ingresos financieros, siendo la fuente del proceso de financiarización. La diferencia entre la tasa de ganancia y la tasa de inversión es de por sí un buen indicador del grado de financiarización. También podemos verificar que la suba del desempleo y de la precariedad laboral se encuentra a la par del crecimiento de la esfera financiera. Incluso aquí, la razón es simple: el sector financiero logró captar la mayor parte de los aumentos de la productividad en detrimento de los asalariados, reduciendo los salarios y sin reducir de forma suficiente, incluso aumentando, la duración de la jornada laboral. La relación entre capital productivo y capital financiero se modificó profundamente y las exigencias de una híper rentabilidad pesan, por un efecto feedback, sobre las condiciones de explotación.
Sin embargo, no podemos aplicar al capitalismo contemporáneo una lectura "financierista" que consistiría en distinguir una tendencia autónoma hacia la financiarización que vendría a parasitar el funcionamiento normal del "buen" capitalismo industrial. Esto vendría a disociar artificialmente el rol de las finanzas y el de la lucha de clases por el reparto del valor agregado. Se debe articular correctamente el análisis de los fenómenos. A partir del momento en el cual la tasa de ganancia aumenta gracias al retroceso salarial, sin producir oportunidades de acumulación rentable, las finanzas empiezan a jugar un rol funcional en la reproducción procurando salidas alternativas a la demanda salarial: el consumo de los rentistas y el sobreendeudamiento de los obreros.
Esta aproximación se refuerza cuando se tiene en cuenta la mundialización. En la progresiva constitución de un mercado mundial, las finanzas juegan hoy un papel que consiste en abolir, dentro de sus posibilidades, las delimitaciones de espacios de valorización. La gran fuerza del capital financiero es ignorar las fronteras geográficas o sectoriales, porque se da los medios para pasar de una zona económica a otra muy rápido, y de una rama a otra: los movimientos de capitales pueden, a partir de ahora, desarrollarse a una escala considerablemente ampliada. La función de las finanzas es endurecer las leyes de la competencia al hacer más fluidos los movimientos del capital. Parafraseando lo que Marx dice del trabajo, podríamos esbozar que las finanzas mundializadas son el proceso de abstracción concreto que somete a cada capital individual a una ley del valor, donde el campo de aplicación se extiende sin cesar. La característica principal del capitalismo contemporáneo no reside entonces en la oposición entre un capital financiero y un capital productivo, sino en la híper competencia entre capitales como resultado de la financiarización.
Fundamentalmente, esta crisis es una crisis de la forma capitalista de satisfacer las necesidades sociales. Existe una brecha creciente entre la demanda social y lo que el capitalismo puede producir de acuerdo a normas de rentabilidad más y más exigentes. El ensanchamiento creciente entre la tasa de ganancia (creciente) y la tasa de acumulación (estable) se explica de esta forma: las oportunidades de inversión rentables se vuelven más raras en detrimento de necesidades insatisfechas. Un economista francés llegó a decir que la verdadera regulación del capitalismo supondría que éste aceptase funcionar con una menor rentabilidad. Es a la vez cierto, en este sentido, que la búsqueda de maximizar la ganancia aleja del óptimo social. Pero al mismo tiempo es ingenuo, porque, retomando una expresión de Marx, esta reivindicación es completamente ajena al capital.
P. ¿Es comparable con la crisis de 1930? La salida de la crisis mundial del ‘30 precisó de la segunda guerra mundial para relanzar la acumulación, ¿el capital puede relanzarse sin destruir el capital sobrante y aumentar la tasa de explotación como en ese entonces?
R. Este tipo de comparaciones es un poco académica y tiene el riesgo de ser un obstáculo al análisis concreto. Hay ciertos puntos comunes, pero puede ser útil insistir sobre las principales diferencias. La primera es que se trata, hoy en día, de una crisis que golpea a todos los sectores de una economía mucho más mundializada. La segunda, es que los gobiernos aprendieron y evitaron los errores de política económica que agravaron los efectos de la crisis en los años ‘30. Luego, está la historia: el mundo no pudo salir de esa crisis sino a partir del estruendo y la furia (fascismo y guerra mundial) en un contexto dominado por el enfrentamiento entre "bloques". Después de la segunda guerra mundial, se instaló hasta principios de los '80 un capitalismo más regulado, calificado, para ser simples, de keynesianismo.
Toda la cuestión es saber si existe un escenario similar en la crisis actual. En términos absolutos, podríamos imaginar que la debacle del neoliberalismo puede desembocar en un retorno a este tipo de capitalismo regulado. No obstante, y es sin duda la lección que nos da la gran crisis precedente, eso no será posible sino por medio de choques económicos, sociales y políticos de una amplitud comparable. Estamos autorizados a pensar que incluso podrían implicar una puesta en cuestión de la lógica capitalista. Sin esta presión social, el escenario más probable es bastante sombrío: una regresión social gestionada de forma autoritaria por las clases dominantes, con formas de repliegue nacional o regional, en un clima de guerra económica generalizada y de dislocación social. Esta visión pesimista corresponde a una apreciación realista de la profundidad de la crisis y de la violencia que las clases dominantes están preparadas a ejercer para mantener el orden establecido y sus privilegios. La dictadura de la economía sobre las aspiraciones sociales va, por lo tanto, a volverse todavía más brutal.
P. La crisis ha tenido un particular impacto en Europa, con un fuerte aumento del desempleo y una contracción industrial. ¿Por qué Europa es una de las más afectadas, si el epicentro es en EE.UU.?
R. La transmisión de la crisis nacida en los EE.UU. al resto del mundo, y por lo tanto a Europa, se produjo en tres tiempos. En el primer tiempo los productos financieros tóxicos tenían una vocación de expansión a escala mundial y lograron colocarse en las carteras de los bancos, incluidos los europeos. De allí que las quiebras o casi quiebras bancarias y los derrumbes de los mercados financieros e inmobiliarios golpearon a países como el Reino Unido o aún más a España, donde el boom inmobiliario se interrumpió brutalmente. En un segundo tiempo, las restricciones del crédito (credit crunch) pesaron sobre la actividad de las empresas y el consumo. Para el tercer tiempo, el descenso de la actividad se convirtió en una bola de nieve a través del comercio internacional. En Alemania, donde las exportaciones representan el 45% del PBI, la recesión es particularmente severa.
P. ¿Qué efectividad tendrán los planes anti-crisis de los gobiernos de EE.UU. y Europa?
R. Los planes de relanzamiento plantean dos tipos de problemas: su tamaño y sus posibles efectos. Los planes europeos están sub-dimensionados en relación al de los EE.UU. Pero el principal déficit es la falta de coordinación que muestra la inadecuación de las instituciones europeas a esta coyuntura de crisis, evidenciado en un presupuesto europeo insuficiente. Algunos países, como Italia y en menor medida Francia, se juegan a la opción del "pasajero clandestino", que consiste en esperar que los vecinos relancen su propia demanda. Otros esperan relanzar su mercado interno contra los demás países a partir de medidas fiscales como la baja del IVA en el Reino Unido. La crisis no es entonces la ocasión de solucionar esta falta de coordinación lanzando, por ejemplo, programas de inversión pública social y ecológicamente útiles. No existe una política de cambio con respecto al dólar y el único acuerdo alcanzado se basa en la necesidad de profundizar las políticas neoliberales de privatización y flexibilidad del mercado de trabajo.
En cuanto a los EE.UU., están enfrentando un dilema. Si los hogares se desendeudan y aumentan su tasa de ahorro, se va a reducir el consumo y el crecimiento no podría volver a arrancar. Si el gasto público toma la posta, el déficit comercial exterior se va a profundizar otra vez y el flujo de capital necesario para su financiamiento puede convertirse en un problema. Es una gran incógnita qué va a pesar sobre la trayectoria de la economía mundial.
P. Dichos planes están llevando a una expansión del déficit fiscal, ¿estamos ante una nueva "burbuja" de capital ficticio, pero ahora en el Estado? ¿Cuáles son las perspectivas frente a esta expansión de la deuda estatal?
R. Como no fue tomada ninguna medida seria de regulación, el riesgo es, en efecto, una huída hacia adelante en una nueva burbuja. Podría ser de nuevo en torno a las materias primas como el petróleo o incluso el llamado "capitalismo verde", como se observa en el nuevo campo especulativo que se abre con los mercados de permisos de emisión de CO2. Lo que es seguro, es que los países van a acumular enormes déficits presupuestarios. Para 2010, la OCDE prevé que alcanzaran el 7% del PBI en la zona Euro y el 12% en los EE.UU. Al mismo tiempo, la destrucción de empleos hará aumentar la tasa de desempleo. Según la OCDE, se pasará entre el 2008 y el 2010 de un 7,5% a un 11,7% en la zona Euro y de un 5,8% a un 19,3% en los EE.UU. La cuestión de la vuelta al crecimiento después de 2010 se planteará entonces en un contexto marcado por objetivos contradictorios: mejorar la competitividad creando empleos y relanzar la demanda efectuando nuevos golpes en los presupuestos sociales con el fin de reducir los déficits fiscales.
P. En una entrevista usted señalaba que la crisis puede llevar a un crecimiento más autocentrado de los países emergentes, incluido China, poniendo como ejemplo la ISI en América Latina. Incluso afirmaba que es posible que el impacto de la crisis no sea tan fuerte. Sin embargo, la base de acumulación de estos países, incluso en el período de la llamada ISI, siguió siendo la exportación de materias primas y sus economías estuvieron atadas a fuertes ciclos en función del mercado mundial. En efecto, lo favorable no fue la crisis, sino la segunda guerra mundial, que hizo subir los precios de las commodities. En este sentido, ¿por qué una crisis puede ser "favorable" para los países de América Latina?
R. Durante un tiempo, sostuvimos la tesis del desacople: los países emergentes escaparían en parte de la crisis y podrían mantener el ritmo de crecimiento. No ocurrió por la interdependencia de las diferentes economías nacionales en el seno de la economía mundial. La crisis no ofrece entonces un desenlace mecánico para los países emergentes. Sin embargo, la contracción del sector externo puede dar impulso a un doble proceso de focalizarse sobre la demanda interna y de la regionalización de los intercambios sobre los principios del ALBA.
Con todo, esta reorientación no tiene nada de mecánico y se enfrenta a dos tipos de obstáculos. El primero es social y resulta de la resistencia de los intereses sociales dominantes cuyo proyecto es volver al business as usual que les conviene. Es la oportunidad de insistir sobre un punto general pero muy importante: toda salida de una crisis impone un cuestionamiento de intereses sociales dominantes. El segundo es de orden económico: la relativa rigidez de la división internacional del trabajo instalada por la mundialización vuelve incierta una transición de este estilo que no podrá ser inmediata.
P. ¿Cuál es el rol que jugará China, teniendo en cuenta que su expansión reside en la exportación de mercancías a EE.UU. y que un aumento de su poder adquisitivo interno implicará una pérdida de competitividad?
R. El modelo de crecimiento chino no puede continuar indefinidamente porque es aberrante: un peso excesivo de las exportaciones (43% del PBI en 2007) y de las inversiones (42,7%) y parte decreciente del consumo privado y público en los gastos (49,6% del PBI en 2007). Por lo tanto, está expuesta a riesgos de sobreacumulación y, simétricamente, de subconsumo. El excedente exterior jugó un rol durante los últimos años, pero está amenazado por el menor crecimiento de las exportaciones y, en un plazo mayor, por la dependencia energética creciente.
En lo inmediato, China necesita centrarse sobre su mercado interno bajo la presión de las tensiones sociales. Estas preocupaciones sociales y energéticas están, de hecho, muy presentes en las medidas de estímulo tomadas por el gobierno chino. Sin embargo, esta reconversión del modelo de crecimiento se enfrenta de la misma forma que en los EE.UU. al cuestionamiento de las desigualdades sociales que implica.
P. La magnitud de la crisis plantea serios problemas para la acción de la clase obrera, marcando serios límites para cualquier reivindicación reformista por la incapacidad del sistema de resolverla. ¿Cómo ve las perspectivas revolucionarias, en particular en Francia?
R. De forma un poco abstracta, podríamos decir que, a los efectos de la crisis, la estrategia revolucionaria debe buscar organizar el movimiento de la resistencia hacia una perspectiva anticapitalista. Toda situación de crisis es, desde este punto de vista, profundamente contradictoria: el desempleo debilita a la clase obrera, el miedo al caos puede engendrar conservadurismo o resignación. Pero al mismo tiempo hay una profunda debacle no sólo de la economía sino también de la ideología dominante: el capitalismo nos da hoy la demostración de no poder responder a las necesidades básicas de la mayoría de la humanidad. La crisis cuestiona todos los preceptos neoliberales y hace caer muchos tabúes. Que podamos tener hoy una gran respuesta al proponer la nacionalización de los bancos es un síntoma entre muchos otros. La crisis hace también nacer un profundo sentimiento de injusticia frente a la violencia de los propietarios por defender sus privilegios.
Por todo esto, hay que respaldar reivindicaciones transitorias fundadas en la idea de control: control sobre los fondos públicos entregados a los bancos y las empresas y control sobre el empleo a través de la lucha contra los despidos. De esta idea de control, podemos pasar a un cuestionamiento concreto a la propiedad privada. Esta perspectiva se enfrenta, en Europa, a los proyectos socialdemócratas y a la dificultad de una salida política. En Francia, las luchas de resistencia son por el momento dispersas y podríamos decir que los países oscilan entre la resignación y la explosión social. Para la izquierda radical, la agenda consiste en poner adelante la perspectiva de un movimiento de unidad, construyendo frentes de lucha que permitan la expresión de una radicalización de las masas.
* Integrante del CEICS (Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales).
Fuente: Observatorio Marxista de Economía - boletín Nº 12 - Julio de 2009
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viernes, 21 de agosto de 2009
jueves, 20 de agosto de 2009
Necesitamos otra definición de "izquierda"
¿Por qué la "izquierda" es un problema difícil para Cuba?
Miguel Manzanera
Rebelión
Después de leer las observaciones de Boaventura de Sousa Santos sobre Cuba (en su artículo, ¿Por qué Cuba es un problema difícil para la izquierda?, publicado en rebelion en abril), me ha parecido necesario escribir acerca de lo que yo creo que es la importancia que la República de Cuba tiene para la humanidad actual. Quizás es porque soy de los cree que la pregunta del título está mejor formulada de forma inversa y que el modo en que se organiza la vida social en Cuba es la solución a muchos problemas de la humanidad actual.
Lo primero es aclarar qué significa ‘izquierda’ en la pregunta retórica que encabeza el artículo. Estoy de acuerdo con Santos cuando señala que el objetivo de la izquierda es conseguir una democracia participativa; las organizaciones de izquierda son aquellas que contribuyen a los procesos de profundización de la democracia, en los que -como ahora se suele decir- se produce el empoderamiento de la sociedad civil. El pensamiento de izquierda da la razón de esos procesos y, para ello, desarrolla una confianza crítica en la razón de las gentes y los pueblos. Además en base a la experiencia histórica, percibe que los obstáculos, que el orden social capitalista opone a la realización democrática de la sociedad, son tan fuertes, que se hace necesario modificar ese orden social hasta dar lugar a una nueva sociedad socialista.
La derecha por el contrario, dirá que los obstáculos a la democracia participativa no están en el capitalismo, sino en la naturaleza humana. Por tanto, hay que demostrarle al pensamiento de derechas -¡y a nosotros mismos!-, primero, que el problema de la democracia no es natural, sino histórico; y segundo, que la democracia es necesaria para resolver los graves problemas de la humanidad actual de un modo razonable y racional. Por eso, se trata de establecer si en la República de Cuba se han producido los procesos de participación pública en las decisiones políticas, si existe un empoderamiento de la sociedad y cuáles son las consecuencias de ese empoderamiento. Por mi parte, intentaré demostrar que la República de Cuba es la mejor prueba que conozco de que se pueden superar los obstáculos a la democracia participativa en un sistema social adecuado.
¿Qué es una democracia radical o participativa?
En toda sociedad existe un tejido asociativo de organizaciones civiles, nacidas para satisfacer los intereses de los ciudadanos, -intereses de todo tipo, culturales, científicos, artísticos, religiosos, deportivos, etc.-; todo sistema político se asienta sobre un sistema de relaciones sociales prepolíticas, que constituyen la moralidad ciudadana. Cuando esas redes asociativas son activas en la determinación de la agenda política, surgen los movimientos sociales –pacifismo, ecologismo, feminismo, etc.-; y si éstos tienen la capacidad de incidir sobre las decisiones que afectan al desarrollo de la vida ciudadana, entonces nos encontramos con lo que llamamos una democracia participativa.
Para que las asociaciones ciudadanas puedan influir en la agenda política, llamando la atención sobre los problemas esenciales que atañen a la sociedad, es necesario que las personas hayan tomado conciencia de ellos. Por poner un ejemplo, hasta hace relativamente poco tiempo, en la época de Aznar la violencia contra las mujeres no parecía ser un problema para el Estado español, hasta el punto de que los ciudadanos que estamos sometidos a ese Estado, no sabíamos que asesinaban a varias decenas de mujeres todos los años. Lo fuimos descubriendo porque el movimiento feminista hizo posible que el problema apareciera en los medios de comunicación y se hiciera una ley que intenta evitar el problema. El problema está ya en la agenda política, pero todavía no se ha resuelto; en parte por la manera en que ese problema está tratado por el poder y por los medios de comunicación, y en parte también porque la sociedad civil no ha construido todavía los resortes que puedan resolverlo. En una sociedad tan conservadora como la española, dominada por una jerarquía eclesiástica profundamente misógina como es la católica, incluso lo que se ha conseguido en el terreno legal podría quedar sin efectividad práctica. Si se produjera una contrarrrevolución conservadora en ese terreno -conociendo España y sus tradiciones-, puedo imaginar con espanto que quizás alcanzara proporciones semejantes a lo que sucedió con la clase obrera en la guerra civil.
El ejemplo histórico debe aclarar lo que quiero señalar. El objetivo de la izquierda es conseguir una democracia participativa en la que los ciudadanos pueden determinar las decisiones políticas que les afectan, sobre el fundamento del robustecimiento de la sociedad civil, el fortalecimiento de la conciencia personal, alcanzando una mayor justicia en la organización social. Sólo con esa condición pueden las leyes ser efectivas. ¿De qué sirve una ley que la sociedad no reconoce? A menos que el Estado pueda ejercer la violencia suficiente para imponerla contra la opinión pública. Otra cosa es que la sociedad civil ande dividida y el Estado se apoye en un sector contra el otro; lo que constituye el problema de las clases sociales. Para ser más precisos, el Estado tiene siempre un carácter de clase, y es claro que más democrático es el Estado obrero que el burgués. Aunque el Estado obrero puede también fracasar al construir la democracia radical, el burgués suele convertirse indefectiblemente en una oligarquía.
Como intenta mostrar Santos, en una democracia participativa el Estado depende de la sociedad civil, y no a la inversa como sucede en el Estado capitalista; para que eso sea posible es necesario la existencia de dicha sociedad civil, compuesta por asociaciones de personas conscientes, cuya práctica tiende a obtener fines racionales de organización social. En Cuba el entramado institucional de asociaciones sociales han alcanzado un alto nivel de conciencia política y social, si bien el papel tutelar del Estado no ha sido todavía superado. Es este aspecto el que Santos parece criticar, puesto que además una especie de sociedad civil independiente ha aparecido en el terreno económico clandestino. Así nos encontramos en una típica paradoja hegeliana, según la cual el concepto de sociedad civil se refiere a los individuos egoístas que se relacionan a través del mercado. En ese sentido la situación es explosiva, y quizás ya habría explotado si no fuera porque hay una evolución latinoamericana hacia el socialismo.
Pero hay un pequeño detalle que demuestra que la situación no es tan grave, como podría parecer. Me refiero al control del dólar en la economía cubana, cuando el Estado fue capaz de sacar el dólar de la circulación monetaria de la economía cubana. Un ejemplo nada desdeñable, por cuanto la economía latinoamericana está dolarizada y países mucho más fuertes que Cuba en aquel continente, estarían contentos de poder hacer lo mismo. La fortaleza de la relación entre la sociedad civil y el Estado cubano, viene a mostrarse en este detalle.
¿Qué izquierda ha fracasado en el siglo XX y por qué?
Santos comienza definiendo a la izquierda como la aspiración a un sistema social postcapitalista, una sociedad alternativa a la actual que sería necesariamente socialista. Sobre la base de esta definición resulta claro que existirán entonces muchas izquierdas, tantas como imágenes del futuro postcapitalista quepan en la fantasía de las personas. Por eso dijo Marx que el futuro hay que dejárselo a nuestros descendientes y no prejuzgar cómo va a ser. Lo que no significa que tengamos que actuar irresponsablemente, ni mucho menos. Todo lo contrario, si tenemos un mínimo de personalidad, convendremos en que nuestra obligación es dejar a los que vengan detrás un mundo mejor, o al menos, no peor que este que nos ha tocado a nosotros. Por eso debemos pensar en las consecuencias de nuestros actos –por ejemplo, en lo que toca a las cuestiones ambientales-.
Lo que ha cambiado radicalmente en el siglo XX es la percepción del futuro. La Ilustración nos legó en herencia un puñado de ideales que constituyen el fundamento moral de nuestra civilización. Pero también nos dejó el legado de las ilusiones acerca del Progreso. Y esas ilusiones son las que se han acabado en el siglo XX. Por eso, una ‘izquierda’ que se funda en un futuro ilusorio para la humanidad, en un mundo de abundancia como Jauja de las fantasías populares, no tiene nada que decirnos en el siglo XXI. Estoy pensando en Breznev proclamando el comunismo en la extinta U.R.S.S., o en Stalin imponiendo un desarrollo de las fuerzas productivas fundado en el terror. Pero también en los socialdemócratas prometiendo el desarrollo económico sin fin del capitalismo y el bienestar consumista. Son corrientes de pensamiento en dependencia de la idea ilustrada de Progreso, una izquierda con connotaciones liberales. Y es para éstos que Cuba puede ser un ‘problema difícil’. Ya nos advirtió Walter Benjamin que una izquierda no reformista y revolucionaria no se fundaría en la idea de un futuro mejor, el paraíso postcapitalista, sino en la idea de una justicia que se realiza en la historia, es decir, en la memoria de las víctimas.
Esa izquierda progresista contaminada de utilitarismo, considera que la felicidad es la satisfacción de múltiples necesidades y deseos a través de los bienes producidos socialmente. El otro día vi un mapa sobre el sufrimiento humano, producido por una ONG respetable y políticamente correcta, en la que los países occidentales gozaban de una envidiable posición en el ránking de la felicidad, entendida como la satisfacción de necesidades gracias al consumo de bienes. Así, la ausencia de sufrimiento se entiende como acceso a los productos del mercado, y los países pobres son también países sufrientes. Cuba aparece entre los países que no han conseguido alcanzar el máximo de felicidad que permite el mercado; por tanto, un país no deseable.
Conviene aclarar el origen del equívoco, que a mi juicio está en una interpretación de marxismo con raíces en la tendencia socialdemócrata, aunque aparezca disfrazada de comunismo; ésta prometía que el socialismo iba a ser un modo de producción más eficaz en la creación de utilidades públicas. Pero ¿qué hemos de entender por utilidades? A veces parece que se entienden esas utilidades como bienes de consumo, lo que debe ser radicalmente corregido.
La versión del marxismo que se practicó en la U.R.S.S. -y que se estrelló contra la realidad-, proclamó la superioridad económica del socialismo, pero no fue capaz de demostrarlo. En realidad se limitó a imitar las técnicas más avanzadas de producción capitalista, como el fordismo y el taylorismo, en condiciones de planificación política de la economía. Una versión que está dispuesta a militar en el comunismo sólo en la medida en que resulta necesario para el desarrollo económico de países periféricos, como en el caso actual de la República China. Es claro que eso es insatisfactorio, aunque no se le puedan negar a países como China o Rusia su derecho al desarrollo.
El socialismo será un sistema de máximo bienestar para el pueblo, no me cabe duda, pero habrá que saber en qué consiste ese bienestar y qué máximo es posible alcanzar. Tener coches para todos los ciudadanos no es posible de alcanzar, y ni siquiera es bienestar. Y es cierto que la economía marxista debe sustituir los valores monetarios del marcado por la utilidad de los bienes; pero hay que descubrir qué es útil a los ciudadanos: ¿tal vez, el conocimiento y la salud?; ¿por eso en Cuba se ha construido un extraordinario edificio estatal que produce educación y sanidad para los ciudadanos?
Quizás alguien esté pensando en aquellos ciudadanos que prefieren tener un coche último modelo, antes que saber resolver un algoritmo matemático, aunque sea de los más sencillos. Entre mis alumnos abundan este tipo de ciudadanos producidos en masa por el sistema social en el que vivimos. El único problema que tienen esas preferencias es que son injustas: es imposible que todo el mundo pueda disfrutar de un coche último modelo, y si uno lo disfruta es que algún tipo de fraude se está produciendo.
¿Qué izquierda, pues?
Pero el mundo da muchas vueltas y en cincuenta años la izquierda ha evolucionado mucho. En primer lugar, la gente inteligente, bien informada y sin prejuicios partidistas, se ha hecho ecologista al darse cuenta de la magnitud imponderable de la crisis ambiental creada por el capitalismo. Para esta izquierda el problema difícil no es Cuba, se lo aseguro, puesto que Cuba es un país sostenible según las investigaciones realizadas por una ONG nada sospechosa (ADENA-WWF en su Informe Planeta Vivo 2006). Eso demuestra que Cuba no es un problema de difícil solución desde el punto de vista ecológico; por el contrario, Cuba es la solución al difícil problema ambiental de la sociedad capitalista tardía, que se origina por la necesidad y la costumbre de consumir sin tasa ni moderación, lo que nos lleva al colapso ecológico y el desastre ambiental.
Son aquellos izquierdistas que consideran que se trata de producir más y mejor bienes de consumo para satisfacer sin restricciones cualesquiera necesidades o deseos humanos los que temen que Cuba sea la verdad del socialismo como única posibilidad de la humanidad futura. Izquierda liberalizante o socialdemocráta, que creen en sofismas del tipo ‘vicios privados, públicas virtudes’, hay que multiplicar los deseos y necesidades para incrementar la producción; la naturaleza humana como un pozo sin fondo de deseo insaciables excitado por la publicidad.
El problema es definir la felicidad, y es aquí donde esa izquierda se muestra como una segunda versión de la tradición capitalista. Pero la exploración del concepto de felicidad por los individuos de la especie humana es mucho más rica y variada de lo que suponen los izquierdistas contaminados de capitalismo. Podríamos hablar de la felicidad masoquista de los cristianos –participando de la pasión de Cristo por el sufrimiento-, pero es claro que parece inaceptable en ciertos ambientes. Es más justo mencionar la coherencia moral de la ética clásica griega, que conocemos a través de la filosofía, y que cifraba la felicidad en el autodominio de la personalidad por la razón humana, la capacidad reflexiva y el conocimiento de sí mismo. Este es un programa de felicidad mucho más coherente con los problemas ambientales de la coyuntura histórica, que exigen la moderación del consumo y una extraordinaria racionalidad de la producción económica; si es que de verdad queremos resolver esos problemas.
Lo que nos muestra esa tradición filosófica -que es la nuestra-, es que los ideales juegan un papel importante en la construcción de la personalidad individual. Y aquí aparece otro de los aspectos de lo que hemos llamado hasta ahora ‘izquierda’, lo que Marx llamaba el ‘materialismo vulgar’, un materialismo sin ideales –y que un poeta de nuestro pagos definió como ‘ciencia sin raíces’-. Un aspecto fundamental de una sociedad avanzada son sus personalidades formadas mediante una conciencia basada en ideales –y el ideal evidente de la satisfacción de los Derechos Humanos de todos y cada uno de los seres humanos-.
En este sentido la República de Cuba y sus ciudadanos son ejemplares. Admirable es que uno encuentre médicos, educadores y asistentes cubanos entre los desheredados de la tierra, resolviendo algunas necesidades básicas y nada espúreas. Es claro que esa atención no genera dividendos ni permite aumentar en mucho el consumo. Por tanto, que no vengan a hablar de los derechos de la minoría cubana liberal, que quiere hacer valer su derecho al consumo y está dispuesta a apoyar el uso del terrorismo para acabar con el socialismo. La libertad de mercado, defendida por las armas del Imperio, frente a las numerosas libertades y derechos a los que una persona se hace acreedora en pleno siglo XXI. Como todos saben, Cuba ha pertenecido a la Comisión de Derechos Humanos de la O.N.U., organismo de máxima confianza en este terreno. Comisión que por otra parte ha condenado reiteradamente a algunos países que presumen de democráticos.
Por tanto yo diría que necesitamos otra definición de ‘izquierda’, si queremos hacer compatible la realidad que la experiencia cubana nos muestra y nuestro deseo de transfomar el mundo. No vale cualquier modelo, por más ilusiones que nos hagamos; vale el modelo que resiste la prueba de la práctica. Y lo que propongo es una izquierda que se caracterice por el combate a favor de lo que vamos a llamar la ‘profundización de la democracia’, esto es, la extensión y la radicalización de los derechos democráticos de la ciudadanía, la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones que les afectan, la resolución de los problemas humanos a partir de la conciencia personal y no mediante tecnologías más o meno sofisticadas. La resolución moral de los problemas y no la solución técnica.
No quiero decir que no haya que progresar científica y tecnológicamente. Pero hay que saber que cada transformación tecnológica exige modificaciones en la cultura y en las instituciones sociales, y por tanto también en la moral pública y la conciencia de las personas. El tremendo problema del crecimiento de la población mundial, tiene una sencilla solución en la emancipación de las mujeres respecto del yugo machista. Está comprobado que la independencia de las mujeres es mucho más eficaz para hacer descender la tasa de natalidad, que una legión de médicos recetando anticonceptivos o practicando operaciones de esterilización forzosa. Y la emancipación de las mujeres es una cuestión moral, no técnica.
Y esto es así porque estamos llegando a los límites del desarrollismo capitalista, con la destrucción ambiental y el agotamiento de las materias primas. Por lo tanto, señores socialdemócratas vayan revisando su doctrina, porque el mundo se acaba en la próxima esquina del tiempo, a menos que seamos capaces de vivir de otra forma. Cosa, por lo demás, que sería cada vez más dudosa después de varias décadas de neoliberalismo, sino fuera porque Cuba está ahí para darnos la esperanza; Cuba, la auténtica esperanza de la humanidad. En América Latina han empezado a comprenderlo. En Europa quedan muchos años para reconocerlo.
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Miguel Manzanera
Rebelión
Después de leer las observaciones de Boaventura de Sousa Santos sobre Cuba (en su artículo, ¿Por qué Cuba es un problema difícil para la izquierda?, publicado en rebelion en abril), me ha parecido necesario escribir acerca de lo que yo creo que es la importancia que la República de Cuba tiene para la humanidad actual. Quizás es porque soy de los cree que la pregunta del título está mejor formulada de forma inversa y que el modo en que se organiza la vida social en Cuba es la solución a muchos problemas de la humanidad actual.
Lo primero es aclarar qué significa ‘izquierda’ en la pregunta retórica que encabeza el artículo. Estoy de acuerdo con Santos cuando señala que el objetivo de la izquierda es conseguir una democracia participativa; las organizaciones de izquierda son aquellas que contribuyen a los procesos de profundización de la democracia, en los que -como ahora se suele decir- se produce el empoderamiento de la sociedad civil. El pensamiento de izquierda da la razón de esos procesos y, para ello, desarrolla una confianza crítica en la razón de las gentes y los pueblos. Además en base a la experiencia histórica, percibe que los obstáculos, que el orden social capitalista opone a la realización democrática de la sociedad, son tan fuertes, que se hace necesario modificar ese orden social hasta dar lugar a una nueva sociedad socialista.
La derecha por el contrario, dirá que los obstáculos a la democracia participativa no están en el capitalismo, sino en la naturaleza humana. Por tanto, hay que demostrarle al pensamiento de derechas -¡y a nosotros mismos!-, primero, que el problema de la democracia no es natural, sino histórico; y segundo, que la democracia es necesaria para resolver los graves problemas de la humanidad actual de un modo razonable y racional. Por eso, se trata de establecer si en la República de Cuba se han producido los procesos de participación pública en las decisiones políticas, si existe un empoderamiento de la sociedad y cuáles son las consecuencias de ese empoderamiento. Por mi parte, intentaré demostrar que la República de Cuba es la mejor prueba que conozco de que se pueden superar los obstáculos a la democracia participativa en un sistema social adecuado.
¿Qué es una democracia radical o participativa?
En toda sociedad existe un tejido asociativo de organizaciones civiles, nacidas para satisfacer los intereses de los ciudadanos, -intereses de todo tipo, culturales, científicos, artísticos, religiosos, deportivos, etc.-; todo sistema político se asienta sobre un sistema de relaciones sociales prepolíticas, que constituyen la moralidad ciudadana. Cuando esas redes asociativas son activas en la determinación de la agenda política, surgen los movimientos sociales –pacifismo, ecologismo, feminismo, etc.-; y si éstos tienen la capacidad de incidir sobre las decisiones que afectan al desarrollo de la vida ciudadana, entonces nos encontramos con lo que llamamos una democracia participativa.
Para que las asociaciones ciudadanas puedan influir en la agenda política, llamando la atención sobre los problemas esenciales que atañen a la sociedad, es necesario que las personas hayan tomado conciencia de ellos. Por poner un ejemplo, hasta hace relativamente poco tiempo, en la época de Aznar la violencia contra las mujeres no parecía ser un problema para el Estado español, hasta el punto de que los ciudadanos que estamos sometidos a ese Estado, no sabíamos que asesinaban a varias decenas de mujeres todos los años. Lo fuimos descubriendo porque el movimiento feminista hizo posible que el problema apareciera en los medios de comunicación y se hiciera una ley que intenta evitar el problema. El problema está ya en la agenda política, pero todavía no se ha resuelto; en parte por la manera en que ese problema está tratado por el poder y por los medios de comunicación, y en parte también porque la sociedad civil no ha construido todavía los resortes que puedan resolverlo. En una sociedad tan conservadora como la española, dominada por una jerarquía eclesiástica profundamente misógina como es la católica, incluso lo que se ha conseguido en el terreno legal podría quedar sin efectividad práctica. Si se produjera una contrarrrevolución conservadora en ese terreno -conociendo España y sus tradiciones-, puedo imaginar con espanto que quizás alcanzara proporciones semejantes a lo que sucedió con la clase obrera en la guerra civil.
El ejemplo histórico debe aclarar lo que quiero señalar. El objetivo de la izquierda es conseguir una democracia participativa en la que los ciudadanos pueden determinar las decisiones políticas que les afectan, sobre el fundamento del robustecimiento de la sociedad civil, el fortalecimiento de la conciencia personal, alcanzando una mayor justicia en la organización social. Sólo con esa condición pueden las leyes ser efectivas. ¿De qué sirve una ley que la sociedad no reconoce? A menos que el Estado pueda ejercer la violencia suficiente para imponerla contra la opinión pública. Otra cosa es que la sociedad civil ande dividida y el Estado se apoye en un sector contra el otro; lo que constituye el problema de las clases sociales. Para ser más precisos, el Estado tiene siempre un carácter de clase, y es claro que más democrático es el Estado obrero que el burgués. Aunque el Estado obrero puede también fracasar al construir la democracia radical, el burgués suele convertirse indefectiblemente en una oligarquía.
Como intenta mostrar Santos, en una democracia participativa el Estado depende de la sociedad civil, y no a la inversa como sucede en el Estado capitalista; para que eso sea posible es necesario la existencia de dicha sociedad civil, compuesta por asociaciones de personas conscientes, cuya práctica tiende a obtener fines racionales de organización social. En Cuba el entramado institucional de asociaciones sociales han alcanzado un alto nivel de conciencia política y social, si bien el papel tutelar del Estado no ha sido todavía superado. Es este aspecto el que Santos parece criticar, puesto que además una especie de sociedad civil independiente ha aparecido en el terreno económico clandestino. Así nos encontramos en una típica paradoja hegeliana, según la cual el concepto de sociedad civil se refiere a los individuos egoístas que se relacionan a través del mercado. En ese sentido la situación es explosiva, y quizás ya habría explotado si no fuera porque hay una evolución latinoamericana hacia el socialismo.
Pero hay un pequeño detalle que demuestra que la situación no es tan grave, como podría parecer. Me refiero al control del dólar en la economía cubana, cuando el Estado fue capaz de sacar el dólar de la circulación monetaria de la economía cubana. Un ejemplo nada desdeñable, por cuanto la economía latinoamericana está dolarizada y países mucho más fuertes que Cuba en aquel continente, estarían contentos de poder hacer lo mismo. La fortaleza de la relación entre la sociedad civil y el Estado cubano, viene a mostrarse en este detalle.
¿Qué izquierda ha fracasado en el siglo XX y por qué?
Santos comienza definiendo a la izquierda como la aspiración a un sistema social postcapitalista, una sociedad alternativa a la actual que sería necesariamente socialista. Sobre la base de esta definición resulta claro que existirán entonces muchas izquierdas, tantas como imágenes del futuro postcapitalista quepan en la fantasía de las personas. Por eso dijo Marx que el futuro hay que dejárselo a nuestros descendientes y no prejuzgar cómo va a ser. Lo que no significa que tengamos que actuar irresponsablemente, ni mucho menos. Todo lo contrario, si tenemos un mínimo de personalidad, convendremos en que nuestra obligación es dejar a los que vengan detrás un mundo mejor, o al menos, no peor que este que nos ha tocado a nosotros. Por eso debemos pensar en las consecuencias de nuestros actos –por ejemplo, en lo que toca a las cuestiones ambientales-.
Lo que ha cambiado radicalmente en el siglo XX es la percepción del futuro. La Ilustración nos legó en herencia un puñado de ideales que constituyen el fundamento moral de nuestra civilización. Pero también nos dejó el legado de las ilusiones acerca del Progreso. Y esas ilusiones son las que se han acabado en el siglo XX. Por eso, una ‘izquierda’ que se funda en un futuro ilusorio para la humanidad, en un mundo de abundancia como Jauja de las fantasías populares, no tiene nada que decirnos en el siglo XXI. Estoy pensando en Breznev proclamando el comunismo en la extinta U.R.S.S., o en Stalin imponiendo un desarrollo de las fuerzas productivas fundado en el terror. Pero también en los socialdemócratas prometiendo el desarrollo económico sin fin del capitalismo y el bienestar consumista. Son corrientes de pensamiento en dependencia de la idea ilustrada de Progreso, una izquierda con connotaciones liberales. Y es para éstos que Cuba puede ser un ‘problema difícil’. Ya nos advirtió Walter Benjamin que una izquierda no reformista y revolucionaria no se fundaría en la idea de un futuro mejor, el paraíso postcapitalista, sino en la idea de una justicia que se realiza en la historia, es decir, en la memoria de las víctimas.
Esa izquierda progresista contaminada de utilitarismo, considera que la felicidad es la satisfacción de múltiples necesidades y deseos a través de los bienes producidos socialmente. El otro día vi un mapa sobre el sufrimiento humano, producido por una ONG respetable y políticamente correcta, en la que los países occidentales gozaban de una envidiable posición en el ránking de la felicidad, entendida como la satisfacción de necesidades gracias al consumo de bienes. Así, la ausencia de sufrimiento se entiende como acceso a los productos del mercado, y los países pobres son también países sufrientes. Cuba aparece entre los países que no han conseguido alcanzar el máximo de felicidad que permite el mercado; por tanto, un país no deseable.
Conviene aclarar el origen del equívoco, que a mi juicio está en una interpretación de marxismo con raíces en la tendencia socialdemócrata, aunque aparezca disfrazada de comunismo; ésta prometía que el socialismo iba a ser un modo de producción más eficaz en la creación de utilidades públicas. Pero ¿qué hemos de entender por utilidades? A veces parece que se entienden esas utilidades como bienes de consumo, lo que debe ser radicalmente corregido.
La versión del marxismo que se practicó en la U.R.S.S. -y que se estrelló contra la realidad-, proclamó la superioridad económica del socialismo, pero no fue capaz de demostrarlo. En realidad se limitó a imitar las técnicas más avanzadas de producción capitalista, como el fordismo y el taylorismo, en condiciones de planificación política de la economía. Una versión que está dispuesta a militar en el comunismo sólo en la medida en que resulta necesario para el desarrollo económico de países periféricos, como en el caso actual de la República China. Es claro que eso es insatisfactorio, aunque no se le puedan negar a países como China o Rusia su derecho al desarrollo.
El socialismo será un sistema de máximo bienestar para el pueblo, no me cabe duda, pero habrá que saber en qué consiste ese bienestar y qué máximo es posible alcanzar. Tener coches para todos los ciudadanos no es posible de alcanzar, y ni siquiera es bienestar. Y es cierto que la economía marxista debe sustituir los valores monetarios del marcado por la utilidad de los bienes; pero hay que descubrir qué es útil a los ciudadanos: ¿tal vez, el conocimiento y la salud?; ¿por eso en Cuba se ha construido un extraordinario edificio estatal que produce educación y sanidad para los ciudadanos?
Quizás alguien esté pensando en aquellos ciudadanos que prefieren tener un coche último modelo, antes que saber resolver un algoritmo matemático, aunque sea de los más sencillos. Entre mis alumnos abundan este tipo de ciudadanos producidos en masa por el sistema social en el que vivimos. El único problema que tienen esas preferencias es que son injustas: es imposible que todo el mundo pueda disfrutar de un coche último modelo, y si uno lo disfruta es que algún tipo de fraude se está produciendo.
¿Qué izquierda, pues?
Pero el mundo da muchas vueltas y en cincuenta años la izquierda ha evolucionado mucho. En primer lugar, la gente inteligente, bien informada y sin prejuicios partidistas, se ha hecho ecologista al darse cuenta de la magnitud imponderable de la crisis ambiental creada por el capitalismo. Para esta izquierda el problema difícil no es Cuba, se lo aseguro, puesto que Cuba es un país sostenible según las investigaciones realizadas por una ONG nada sospechosa (ADENA-WWF en su Informe Planeta Vivo 2006). Eso demuestra que Cuba no es un problema de difícil solución desde el punto de vista ecológico; por el contrario, Cuba es la solución al difícil problema ambiental de la sociedad capitalista tardía, que se origina por la necesidad y la costumbre de consumir sin tasa ni moderación, lo que nos lleva al colapso ecológico y el desastre ambiental.
Son aquellos izquierdistas que consideran que se trata de producir más y mejor bienes de consumo para satisfacer sin restricciones cualesquiera necesidades o deseos humanos los que temen que Cuba sea la verdad del socialismo como única posibilidad de la humanidad futura. Izquierda liberalizante o socialdemocráta, que creen en sofismas del tipo ‘vicios privados, públicas virtudes’, hay que multiplicar los deseos y necesidades para incrementar la producción; la naturaleza humana como un pozo sin fondo de deseo insaciables excitado por la publicidad.
El problema es definir la felicidad, y es aquí donde esa izquierda se muestra como una segunda versión de la tradición capitalista. Pero la exploración del concepto de felicidad por los individuos de la especie humana es mucho más rica y variada de lo que suponen los izquierdistas contaminados de capitalismo. Podríamos hablar de la felicidad masoquista de los cristianos –participando de la pasión de Cristo por el sufrimiento-, pero es claro que parece inaceptable en ciertos ambientes. Es más justo mencionar la coherencia moral de la ética clásica griega, que conocemos a través de la filosofía, y que cifraba la felicidad en el autodominio de la personalidad por la razón humana, la capacidad reflexiva y el conocimiento de sí mismo. Este es un programa de felicidad mucho más coherente con los problemas ambientales de la coyuntura histórica, que exigen la moderación del consumo y una extraordinaria racionalidad de la producción económica; si es que de verdad queremos resolver esos problemas.
Lo que nos muestra esa tradición filosófica -que es la nuestra-, es que los ideales juegan un papel importante en la construcción de la personalidad individual. Y aquí aparece otro de los aspectos de lo que hemos llamado hasta ahora ‘izquierda’, lo que Marx llamaba el ‘materialismo vulgar’, un materialismo sin ideales –y que un poeta de nuestro pagos definió como ‘ciencia sin raíces’-. Un aspecto fundamental de una sociedad avanzada son sus personalidades formadas mediante una conciencia basada en ideales –y el ideal evidente de la satisfacción de los Derechos Humanos de todos y cada uno de los seres humanos-.
En este sentido la República de Cuba y sus ciudadanos son ejemplares. Admirable es que uno encuentre médicos, educadores y asistentes cubanos entre los desheredados de la tierra, resolviendo algunas necesidades básicas y nada espúreas. Es claro que esa atención no genera dividendos ni permite aumentar en mucho el consumo. Por tanto, que no vengan a hablar de los derechos de la minoría cubana liberal, que quiere hacer valer su derecho al consumo y está dispuesta a apoyar el uso del terrorismo para acabar con el socialismo. La libertad de mercado, defendida por las armas del Imperio, frente a las numerosas libertades y derechos a los que una persona se hace acreedora en pleno siglo XXI. Como todos saben, Cuba ha pertenecido a la Comisión de Derechos Humanos de la O.N.U., organismo de máxima confianza en este terreno. Comisión que por otra parte ha condenado reiteradamente a algunos países que presumen de democráticos.
Por tanto yo diría que necesitamos otra definición de ‘izquierda’, si queremos hacer compatible la realidad que la experiencia cubana nos muestra y nuestro deseo de transfomar el mundo. No vale cualquier modelo, por más ilusiones que nos hagamos; vale el modelo que resiste la prueba de la práctica. Y lo que propongo es una izquierda que se caracterice por el combate a favor de lo que vamos a llamar la ‘profundización de la democracia’, esto es, la extensión y la radicalización de los derechos democráticos de la ciudadanía, la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones que les afectan, la resolución de los problemas humanos a partir de la conciencia personal y no mediante tecnologías más o meno sofisticadas. La resolución moral de los problemas y no la solución técnica.
No quiero decir que no haya que progresar científica y tecnológicamente. Pero hay que saber que cada transformación tecnológica exige modificaciones en la cultura y en las instituciones sociales, y por tanto también en la moral pública y la conciencia de las personas. El tremendo problema del crecimiento de la población mundial, tiene una sencilla solución en la emancipación de las mujeres respecto del yugo machista. Está comprobado que la independencia de las mujeres es mucho más eficaz para hacer descender la tasa de natalidad, que una legión de médicos recetando anticonceptivos o practicando operaciones de esterilización forzosa. Y la emancipación de las mujeres es una cuestión moral, no técnica.
Y esto es así porque estamos llegando a los límites del desarrollismo capitalista, con la destrucción ambiental y el agotamiento de las materias primas. Por lo tanto, señores socialdemócratas vayan revisando su doctrina, porque el mundo se acaba en la próxima esquina del tiempo, a menos que seamos capaces de vivir de otra forma. Cosa, por lo demás, que sería cada vez más dudosa después de varias décadas de neoliberalismo, sino fuera porque Cuba está ahí para darnos la esperanza; Cuba, la auténtica esperanza de la humanidad. En América Latina han empezado a comprenderlo. En Europa quedan muchos años para reconocerlo.
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martes, 18 de agosto de 2009
¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra ni en Alemania?
Francisco Umpiérrez Sánchez
Rebelión
Carlos Coronado, un filósofo autodidacta perteneciente al foro Filosofía y Pensamiento, me formuló la siguiente pregunta: ¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra ni en Alemania? Aunque tenía algunas respuestas a mano que ofrecerle, quise aprovechar la ocasión para estudiar algunos textos de Vladimir Ilích y, como siempre, disfrutar de su enérgico e inteligente pensar. Empecé estudiando un pequeño texto, escrito el 20 de abril de 1917, titulado “Como razonan los socialistas que se han pasado a la burguesía”, después un texto mayor titulado “Sobre el impuesto en especie”, escrito el 21 de abril de 1921, que a mi juicio es un adelanto prodigioso de los pasos que actualmente y de forma novedosa está dando el socialismo chino. Y de aquí pasé a estudiar dos textos más: “Acerca del infantilismo izquierdista y del espíritu pequeño burgués”, escrito el 12 de mayo de 1918, y “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, escrito el 27 de abril de 1920. Por último, estudié una vez más la sección “Historia” del libro “La ideología alemana” de Marx y Engels. Proporciono esta información bibliográfica para que el lector sepa de dónde he alimentado mi mente y para dejar constancia de que siempre que elaboro un artículo estudio previamente algún texto clásico. En ocasiones de lo que estudias no utilizas nada, pero te deja la mente en forma.
Una cuestión metodológica
Siempre se tiene la tentación de responder a las preguntas de forma aislada. Y esta tendencia es normal porque las preguntas que te formulan son preguntas aisladas. Quién te formula la pregunta cree que puede haber una respuesta unívoca y precisa, y quien responde tiene la ilusión de poder satisfacer esa necesidad. Pero este procedimiento teórico es contrario a la esencia del pensamiento conceptual, cuyo valor estriba en proporcionar, entre otras cosas, una visión de conjunto del problema. Y así y todo, aunque puedas proporcionar una visión de conjunto del problema, siempre habrá lados que queden oscuros e incompletos. Lo que sucede es que hay muchas personas que tienen la tendencia, no de situar su pensamiento en las zonas claras e ir poco a poco ensanchándolas, sino en moverse de forma insistente en las zonas oscuras. De este modo son presas del desaliento y viven siempre asaltadas por la duda. El conocimiento de una cosa nunca es completo ni acabado. Y a este relativismo hay personas que no terminan de adaptarse y comprender que así no sólo es el conocimiento, sino también la vida.
De todos modos lo que quería concluir es que aquella pregunta que me formuló Carlos Coronado la he situado en un marco teórico más amplio de problemas. También considero que es importante tener en cuenta la perspectiva histórica, puesto que aunque aquella pregunta se refiere en concreto al periodo 1914 – 1918, la experiencia del socialismo ha experimentado muchos cambios desde aquel entonces al año 2008 en el que nos encontramos. Y muchas cosas que ocurrieron en aquel periodo se ven con más claridad y profundidad desde el conocimiento de la experiencia acumulada durante casi un siglo de socialismo, tanto de sus éxitos como de sus fracasos.
La determinación histórico-universal del comunismo
Escuchemos a Marx en la sección “Historia” del capítulo I de la “Ideología alemana”: “El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción coincidente o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado”. Esta idea escrita hace más de 150 años sigue teniendo en la actualidad la máxima validez. El comunismo sólo puede darse de forma firme y definitiva si se produce de forma simultánea en los países más avanzados del mundo, esto es, en los países de la Unión Europea, en EEUU, en Canadá y en Japón, o al menos en una buena parte de ellos. Pero el comunismo sólo se ha dado en los países más atrasados y de forma local: en Rusia primero y en China después. Esta realidad es lo que desalienta a todas las personas que creen en el comunismo. Pero la realidad es como es y nosotros no podemos transformarla de acuerdo con nuestros deseos.
Desafortunadamente los líderes de la izquierda radical y de la izquierda en general no saben evaluar esta realidad en su justa medida. ¿Por qué? Porque han esperado de Rusia primero y de China después la realización del comunismo como un sistema de sociedad cualitativa y notablemente superior al capitalismo. Pero esto no ha sido posible. Cuando China en la práctica no ha podido saciar el deseo que tiene la izquierda radical europea de un mundo nuevo, ésta se ha decepcionado y ha criticado al gigante asiático de forma desaforada. Pero al menos que consideremos falsa aquella premisa establecida por Marx, esta crítica es totalmente injusta. Pero si la tomamos por válida, el comunismo como sociedad superior al capitalismo sólo podrá darse cuando de forma simultánea la revolución socialista se lleve a cabo en una buena parte de los países más avanzados de la tierra. Y si esto es así, el principal culpable de que el mundo nuevo y el hombre nuevo no se hayan dado ha sido y es la izquierda radical de los países más avanzados del mundo.
El comunismo como la superación del estado de cosas actual
He usado la palabra ‘comunismo’ tal y como la emplearon Marx y Engels en la obra referida, donde puede leerse lo siguiente: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que deba implantarse, un ideal al que hay de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”. Esta concepción es muy importante para desechar cualquier concepción idealista sobre el comunismo. Lo dejan muy claro Marx y Engels cuando dicen que el comunismo no es un ideal al que se tiene que sujetar la realidad, esto es, no es un concepto elaborado por una vanguardia inteligente y que después haya que implantar en la realidad. Nada de eso, el comunismo es el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Por ejemplo, en todas las economías capitalistas el sector público representa el 48 por ciento del total. Este 48 por ciento de economía pública representa ese movimiento que en parte ha anulado y superado a la propiedad privada, es una superación del capitalismo en el seno del propio capitalismo. Y forma parte, por lo tanto, del comunismo. Y repito: llamaremos comunismo al movimiento que anula y supera al capitalismo. Y forma parte de ese movimiento muchos hechos y acontecimientos ocurridos fundamentalmente durante el siglo XX. Si bien bajo el punto de vista material en los países más avanzados el comunismo ha dado pasos firmes, bajo el punto de vista político no los ha dado. Aunque habría que señalar que el hecho de que una parte de la burguesía, como la que representa el PSOE en España, se reclame de izquierda, es una manifestación en el terreno de la subjetividad del papel tan grande que tiene la economía pública en la economía total. Y el peso tan destacado de la economía pública en la economía total de los países capitalistas más avanzados, no sólo representa un hecho económico sino también un hecho cultural.
Las dos premisas materiales de la sublevación socialista
Marx, en la misma sección y obra referidos antes, habla del Poder social como la fuerza de producción multiplicada, que nace de la cooperación entre los distintos individuos y bajo la acción de la división social del trabajo. Pero nos indica que este poder social se les aparece a estos mismos individuos, no como una cooperación voluntaria, sino como un poder ajeno que los domina. Este hecho hace que los individuos vivan enajenados, dominados por las potencias que ellos mismos han creado.
Dicho esto, escuchemos ahora directamente a Marx: “Con esta enajenación sólo puede acabarse partiendo de dos premisas prácticas. Para que se convierta en un poder insoportable, es decir, en un poder contra el que hay que sublevarse, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como absolutamente desposeída y, a la par con ello, en contradicción con un mundo existente de riquezas y de cultura, lo que supone en ambos casos, un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas constituye una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generaría la escasez…”.
Esta idea de Marx permite explicar dos cosas: una, por qué la revolución ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra o en Alemania, y dos, el destino histórico que tuvo la revolución soviética. En el periodo 1905-1917 Rusia era todavía un país semifeudal y semicapitalista. Y en ella había una masa de la población absolutamente desposeída. Y en contradicción con ella había también un mundo de riqueza y cultura, en manos de las clases dominantes. Era un poder social insoportable el que representaba la Rusia zarista. Esta era la causa objetiva de la necesidad de la sublevación. La condición de un poder insoportable no se daba en Alemania e Inglaterra como se daba en la Rusia zarista.
No obstante, las fuerzas productivas en la Rusia zarista tenían un escaso desarrollo. De ahí que tras el comunismo de guerra en la Rusia soviética la escasez cobrara todo su predominio. Y fue entonces, en mayo de 1918, cuando Vladimir Ilích propuso la Nueva Política Económica, esto es, propuso las libertades mercantiles, el desarrollo del pequeño capital y el capitalismo de Estado. Y en lucha contra los comunistas de izquierda, esto es, contra los izquierdistas, Vladimir Ilích decía “El capitalismo de Estado es incomparablemente superior desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual”. Después de indicar que la economía soviética estaba constituida por los siguientes elementos, economía patriarcal, pequeña producción mercantil, capitalismo privado, capitalismo de Estado y socialismo, se preguntaba: ¿entre qué elementos se mantiene la lucha principal, si hablamos en términos de categorías económicas? Y respondía: No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. Sólo trato con esta cita de remarcar dos cosas: una, que para el desarrollo de las fuerzas productivas de la Rusia soviética, sin el cual sólo se hubiera generado la escasez, era necesario la pequeña producción mercantil y el capitalismo privado, y dos, que para ejercer un férreo control contra la anarquía que genera la pequeña producción mercantil y el capitalismo privado el socialismo necesita del capitalismo de Estado.
Así que queda claro por qué la sublevación fue posible en la Rusia zarista: una, porque el Poder social era insoportable, y dos, porque fue necesaria la NEP, porque había que desarrollar las fuerzas productivas, que es la segunda premisa material para que una sublevación socialista tenga éxito. No obstante, el periodo estalinista supuso la liquidación de la NEP, la explotación del trabajo a favor de un desarrollo desproporcionado de la industria pesada y de colosales obras de infraestructuras, y bajo el punto de vista del consumo de masas el predominio de la escasez. Se suprimió la premisa material para que la sublevación socialista fuera un éxito: la satisfacción material de los trabajadores.
¿Es imposible entonces que en la Unión Europea se dé una revolución socialista?
En el seno de Europa no existe un Poder social que haya generado a una masa de la población como absolutamente desposeída. Hay pobres, pero no representan grandes mayorías sociales. En principio entonces parece que este Poder social es soportable y no existe la necesidad de sublevarse contra él. Pero si levantamos un poco la cabeza y miramos más lejos, vemos que fuera de Europa, ahí mismo debajo suya, en África, si se ha generado grandes masas de la población como absolutamente desposeídas. Y a esta inmensa pobreza se opone un gigantesco mundo de riqueza y cultura. Aquella se da en África, ésta en la Unión Europea. Vista así las cosas, el Poder social establecido, la fuerza de producción multiplicada, creada por la cooperación entre europeos y africanos, y bajo la acción de la división del trabajo entre esas dos poblaciones continentales, es insoportable. Y en consecuencia hay que sublevarse. Lo que sucede es que es insoportable para los africanos, no para los europeos. Aunque es cierto que cada vez para un mayor número de europeos el Poder social establecido también es insoportable, aunque sólo lo sea para su conciencia crítica.
Condiciones económicas y condiciones políticas del socialismo
Escuchemos a Vladimir Ilích en su texto “Acerca del infantilismo de izquierda y el espíritu pequeñoburgués”: “El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista, basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una organización armónica que someta a decenas de millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción y en la distribución de los productos. Al mismo tiempo, el socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos mencheviques de primera clase, esperaba que se diera de modo liso, tranquilo, fácil y simple el socialismo íntegro) siguió un camino tan original que parió hacia 1918 dos mitades separadas del socialismo, una cerca de la otra, exactamente igual que los futuros polluelos bajo el mismo cascarón del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron del modo más patente la realización material de las condiciones económico-sociales, productivas y económicas del socialismo, de una parte, y de su condiciones políticas, de otra”.
Destaquemos algunas de las ideas expuestas en esta cita por Vladimir Ilích. Una: el socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista, sin los grandes logros del capitalismo. De ahí que debamos considerar inevitable que China recurra al capitalismo para obtener lo que no posee y necesita. Pero después no debemos quejarnos ni asombrarnos de las consecuencias que llevan aparejadas la participación del capitalismo en la economía china. Dos: llamaremos menchevismo a aquella concepción de izquierda que piensa que se dará de forma tranquila y lineal el socialismo íntegro. Esta idea es muy importante: en principio todas las experiencias socialistas tendrán el carácter de ser parciales, no completas, no definitivas, no íntegras. Tres: el socialismo es inconcebible sin la dominación de la clase trabajadora en el Estado. Esto es lo que no comprenden los partidos socialistas burgueses. El socialismo no es posible sin que la clase trabajadora se convierta en la clase dominante. Cuatro: la Alemania de 1918 encarnó la realización material del socialismo. Esta es una idea muy importante: si ya en 1918 Alemania encarnaba la realización material del socialismo, es lógico pensar que los países de la Unión Europea representen en la actualidad mucho más que aquel entonces la realización material del socialismo. No obstante, la Alemania de 1918 y los países de la UE de 1998 no representan las condiciones políticas del socialismo. Cuatro: la Rusia de 1918 encarnó la realización de las condiciones políticas del socialismo. Esta idea es un golpe demoledor contra quienes presentan la concepción marxista de la historia como una concepción determinista, como si las condiciones económicas determinaran de modo absoluto la superestructura política, cuando lo que dice la historia es que la realización objetiva y la realización subjetiva del socialismo se dieron de forma separada. Y justamente como en la URSS de 1918 no se daban las condiciones objetivas para la realización material del socialismo, es lógico que Vladimir Ilích promoviera a través de la NEP la economía mercantil, el capitalismo privado y el capitalismo de Estado.
La fuerza de la burguesía
Escuchemos de nuevo a Vladimir Ilích, pero esta vez en el capítulo II de su obra “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”: “La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento y cuya potencia consiste no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, por desgracia, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa”.
Destaquemos algunas de estas ideas, que como se puede comprobar están repletas de la máxima actualidad. Una: La burguesía sigue siendo una clase mucho más poderosa que la clase trabajadora. Dos: La fuerza y solidez de los vínculos internacionales de la burguesía están mucho más desarrolladas y son más poderosas que la de principios del siglo XX. Tres: La pequeña producción sigue teniendo un papel destacadísimo en todas las economías del mundo y como en tiempos de Vladimir Ilích sigue generando capitalismo y burguesía cada hora de forma espontánea y en masa. Estas ideas son muy importantes para comprender a la China actual. Si para superar el socialismo pobre China ha tenido que abrirse al capital internacional y permitir cierto desarrollo del capital privado, ¿cómo podemos esperar que no se genere capitalismo y burguesía en masa y de forma espontánea? ¿Por qué hemos de estar decepcionados? Tenemos que aceptar la realidad. Les recuerdo lo que decía Marx: el comunismo no es un ideal al que hay que someter a la realidad, sino el movimiento que supera y anula el estado de cosas actual. Pero el socialismo necesita todavía del capitalismo. De ahí que todavía esté muy lejos el día de su total superación.
Una de las condiciones fundamentales del éxito de los bolcheviques
Sólo me resta exponer las condiciones subjetivas que hicieron posible el éxito de la revolución socialista en Rusia en 1917. He puesto el mismo título del capítulo II de la obra de Vladimir Ilích titulada “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, puesto que sólo me limitaré a exponer las ideas principales contenidas en ese capítulo añadiéndoles unos pequeños comentarios. Una: “el partido bolchevique no se hubiera mantenido en el poder sin una disciplina rigurosa y férrea”. Hay personas que creen que la disciplina tiene un valor en sí misma y se sostiene por sí misma, que todo depende de que el partido en cuestión posea unos jefes muy disciplinados y que los militantes les obedezcan en sus directrices. Al principio la representación que se hacen esas personas es la de un partido muy semejante en su rigor disciplinario al del ejército. Pero se equivocan. Vladimir Ilích, con su clásica habilidad argumentativa, dice que ante esta premisa la primera pregunta que surge es la siguiente: “¿Cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado?, ¿cómo se comprueba?, ¿cómo se refuerza?” Y responde. Primero: “Por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la revolución,…”. No se piense que Vladimir Ilích habla aquí de la conciencia sensible, esa conciencia que se adquiere de forma espontánea en la lucha de clases, nada de eso, de la conciencia de la que habla aquí el líder de los bolcheviques es de la conciencia teórica. Así que anoten muy claro todos aquellos izquierdistas cuya conciencia tiene fundamentalmente una naturaleza sentimental, si se quiere tener un partido obrero muy disciplinado, la primera condición es la conciencia teórica. Y para tener esa conciencia teórica hay que estudiar muy duro.
Segundo: “Por su capacidad de ligarse, de acercarse y, hasta cierto punto, si queréis de fundirse con las más amplias masas trabajadoras, en primer término con las masas proletarias, pero también con las masas trabajadoras no proletarias (gran parte de la clase media)”. Esta sí es una asignatura pendiente en la izquierda radical, que se caracteriza justamente por lo contrario, por su incapacidad para ligarse y acercarse a las grandes masas sociales. Y así, sin esa ligazón y acercamiento, es imposible tener un partido obrero con disciplina rigurosa. Y tercero: “Por lo acertado de la dirección política que ejerce esta vanguardia, por lo acertado de su estrategia y de su táctica políticas, a condición de que las mansas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia”. Esta condición es muy importante para poder mantener la disciplina de un partido obrero. Creo que la dirección política de las actuales formaciones de la izquierda radical son en general erróneas, y su principal error está en que no son capaces de conectar con las necesidades e intereses de las grandes masas sociales. Vladimir Ilích culmina estas ideas diciendo que “sin estas condiciones es imposible la disciplina en un partido revolucionario verdaderamente apto para ser el partido de la clase avanzada, llamado a derrocar a la burguesía y a transformar toda la sociedad”.
Es legítimo preguntar qué pasó con los partidos obreros socialdemócratas no rusos. Pues sencillamente que se volvieron partidos social chovinistas. Pusieron los intereses nacionales por encima de los intereses de clases. Y la base socioeconómica para que esto fuera posible fue la transformación del capitalismo de libre mercado en capitalismo monopolista de Estado y el surgimiento de la aristocracia obrera. Algunos se preguntarán: ¿existe hoy día aristocracia obrera? Pues claro que sí: todos los altos ejecutivos son aristocracia obrera. Realizan una función de trabajo, dirigir y gestionar las grandes empresas, pero ganan en concepto de salario más de lo que ganan los pequeños capitalistas en concepto de beneficio.
A modo de conclusión
Daré de forma enumerada las conclusiones. Una: en la actualidad sigue existiendo la misma contradicción que 1918: se dan de forma separada las condiciones materiales de la realización del socialismo de las condiciones políticas. Dos: la izquierda radical europea sigue aquejada de idealismo y de izquierdismo: sigue creyendo que es posible el socialismo íntegro y sigue sin ganarse la confianza de las grandes mayorías sociales. Tres: la izquierda radical sigue sin asimilar que el socialismo no es un ideal que hay que implantar sino el movimiento que supera y anula el capitalismo. Y cuatro: los líderes de la izquierda radical son tan sectarios, tan ciegos, que no ven y, por tanto, no celebran que la economía pública representa el modo práctico en que ha sido en parte superada y en parte anulada la propiedad privada en el seno del propio capitalismo.
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Rebelión
Carlos Coronado, un filósofo autodidacta perteneciente al foro Filosofía y Pensamiento, me formuló la siguiente pregunta: ¿Por qué la revolución proletaria ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra ni en Alemania? Aunque tenía algunas respuestas a mano que ofrecerle, quise aprovechar la ocasión para estudiar algunos textos de Vladimir Ilích y, como siempre, disfrutar de su enérgico e inteligente pensar. Empecé estudiando un pequeño texto, escrito el 20 de abril de 1917, titulado “Como razonan los socialistas que se han pasado a la burguesía”, después un texto mayor titulado “Sobre el impuesto en especie”, escrito el 21 de abril de 1921, que a mi juicio es un adelanto prodigioso de los pasos que actualmente y de forma novedosa está dando el socialismo chino. Y de aquí pasé a estudiar dos textos más: “Acerca del infantilismo izquierdista y del espíritu pequeño burgués”, escrito el 12 de mayo de 1918, y “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, escrito el 27 de abril de 1920. Por último, estudié una vez más la sección “Historia” del libro “La ideología alemana” de Marx y Engels. Proporciono esta información bibliográfica para que el lector sepa de dónde he alimentado mi mente y para dejar constancia de que siempre que elaboro un artículo estudio previamente algún texto clásico. En ocasiones de lo que estudias no utilizas nada, pero te deja la mente en forma.
Una cuestión metodológica
Siempre se tiene la tentación de responder a las preguntas de forma aislada. Y esta tendencia es normal porque las preguntas que te formulan son preguntas aisladas. Quién te formula la pregunta cree que puede haber una respuesta unívoca y precisa, y quien responde tiene la ilusión de poder satisfacer esa necesidad. Pero este procedimiento teórico es contrario a la esencia del pensamiento conceptual, cuyo valor estriba en proporcionar, entre otras cosas, una visión de conjunto del problema. Y así y todo, aunque puedas proporcionar una visión de conjunto del problema, siempre habrá lados que queden oscuros e incompletos. Lo que sucede es que hay muchas personas que tienen la tendencia, no de situar su pensamiento en las zonas claras e ir poco a poco ensanchándolas, sino en moverse de forma insistente en las zonas oscuras. De este modo son presas del desaliento y viven siempre asaltadas por la duda. El conocimiento de una cosa nunca es completo ni acabado. Y a este relativismo hay personas que no terminan de adaptarse y comprender que así no sólo es el conocimiento, sino también la vida.
De todos modos lo que quería concluir es que aquella pregunta que me formuló Carlos Coronado la he situado en un marco teórico más amplio de problemas. También considero que es importante tener en cuenta la perspectiva histórica, puesto que aunque aquella pregunta se refiere en concreto al periodo 1914 – 1918, la experiencia del socialismo ha experimentado muchos cambios desde aquel entonces al año 2008 en el que nos encontramos. Y muchas cosas que ocurrieron en aquel periodo se ven con más claridad y profundidad desde el conocimiento de la experiencia acumulada durante casi un siglo de socialismo, tanto de sus éxitos como de sus fracasos.
La determinación histórico-universal del comunismo
Escuchemos a Marx en la sección “Historia” del capítulo I de la “Ideología alemana”: “El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción coincidente o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado”. Esta idea escrita hace más de 150 años sigue teniendo en la actualidad la máxima validez. El comunismo sólo puede darse de forma firme y definitiva si se produce de forma simultánea en los países más avanzados del mundo, esto es, en los países de la Unión Europea, en EEUU, en Canadá y en Japón, o al menos en una buena parte de ellos. Pero el comunismo sólo se ha dado en los países más atrasados y de forma local: en Rusia primero y en China después. Esta realidad es lo que desalienta a todas las personas que creen en el comunismo. Pero la realidad es como es y nosotros no podemos transformarla de acuerdo con nuestros deseos.
Desafortunadamente los líderes de la izquierda radical y de la izquierda en general no saben evaluar esta realidad en su justa medida. ¿Por qué? Porque han esperado de Rusia primero y de China después la realización del comunismo como un sistema de sociedad cualitativa y notablemente superior al capitalismo. Pero esto no ha sido posible. Cuando China en la práctica no ha podido saciar el deseo que tiene la izquierda radical europea de un mundo nuevo, ésta se ha decepcionado y ha criticado al gigante asiático de forma desaforada. Pero al menos que consideremos falsa aquella premisa establecida por Marx, esta crítica es totalmente injusta. Pero si la tomamos por válida, el comunismo como sociedad superior al capitalismo sólo podrá darse cuando de forma simultánea la revolución socialista se lleve a cabo en una buena parte de los países más avanzados de la tierra. Y si esto es así, el principal culpable de que el mundo nuevo y el hombre nuevo no se hayan dado ha sido y es la izquierda radical de los países más avanzados del mundo.
El comunismo como la superación del estado de cosas actual
He usado la palabra ‘comunismo’ tal y como la emplearon Marx y Engels en la obra referida, donde puede leerse lo siguiente: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que deba implantarse, un ideal al que hay de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”. Esta concepción es muy importante para desechar cualquier concepción idealista sobre el comunismo. Lo dejan muy claro Marx y Engels cuando dicen que el comunismo no es un ideal al que se tiene que sujetar la realidad, esto es, no es un concepto elaborado por una vanguardia inteligente y que después haya que implantar en la realidad. Nada de eso, el comunismo es el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Por ejemplo, en todas las economías capitalistas el sector público representa el 48 por ciento del total. Este 48 por ciento de economía pública representa ese movimiento que en parte ha anulado y superado a la propiedad privada, es una superación del capitalismo en el seno del propio capitalismo. Y forma parte, por lo tanto, del comunismo. Y repito: llamaremos comunismo al movimiento que anula y supera al capitalismo. Y forma parte de ese movimiento muchos hechos y acontecimientos ocurridos fundamentalmente durante el siglo XX. Si bien bajo el punto de vista material en los países más avanzados el comunismo ha dado pasos firmes, bajo el punto de vista político no los ha dado. Aunque habría que señalar que el hecho de que una parte de la burguesía, como la que representa el PSOE en España, se reclame de izquierda, es una manifestación en el terreno de la subjetividad del papel tan grande que tiene la economía pública en la economía total. Y el peso tan destacado de la economía pública en la economía total de los países capitalistas más avanzados, no sólo representa un hecho económico sino también un hecho cultural.
Las dos premisas materiales de la sublevación socialista
Marx, en la misma sección y obra referidos antes, habla del Poder social como la fuerza de producción multiplicada, que nace de la cooperación entre los distintos individuos y bajo la acción de la división social del trabajo. Pero nos indica que este poder social se les aparece a estos mismos individuos, no como una cooperación voluntaria, sino como un poder ajeno que los domina. Este hecho hace que los individuos vivan enajenados, dominados por las potencias que ellos mismos han creado.
Dicho esto, escuchemos ahora directamente a Marx: “Con esta enajenación sólo puede acabarse partiendo de dos premisas prácticas. Para que se convierta en un poder insoportable, es decir, en un poder contra el que hay que sublevarse, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como absolutamente desposeída y, a la par con ello, en contradicción con un mundo existente de riquezas y de cultura, lo que supone en ambos casos, un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas constituye una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generaría la escasez…”.
Esta idea de Marx permite explicar dos cosas: una, por qué la revolución ocurrió en la Rusia zarista y no en Inglaterra o en Alemania, y dos, el destino histórico que tuvo la revolución soviética. En el periodo 1905-1917 Rusia era todavía un país semifeudal y semicapitalista. Y en ella había una masa de la población absolutamente desposeída. Y en contradicción con ella había también un mundo de riqueza y cultura, en manos de las clases dominantes. Era un poder social insoportable el que representaba la Rusia zarista. Esta era la causa objetiva de la necesidad de la sublevación. La condición de un poder insoportable no se daba en Alemania e Inglaterra como se daba en la Rusia zarista.
No obstante, las fuerzas productivas en la Rusia zarista tenían un escaso desarrollo. De ahí que tras el comunismo de guerra en la Rusia soviética la escasez cobrara todo su predominio. Y fue entonces, en mayo de 1918, cuando Vladimir Ilích propuso la Nueva Política Económica, esto es, propuso las libertades mercantiles, el desarrollo del pequeño capital y el capitalismo de Estado. Y en lucha contra los comunistas de izquierda, esto es, contra los izquierdistas, Vladimir Ilích decía “El capitalismo de Estado es incomparablemente superior desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual”. Después de indicar que la economía soviética estaba constituida por los siguientes elementos, economía patriarcal, pequeña producción mercantil, capitalismo privado, capitalismo de Estado y socialismo, se preguntaba: ¿entre qué elementos se mantiene la lucha principal, si hablamos en términos de categorías económicas? Y respondía: No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. Sólo trato con esta cita de remarcar dos cosas: una, que para el desarrollo de las fuerzas productivas de la Rusia soviética, sin el cual sólo se hubiera generado la escasez, era necesario la pequeña producción mercantil y el capitalismo privado, y dos, que para ejercer un férreo control contra la anarquía que genera la pequeña producción mercantil y el capitalismo privado el socialismo necesita del capitalismo de Estado.
Así que queda claro por qué la sublevación fue posible en la Rusia zarista: una, porque el Poder social era insoportable, y dos, porque fue necesaria la NEP, porque había que desarrollar las fuerzas productivas, que es la segunda premisa material para que una sublevación socialista tenga éxito. No obstante, el periodo estalinista supuso la liquidación de la NEP, la explotación del trabajo a favor de un desarrollo desproporcionado de la industria pesada y de colosales obras de infraestructuras, y bajo el punto de vista del consumo de masas el predominio de la escasez. Se suprimió la premisa material para que la sublevación socialista fuera un éxito: la satisfacción material de los trabajadores.
¿Es imposible entonces que en la Unión Europea se dé una revolución socialista?
En el seno de Europa no existe un Poder social que haya generado a una masa de la población como absolutamente desposeída. Hay pobres, pero no representan grandes mayorías sociales. En principio entonces parece que este Poder social es soportable y no existe la necesidad de sublevarse contra él. Pero si levantamos un poco la cabeza y miramos más lejos, vemos que fuera de Europa, ahí mismo debajo suya, en África, si se ha generado grandes masas de la población como absolutamente desposeídas. Y a esta inmensa pobreza se opone un gigantesco mundo de riqueza y cultura. Aquella se da en África, ésta en la Unión Europea. Vista así las cosas, el Poder social establecido, la fuerza de producción multiplicada, creada por la cooperación entre europeos y africanos, y bajo la acción de la división del trabajo entre esas dos poblaciones continentales, es insoportable. Y en consecuencia hay que sublevarse. Lo que sucede es que es insoportable para los africanos, no para los europeos. Aunque es cierto que cada vez para un mayor número de europeos el Poder social establecido también es insoportable, aunque sólo lo sea para su conciencia crítica.
Condiciones económicas y condiciones políticas del socialismo
Escuchemos a Vladimir Ilích en su texto “Acerca del infantilismo de izquierda y el espíritu pequeñoburgués”: “El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista, basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una organización armónica que someta a decenas de millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción y en la distribución de los productos. Al mismo tiempo, el socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos mencheviques de primera clase, esperaba que se diera de modo liso, tranquilo, fácil y simple el socialismo íntegro) siguió un camino tan original que parió hacia 1918 dos mitades separadas del socialismo, una cerca de la otra, exactamente igual que los futuros polluelos bajo el mismo cascarón del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron del modo más patente la realización material de las condiciones económico-sociales, productivas y económicas del socialismo, de una parte, y de su condiciones políticas, de otra”.
Destaquemos algunas de las ideas expuestas en esta cita por Vladimir Ilích. Una: el socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista, sin los grandes logros del capitalismo. De ahí que debamos considerar inevitable que China recurra al capitalismo para obtener lo que no posee y necesita. Pero después no debemos quejarnos ni asombrarnos de las consecuencias que llevan aparejadas la participación del capitalismo en la economía china. Dos: llamaremos menchevismo a aquella concepción de izquierda que piensa que se dará de forma tranquila y lineal el socialismo íntegro. Esta idea es muy importante: en principio todas las experiencias socialistas tendrán el carácter de ser parciales, no completas, no definitivas, no íntegras. Tres: el socialismo es inconcebible sin la dominación de la clase trabajadora en el Estado. Esto es lo que no comprenden los partidos socialistas burgueses. El socialismo no es posible sin que la clase trabajadora se convierta en la clase dominante. Cuatro: la Alemania de 1918 encarnó la realización material del socialismo. Esta es una idea muy importante: si ya en 1918 Alemania encarnaba la realización material del socialismo, es lógico pensar que los países de la Unión Europea representen en la actualidad mucho más que aquel entonces la realización material del socialismo. No obstante, la Alemania de 1918 y los países de la UE de 1998 no representan las condiciones políticas del socialismo. Cuatro: la Rusia de 1918 encarnó la realización de las condiciones políticas del socialismo. Esta idea es un golpe demoledor contra quienes presentan la concepción marxista de la historia como una concepción determinista, como si las condiciones económicas determinaran de modo absoluto la superestructura política, cuando lo que dice la historia es que la realización objetiva y la realización subjetiva del socialismo se dieron de forma separada. Y justamente como en la URSS de 1918 no se daban las condiciones objetivas para la realización material del socialismo, es lógico que Vladimir Ilích promoviera a través de la NEP la economía mercantil, el capitalismo privado y el capitalismo de Estado.
La fuerza de la burguesía
Escuchemos de nuevo a Vladimir Ilích, pero esta vez en el capítulo II de su obra “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”: “La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada y más implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento y cuya potencia consiste no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, por desgracia, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa”.
Destaquemos algunas de estas ideas, que como se puede comprobar están repletas de la máxima actualidad. Una: La burguesía sigue siendo una clase mucho más poderosa que la clase trabajadora. Dos: La fuerza y solidez de los vínculos internacionales de la burguesía están mucho más desarrolladas y son más poderosas que la de principios del siglo XX. Tres: La pequeña producción sigue teniendo un papel destacadísimo en todas las economías del mundo y como en tiempos de Vladimir Ilích sigue generando capitalismo y burguesía cada hora de forma espontánea y en masa. Estas ideas son muy importantes para comprender a la China actual. Si para superar el socialismo pobre China ha tenido que abrirse al capital internacional y permitir cierto desarrollo del capital privado, ¿cómo podemos esperar que no se genere capitalismo y burguesía en masa y de forma espontánea? ¿Por qué hemos de estar decepcionados? Tenemos que aceptar la realidad. Les recuerdo lo que decía Marx: el comunismo no es un ideal al que hay que someter a la realidad, sino el movimiento que supera y anula el estado de cosas actual. Pero el socialismo necesita todavía del capitalismo. De ahí que todavía esté muy lejos el día de su total superación.
Una de las condiciones fundamentales del éxito de los bolcheviques
Sólo me resta exponer las condiciones subjetivas que hicieron posible el éxito de la revolución socialista en Rusia en 1917. He puesto el mismo título del capítulo II de la obra de Vladimir Ilích titulada “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, puesto que sólo me limitaré a exponer las ideas principales contenidas en ese capítulo añadiéndoles unos pequeños comentarios. Una: “el partido bolchevique no se hubiera mantenido en el poder sin una disciplina rigurosa y férrea”. Hay personas que creen que la disciplina tiene un valor en sí misma y se sostiene por sí misma, que todo depende de que el partido en cuestión posea unos jefes muy disciplinados y que los militantes les obedezcan en sus directrices. Al principio la representación que se hacen esas personas es la de un partido muy semejante en su rigor disciplinario al del ejército. Pero se equivocan. Vladimir Ilích, con su clásica habilidad argumentativa, dice que ante esta premisa la primera pregunta que surge es la siguiente: “¿Cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado?, ¿cómo se comprueba?, ¿cómo se refuerza?” Y responde. Primero: “Por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la revolución,…”. No se piense que Vladimir Ilích habla aquí de la conciencia sensible, esa conciencia que se adquiere de forma espontánea en la lucha de clases, nada de eso, de la conciencia de la que habla aquí el líder de los bolcheviques es de la conciencia teórica. Así que anoten muy claro todos aquellos izquierdistas cuya conciencia tiene fundamentalmente una naturaleza sentimental, si se quiere tener un partido obrero muy disciplinado, la primera condición es la conciencia teórica. Y para tener esa conciencia teórica hay que estudiar muy duro.
Segundo: “Por su capacidad de ligarse, de acercarse y, hasta cierto punto, si queréis de fundirse con las más amplias masas trabajadoras, en primer término con las masas proletarias, pero también con las masas trabajadoras no proletarias (gran parte de la clase media)”. Esta sí es una asignatura pendiente en la izquierda radical, que se caracteriza justamente por lo contrario, por su incapacidad para ligarse y acercarse a las grandes masas sociales. Y así, sin esa ligazón y acercamiento, es imposible tener un partido obrero con disciplina rigurosa. Y tercero: “Por lo acertado de la dirección política que ejerce esta vanguardia, por lo acertado de su estrategia y de su táctica políticas, a condición de que las mansas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia”. Esta condición es muy importante para poder mantener la disciplina de un partido obrero. Creo que la dirección política de las actuales formaciones de la izquierda radical son en general erróneas, y su principal error está en que no son capaces de conectar con las necesidades e intereses de las grandes masas sociales. Vladimir Ilích culmina estas ideas diciendo que “sin estas condiciones es imposible la disciplina en un partido revolucionario verdaderamente apto para ser el partido de la clase avanzada, llamado a derrocar a la burguesía y a transformar toda la sociedad”.
Es legítimo preguntar qué pasó con los partidos obreros socialdemócratas no rusos. Pues sencillamente que se volvieron partidos social chovinistas. Pusieron los intereses nacionales por encima de los intereses de clases. Y la base socioeconómica para que esto fuera posible fue la transformación del capitalismo de libre mercado en capitalismo monopolista de Estado y el surgimiento de la aristocracia obrera. Algunos se preguntarán: ¿existe hoy día aristocracia obrera? Pues claro que sí: todos los altos ejecutivos son aristocracia obrera. Realizan una función de trabajo, dirigir y gestionar las grandes empresas, pero ganan en concepto de salario más de lo que ganan los pequeños capitalistas en concepto de beneficio.
A modo de conclusión
Daré de forma enumerada las conclusiones. Una: en la actualidad sigue existiendo la misma contradicción que 1918: se dan de forma separada las condiciones materiales de la realización del socialismo de las condiciones políticas. Dos: la izquierda radical europea sigue aquejada de idealismo y de izquierdismo: sigue creyendo que es posible el socialismo íntegro y sigue sin ganarse la confianza de las grandes mayorías sociales. Tres: la izquierda radical sigue sin asimilar que el socialismo no es un ideal que hay que implantar sino el movimiento que supera y anula el capitalismo. Y cuatro: los líderes de la izquierda radical son tan sectarios, tan ciegos, que no ven y, por tanto, no celebran que la economía pública representa el modo práctico en que ha sido en parte superada y en parte anulada la propiedad privada en el seno del propio capitalismo.
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lunes, 17 de agosto de 2009
Trotsky, el socialismo y la democracia
Cuando se cumplen 69 años del asesinato de Trotsky
Guillermo Almeyra
La Jornada
El 20 de agosto se cumplirán 69 años del asesinato en México de León Trotsky, presidente del soviet de San Petersburgo en 1905 y 1917 y, después, líder de la lucha por la regeneración del partido de Lenin y del Estado nacido de la revolución en la que opuso intransigentemente el combate por la democracia interna y la plena y libre discusión de ideas al totalitarismo burocrático de Stalin, nacido de la fusión entre el partido único monolítico y el Estado, ambos en manos de la burocracia seudosocialista.
Los soviets –o consejos– obreros y campesinos (al igual que los consejos de soldados, que eran campesinos en uniforme) fueron –tanto en Rusia, en sus dos revoluciones, como después de la Primera Guerra Mundial en Alemania, Austria-Hungría o incluso Italia en 1920– una creación directa del sector más decidido, culto y organizado de los trabajadores, no de los partidos. En 1905, en efecto, los bolcheviques, el partido de Lenin, se habían opuesto a los consejos a los que veían como competidores de las organizaciones obreras y campesinas del partido y de los que desconfiaban, creyendo que podrían ser maniobrados por los mencheviques, los anarquistas, los socialrevolucionarios, ya que en los consejos militaban todas las organizaciones socialistas, además de gran cantidad de personas sin partido.
Porque los consejos eran el organismo político de coordinación y discusión pluralista de todas las ideas que circulaban entre los trabajadores. Trotsky, de este modo, presidió en 1905 la organización de la expresión directa de todas las tendencias existentes en el campo de la revolución y, en 1917, volvió a dirigir los soviets o consejos pluralistas y democráticos, en los que los bolcheviques tuvieron que ganar la mayoría y enfrentar sus ideas y propuestas con las otras tendencias obreras, antes mayoritarias. Dicho sea de paso, el gobierno soviético presidido por Lenin no fue el de un partido único ni mucho menos monolítico. En el partido bolchevique había, en efecto, libertad de tendencias y una intensa discusión entre las diversas corrientes en la que Lenin muchas veces quedó en minoría, y en el gobierno, además de los bolcheviques –en cuyo partido confluyeron muchísimos anarquistas– estaban los mencheviques internacionalistas y los socialistas revolucionarios de izquierda.
La concepción de Trotsky fue siempre la de Marx: la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, no de una minoría, una vanguardia autodesignada. El partido es sólo un instrumento, en el mejor de los casos un maestro y un organizador, nunca el remplazante de quienes declara servir. Y la base de la construcción del socialismo es la autogestión, como la expresada en los consejos que cumplen el papel del Estado sin estar integrados en éste porque legislan, controlan, deciden sobre los recursos, todo sobre la base de las asambleas y de la libre discusión entre las diferentes tendencias, organizadas partidariamente o no.
Ya a comienzos del siglo pasado, cuando acompañado por Rosa Luxemburgo discutía contra la idea del partido ultracentralizado, de "vanguardia", defendida en 1903 por Lenin, Trotsky había advertido sobre el peligro de que ese tipo de organización anulase la vida interna y favoreciese la dictadura de unos pocos y hasta la de un "jefe" en el partido. Sólo en 1923, fracasado su intento de regenerar un partido ya muerto y un sistema "soviético" en el cual habían desaparecido ya los soviets (consejos) de los años de la revolución y el nombre sólo servía para cubrir los concejos municipales de un partido sin vida interna alguna, Trotsky reivindica la concepción del partido de Lenin. Lo hace porque Stalin y sus secuaces lo acusan de advenedizo, de antileninista y antibolchevique, y la dictadura del aparato inventa un marxismo-leninismo que nada tenía que ver con Marx o con Lenin y que, además, convertía en dogma, en ortodoxia, lo que era un método de análisis revolucionario de la sociedad.
Contra esa invención del "trotskismo" por la burocracia en el poder, que lo presentaba en oposición al leninismo, Trotsky asume el nombre de bolchevique leninista, la continuidad política de las posiciones de Lenin y, respecto del partido, lucha contra Stalin en nombre del breve periodo de vida del partido triunfante en octubre bajo la dirección de Lenin. Pero en cuanto a los soviets, sigue luchando por revivirlos y hacerlos independientes del Estado supuestamente "soviético". Y pugna hasta su muerte para que los consejos –órganos de todos los trabajadores de una empresa o región, sindicalizados o no, miembros o no de algún partido obrero– remplacen a los organismos estatales de mediación, como los sindicatos burocratizados, para ayudar a construir así la independencia política y la conciencia de los trabajadores, y para afirmar su autoconfianza y desarrollar sus capacidades de decisión políticas y administrativas.
Frente a quienes piensan que el socialismo caerá a los trabajadores como un nuevo maná, dispensado desde el partido-Estado, Trotsky aboga en cambio por el socialismo de los consejos, de la autogestión. No sin contradicciones, no sin desvíos momentáneos y excesos administrativos, no sin concesiones incluso a la burocracia que él aborrecía y que le odiaba, pero sí como hilo rojo que marca toda su vida política, que se identifica con toda su vida consciente. Por eso la burocracia mandó asesinarlo: porque era inasimilable e incorruptible. Por eso también le rendimos homenaje en un momento en que muchos pretenden construir el socialismo fundamentalmente desde arriba, con el aparato estatal, desde el aparato estatal, con los trabajadores actuando apenas como coro.
Fuente original http://www.jornada.unam.mx/2009/08/16/index.php?section=opinion&article=020a1pol
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Guillermo Almeyra
La Jornada
El 20 de agosto se cumplirán 69 años del asesinato en México de León Trotsky, presidente del soviet de San Petersburgo en 1905 y 1917 y, después, líder de la lucha por la regeneración del partido de Lenin y del Estado nacido de la revolución en la que opuso intransigentemente el combate por la democracia interna y la plena y libre discusión de ideas al totalitarismo burocrático de Stalin, nacido de la fusión entre el partido único monolítico y el Estado, ambos en manos de la burocracia seudosocialista.
Los soviets –o consejos– obreros y campesinos (al igual que los consejos de soldados, que eran campesinos en uniforme) fueron –tanto en Rusia, en sus dos revoluciones, como después de la Primera Guerra Mundial en Alemania, Austria-Hungría o incluso Italia en 1920– una creación directa del sector más decidido, culto y organizado de los trabajadores, no de los partidos. En 1905, en efecto, los bolcheviques, el partido de Lenin, se habían opuesto a los consejos a los que veían como competidores de las organizaciones obreras y campesinas del partido y de los que desconfiaban, creyendo que podrían ser maniobrados por los mencheviques, los anarquistas, los socialrevolucionarios, ya que en los consejos militaban todas las organizaciones socialistas, además de gran cantidad de personas sin partido.
Porque los consejos eran el organismo político de coordinación y discusión pluralista de todas las ideas que circulaban entre los trabajadores. Trotsky, de este modo, presidió en 1905 la organización de la expresión directa de todas las tendencias existentes en el campo de la revolución y, en 1917, volvió a dirigir los soviets o consejos pluralistas y democráticos, en los que los bolcheviques tuvieron que ganar la mayoría y enfrentar sus ideas y propuestas con las otras tendencias obreras, antes mayoritarias. Dicho sea de paso, el gobierno soviético presidido por Lenin no fue el de un partido único ni mucho menos monolítico. En el partido bolchevique había, en efecto, libertad de tendencias y una intensa discusión entre las diversas corrientes en la que Lenin muchas veces quedó en minoría, y en el gobierno, además de los bolcheviques –en cuyo partido confluyeron muchísimos anarquistas– estaban los mencheviques internacionalistas y los socialistas revolucionarios de izquierda.
La concepción de Trotsky fue siempre la de Marx: la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, no de una minoría, una vanguardia autodesignada. El partido es sólo un instrumento, en el mejor de los casos un maestro y un organizador, nunca el remplazante de quienes declara servir. Y la base de la construcción del socialismo es la autogestión, como la expresada en los consejos que cumplen el papel del Estado sin estar integrados en éste porque legislan, controlan, deciden sobre los recursos, todo sobre la base de las asambleas y de la libre discusión entre las diferentes tendencias, organizadas partidariamente o no.
Ya a comienzos del siglo pasado, cuando acompañado por Rosa Luxemburgo discutía contra la idea del partido ultracentralizado, de "vanguardia", defendida en 1903 por Lenin, Trotsky había advertido sobre el peligro de que ese tipo de organización anulase la vida interna y favoreciese la dictadura de unos pocos y hasta la de un "jefe" en el partido. Sólo en 1923, fracasado su intento de regenerar un partido ya muerto y un sistema "soviético" en el cual habían desaparecido ya los soviets (consejos) de los años de la revolución y el nombre sólo servía para cubrir los concejos municipales de un partido sin vida interna alguna, Trotsky reivindica la concepción del partido de Lenin. Lo hace porque Stalin y sus secuaces lo acusan de advenedizo, de antileninista y antibolchevique, y la dictadura del aparato inventa un marxismo-leninismo que nada tenía que ver con Marx o con Lenin y que, además, convertía en dogma, en ortodoxia, lo que era un método de análisis revolucionario de la sociedad.
Contra esa invención del "trotskismo" por la burocracia en el poder, que lo presentaba en oposición al leninismo, Trotsky asume el nombre de bolchevique leninista, la continuidad política de las posiciones de Lenin y, respecto del partido, lucha contra Stalin en nombre del breve periodo de vida del partido triunfante en octubre bajo la dirección de Lenin. Pero en cuanto a los soviets, sigue luchando por revivirlos y hacerlos independientes del Estado supuestamente "soviético". Y pugna hasta su muerte para que los consejos –órganos de todos los trabajadores de una empresa o región, sindicalizados o no, miembros o no de algún partido obrero– remplacen a los organismos estatales de mediación, como los sindicatos burocratizados, para ayudar a construir así la independencia política y la conciencia de los trabajadores, y para afirmar su autoconfianza y desarrollar sus capacidades de decisión políticas y administrativas.
Frente a quienes piensan que el socialismo caerá a los trabajadores como un nuevo maná, dispensado desde el partido-Estado, Trotsky aboga en cambio por el socialismo de los consejos, de la autogestión. No sin contradicciones, no sin desvíos momentáneos y excesos administrativos, no sin concesiones incluso a la burocracia que él aborrecía y que le odiaba, pero sí como hilo rojo que marca toda su vida política, que se identifica con toda su vida consciente. Por eso la burocracia mandó asesinarlo: porque era inasimilable e incorruptible. Por eso también le rendimos homenaje en un momento en que muchos pretenden construir el socialismo fundamentalmente desde arriba, con el aparato estatal, desde el aparato estatal, con los trabajadores actuando apenas como coro.
Fuente original http://www.jornada.unam.mx/2009/08/16/index.php?section=opinion&article=020a1pol
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viernes, 14 de agosto de 2009
“Manifiesto capitalista” del editor de Newsweek International
Un intento desesperado de infundir confianza
Nick Beams
World Socialist Web Site
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyen
Fareed Zakaria, editor de Newsweek International, ha escrito un ensayo intitulado “El manifiesto capitalista: La codicia es buena (hasta cierto punto)”, que se propone expresar alivio porque el pánico generado por la crisis financiera global se esté aflojando e infundir confianza en que, a pesar de todos sus defectos, el capitalismo es todavía “la máquina económica más productiva que hayamos inventado hasta la fecha”.
El problema con esta afirmación es que, de nuevo, lejos de que haya terminado la crisis, ésta sólo se comienza a desarrollar.
Zakaria comienza por reconfortarse con el hecho de que todas las crisis financieras de los últimos 20 años hayan sido superadas, llevando a más crecimiento económico. El crash del mercado bursátil de 1987 resistió las predicciones de un retorno a la Gran Depresión y “resultó ser un accidente en el camino hacia un auge aún mayor y más prolongado.” La crisis financiera asiática de 1997 no condujo a una depresión global. En su lugar, las economías asiáticas “repuntaron dentro de dos años.” El colapso de Long Term Capital Management en 1998, descrito por el secretario del Tesoro de EE.UU. de entonces, Robert Rubin, como “la peor crisis financiera en 50 años,” no llevó al fin de los hedge funds. Más bien han “expandido masivamente” desde entonces.
¿Cómo fueron superadas esas crisis anteriores? Como señala Zakaria, el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan siempre presentó la misma solución: reducción de los tipos de interés y suministro de dinero fácil, creando una serie de activos de burbujas. Cuando la crisis de las hipotecas de alto riesgo se desarrolló en 2007, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke siguió el mismo procedimiento. Sin embargo, en esta ocasión, las reducciones de las tasas de interés no aliviaron la crisis. La Reserva Federal inició sus inyecciones de liquidez en agosto de 2007, pero la situación sólo empeoró. El banco de inversiones Bear Stearns quebró en marzo de 2008, seguido por el colapso de Lehman Brothers en septiembre y, para fines de 2008, a pesar de masivas inyecciones de liquidez, los cinco bancos de inversión de Wall Street habían colapsado o se habían visto obligados a reestructurar. El sistema financiero global estaba al borde de la catástrofe.
Esto demuestra por sí solo que, lejos del feliz escenario pintado por Zakaria – esta crisis es como las otras desde 1987 – el colapso que comenzó en 2007 marcó un giro cualitativo en un proceso continuo.
Zakaria se ve obligado a reconocer que el sistema financiero global ha estado “sufriendo crashes con más frecuencia durante los últimos 30 años que en ningún período comparable de la historia.” Pero insiste en que el problema no tiene que ver con el sistema de beneficios en sí. “Lo que estamos experimentando no es una crisis del capitalismo. Es una crisis de las finanzas, de la democracia, de la globalización y en última instancia de la ética.”
En primer lugar, la separación del capitalismo de cada uno de estos fenómenos es absurda – como si el modo capitalista de producción pudiera ser de alguna manera extraído de la situación histórica en la cual está situado; como si no conformara el entorno socio-político en el que opera, incluida la ética imperante.
Examinemos a su vez cada una de las explicaciones de Zakaria para la crisis. Insiste, junto con muchos otros, en que la falla tiene que ver con la operación del sistema financiero.
“Las finanzas fracasaron, o para ser más preciso, fracasaron los financistas. En junio de 2007, al comenzar la crisis Coca-Cola, PepsiCo, IBM, Nike, Wal-Mart y Microsoft dirigían todos sus compañías con balances sólidos, y estaban gastando con prudencia, conservando dinero para mantener una protección para una posible depresión.”
La separación de las finanzas (el lado malo) del resto de la economía capitalista (el lado bueno) tiene una larga historia. Fue hecha suya por Marx en su desdeñosa crítica de Proudhon, el pequeño burgués anarquista francés, hace más de 150 años. Como Marx explicara entonces, el lado “malo” no puede ser separado del “bueno”, especialmente ya que resulta que, las más veces, el lado “malo” es la fuerza impulsora del desarrollo histórico. Y es el caso en la situación actual. El desarrollo del capitalismo estadounidense – y de la economía global – se ha basado en los vastos cambios asociados con los procesos de financialización que comenzó en los años ochenta.
Unas pocas cifras ilustran lo que ha ocurrido. En 1980, las firmas financieras representaban cerca de un 5% de los beneficios totales de las corporaciones. En 2006 esto había aumentado a cerca de un 40%. En una escala global, los activos financieros en 1980 equivalían aproximadamente en valor al producto interno bruto del mundo. Veinticinco años después constituían un 350% del PIB global. En el corazón de esta transformación ha estado la acumulación de la deuda del sector financiero en la economía de EE.UU. Aumentó de un 63,8% del PIB en 1997 a 113,8% en 2007 – resultado de que los bancos y las corporaciones financieras se hayan endeudado aún más a fin de financiar sus operaciones financieras basadas en deudas.
El alza renovada de la financialización no fue sólo una decisión política, sino una reacción a una crisis en el proceso de acumulación capitalista que se había desarrollado a fines de los años sesenta y en la década de los setenta. Ante una caída en la tasa de beneficio, el capitalismo estadounidense emprendió a partir de los años setenta un importante programa de reestructuración. Involucró la destrucción de amplios sectores de la industria manufacturera, un ataque concertado contra la posición social de la clase trabajadora, el desarrollo de la subcontratación en el extranjero y del uso de contratistas para aprovechar fuentes más baratas de mano de obra, y un giro hacia la manipulación financiera, como ser adquisiciones hostiles y fusiones, como fuente de beneficios.
Nuevo modo de acumulación
La transformación de la economía estadounidense en los años ochenta presenció la emergencia de un nuevo modo de acumulación, en el que los beneficios se hicieron mediante la apropiación, a través de métodos financieros, de riqueza ya creada. Históricamente, la riqueza había sido acumulada en la economía de EE.UU. mediante la inversión, el comercio y la manufactura. Ahora la fuerza impulsora de la acumulación fue el aumento de los precios de los activos. Esto ha determinado la forma de la economía de EE.UU., y la acumulación de beneficios por todos los sectores del capital – incluso aquellos que no estaban directamente conectados con las finanzas.
En los años cincuenta y sesenta, las firmas manufactureras basadas en la producción en línea de montaje no constituyeron el mayor componente de la economía estadounidense. Pero los vastos aumentos en rentabilidad posibilitados por estos métodos crearon las condiciones en las cuales podían expandir todos los sectores del capital. Era una sociedad dominada por lo que los sociólogos han llamado un “régimen fordista” en el cual, como señaló genialmente el antiguo presidente de General Motors, Charles Wilson, “lo que era bueno para el país era bueno para General Motors y viceversa.”
En los últimos 25 años, el papel fundamental que otrora tuvo la manufactura en línea de montaje en la economía estadounidense ha sido asumido por el capital financiero.
No importa cuán sana o bien dirigida sea una firma capitalista, la acumulación de beneficio es un proceso social. Cada firma depende para su expansión del crecimiento de la economía en su conjunto. Y en EE.UU., el capital financiero ha sido la fuerza conductora.
Todo intento de separar el lado “malo” del “bueno” colapsa incluso bajo un estudio superficial. Zakaria apunta a varias corporaciones como parte del lado “bueno” del capital estadounidense. Una de ellas es Microsoft. Pero una de las fuentes principales de los beneficios de Microsoft han sido las ventas de los computadores y los programas de software que han impulsado el sector financiero. Consideremos Nike y Wal-Mart. Se han beneficiado de la explotación de mano de obra barata en China y otros países, bajo las condiciones de una producción globalizada. Pero esas operaciones, que involucran complejas relaciones financieras, habrían sido imposibles sin el crecimiento de los derivados financieros. Al mismo tiempo, Nike y Wal-Mart no hubieran seguido siendo lucrativas sin el aumento en la deuda del consumidor estadounidense – en gran parte proveniente de las finanzas de la vivienda – que ha sustentado los gastos de consumo estadounidenses ante el estancamiento o disminución de los ingresos reales durante el último cuarto de siglo.
La trascendencia esencial de la crisis financiera global es que marca el resquebrajamiento del modo de acumulación que ha prevalecido durante los últimos 25 años.
Los activos financieros derivan su valor, en última instancia, de su derecho a la producción de riqueza real. Las acciones son un ejemplo obvio. La acción representa el derecho a una porción de un flujo de ingreso generado por una compañía en particular. Pero esa acción puede ser comprada y vendida, y su valor puede aumentar en el mercado en exceso del valor del activo subyacente.
El hecho de que los activos financieros hayan expandido casi cuatro veces en relación con la producción global durante las últimas dos décadas y media significa que no se puede satisfacer todos sus derechos a riqueza real. Esta disparidad es expresada en la emergencia de así llamados “activos tóxicos” en los libros de los bancos e instituciones de crédito – derechos a ingresos y riqueza que carecen esencialmente de valor.
En otras palabras, la crisis no es de liquidez, es decir de falta de suficientes fondos para asegurar el funcionamiento de un sistema que de otra manera es sano, sino de insolvencia. Sus dimensiones son indicadas por el hecho de que para restaurar la paridad que existía en 1980 entre el valor de los activos financieros y el PIB global significaría la eliminación de valores de activos financieros equivalentes a dos veces el PIB global.
Esas cifras dejan claro el significado del rescate y de los paquetes de estímulo lanzados por gobiernos en todo el mundo. No tienen nada que ver con el mantenimiento de los puestos de trabajo y los estándares de vida de la clase trabajadora. Más bien, apuntan a transferir al Estado la mayor cantidad posible de las masivas deudas y “activos tóxicos” acumulados por las corporaciones financieras y los bancos.
Esta operación de rescate estatal es precisamente lo que ha impulsado los mercados bursátiles durante los últimos tres meses y ha posibilitado el suspiro de alivio de Zakaria. Como señaló un reciente artículo en el
Wall Street Journal, uno de los principales motivos para el repunte de más de un 30% es “de una simpleza apabullante.” Los mercados financieros están “repletos de dinero del gobierno” como resultado del mayor estímulo financiero combinado que el mundo haya visto en nuestros tiempos.
El gobierno de EE.UU. ya ha comprometido 12,7 billones de dólares en apoyo del sistema financiero, casi el equivalente el producto interno bruto de ese país. Desde que la crisis financiera se intensificó en septiembre de 2008, los gobiernos en todo el mundo han comprometido 18 billones de dólares en fondos públicos, el equivalente de un 30% del PIB del mundo, para recapitalizar a los bancos. Esto ha llevado a un reventón en su posición fiscal.
En Gran Bretaña, se espera que la deuda del gobierno llegue pronto a un 100% del PIB, mientras que la deuda del gobierno de Japón se orienta hacia un 200% para 2011 y se espera que la deuda gubernamental en EE.UU. llegue a 100% del PIB al mismo tiempo. Según economistas del FMI, para 2014 las ratios de la deuda pública al PIB de las economías del G-20, que incluyen cerca de un 85% de la economía global, habrán aumentado en 36 puntos porcentuales del PIB en comparación con los niveles a fines de 2007.
Un nuevo régimen político
El financiamiento gubernamental, sin embargo, no puede continuar indefinidamente. Las deudas incurridas por el Estado para financiar los bancos serán pagadas mediante el recorte de los gastos gubernamentales y los servicios sociales y forzosamente empobrecerán a la clase trabajadora. La escala de este ataque contra las condiciones sociales y los niveles de vida será directamente proporcional al tamaño de las sumas de dinero involucradas. Según un cálculo en Gran Bretaña, el consumo tendrá que ser reducido en por lo menos un 20% de su nivel en 2006-2007 para llegar a comenzar un equilibrio en los libros del gobierno.
Zakaria señala el “aterrador” crecimiento de la deuda gubernamental en EE.UU., especialmente si se incluyen los programas de ayuda social y los compromisos de jubilación, y observa que “nadie ha tratado seriamente de colmar la brecha, lo que puede ser hecho sólo mediante (1) aumento de los impuestos o (2) reducción de los gastos.”
“Es la enfermedad de la democracia moderna: el sistema no puede imponer ningún sufrimiento a corto plazo para obtener ventajas a largo plazo.” Las implicaciones políticas son obvias: es imposible imponer los masivos recortes en gastos y aumentos en ingresos necesarios para eliminar la deuda del gobierno dentro del actual orden político. La reestructuración de las economías de EE.UU. y otras importantes economías capitalistas requiere un régimen nuevo, mucho más represivo.
Zakaria se esfuerza en extremo en su intento de afirmar que el capitalismo no es la causa de la crisis. El verdadero problema, insiste, no es su fracaso, sino demasiado éxito. El mundo se ha estado moviendo hacia “un extraordinario grado de estabilidad política”; no hay una importante competencia militar entre las grandes potencias; la violencia política disminuye. Considerando las guerras que son libradas por EE.UU. en Iraq, Pakistán y Afganistán, una afirmación semejante sólo puede ser descrita como absurda. En cuando al apaciguamiento de la rivalidad entre grandes potencias, basta con apuntar a la constante y creciente preocupación en los círculos responsables de la política de EE.UU. por el ascenso de China.
Sin embargo Zakaria no está dispuesto a permitir que los hechos interfieran con la historia que quiere presentar. La estabilidad política, afirma, ha sido acompañada por una reducción de la inflación, el crecimiento económico y el establecimiento de un sistema económico global. Son estos “buenos tiempos” los que llevaron a la complacencia de la gente y, a medida que bajaba el coste del capital, a más complacencia. “La economía mundial se ha convertido en el equivalente de un coche de carrera – más rápido y más complejo que cualquier vehículo que se haya visto. Pero resulta que nunca alguien había conducido un coche semejante, y nadie realmente sabía cómo hacerlo. De modo que se estrelló.”
¿Y el futuro? “El verdadero problema,” continúa, “es que todavía conducimos ese coche. La economía global sigue siendo altamente compleja, interconectada y desequilibrada. Los chinos todavía acumulan sus superávit y tienen que colocarlos en alguna parte. Washington y Beijing tendrán que trabajar duro para estabilizar lentamente su dependencia mutua para que el sistema no esté siendo preparando para otro choque.”
En otras palabras, aunque la crisis ha pasado, todas las condiciones que la produjeron siguen existiendo, y no están ni cerca de ser resueltas.
Lenin señaló una vez que el poder del marxismo es que es verdad. A veces, incluso conscientes oponentes al marxismo se ven obligados, por la lógica misma de los hechos objetivos, a referirse a procesos que forman el centro del análisis marxista. Estamos ante un caso semejante.
Según Zakaria: “De un modo más amplio, la crisis fundamental que enfrentamos es la propia globalización. Hemos globalizado las economías de las naciones. El comercio, el viaje y el turismo juntan a la gente. La tecnología ha creado cadenas de suministro, compañías y clientes mundiales. Pero nuestra política sigue siendo resueltamente nacional. Esta tensión está al centro de muchos crashes de esta era – una incompatibilidad entre economías interconectadas que producen problemas globales pero ningún proceso político compatible que pueda efectuar soluciones globales.”
El movimiento marxista ha identificado hace tiempo como una de las contradicciones centrales del capitalismo mundial la que existe entre el desarrollo global de las fuerzas productivas por una parte, y el sistema de Estado-nación en el que se basa la superestructura legal y política, por la otra. Esta contradicción es lo que convierte el socialismo, basado en el desarrollo de una economía planificada a escala internacional, en una necesidad histórica. Tal como el orden político feudal tuvo que ser derribado para posibilitar el crecimiento de las fuerzas productivas bajo el capitalismo, actualmente la globalización de la producción ha hecho que el sistema de Estado-nación capitalista sea tan reaccionario y retrógrado como los principados y reinos de hace dos o tres siglos.
Esta contradicción estalló en la primera década del siglo pasado en la forma de la Primera Guerra Mundial. Ahora ha aparecido de nuevo, a un nivel aún más elevado. Sólo puede ser resuelta por la toma del poder político por la clase trabajador a escala global, de otra manera la humanidad enfrenta guerras y crisis económicas potencialmente más devastadoras que las que caracterizaron las primeras cinco décadas del Siglo XX.
Zakaria pide une mejor coordinación internacional. Pero la propia lógica objetiva del sistema capitalista impulsa los eventos en la dirección opuesta. La producción capitalista es realizada a escala global. Su propósito no es satisfacer necesidades humanas, sino acumular ganancias privadas. Cuando la acumulación se expande, los diferentes sectores del capital, como señaló Marx, operan como una especie de fraternidad, dividiendo los despojos entre ellos. Cuando el sistema se rompe y ya no se convierte en una cuestión de repartir beneficios, sino de tratar de evitar pérdidas, estalla una lucha violenta. Una ruptura semejante ya no involucra simplemente luchas competitivas intensificadas en el mercado, como lo hizo en el Siglo XIX, sino, con el vasto crecimiento de la industria y las finanzas capitalistas, las crisis económicas llevan inevitablemente a la participación directa del Estado capitalista.
Es lo que ocurrió el año pasado. Después del colapso de Lehman Brothers en septiembre, cuando el sistema bancario y financiero estaba amenazado por la catástrofe, todos los gobiernos del mundo reaccionaron, no mediante el trabajo por una acción coordinada a escala global, sino para proteger su “propio” sistema bancario, lo que llevó a conflictos inmediatos. En los meses desde entonces, las diferencias sólo se han ampliado. Los alemanes y los franceses son hostiles a los rescates del gobierno estadounidense porque temen, correctamente, que permitirán que los bancos de EE.UU. mantengan su posición global dominante. El gobierno estadounidense, por su parte, se opone a llamados por más regulación, porque apuntan a las finanzas de EE.UU. El gobierno británico, no quiere introducir regulaciones más duras por temor a que pongan en peligro la posición de Londres, descrita por el comentarista de Financial Times, John Plender, como “la plaza de juegos de aventura del sistema financiero global.” Esto lleva a la oposición del gobierno alemán, que albergaba esperanzas de que la crisis ofreciera más oportunidades a Frankfurt. Las diversas intervenciones en la industria, asimismo, han agudizado las rivalidades nacionales. El rescate de Opel por el gobierno alemán, por ejemplo, pone en peligro las operaciones en Bélgica, causando incluso preguntas de si podrían haber sido violadas las reglas de un solo mercado europeo.
En cuanto a la coordinación entre EE.UU. y China para resolver los desequilibrios monetarios internacionales, el banco central chino ha llamado dos veces en los últimos tres meses a que el sistema financiero internacional sea reestructurado y que el dólar sea reemplazado como la moneda de reserva mundial. Si eso tuviera lugar, causaría una rápida decadencia en la posición global del capitalismo estadounidense, que ha gozado de enormes ventajas por el papel del dólar como divisa mundial.
A falta de cooperación internacional, advierte Zakaria, habrá “más crashes, y eventualmente puede haber una retirada de la globalización hacia la seguridad – y el lento crecimiento – de economías nacionales protegidas.” El desarrollo de una situación semejante en los años treinta condujo directamente a la Segunda Guerra Mundial. Tendría consecuencias aún más catastróficas en la actualidad.
Al final, Zakaria concluye que una “crisis moral” podría “hallarse en el centro de nuestros problemas.” La mayor parte de lo que sucedió durante la última década fue legal pero “muy poca gente actuó con responsabilidad.” Sin embargo, continúa, algo semejante no sucedió porque “repentinamente los empresarios se hayan hecho más inmorales. Forma parte de la apertura y de la creciente competitividad del mundo de los negocios.”
Zakaria prefiere no entrar en detalles al respecto, porque al hacerlo dejaría demasiado claro que esa “crisis moral” es en sí una expresión de la crisis de la economía capitalista.
Los procesos mismos asociados con el ascenso del capital financiero han hecho cada vez más confusa la línea divisoria entre legalidad e ilegalidad, para no hablar de moralidad e inmoralidad.
En el mundo de las transacciones financieras multimillonarias que involucran el uso de complejos derivados, donde el valor de un activo financiero puede ser alterado mediante el cambio del valor de una u otra de las variables en el modelo matemático en el que se basa; donde mientras más complejo y poco claro sea un derivado financiero, más grande será el beneficio obtenido por el vendedor; donde vastas fortunas pueden ser hechas mediante el juego financiero, y donde una firma que no emplee los últimos métodos dudosos para mejorar sus resultados enfrenta la posibilidad de ser tragada por un liquidador de activos financiados con bonos basura, ¿ética a qué precio?
Además, el crecimiento de una oligarquía financiera que domina y controla todo el sistema político, significa que cualquier reforma racional del actual orden es imposible, incluso si hubiera una solución disponible.
Las fuerzas productivas de la economía global – el complejo y poderoso coche de carrera, para utilizar la analogía de Zakaria – creadas por el trabajo intelectual y físico combinado de la clase trabajadora del mundo, se han desarrollado en una escala inmensa. Pero ya no pueden ser dejadas en manos de una elite gobernante que ha perdido el derecho histórico, político y moral de permanecer al volante. Por eso una revolución socialista, y la transferencia del poder político a manos de la clase trabajadora, se han convertido en una necesidad histórica.
Fuente: http://www.wsws.org/articles/2009/jul2009/zaka-j04.shtml
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Nick Beams
World Socialist Web Site
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyen
Fareed Zakaria, editor de Newsweek International, ha escrito un ensayo intitulado “El manifiesto capitalista: La codicia es buena (hasta cierto punto)”, que se propone expresar alivio porque el pánico generado por la crisis financiera global se esté aflojando e infundir confianza en que, a pesar de todos sus defectos, el capitalismo es todavía “la máquina económica más productiva que hayamos inventado hasta la fecha”.
El problema con esta afirmación es que, de nuevo, lejos de que haya terminado la crisis, ésta sólo se comienza a desarrollar.
Zakaria comienza por reconfortarse con el hecho de que todas las crisis financieras de los últimos 20 años hayan sido superadas, llevando a más crecimiento económico. El crash del mercado bursátil de 1987 resistió las predicciones de un retorno a la Gran Depresión y “resultó ser un accidente en el camino hacia un auge aún mayor y más prolongado.” La crisis financiera asiática de 1997 no condujo a una depresión global. En su lugar, las economías asiáticas “repuntaron dentro de dos años.” El colapso de Long Term Capital Management en 1998, descrito por el secretario del Tesoro de EE.UU. de entonces, Robert Rubin, como “la peor crisis financiera en 50 años,” no llevó al fin de los hedge funds. Más bien han “expandido masivamente” desde entonces.
¿Cómo fueron superadas esas crisis anteriores? Como señala Zakaria, el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan siempre presentó la misma solución: reducción de los tipos de interés y suministro de dinero fácil, creando una serie de activos de burbujas. Cuando la crisis de las hipotecas de alto riesgo se desarrolló en 2007, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke siguió el mismo procedimiento. Sin embargo, en esta ocasión, las reducciones de las tasas de interés no aliviaron la crisis. La Reserva Federal inició sus inyecciones de liquidez en agosto de 2007, pero la situación sólo empeoró. El banco de inversiones Bear Stearns quebró en marzo de 2008, seguido por el colapso de Lehman Brothers en septiembre y, para fines de 2008, a pesar de masivas inyecciones de liquidez, los cinco bancos de inversión de Wall Street habían colapsado o se habían visto obligados a reestructurar. El sistema financiero global estaba al borde de la catástrofe.
Esto demuestra por sí solo que, lejos del feliz escenario pintado por Zakaria – esta crisis es como las otras desde 1987 – el colapso que comenzó en 2007 marcó un giro cualitativo en un proceso continuo.
Zakaria se ve obligado a reconocer que el sistema financiero global ha estado “sufriendo crashes con más frecuencia durante los últimos 30 años que en ningún período comparable de la historia.” Pero insiste en que el problema no tiene que ver con el sistema de beneficios en sí. “Lo que estamos experimentando no es una crisis del capitalismo. Es una crisis de las finanzas, de la democracia, de la globalización y en última instancia de la ética.”
En primer lugar, la separación del capitalismo de cada uno de estos fenómenos es absurda – como si el modo capitalista de producción pudiera ser de alguna manera extraído de la situación histórica en la cual está situado; como si no conformara el entorno socio-político en el que opera, incluida la ética imperante.
Examinemos a su vez cada una de las explicaciones de Zakaria para la crisis. Insiste, junto con muchos otros, en que la falla tiene que ver con la operación del sistema financiero.
“Las finanzas fracasaron, o para ser más preciso, fracasaron los financistas. En junio de 2007, al comenzar la crisis Coca-Cola, PepsiCo, IBM, Nike, Wal-Mart y Microsoft dirigían todos sus compañías con balances sólidos, y estaban gastando con prudencia, conservando dinero para mantener una protección para una posible depresión.”
La separación de las finanzas (el lado malo) del resto de la economía capitalista (el lado bueno) tiene una larga historia. Fue hecha suya por Marx en su desdeñosa crítica de Proudhon, el pequeño burgués anarquista francés, hace más de 150 años. Como Marx explicara entonces, el lado “malo” no puede ser separado del “bueno”, especialmente ya que resulta que, las más veces, el lado “malo” es la fuerza impulsora del desarrollo histórico. Y es el caso en la situación actual. El desarrollo del capitalismo estadounidense – y de la economía global – se ha basado en los vastos cambios asociados con los procesos de financialización que comenzó en los años ochenta.
Unas pocas cifras ilustran lo que ha ocurrido. En 1980, las firmas financieras representaban cerca de un 5% de los beneficios totales de las corporaciones. En 2006 esto había aumentado a cerca de un 40%. En una escala global, los activos financieros en 1980 equivalían aproximadamente en valor al producto interno bruto del mundo. Veinticinco años después constituían un 350% del PIB global. En el corazón de esta transformación ha estado la acumulación de la deuda del sector financiero en la economía de EE.UU. Aumentó de un 63,8% del PIB en 1997 a 113,8% en 2007 – resultado de que los bancos y las corporaciones financieras se hayan endeudado aún más a fin de financiar sus operaciones financieras basadas en deudas.
El alza renovada de la financialización no fue sólo una decisión política, sino una reacción a una crisis en el proceso de acumulación capitalista que se había desarrollado a fines de los años sesenta y en la década de los setenta. Ante una caída en la tasa de beneficio, el capitalismo estadounidense emprendió a partir de los años setenta un importante programa de reestructuración. Involucró la destrucción de amplios sectores de la industria manufacturera, un ataque concertado contra la posición social de la clase trabajadora, el desarrollo de la subcontratación en el extranjero y del uso de contratistas para aprovechar fuentes más baratas de mano de obra, y un giro hacia la manipulación financiera, como ser adquisiciones hostiles y fusiones, como fuente de beneficios.
Nuevo modo de acumulación
La transformación de la economía estadounidense en los años ochenta presenció la emergencia de un nuevo modo de acumulación, en el que los beneficios se hicieron mediante la apropiación, a través de métodos financieros, de riqueza ya creada. Históricamente, la riqueza había sido acumulada en la economía de EE.UU. mediante la inversión, el comercio y la manufactura. Ahora la fuerza impulsora de la acumulación fue el aumento de los precios de los activos. Esto ha determinado la forma de la economía de EE.UU., y la acumulación de beneficios por todos los sectores del capital – incluso aquellos que no estaban directamente conectados con las finanzas.
En los años cincuenta y sesenta, las firmas manufactureras basadas en la producción en línea de montaje no constituyeron el mayor componente de la economía estadounidense. Pero los vastos aumentos en rentabilidad posibilitados por estos métodos crearon las condiciones en las cuales podían expandir todos los sectores del capital. Era una sociedad dominada por lo que los sociólogos han llamado un “régimen fordista” en el cual, como señaló genialmente el antiguo presidente de General Motors, Charles Wilson, “lo que era bueno para el país era bueno para General Motors y viceversa.”
En los últimos 25 años, el papel fundamental que otrora tuvo la manufactura en línea de montaje en la economía estadounidense ha sido asumido por el capital financiero.
No importa cuán sana o bien dirigida sea una firma capitalista, la acumulación de beneficio es un proceso social. Cada firma depende para su expansión del crecimiento de la economía en su conjunto. Y en EE.UU., el capital financiero ha sido la fuerza conductora.
Todo intento de separar el lado “malo” del “bueno” colapsa incluso bajo un estudio superficial. Zakaria apunta a varias corporaciones como parte del lado “bueno” del capital estadounidense. Una de ellas es Microsoft. Pero una de las fuentes principales de los beneficios de Microsoft han sido las ventas de los computadores y los programas de software que han impulsado el sector financiero. Consideremos Nike y Wal-Mart. Se han beneficiado de la explotación de mano de obra barata en China y otros países, bajo las condiciones de una producción globalizada. Pero esas operaciones, que involucran complejas relaciones financieras, habrían sido imposibles sin el crecimiento de los derivados financieros. Al mismo tiempo, Nike y Wal-Mart no hubieran seguido siendo lucrativas sin el aumento en la deuda del consumidor estadounidense – en gran parte proveniente de las finanzas de la vivienda – que ha sustentado los gastos de consumo estadounidenses ante el estancamiento o disminución de los ingresos reales durante el último cuarto de siglo.
La trascendencia esencial de la crisis financiera global es que marca el resquebrajamiento del modo de acumulación que ha prevalecido durante los últimos 25 años.
Los activos financieros derivan su valor, en última instancia, de su derecho a la producción de riqueza real. Las acciones son un ejemplo obvio. La acción representa el derecho a una porción de un flujo de ingreso generado por una compañía en particular. Pero esa acción puede ser comprada y vendida, y su valor puede aumentar en el mercado en exceso del valor del activo subyacente.
El hecho de que los activos financieros hayan expandido casi cuatro veces en relación con la producción global durante las últimas dos décadas y media significa que no se puede satisfacer todos sus derechos a riqueza real. Esta disparidad es expresada en la emergencia de así llamados “activos tóxicos” en los libros de los bancos e instituciones de crédito – derechos a ingresos y riqueza que carecen esencialmente de valor.
En otras palabras, la crisis no es de liquidez, es decir de falta de suficientes fondos para asegurar el funcionamiento de un sistema que de otra manera es sano, sino de insolvencia. Sus dimensiones son indicadas por el hecho de que para restaurar la paridad que existía en 1980 entre el valor de los activos financieros y el PIB global significaría la eliminación de valores de activos financieros equivalentes a dos veces el PIB global.
Esas cifras dejan claro el significado del rescate y de los paquetes de estímulo lanzados por gobiernos en todo el mundo. No tienen nada que ver con el mantenimiento de los puestos de trabajo y los estándares de vida de la clase trabajadora. Más bien, apuntan a transferir al Estado la mayor cantidad posible de las masivas deudas y “activos tóxicos” acumulados por las corporaciones financieras y los bancos.
Esta operación de rescate estatal es precisamente lo que ha impulsado los mercados bursátiles durante los últimos tres meses y ha posibilitado el suspiro de alivio de Zakaria. Como señaló un reciente artículo en el
Wall Street Journal, uno de los principales motivos para el repunte de más de un 30% es “de una simpleza apabullante.” Los mercados financieros están “repletos de dinero del gobierno” como resultado del mayor estímulo financiero combinado que el mundo haya visto en nuestros tiempos.
El gobierno de EE.UU. ya ha comprometido 12,7 billones de dólares en apoyo del sistema financiero, casi el equivalente el producto interno bruto de ese país. Desde que la crisis financiera se intensificó en septiembre de 2008, los gobiernos en todo el mundo han comprometido 18 billones de dólares en fondos públicos, el equivalente de un 30% del PIB del mundo, para recapitalizar a los bancos. Esto ha llevado a un reventón en su posición fiscal.
En Gran Bretaña, se espera que la deuda del gobierno llegue pronto a un 100% del PIB, mientras que la deuda del gobierno de Japón se orienta hacia un 200% para 2011 y se espera que la deuda gubernamental en EE.UU. llegue a 100% del PIB al mismo tiempo. Según economistas del FMI, para 2014 las ratios de la deuda pública al PIB de las economías del G-20, que incluyen cerca de un 85% de la economía global, habrán aumentado en 36 puntos porcentuales del PIB en comparación con los niveles a fines de 2007.
Un nuevo régimen político
El financiamiento gubernamental, sin embargo, no puede continuar indefinidamente. Las deudas incurridas por el Estado para financiar los bancos serán pagadas mediante el recorte de los gastos gubernamentales y los servicios sociales y forzosamente empobrecerán a la clase trabajadora. La escala de este ataque contra las condiciones sociales y los niveles de vida será directamente proporcional al tamaño de las sumas de dinero involucradas. Según un cálculo en Gran Bretaña, el consumo tendrá que ser reducido en por lo menos un 20% de su nivel en 2006-2007 para llegar a comenzar un equilibrio en los libros del gobierno.
Zakaria señala el “aterrador” crecimiento de la deuda gubernamental en EE.UU., especialmente si se incluyen los programas de ayuda social y los compromisos de jubilación, y observa que “nadie ha tratado seriamente de colmar la brecha, lo que puede ser hecho sólo mediante (1) aumento de los impuestos o (2) reducción de los gastos.”
“Es la enfermedad de la democracia moderna: el sistema no puede imponer ningún sufrimiento a corto plazo para obtener ventajas a largo plazo.” Las implicaciones políticas son obvias: es imposible imponer los masivos recortes en gastos y aumentos en ingresos necesarios para eliminar la deuda del gobierno dentro del actual orden político. La reestructuración de las economías de EE.UU. y otras importantes economías capitalistas requiere un régimen nuevo, mucho más represivo.
Zakaria se esfuerza en extremo en su intento de afirmar que el capitalismo no es la causa de la crisis. El verdadero problema, insiste, no es su fracaso, sino demasiado éxito. El mundo se ha estado moviendo hacia “un extraordinario grado de estabilidad política”; no hay una importante competencia militar entre las grandes potencias; la violencia política disminuye. Considerando las guerras que son libradas por EE.UU. en Iraq, Pakistán y Afganistán, una afirmación semejante sólo puede ser descrita como absurda. En cuando al apaciguamiento de la rivalidad entre grandes potencias, basta con apuntar a la constante y creciente preocupación en los círculos responsables de la política de EE.UU. por el ascenso de China.
Sin embargo Zakaria no está dispuesto a permitir que los hechos interfieran con la historia que quiere presentar. La estabilidad política, afirma, ha sido acompañada por una reducción de la inflación, el crecimiento económico y el establecimiento de un sistema económico global. Son estos “buenos tiempos” los que llevaron a la complacencia de la gente y, a medida que bajaba el coste del capital, a más complacencia. “La economía mundial se ha convertido en el equivalente de un coche de carrera – más rápido y más complejo que cualquier vehículo que se haya visto. Pero resulta que nunca alguien había conducido un coche semejante, y nadie realmente sabía cómo hacerlo. De modo que se estrelló.”
¿Y el futuro? “El verdadero problema,” continúa, “es que todavía conducimos ese coche. La economía global sigue siendo altamente compleja, interconectada y desequilibrada. Los chinos todavía acumulan sus superávit y tienen que colocarlos en alguna parte. Washington y Beijing tendrán que trabajar duro para estabilizar lentamente su dependencia mutua para que el sistema no esté siendo preparando para otro choque.”
En otras palabras, aunque la crisis ha pasado, todas las condiciones que la produjeron siguen existiendo, y no están ni cerca de ser resueltas.
Lenin señaló una vez que el poder del marxismo es que es verdad. A veces, incluso conscientes oponentes al marxismo se ven obligados, por la lógica misma de los hechos objetivos, a referirse a procesos que forman el centro del análisis marxista. Estamos ante un caso semejante.
Según Zakaria: “De un modo más amplio, la crisis fundamental que enfrentamos es la propia globalización. Hemos globalizado las economías de las naciones. El comercio, el viaje y el turismo juntan a la gente. La tecnología ha creado cadenas de suministro, compañías y clientes mundiales. Pero nuestra política sigue siendo resueltamente nacional. Esta tensión está al centro de muchos crashes de esta era – una incompatibilidad entre economías interconectadas que producen problemas globales pero ningún proceso político compatible que pueda efectuar soluciones globales.”
El movimiento marxista ha identificado hace tiempo como una de las contradicciones centrales del capitalismo mundial la que existe entre el desarrollo global de las fuerzas productivas por una parte, y el sistema de Estado-nación en el que se basa la superestructura legal y política, por la otra. Esta contradicción es lo que convierte el socialismo, basado en el desarrollo de una economía planificada a escala internacional, en una necesidad histórica. Tal como el orden político feudal tuvo que ser derribado para posibilitar el crecimiento de las fuerzas productivas bajo el capitalismo, actualmente la globalización de la producción ha hecho que el sistema de Estado-nación capitalista sea tan reaccionario y retrógrado como los principados y reinos de hace dos o tres siglos.
Esta contradicción estalló en la primera década del siglo pasado en la forma de la Primera Guerra Mundial. Ahora ha aparecido de nuevo, a un nivel aún más elevado. Sólo puede ser resuelta por la toma del poder político por la clase trabajador a escala global, de otra manera la humanidad enfrenta guerras y crisis económicas potencialmente más devastadoras que las que caracterizaron las primeras cinco décadas del Siglo XX.
Zakaria pide une mejor coordinación internacional. Pero la propia lógica objetiva del sistema capitalista impulsa los eventos en la dirección opuesta. La producción capitalista es realizada a escala global. Su propósito no es satisfacer necesidades humanas, sino acumular ganancias privadas. Cuando la acumulación se expande, los diferentes sectores del capital, como señaló Marx, operan como una especie de fraternidad, dividiendo los despojos entre ellos. Cuando el sistema se rompe y ya no se convierte en una cuestión de repartir beneficios, sino de tratar de evitar pérdidas, estalla una lucha violenta. Una ruptura semejante ya no involucra simplemente luchas competitivas intensificadas en el mercado, como lo hizo en el Siglo XIX, sino, con el vasto crecimiento de la industria y las finanzas capitalistas, las crisis económicas llevan inevitablemente a la participación directa del Estado capitalista.
Es lo que ocurrió el año pasado. Después del colapso de Lehman Brothers en septiembre, cuando el sistema bancario y financiero estaba amenazado por la catástrofe, todos los gobiernos del mundo reaccionaron, no mediante el trabajo por una acción coordinada a escala global, sino para proteger su “propio” sistema bancario, lo que llevó a conflictos inmediatos. En los meses desde entonces, las diferencias sólo se han ampliado. Los alemanes y los franceses son hostiles a los rescates del gobierno estadounidense porque temen, correctamente, que permitirán que los bancos de EE.UU. mantengan su posición global dominante. El gobierno estadounidense, por su parte, se opone a llamados por más regulación, porque apuntan a las finanzas de EE.UU. El gobierno británico, no quiere introducir regulaciones más duras por temor a que pongan en peligro la posición de Londres, descrita por el comentarista de Financial Times, John Plender, como “la plaza de juegos de aventura del sistema financiero global.” Esto lleva a la oposición del gobierno alemán, que albergaba esperanzas de que la crisis ofreciera más oportunidades a Frankfurt. Las diversas intervenciones en la industria, asimismo, han agudizado las rivalidades nacionales. El rescate de Opel por el gobierno alemán, por ejemplo, pone en peligro las operaciones en Bélgica, causando incluso preguntas de si podrían haber sido violadas las reglas de un solo mercado europeo.
En cuanto a la coordinación entre EE.UU. y China para resolver los desequilibrios monetarios internacionales, el banco central chino ha llamado dos veces en los últimos tres meses a que el sistema financiero internacional sea reestructurado y que el dólar sea reemplazado como la moneda de reserva mundial. Si eso tuviera lugar, causaría una rápida decadencia en la posición global del capitalismo estadounidense, que ha gozado de enormes ventajas por el papel del dólar como divisa mundial.
A falta de cooperación internacional, advierte Zakaria, habrá “más crashes, y eventualmente puede haber una retirada de la globalización hacia la seguridad – y el lento crecimiento – de economías nacionales protegidas.” El desarrollo de una situación semejante en los años treinta condujo directamente a la Segunda Guerra Mundial. Tendría consecuencias aún más catastróficas en la actualidad.
Al final, Zakaria concluye que una “crisis moral” podría “hallarse en el centro de nuestros problemas.” La mayor parte de lo que sucedió durante la última década fue legal pero “muy poca gente actuó con responsabilidad.” Sin embargo, continúa, algo semejante no sucedió porque “repentinamente los empresarios se hayan hecho más inmorales. Forma parte de la apertura y de la creciente competitividad del mundo de los negocios.”
Zakaria prefiere no entrar en detalles al respecto, porque al hacerlo dejaría demasiado claro que esa “crisis moral” es en sí una expresión de la crisis de la economía capitalista.
Los procesos mismos asociados con el ascenso del capital financiero han hecho cada vez más confusa la línea divisoria entre legalidad e ilegalidad, para no hablar de moralidad e inmoralidad.
En el mundo de las transacciones financieras multimillonarias que involucran el uso de complejos derivados, donde el valor de un activo financiero puede ser alterado mediante el cambio del valor de una u otra de las variables en el modelo matemático en el que se basa; donde mientras más complejo y poco claro sea un derivado financiero, más grande será el beneficio obtenido por el vendedor; donde vastas fortunas pueden ser hechas mediante el juego financiero, y donde una firma que no emplee los últimos métodos dudosos para mejorar sus resultados enfrenta la posibilidad de ser tragada por un liquidador de activos financiados con bonos basura, ¿ética a qué precio?
Además, el crecimiento de una oligarquía financiera que domina y controla todo el sistema político, significa que cualquier reforma racional del actual orden es imposible, incluso si hubiera una solución disponible.
Las fuerzas productivas de la economía global – el complejo y poderoso coche de carrera, para utilizar la analogía de Zakaria – creadas por el trabajo intelectual y físico combinado de la clase trabajadora del mundo, se han desarrollado en una escala inmensa. Pero ya no pueden ser dejadas en manos de una elite gobernante que ha perdido el derecho histórico, político y moral de permanecer al volante. Por eso una revolución socialista, y la transferencia del poder político a manos de la clase trabajadora, se han convertido en una necesidad histórica.
Fuente: http://www.wsws.org/articles/2009/jul2009/zaka-j04.shtml
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jueves, 13 de agosto de 2009
“En el Nuevo Partido Anticapitalista francés queremos que el pueblo esté en el poder, no que nos atrape el poder”
Entrevista al universitario francés Franck Gaudichaud en Chile
Andrés Figueroa Cornejo
Rebelión
Para la izquierda chilena, Francia, históricamente, representa entre una batería enorme de dimensiones, la Revolución Francesa, la Comuna de París, la Resistencia durante la ocupación nazi, Mayo del 68. Hoy, a través del nacimiento del Nuevo Partido Anticapitalista, una vez más, una franja sustantiva de la izquierda de Francia ofrece pistas de interés ante la recomposición mundial de las fuerzas sociales organizadas contra la hegemonía capitalista.
Franck GaudichaudFranck Gaudichaud es Doctor en Ciencias Políticas, miembro del colectivo de www.rebelión.org y académico de la cátedra de América Latina en una universidad francesa. Se doctoró analizando el movimiento popular chileno, en particular, la experiencia de los cordones industriales y el poder popular durante el gobierno de Salvador Allende. Su cariño por Chile lleva tiempo. En una estadía en Bolivia, Franck conoció aspectos de lo ocurrido durante los mil días del gobierno de la Unidad Popular. Se dio cuenta que había mucha literatura respecto de la institucionalidad de la UP y sus grandes personajes, pero existía un vacío sobre el sujeto popular y obrero, protagonista central del proceso. Luego de publicar un texto respecto de los cordones industriales y el poder popular constituyente en Chile (LOM ediciones), ahora quiere lanzar un segundo tomo “sobre la revolución desde abajo en Chile que se dio en la época”.
Aprovechando su visita a Chile, el periodista que escribe se reunió con Franck, militante activo del Nuevo Partido Anticapitalista francés para indagar en relación a temas candentes para el campo popular mundial.
¿Qué ocurre con la izquierda francesa luego de la Segunda Guerra Mundial?
“Después de la segunda guerra mundial, en Francia existió un Partido Comunista muy fuerte, muy enraizado en la clase obrera industrial, un poco como en Chile. Por eso la izquierda francesa siempre ha mirado a Chile y viceversa, por el tipo de estructuración de los partidos y del movimiento obrero, por las similitudes, independientemente de las enormes diferencias en otros ámbitos. También en ambos países se encuentra el cristianismo social o un proletariado minero por ejemplo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el PC sacaba un 25 % de los votos en elecciones nacionales. Era el partido de masas del país por excelencia. Desde esos tiempos hasta nuestros días, hay un declive permanente de los PC en Francia (como en Europa), que tenía fuerte presencia también en los municipios, en la producción cultural, en las universidades, entre los intelectuales, en la literatura, etc. Sin embargo, paulatinamente con la crisis de la URSS y una política parlamentaria y municipal de cogobierno con la social-democracia y el PS, (desde los frentes populares en los 30’ hasta el gobierno Jospin, 1997-2002) se adaptó a la institucionalidad de la sociedad capitalista y colaboró regularmente con los sectores liberales de la “izquierda”. La caída del muro de Berlín en 1989 marcó también mucho al comunismo francés y a un partido que, por lo general, no supo sacar las lecciones críticas de lo que representó como fenómeno histórico regresivo el estalinismo y los socialismos burocráticos reales del Este de Europa. En las ultimas elecciones presidenciales, el PC sacó 1,9% de los votos y su militancia ha bajado de manera sustancial, aunque conserva más de 10.000 concejales locales en el país…”
¿Qué evaluación haces del famoso Mayo de 1968?
“Mayo del 68 tiene mucha relevancia hasta nuestros días, tanto por su impacto como por sus limitaciones. Entonces ocurrió la huelga general más fuerte de la historia francesa: 10 millones de trabajadores. Esto rompe el mito de la pura revolución cultural y estudiantil. La huelga de los trabajadores explica el temor de las clases dominantes. Hay una poderosa crítica a la sociedad capitalista como también al estalinismo verticalista y al funcionamiento de “los socialismos reales”. Se implementan y defienden nuevas libertades sexuales y de género. Los trabajadores se ponen en huelga general sin pedirle permiso a la dirección de la Central General de Trabajadores (CGT, dirigida por el PC en este entonces), con el argumento de que “a nuestros hijos los están reprimiendo”. El conflicto se resolvió con mejoramientos salariales importantes para los trabajadores, con los “acuerdos de Grenelle” entre el presidente de la CGT y el gobierno derechista de le época, momento donde se acuñó la famosa frase “Hay que saber terminar una huelga, compañeros.” Al final era un llamado para que todo volviera al orden anterior en un período donde sí existía la posibilidad y la combatividad obrera para defender una perspectiva de ruptura con la sociedad reaccionaria encarnada por el General De Gaulle. Comienzan a desarrollarse entonces otros sectores anticapitalistas ligados al trotskismo, a los maoístas y a los libertarios. Sobre todo a partir del año 70, donde, entre otras cosas, nace la Liga Comunista, después Liga Comunista Revolucionaria (LCR). Se trata de sectores que se desprenden de la juventud comunista y se encuentran con viejos sectores trotskistas del movimiento obrero y de la cuarta internacional. Los libertarios y el maoísmo cobran también mucha fuerza.”
LA DERECHIZACIÓN DE LA IZQUIERDA INSTITUCIONAL
¿Qué impacto tuvo para la izquierda francesa la implosión del campo soviético?
“Lo anterior continúa en los años 80 y tiene un punto de inflexión con la caída del campo “socialista”. Para unos, la conclusión será que terminó en nuestros países (capitalismos centrales del sistema-mundo) toda posibilidad de ruptura anticapitalista o revolucionaria, fortaleciendo las posiciones parlamentaristas, electoralistas y reformista-gradualista; y para otros significó –al contrario- un nuevo período para el movimiento obrero internacional y la toma de las banderas del anticapitalismo para construir otro socialismo posible. Ello coincide con la reorientación acelerada del Partido Socialista que toma el camino de liberalismo y de lo que llaman hoy, y es un eufemismo, la “economía social de mercado”. El PS fomenta alianzas con el PC en este sentido político reformista. El PS crece, entonces, electoral y políticamente a costa del PC y el mejor artífice de esta política ha sido François Mitterrand. Desde el 83, el PS en alianza con el PC comienza con las transformaciones contra el Estado de Bienestar y el apego a los ajustes estructurales y a la “austeridad” presupuestaria. Esta participación gubernamental le costará muy caro al PC y el rechazo de una parte de su base social. Hasta hoy esta inclinación hacia el neoliberalismo de la izquierda institucional se expresará en que altos dirigentes del PS francés, sean directores de la Organización Mundial de Comercio (OMC – con Pascal Lamy-) y ostenten la presidencia del FMI (Fondo Monetario Internacional, con Dominique Strauss-Kahn ). Es decir unas de las principales herramientas del capitalismo mundial y del saqueo imperial de los países del sur está dirigida por esta “izquierda”… Nosotros a este fenómeno lo llamamos “proceso de social-liberalización”; es decir, neoliberalismo brutal más algunas políticas asistenciales para los indigentes. Los 90’ fue una travesía en el desierto. La izquierda extraparlamentaria se manifiesta en muchos grupos, en minorías revolucionarias que tienen ideas, pero no llegada a la gente común, al pueblo. Hay mucho divisionismo y dogmatismo. Desaparece, casi por completo, el maoísmo. Y dentro de esta nueva coyuntura, aparecen los llamados a la reconstrucción de una izquierda clasista”
¿Cuáles son las condiciones del movimiento popular y de los trabajadores en Francia hoy?
“Al nivel sindical, existen 6 confederaciones. La CGT se dividió durante las últimas décadas entre centrales de “derecha” y de “izquierda”, expresando un rechazo creciente a la hegemonía del PC sobre el movimiento sindical. Por ejemplo, aparece “Solidarios” en 1981, que es una nueva central más radical y dinámica, más joven, que organiza a los sectores más golpeados y precarios: los trabajadores ferrocarriles, empleados públicos de salud, educación y correos, los cesantes, los inmigrantes… Buscan una política unitaria pero claramente clasista. Aparte, existen dos posiciones dentro de la izquierda radical: los que persiguen cambiar y reorientar la CGT por dentro con posiciones clasistas y los que están en “Solidarios” buscando construir un nuevo sindicalismo de lucha. Es necesario mencionar que hay muy buenos sindicalistas de base, obreros del sector privado y empleados públicos, en la CGT también. En regiones, lejos de la dirección nacional burocratizada de la CGT, confraternizan ambas centrales en torno a huelgas unitarias. Hoy se vive una agudización de los conflictos sociales a nivel europeo, pero donde las grandes centrales juegan un papel de freno al movimiento y a la convergencia. En Francia, acabamos de vivir, una secuencia de lucha de clases muy aguda: hubo tomas de fábrica importantes, como Continental o Caterpillar, hubo toda una serie de secuestros de patrones y cuadros de empresas que despiden y deslocalizan para aumentar aun más sus ganancias… Actualmente en una empresa (Molex) se está hablando de requisición por los trabajadores y de control obrero. Este nivel de combatividad excepcional asusta tanto a la burguesía, como al gobierno de Sarkozy. Sobre todo cuando al mismo tiempo se desarrolló la magnífica experiencia del colectivo LKP en Guadalupe, ¡Con una huelga general de 44 días apoyada por todo el pueblo de la isla! Y fue una huelga victoriosa. Los medios de comunicaron intentaron esconderla, pero igual tuvo un impacto muy grande en Francia: la gente dijo sí es posible unirse y ganar frente al gobierno de Sarkozy. Desgraciadamente se conoció poco aquí en América Latina esta experiencia de Guadalupe, que son países hermanos. En Francia, las grandes confederaciones han sido completamente desbordadas por su base. En los últimos meses hubo 3 jornadas de huelga general y el 19 de marzo han salido más de 3 millones de trabajadores a la calle, además de los millones en huelga. Pero las direcciones sindicales no propusieron ninguna perspectiva de huelga reconducible, ni tampoco iniciativas de convergencia de los sectores en lucha, entre empleados públicos y privados, entre trabajadores de planta y precarios, entre trabajadores franceses e inmigrantes. Al contrario; nosotros como universitarios, frente a las reformas privatizadoras del gobierno, estuvimos 3 meses seguido en huelga, hicimos ocupaciones de las ciudades, de los campus, organizamos coordinaciones de movilización: ¡Un hecho inédito! Pero no se logró salir del ámbito. No hubo convergencia, pese a los altos niveles de conflictividad. Esto demostró la falta total de alternativa desde la izquierda institucional. Durante todos estos meses de conflictos sociales, el PS estuvo mudo, ausente, hablando sólo de sus conflictos de poder interno. Esta situación es más fácil explicar cuando vemos que Sarkozy está poniendo en práctica una parte del programa neoliberal del PS (sobre jubilaciones, universidad, flexibilidad del trabajo, en fin).”
¿Qué pasa con la izquierda que no se confunde con el neoliberalismo?
“Estamos ante un proceso largo y histórico para llegar a construir un polo anticapitalista en Francia y en Europa. A partir de 1992 y desde la Liga Comunista Revolucionaria (LCR, donde militaba antes), nosotros decimos que ante un nuevo período caracterizado por la reorganización mundial del capitalismo neoliberal, por el social-liberalismo de la izquierda tradicional y por el derrumbe de los socialismos burocráticos, es preciso crear nuevos movimientos, una nueva organización política y discutir un nuevo programa para la emancipación humana. Pensamos que no hay que quedarse anclados en un principismo dogmático, en teorías que no tienen que ver con la realidad y sobre todo que hay que responder a los problemas reales de la gente. Pero eso sí, rescatando lo mejor de la historia del movimiento obrero y revolucionario internacional. También es necesario tomar en cuenta y escuchar a la nueva generación de militantes sociales que apareció con el ultimo ciclo de la lucha de clases en el mundo y que tiene críticas legítimas que hacer a los partidos de izquierda”
¿Cuáles son las distancias entre los sectores antineoliberales y los anticapitalistas?
“Hay dos posiciones fuertes entre los “antiliberales”, que estiman que todavía es posible humanizar o reformar el capitalismo mundial. Nosotros decimos que el antineoliberalismo consecuente es anticapitalismo; no es posible humanizar el sistema. Y la actual crisis mundial refuerza esta idea, sobre todo cuando el sueño de volver al keynesianismo o al Estado de bienestar es una pura ilusión. Y sobre todo pretender hoy salvar al capitalismo sería como proponerse alimentar una enferma que nos va a matar a todos, humanos y ecosistema incluido. Tácticamente, como anticapitalistas, nos definimos con independencia de la socialdemocracia y del PS francés. Estratégicamente, afirmamos la necesidad de la independencia de clase y de la independencia hacia el Estado y su institucionalidad, que quiere atraparnos, moldearnos y domarnos. Nosotros llegamos a la conclusión de que necesitamos un instrumento político al servicio, para y por las clases populares para enfrentar a Sarkozy. Frente a una derecha de combate, contraponemos una izquierda de combate.”
¿Cuál es la relación entre el anticapitalismo y el PC francés?
“El discurso del PC, para justificar aliarse con el PS y cogestionar con él centenares de municipalidades y regiones, es que hay que crear “mayoría en la izquierda”. Nosotros queremos crear mayoría popular, cambiando de izquierda en base a un proyecto anticapitalista. Aquí nosotros decimos que para construir una izquierda auténticamente anticapitalista hay que formarla de manera independiente del PS, del social-liberalismo y también de las instituciones dominantes. Pero la idea de dotarse de un partido anticapitalista no es un fin per se ; el partido es solamente un instrumento para la emancipación, al servicio de ella, una herramienta (ojalá transitoria). Se trata de dar representación política a las luchas sociales, a los jóvenes pobladores, precarios, trabajadores organizados, inmigrantes, empleados públicos, etc.”
EL CAMINO
¿Cuál es el origen del NPA?
“Desde los 70’, fracasamos en la organización “desde arriba” de un polo anticapitalista, es decir construir en base a un acuerdo de fusión entre varias organizaciones de la izquierda revolucionaria. Entonces la Liga Comunista Revolucionaria asumió la línea “desde abajo”, una política de puertas abiertas, de creación de comités de base en todo el país y de nacimiento de un nuevo partido. Concluimos que la LCR estaba lista para desaparecer, para disolverse y que era el momento de dar un salto cualitativo y cuantitativo. Una apuesta fuerte, de alta incertidumbre, donde la decisión es poner fin a una organización dinámica, de 40 años, en pleno crecimiento: una decisión inédita en la historia reciente. Pero creo que tómanos la buena decisión. Ya desde 2002, realizamos una enorme campaña sobre la prohibición de los despidos. En las elecciones presidenciales nuestro vocero, el joven cartero Olivier Besancenot, obtiene más de un millón de votos y en la presidencial de 2007, 1 millón 500.000 (4% frente a los 1,9% del PC). Además en 2005, hubo una grande campaña unitaria y popular para el “no” al tratado constitucional ultraliberal europeo. Todos estos elementos confirmaban la existencia de un potencial real, la responsabilidad de la LCR para intentar responder al inmenso desfase entre las organizaciones de la izquierda radical y el nivel de combatividad social. El 2007 convocamos públicamente a la conformación de un “nuevo partido anticapitalista”, proceso que dura un año, hasta el congreso de febrero de 2008, a través de la discusión en centenares de comités de base, abierto a todas y todos. Desde el principio, los ex militantes de la LCR son franca minoría en los comités, y esa es la idea, para que los resultados del debate provengan genuinamente desde las bases: no se trataba de renovar la LCR, sino de construir una nueva izquierda anticapitalista.”
¿De qué forma se organizan los comités anticapitalistas?
“Los comités se forman territorialmente de manera inicial y llegan a ser 400 a nivel nacional. Después viene el proceso de organización y coordinación por sectores o regiones. A los comités llegan ex militantes comunistas, ex militantes de base del PS, sectores libertarios, pero sobre todo, muchos sindicalistas clasistas independientes, jóvenes pobladores, militantes altermundialistas, ecologistas radicales, feministas sin partido. Por ejemplo, en mi comité somos dos ex militantes de la LCR, y los 12 restantes no tienen nada que ver con nuestro partido de origen. Éramos menos de 3.000 militantes de la LCR en 2007. Hoy somos más de 11.000 dentro del NPA: se concretizó el salto cuantitativo y también cualitativo.”
¿Cómo se vive la etapa inicial de constitución del NPA?
“El proceso se vive con mucha riqueza, mucho debate y por supuesto dificultades, debido a la proveniencia de la convergencia de distintas culturas políticas y organizacionales, donde es preciso trascender los principismos, el sectarismo para superar las identidades particulares o cerradas y forjar una identidad común anticapitalista. Hay que recordar que en el nuevo instrumento llegan medioambientalistas o libertarios que tienen una visión inicial bastante negativa de los partidos y de las formas de poder (y se puede entenderlo conociendo el siglo XX…); y también gente sin cultura política partidaria. De todo, en buenas cuentas. Tuvimos que poner todo sobre la mesa, sin sectarismo: nuestra concepción de un partido, del anticapitalismo, de la transformación social, nuestros referentes teóricos, todo… y ha sido un ejercicio colectivo muy sano, de democracia directa, de discusión con miles y miles de personas en el país”
¿Cómo discutieron los fundamentos de un nuevo partido?
“El proceso se dio por medio de una agenda y textos comunes. Se conformó un comité de coordinación nacional, plural, que en base a las discusiones en las base propuso textos comunes de debate. En un año se discutió todo y se logro redactar colectivamente, por miles de militantes, un texto central sobre los principios fundadores del NPA; otro sobre coyuntura política nacional e internacional y un texto sobre estatutos y organización (Ver: http://www.npa2009.org/node/24 ). La dinámica consistió en una ida y vuelta de conclusiones desde los comités de base hacia el comité nacional, ¡Con miles de enmiendas! Entonces el comité nacional de coordinación clasificó por temáticas las enmiendas para consensuar las posiciones y cuando no había consenso, se enviaban los puntos en conflicto de regreso a los comités para discutir nuevamente. Entre tanto, hubo una reunión nacional con delegados de toda Francia a mitad de año, reuniones regionales de los comités, hasta llegar al Congreso Fundacional en febrero 2008, donde cuando no hubo consenso, simplemente se votó en base a textos diferentes.”
¿Qué aspectos fueron los más debatidos?
“En el congreso participaron 800 delegados elegidos en los comités de base, representando a más de 9.000 militantes. También acudieron delegaciones internacionales de más de 45 países de todos los continentes y centenares de observadores y periodistas europeos e internacionales. Los temas que más se discutieron fueron, por ejemplo, ¡el nombre! ¿Cómo nos vamos a llamar? Un tema no sólo simbólico, trascendental para un partido ¿Revolucionarios, anticapitalistas, socialistas, de izquierda, ecologistas radicales? Había más de 400 nombres propuestos por los comités. Y en el último Congreso votamos entre 8 y ganó el nombre NPA, es decir el mismo nombre provisorio original. Se había propuesto también “Partido Anticapitalista Revolucionario” o “Partido de la Izquierda Anticapitalista”… También hubo otras discusiones políticas esenciales sobre conceptos del “socialismo del siglo XXI” y del “eco-socialismo”: dos conceptos que reivindicamos principalmente para diferenciarse de los “socialismos” autoritarios del siglo XX. Se debatió sobre estrategia de poder y revolución, sobre organización interna y democracia o sobre cómo participar en las próximas elecciones”
¿Cuáles fueron los acuerdos cardinales?
“Claramente quedó establecido que no queremos socialismo burocrático, ni dictatorial. Finalmente se reivindicó el socialismo del siglo XXI, que nos parece un concepto amplio y que abría las avenidas para la discusión (hay que decir que en Europa este concepto no se asocia inmediatamente como aquí en Chile a la experiencia venezolana). La problemática estratégica todavía no está cerrada. Para ilustrar gruesamente, algunos están más cercanos al modelo bolchevique, otros asumen posiciones de ruptura gradual interrumpida, otros reivindican a Louise Michele y la Comuna de París o Rosa Luxemburgo... Hay muchos matices al respecto en el NPA. No hemos resuelto del todo y en detalle cómo se va a romper con el capitalismo (¡nadie lo sabe!), pero sí estamos de acuerdo que será en base a la auto-organización de las clases populares y a formas de huelga general masiva. Por supuesto, tenemos lineamientos generales comunes ligados a la indispensable socialización y control de los principales medios de producción, a romper con la institucionalidad burguesa, a poner fin al modelo productivista insustentable, etc.”
¿Cuáles son los pasos tácticos y cuál la estrategia?
“Otra discusión tuvo que ver con la táctica en política nacional. Un sector minoritario planteó no participar en las elecciones con argumentos libertarios. En el mismo contexto electoral, un sector postuló aliarse con el PC y desprendimientos del PS para enfrentar a la derecha. Y el sector mayoritario afirmó que es necesario mantener la independencia absoluta respecto del PS, sin cerrar el diálogo con otras organizaciones políticas, como Lucha Obrera, Alternativa Libertaria y con comunistas consecuentes. Se decide que los anticapitalistas deben participar en elecciones e ir al Parlamento Europeo. Si vamos a elecciones es para llevar la voz de los movimientos sociales, de los trabajadores, de los sectores excluidos por el capital. Queremos que gobiernen nuestras ideas a través de un movimiento y lucha de clases muy fuerte. Queremos que el pueblo esté en el poder, no que nos atrape el poder. Los elegidos serán controlados por el partido y serán la voz de los trabajadores, no serán administradores del sistema. Tienen que dar cuenta de su trabajo y actuar en base a orientaciones del partido. La idea es colectivizar las figuras del partido, a través de dirigentes obreros, altermundistas, inmigrantes. La participación electoral es puramente táctica; lo estratégico es la ruptura con el capitalismo y su institucionalidad.”
¿Qué principios acordados te gustaría relevar?
“En nuestros principios fundadores ( www.npa2009.org/sites/default/files/principesfondateurs.doc ) está la autogestión socialista, la autoorganización popular y como herramienta, la huelga general reconducible, el control de las fábricas por los trabajadores, la apertura de las cuentas bancarias, la expropiación de los grandes medios de producción y de servicio desde los trabajadores y los usuarios y bajo su control, la implementación de un desarrollo ecológico socialista sustentable. Nuestros principios reivindican un “proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad” y la creación de una democracia socialista auténtica, económica y social. Así, al contrario de lo que pueden afirmar algunos grupos dogmáticos o sectarios, no se trata de “liquidar” la herencia del marxismo, sino de utilizarla para intentar construir alternativas reales en el siglo XXI. Los “porfiados hechos” dirán si acertamos o no, pero es impensable quedarse con los brazos cruzados cuando estamos frente al abismo y que el capitalismo está a punto de destruir el planeta. Y sin planeta, de socialismo no habrá…”
LA VIOLENCIA POLÍTICA
¿Existe debate sobre el empleo de la violencia?
“Para nosotros, la violencia y el terrorismo viene históricamente de las clases dominantes y del Estado. Entre otros, citamos en nuestros textos fundadores el ejemplo chileno y del golpe de 1973. Por eso nosotros nos reservamos el derecho irrenunciable a la autodefensa popular. Ahora, con el gobierno Sarkozy, estamos viviendo una fase de fuerte represión en Francia, de control policial de los barrios periféricos, de pérdida de las libertades fundamentales, de lógica estatal xenófoba. En concreto, estamos en condiciones de defender marchas, piquetes de huelga. Pero tenemos muchas cosas que enfrentar en este plano y pensamos desarrollar más nuestro “comisión seguridad” y “formación” en este sentido.”
LA ORGANIZACIÓN POR DENTRO
¿De qué manera se estructuran orgánicamente?
“Más que nunca, la forma tiene que ver con el fondo. Si queremos transformar la sociedad de manera radical, tenemos que cambiar nosotros mismos. Por eso nuestra forma de organización debe expresarse también en modificaciones en nuestras relaciones cotidianas y dentro del partido. En el NPA existe paridad absoluta de género, en todas las instancias: un hombre, una mujer. A nivel interno como en las campañas electorales. La confección de los estatutos, que aún son provisorios, nos ha tomado un año. Creemos que la propia práctica ordena. Los comités son la base soberana del NPA. Su naturaleza es territorial, a nivel de ciudad y departamental, pero también puede ser por sectores económicos (por empresa o por actividad profesional). Los comités eligen a escala departamental o regional una direcció, que le otorga coordinación y centralización al trabajo militante. La dirección nacional esta formada por la Comisión Política Nacional (CPN) elegida por los delegados del congreso nacional. En la CPN participan más de 150 compañer@s elect@s que se reúnen trimestralmente. La dirección nacional elige a un comité ejecutivo de alrededor de 30 personas, encargado del trabajo cotidiano, de atender los problemas de organización diarios o de la relación con la prensa. Todo se hace bajo el control de la CPN y de los comités. Es una dirección colectiva, sin secretario general, compuesta en su mayoría de militantes y trabajadores jóvenes (entre 25 y 40 años). De allí salen los portavoces. Hay derecho de creación de tendencia interna y hasta de fracciones como garantía de la expresión de la democracia interna. Los votos se hacen a la proporcional integral. Así se funciona a nivel interno, siempre con el criterio de autonomía local de los comités, pero siguiendo a la coordinación nacional. Sobre todo, nuestros estatutos aprobaron los principios de rendición de cuenta de los dirigentes y también de rotación y revocabilidad de ellos bajo control de los militantes. Casi todos son trabajadores y siguen en actividad. Queremos evitar los procesos de burocratización o de dirigentes descolgados de la realidad”
¿Qué hay de los Equipos de Trabajo?
“También existen varias comisiones nacionales y locales: comisión sobre el trabajo en empresas privadas y públicas a nivel sindical, con creación de boletines específicos por rama y mucha propaganda en el sector. Existe la “comisión inmigración” de apoyo a la lucha de los inmigrantes “sin papeles”, otra de juventud, de formación militante, de disciplina, educación e investigación; de relaciones internacionales (con trabajo por área geográfica: América Latina -a la cual pertenezco-, Mundo árabe, África, Asia, cada uno con boletines de formación y debate específico). El trabajo internacionalista y antirracista es para nosotros fundamental, está al centro de nuestro compromiso político. Al respecto, postulamos a mediano plazo la creación de una nueva Internacional de agrupaciones anticapitalistas, una quinta internacional. Eso ha dado unos primeros pasos concretos en Europa con conferencias de la izquierda europea anticapitalista donde participa un conjunto amplio de organizaciones. A corto plazo, queremos multiplicar los contactos con todas las organizaciones que luchan contra el capitalismo de manera consecuente. Aquí en Chile, nos interesa crear vínculos con el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores y otros organizaciones de la izquierda radical.”
¿Cómo funcionan las comunicaciones?
“Nuestro sistema de prensa se produce a nivel nacional a través del comité ejecutivo. Tenemos el periódico semanal “Todo es nuestro” ( www.npa2009.org/category/section/tout-est-%C3%A0-nous ); uno mensual, más de profundidad y de análisis, que lleva el mismo nombre; la página de internet que se enriquece diariamente con videos, comunicados de prensa, material militante como afiches o panfletos, etc… Además, en nuestro entorno, tenemos “revistas amigas”, no partidarias pero que participan de nuestra reflexión y donde somos varios del NPA quienes escribimos o colaboramos: es el caso de una publicación más teórica, “Contratiempo”, fundada por el marxista Daniel Bensaïd, que es trimestral y abierta a todos los pensamientos críticos, en el sentido que se expresan posiciones políticas e intelectuales que van más allá del propio NPA (ver: http://contretemps.eu).”
¿De qué manera se financian?
“En relación al autofinanciamiento de la organización, todo militante debe ser miembro activo (pegatinas, panfletos, venta del periódico, participación en las reuniones) y cotizar mensualmente: somos un partido militante, no una organización para fabricar votos. Para la cotización, elemento importante para todo partido independiente del sistema, hay una parrilla de cálculo basada en que quien tenga más ingresos, más porcentaje de cotización aporta. Es como un impuesto sobre los ingresos que va del 0,5% de los ingresos hasta el 3% para los más afortunados. La cotización mínima es de 5 euros ($4 mil pesos chilenos) para estudiantes y cesantes. La cotización nos permite autofinanciar el NPA. La mitad de las cotizaciones queda a nivel local para su funcionamiento, y la otra mitad para el trabajo nacional. Teóricamente, quien no tenga las cotizaciones al día no puede votar, independientemente de que participe como observador. Pero estamos abiertos a entender toda situación económica difícil por supuesto”
¿Qué criterios emplean respecto de los cargos públicos electos?
“Sobre los cargos públicos electos, ellos no pueden superar los dos mandatos. Sus remuneraciones van a la organización, y la organización les paga un salario de un trabajador medio. Les ayuda en su trabajo comisiones de preparación de las temáticas que tiene que tratar: el partido es un intelectual colectivo que ayuda a pensar y a actuar. Ahora está en discusión los mecanismos de control por parte de la base, el no cúmulo de los cargos y la revocabilidad, como lo que ocurre con los dirigentes del NPA.”
FRANCIA Y CHILE: DIFERENCIAS Y SIMILITUDES
¿Qué distancias sustanciales adviertes entre las formas de dominación capitalista entre Francia y Chile?
“El modo de dominación entre Francia y Chile todavía se diferencia por los niveles de violencia de clase que son muy brutos, muy desnudos en Chile. Estas diferencias son producto de la inserción desigual y combinada diferente de los dos países en el sistema-mundo capitalista. En Francia, país “céntrico” e imperialista, aún hay un colchón social que utiliza el sistema para amortiguar los conflictos sociales. Todavía quedan conquistas sociales que operan: el reembolso por cesantía, la educación y salud gratuitas. Un obrero francés tiene su casa, su auto, tiene seguridad social, su jubilación asegurada, cuanta con infraestructura de primer mundo. Por eso la ruptura con este modelo no parece tan evidente, pese a la degradación de las condiciones de vida muy acelerada en los últimos tiempos. Chile, en realidad, ha sido el laboratorio del neoliberalismo, de los “Chicago boys”, no sólo para América Latina, sino para casi todo el mundo.”
¿Cuál es tu mirada sobre la patria más austral del mundo?
“Veo a Chile como una “democracia tutelada”, empleando el concepto del sociólogo Felipe Portales. En Chile, el nivel de penetración de las transnacionales está interconectada directamente con la elite política. Se observa en el caso de Pascua Lama, de las salmoneras y en el cobre. Más que nunca el mito de la burguesía nacional como aliada transitoria para los intereses populares es imposible. La Concertación que gobierna el modelo heredado de Pinochet es un claro adversario de las clases populares y de la izquierda y un franco aliado de la clase dominante. Por esta razón, creo que toda reconstrucción de un polo anticapitalista en Chile pasará por una rearticulación de la lucha social en la base, en las empresas, en las poblaciones, en las universidades. Por esta razón, creo que toda tentativa de pacto electoral, como lo está haciendo actualmente el PC chileno con la Concertación, está destinada al fracaso en términos de reconstrucción de alternativas reales e iría a contrapelo de los intereses populares. La reconstrucción de un proyecto de “izquierda de combate” en Chile se hará de manera independiente de la Concertación y del Estado”.
¿Qué contradicciones se descubren en Chile en torno a la sustancial capital / trabajo?
“La contradicción capital-trabajo es inmensa, las prácticas antisindicales salvajes, el código laboral data de la dictadura, la represión de los movimientos sociales, del pueblo Mapuche son denunciadas a nivel internacional. Y a esta contradicción se añade otra: la capital-naturaleza. El conflicto entre la explotación de recursos naturales por las transnacionales y la destrucción del medioambiente está en el centro del funcionamiento actual del capitalismo, por tanto, es una lucha que debe ampliar la política anticapitalista. En Chile es brutal lo que está pasando al respecto, particularmente en el sur del país, esto combinado con el no reconocimiento del derecho a la autodeterminación del pueblo Mapuche.”
¿Qué es lo que más te llama la atención del Chile profundo?
“En Chile llama la atención el nivel de “naturalización” del neoliberalismo, producto de 17 años de dictadura, del terrorismo de Estado y después de 20 años de “dictablanda” y de los gobiernos de la Concertación neoliberal. Chile hace parte -hasta el momento- de los modelos ultraliberales “estables”. Las clases dominantes lograron a sangre y a fuego, y después gracias a políticas muy eficaces de represión-comunicación-manipulación transformar los ciudadanos en verdaderos clientes-consumidores endeudados, los “ciudadanos-crediticios” de los cuales habla el sociólogo Tomás Moulian en su libro “Chile, anatomía de un mito”. En Francia, este fenómeno ha ganado mucho terreno, pero todavía quedan espacios para “la polis”, para la política en el buen sentido del término, para la expresión pública del conflicto y de la disconformidad social. En Chile, los espacios públicos están privatizados o marginados, las plazas públicas se trasformaron en Malls, los movimientos sociales están aún muy débiles y atomizados a pesar de antecedentes esperanzadores como los pingüinos, los Mapuches o la lucha de los subcontratistas mineros. Otra similitud entre Francia y Chile, es la “farandulización” de la política: lo que llamamos allá la “peepolización” alcanzó niveles nunca imaginados con Berlusconi en Italia o Sarkozy en Francia. Es también el caso en Chile con la candidatura de Marco Enríquez Ominami. A nivel mundial, existe un espacio mediático corporativo que es gravitante y hace política… para sus propios intereses. La problemática de los medios de comunicación y de su democratización radical es otro tema que la izquierda tiene que retomar".
Andrés Figueroa Cornejo es periodista y miembro del Movimiento del Pueblo y de los Trabajadores (Chile).
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Andrés Figueroa Cornejo
Rebelión
Para la izquierda chilena, Francia, históricamente, representa entre una batería enorme de dimensiones, la Revolución Francesa, la Comuna de París, la Resistencia durante la ocupación nazi, Mayo del 68. Hoy, a través del nacimiento del Nuevo Partido Anticapitalista, una vez más, una franja sustantiva de la izquierda de Francia ofrece pistas de interés ante la recomposición mundial de las fuerzas sociales organizadas contra la hegemonía capitalista.
Franck GaudichaudFranck Gaudichaud es Doctor en Ciencias Políticas, miembro del colectivo de www.rebelión.org y académico de la cátedra de América Latina en una universidad francesa. Se doctoró analizando el movimiento popular chileno, en particular, la experiencia de los cordones industriales y el poder popular durante el gobierno de Salvador Allende. Su cariño por Chile lleva tiempo. En una estadía en Bolivia, Franck conoció aspectos de lo ocurrido durante los mil días del gobierno de la Unidad Popular. Se dio cuenta que había mucha literatura respecto de la institucionalidad de la UP y sus grandes personajes, pero existía un vacío sobre el sujeto popular y obrero, protagonista central del proceso. Luego de publicar un texto respecto de los cordones industriales y el poder popular constituyente en Chile (LOM ediciones), ahora quiere lanzar un segundo tomo “sobre la revolución desde abajo en Chile que se dio en la época”.
Aprovechando su visita a Chile, el periodista que escribe se reunió con Franck, militante activo del Nuevo Partido Anticapitalista francés para indagar en relación a temas candentes para el campo popular mundial.
¿Qué ocurre con la izquierda francesa luego de la Segunda Guerra Mundial?
“Después de la segunda guerra mundial, en Francia existió un Partido Comunista muy fuerte, muy enraizado en la clase obrera industrial, un poco como en Chile. Por eso la izquierda francesa siempre ha mirado a Chile y viceversa, por el tipo de estructuración de los partidos y del movimiento obrero, por las similitudes, independientemente de las enormes diferencias en otros ámbitos. También en ambos países se encuentra el cristianismo social o un proletariado minero por ejemplo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el PC sacaba un 25 % de los votos en elecciones nacionales. Era el partido de masas del país por excelencia. Desde esos tiempos hasta nuestros días, hay un declive permanente de los PC en Francia (como en Europa), que tenía fuerte presencia también en los municipios, en la producción cultural, en las universidades, entre los intelectuales, en la literatura, etc. Sin embargo, paulatinamente con la crisis de la URSS y una política parlamentaria y municipal de cogobierno con la social-democracia y el PS, (desde los frentes populares en los 30’ hasta el gobierno Jospin, 1997-2002) se adaptó a la institucionalidad de la sociedad capitalista y colaboró regularmente con los sectores liberales de la “izquierda”. La caída del muro de Berlín en 1989 marcó también mucho al comunismo francés y a un partido que, por lo general, no supo sacar las lecciones críticas de lo que representó como fenómeno histórico regresivo el estalinismo y los socialismos burocráticos reales del Este de Europa. En las ultimas elecciones presidenciales, el PC sacó 1,9% de los votos y su militancia ha bajado de manera sustancial, aunque conserva más de 10.000 concejales locales en el país…”
¿Qué evaluación haces del famoso Mayo de 1968?
“Mayo del 68 tiene mucha relevancia hasta nuestros días, tanto por su impacto como por sus limitaciones. Entonces ocurrió la huelga general más fuerte de la historia francesa: 10 millones de trabajadores. Esto rompe el mito de la pura revolución cultural y estudiantil. La huelga de los trabajadores explica el temor de las clases dominantes. Hay una poderosa crítica a la sociedad capitalista como también al estalinismo verticalista y al funcionamiento de “los socialismos reales”. Se implementan y defienden nuevas libertades sexuales y de género. Los trabajadores se ponen en huelga general sin pedirle permiso a la dirección de la Central General de Trabajadores (CGT, dirigida por el PC en este entonces), con el argumento de que “a nuestros hijos los están reprimiendo”. El conflicto se resolvió con mejoramientos salariales importantes para los trabajadores, con los “acuerdos de Grenelle” entre el presidente de la CGT y el gobierno derechista de le época, momento donde se acuñó la famosa frase “Hay que saber terminar una huelga, compañeros.” Al final era un llamado para que todo volviera al orden anterior en un período donde sí existía la posibilidad y la combatividad obrera para defender una perspectiva de ruptura con la sociedad reaccionaria encarnada por el General De Gaulle. Comienzan a desarrollarse entonces otros sectores anticapitalistas ligados al trotskismo, a los maoístas y a los libertarios. Sobre todo a partir del año 70, donde, entre otras cosas, nace la Liga Comunista, después Liga Comunista Revolucionaria (LCR). Se trata de sectores que se desprenden de la juventud comunista y se encuentran con viejos sectores trotskistas del movimiento obrero y de la cuarta internacional. Los libertarios y el maoísmo cobran también mucha fuerza.”
LA DERECHIZACIÓN DE LA IZQUIERDA INSTITUCIONAL
¿Qué impacto tuvo para la izquierda francesa la implosión del campo soviético?
“Lo anterior continúa en los años 80 y tiene un punto de inflexión con la caída del campo “socialista”. Para unos, la conclusión será que terminó en nuestros países (capitalismos centrales del sistema-mundo) toda posibilidad de ruptura anticapitalista o revolucionaria, fortaleciendo las posiciones parlamentaristas, electoralistas y reformista-gradualista; y para otros significó –al contrario- un nuevo período para el movimiento obrero internacional y la toma de las banderas del anticapitalismo para construir otro socialismo posible. Ello coincide con la reorientación acelerada del Partido Socialista que toma el camino de liberalismo y de lo que llaman hoy, y es un eufemismo, la “economía social de mercado”. El PS fomenta alianzas con el PC en este sentido político reformista. El PS crece, entonces, electoral y políticamente a costa del PC y el mejor artífice de esta política ha sido François Mitterrand. Desde el 83, el PS en alianza con el PC comienza con las transformaciones contra el Estado de Bienestar y el apego a los ajustes estructurales y a la “austeridad” presupuestaria. Esta participación gubernamental le costará muy caro al PC y el rechazo de una parte de su base social. Hasta hoy esta inclinación hacia el neoliberalismo de la izquierda institucional se expresará en que altos dirigentes del PS francés, sean directores de la Organización Mundial de Comercio (OMC – con Pascal Lamy-) y ostenten la presidencia del FMI (Fondo Monetario Internacional, con Dominique Strauss-Kahn ). Es decir unas de las principales herramientas del capitalismo mundial y del saqueo imperial de los países del sur está dirigida por esta “izquierda”… Nosotros a este fenómeno lo llamamos “proceso de social-liberalización”; es decir, neoliberalismo brutal más algunas políticas asistenciales para los indigentes. Los 90’ fue una travesía en el desierto. La izquierda extraparlamentaria se manifiesta en muchos grupos, en minorías revolucionarias que tienen ideas, pero no llegada a la gente común, al pueblo. Hay mucho divisionismo y dogmatismo. Desaparece, casi por completo, el maoísmo. Y dentro de esta nueva coyuntura, aparecen los llamados a la reconstrucción de una izquierda clasista”
¿Cuáles son las condiciones del movimiento popular y de los trabajadores en Francia hoy?
“Al nivel sindical, existen 6 confederaciones. La CGT se dividió durante las últimas décadas entre centrales de “derecha” y de “izquierda”, expresando un rechazo creciente a la hegemonía del PC sobre el movimiento sindical. Por ejemplo, aparece “Solidarios” en 1981, que es una nueva central más radical y dinámica, más joven, que organiza a los sectores más golpeados y precarios: los trabajadores ferrocarriles, empleados públicos de salud, educación y correos, los cesantes, los inmigrantes… Buscan una política unitaria pero claramente clasista. Aparte, existen dos posiciones dentro de la izquierda radical: los que persiguen cambiar y reorientar la CGT por dentro con posiciones clasistas y los que están en “Solidarios” buscando construir un nuevo sindicalismo de lucha. Es necesario mencionar que hay muy buenos sindicalistas de base, obreros del sector privado y empleados públicos, en la CGT también. En regiones, lejos de la dirección nacional burocratizada de la CGT, confraternizan ambas centrales en torno a huelgas unitarias. Hoy se vive una agudización de los conflictos sociales a nivel europeo, pero donde las grandes centrales juegan un papel de freno al movimiento y a la convergencia. En Francia, acabamos de vivir, una secuencia de lucha de clases muy aguda: hubo tomas de fábrica importantes, como Continental o Caterpillar, hubo toda una serie de secuestros de patrones y cuadros de empresas que despiden y deslocalizan para aumentar aun más sus ganancias… Actualmente en una empresa (Molex) se está hablando de requisición por los trabajadores y de control obrero. Este nivel de combatividad excepcional asusta tanto a la burguesía, como al gobierno de Sarkozy. Sobre todo cuando al mismo tiempo se desarrolló la magnífica experiencia del colectivo LKP en Guadalupe, ¡Con una huelga general de 44 días apoyada por todo el pueblo de la isla! Y fue una huelga victoriosa. Los medios de comunicaron intentaron esconderla, pero igual tuvo un impacto muy grande en Francia: la gente dijo sí es posible unirse y ganar frente al gobierno de Sarkozy. Desgraciadamente se conoció poco aquí en América Latina esta experiencia de Guadalupe, que son países hermanos. En Francia, las grandes confederaciones han sido completamente desbordadas por su base. En los últimos meses hubo 3 jornadas de huelga general y el 19 de marzo han salido más de 3 millones de trabajadores a la calle, además de los millones en huelga. Pero las direcciones sindicales no propusieron ninguna perspectiva de huelga reconducible, ni tampoco iniciativas de convergencia de los sectores en lucha, entre empleados públicos y privados, entre trabajadores de planta y precarios, entre trabajadores franceses e inmigrantes. Al contrario; nosotros como universitarios, frente a las reformas privatizadoras del gobierno, estuvimos 3 meses seguido en huelga, hicimos ocupaciones de las ciudades, de los campus, organizamos coordinaciones de movilización: ¡Un hecho inédito! Pero no se logró salir del ámbito. No hubo convergencia, pese a los altos niveles de conflictividad. Esto demostró la falta total de alternativa desde la izquierda institucional. Durante todos estos meses de conflictos sociales, el PS estuvo mudo, ausente, hablando sólo de sus conflictos de poder interno. Esta situación es más fácil explicar cuando vemos que Sarkozy está poniendo en práctica una parte del programa neoliberal del PS (sobre jubilaciones, universidad, flexibilidad del trabajo, en fin).”
¿Qué pasa con la izquierda que no se confunde con el neoliberalismo?
“Estamos ante un proceso largo y histórico para llegar a construir un polo anticapitalista en Francia y en Europa. A partir de 1992 y desde la Liga Comunista Revolucionaria (LCR, donde militaba antes), nosotros decimos que ante un nuevo período caracterizado por la reorganización mundial del capitalismo neoliberal, por el social-liberalismo de la izquierda tradicional y por el derrumbe de los socialismos burocráticos, es preciso crear nuevos movimientos, una nueva organización política y discutir un nuevo programa para la emancipación humana. Pensamos que no hay que quedarse anclados en un principismo dogmático, en teorías que no tienen que ver con la realidad y sobre todo que hay que responder a los problemas reales de la gente. Pero eso sí, rescatando lo mejor de la historia del movimiento obrero y revolucionario internacional. También es necesario tomar en cuenta y escuchar a la nueva generación de militantes sociales que apareció con el ultimo ciclo de la lucha de clases en el mundo y que tiene críticas legítimas que hacer a los partidos de izquierda”
¿Cuáles son las distancias entre los sectores antineoliberales y los anticapitalistas?
“Hay dos posiciones fuertes entre los “antiliberales”, que estiman que todavía es posible humanizar o reformar el capitalismo mundial. Nosotros decimos que el antineoliberalismo consecuente es anticapitalismo; no es posible humanizar el sistema. Y la actual crisis mundial refuerza esta idea, sobre todo cuando el sueño de volver al keynesianismo o al Estado de bienestar es una pura ilusión. Y sobre todo pretender hoy salvar al capitalismo sería como proponerse alimentar una enferma que nos va a matar a todos, humanos y ecosistema incluido. Tácticamente, como anticapitalistas, nos definimos con independencia de la socialdemocracia y del PS francés. Estratégicamente, afirmamos la necesidad de la independencia de clase y de la independencia hacia el Estado y su institucionalidad, que quiere atraparnos, moldearnos y domarnos. Nosotros llegamos a la conclusión de que necesitamos un instrumento político al servicio, para y por las clases populares para enfrentar a Sarkozy. Frente a una derecha de combate, contraponemos una izquierda de combate.”
¿Cuál es la relación entre el anticapitalismo y el PC francés?
“El discurso del PC, para justificar aliarse con el PS y cogestionar con él centenares de municipalidades y regiones, es que hay que crear “mayoría en la izquierda”. Nosotros queremos crear mayoría popular, cambiando de izquierda en base a un proyecto anticapitalista. Aquí nosotros decimos que para construir una izquierda auténticamente anticapitalista hay que formarla de manera independiente del PS, del social-liberalismo y también de las instituciones dominantes. Pero la idea de dotarse de un partido anticapitalista no es un fin per se ; el partido es solamente un instrumento para la emancipación, al servicio de ella, una herramienta (ojalá transitoria). Se trata de dar representación política a las luchas sociales, a los jóvenes pobladores, precarios, trabajadores organizados, inmigrantes, empleados públicos, etc.”
EL CAMINO
¿Cuál es el origen del NPA?
“Desde los 70’, fracasamos en la organización “desde arriba” de un polo anticapitalista, es decir construir en base a un acuerdo de fusión entre varias organizaciones de la izquierda revolucionaria. Entonces la Liga Comunista Revolucionaria asumió la línea “desde abajo”, una política de puertas abiertas, de creación de comités de base en todo el país y de nacimiento de un nuevo partido. Concluimos que la LCR estaba lista para desaparecer, para disolverse y que era el momento de dar un salto cualitativo y cuantitativo. Una apuesta fuerte, de alta incertidumbre, donde la decisión es poner fin a una organización dinámica, de 40 años, en pleno crecimiento: una decisión inédita en la historia reciente. Pero creo que tómanos la buena decisión. Ya desde 2002, realizamos una enorme campaña sobre la prohibición de los despidos. En las elecciones presidenciales nuestro vocero, el joven cartero Olivier Besancenot, obtiene más de un millón de votos y en la presidencial de 2007, 1 millón 500.000 (4% frente a los 1,9% del PC). Además en 2005, hubo una grande campaña unitaria y popular para el “no” al tratado constitucional ultraliberal europeo. Todos estos elementos confirmaban la existencia de un potencial real, la responsabilidad de la LCR para intentar responder al inmenso desfase entre las organizaciones de la izquierda radical y el nivel de combatividad social. El 2007 convocamos públicamente a la conformación de un “nuevo partido anticapitalista”, proceso que dura un año, hasta el congreso de febrero de 2008, a través de la discusión en centenares de comités de base, abierto a todas y todos. Desde el principio, los ex militantes de la LCR son franca minoría en los comités, y esa es la idea, para que los resultados del debate provengan genuinamente desde las bases: no se trataba de renovar la LCR, sino de construir una nueva izquierda anticapitalista.”
¿De qué forma se organizan los comités anticapitalistas?
“Los comités se forman territorialmente de manera inicial y llegan a ser 400 a nivel nacional. Después viene el proceso de organización y coordinación por sectores o regiones. A los comités llegan ex militantes comunistas, ex militantes de base del PS, sectores libertarios, pero sobre todo, muchos sindicalistas clasistas independientes, jóvenes pobladores, militantes altermundialistas, ecologistas radicales, feministas sin partido. Por ejemplo, en mi comité somos dos ex militantes de la LCR, y los 12 restantes no tienen nada que ver con nuestro partido de origen. Éramos menos de 3.000 militantes de la LCR en 2007. Hoy somos más de 11.000 dentro del NPA: se concretizó el salto cuantitativo y también cualitativo.”
¿Cómo se vive la etapa inicial de constitución del NPA?
“El proceso se vive con mucha riqueza, mucho debate y por supuesto dificultades, debido a la proveniencia de la convergencia de distintas culturas políticas y organizacionales, donde es preciso trascender los principismos, el sectarismo para superar las identidades particulares o cerradas y forjar una identidad común anticapitalista. Hay que recordar que en el nuevo instrumento llegan medioambientalistas o libertarios que tienen una visión inicial bastante negativa de los partidos y de las formas de poder (y se puede entenderlo conociendo el siglo XX…); y también gente sin cultura política partidaria. De todo, en buenas cuentas. Tuvimos que poner todo sobre la mesa, sin sectarismo: nuestra concepción de un partido, del anticapitalismo, de la transformación social, nuestros referentes teóricos, todo… y ha sido un ejercicio colectivo muy sano, de democracia directa, de discusión con miles y miles de personas en el país”
¿Cómo discutieron los fundamentos de un nuevo partido?
“El proceso se dio por medio de una agenda y textos comunes. Se conformó un comité de coordinación nacional, plural, que en base a las discusiones en las base propuso textos comunes de debate. En un año se discutió todo y se logro redactar colectivamente, por miles de militantes, un texto central sobre los principios fundadores del NPA; otro sobre coyuntura política nacional e internacional y un texto sobre estatutos y organización (Ver: http://www.npa2009.org/node/24 ). La dinámica consistió en una ida y vuelta de conclusiones desde los comités de base hacia el comité nacional, ¡Con miles de enmiendas! Entonces el comité nacional de coordinación clasificó por temáticas las enmiendas para consensuar las posiciones y cuando no había consenso, se enviaban los puntos en conflicto de regreso a los comités para discutir nuevamente. Entre tanto, hubo una reunión nacional con delegados de toda Francia a mitad de año, reuniones regionales de los comités, hasta llegar al Congreso Fundacional en febrero 2008, donde cuando no hubo consenso, simplemente se votó en base a textos diferentes.”
¿Qué aspectos fueron los más debatidos?
“En el congreso participaron 800 delegados elegidos en los comités de base, representando a más de 9.000 militantes. También acudieron delegaciones internacionales de más de 45 países de todos los continentes y centenares de observadores y periodistas europeos e internacionales. Los temas que más se discutieron fueron, por ejemplo, ¡el nombre! ¿Cómo nos vamos a llamar? Un tema no sólo simbólico, trascendental para un partido ¿Revolucionarios, anticapitalistas, socialistas, de izquierda, ecologistas radicales? Había más de 400 nombres propuestos por los comités. Y en el último Congreso votamos entre 8 y ganó el nombre NPA, es decir el mismo nombre provisorio original. Se había propuesto también “Partido Anticapitalista Revolucionario” o “Partido de la Izquierda Anticapitalista”… También hubo otras discusiones políticas esenciales sobre conceptos del “socialismo del siglo XXI” y del “eco-socialismo”: dos conceptos que reivindicamos principalmente para diferenciarse de los “socialismos” autoritarios del siglo XX. Se debatió sobre estrategia de poder y revolución, sobre organización interna y democracia o sobre cómo participar en las próximas elecciones”
¿Cuáles fueron los acuerdos cardinales?
“Claramente quedó establecido que no queremos socialismo burocrático, ni dictatorial. Finalmente se reivindicó el socialismo del siglo XXI, que nos parece un concepto amplio y que abría las avenidas para la discusión (hay que decir que en Europa este concepto no se asocia inmediatamente como aquí en Chile a la experiencia venezolana). La problemática estratégica todavía no está cerrada. Para ilustrar gruesamente, algunos están más cercanos al modelo bolchevique, otros asumen posiciones de ruptura gradual interrumpida, otros reivindican a Louise Michele y la Comuna de París o Rosa Luxemburgo... Hay muchos matices al respecto en el NPA. No hemos resuelto del todo y en detalle cómo se va a romper con el capitalismo (¡nadie lo sabe!), pero sí estamos de acuerdo que será en base a la auto-organización de las clases populares y a formas de huelga general masiva. Por supuesto, tenemos lineamientos generales comunes ligados a la indispensable socialización y control de los principales medios de producción, a romper con la institucionalidad burguesa, a poner fin al modelo productivista insustentable, etc.”
¿Cuáles son los pasos tácticos y cuál la estrategia?
“Otra discusión tuvo que ver con la táctica en política nacional. Un sector minoritario planteó no participar en las elecciones con argumentos libertarios. En el mismo contexto electoral, un sector postuló aliarse con el PC y desprendimientos del PS para enfrentar a la derecha. Y el sector mayoritario afirmó que es necesario mantener la independencia absoluta respecto del PS, sin cerrar el diálogo con otras organizaciones políticas, como Lucha Obrera, Alternativa Libertaria y con comunistas consecuentes. Se decide que los anticapitalistas deben participar en elecciones e ir al Parlamento Europeo. Si vamos a elecciones es para llevar la voz de los movimientos sociales, de los trabajadores, de los sectores excluidos por el capital. Queremos que gobiernen nuestras ideas a través de un movimiento y lucha de clases muy fuerte. Queremos que el pueblo esté en el poder, no que nos atrape el poder. Los elegidos serán controlados por el partido y serán la voz de los trabajadores, no serán administradores del sistema. Tienen que dar cuenta de su trabajo y actuar en base a orientaciones del partido. La idea es colectivizar las figuras del partido, a través de dirigentes obreros, altermundistas, inmigrantes. La participación electoral es puramente táctica; lo estratégico es la ruptura con el capitalismo y su institucionalidad.”
¿Qué principios acordados te gustaría relevar?
“En nuestros principios fundadores ( www.npa2009.org/sites/default/files/principesfondateurs.doc ) está la autogestión socialista, la autoorganización popular y como herramienta, la huelga general reconducible, el control de las fábricas por los trabajadores, la apertura de las cuentas bancarias, la expropiación de los grandes medios de producción y de servicio desde los trabajadores y los usuarios y bajo su control, la implementación de un desarrollo ecológico socialista sustentable. Nuestros principios reivindican un “proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad” y la creación de una democracia socialista auténtica, económica y social. Así, al contrario de lo que pueden afirmar algunos grupos dogmáticos o sectarios, no se trata de “liquidar” la herencia del marxismo, sino de utilizarla para intentar construir alternativas reales en el siglo XXI. Los “porfiados hechos” dirán si acertamos o no, pero es impensable quedarse con los brazos cruzados cuando estamos frente al abismo y que el capitalismo está a punto de destruir el planeta. Y sin planeta, de socialismo no habrá…”
LA VIOLENCIA POLÍTICA
¿Existe debate sobre el empleo de la violencia?
“Para nosotros, la violencia y el terrorismo viene históricamente de las clases dominantes y del Estado. Entre otros, citamos en nuestros textos fundadores el ejemplo chileno y del golpe de 1973. Por eso nosotros nos reservamos el derecho irrenunciable a la autodefensa popular. Ahora, con el gobierno Sarkozy, estamos viviendo una fase de fuerte represión en Francia, de control policial de los barrios periféricos, de pérdida de las libertades fundamentales, de lógica estatal xenófoba. En concreto, estamos en condiciones de defender marchas, piquetes de huelga. Pero tenemos muchas cosas que enfrentar en este plano y pensamos desarrollar más nuestro “comisión seguridad” y “formación” en este sentido.”
LA ORGANIZACIÓN POR DENTRO
¿De qué manera se estructuran orgánicamente?
“Más que nunca, la forma tiene que ver con el fondo. Si queremos transformar la sociedad de manera radical, tenemos que cambiar nosotros mismos. Por eso nuestra forma de organización debe expresarse también en modificaciones en nuestras relaciones cotidianas y dentro del partido. En el NPA existe paridad absoluta de género, en todas las instancias: un hombre, una mujer. A nivel interno como en las campañas electorales. La confección de los estatutos, que aún son provisorios, nos ha tomado un año. Creemos que la propia práctica ordena. Los comités son la base soberana del NPA. Su naturaleza es territorial, a nivel de ciudad y departamental, pero también puede ser por sectores económicos (por empresa o por actividad profesional). Los comités eligen a escala departamental o regional una direcció, que le otorga coordinación y centralización al trabajo militante. La dirección nacional esta formada por la Comisión Política Nacional (CPN) elegida por los delegados del congreso nacional. En la CPN participan más de 150 compañer@s elect@s que se reúnen trimestralmente. La dirección nacional elige a un comité ejecutivo de alrededor de 30 personas, encargado del trabajo cotidiano, de atender los problemas de organización diarios o de la relación con la prensa. Todo se hace bajo el control de la CPN y de los comités. Es una dirección colectiva, sin secretario general, compuesta en su mayoría de militantes y trabajadores jóvenes (entre 25 y 40 años). De allí salen los portavoces. Hay derecho de creación de tendencia interna y hasta de fracciones como garantía de la expresión de la democracia interna. Los votos se hacen a la proporcional integral. Así se funciona a nivel interno, siempre con el criterio de autonomía local de los comités, pero siguiendo a la coordinación nacional. Sobre todo, nuestros estatutos aprobaron los principios de rendición de cuenta de los dirigentes y también de rotación y revocabilidad de ellos bajo control de los militantes. Casi todos son trabajadores y siguen en actividad. Queremos evitar los procesos de burocratización o de dirigentes descolgados de la realidad”
¿Qué hay de los Equipos de Trabajo?
“También existen varias comisiones nacionales y locales: comisión sobre el trabajo en empresas privadas y públicas a nivel sindical, con creación de boletines específicos por rama y mucha propaganda en el sector. Existe la “comisión inmigración” de apoyo a la lucha de los inmigrantes “sin papeles”, otra de juventud, de formación militante, de disciplina, educación e investigación; de relaciones internacionales (con trabajo por área geográfica: América Latina -a la cual pertenezco-, Mundo árabe, África, Asia, cada uno con boletines de formación y debate específico). El trabajo internacionalista y antirracista es para nosotros fundamental, está al centro de nuestro compromiso político. Al respecto, postulamos a mediano plazo la creación de una nueva Internacional de agrupaciones anticapitalistas, una quinta internacional. Eso ha dado unos primeros pasos concretos en Europa con conferencias de la izquierda europea anticapitalista donde participa un conjunto amplio de organizaciones. A corto plazo, queremos multiplicar los contactos con todas las organizaciones que luchan contra el capitalismo de manera consecuente. Aquí en Chile, nos interesa crear vínculos con el Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores y otros organizaciones de la izquierda radical.”
¿Cómo funcionan las comunicaciones?
“Nuestro sistema de prensa se produce a nivel nacional a través del comité ejecutivo. Tenemos el periódico semanal “Todo es nuestro” ( www.npa2009.org/category/section/tout-est-%C3%A0-nous ); uno mensual, más de profundidad y de análisis, que lleva el mismo nombre; la página de internet que se enriquece diariamente con videos, comunicados de prensa, material militante como afiches o panfletos, etc… Además, en nuestro entorno, tenemos “revistas amigas”, no partidarias pero que participan de nuestra reflexión y donde somos varios del NPA quienes escribimos o colaboramos: es el caso de una publicación más teórica, “Contratiempo”, fundada por el marxista Daniel Bensaïd, que es trimestral y abierta a todos los pensamientos críticos, en el sentido que se expresan posiciones políticas e intelectuales que van más allá del propio NPA (ver: http://contretemps.eu).”
¿De qué manera se financian?
“En relación al autofinanciamiento de la organización, todo militante debe ser miembro activo (pegatinas, panfletos, venta del periódico, participación en las reuniones) y cotizar mensualmente: somos un partido militante, no una organización para fabricar votos. Para la cotización, elemento importante para todo partido independiente del sistema, hay una parrilla de cálculo basada en que quien tenga más ingresos, más porcentaje de cotización aporta. Es como un impuesto sobre los ingresos que va del 0,5% de los ingresos hasta el 3% para los más afortunados. La cotización mínima es de 5 euros ($4 mil pesos chilenos) para estudiantes y cesantes. La cotización nos permite autofinanciar el NPA. La mitad de las cotizaciones queda a nivel local para su funcionamiento, y la otra mitad para el trabajo nacional. Teóricamente, quien no tenga las cotizaciones al día no puede votar, independientemente de que participe como observador. Pero estamos abiertos a entender toda situación económica difícil por supuesto”
¿Qué criterios emplean respecto de los cargos públicos electos?
“Sobre los cargos públicos electos, ellos no pueden superar los dos mandatos. Sus remuneraciones van a la organización, y la organización les paga un salario de un trabajador medio. Les ayuda en su trabajo comisiones de preparación de las temáticas que tiene que tratar: el partido es un intelectual colectivo que ayuda a pensar y a actuar. Ahora está en discusión los mecanismos de control por parte de la base, el no cúmulo de los cargos y la revocabilidad, como lo que ocurre con los dirigentes del NPA.”
FRANCIA Y CHILE: DIFERENCIAS Y SIMILITUDES
¿Qué distancias sustanciales adviertes entre las formas de dominación capitalista entre Francia y Chile?
“El modo de dominación entre Francia y Chile todavía se diferencia por los niveles de violencia de clase que son muy brutos, muy desnudos en Chile. Estas diferencias son producto de la inserción desigual y combinada diferente de los dos países en el sistema-mundo capitalista. En Francia, país “céntrico” e imperialista, aún hay un colchón social que utiliza el sistema para amortiguar los conflictos sociales. Todavía quedan conquistas sociales que operan: el reembolso por cesantía, la educación y salud gratuitas. Un obrero francés tiene su casa, su auto, tiene seguridad social, su jubilación asegurada, cuanta con infraestructura de primer mundo. Por eso la ruptura con este modelo no parece tan evidente, pese a la degradación de las condiciones de vida muy acelerada en los últimos tiempos. Chile, en realidad, ha sido el laboratorio del neoliberalismo, de los “Chicago boys”, no sólo para América Latina, sino para casi todo el mundo.”
¿Cuál es tu mirada sobre la patria más austral del mundo?
“Veo a Chile como una “democracia tutelada”, empleando el concepto del sociólogo Felipe Portales. En Chile, el nivel de penetración de las transnacionales está interconectada directamente con la elite política. Se observa en el caso de Pascua Lama, de las salmoneras y en el cobre. Más que nunca el mito de la burguesía nacional como aliada transitoria para los intereses populares es imposible. La Concertación que gobierna el modelo heredado de Pinochet es un claro adversario de las clases populares y de la izquierda y un franco aliado de la clase dominante. Por esta razón, creo que toda reconstrucción de un polo anticapitalista en Chile pasará por una rearticulación de la lucha social en la base, en las empresas, en las poblaciones, en las universidades. Por esta razón, creo que toda tentativa de pacto electoral, como lo está haciendo actualmente el PC chileno con la Concertación, está destinada al fracaso en términos de reconstrucción de alternativas reales e iría a contrapelo de los intereses populares. La reconstrucción de un proyecto de “izquierda de combate” en Chile se hará de manera independiente de la Concertación y del Estado”.
¿Qué contradicciones se descubren en Chile en torno a la sustancial capital / trabajo?
“La contradicción capital-trabajo es inmensa, las prácticas antisindicales salvajes, el código laboral data de la dictadura, la represión de los movimientos sociales, del pueblo Mapuche son denunciadas a nivel internacional. Y a esta contradicción se añade otra: la capital-naturaleza. El conflicto entre la explotación de recursos naturales por las transnacionales y la destrucción del medioambiente está en el centro del funcionamiento actual del capitalismo, por tanto, es una lucha que debe ampliar la política anticapitalista. En Chile es brutal lo que está pasando al respecto, particularmente en el sur del país, esto combinado con el no reconocimiento del derecho a la autodeterminación del pueblo Mapuche.”
¿Qué es lo que más te llama la atención del Chile profundo?
“En Chile llama la atención el nivel de “naturalización” del neoliberalismo, producto de 17 años de dictadura, del terrorismo de Estado y después de 20 años de “dictablanda” y de los gobiernos de la Concertación neoliberal. Chile hace parte -hasta el momento- de los modelos ultraliberales “estables”. Las clases dominantes lograron a sangre y a fuego, y después gracias a políticas muy eficaces de represión-comunicación-manipulación transformar los ciudadanos en verdaderos clientes-consumidores endeudados, los “ciudadanos-crediticios” de los cuales habla el sociólogo Tomás Moulian en su libro “Chile, anatomía de un mito”. En Francia, este fenómeno ha ganado mucho terreno, pero todavía quedan espacios para “la polis”, para la política en el buen sentido del término, para la expresión pública del conflicto y de la disconformidad social. En Chile, los espacios públicos están privatizados o marginados, las plazas públicas se trasformaron en Malls, los movimientos sociales están aún muy débiles y atomizados a pesar de antecedentes esperanzadores como los pingüinos, los Mapuches o la lucha de los subcontratistas mineros. Otra similitud entre Francia y Chile, es la “farandulización” de la política: lo que llamamos allá la “peepolización” alcanzó niveles nunca imaginados con Berlusconi en Italia o Sarkozy en Francia. Es también el caso en Chile con la candidatura de Marco Enríquez Ominami. A nivel mundial, existe un espacio mediático corporativo que es gravitante y hace política… para sus propios intereses. La problemática de los medios de comunicación y de su democratización radical es otro tema que la izquierda tiene que retomar".
Andrés Figueroa Cornejo es periodista y miembro del Movimiento del Pueblo y de los Trabajadores (Chile).
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