viernes, 29 de enero de 2010

Un prólogo para un clásico (polémico) de la tradición (I)

Salvador López Arnal
Rebelión
1
Nadie se baña dos veces en el mismo río.
Excepto los muy pobres.
2
Los más dialécticos, los multimillonarios:
nunca se bañan dos veces en el mismo
traje de baño.
3
(Traducción al chino)
Nadie se mete dos veces en el mismo lío.
(Excepto los marxistas-leninistas)
4
(Interpretación del pesimista)
Nada es lo mismo, nada
permanece.
Menos
la Historia y la morcilla de mi tierra:
se hacen las dos con sangre, se repiten.
Ángel González, Glosas Heráclito
El prólogo que Manuel Sacristán escribió para su traducción castellana de La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring de Engels (Grijalbo, México, 1964, pp. vii-xxviii) –que, como en otras ocasiones, fechó significativamente el 1º de Mayo- fue incorporado al primer volumen de sus “Panfletos y Materiales” [1].
Javier Muguerza ha considerado ese escrito como “el texto filosófico más significativo de Sacristán -el que más me impactó cuando lo leí y prolongó más duraderamente dicho impacto”. Gregorio Morán [3] señaló que “otro tanto ocurrió con su soberbio prólogo al Anti-Dühring de Engels; fue un texto capital en la formación marxista de una generación”. Por su parte, Félix Ovejero [4], en un artículo escrito poco después del fallecimiento de Sacristán, destacaba que
[…] apenas veinte páginas tenía la introducción de Manuel Sacristán a la edición castellana del Anti-Dühring, de Engels; veinte páginas que enseñaron a varias generaciones de marxistas mucho más acerca de lo que significaba ser marxista que la marabunta editorial de unos años más tarde.

Más recientemente, Juan-Ramón Capella [5] ha recordado que algunos textos del joven Sacristán:
[..] como su prólogo a la edición del Anti-Dühring de Engels publicada en México, eran recomendados de boca en boca entre los estudiantes como “introducciones al marxismo”. Sin embargo, es una variante especialmente analítica y reflexiva del “materialismo dialéctico” la que Sacristán proponía en este texto.
El mismo Fernando Claudín, poco después de la publicación del clásico engelsiano en Grijalbo, escribió un detallado comentario sobre el prólogo de Sacristán para Cuadernos del Ruedo Ibérico (octubre-noviembre 1965, pp. 49-57): “La tarea de Engels en el Anti-Dühring” y nuestra tarea hoy” [6].
Para la reedición del texto de Engels en OME, la edición de las “Obras de Marx y Engels” que dirigiera en los años setenta para editorial Crítica, Sacristán escribió la “Nota editorial sobre OME 35”, pp. IX-XIX, y en una de las carpetas depositadas en Reserva de la Biblioteca Central de la UB, fondo Sacristán, puede consultarse, además de otros materiales de interés, unas anotaciones de lectura que llevan por título: “Anti-Dühring, agosto 1976, en la preparación de la edición OME”.
“La tarea de Engels en el Anti-Dühring” -este es el título que Sacristán eligió para su prólogo- es, sin duda, uno de sus trabajos más reconocidos y que más han instruido, texto donde puede verse algunas de sus aproximaciones de más interés a categorías centrales de la tradición marxista revolucionaria como materialismo, dialéctica, engelsismo, concepción del mundo, práctica, cosmovisión marxista,… algunas de ellas, y el tema es importante, matizadas conceptualmente por él mismo en artículos posteriores.
“La tarea de Engels…” está estructurado en cinco apartados: 1. Por qué fue escrito el Anti-Dühring. 2. Qué es una concepción del mundo. 3. La concepción marxista del mundo. 4. La presentación de la dialéctica marxista en el Anti-Dühring. 5. La cuestión del “engelsismo”.
Sacristán explicaba del modo siguiente las razones que habían movido al autor de La situación de la clase obrera en Inglaterra a escribir una detallada crítica a las concepciones filosóficas, políticas y económicas de Eugen Dühring:
Vorwärts (Adelante), el órgano del Partido socialdemócrata alemán, empezó a publicar el 3 de enero de 1877 una serie de artículos de Engels bajo el título general “La subversión de la filosofía por el señor Dühring”. La serie terminó de publicarse el 13 de mayo del mismo año. Sin embargo, el 27 de julio de 1877 aparecía el primer artículo de una nueva serie: “La subversión de la economía por el señor Dühring”. Una parte de esta serie, el capítulo X de la segunda sección del libro, “De la ‘historia crítica”, es obra de Marx, no de Engels.
El último de los artículos de esta segunda serie apareció en Vorwärts el 30 de diciembre de 1877. Una tercera serie comenzó a publicarse el 5 de mayo de 1878 y concluyó el 7 de julio, dos meses más tarde. El título general de esta última serie era “La subversión del socialismo por el señor Dühring”.
En la edición como libro -tres ediciones en vida de Engels: 1878, 1886, 1894, recordaba Sacristán-, las tres series de artículos aparecen como tres secciones: sección primera: “Filosofía”; sección segunda: “Economía política”, y sección tercera: “Socialismo”. El título del libro, La subversión de la ciencia por el señor Dühring, igual que los títulos de las series de artículos, parodiaban el de un libro de Dühring sobre el economista Carey: Carey’s Umwälzung der Volkswirtschaftslehre und Socialwissenschaft, 1865 (La subversión de la doctrina económica y de la ciencia social por Carey).
Eugen Dühring era un Privatdozent, un profesor sin cátedra de la Universidad de Berlín que en 1868 había publicado una reseña del primer volumen de El Capital de Marx.
[…] Dühring hizo poco después una profesión de socialismo y empezó a ejercer cierta influencia en el partido socialdemócrata alemán. La influencia de Dühring pareció muy negativa a Liebknecht, a Marx y a Engels. El primero, desde Alemania, urgió de Engels una toma de posición respecto de Dühring. Engels consultó con Marx, y éste contestó que la toma de posición no podía tener lugar sino “criticando sin ningún miramiento a Dühring” (carta a Engels de 25-V-1876).
En esa misma carta, Marx recordaba que los escritos de Dühring carecían en sí mismos de importancia teórica, hasta el punto de que su crítica sería “un trabajo demasiado subalterno”.
[…] Marx ve el peligro, poco importante, de Dühring en la satisfacción que suscita entre los “artesanos”, como dice Marx -es decir, entre los triviales escritores socialistas sin preparación científica-, la lisonjera acogida que les dispensa Dühring y que ellos tienen por fuerza que comparar con la severidad con que Marx ha tratado siempre a los semicultos sin espíritu científico.
Efectivamente, apuntaba Sacristán, Eugen Dühring era muy poca cosa. Ni casi un siglo después ni en tiempos de la segunda edición del libro engelsiano quedaba ya nada de la obra del pedagogo berlinés que parecía “haber tenido el destino de darse siempre de cabezadas con grandes figuras científicas, como Marx y el físico Helmholtz”. El propio Sacristán recordaba en su nota editorial de 1977 para OME-35 [7] las críticas de Helmholtz y de otros catedráticos berlineses, y la expulsión de Dühring de la Universidad de Berlín:
[…] El ataque de Helmholtz y de otros catedráticos berlineses a Dühring (que desde 1863 era Privatdozent, esto es, profesor sin cátedra, en la Universidad de Berlín) replicaba a las críticas de Dühring al funcionamiento de la Universidad y de la enseñanza en general. Dühring había tenido ya un período de actividad docente con éxito, hasta el punto de que en 1866, cuando Bismarck deseó un informe sobre la cuestión obrera, encargó a su consejero Hermann Wagener que se lo pidiera a Dühring. También este incidente -que Engels reprocha a Dühring en su crítica- desembocó, por lo demás, en sinsabores para el docente berlinés: Wagener publicó como suyo en 1867 el informe que le entregó Dühring; éste se querelló (y al final ganó la causa en 1868).
En 1873 los catedráticos berlineses impusieron la expulsión de Dühring de la Universidad, quien encontró empleo en un liceo femenino privado poco después pero sólo hasta 1877.
En esta fecha el viejo litigio con la Universidad de Berlín, enconado por una nueva publicación crítica de Dühring sobre la educación de las mujeres, quedó definitivamente zanjado por la autoridad académica con la privación de la venia docendi, es decir, del derecho a enseñar.
Sacristán prosegue su presentación apuntando que, dada la nulidad científica de Dühring, el mismo Engels se había asombrado del éxito de su libro. Pronto comprendió la causa del éxito del Anti-Dühring: el libro era la primera exposición de conjunto de la concepción comunista del mundo iniciada por Marx.
No se debe, sin duda, perder de vista que una exposición temáticamente tan amplia como el Anti-Dühring no puede ser, dado que apenas rebasa las 300 páginas en octavo, sino un manual de divulgación. Pero a pesar de eso -o quizá precisamente por eso- su importancia fue grande para todo el movimiento obrero.
El Anti-Dühring había sido, pues, escrito con una inmediata motivación política y polémica contra un pensador posteriormente olvidado. Pero, en el curso de su mismo trabajo, Engels se había visto llevado a
[…] polemizar también con la corriente ideológica, quizá siempre presente en el socialismo, que Dühring representó brevemente en su tiempo.
Desde el punto de vista de la historia del socialismo, en opinión de Sacristán, Dühring representaba, pese a su petulante desprecio de los socialistas utópicos, una vuelta a la fundamentación utópica e idealista del movimiento:
Pues toda la teoría socialista se basa, según Dühring, en categorías morales abstractas, como la Justicia, la Igualdad, la recusación de la “propiedad violenta”, etc. Mientras polemiza con Dühring, Engels va exponiendo, por necesidad de la argumentación, los fundamentos de lo que suele llamarse “socialismo científico”, esto es, de un socialismo que ve su fundamento en la realidad histórica, en la vida real humana, y no en la mera voluntad moralmente cualificada.
No se trataba, desde luego, de que el marxismo careciese de motivaciones morales. No podía haber duda en este punto.
Marx ha dicho, criticando a Feuerbach, que la palabra “comunista” no tiene contenido meramente teórico, porque significa militante de un determinado partido, en lo que va implícito un reconocimiento de componentes morales en cualquiera que tenga derecho a llamarse comunista en el sentido de Marx, pues el militar en un partido es resultado de una decisión, cosa de la moral. Pero el marxismo se caracteriza en ese punto por la afirmación de que el contenido de los postulados morales debe buscarse en la realidad.
Un ejemplo claro de la dialéctica moral-realidad en el pensamiento marxista se encontraba precisamente en el capítulo X de la primera sección del Anti-Dühring: “Moral y derecho. Igualdad”, cuando Engels definía el contenido del concepto moral de igualdad para el movimiento obrero y para el socialismo científico:
Igualdad no es para el marxismo un postulado abstracto independiente de la realidad, sino la postulación de algo con positiva viabilidad histórica y con un contenido determinado por ella, a saber, la supresión de las clases sociales: “[...] el real contenido de la exigencia proletaria de igualdad es la exigencia de la supresión de las clases. Toda exigencia de igualdad que vaya más allá de eso cae necesariamente en el absurdo”.
Las ideas morales, como toda la cultura en general, recordaba Sacristán, eran para el marxismo función de la base económico-social, de la vida real de los seres humanos. Aunque complicada y mediatamente estaban determinadas por esa base misma. Eran, en definitiva, racionalizaciones de la realidad, pesimistas justificaciones de ella, pero también podían ser protesta contra ella.
En este último caso -que es el del movimiento obrero-, las ideas morales sólo tienen verdaderamente sentido si contienen una crítica racionalmente justificada de la realidad con que se enfrentan, si su contenido significa futura realidad previsible, y si se insertan en el marco de una concepción del mundo que, sobre una base científica, sea capaz de explicar primero y organizar después la realización de aquellos contenidos.
Una tarea central de Engels en el Anti-Dühring consistió, en opinión de Sacristán, en aclarar esta cuestión básica: cómo el fundamento del socialismo moderno no era la voluntad moralista sino el conocimiento, el mejor posible, de la realidad. Ello obligaba a Engels
[…] a intentar -con los riesgos de inmadurez que conlleva el compendiar algo naciente- una exposición de la concepción del mundo llamada a fundar el socialismo científico. Con esta motivación está también escrito el Anti-Dühring, aunque acaso Engels no se haya dado plena cuenta de ello en el primer momento, absorbido por el “trabajo subalterno” de terminar con la influencia de Dühring en el partido socialdemócrata alemán.
Aproximarse a la noción “concepción del mundo” era la temática del segundo apartado del prólogo.
La expression ya había sido comentada por él. En dos notas a pie de página de su traducción castellana, de 1962, de F. Sauerbruch y H. Wenke, El dolor. Su naturaleza y signficación [8], señalaba:
1. Por “filosófico”, “filosófica”, “filosofía”, etc. vamos a traducir a partir de ahora el adjetivo alemán “weltanschaulich” y otras palabras emparentadas con él, las cuales proceden todas de la noción de “concepción del mundo” o sea, de filosofía en sentido no técnico, de filosofía vulgar y “espontánea”. Este uso de la palabra “filosofía” es frecuente en castellano, lo que justifica la traducción.
2. Según se indicó previamente, palabras como Weltanschauung, weltanschaulich, etc. cuya traducción literal “concepción del mundo”, cosmovisión, etc. extraña al espíritu de la lengua castellana, especialmente en adjetivos, se darán por “filosofía”, “filosófico”, etc., entendiéndose estas expresiones en sentido no técnico. [el énfasis es mío]
En “Al pie del Sinaí romántico”, un artículo de 1967 publicado originariamente en la revista Destino, Sacristán recordaba los orígenes románticos de la expresión:
El filósofo romántico ha inventado la filosofía como “concepción” -casi en sentido tocológico- “del mundo”, como sucedáneo de la limitada y clara certeza científica, y de la infinita y oscura seguridad religiosa. Y ha podido hacerlo porque se ha encontrado con tres circunstancias sumamente favorables: la crisis de la vigencia “espontánea”, indiscutida, universal y orgánica de las ortodoxias religiosas; la incipiente enclaustración de la ciencia en los laboratorios o en las fortalezas defendidas del profano por la creciente matematización; y la asunción administrativa de la filosofía como saber oficial y positivo mediante el establecimiento de cátedras universitarias. Lo cual habrá de bastar aquí como explicación de la sorprendente vigencia cultural de aquellos primeros grandes filósofos académicos […] Pues bien: el mejor romanticismo -así se ve hoy desde la campana de cristal- sigue preso en la broncínea de la concepción redonda o sistemática del mundo, en la necesidad ideológica de fabular toda una procesión y paisaje del Ser para poder pensar y vivir. Esa fabulación, como todas, maneja por fuerza ignorancias como si fueran conocimiento. La ignorancia no es nunca en la práctica honrado vacío, como en la teoría, sino falso saber, Saber patéticamente afirmado y defendido con mayúscula.
En uno de sus primeros escritos filosóficos, señalaba Sacristán, el científico inglés John D. Bernal, quien acaso no siempre había sido consecuente con su propia declaración, observaba que la principal exigencia de ética intelectual que se desprendía del “presente estado del conocimiento” consistía en abandonar “toda pretensión de concepción conclusa del mundo”. La integridad de la consciencia personal, como volvería a señalar Sacristán en su opúsculo “Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores”, tenía que alcanzarse no fabulando, no en la especulación, sino mediante el empeño práctico, hecho propio del modo más crítico posible:
Aquí resuena un verso célebre del más grande testigo independiente, polémico y sagaz, del filosofar romántico: el goethiano “en el principio fue la Acción “. Esto separa el mejor legado romántico de las necesidades intelectuales presentes: que incluso la herencia romántica progresiva, la que proyecta porvenir, lo hace ideológicamente, necesitada de las andaderas de la humanidad infantil, ansiosa de certezas absolutas, compradas inevitablemente al precio de la chapuza intelectual; que ese romanticismo activo, abierto y orientado hacia adelante no es aún programa crítico, sino “religión del futuro”.
A propósito del clásico de Engels: una carta de agradecimiento [10] por el envío del Anti-Dühring y de La investigación científica de Mario Bunge [11] le era enviada a Sacristán por el bibliotecario de la abadía de Montserrat, P. Robert Vilaró. La carta está fechada el 11 de marzo de 1971, poco después del encierro en la abadía, en el que Sacristán también participó, contra el consejo de Guerra de Burgos:
Sr. Dr. Manuel Sacristán
Barcelona
Distinguido señor:
Tengo el gusto de poder agradecer la amable atención que ha tenido para con nuestra biblioteca al obsequiarnos con las versiones de dos importantes obras: M. Bunge, La investigación científica y F. Engels, Anti-Dühring, y que me entregó mi antecesor en el cargo P. Taxonera.
Aprovecho esta ocasión para ofrecerle, en la medida de lo posible y de su utilidad, los servicios de nuestra biblioteca, junto con el testimonio de mi admiración y respeto...
Sacristán se había encerrado en la abadía, junto a otros intelectuales catalanes, a finales de 1970 en señal de protesta. Los asistentes recuerdan los interesantes argumentos “dialécticos” que allí defendió sobre temas centrales como el derecho de autodeterminación de las naciones. Los Consejos de Guerra contra luchadores antifranquistas, la movilización contra los vientos nuevamente huracanados y criminales del franquismo, exigían una respuesta ciudadana y Sacristán, claro está, formó parte de ella. Su “concepción del mundo” así se lo exigía.
Notas:
[1] Manuel Sacristán, Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, pp. 24-51
[2] Javier Muguerza, “Manuel Sacristán en el recuerdo”, mientras tanto, nº 30-31, pp. 101-107.
[3] Gregorio Morán, Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985, Planeta, Barcelona 1986, p. 480.
[4] Félix Ovejero, “La incómoda ortodoxia de Manuel Sacristán”, Nuestra Bandera, nº 131, p. 4.
[5] Juan-Ramón Capella, La práctica de Manuel Sacristán, Trotta, Madrid, 2005, p. 54.
[6] Puede verse actualmente el artículo de Fernando Claudín en http://www.filosofia.org/hem/dep/cri/ri03049.htm
[7] Manuel Sacristán, “Nota editorial sobre OME-35”. En F. Engels, La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring. “Anti-Dühring”. Crítica, Barcelona, 1977, pp. ix-xix.
[8] Ediciones Zeus, Barcelona, p. 83 , nota, y p. 156.
[9] Manuel Sacristán, Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona, 1984, p. 342 y pp. 349-350.
[10] Carpeta “Correspondencia”, Reserva de la Biblioteca Central de la UB, fondo Sacristán.
[11] Mario Bunge -La investigación científica. Ariel, Barcelona 1969, p. 5- escribía en la presentación las siguientes palabras de agradecimiento:
[…] Ha sido un alto privilegio en que los ilustrados directores de Ariel, S.A. encomendaran la traducción de este libro al Profesor Manuel Sacristán. No escapará al lector que el traductor ha debido superar la dificultad que presenta la pobreza de nuestro vocabulario filosófico, dificultad que no hubiera podido encarar siquiera de no poseer una sólida versación y rica experiencia.
Referencia Prólogo:
El prólogo de Sacristán en la red: http://archivo.juventudes.org/node/114 Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor mediante

sábado, 23 de enero de 2010

¿Qué nos divide?

Trotskismo y stalinismo
Ronald León
Rebelión

Fue publicado en Rebelión un artículo de Manuel M. Navarrete titulado “Trotsky no existe” (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=98272), que aboga “por un marxismo creativo”. El texto, en el que se percibe un sano esfuerzo por colocar aspectos de carácter teórico-histórico, aborda un tema central y, quizás, uno de los más polémicos en las filas del marxismo: la distinción entre el trotskismo y el estalinismo. Un asunto apasionante y, aunque el autor del artículo no opine igual, muy vigente.
Nuestro autor, en su trabajo, toca otra serie de temas, algunos muy al paso. Extrae conclusiones y plantea propuestas de lo que, a su parecer, sería una “superación dialéctica” de ambas tendencias y una especie de “renovación” del propio marxismo para volverlo “abierto, antidogmático, adaptado al mundo actual”.
Navarrete parte de una preocupación real. Plantea que el capitalismo, raíz de todos los males sociales de la humanidad, sólo puede ser destruido mediante la organización y, en ese sentido, advierte una “infinita división y subdivisión” de las fuerzas de izquierda que impide el necesario “reagrupamiento de las fuerzas anticapitalistas que no se hayan integrado en el sistema”. Éste es un hecho innegable. Las diferencias surgen a la hora de exponer los motivos y el carácter de dichas divisiones. A esta tarea se aboca Navarrete al desarrollar sus concepciones y posiciones acerca de los orígenes y las razones de la divergencia entre trotskistas y estalinistas.
Nuestro autor de referencia afirma, incurriendo a nuestro criterio en una minimización y simplificación histórica muy marcada, que la cuestión del trotskismo y el estalinismo –la más colosal lucha programática, política e ideológica que se libra dentro de la izquierda mundial- es “una pelea de bar que divide nuestras propias fuerzas”. Haciendo una analogía religiosa con la división entre sunnitas y chiitas, plantea que entre trotskistas y estalinistas se da una división insensata producto de disputas personales entre dos hombres enfrascados en una “mera pelea sucesoria a la muerte de Lenin”.
En medio de estas apreciaciones, Navarrete lanza una pregunta fundamental y que consideramos importante responder: “¿Realmente tenemos un objetivo diferente? A nivel de propuestas concretas y dentro de la izquierda extraparlamentaria, ¿hay tanta diferencia entre los partidos ‘trotskistas’ y los ‘estalinistas’?”.
Antes de responder esta cuestión, se impone abordar y despejar algunas acusaciones y/o premisas en las que se sustenta la lógica de las posiciones del artículo citado.
El régimen bolchevique de los primeros años
Sin decirlo abiertamente, el artículo de Navarrete pretende empañar la figura y la lucha de Trotsky y sus seguidores, con falsedades o medias verdades, que a su vez son medias mentiras. En este sentido afirma que “Trotsky no existe” y que el mismo no fue el “adalid antiburocrático y antirrepresivo que se nos quiere vender”. No se detiene en Trotsky, cuestiona también a Lenin “¿Trotsky antiburocrático? Pero, es más, ¿Lenin antiburocrático?”.
El marco del cuestionamiento a Trotsky es, a su vez, una crítica a las características del régimen político de los primeros años del poder soviético. Su objetivo es claro: colocar un signo igual entre el régimen bolchevique de los primeros años con el régimen dictatorial y burocrático de la era de Stalin, a fin de atenuar las medidas y crímenes de éste. Esta es su premisa y lo afirma claramente: “A pesar de que el burocratismo existía antes y existiría después de Stalin, se denomina a este fenómeno ‘estalinismo’” (subrayado nuestro) ¿Por qué, entonces, cometer una injusticia histórica con Stalin, si el burocratismo ya se impuso antes de su asunción al poder? Tal es la lógica y la conclusión a la que no quiere hacer llegar Navarrete.
Se impone, entonces, un breve análisis de los primeros años de la revolución. El régimen político instaurado en 1917 representó un grado de libertad política, organizativa, de reunión, de prensa, artística y cultural nunca antes visto por la clase trabajadora. La democracia para las y los trabajadores era infinitamente superior a cualquier otra “democracia” capitalista existente entonces y hasta hoy. Esto fue así porque el novel Estado obrero se apoyaba en organismos masas, los consejos (soviets) de diputados obreros y campesinos. Se garantizaron además plenas libertades de organización para la clase trabajadora, en sindicatos, comités de fábrica, soviets campesinos. También existía amplia libertad partidaria, no sólo para los partidos en el gobierno (bolcheviques y los socialistas revolucionarios –SR- de izquierda al principio) sino para los mencheviques y socialistas revolucionarios de derecha hasta que éstos se pasaron al campo de la contrarrevolución.
Los decretos y la legislación soviética, impulsados por los bolcheviques, expresaban y estimulaban este régimen. Un decreto del 5 de enero de 1918 estipulaba: «Los soviets son, en todas partes, los órganos de la administración del poder local, debiendo ejercer su control sobre todas las instituciones de carácter administrativo, económico, financiero y cultural. (...) Todo el territorio debe ser cubierto por una red de soviets, estrechamente conectados unos con otros. Cada una de estas organizaciones hasta la más pequeña, es plenamente autónoma en cuanto a los cuestiones de carácter local, pero debe adaptar su actividad a los decretos generales y a las resoluciones del poder central y de las organizaciones soviéticas más elevadas. De esta forma, se establece una organización coherente de la República Soviética, uniforme en todas sus partes». De la misma forma, la constitución soviética de 1918 impone en su artículo 10 que «toda la autoridad en el territorio de la. R. S. F. S. R., se encuentra en manos de la población trabajadora organizada en los soviets urbanos y rurales», y en el artículo 11: «la autoridad suprema (...) se encuentra en manos del Congreso Pan-Ruso de los Soviets y, en los intervalos entre congresos, en las de su Comité Ejecutivo» (Broué, Pierre: El Partido Bolchevique).
Tal era, en líneas generales, el sistema soviético, que no implicaba, como se ve, la inexistencia de organismos jerarquizados o de centralismo ejecutivo, cuestión que sugiere criticar Navarrete.
Este régimen, al poco tiempo, se vio perturbado por durísimas circunstancias objetivas. Entre 1918 a 1921, la revolución soviética tuvo que enfrentar a los ejércitos de los generales blancos y de otras 14 naciones imperialistas en una sangrienta guerra civil que devastó el país. Ante el extremo peligro que corría el débil Estado obrero, dirigentes bolcheviques se vieron obligados a colocar su defensa como primera cuestión. Este fue el contexto, ineludible de enmarcar, de las medidas autoritarias o “burocráticas” que Navarrete señala a Trotsky, Lenin y a la dirección bolchevique.
Las condiciones de la lucha fraticida exigían del proletariado y su vanguardia una implacable represión a la burguesía, la aristocracia y sus agentes. Es conocido que, a propuesta de Trotsky, el Ejército Rojo debió emplear antiguos oficiales zaristas que eran controlados por comisarios políticos del partido. En muchos casos, estos oficiales saboteaban las operaciones o desertaban, por lo cual medidas como la coacción con apresar a sus familias eran sumamente necesarias. La heroica flota en Kronstadt, de vital papel en la revolución, sufrió drásticos cambios durante la guerra civil, siendo sus principales dirigentes comisionados a otros frentes o reubicados en otras tareas. La flota fue renovada por nuevas camadas, sin mayor experiencia política ni participación en la revolución. Un sector de la dirección anarquista –con apoyo oficiales blancos, sobre todo del jefe de la artillería, Kozlovsky - propició una rebelión en la flota y canalizó las disconformidades de los marineros en contra de la “autoridad” del nuevo Estado. La situación era extremadamente grave. Según Broué: “la experiencia de la guerra civil ha mostrado que los levantamientos populares espontáneos contra el régimen soviético han terminado siempre, a pesar del carácter democrático de sus reivindicaciones iniciales, por caer en manos de los reaccionarios y de los monárquicos”. La flota de Kronstadt poseía una ubicación estratégica para la defensa de Petrogrado, era casi la única defensa de la capital revolucionaria ¿Qué debían hacer los bolcheviques? ¿Dejar morir la revolución y que el Estado obrero, la mayor conquista del proletariado mundial, sea aplastada por sucumbir a la presión de sectores anarquistas que, de hecho, eran contrarios al Estado obrero? Lenin declaró al Congreso: “Aquí tenemos una manifestación del democratismo pequeño burgués que reclama la libertad de comercio y clama contra la dictadura del proletariado. Pero los elementos sin partido han servido de estribo, de escalón, de pasarela a los guardias blancos”. En igual sentido, Trotsky, años después, sostenía: “(…) naturalmente, el gobierno revolucionario no podía “regalar” la fortaleza que defendía la capital a los marineros insurrectos, simplemente porque unos cuantos anarquistas vacilantes se unieron a la rebelión reaccionaria de los soldados y campesinos. El análisis histórico concreto de los acontecimientos reduce a polvo todas las leyendas, basadas en la ignorancia y en el sentimentalismo, sobre Kronstadt, Majno y otros episodios de la revolución”. La acción del X Congreso -que votó la represión a la rebelión-, de Lenin y Trotsky, está plenamente justificada por la historia.
El caso de la prohibición de los partidos soviéticos y de las fracciones dentro del propio partido bolchevique tampoco puede descontextualizarse de la brutal situación de guerra civil desigual y crisis económica. Los partidos menchevique y los socialistas revolucionarios se declararon enemigos del Estado soviético. Lideres de estos partidos incluso integraron gobiernos contrarrevolucionarios. En Samara, por ejemplo, los SR integraron el gobierno del almirante Kolchak. Los SR de izquierda organizaron una serie de atentados, en donde llegaron a herir gravemente a Lenin y asesinar a Uritsky.
Los dirigentes bolcheviques, desde el principio, declararon que ambas medidas tenían carácter transitorio, excepcional y que se debían a las condiciones impuestas por la guerra civil. Fue una medida de guerra. Las limitaciones a la democracia tenían como objetivo supremo la defensa de la republica soviética. Estas medidas se demostraron indispensables para defender a la revolución. Si se permitía que los mencheviques y SRs continuasen conspirando contra la defensa de la revolución, es claro que el resultado de la guerra civil hubiese sido otro: el aplastamiento del Estado obrero y la restauración del capitalismo, imponiéndose ya no un régimen político con ciertas limitaciones circunstanciales a la democracia, sino un régimen de dictadura burguesa tipo fascista.
Trotsky, años más tarde, volvió a defender la prohibición de los partidos soviéticos en las circunstancias en que esa decisión fue tomada con estas palabras: “En cuanto a la prohibición de los demás partidos soviéticos, ésta no es producto de una “teoría” bolchevique, sino una medida de defensa de la dictadura en un país atrasado y devastado, rodeado de enemigos. Los bolcheviques comprendieron claramente, desde el principio, que esta medida, complementada posteriormente con la prohibición de fracciones en el propio partido gobernante, señalaba un peligro enorme. Sin embargo, el peligro no radicaba en la doctrina, ni en la táctica, sino en la debilidad material de la dictadura y en las dificultades internas e internacionales. Si la revolución hubiera triunfado tan sólo en Alemania, hubiera desaparecido por completo la necesidad de prohibir los partidos soviéticos. Es absolutamente indiscutible que la dominación del partido único Sirvió como punto de partida jurídico para el sistema totalitario estalinista. Pero la causa de este proceso no está en el bolchevismo, ni en la prohibición de los demás partidos como medida transitoria de guerra, sino en las derrotas del proletariado en Europa y Asia” (Trotsky: estalinismo y bolchevismo).
Al hacer estas aclaraciones, no pretendemos, ni en lo más mínimo, esconder o minimizar los errores de los bolcheviques o de Trotsky. Sus propuestas de incorporar los sindicatos al aparato del Estado o de militarizar el trabajo, si bien fueron hechas con el objetivo de levantar una economía destruida, representaron serios errores. De aplicarse, iban a vulnerar aún más las débiles defensas de los trabajadores contra la burocratización de su propio Estado. Fue por eso que Lenin y la mayoría del partido las rechazaron. Lo que buscamos con estas líneas es rescatar las condiciones objetivas en que estas medidas “autoritarias” fueron tomadas, contexto que Navarrete omite o cita al paso. Sin un análisis concreto y debidamente enmarcado, todos los hechos y citas sueltas que expone nuestro autor, aún con su aparente contundencia, pierden valor.
Nadie dice que, antes de 1924, la URSS era un paraíso, como exagera interesadamente Navarrete. El proceso revolucionario tuvo que enfrentar inmensos enemigos e innumeras contradicciones. Lo que no se puede afirmar o sugerir, es que la burocracia ya estaba consolidada antes de la muerte de Lenin o, peor aún, que comenzó a los pocos meses después de la toma del poder. Eso es una falsificación de los hechos. Lenin alertó los primeros indicios de burocratización y el crecimiento descomunal del aparato estatal en 1922 y, desde entonces, tanto él como Trotsky combatieron ése proceso, mientras Stalin lo alentaba y se dedicaba a armar su camarilla de incondicionales.
En síntesis, el burocratismo, comenzó y existía antes de 1924. La diferencia es que, en tiempos de Lenin y Trotsky, la burocracia (como casta privilegiada) no tenía aún el poder, no gobernaba, no dirigía, aún no había usurpado el lugar de los soviets y del partido. Este proceso se coronó tras la muerte de Lenin y el ascenso de Stalin al poder total.
Este razonamiento, repetimos, lo que pretende es atenuar las medidas y crímenes de la camarilla estalinista. Además, refuerza la idea, típica de la propaganda anticomunista, de que nunca hubo “democracia” en los ex Estados obreros.
Trotskismo y estalinismo
Por más que nuestro autor se excuse de no “ahondar en el estudio de los condicionantes históricos que rellenan de contenido una pelea sucesoria” - vaya supresión-, sugiere que entre ambas tendencias la “única diferencia es a nivel de interpretación del pasado histórico”. Esta afirmación nos parece completamente equivocada. Veremos que las diferencias son mucho mas profundas.
El primer error es presentar la cuestión como una “mera pelea sucesoria” movida por la “ambición personal”. Esta visión no es, ni mucho menos, nueva. El propio Trotsky tuvo que rebatirla varias veces: “el filisteo común quiere creer que el choque entre el bolchevismo (“trotskismo”) y el estalinismo es un mero choque de ambiciones personales o, en el mejor de los casos, entre dos “matices” del bolchevismo” (Ídem).
Pero démosle la razón por un segundo a Navarrete y consideremos que el enfrentamiento entre Trotsky y Stalin fuese una mera pelea por la sucesión de Lenin y su móvil las “ambiciones personales”. Si hubiese sido tan simple, el resultado de esta lucha hubiese sido muy diferente. Trotsky era el dirigente más reconocido y con más autoridad entre las masas después de Lenin. Era además el comandante del Ejército Rojo, mediante el cual, con extrema facilidad, hubiera podido dar un golpe y sacar a Stalin de en medio. Sin embargo no lo hizo. Muchos incluso, después de ver en qué se convirtió el estalinismo, le reprocharon el no haberlo hecho. Si no lo hizo fue porque, justamente, no le importaba el poder a cualquier precio.
Nuevamente nuestro autor incurre en un error fundamental: el analizar y juzgar los hechos fuera del contexto histórico y político en el cual se sucedieron. Detengámonos, entonces, en revisar algunos elementos para entender la raíz y el carácter de las diferencias de ambas corrientes de pensamiento y acción políticas.
La revolución rusa cambió el mundo de manera radical. Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que fue el principal acontecimiento histórico del siglo XX. Por primera vez, los explotados y oprimidos, la inmensa mayoría de la población, asumían en sus manos las riendas de su destino desde el poder del Estado y lanzaban el grito de insurrección a todos los desposeídos del planeta. Los bolcheviques fueron quienes inspiraron y dirigieron la toma del poder por los soviets. Fueron la dirección política de la revolución.
Es conocido –y reconocido hasta por sus enemigos- el importante papel desempeñado por León Trotsky en la revolución, como Presidente del Soviet de Petrogrado y del Comité Militar Revolucionario, que en la práctica ejecutó la insurrección. Trotsky fue también el creador y comandante del Ejercito Rojo que combatió en la guerra civil contra la reacción restauracionista. Está más que probada, además, su intransigente y desigual lucha política e ideológica contra el surgimiento y la consolidación de la burocracia estalinista al frente del partido bolchevique y de la URSS. No es necesario decir que el precio de este combate lo pagó con su propia vida, al igual que su familia y camaradas.
El estalinismo tiene sus raíces en el proceso de burocratización del Estado soviético y del partido bolchevique. Este fue un proceso objetivo (producto de la lucha de clases) y tuvo su causa fundamental en la derrota de la revolución europea, sobre todo la alemana. El aislamiento de la revolución rusa potenció al máximo todas las contradicciones y problemas derivados del atraso económico y cultural del país, sumado a la debacle generada por la guerra civil donde murió lo mejor de la vanguardia obrera y bolchevique que había dirigido la toma del poder.
Las calamidades después de soportar los efectos de la guerra imperialista y la guerra civil también provocaron un alejamiento acelerado de la arena política de parte de las masas. Las ciudades se despoblaban rápidamente y los obreros avanzados que no habían muerto, regresaban al campo. De aquella clase obrera ardorosa y activa políticamente en 1917, casi no quedaba nada. Lenin y Trotsky intentaron de todo para evitar la desintegración de la vanguardia obrera, pero poco consiguieron pues, como dijimos, se trataba de un proceso objetivo.
Mediante estos elementos, descriptos a grosso modo, se produjo el ascenso de todo tipo de arribistas, técnicos y “especialistas” del antiguo régimen dentro del aparato del Estado y del Partido. Emergió una corriente que expresaba las aspiraciones de los arribistas. Una casta burocrática, que en su mayoría no había participado ni siquiera de la guerra civil, comenzó a copar cada vez más cargos en la administración pública y, por supuesto, comenzó a defender su nueva posición y privilegios. La cara visible de este proceso social, fue Stalin.
Entre el bolchevismo (representado, para nosotros, actualmente por el trotskismo) y el estalinismo existen diferencias irreconciliables. Son producto de situaciones totalmente opuestas por la lucha de clases y, por tanto, sus objetivos son distintos. El bolchevismo fue fruto de una de las más grandes revoluciones que conoció la humanidad. Fue fruto del impresionante ascenso revolucionario que surgió con la Primera Guerra Mundial. El estalinismo, por el contrario, es producto social del retroceso y derrota de la revolución internacional entre 1919 y 1923, es fruto del reflujo y del aislamiento de la revolución en un país tan atrasado como lo era Rusia en esos años.
El estalinismo es la negación total del bolchevismo. Prueba de ello es que, para consolidarse definitivamente, tuvo que aniquilar físicamente a toda la vieja guardia bolchevique, a casi todo el Comité Central leninista que dirigió la insurrección.
El trotskismo es, a costa de coherencia y sangre, el heredero del bolchevismo, del marxismo-leninismo de esta época de guerras, crisis y revoluciones. Fueron Trotsky y la oposición de izquierda quienes tomaron la bandera de la democracia obrera y la revolución internacional tras la muerte de Lenin, que antes de morir había comenzado su batalla contra los indicios de la burocratización que se estaba gestando. Posteriormente, se funda la IV Internacional y la lucha contra la burocracia estalinista se concreta en la consigna de la revolución política en la URSS, que planteaba a la clase obrera derrocar a la camarilla usurpadora como condición para que no se pierdan las conquistas económicas y sociales de la revolución.
Es por eso que podemos responder a la pregunta de Navarrete. Los trotskistas y estalinistas no tenemos los mismos objetivos. La estrategia del trotskismo es, en palabras de Nahuel Moreno [1] : “(…) lograr una sociedad mundial sin clases ni explotación, para que la humanidad progrese, haya abundancia para todos, no haya guerras y se conquiste una plena libertad. Para conseguirlo, lucha por expropiar al imperialismo y a los grandes explotadores, terminar con las fronteras nacionales y conquistar una economía mundial planificada al servicio de las necesidades y el desarrollo de la especie humana (…) Lucha para llegar al gobierno y desde allí destruir el Estado capitalista. Es decir, quiere destruir las instituciones del gobierno burgués. Quiere que la clase obrera asuma el poder político e implante sus instituciones democráticas. Quiere construir en cada país donde triunfa la revolución un Estado obrero fuerte, que ayude a que la revolución triunfe en los demás países. Desde el gobierno de ese Estado obrero quiere planificar la economía, federándose con los otros Estados obreros, para hacer avanzar las fuerzas productivas. Desde ese Estado obrero quiere revolucionar el sistema social, eliminando la propiedad burguesa de los medios de producción a nivel nacional, y ponerlo al servicio de esa tarea a nivel mundial. Y sólo después de haber liquidado la resistencia de la clase capitalista en el mundo, esos Estados obreros o federaciones de Estados obreros comenzarán a desaparecer y, con ellos, también desaparecerán el Estado y el Partido” (Revoluciones del siglo XX).
El estalinismo, al contrario, desde la década del 20 del siglo pasado se convirtió en el mayor aparato contrarrevolucionario que haya conocido la historia. Asesinó a cientos de revolucionarios, se consolidó como agente del imperialismo y se convirtió en un freno consciente de la revolución mundial con la teoría del “socialismo en un solo país” y la política que de la misma se desprende: la “coexistencia pacífica con el imperialismo”.
En síntesis y recurriendo a Trotsky: “Después de la purga, la demarcatoria entre el estalinismo y el bolchevismo no es una línea sangrienta, sino todo un torrente de sangre. La aniquilación de toda la vieja generación bolchevique, de un sector importante de la generación intermedia, la que participó en la guerra civil, y del sector de la juventud que asumió seriamente las tradiciones bolcheviques, demuestra que entre el bolchevismo y el estalinismo existe una incompatibilidad que no sólo es política, sino también directamente física” (ídem).
Es por esto y más que no se puede considerar al estalinismo – ni a los que se dicen abiertamente estalinistas ni a los que aplican sus políticas sin definirse como tales- como parte de las “fuerzas anticapitalistas que no se hayan integrado en el sistema”. Navarrete incurre aquí en un craso error de caracterización histórica y actual. El estalinismo ha apoyado y participado de incontables gobiernos capitalistas, para impedir o derrotar procesos revolucionarios, sobre todo mediante su política de los “frentes populares”.
La diferencia entre trotskismo y estalinismo no tiene que ver con cuestiones del pasado o abstractas, como intenta convencernos nuestro autor. Las implicancias de la aplicación de las políticas de una u otra corriente tienen consecuencias prácticas, concretas, diametralmente opuestas. El trotskismo sintetiza la herencia moral y la lucha revolucionaria, independiente e internacionalista que ha librado hasta ahora el proletariado mundial y los demás sectores explotados y oprimidos. El estalinismo representa la negación de todos estos principios; representa la traición, el pacto con la burguesía, el imperialismo y la descomposición moral a todo nivel. Representa, en suma, la contrarrevolución.
¿Una “supuesta polémica”?
El colocar la cuestión del debate entre la teoría del “socialismo en un solo país” y la “revolución permanente” como una “supuesta polémica” que no “no resiste un análisis crítico” es no entender en absoluto la implicancia práctica, las consecuencias concretas que ambas concepciones tuvieron –y tienen- para el desarrollo de la revolución mundial.
La teoría del “socialismo en un solo país” fue expuesta por Stalin por primera vez en 1924, tras la muerte de Lenin y cuando la revolución alemana había sido derrotada. En el partido reinaba un ambiente de desmoralización en importantes sectores. Tras años de descomunales combates reinaba un deseo de “paz y tranquilidad”, clima psicológico que la burocracia –que adora la paz y la tranquilidad- utilizó para imponer sus ideas.
La teoría de Stalin revisaba todas las concepciones marxistas hasta entonces - ¿”superación dialéctica”?-. Planteaba, en síntesis, que se podía construir el socialismo en Rusia sin importar el curso de la revolución mundial pues, como afirmaba, existían países maduros para el socialismo y otros que aun no lo estaban. La URSS era el único país “maduro”.
Ser “internacionalista”, obviamente, no se trataba de emprender una aventura militar sobre Europa para exportar la revolución, como acusaba el estalinismo a Trotsky, sino de colocar la dictadura proletaria en la URSS al servicio de la revolución mundial, como parte de la revolución mundial, de la cual más temprano que tarde dependía su suerte. Era comprender que la mejor manera de “defender” y “consolidar” a la URSS era impulsando de todas las formas posibles la revolución internacional y romper el aislamiento.
La teoría de Stalin abandonaba la lucha por la revolución mundial, abandonaba el principio del internacionalismo proletario y servía para justificar las políticas concretas cada vez más nacionalistas de la burocracia. Con la teoría del “socialismo en un solo país” se daba un “marco teórico” a la política de subordinar la revolución mundial a los intereses inmediatos de la burocracia stalinista.
Trotsky, al defender la revolución permanente y la perspectiva de la revolución mundial, no planteó nunca abandonar la lucha para que avancen y se consoliden las conquistas económicas y sociales dentro de la URSS. No proponía tampoco “enviar al Ejército Rojo a imponer el socialismo pisoteando Europa”. Esa es la falsificación burda que hace el estalinismo de su teoría. Trotsky fue, hasta su asesinato, un defensor incondicional de la URSS.
La afirmación central del creador del Ejército Rojo es que el socialismo, como sistema, debe ser mundial o no es socialismo. El proletariado de un país puede y debe tomar el poder y mantenerlo a toda costa, pero debe ser plenamente consciente de que si no se desarrolla la revolución en otros países, tarde o temprano sucumbirá. Una revolución en un determinando país solo podrá triunfar definitivamente como eslabón de la revolución mundial. Convencido de esto y, como lastimosamente ocurrió después, Trotsky escribía en 1937: “Es posible que, en virtud de una determinada alineación de fuerzas nacionales e internacionales, el proletariado conquiste el poder por primera vez en un país atrasado como es Rusia. Pero la misma alineación de fuerzas demuestra de antemano que, sin una victoria más o menos rápida del proletariado en los países adelantados, el gobierno obrero ruso no sobrevivirá. El régimen soviético abandonado a su propia suerte degenerará o caerá. Más precisamente, degenerará y luego caerá”.
Es justamente esta concepción, esta “política internacionalista y revolucionaria” la que fue abandonada por Stalin. La dirigencia del PCUS abandonó el pensamiento de Lenin, en el mismo sentido de Trotsky, expresado en 1922: “Nuestro pensamiento era: inmediatamente, o por lo menos muy rápido, empezará una revolución en otros países, en los del desarrollo capitalista más avanzado; en caso contrario pereceremos”.
La restauración del capitalismo en la ex URSS es, en verdad, la derrota de la teoría reaccionaria del socialismo en un solo país.
Viejas calumnias o amalgamas
Navarrete también echa mano de un conocido argumento estalinista en contra del trotskismo: las viejas polémicas entre Lenin y Trotsky antes de 1917.
Para nadie, al menos para los militantes de izquierda, esto es una novedad, mucho menos un “mito”. Lo que no dice Navarrete es que las mismas fueron superadas completamente en el proceso revolucionario de 1917. Fue entonces que Trotsky comprendió definitivamente la importancia vital del partido centralizado y se unió a los bolcheviques y Lenin asumió la posición de Trotsky de que la revolución no debe detenerse en su etapa democrático-burguesa sino avanzar directamente a la dictadura del proletariado en un proceso “permanente”.
El propio Lenin dijo el 14 de noviembre de 1917 refiriéndose a Trotsky: “Hace mucho que Trotsky comprendió que era imposible una unión con los mencheviques y, desde entonces, no ha habido otro mejor bolchevique”. Las masas y hasta los propios enemigos de la revolución se refirieron siempre al Partido Bolchevique, después de 1917, como “el partido de Lenin y Trotsky”. Durante la guerra civil, destacando la actuación militar de Trotsky, Lenin dijo: "Muéstreme usted otro hombre capaz de organizar en el término de un año un ejército que es casi un modelo y de ganarse el respeto de los especialistas militares. Nosotros tenemos ese hombre. Lo tenemos todo. Y haremos maravillas". En 1922, cuando el CC votó una medida que en los hechos iba a liquidar el monopolio del comercio exterior, Lenin escribió el propio Stalin: “He llegado a un acuerdo con Trotsky para la defensa de mis puntos de vista sobre el monopolio del comercio exterior. Estoy seguro que Trotsky defenderá mi posición tan bien como yo mismo”.
Existen varios otros ejemplos de la sintonía política entre Lenin y Trotsky post 1917, lo cual no significa que hayan coincidido en todos los asuntos. Fue la camarilla estalinista, con el objetivo de vilipendiar a Trotsky y enlodar su figura que, tras la muerte de Lenin, desempolvó las viejas polémicas y las utilizo para “demostrar” el supuesto carácter “antileninista” del trotskismo. Este método, al parecer, sigue siendo empleado.
En cuanto a la colectivización forzosa que emprendió Stalin y el fin de la NEP, también se impone ubicarla en su contexto concreto. Es falso que en cuanto a la colectivización del campo, “Trotsky proponía exactamente lo mismo”. La Oposición de izquierda, durante años, peleó en todos los ámbitos por el inicio de una economía planificada que ponga el énfasis en el desarrollo de la industria pesada. Para ello propuso el cobro progresivo de impuestos a los campesinos ricos (los Kulaks) y que se generen todo tipo de acciones educativas tendientes a una colectivización gradual del campo. Stalin y su facción, no solo acusaron a Trotsky de anti-campesino sino que siguieron incentivando y realizando todo tipo de concesiones a los Kulaks. Sólo cuando los campesinos ricos comenzaron a ganar cada vez mas peso social y político, teniendo incluso el poder económico de chantajear al Estado proletario con la entrega de granos etc., es decir, cuando se convirtieron en una amenaza al poder de la burocracia, es que Stalin se vio obligado, por medios administrativos y el uso de la fuerza, a la “liquidación del kulak como clase”. No es necesario ahondar en las profundas consecuencias sociales y económicas que tuvo la colectivización e industrialización burocráticas, cuyos costos fueron pagados por la clase obrera y el pueblo rusos. Presentar esta cuestión de manera simple y descontextualizada, diciendo: “lo que hizo Stalin fue detener la NEP para colectivizar y planificar toda la economía” está al servicio de engrandecer o embellecer la figura de Stalin, cuando todo lo que hizo lo hizo movido por los intereses mezquinos de la burocracia que encabezaba.
Nadie que se considere realmente marxista puede afirmar que Marx, Lenin o Trotsky fueron seres geniales e infalibles. Cultos así sólo caben al estalinismo. Cuando reivindicamos sus aportes teóricos y prácticos, lo hacemos pensando en personas que mejor pasaron la prueba de los acontecimientos de su tiempo y colocaron sus vidas al servicio de la liberación total de los oprimidos.
Es en este mismo sentido que reivindicamos, con orgullo, las banderas de lucha que el trotskismo –no exento de errores y sectores que se degeneraron- ha sabido defender y levantar soportando enormes presiones y persecuciones. Fue mediante un puñado de dirigentes, tras la aniquilación física de toda una generación de revolucionarios a manos de Stalin, que se mantuvo el hilo conductor del programa marxista, el programa de la dictadura revolucionaria del proletariado y la revolución mundial hasta nuestros días.
La IV Internacional fue la única corriente política que combatió los crímenes del estalinismo en todos los terrenos y Trotsky, su inspirador y fundador, fue el único que en la década del 30, en el momento de mayor auge político y presenciando un crecimiento impresionante de la URSS, pronosticó que si la clase obrera no efectuaba una revolución política que arrancase el poder a la burocracia, la misma burocracia terminaría restaurando el capitalismo. Tal pronostico, lamentablemente, se cumplió por la negativa 50 años después. La burocracia, agente del imperialismo, restauró el capitalismo en los ex Estados obreros. El programa trotskista fue el único que pasó la dura prueba de los hechos.
La búsqueda del “Nuevo Verbo”
Tenemos una gran coincidencia con Navarrete. El marxismo no es –ni debe ser entendido-como un dogma. El marxismo es una ciencia, una guía para la acción que parte de la explicación materialista del desarrollo histórico. Es la ciencia de la liberación total del proletariado y las demás clases explotadas.
El marxismo, por estas razones, no es estático. Todo lo contrario, se actualiza y se nutre de los hechos que ofrecen la realidad y las experiencias concretas. “El marxismo es la teoría del movimiento, no del estancamiento”, enseñaba Trotsky. Desde los tiempos de Marx y Engels, los grandes acontecimientos han ido enriqueciendo esta teoría y forma de entender el mundo. El bolchevismo, en este sentido, realizó invalorables aportes al arsenal marxista, sobre todo una vez abierta la época imperialista.
Las propuestas de nuestro autor, basadas en “superar a Lenin y superarlos a todos” para crear un “comunismo del siglo XXI”, a nuestro criterio, coincide con aquella situación, descrita por Trotsky, marcada por épocas de derrotas políticas o momentos de confusión en donde se efectúa una “reconsideración de los valores”. Esto, según Trotsky, se da en dos sentidos: “Por un lado, la verdadera vanguardia (…) defiende la herencia del pensamiento revolucionario con uñas y dientes y, sobre esta base, trata de educar a los nuevos cuadros para las próximas luchas de masas. En cambio, los rutinarios, los centristas y los diletantes hacen todo lo posible por destruir la autoridad de la tradición revolucionaria y por volver en busca de un “Nuevo Verbo”. Pensamos que nuestro autor se adscribe entre los segundos.
Frases grandilocuentes como “superación dialéctica, crítica y creativa del legado teórico de los clásicos del marxismo”, “reconstruir unos hábitos de actuación política”, “renunciar a la terminología decimonónica”, “renovar el marxismo”, “poner nuestras organizaciones, su capacidad logística y su experiencia organizativa al servicio de las luchas, en lugar de intentar liderarlas”, “unidad de la izquierda” etc. pueden parecer muy audaces, frutos de un pensamiento independiente y antidogmático.
Sin embargo, en muchos casos, tales propuestas no hacen sino esconder el verdadero objetivo de negar las lecciones fundamentales que la lucha de clases, entendidas mediante el marxismo, ha brindado hasta ahora. No es poco común que, detrás de expresiones como “cada país tiene su propia vía al socialismo” o “el socialismo latinoamericano no debe ser calco ni copia, sino creación heroica” exista la intención de negar, fundamentalmente, la experiencia de la revolución de Octubre.
Parafraseando a Trotsky: “nuestro reformador y buscador del Verbo se encuentra con un hato de ropa vieja”. Posiciones eclécticas, como las defendidas por Navarrete, aunque parezcan “creativas”, en realidad sirven a una vieja y fracasada política: al reformismo.
Es correcto luchar contra “el eurocentrismo, el dogmatismo, la deshistorización, la pedagogía de la repetición, el sectarismo, la cita mecánica, la extrapolación de experiencias...” pero partiendo de las experiencias y lecciones de la historia, de la lucha de clases, de las derrotas y victorias, de las revoluciones y de las traiciones.
Por lo general, detrás de “renovar el marxismo”, sobre todo después de la confusión y el vendaval oportunista que causó estragos en la izquierda mundial post-caída de la URSS, se esconde el desechar los postulados fundamentales del marxismo-leninismo. El retroceso ideológico “a etapas ya ampliamente superadas”, como decía Trotsky, hace frecuente que hoy las posiciones clasistas y revolucionarias sean tildadas de “dogmáticas”, “sectarias” o “anquilosadas”.
Ésta es la base ideológica del “socialismo del siglo XXI”, que se presenta como algo “nuevo” cuando en realidad es el mismo reformismo del siglo XX. Más allá de roces ocasionales con el imperialismo y su retórica “antiimperialista”, los líderes del “socialismo del siglo XXI” mantienen la explotación capitalista en sus países y la dependencia de los mismos al imperialismo. No es casual que Navarrete exhorte a adoptar este enfoque “renovador, antidogmático”, este “comunismo del siglo XXI” a fin de “comprender experiencias como la Revolución Bolivariana de Venezuela”. En la Venezuela de Chávez, lamentablemente, no ha habido ninguna revolución. Lo que hay es un proceso revolucionario que Chávez intenta frenar y derrotar. Lo mismo podemos decir del proceso chileno bajo el gobierno de Allende, donde su estrategia reformista y frentepopulista cuyo estandarte fue “la vía pacífica al socialismo” terminó en el aplastamiento sangriento de la clase obrera e izquierda chilenas. Evidentemente, el “marxismo creativo” de Navarrete es algo distinto al marxismo ortodoxo y su concepto de revolución.
Sabemos que existen cientos de miles de luchadoras y luchadores, abnegados y combativos, que militan en las filas de partidos estalinistas u orientados por el “socialismo del siglo XXI” y creen que éstas son las vías para destruir al capitalismo e instaurar el socialismo. Existen miles de revolucionarios honestos por fuera de los partidos trotskistas. Llamamos a estos compañeros y compañeras a realizar una profunda reflexión sobre la política concreta de sus direcciones bajo la implacable lupa del clasismo.
Sostenemos con Trotsky – aun a riesgo de parecer ante nuestro autor como los más “celosos por ver quién efectúa la exégesis más ortodoxa de los textos del profeta armado y luego desarmado”- que, en tiempos como los actuales, marcados por profundas confusiones y “retroceso ideológico” producto, por sobre todo, de los procesos en el este europeo, la tarea de los comunistas, de la vanguardia revolucionaria de la clase obrera, “es no dejarse arrastrar por el flujo regresivo, sino nadar contra la corriente. Si la relación de fuerzas desfavorable le impide mantener las posiciones conquistadas, por lo menos debe aferrarse a sus posiciones ideológicas, porque éstas expresan las costosas experiencias del pasado. Los imbéciles calificarán esta política de ‘sectaria’. En realidad, es la única manera de preparar un nuevo y enorme avance cuando se produzca el siguiente ascenso de la marea histórica”.
[1] Nahuel Moreno (1924-1987): dirigente trotskista argentino, fundador de la actual Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI).

viernes, 22 de enero de 2010

Para leer el Manifiesto Comunista (III)

22-01-2010
Salvador López Arnal
Rebelión

La cuestión del comunismo es primero, en el Manifiesto Comunista, la de la propiedad: “Los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: supresión de la propiedad privada” de los medios de producción y de cambio, a no confundir con la propiedad individual de los bienes de uso. En “todos los movimientos”, “ponen por delante la cuestión de la propiedad, a cualquier grado de evolución que haya podido llegar, como la cuestión fundamental del movimiento”. De los diez puntos que concluyen el primer capítulo, siete conciernen en efecto a las formas de propiedad: la expropiación de la propiedad terrateniente y la afectación de la renta de la tierra a los gastos del Estado; la instauración de una fiscalidad fuertemente progresiva; la supresión de la herencia de los medios de producción y de cambio; la confiscación de los bienes de los emigrados rebeldes, la centralización del crédito en una banca pública; la socialización de los medios de transporte y la puesta en pie de una educación pública y gratuita para todos; la creación de manufacturas nacionales y la roturación de las tierras sin cultivar. Estas medidas tienden todas ellas a establecer el control de la democracia política sobre la economía, la primacía del bien común sobre el interés egoísta, del espacio público sobre el espacio privado. No se trata de abolir toda forma de propiedad, sino “la propiedad privada de hoy, la propiedad burguesa”, “el modo de apropiación” fundado en la explotación de unos por los otros.[el énfasis es mío]
Daniel Bensaïd (2009), “Potencias del comunismo”, Viento Sur
Entre los papeles y documentados de Manuel Sacristán (1925-1985) depositados en Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona, pueden consultarse aproximaciones y anotaciones sobre materiales del Marx tardío. Las siguientes notas, por ejemplo, se centran en el prólogo a la segunda edición rusa del Manifiesto Comunista:
Marx, Engels: Prólogo a la 2ª edición rusa del Manifiesto del PC., 1.1.1882.
1.“Hoy (...) Rusia constituye la vanguardia de la acción revolucionaria en Europa” (pág. 296).
MSL: Muestra de lo que inspiraba a Marx la revolución rusa, tan poco afín a su modelo eurocéntrico. Por lo demás, es una constatación política, fuera de deducciones a partir del modelo teórico. Engels renegó completamente de esta tesis, llamándola absurda, en 1893-1894.
2. “El Manifiesto Comunista tenía como misión la de proclamar la inminente e inevitable disolución de la propiedad burguesa moderna. Pero en Rusia encontramos, frente a la especulación capitalista en rápido auge y a la propiedad burguesa de la tierra que apenas si está en desarrollo, la mayor parte del suelo en propiedad común de los campesinos. Cabe preguntarse ahora: ¿puede la comunidad rural rusa -aun cuando es una forma fuertemente socavada de la antiquísima propiedad común del suelo1- convertirse directamente en la forma superior de la propiedad común comunista? ¿O, por el contrario, deberá recorrer primeramente el mismo proceso de disolución que constituye la evolución histórica del Occidente?...” (p. 296).
(1) Concepto no marxiano, a tenor de la teoría histórica de los borradores a V. S [Vera Sassulich]. Esta versión es la última del problema. Luego hace autoridad. En ella es manifiesta la relación con el resultado del modelo europeo -aunque en la forma de acción recíproca, no en la engelsiana de acción de Europa occidental sobre Rusia-, pero también la admisión de un desarrollo propio, no por negación y negación de la negación [sino positivo, “natural”], salvo en un sentido puramente descriptivo y metafórico, no dinámico. La negación de la negación no sería el dinamismo de ese proceso.
Como en otras ocasiones, el sentido común de Engels y su realismo llevan razón políticamente, concretamente. Pero ese llevar razón le impide ver la problemática de fondo, y salirse del esquema, cosa que puede hacer Marx.
El esquema del prólogo es así: 1. Cambio de sentido entre la primera y segunda edición rusas del MC: de curiosidad a cosa importante. 2. Cambio de situación desde diciembre 1847 del movimiento obrero. 3. Cambio del papel de los USA. 4. Cambio del papel de Rusia. 5. La cuestión de la obschchina.
Igualmente, en una de las carpetas depositadas en Reserva de la BC de la UB, “OME hojas”, pueden verse materiales de trabajo de Sacristán sobre el Manifiesto. Sin fecha en algunos casos, probablemente algunos de estos esquemas y resúmenes provienen de seminarios clandestinos impartidos en 1969 o 1970 y otros tal vez fueran elaborados pensando en conferencias y cursos impartidos en la escuela de adultos de Can Serra de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) a mediados de los setenta.
El siguiente material es un esquema temático detallado, con breves comentarios, del Manifiesto. Los números remiten a los diferentes bloques de fragmentos del texto; los asteriscos señalan, probablemente, el interés especial para Sacristán de algunos pasos.
[Prólogo].
I. Bourgeois und Proletarier [Burgueses y proletarios].
-La historia, luchas de clases. Afirmación general. 1-3. [Posibilidad ruina: 2]. -La lucha de clases de la época contemporánea: simplificación del cuadro de las clases. 4-5.
-La burguesía: -Origen.6. -Desarrollo.7. América, etc. -La manufactura 8: Cambio en la división del trabajo. -Las máquinas, la gran industria y la burguesía moderna. 9.-El mercado mundial y su relación dialéctica con la gran industria. 10, 11. -Progresos políticos (burgueses) paralelos de la evolución. 12**
-Función revolucionaria de la burguesía: 13: -Destrucción del mundo feudal. 14. Y de los velos ideológicos de la explotación. -Asalarización de profesiones intelectuales. 15. -Desenmascaramiento de la familia. 16. -Incremento de la producción y de la productividad. 17. -Introducción del cambio permanente. 18** ->desenmascaramiento consiguiente de lo santificado. -Mercado mundial y cosmopolitismo. 19, 20**. -Universalización civilizatoria. 21. Ironiquísima. -Sumisión del campo a la ciudad. 22. -Procesos de concentración. 23. -Creación de fuerzas de producción. 24. - Resumen sociológico del cambio. 25, 26 *
-La actual situación de la sociedad burguesa: - Síntomas de nuevo cambio social. 27 *** - La crisis. 27. -La crisis. 27, 28.
-El proletariado: -Origen y naturaleza. 29, 30. Ellos mismos “mercancía”. -El trabajo proletario. 31 **. Industrial-maquinista. -La gran organización del trabajo fabril. 32 ** -Trabajo de mujeres y niños. 33 ** -El trabajador como consumidor. 34. -Proletarización. 35. -Evolución.* 36: -Primeras luchas proletarias bajo dirección burguesa. 37,38. -Concentración proletaria y coaliciones. 39* -Victorias provisionales de los obreros. 40. Centralización organización. -El proletariado y su revolución: -Clase y partido. Consciencia. 41. -Divisiones de la burguesía. 42**. Formación política y general del proletariado. -Proletarización y “educación” exógena de la clase. 43*. -Paso de ideólogos al proletariado. 44. -El proletariado, única clase revolucionaria, por su fundamento industrial. 45-54. -Capas medias. 46. Si posible paso a revolucionarios. -Lumpenproletariat. 57. -Destrucción de las viejas condiciones de vida en el proletariado. 48.-Los proletarios no tiene nada que asegurar. 49* -Y su mayoría. La revolución es globalmente social. 50. -Forma nacional de la lucha. 51. -Dominio proletario por derrocamiento violento de la burguesía. 52. -Pauperización: incapacidad de la burguesía para seguir dominando. 53*. -La ruina de la burguesía es político-social: es la unión de los obreros. 54.
II. Proletatier und Kommunisten [Proletarios y comunistas].
-Caracterización del movimiento comunista. 1-14: -Los comunistas no son ningún partido obrero particular. 1-3. -No ponen principios particulares. 4** -Internacionalismo y globalidad de su punto de vista. 5. -Mayores decisión, propulsión y comprensión del movimiento proletario y sus resultados generales. 6. -Mismo objetivo inmediato que todos los demás partidos proletarios: poder proletario. 7. -Base no ideológica. 8. -Sino generalización de la existente lucha de clases. 9. -La abolición de la propiedad privada. 10-14. -Cambio histórico de las relaciones de propiedad. 10. -En la Revolución Francesa, p. e. 11 -Abolición de la propiedad burguesa. 12. -Pero ésta es la última forma de explotación. 13* -Por eso la teoría comunista es resumible en la frase “abolición de la propiedad privada”. 14.
-Aclaración en polémica con la crítica ideológica burguesa. 15-69.
[Sobre la propiedad] 15-35: -El reproche de abolición de la propiedad personal. 15. No existe la antigua propiedad personal. 16. -existe la moderna propiedad privada burguesa. 17. +que no crea propiedad para el obrero, sino capital para el capitalista. 18. -El capital es un producto y una función sociales. 19. -El capital es una fuerza social. 20. -Por eso su colectivización no es destrucción de propiedad personal, sino cambio de su carácter social: deja de ser clasista. 21.
-El trabajo asalariado 22. -Su precio medio es el mínimo de salario. No se trata de abolir esa apropiación personal, sino de abolir su carácter miserable. 23. -Trabajo vivo y trabajo acumulado en la sociedad burguesa y en la comunista. 24 -Lo pasado y lo presente en ambas sociedades. Capital e individuo activo. 25. -Abolición de esa situación. 26. -Libertad burguesa. 27 .-La abolición de la burguesía la deja sin sentido. 28.
- La propiedad privada en sociedad burguesa lo es del 1/10 de la sociedad. 29. -Se trata de abolir esa propiedad. 30.
- Identificación burguesa de persona con propiedad burguesa. 31* -Su abolición (de esa persona) 32
- El comunismo no impide la apropiación personal de productos sociales, sino su utilización para sometimiento de otros. 33.
-Objeción burguesa de la paralización económica por la abolición de la propiedad privada. 34. -Refutación: los obreros no deberían trabajar hoy. 35.
-[Sobre la educación y la cultura] 36-39: -La burguesía identifica educación de clase con educación. 36 -Su educación es para la mayoría conversión en máquina. 37 -Las representaciones ideales burguesas. 38. Su ideologización naturalista eternizadora. 39
-[Sobre la familia] 40-52: -Abolición de la familia. 40 -La familia de la sociedad burguesa. 41 -Su desaparición con la del capital 42. -Abolición de la explotación de los niños por sus padres. 43. -Instauración de la educación social.44. -Ya lo es la burguesa: se trata sólo de abolir su carácter clasista dominante.45 -Los lazos familiares están ya destruidos para el proletario. 46 -Reproche de introducción de la promiscuidad. 47 -Basado en que para el burgués su mujer es un instrumento de producción. 48. -Pero se trata de abolir esa posición de la mujer. 49 -Por lo demás, la promiscuidad femenina ha existido casi siempre. 50. -Usurpación y adulterio. 51. -Abolición de la prostitución. 52.
[Sobre la patria, la nacionalidad] 53-58.
-Reproche de abolición de la patria, la nacionalidad 53: -Los trabajadores no tiene patria. Aunque son de momento nacionales en otro sentido, por conquista del estado. 54* -Disminución de las diferencias nacionales ya por y con la burguesía. 55. -Aceleración del proceso por el dominio proletario. 56. -Abolición de la explotación de naciones, paralela de la de individuos. 57. -Extinción de las hostilidades entre naciones. 58*
[Sobre otros temas polémicos] 59-69: -Acusaciones ideológicas. 59. -Principio del materialismo histórico, dado como evidencia. 60 -Ideas dominantes y clase dominante. 61 -Qué quiere decir “ideas revolucionarias”. 62 -Ejemplificaciones históricas. 63** -Objeción de que las ideas cambian. 64. -mientras que el comunismo suprime su lugar mismo. 65 -Respuesta: hasta ahora siempre ha habido antagonismos entre clases. 66. -A través de todas las revoluciones. 67* -Pero la revolución comunista termina también con las clases, con lo común a toda fase pasada, el clasismo, y así con el lugar de esas ideas. 68 -Se concluye la aclaración polémica. 69
Estrategia general de la revolución. 70-76: -Primer paso: democracia como dominio proletario. 70 -Centralización estatal y aumento fuerzas productivas 71 -Intervenciones despóticas primero anti-económicas, pero inevitables para transformación modo de producción. 72 -Diversidades nacionales de esas medidas. 73 -Los diez medidas para los países más progresados. 74** -El paso al comunismo. 75-76 .
Abolición de las clases y la política. 75* .La asociación. 76
III. Socialistische und Kommunistische Literatur [Literatura socialista y comunista]
1. El socialismo reaccionario 1-34: a) El socialismo feudal. 1-10. el *8, el *10. -Legitimistas y joven Inglaterra. b) El socialismo pequeño burgués. 11-*17 - Sin moral. c) El socialismo alemán o “verdadero”. 18.34. ***19, *30, *34.
2. El socialismo conservador o burgués. 35-42. -Proudhon *38, *42.
3. El socialismo y el comunismo crítico-utópicos. -Exclusión de la expresión accidental del proletariado en la revolución burguesa (Babeuf). 43 -Carácter utópico. 44-52. Por falta de condiciones, contenido reaccionario. 44. +Ascetismo e igualitarismo vulgar. .Los sistemas utópicos nacen en la primera fase de la lucha entre proletariado y burguesía. 45 .Ven el antagonismo, no la iniciativa proletaria. 46 .No ven las condiciones materiales de la liberación del proletariado, e intentan inventarlas. 47 .Propaganda y proyectos. 48 .El proletariado es para ellos sólo la clase que más sufre. 49 .Se creen por encima de la lucha de clases. 50. -Por lo que rechazan la acción política, revolucionaria. 51 -La concepción corresponde a la primera, obscura aspiración transformadora proletaria. 52*** -Carácter crítico, 53-56. .Valioso material crítico de las tesis no positivas, no utópicas. *53. -Su importancia es inversamente proporcional al desarrollo histórico. 54* -Degradación reaccionaria o conservadora. -Por eso oposición al movimiento político obrero. 55. -Ejemplos 56.
IV. Stellung der Kommunisten zu den verschiedenen oppositionellen Parteien [Posición de los comunistas frente a los diversos partidos opositores].
-Nueva caracterización de la estrategia. 1-2, concretando partidos, objetivos intermedios, alianzas.2. -Mención de algunos países 3-6. -Nueva caracterización de la estrategia a propósito de Alemania. 5-*6 -Previsión sobre Alemania. 7 -Resumen 8-11”.
En esa misma carpeta de Reserva de la BC de la UB, puede verse el esquema no fechado de lo que posiblemente fuera una conferencia o una intervención en algún seminario organizado en círculos próximos al PSUC.
1. Qué es el Manifiesto.
1.1. Un “manifiesto” para aclarar ideas de un grupo reducido, [pero activo, no de intelectuales].
1.1.1. Eso explica la importancia de la parte III.
1.2. Pero en una situación que ya fuese revolucionaria.
2. Cómo se cumple la función.
2.1. Dando comprensión de la realidad.
2.1.1. Parte 1ª. Completado en parte 3ª.
2.2. Dando “programa”. Parte II.
2.3. Dando crítica: parte 4ª.
II. Qué quiere decir “partido” en el Manifiesto.
1. Partidos electorales ingleses, o de notables.
1.1. Representatividad dentro de clase.
2. Sectas revolucionarias.
3. Tendencias. Sentido de La ideología alemana.
4. Intención propiamente política en el Manifiesto.
III. Cuestiones planteables por hipótesis generales.
1. La historia, lucha de clases.
1.1. Interpretar correctamente, por abstracción elegida.
1.1.1. Pero sin dar en decisionismo.
2. La clase obrera.
2.1. Cuantitativa. Ejemplo alemán:
1882 trabajadores dependientes: 57,2%. 1907:65% 1933: 70%. 1939: 71,4% 1956:75% 1960:77,3% 1961: 77,7%. no agricultura: 86%
Empleados: 1882: 300.000. 1925: 3.500.000.
Empleados en la industria de transformación
obreros empleados
1960: 5.764.000 1.396.000 19,5%
1961: 5.918.000 1.498.000 20,5%
2.2. Pauperización.
2.2.1. Absoluta y relativa.
Francia: 1960: 30% más pobre 6,2% RN, 10% más rico 34,5% RN
1970: 30% más pobre 4,5% RN, 10% más rico 36,8% RN
2.3. El ir contra historia (hablar de socialistas “verdaderos”)
2.3.1. Pero la hipótesis de la ruina de ambas clases en lucha, I 2.
2.3.2. Riesgos y ventajas de la actitud.
2.3.3. Hoy.
IV. La hipótesis especial
1. Cumplimiento de la revolución prevista.
2. Pero otro desarrollo.
3. Relacionar con I, 42.
4. En relación con esto, la cuestión del Estado.
Al MC se volvió a referir Sacristán en un artículo escrito durante su estancia en la UNAM en 1983: “¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?”. El trabajo apareció con cortes en El País, 16 de marzo de 1983, en un especial dedicado a Marx, y luego fue recogido completo en el número especial de octubre de 1983 que mientras tanto dedicó a Marx en el primer centenario de su fallecimiento (Puede verse ahora en Pacifismo, ecologismo y política alternativa, Madrid, Público-Icaria, pp. 160-168).
Iniciaba su texto Sacristán con una broma trágica y una referencia a la ruina común de las clases en lucha:
En el siglo XXI se seguirá leyendo a Marx. Para entonces estará claro que el desprecio por Marx de los años setenta y ochenta, nacido del hipermarxismo de 1968, fue sólo, como éste, otro despiste de la misma labilidad pequeñoburguesa. Estará claro, como lo está hoy, que Marx es un clásico. Se seguirá leyendo, si es que algo se lee: si no se produce antes la catástrofe cuyo presentimiento anda reprimiendo tanta gente, con la ayuda del angelical Tofler o con la del siniestro obeso Kahn. De todos modos, ni la catástrofe arrinconaría definitivamente a Marx, sin que algún marxólogo extraterrestre que asistiera al espectáculo podría sostener que el desenlace estaba previsto en la “ruina común de las clases en lucha” del Manifiesto Comunista.
Después de señalar que los textos de Marx que podrían sobrevivir como clásicos eran de géneros diversos (históricos, sociológicos, científicos sistemáticos, escritos programáticos), después de apuntar que dentro de veinte años –es decir, nuestro hoy- “no habrá dificultad en reconocer la dimensión y los límites del núcleo formalmente teórico… de la obra marxiana”, disipándose a un tiempo la ilusión de althusserianos y dellavolpianos de convertir a Marx en teórico puro sin mezcla de especulación hegeliana; después de referirse a la complejidad del ideal gnoseológico marxiano y a la problematicidad que representaba en su obra el objetivismo de las “leyes de la historia” de raigambre hegeliana, Sacristán apuntaba que el fuerte desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas, “mucho más allá de lo que Marx podía imaginarse”, permitía ya entonces, además de obligarnos a ello, plantear la cuestión de un modo más preciso y fructífero que en los viajes debates entre marxistas economicistas y dialécticos.
No pretendía Sacristán en todo caso, en esta ocasión, discutir la bondad de la concepción marxiana del papel del desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas, concepción que consideraba teóricamente consistente y plausible desde un punto de vista empírico, sino saber cómo se leería a Marx en el XXI a propósito del cambio social que más le importaba, el paso al socialismo. La novedad de aquel hoy, que sigue siendo el nuestro, residía en la cuestión política de cómo había que actuar sobre los datos que satisfacían el esquema marxiano para promover la realización de los valores socialistas. Para responder a esa pregunta había:
[…] que tener en cuenta la peculiaridad y novedad de una fuerza productiva apenas naciente en tiempo de Marx: la tecnociencia contemporánea.
Sacristán recordaba que, como había señalado Ernest Erza Mandel, a partir de los manuscritos de 1857-1858 (los Grundrisse, que traducidos por Javier Pérez Royo fueron publicados en la edición de las OME dirigida por Sacristán), se encontraba en la obra de Marx consideraciones “bastante simétricas y completas acerca de la influencia de la ciencia en la naturaleza del cambio social moderno”. Era posible catalogarlas en tres grupos: reflexiones animadas por un combinación de infabilismo de raigambre dialéctico hegeliano y optimismo ilustrado dieciochesco (desde los Grundrisse hasta finales de los setenta). Otras, contrapuestas a las anteriores, en las que Marx exponía los efectos opresivos y destructores del progreso técnico no sólo en las clases trabajadoras sino en la misma Naturaleza (el libro I de El Capital y los manuscritos preparatorios del libro III principalmente).
Por último, existía un tercer registro que ya había apuntado en el Manifiesto y se encontraba plenamente formulado en los manuscritos de 1857-1858:
[...] la repetida observación marxiana de que en el capitalismo toda fuerza productiva es al mismo tiempo una fuerza destructiva pertenece a esta línea “dialéctica”.

Habían existido, y seguían existiendo, lecturas de Marx respecto a la crucial cuestión de la relación entre revolución y progreso que habían acentuado las expresiones más confiadamente “progresistas” de Marx (la interpretación dominante en la II Internacional). Era por otra parte poco probable que se impusiera la lectura de las páginas de “condena profética del progreso capitalista”.
[…] Ningún profesor de economía o sociología que no sea un poco raro gustará de exponer textos que se parecen más a Isaías que a Durkheim o Walras. Puro moralismo, como dicen.
Quedaba una tercera lectura que, en su opinión, era incluso más fiel al sistema de Marx y a su estilo intelectual:
[…] la que se orienta por la perspectiva dialéctica articulada por vez primera en el manuscrito de 1857-1858, aunque anticipada en el Manifiesto Comunista: la tensión entre la creación y la destrucción, causadas ambas por el desarrollo capitalista de las fuerzas productivo-destructivas, así como la tensión entre las ideologías correspondientes, no puede resolverse más que con el socialismo. En lo que se refiere a las sociedades conocidas, o en la medida en que se niega, la tesis suena realista y los hechos parecen concordar con ella. Pero no da ni una tenue pista para hacerse una idea de por qué y cómo se van a superar esas tensiones en el socialismo. Se puede sospechar que el logicismo de origen hegeliano, "enderezado" y convertido en confianza en las "leyes de la historia" y en la "racionalidad de lo real", es la causa de esa laguna. (Hasta después de muerto Marx no empezará a sospechar Engels, cuando contesta a preocupaciones de Kautsky, que a lo mejor Malthus tenía un poco de razón y sólo entonces deja de confiar en la dialéctica de las leyes históricas y se pone a investigar y argumentar por qué el problema demográfico, "si se presenta", será más fácil de resolver en el socialismo que en el capitalismo).
Que ese Marx más completo se impusiera finalmente, que fuera el más leído en el siglo XXI, presuponía en sus lectores, por una parte, el abandono de la fe progresista, la renuncia a la creencia en la supuesta bondad y necesidad de toda reproducción ampliada “y hasta el mismo paso del tiempo”, y, en segundo lugar, que los marxistas se dieran cuenta que incluso esa que era la mejor lectura de Marx presuponía también el abandono de “la fe hegeliana en la racionalidad de lo real”. Por lo demás, el asunto esencial que estaba detrás de esas interpretaciones no era cualquier cosa:
El asunto real que anda por detrás de tanta lectura es la cuestión política de si la naturaleza del socialismo es hacer lo mismo que el capitalismo, aunque mejor, o consiste en vivir otra cosa.
Hubo una referencias más. En el que fue su último curso académico, en las clases de Metodologías de las Ciencias Sociales de 1984-1985, refiriéndose a la influencia de Carlyle en las páginas iniciales del Manifiesto Comunista, señalaba Sacristán:
[…] La crítica de la (...) estructura capitalista por Carlyle no es ni mucho menos severa que la de los socialistas “de izquierda”. La diferencia estriba en que el punto de vista desde el cual critican la vida cotidiana capitalista es el subrayar los antiguos valores. Si alguno de ustedes ha leído el comienzo del Manifiesto Comunista puede advertir muy bien lo que quiero decir porque, en las primeras páginas, Marx está claramente recogiendo los motivos del socialismo reaccionario. Además, dice por ejemplo, que el capitalismo ha desarrollado mucho las fuerzas productivas pero que ha convertido todo en tráfico mercantil, ha terminado con la mística del caballero medieval, ha congelado en las heladas aguas del cálculo mercantil la diversión sentimental del ciudadano en la ciudad medieval y está recogiendo, precisamente, los elementos de pensamiento de autores como Carlyle, que han hecho ya, antes de él, este tipo de crítica.
El Manifiesto Comunista había sido, pues, un clásico de la tradición marxista revolucionaria. Seguía siendo un clásico, un clásico fructífero. De esta arista hablaba Sacristán, a propósito de los clásicos teatrales, en un comentario que apareció en el último número de Laye:
No mejor, pero acaso tan bueno, es el que consiste en representar obras “clásicas” próximas al hombre de hoy por alguna venturosa circunstancia: Fuenteovejuna, por su tema social y revolucionario, Prometeo encadenado, por retrato de una situación crítica del hombre, El caballero de Olmedo, por su sentido tan “moderno” del misterio dramático, del “inefable” teatral; el desenlace previsto, profetizado, y, con todo, nebuloso e interesante, porque importa más su “cómo” que su “qué”.
Obras ligeras de calidad formal y obras densas con proximidad a los estilos artísticos de hoy: tales son las obras clásicas cuya representación promete ser fructífera desde el punto de vista pedagógico: ellas pueden enseñar al público -que las respeta sólo por ser “clásicas”- a pensar, a sentir con finura y profundidad, y pueden acercarle así, poco a poco, al gran teatro de esta época nuestra, que probablemente será historiada como un período importante en el desarrollo del teatro.
Pensar con finura y profundidad y con frutos sustantivos, esa también era la cuestión a propósito del Manifiesto y de la obra entera de un revolucionario que creía bueno dudar de todo, que considerada héroes a Kepler y Espartaco y a quien nada humano le era ajeno.
Anexo: Manifiesto Comunista: materiales de trabajo.
En esta misma carpeta depositada en Reserva de la BC de la UB, pueden verse estas anotaciones sobre diversos pasos del Manifiesto. En mi opinión, otro ejemplo más de la deslumbrante y nada servil lectura de Sacristán, además de enormemente fructífera, de los clásicos de la tradición. Sin reverencias ni anteojeras.
[capítulo] I [párrafo] 2: “con una transformación revolucionaria de toda la sociedad o con la destrucción de las clases beligerantes”.
Lo de la ruina de todas las clases en lucha: ilustrar con Roma.
I, 15: la consideración de los intelectuales.
I, 21: curiosa (errónea) explicación del éxito imperialista por los precios.
I, 24: se desprende que Marx fecha los comienzos del dominio de la clase burguesa a mediados del siglo XVIII (1760-1789).
I, 30: el proletariado (no la fuerza de trabajo) como mercancía. I, 31 es falso como mercancía. [Aparecen como mercancía el trabajo y el trabajador]
Rehacer la argumentación: se puede rehacer con fuerza de trabajo.
I, 42: estimación de las actuales divisiones de la burguesía. ¿Es válida hoy la afirmación sobre el comportamiento de la burguesía en sus luchas internas?
I, 41: clase y partido (para sentido de partido). Partido sentido sociológico. Conciencia.
I, 44: supone que la época esa consideraba “próxima a la decisión”.
Supone -como en IV,7- que se estaba cerca de la “decisión”. Y es verdad que la época era revolucionaria. Pero decidió otros problemas, no el del proletariado.
I, 47: la cuestión del lumpen y el problema de los ont.
I, 48: La inexplicable equivocación acerca de la posición del proletario respecto de su mujer y de sus hijos.
I, 52: La forma nacional de la lucha no debería ser tan obvia.
I, 53: Del argumento sobre incapacidad de la burguesía en el mercado nacional no se sigue poder proletario, sino, por ejemplo, colonialismo o neo-colonialismo.
I, 54: Gran industria y decisivo antifatalismo. El tema de la consciencia no es sólo del 44.
II, 7: el uso de “clase”.
III. El análisis de clase subyacente a la clasificación de la literatura. Materialismo histórico, análisis ideológicos.
Implicaciones de la crítica al socialismo alemán para la lectura del joven Marx. Y para la estrategia.
IV,2: la definición (descripción) de la política comunista.
IV, 7: el clásico pronóstico equivocado.
IV,11 : Es verdad que no dice nada sobre el estado, pero la afirmación del derrocamiento violento lo presupone en realidad todo.
La estimación del derrocamiento violento implica todo lo no dicho sobre estado + lo de la tiranía. “Despotismo”.”
Sacristán elaboró también “Listas de cuestiones para aclarar y discutir” y otra lista de “Cuestiones fundamentales”.
Lista de cuestiones:
1. Valor que da Marx al hecho del Capital y al trabajo acumulado.
2. Sentido de que las luchas de clases acaban con transformación o hundimiento de las clases beligerantes.
3. Que la lucha es nacional en la forma inicial.
4. Hechos que marcan la transición del feudalismo al capitalismo.
5. Implicación de las contradicciones de clase en Inglaterra.
6. Que la burguesía revoluciona todo.
7. Que el proletariado se recluta en todas las clases.
8. Cómo vence la burguesía las crisis de sobreproducción.
9. Papel en Manifiesto de las capas medias.
10. Violencia como imprescindible.
11. Transición esclavismo-feudalismo.
12. Concepto de proletario.
13 Diferencia capa / estamento.
14. Problema de ideología: el avance de las ideas socialistas en imperialismo, ¿cómo si la base es contraria?
15. Proletarización de la pequeña burguesía y, sin embargo, considerada como clase conservadora.
Cuestiones fundamentales.
I, 10: da base a mi interpretación de los fenómenos. Dice: a) los descubrimientos del XV, preparan el mercado mundial. b) la gran burguesía produce el mercado mundial. c) el mercado mundial da desarrollo al tráfico. d) ese desarrollo reactúa sobre la industria. e) y en esa medida se desarrolla toda la burguesía y hace retroceder a las clases procedentes del pasado.
(a) supone agentes en hombres: los descubridores. (b) explicita los agentes: los grandes burgueses. (c) caso de posibilitación de acción agentes: (d) literalmente caso de resultado agente. De hecho: resultado posibilita a agentes hombres más acción individual. (e) explicitados agentes de la transformación clasista.
I, 11: Pero el agente es producto. Así hace predominantemente Marx. Por lo tanto, he de analizar críticamente. De todos modos, el producto es “la moderna burguesía”, en realidad, pues, la clase, no sus hombres.
I, 21: es sarcástico casi sobre “civilización”: “Las [la burguesía] obliga [a todas las naciones] a instaurar en su propio seno lo que ha dado en llamarse civilización, es decir, a convertirse en burgueses”.
Importantísimo.
I, 30: Lo de que los obreros “sind eine Wase” (son una mercancía) no es sólo falta de ciencia respecto de después.
a) lo es, porque dice: “.. son una mercancía como cualquier otro artículo...” (falso); “...y en consecuencia se hallan igualmente expuestos a todos los avatares de la competencia, a todas las fluctuaciones del mercado” (falso). Ambos casos se refieren a la fuerza de trabajo, no al trabajador.
b) no lo es, sino algo serio, porque tiene un sentido -no sistemático científico, pero importante- la afirmación previa: “Estos obreros, quienes deben venderse por pieza...”
Por otra parte, Sacristán escribió unos nuevos apartados que titulaba “Cuestiones especiales”, “Status operis” y “Temas para debate”, que acaso (parte de ellos cuanto menos) pudieron ser material de trabajo para la elaboración de su “Karl Marx” para la Enciclopedia Universitas de Salvat (Sobre Marx y marxismo, ed cit, pp. 277-308).
Cuestiones especiales.
I, 6: El origen de la burguesía es quizás demasiado europeo y “típico”.
I, 20: Los que lamentan que la industria pierda “el suelo nacional” son “los reaccionarios”. De todos modos, se refiere a la “limitación” nacional, no a la propiedad.
Status operis.
1. Esquema analítico.
2. Textos E. Cantomori.
3. Esquema seminario 1971.
a) Naturaleza y función del MC. b) “Partei” en el MC. c) Cuestiones hoy planteables por las hipótesis generales. d) Cuestiones hoy planteables por la hipótesis especial. (*) [Nota posterior] Falta marco histórico, ideológico (que hice)
4. Una cuartilla con cuestiones sueltas. Con sugestiones didácticas.
Se pueden clasificar en: a) Precisiones de puntos marxistas poco atendidos, pero importantes (subdivisiones, claro). b) Errores. c) Precisiones sin mayor importancia. d) Falta de futuras nociones marxistas clásicas, y consiguiente confusión. e) Cuestiones que luego se han hecho más problemáticas.
5. Otra cuartilla que pone en limpio a-d, con alteraciones.
6. Una cuartilla con fechas políticas.
7. Más cuartillas son datos económicos y sociales.
8. Una cuartilla con cuestiones que salieron en el seminario de 1970? 1969?
Habrá que:
a) Redactar introducción con -situación Marx en 1848, enero +ideas que ya tiene. +práctica que ya hace -realidad que ha podido ver desde sus 15 años + o -.
b) Esquema analítico.
c) Cuadro histórico hacia delante: Marx después: novedades principales (= ausencias principales en MC). Historia MC posterior (hasta 1883 al menos).
d) El esquema expositivo de 1969.
La lista de “temas para el debate” elaborada por Sacristán superaba la treintena:
1. Fallo pronóstico. Cantimori 15 ss.
2. El error de la necesidad de la revolución burguesa.
3. Democracia. Cantimori 175-180.
4. “Partido y secta”. Marx, Carta a Bolte, 29.11.1871. Cantimori 12.
5. “Partido”, Cantimori 10,11.
6. Sobre la falta de teoría económica en el MC. Cantomori 9.
7. Cantimori 8, condena del comunismo por Pío XI en 1846.
8. Cita 6 d Cantimori, para la colocación del MC en la obra de Marx (cuestión althusseriana).
9. El Marx de Bruselas está muy enlazado con las sociedades conspirativas.
10. Pese a todo el anti-utopismo, acuerdo con Blanqui en 1849 o 1850 para formar una asociación, con la declaración inicial:
El objetivo de la asociación es el derrocamiento de todas las clases privilegiadas, la sumisión de estas clases a la dictadura del proletariado manteniendo permanentemente la revolución hasta la realización del comunismo, que será la última forma de vida de la comunidad humana. (D. Riazánov, II, 1-2 marzo de 1928).
11. I, 53 y I, 54 dan los dos motivos de final del dominio burgués: a) pauperización de los obreros. b) unión de los obreros para la industria y final de su competición; base del trabajo asalariado. Los dos se sintetizan en uno o tienen uno en común: la incapacidad general (económico-política) de mantener a la clase explotada y dominada en las condiciones adecuadas a esa función.
I ,53: pauperización y la incapacidad de la burguesía para dominar, por no poder asegurar: “a sus esclavos la existencia inclusive dentro de su esclavitud...”. Curioso que hoy eso: a) se hace falso económicamente respecto de gran parte del proletariado. b) cada vez más verdadero respecto de todo lo no burgués. A’) fuera idealismo marxiano. B’) casi todo se ha hecho proletario.
12. I, 50: carácter cualitativo del movimiento de masas.
13. I, 41: muy importante para: a) factor subjetivo en “Klasse” -> Lukács de Historia y consciencia de clase. b) sentido de “Partei” en el MC. Para el tema de clase-para-sí también II, 7.
14. I,40: “Toda lucha de clases es una lucha política”.
15. La descripción del trabajo fabril en I 31-33 es mucho más negativa que en El Capital.
16. La corrección de Engels en 1888 (ed. inglesa) como lo que aumenta con el maquinismo y la división del trabajo es (a) una corrección económica, b) sensibilidad sobre un plano de contradicción no puramente económico.
17. I, 31: no sólo desconoce aún la noción de fuerza de trabajo, sino que, además, no distingue entre precio y valor, identificando [SLA: dudo en la transcripción] ambos con los costes de producción.
18. Cambio muy importante desde 1872: donde decía que en la crisis las fuerzas productivas... suprimen.
19. A “Cada una de estas etapas evolutivas de la burguesía estuvo acompañada por un correspondiente progreso político” Engels añadió en la edición inglesa de 1888 “de esta clase”. Sobre “progresismo” de Engels. Pero es que el párrafo habla solo de crecimiento del poder burgués.
20. I, 20. Corrección de 1872, 1883 y 1886, en el mismo sentido. “La explotación del mercado mundial”. “Su [de la burguesía] explotación del mercado mundial”.
21. MC, prólogo 5: “Es hora de que los comunistas expongan abiertamente ante todo el mundo su modo de ver [las cosas], sus fines, sus tendencias y contrapongan a la fábula del fantasma del comunismo un manifiesto del partido mismo” (traducción y cursivas de Sacristán).
22. I, 15. Asalarización de los intelectuales: médicos, juristas, curas, poeta, hombre de ciencia. Importante tema preguntarnos qué es lo nuevo hoy.
23. III 26, 27, 28, 29, 30 es una completa justificación -¡en el MC!- de la política de alianzas con la burguesía liberal.
24. ¿III 22 es autocrítico?: “Los literatos alemanes [...] escribían sus disparates filosóficos a continuación del original francés. Por ejemplo, a continuación de la crítica francesa a las relaciones dinerarias escribían “enajenación de la esencia humana”, a continuación de la crítica francesa del estado burgués escribían “supresión del predominio de lo general abstracto”, etcétera”. Por el conjunto, no, pues se dirige a Karl (?), etc. Ver en DI [La ideología alemana] hasta qué punto identifica con eso su juventud.
25. III 19. En 1872, 1883, 1890 se suprime de la descripción del socialismo alemán o “verdadero” “über die wahre Gesellschaft” [sobre la verdadera sociedad] de la frase “ociosa Spekulation über die wahre Gesellschaft, acerca de la realización del ser humano”.
. El “ser humano” parece en esta época objeto de “especulación ociosa, y no así la “verdadera sociedad”. Coherente con la corriente noción marxiana de ser humano. . O bien es sólo retoque modificador de la retórica.
26. III 12. A propósito del socialismo pequeño burgués, y tras haberse referido a los restos de pequeña burguesía medieval (III, 11) afirma la composición y recomposición constante de una pequeña burguesía moderna, “como parte complementaria de la sociedad burguesa”.
Pero que desaparecerá y será substituida por contramaestres y maestros.
. ¿No lo son ya ellos mismos? ¿O sus hijos? (hijo de tendero, ingenioso).
27. La última -10ª- medida despótica para países desarrollados se refiere a la educación, y prevé ya la “unificación de la educación con la producción material, etcétera”.
28. El importantísimo cambio en la redacción de la medida despótica 9ª para los países más desarrollados:
1848: “...acción en pro de la paulatina eliminación de la oposición (Gegensatzes) entre la ciudad y el campo”. 1872, 1883, 1890:... diferencia... Evidentemente, porque Gegensatz no lo quiere ya usar fenomenológicamente, impresionísticamente, a lo Hegel, sino sólo básica, económicamente. No admiten contraposición agricultura/industria cuando el poder es obrero, no hay grandes terratenientes y la renta de la tierra va a fines sociales.
29. II, 7: el poder proletario es sólo objetivo inmediato, y común a todos los partidos obreros.
30. II, 4. La corrección por Engels (edición inglesa 1888) de “no establecen principios especiales” por “principios sectarios”.
31. II, 2: sentido político moderno, especial, de partei: “Los comunistas no son un partido aparte, frente a los demás partidos obreros”.
32. II, 63. Contiene un cambio importante en las ediciones alemanas de 1872, 1883, 1890.
En 1848: “Las ideas de la libertad de conciencia y de religión sólo expresaban la hegemonía de la libre competencia en el terreno del saber”
1872: “...en el terreno de la conciencia”. Para Sacristán, esta última rectificación era susceptible de dos interpretaciones contrapuestas. La primera: que aquellas ideas se hubieran “impuesto por su valor objetivo”. La segunda: “que el conocimiento es también ideológico”. A Sacristán le gustaba más la formulación de 1848.http://manuelsacristan.blogspot.com/2009/11/msl-per-llegir-el-manifest-comunista.html