viernes, 19 de febrero de 2010

"La clase trabajadora pasa a ser sujeto cuando cuestiona revolucionariamente al Capital"

Entrevista con el economista argentino, Rolando Astarita
Andrés Figueroa Cornejo
Rebelión

La agrupación de luchadores sociales “Plataforma de Intrusión” invitó a Chile al prestigioso economista y académico argentino, Rolando Astarita, para ofrecer dos contundentes charlas sobre la crisis capitalista mundial. Luego de su última conferencia en el Centro Social y Cultural “El Sindicato” –territorio libre del cascarón antiguo de Santiago- tuve la oportunidad de entrevistar, con café y fondo de música latinoamericana, al docente de la Universidad de Quilmes y de la UBA.
La prensa dominante nos bombardea a diario con noticias sobre la supuesta recuperación de la crisis…
Hay que subrayar que la crisis no está superada. Hay una mejora de los índices económicos, de la demanda, del comercio, subió la bolsa de valores; pero los problemas de fondo permanecen porque gran parte de esta recuperación se debe a la enorme masa de inyección fiscal. Y hasta que no se recupere realmente la inversión y el consumo no se puede decir que la crisis está superada. En general, se observa una recuperación extremadamente débil. A ello es preciso agregar los graves problemas que afectan a Grecia, España, Irlanda, Portugal. Además no se sabe cuántos activos tóxicos siguen en los bancos. Eso no se ha terminado de depurar. Incluso los bancos, hasta el 2012, tienen fuertes deudas de corto plazo. A su vez, no se sabe, por ejemplo, hasta qué punto bancos europeos están comprometidos con empresas medianas y pequeñas en créditos que pueden ser incobrables. En muchos sentidos, el fondo de la crisis aún no se ha tocado.
Tú hablas de la existencia de una “sobrecapacidad” del capitalismo…
Existe una enorme sobrecapacidad, muy por encima de lo que puede absorber el mercado. La industria automotriz lo grafica ejemplarmente. Ella puede producir 90 millones de unidades anuales, y en condiciones normales, el mercado puede consumir 60 millones. Es decir, 30 millones corresponden a capacidad de producción que no hay dónde meterla. Y por las presiones competitivas entre grupos corporativos, se sigue construyendo capacidad.
“MIENTRAS EXISTA CAPITALISMO, EXISTIRÁN LAS FINANZAS”
¿Y qué hay de los argumentos asociados a la especulación del capital financiero?
Aquí, efectivamente, hubo especulación y sobreespeculación. Pero existe una visión de que las finanzas han crecido como si fueran una esfera de la actividad económica que no tiene nada que ver con el sistema capitalista. Sin embargo, el crecimiento del crédito y de todos los instrumentos financieros es propio del funcionamiento del capitalismo. Ahora bien, para algunos sectores lo financiero es una mala palabra en sí. Entonces perecería que el problema es el capital financiero, y que si se elimina existiría un capitalismo perfecto. La verdad es que el capital financiero tiene una doble función. Sin crédito no hay desarrollo de las fuerzas productivas. Y las empresas, permanentemente, tienen fondos líquidos –capitales de amortización, capital de trabajo- que son volcados a los mercados financieros. Es decir, hay una permanente ida y vuelta entre el capital productivo y el financiero. Para Marx, el crédito es palanca de la acumulación y palanca de la sobreespeculación. En la medida en que se mundializó el capital, este fenómeno creció, agravando tremendamente las crisis. Y ahora, claro, pueden implementarse algunas regulaciones mínimas. Pero mientras exista capitalismo, existirán las finanzas; es inevitable. Entre el capital productivo y el financiero sólo hay diferencias en su unidad. La única manera de que el capital financiero, de conjunto, se valorice es que los activos en los que están invertidos generen plusvalía. Esto es, el capital financiero no puede desligarse de la realización del valor y del trabajo productivo. El capital financiero no puede valorarse de forma autónoma. No hay razones para pensar que Wall Mart, IBM o Toyota tengan sistemáticamente, a través de las décadas, tasas de ganancia más bajas que Bank of America o el Citi. Esto lo aclaro también, porque existe cierta tendencia a desplazar la centralidad de la contradicción capital / trabajo por la contradicción capital financiero / pueblos; capital bancario / capital productivo, etc.
“ESTA NO ES UNA CRISIS POR FALTA DE CONSUMO”
¿Qué piensas de la idea de que está crisis se debe a la caída del consumo de los trabajadores y los pueblos?
Hay interpretaciones que ofrecen sectores populistas nacionalistas que plantean que la crisis es de subconsumo, es decir, que la crisis se ha provocado por el bajo consumo de las clases populares. Entonces lo que habría que hacer es tomar medidas redistributivas para aumentar el poder de consumo de las clases populares. Sobre este relato yo creo que hay un error de diagnóstico. En EEUU, desde los 80 existe una baja en la participación de los salarios (mayor explotación), pero la participación del consumo en el PIB aumenta. Los salarios pueden bajar, sin embargo, los sectores medios y ricos consumen más. Asimismo, la proletarización del campesinado chino, por ejemplo, por poco que ganen como nuevos asalariados, consumen más que en el campo. Esta no es una crisis por falta de consumo. Y, por tanto, la salida de la crisis no se va a dar por un aumento de salarios. No tenemos que esperar un keynesianismo redistributivo progresivo. Lo que hay es un keynesianismo para el capital, para los de arriba. La desigualdad en la distribución del ingreso mundial empeoró desde los 90 hasta nuestros días, pero no hay ningún indicador que señale que esa tendencia vaya a cambiar. Por el contrario.
Es decir, no estamos frente a una crisis de demanda…
La demanda está compuesta por el consumo y la inversión. Y el consumo comienza a aumentar cuando las clases dominantes y medias comienzan a realizar consumos postergados. En las crisis lo primero que baja es el consumo de bienes durables. Por eso son esas las mercancías cuyos precios comienzan a subir junto a las recuperaciones económicas. Al mismo tiempo, las empresas comienzan a reponer existencias. La primera inversión de las empresas es en existencias. Todo esto, paulatinamente, reactiva la demanda y el empleo. Pero es producto de que está aumentando el gasto de plusvalía de los capitales. Los salarios se recuperan después. El gasto de los salarios de los trabajadores depende del gasto de la plusvalía, es decir, de los capitalistas.
EL ORDEN DE LAS COSAS
Siempre manda el capital…
El sujeto determinante en el capitalismo es el capital. Él decide cuándo se contrata, qué se invierte, qué se hace con el dinero. El sujeto de la acumulación es el capital. Por eso cuando el capital deja de invertir por la tasa de rentabilidad, el consumo salarial cae.
¿Y cuándo empieza el protagonismo de los trabajadores?
La manera en que la clase trabajadora pase a ser sujeto es que cuestione revolucionariamente al capital. Hasta ese momento, el trabajador es un objeto alienado. Y la recuperación de las crisis capitalistas nunca se ha dado por aumentos salariales. Su movimiento de recuperación está ligado a que el capital se desvaloriza, se concentra, desaparecen los capitales más débiles, se desvaloriza la fuerza de trabajo, y sobre esa base, en determinado momento comienza a restablecerse la tasa de rentabilidad y el capital vuelve. El consumo de los trabajadores está subordinado al proceso anterior.
CONSENSO DE WASHINGTON CON CIERTA INTERVENCIÓN ESTATAL
Aquí en Chile, hace poco la vieja derecha ganó las elecciones presidenciales frente a la Concertación…
Cuando gana, en cualquier parte, un gobierno supuestamente de “izquierda”, yo no espero grandes cambios hacia la izquierda. Y cuando gana un gobierno de derecha, tampoco espero grandes cambios hacia la derecha. En la actualidad operan las leyes del capital en sentido bastante puro y están garantizadas. Por eso las polémicas entre los sectores llamados más o menos “progresistas”, se baten en temas como el aborto y entre matices. Yo creo que la fórmula de gobernabilidad dominante es el Consenso de Washington con una cierta intervención estatal.
CAPITAL / TRABAJO
Una de tus características es sostener ciertas distancias críticas respecto de algunas izquierdas…
Tengo discrepancias. Hay una izquierda que diagnostica que la actual crisis económica es producto del estancamiento del sistema capitalista que ya dura 30 años. Entonces se dice que en las últimas décadas el capitalismo prácticamente no tuvo ninguna acumulación y la crisis no es más que la manifestación de ello. Por el contrario, yo creo que ha habido una expansión importante del capitalismo y sus fuerzas productivas, sino no es posible explicar la implosión de la Unión Soviética, la reconversión China, la propia historia de Chile. Entonces, yo estimo que, porque hubo un desarrollo de las fuerzas productivas, esta es una crisis de sobreacumulación y sobreproducción. Esto es importante porque el discurso de mucha izquierda no logra explicar la realidad. Otro asunto, es que otros sectores de la izquierda desplazan la contradicción central capital / trabajo por otro tipo de contradicciones: neoliberalismo / pueblos, capital financiero / capital productivo, capital financiero / pueblos. Todos esos desplazamientos provocan un diagnóstico inadecuado. Entonces para elaborar los programas políticos hay que concentrarse en la contradicción capital / trabajo. El rearme político de la izquierda tiene que pasar por reconocer esta centralidad.
“EL SOCIALISMO ES EMINENTEMENTE INTERNACIONALISTA”
Tú abjuras del nacionalismo…
El capital se internacionalizó extraordinariamente en los últimos tiempos. Y una de las armas del capital ha sido el chantaje de la movilidad de las inversiones y la deslocalización. El capital ha tenido una estrategia internacional, mientras sectores de izquierda le han opuesto estrategias nacionalistas. Ello ha fracasado. Hay una izquierda latinoamericana muy nacionalista. La explotación en realidad es de clase. El socialismo es eminentemente internacionalista. La mundialización del capital impone a la izquierda, con mayor claridad que en la época del Manifiesto Comunista, el internacionalismo.

La concepción marxista del mundo

Un prólogo para un clásico de la tradición (IV)
Salvador López Arnal
Rebelión

Tras dar cuenta de la génesis del Anti-Dühring y aproximarse a la categoría concepción del mundo -noción que, como vimos, fue comentada críticamente, e incluso abandonada, en trabajos posteriores [1]-, Sacristán prosiguió su prólogo al clásico de Engels con un apartado dedicado a “la concepción marxista del mundo”, expresión que, también en este caso, apenas usaría en trabajos posteriores.
La “concepción materialista y dialéctica del mundo”, otras veces llamada por Engels, más libremente, “concepción comunista del mundo”, señala Sacristán, está movida, como todo en el marxismo, por una finalidad:
[…] terminar con la obnubilación de la consciencia, con la presencia en la conducta humana de factores no reconocidos o idealizados.
Es la arista antiideológica del marxismo, entendiendo aquí ideología como falsa conciencia, producción intelectual sin valor de conocimiento, destinada “a paliar, o hasta ocultar, limitaciones y debilidades, más o menos duraderas, de la práctica y la consciencia de los hombres.”
De esa consideración finalista, de ese deseo de acabar con la presencia en la conducta humana de factores idealizados o no plenamente reconocidos, se colige, prosigue Sacristán, que el marxismo es una concepción del mundo explícita o que, cuanto menos, se plantea como aspiración llegar a serlo en todos sus extremos.
El matiz introducido, el objetivo de llegar a ser explícita, se justifica apelando al decisivo papel de la práctica, no sólo del esfuerzo teórico, en la consciencia y liberación humanas:
[...] creer que la consciencia pueda ser dueña de sí misma por mero esfuerzo teórico es un actitud idealista ajena al marxismo. La liberación de la consciencia presupone la liberación de la práctica de las manos.
Idealista, idealismo y términos afines no eran, no son, categorías vistas con simpatía en la tradición marxista materialista.
En sus apuntes del curso sobre “Fundamentos de filosofía” impartido en la Universidad de Barcelona en 1956-57 [2], se aproximaba Sacristán a esta noción en los téminos siguientes:
1. Lo que se ha indicado del término “pragmatismo” -a saber, que su aplicación a diversos pensadores no es, ni mucho menos, unívoca- vale también del término “idealismo”, y aún con más razón, pues la historia de la filosofía muestra posiciones idealistas desde tiempos muy remotos -desde Platón y acaso desde Parménides.
2. Si se busca una formulación lo más general posible de las actitudes idealistas ante la verdad, puede acaso escogerse con bastantes garantías de coincidencia la siguiente: verdad es la adecuación del pensamiento consigo mismo.
3. Pero la univocidad de esa fórmula es muy escasa, pues la palabra “pensamiento” -o su paralela: “idea”- tiene significaciones notablemente diversas en pensadores idealistas distintos. Para acotar el terreno en que se mueven las distintas concepciones idealistas de la verdad, puede decirse lo siguiente: “pensamiento” puede venir concebido según lo entiende el sentido común, es decir, como la actividad mental individual o específica; con esta significación de “pensamiento”, la fórmula idealista general cobrará un sentido muy próximo a posiciones relativistas -más o menos teñidas de escepticismo o de pragmatismo- al estilo de la del filósofo griego Protágoras (“de todas las cosas es medida el hombre”).
En el límite opuesto del campo idealista se encontrarán las actitudes de Platón y de Hegel, los idealismos metafísicos (frente a los cuales el de Protágoras será un idealismo subjetivo). El idealismo metafísico afirmará que la verdad es la coincidencia del pensamiento consigo mismo porque el pensamiento es la realidad auténtica (Platón), o, más radicalmente, la única realidad (Hegel), desplegada en distintas formas o modos.
La diversidad de actitudes idealistas ante la verdad dependía, pues, del sistema filosófico de cada filósofo idealista. Más en concreto de su concepción expresa o tácita de la realidad. Y esto era así, señalaba Sacristán, especialmente en el caso del idealismo porque éste, a diferencia del pragmatismo, era una filosofía sistemática, “no un mero conjunto de tesis sobre el conocimiento y la moral que es a lo que, en definitiva, se reduce el pensamiento de James”.
En uno de sus grandes artículos de filología y epistemología marxistas, “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia” [3], Sacristán, amparándose en el propio Marx, advertía contra ciertos usos, erróneos y precipitados de la noción en la propia tradición:
Por lo que hace al primer capítulo de la sociología de la ciencia de Marx, el que se ocupa de la relación entre ciencia e ideología, creo que la tradición marxista anda sobrada de esquematismos empobrecedores, ya porque, unas veces, tienda a separar materialmente -no sólo lógicamente- lo científico de lo ideológico en los productos culturales (los cuales contienen normalmente ambos elementos a la vez), ya porque, otras, practique un ideologismo universal, considerando “idealista” la simple constatación de la presencia eficaz en la historia del ideal de ciencia desinteresada.
Esa tesis sociologista no era propiamente de Marx. Si se aceptaba en esos términos, Marx era entonces un filósofo idealista: la primera convicción de su sociología de la ciencia era la equivalencia o identidad entre ciencia verdadera y conocimiento desinteresado, o, como afirmaba en el libro I del Capital, que el propio Sacristán tradujo al castellano, conocimiento sin más interés que “el pensamiento desinteresado”.
Por otra prte, la acepción leninista de la noción era presentada por Sacristán en los siguientes términos [4]:
[…] Sin necesidad de tanto, con sólo que se obtenga un suficiente “descrédito de la realidad”, una desvalorización suficiente de la entidad de ésta, se contribuiría a que los hombres oprimidos atiendan menos a las circunstancias reales de su opresión. El filósofo y universitario español Miguel de Unamuno exclamaba (precisamente al abandonar el socialismo): “¿Por qué he de luchar por la emancipación de hombres que al morir irán a la nada?”. Es corriente que el “descrédito de la realidad” material, y aun más su negación, tenga consecuencias ideológicas de esa naturaleza, favorables a las clases dominantes tradicionales. Siguiendo un uso común, Lenin llama “idealismo” a las tendencias que en la filosofía promueven el descrédito o la negación de la realidad. Y considera tan grande la importancia del idealismo en la lucha de clases que no vacila en pasar por alto las diferencias entre pensadores a menudo polémicos entre sí. Hasta justifica a veces esa ignorancia. “Los filósofos profesionales” escribe Lenin en Materialismo y empiriocriticismo (1908/1909) “son muy aficionados a llamar sistemas originales a las diminutas alteraciones que uno u otro de ellos introduce en la terminología o la argumentación”.
La actitud de Lenin, proseguía Sacristán, tenía sin duda sus inconvenientes, no sólo teóricos: el desprecio de las diferencias de argumentación podía en algunos casos “impedir la percepción de cosas importantes para el avance del conocimiento” y, consiguientemente, dificultar indirectamente el avance socialista en las luchas de clase.
Igualmente, al hacer referencia al camino hacia Marx de Lukács [5], Sacristán recordaba la herencia idealista del filósofo húngaro, un expediente de época remarcaba:
La motivación revolucionaria del idealismo de la “ortodoxia” marxista del joven Lukács es manifiesta. Su segunda formación filosófica, basada en Hegel, puede haber pesado, lo suyo. Pero el mismo rodeo hegeliano fue en parte un expediente de época para rehacerse un marxismo revolucionario. Togliatti, contemporáneo de Lukács, contestó una vez a la crítica del idealismo hecha al comunismo suyo, de Gramsci, Terracini, etc. en los años 20 diciendo que él, Gramsci y los demás, habían llegado al marxismo igual que Marx: a través de un idealismo objetivo más o menos hegeliano, mucho en el caso de Lukács y en el de Togliatti, que tradujo a Hegel; poco en el caso de Gramsci. Frente al Marx “científico puro” de la socialdemocracia Lukács busca a través de Hegel el Marx “gran dialéctico” de la revolución. “Nada de Marx como ‘destacado científico’, como economista y sociólogo. Ya entonces” -escribe Lukács en 1955, en Mi camino hacia Marx, refiriéndose a los años 20- “barrunté al pensador abarcante, al gran dialéctico”.
En sus clases de Metodología de las Ciencias Sociales del curso 1981-1982, impartidas en la Facultad de Económicas de la UB, Sacristán construía la siguiente aproximación a la noción: 1. El idealismo, contrariamente a una interpretación usual, no mantenía que no existiera una realidad externa independiente del sujeto sino que esa realidad era de naturaleza ideal. 2. Acaso podría afirmarse que el idealismo subjetivo, pero no todo idealismo, mantiene la negación de la existencia independiente del mundo externo. 3. No siempre la posición idealista, así entendida, ha sido negativa para el desarrollo de la ciencia. Así, en el caso de Galileo que consideraba a los objetos del mundo externo bajo el prisma de su naturaleza matemática ideal. 4. La distinción clásica -y no demasiada ilustrativa en su opinión- entre materialismo e idealismo no se refería a la negación o no del mundo exterior sino a su naturaleza óntica. De este modo, un idealista metafísico como Platón pensaba el mundo como realidad existente, como combinación de figuras geométricas y números; con existencia objetiva, pero de naturaleza ideal.
En su presentación del A-D, Sacristán hablaba a continuación de “un segundo rasgo de la concepción marxista del mundo”, un rasgo importante aunque desgraciadamente poco respetado debido al predominio de tendencias simplificadoras y trivializadoras en la tradición. Este segundo rasgo consistía
[…] en que la concepción marxista del mundo no puede considerar sus elementos explícitos como un sistema de saber superior al positivo.
Se apoyaba Sacristán en este punto en una cita del propio Engels del mismo Anti-Dühring, El nuevo materialismo, el materialismo marxista
[...] no es una filosofía, sino una simple concepción del mundo que tiene que sostenerse y actuarse no en una sustantiva ciencia de la ciencia, sino en las ciencias reales. En él queda “superada” la filosofía, es decir, “tanto superada cuando preservada” [6]; superada en cuanto a su forma, preservada en cuanto a su contenido real.
Esta concisa y expresiva formulación de Engels suponía, señalaba Sacristán, la concepción de lo filosófico no como un sistema superior a la ciencia
[…] sino como un nivel del pensamiento científico: el de la inspiración del propio investigar y de la reflexión sobre su marcha y sus resultados, según la descripción hecha bajo el epígrafe anterior.
La fórmula de Engels era, en todo caso, todavía muy general. Según como se concretara la fórmula en la realización precisa de la concepción del mundo, podía presentarse el riesgo de una confusión de los ámbitos positivo y filosófico. Por el momento, remarcaba Sacristán, interesaba más profundizar en el acierto de la fórmula general.
Esta fórmula contenía, por una parte, la recusación de toda la filosofía sistemática: no hay conocimiento “aparte” y por encima del conocimiento positivo. Recordando una célebre frase de Kant, tampoco para el marxismo hay filosofía sino filosofar. Esta tesis metafilosófica acompañó largamente a Sacristán y es núcleo central de célebres artículos suyos sobre el tema.
Puesto que el punto de partida y de llegada del marxismo es la “ciencia real”, esta concepción del mundo
[…] no puede querer más que explicitar la motivación de la ciencia misma. Esta motivación es lo que, con terminología filosófica clásica, puede llamarse “inmanentismo”: el principio -frecuentemente implícito, más visible en la conducta que en las palabras del científico- de que la explicación de los fenómenos debe buscarse en otros fenómenos, en el mundo y no en instancias ajenas o superiores al mundo [7].
El principio inmanentista estaba en la base de todo hacer científico. Este perdería todo sentido, quedaría reducido al absurdo, si en un momento dado
[…] tuviera que admitir la acción de causas no-naturales, necesariamente destructoras de la red de relaciones (“leyes”) intramundanas que la ciencia se esfuerza por ir descubriendo y construyendo para entender la realidad.
En este postulado de inmanentismo, definidor de la posibilidad del conocimiento científico, se basaba, insistía Sacristán, la concepción marxista del mundo.
El primer principio de la concepción marxista del mundo -el materialismo- es en sustancia el enunciado, a nivel filosófico explícito, del postulado inmanentista: el mundo debe explicarse por sí mismo. El materialismo es lo primero en el marxismo incluso históricamente, es decir, en la historia de su composición paulatina en el pensamiento de Marx y -en mucho menor medida- de Engels.
El materialismo era, pues, uno de los dos principios fundamentales de lo que Engels llamaba la “concepción comunista del mundo”; el otro principio era la dialéctica. Este segundo principio fundamental se inspiraba no tanto en el hacer científico-positivo sino en sus limitaciones del mismo.
[...] Un estudio, por breve que sea, del lugar de la dialéctica en el pensamiento marxista exige (si ese lugar quiere verse sin pagar un excesivo tributo, hoy innecesario, al origen histórico hegeliano del concepto marxista de dialéctica) un corto rodeo por el terreno del método de la ciencia positiva.
Es necesario estudiar con más calma “este segundo principio de la concepción marxista del mundo”. Antes de ello, vale la pena insistir sobre el uso del término materialismo en la obra de Sacristán.
En una entrada para la Enciclopedia Larousse sobre la voz “materialismo” [8], advertía:
El problema central de todo materialismo se debe a los múltiples usos del término “materia”. Tales usos son lo suficientemente vivos y el concepto de materia tecnificado en las ciencias es aún lo suficientemente fluctuante como para dudar de la real posibilidad que tengan los filósofos de esta fase de la historia de la cultura de fijar técnicamente y con éxito un concepto filosófico único de “materia”. Por otra parte, la historia de la filosofía muestra que la materialista es una de las grandes tradiciones universales del filosofar, más tenaz y más profundamente motivada que problemas especiales susceptibles de abandono por dificultades de tecnificación conceptual. [el énfasis es mío]
El concepto, el término técnico filosófico “materialismo”, era definido por Sacristán del modo siguiente:
Término técnico filosófico y a la vez de uso común y frecuente en el lenguaje cotidiano, “materialismo” es una de las voces más equívocas del discurso de los filósofos... Pero la confusión más importante en el uso del término “materialismo” está determinado por las conexiones objetivas que pueden admitirse entre dos sentidos filosóficos fundamentales de la palabra: un sentido ontológico y otro epistemológico... Según la primera de esas dos contraposiciones, el uso más corriente de “materialismo” es epistemológico: materialismo es en este caso la tesis, o el conjunto de tesis, según el cual el conocimiento es conocimiento de un ser externo a cualquier consciencia e independiente de ella. De la naturaleza de ese ser no se dice por de pronto nada concreto, y es plausible que la tesis materialista así entendida no necesite comprometerse en una afirmación filosófica acerca de la naturaleza del ser real o material... Si se atiende, en cambio, a la segunda contraposición, materialismo es la tesis o el conjunto de tesis según el cual todo el ser material es básica y genéticamente de la naturaleza del estudiado por la física...
En cualquier caso, para Sacristán, la distinción entre un sentido epistemológico y otro ontológico de “materialismo” no anulaba el nítido parentesco entre ambos:
[…] parece coherente con la tesis de que el ser conocido es independiente de la consciencia (materialismo epistemológico) la tesis de que el ser real no es todo él, de la naturaleza de la consciencia, ni lo es básica y genéticamente (materialismo ontológico)...
El verdadero mensaje materialista, la posición materialista era vista por Sacristán en los siguientes términos años después, en su comunicación al congreso de filosofía de Guanajuato []10]:
El plano más o menos resueltamente especulativo en la que se dirimen a menudo controversias como la de la sociobiología ha llevado incluso a historiadores de la ciencia de inspiración kuhniana a tratar la cuestión con categorías propias de una historia de las marcas comerciales. Así, D. L. Hull, tras estimar que el fracaso de la frenología y el éxito del darwinismo en el siglo XIX se debió a que el segundo fue capaz de seguir dando su nombre a conceptos y tesis que no tenían ya casi nada que ver con sus posiciones iniciales mientras que la frenología no mostró esa flexible capacidad de “hacer trampa”, aconseja a los sociobiólogos que, para ganar su controversia, se preocupen sobre todo de seguir llamando sociobiología a cualquier revisión de sus premisas, por destructiva que sea.
Pese a semejante ideologización del debate, el mensaje característico del “materialismo científico” para las ciencias sociales se diferencia del romántico en que
[…] se basa en aportaciones de conocimiento positivo, que van desde la genética y la dinámica de poblaciones hasta la etología pasando por la ecología, por la sociobiología y otras varias investigaciones menos generales.
De nuevo, la arista delimitadora del conocimiento positivo.
Por lo demás, el materialismo histórico, una expresión tampoco muy usada por Sacristán, era presentado como una concepción metacientífica de la historia [11]:
El materialismo histórico es pues una concepción metacientífica de la historia, basada esencialmente en la decisión metodológica (metacientífica) que atribuye a la economía un papel fundamental en el conocimiento histórico y a lo económico una función análoga en la vida histórica. Pero la doctrina se completa subrayando que el papel básico de lo económico es básico también en el sentido de no integral: es también “meramente básico”. Con esto el materialismo histórico se distingue del economicismo, reducción de todos los fenómenos a economía. Según el materialismo histórico han de admitirse como formaciones reales históricas todas aquellas que, naciendo de la base económica, cristalizan luego a otros niveles o con otras cualidades. Un ejemplo destacado de estas formaciones o fuerzas es la consciencia de la clase obrera, que con su acción puede intervenir decisivamente no ya en la vida histórica en general, sino incluso en el fundamento económico de ésta, alterando, por ejemplo, la tasa del beneficio. [el énfasis es mío].
Con este reconocimiento de formaciones y fuerzas que siendo de génesis económica se desplegaban sin embargo en otros planos, el materialismo histórico era manifiestamente un materialismo no mecanicista, no reductivo.
Si se prefiere, un materialismo dialéctico.
*
Notas:
[1] Véase Contribución a la crítica de la categoría concepción del mundo. Un prólogo para un clásico (polémico) de la tradición (III). http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100328
[2] Manuel Sacristán, Apuntes de Fundamentos de filosofía, RBCUB, p. t. c. 12.
[3] Manuel Sacristán, “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, pp. 365-366. Sacristán añadía: “Nota: OME 40, 181 Otros muchos lugares son tan elocuentes como éste. Vienen aquí a cuento también los varios pasos en los que Marx habla de “investigación desinteresada”. El lugar clásico es el epílogo a la segunda edición del libro I del Capital. La investigación desinteresada es la normal para Marx incluso en economía política siempre que la lucha de clases esté sólo latente. La puede cultivar toda clase que disponga de los medios materiales e intelectuales necesarios (ocio y educación) y no esté amenazada por otra clase ascendente. Eso implica que no toda actividad científica representa intereses de una clase. Ni siquiera toda actividad crítica (OME 40, 13ss)”.
[4] Manuel Sacristán, ”Lenin y la filosofía”, Ibidem, p. 177, nota.
[5] Manuel Sacristán, “Sobre el “marxismo ortodoxo de György Lukács”, Ibidem, pp. 237-238.
[6] Sobre la noción de Aufheben, véase “La Universidad y la división del trabajo” (Intervenciones políticas, op. cit, pp. 120-121). En su versión castellana de El joven Hegel de Lukács, Sacristán incorporó la siguiente nota de traductor (p. 283):
Este texto [lo absoluto tiene que ser reflejado, puesto; pero con eso no queda puesto, sino superado] es una buena prueba de la insatisfactoriedad de la traducción corriente -aquí aceptada- de Aufheben por “superar” o “superar y preservar”. Lo absoluto ha sido, propiamente, suprimido en esa operación de que habla Hegel. Como no se nos alcanza una traducción mejor de Aufheben, seguiremos usando ”superar” o “superar y preservar” o “asumir”, a reserva de anotar, como ahora, los pasos en que esta traducción peca no sólo de insatisfactoria -porque de eso peca siempre-, sino incluso de confusionaria.
[7] En “Tres notas sobre la alianza impía”, Horitzons núm 2, p. 19 (ahora en Manuel Sacristán, Sobre dialéctica, El Viejo Topo, Barcelona, 2009, pp. 57-72), señalaba: “Cualquier materialismo es un inmanentismo, al reducir todo fenómeno a elementos “materiales” mundanos. “Hablando seriamente -ha dicho un agudo pensador contemporáneo nada marxista (y norteamericano para más señas)-, no hay más que un mundo”. Esta frase de Quine expresa la motivación básica del inmanentismo”.
[8] Ahora en Manuel Sacristán, Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona, 1984, p. 301.
[9] Ibidem, pp. 294-296.
[10] Manuel Sacristán, ”Sobre los problemas presentemente percibidos en la relación entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofía de las ciencias sociales. Un esquema de de discusión”, Ibid., p. 457.
[11] Manuel Sacristán, “Materialismo”, Ibidem, pp. 299-300. Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lo común como paradigma compartido de los movimientos sociales y más

Silke Helfrich
commonsblog.worpress.com
Traducido para Rebelión por Ricardo García Pérez

10 años después del Foro Social Mundial: elementos para un nuevo orden del día
Sólo podemos fomentar lo común como nuevo engranaje narrativo para el siglo XXI si lo consideramos el denominador común de movimientos sociales y escuelas de pensamiento diferentes. A mi juicio, imponer lo común no sólo sería posible, sino también inteligente desde el punto de vista estratégico. Veamos 15 razones para hacerlo:
1.- Lo común está en todas partes. Determina nuestra calidad de vida en muchísimos aspectos. Está presente en las esferas social, natural, cultural y digital (aun cuando a menudo sea invisible). Pensemos en las cosas que utilizamos para aprender (leer y escribir), las que usamos para desplazarnos (tierra, aire y mar), las que empleamos para comunicarnos (lenguaje, música y códigos), las que nos sirven para alimentarnos y curarnos (tierra, agua, medicinas), o aquellas de las que depende nuestra reproducción (genes, vida social). Lo común afecta a la forma de compartir y utilizar todas estas cosas. Representa un modo de reproducción fértil de nuestras relaciones sociales... en cualquier época. Por consiguiente, sería mejor describirlo en forma de verbo (poner en común) y no con un simple sustantivo (lo común o los bienes comunes). Lo común comporta un tipo especial de práctica de uso y de producción de conocimiento y bienes materiales en el que prima el valor de uso sobre el valor de cambio. Poner en común es una práctica que nos permite tomar nuestra vida entre las manos y preservar y ensanchar lo que compartimos, en lugar de dar fe de las restricciones que soporta y su privatización. Los derechos de los comuneros son independientes de la convención formal y la ley positiva. Simplemente se tienen sin que haya que pedir permiso a nadie, y se comparten con los demás. Lo común brinda un tipo de libertad distinta de la del mercado. De manera que la buena noticia es que, cuando nos concentramos en lo común, nos concentramos en cómo desplazar cosas de la esfera del mercado a la de los bienes comunes, en cómo desplazar la autoridad y la responsabilidad desde las burocracias estatales hasta las muy diversas modalidades en que los usuarios «gestionan lo común»... y prestamos atención a los muchos asuntos y recursos que todavía no están mercantilizados (como el 75% de la biomasa). Resulta alentador.
2.- Lo común tiende puentes entre sectores y comunidades, brinda un marco de convergencia y consolidación de movimientos. Los temas que tenemos que afrontar se han vuelto decididamente complejos. Para reducir la complejidad hemos agrupado los que guardan relación directa. En el debate político público existe la división en diferentes ámbitos de conocimiento y autoridad. Están los que discuten asuntos relacionados con los recursos naturales (los «eco...») y quienes analizan asuntos culturales y digitales (los «tecno...»). El resultado es la existencia de comunidades (decididamente) especializadas para cada uno de los centenares de problemas que nos acucian y la desaparición de infinidad de vínculos y relaciones entre ellos. En el caso de la diversidad de lo común, esta fragmentación es en cierto sentido inevitable, pero también contribuye a que perdamos la capacidad compartida de seguir los procesos y cambios económicos, políticos y tecnológicos en curso. Así disminuye también nuestra capacidad de reaccionar ante los cambios y de formular propuestas alternativas coherentes con meticulosidad. Lo común es capaz de unificar movimientos de cambio social diferentes, aun cuando presenten dinámicas profundamente dispares, porque nos permite centrarnos en lo que comparten los recursos comunes y los comuneros, y no en lo que los diferencia. El agua es finita, el conocimiento no. La atmósfera es global, un parque no. Las ideas crecen cuando las compartimos, la tierra no. ¡Pero todos son recursos comunes! Por consiguiente, ninguno de ellos puede ser propiedad exclusiva de una única persona. Todos están vinculados a una comunidad. Todos se gobiernan mejor si las normas y reglas de uso están confeccionadas por la propia comunidad o la gente que depende de esos recursos las considera legítimas.
3.- Lo común traslada el debate de la propiedad más allá del marco (a veces estéril) de lo público frente a lo privado. La reivindicación de propiedad pública sigue siendo importante pero, ¿acaso los estados-nación han ejercido de albaceas concienzudos de lo común? No. ¿Protegen el conocimiento tradicional, los bosques, el agua y la biodiversidad? No en todas partes. Hay mucho más que «público» y «privado». Se puede poseer durante un periodo de tiempo breve un recurso común para utilizarlo (para reproducir nuestro medio de vida), pero no se puede hacer con él lo que se quiera. Es importante recordar que el concepto de posesión de uso es muy distinto de la noción dominante de propiedad convencional. La posesión no deja espacio para la alienación. La propiedad sí. Y la propiedad permite el abuso y la mercantilización, la máxima monetarización y la «externalización» de costes a expensas de lo común, un proceso en curso al final del cual todos acabamos peor. A quienes somos más ricos incluso se nos alienta para que nos refugiemos en comunidades protegidas con vallas.
4.- La perspectiva de lo común no es un modo de pensar digital. Su modo no es el del procesamiento binario (0-1) o la disyunción exclusiva (o...o). Tampoco da primacía a los balances de resultados como un simple número de «éxitos». Buscamos soluciones más allá de los polos opuestos y de la métrica numérica del «éxito». No se trata simplemente de oponer lo privado frente a lo público, ni la derecha contra la izquierda, la cooperación contra la competitividad, la «mano invisible del mercado» contra el plan estatal, o las posiciones a favor de la tecnología frente a las contrarias. La perspectiva de lo común se centra en el olvidado tercer elemento o tercera instancia. Ahonda en nuestra comprensión de la propiedad común y en los principios universales que son útiles para las personas y para proteger su recursos comunes. En el sector de los bienes comunes primamos el aprendizaje de la cooperación sobre el de la competitividad. Los común resalta la autodeterminación de las normas y las tecnologías libres desarrolladas y controladas en común en lugar de tecnologías propietarias que tienden a concentrar el poder en las élites y les permitan controlarnos.
5.- Hablar de lo común significa centrarse en la diversidad. Según las palabras del ex gobernador Olívio Dutra (de Río Grande do Sul) pronunciadas durante la reunión «WSF 10 years later» («10 años después del Foro Social Mundial»), lo común «hace posible la unidad en el seno de la pluralidad y la diversidad». Sin duda, uno de los puntos fuertes de este enfoque reside en la idea de que no existen soluciones simplistas, ni pautas institucionales, ni ninguna panacea equivalente a «talla única para todos», sino tan solo principios universales como el de reciprocidad, cooperación, transparencia, respeto a la diversidad y otros. Cada comunidad debe determinar cuáles son las normas adecuadas para acceder, utilizar y controlar un sistema de recursos comunes basándose en estos principios. Es complejo, como lo es la relación entre naturaleza y sociedad, sobre todo cuando hablamos de bienes comunes a la humanidad. En este caso la «comunidad» es el conjunto de la humanidad, lo que alude a la auténtica necesidad de un nuevo multilateralismo basado en el enfoque de lo común.
6.- Centrarse en lo común establece un nuevo equilibrio entre tres C mayúsculas: Cooperación, Control y Competitividad. No existe cooperación sin competencia, y viceversa pero, en una sociedad basada en lo común, quienes obtienen reconocimiento son aquellos que más rinden en la cooperación, y no en la competitividad. El lema es vence en la cooperación, y no en la competición. Las reglas específicas de la cooperación en un sistema de bienes comunes varían de un entorno a otro. Nadie puede imponerlas y controlarlas desde arriba. Gracias a la investigación y la práctica sobre los bienes comunes hemos aprendido que en el mundo hay muchos sistemas autoregulados de control y gestión de bienes comunes, lo que significa que han establecido sus propios sistemas de control y seguimiento. O se autoregulan y coordinan en diferentes niveles institucionales. Por lo que se refiere al «control», la premio Nobel Elinor Ostrom aconseja lo siguiente: «Es mejor inducir la cooperación mediante acuerdos institucionales adaptados a los ecosistemas locales que tratar de imponer el control a distancia». Al mismo tiempo, «los sistemas impuestos desde arriba» (gobiernos, leyes, organismos internacionales) pueden adquirir una importancia esencial para fortalecer y facilitar el acceso a los bienes comunes. Pero para lograrlo requieren además una perspectiva sobre lo común que esté inscrita en su lógica y su arquitectura de gobierno.7.- Los bienes comunes no aíslan las dimensiones ecológica y social, como sucede en el enfoque del Green New Deal («Nuevo Proyecto Verde»). (1) Hasta cierto punto, puede ser útil hacer visible el «valor económico» de los recursos naturales, y sin duda es necesario internalizar en el conjunto del proceso de producción los costes ecológicos. Pero no basta. Este enfoque no aborda la dimensión social del problema, tiende a ahondar en las estructuras sesgadas del mercado vinculando las soluciones con el acceso al dinero. Así, el que más tiene, puede permitirse internalizar los costes. El que no tiene está perdido. Por el contrario, las dimensiones ecológica y social encuentran una explicación común en los bienes comunes. No existe ninguna solución basada en la perspectiva de lo común en la que quienes no tengan estén perdidos. 8.- El concepto de bienes comunes integra visiones del mundo diferentes: Hay en él elementos atractivos para el pensamiento socialista (por ejemplo, la posesión común), para los anarquistas (el enfoque de la iniciativa de organización autónoma), para el pensamiento conservador (que valora la protección de la creación individual), para las ideas comunitaristas y cosmopolitas, evidentemente (el enfoque impulsado por lo integral y la diversidad) y hasta para los liberales (la distancia con respecto a la responsabilidad del Estado, el respeto de los intereses y motivaciones individuales para sumarse a un proyecto o una comunidad). Pero está bastante claro que lo común no puede ser el programa de un único partido político. Ahí reside su fuerza, y esa es la razón por la que los agentes políticos dominantes suelen mal interpretar los bienes comunes e incluso tratan de apropiárselos. Si velamos por la coherencia del discurso de lo común (véase el punto 9), no lo conseguirán.
9.- El criterio de integración de ideas políticas distintas en el seno de un paradigma de lo común es claro y tripartito: (a) uso sostenible y respetuoso de los recursos (sociales, naturales y culturales, incluidos los digitales), lo que significa evitar la sobreexplotación y la infrautilización de recursos comunes. (b) compartir equitativamente los recursos comunes, así como participar en todos los procesos de toma de decisiones sobre el acceso, la utilización y el control de los mismos y (c) libre desarrollo de la creatividad y la individualidad de las personas sin menoscabo del interés colectivo.
10.- Lo común no tiene un único centro, sino varios. Sus estructuras de gobierno están descentralizadas y son, asimismo, diversas. En otras palabras: lo característico de los bienes comunes es que son policéntricos, lo que supone un enfoque profundamente democratizador, tanto desde el punto de vista político (principios de descentralización, subsidiariedad y soberanía de los comuneros y establecimiento de las normas por parte de los propios comuneros) como económico (el «modo de producción de lo común» nos hace menos dependientes del dinero y del mercado).
11.- Lo común fortalece un núcleo de creencias importantes sobre los seres humanos y la conducta. No somos sólo, ni siquiera principalmente, el «homo oeconomicus» que nos quieren hacer creer que somos. Somos mucho más que criaturas egoístas que velan por su interés personal. Necesitamos estar insertos en un entramado social y disfrutamos viviendo en él. «Lo común es la telaraña de la vida», afirma Vandana Shiva. Nos gusta colaborar, cuidar y compartir. Lo común refuerza la seguridad en el potencial creador de las personas y en la idea de interrelación, que significa que «necesito a los demás y los demás me necesitan». Lo común respeta nuestra libertad de cooperar y compartir. Es un tipo de libertad distinta de aquella en la que se basa el mercado. Cuanto más contribuimos, a más cosas podemos acceder. Pero, atención: no se trata simplemente de «acceder a todo gratuitamente».
12.- Lo común brinda herramientas de análisis que nacen de categorías distintas de las capitalistas, por lo que el concepto contribuye a «descolonizar el pensamiento». (Grzybowski) Los comuneros redefinen el concepto de «eficiencia». Se preguntan cómo cooperar «con eficiencia» y cómo fomentar y facilitar que las personas cooperen. Reivindican derechos de uso (durante periodos limitados), en lugar de la propiedad ilimitada, para reproducir su medio de vida. Respeta las formas tradicionales de proteger los bienes comunes, así como los sistemas de conocimiento tradicional. En pocas palabras: lo común arroja nueva luz sobre muchos procesos reguladores políticos y jurídicos. Hay una gran diferencia si contemplo el entorno como un bien común o como una mercancía con la que comerciar. Hay una gran diferencia si el agua se entiende como un bien común, lo que significa que está estrechamente vinculada a las necesidades de las comunidades, o no. O pensemos en las semillas y cultivos; entender su diversidad como un bien común significa cosechar autodeterminación y seguridad alimentaria. Si la sociedad reconociera la diversidad regional de semillas como un bien común, el Estado destinaría todos los recursos disponibles al cultivo de semillas independientes y orgánicas y a proteger a los pequeños agricultores para que prosiguieran con su modo tradicional de desarrollarlas, en lugar de gastar el dinero de los contribuyentes en manipulación genética e ingeniería de semillas.
13.- En el sector de los bienes comunes hay gran diversidad y cantidad de actores. En los últimos años se ha acelerado el interés internacional por el paradigma de los bienes comunes. Varias organizaciones y comuneros tienen ahora seguidores transnacionales significativos (Creative Commons, Wikipedia, Free Software and Free Culture Movement, plataformas diversas para compartir, organizaciones contrarias a las explotaciones mineras, alianzas activas para un enfoque del Bem-Viver («Buen Vivir»), movimientos de escala mundial en favor de la agricultura sostenible, Water Commons, huertos comunitarios, proyectos de comunicación e información ciudadana y muchos otros). En realidad, se trata de un crecimiento espontáneo explosivo de iniciativas de bienes comunes. Desde que Elinor Ostrom recibió el Premio Nobel de Economía (octubre de 2009), muchas universidades han redescubierto el interés académico por lo común.
14.- Lo común constituye un modo de producción alternativo. Los problema que nos acechan no son problemas de disponibilidad de recursos. Son problemas nacidos del actual modo de producción. Por fortuna, en algunos ámbitos estamos siendo testigos de un desplazamiento del modo de producción capitalista (basado en la propiedad privada, el mando vertical, el intercambio de valores a través del dinero, la explotación de los recursos y del trabajo y la dependencia del crecimiento y el afán de lucro) hacia un modo de producción de bienes comunes (basado en la posesión, la cooperación, compartir y el interés y la iniciativa personales, donde el PIB es un indicador insignificante y el objetivo es la «vida buena», el bem viver). Muchos proyectos de «Producción entre iguales basada en bienes comunes» se desarrollan con éxito. Así sucede especialmente en el caso de la producción de conocimiento (Wikipedia, Free Software, Open Design). Pero está teniendo lugar una discusión muy animada acerca de cómo trasladar los principios de la producción entre iguales basada en la comunidad de bienes a la producción de lo que comemos, llevamos puesto o utilizamos para desplazarnos, al menos hasta cierto punto. Creo que es posible. En primer lugar, porque el conocimiento constituye la mejor parte de toda clase de producción. Todos los bienes son productos de conocimiento latentes. No existe producción de automóviles o de huevos sin un concepto y un diseño subyacente (que representa la mejor parte de su «valor de mercado»). En segundo lugar, porque hay muchos tipos de sectores de bienes comunes (economía de la atención personal, de la solidaridad) que todavía no están mercantilizados y en los que están profundamente enraizados los valores y reglas comunes. Esos sectores atestiguan que todos los días se producen al margen del mercado muchas de las cosas que necesitamos para vivir.
15.- El discurso de los bienes comunes es un discurso sobre el cambio cultural. No se trata de un mero enfoque tecnológico o institucional. Más bien, ofrece un marco nuevo para el pensamiento y la acción política y personal.
¿Por qué ahora?Porque ha llegado el momento de los bienes comunes.
1.- En el actual momento histórico de cambio se está redescubriendo lo común en muchos contextos. El mercado y el Estado (por sí solos) no han conseguido proteger los recursos comunes ni han satisfecho las necesidades de las personas. En realidad, el fundamentalismo del libre mercado prevaleciente hoy día está asediado. Su sistema de análisis económico, sus políticas públicas y su visión del mundo están perdiendo valor explicativo, por no referirnos al apoyo público. ¡Cada vez hay más personas que descubren que lo que nos permite gozar de la biodiversidad, la diversidad cultural y las redes sociales no es el mercado!
2.- Las nuevas tecnologías favorecen nuevas modalidades de cooperación, así como la producción descentralizada de tecnologías esenciales de la era industrial, hasta ahora monopolizadas. Hoy día podemos reubicar incluso la producción de energía o electricidad en bienes comunes sociales (estaciones de producción de energía solar ciudadanas, paneles solares domésticos). Podemos decidir cuáles son noticias e información valiosas para la comunidad y reproducirlas nosotros mismos con «la mayor fotocopiadora» que ha existido jamás: Internet. La importante revolución en curso de la producción permite cambiar las reglas. Representa una gran amenaza para los monopolios.
3.- Los procesos que se desarrollan en la actualidad conceden al individuo la posibilidad de comprometerse con un contexto más amplio. La perspectiva de bienes comunes moderna no está orientada al «retorno al pasado». No se trata de un enfoque de mera relocalización, sino que el horizonte es de cooperación local, descentralizada y horizontal en redes distribuidas, de tal modo que las personas puedan capacitarse a sí mismas para crear cosas en común y ponerlas a disposición de los demás... si quieren. El objetivo es ampliar lo máximo posible el sector de los bienes comunes y la producción basada en ellos y reducir la dependencia del mercado. Solo es posible si el nuevo modo de producción es capaz de resolver incluso problemas complejos, si logra «producir entre iguales» artefactos que incluso las grandes empresas tendrían dificultades de elaborar desde el punto de vista logístico, económico y conceptual. ¡Y lo es! Pensemos simplemente en la Wikipedia o en un coche libre de patentes. Tal vez si las empresas no hubieran encerrado las tecnologías y controlado el mercado hubiéramos desarrollado vehículos de transporte individual basados al 100% en materiales reciclables y que consumieran sólo un litro cada 100 kilómetros. En un mundo en el que el modo de producción de lo común esté generalizado, se acabó la distinción entre centro y periferia.
4.- Hay nuevas formas legales de proteger los derechos de uso colectivo y de acceso libre y/o equitativo a los bienes comunes: la General Public License (GPL), las licencias ShareAlike, los modelos de propiedad de recursos naturales con un mecanismo incorporado para impedir la especulación y evitar la sobreexplotación, los fondos de acciones sobre recursos comunes, los sistemas de gestión de agua de riego en México, los de gestión de agua Johads de India o la Allemansträätten (derechos de cada persona) en países del norte de Europa. Son herramientas poderosas de las que tenemos que aprender más y desarrollar más. Es un ámbito en el que necesitamos grandes dosis de pensamiento jurídico e innovación creativas, y debemos respetar la gran variedad de reglas formales e informales para proteger los bienes comunes en todo el mundo.
5.- Y por último, pero no menos importante: cuando metemos la nariz en los bienes comunes, descubrimos cosas nuevas asombrosas. Entramos en contacto con centenares de comunidades dinámicas. Nos asaltan ideas inesperadas, aprendemos sobre proyectos e ideas alentadores y multiplicamos nuestras redes. Es tonificante. ¿Sabías que existe un proyecto de OpenCola ? ¿O que el lago más grande de Nueva Zelanda, el lago Taupo, está lleno de truchas? En la muy turística región de Taupo hay mucha «presión sobre el recurso», pero la población de truchas sigue disfrutando del lago porque los neozelandeses respetan una regla muy sencilla: Pesca lo que necesites para comer (para ello, las autoridades locales expiden una licencia de pesca), pero no lo vendas. Así, en ninguno de los menús de los centenares de restaurantes de la región se pueden encontrar truchas. Recuerda: los bienes comunes no están a la venta. ¿O sabes algo de biología de código abierto y medicina participativa? ¿Has oído hablar de la infinidad de bancos locales de semillas, especialmente en el hemisferio Sur, y de los increíbles tesoros que nos prodigan? ¿Sabes en qué situación se encuentra el incipiente movimiento internacional de edición académica de libre acceso en su esfuerzo por garantizar que podamos acceder libremente a lo que se ha publicado con fondos públicos, a la producción de conocimiento? ¿Eres consciente de los movimientos intercultural y de huertos comunitarios, o de los regímenes de bienes comunes utilizados por los langosteros de Maine (EE UU) para impedir la sobreexplotación de la langosta? ¿Y qué pensar de Crisis Commons , una organización en la que centenares de voluntarios están aportando conocimientos especializados y reuniendo información utilizando tecnologías de la información modernas para apoyar la ayuda de emergencia después del terremoto de Haiti?
Los bienes comunes son algo que devuelve el entusiasmo a los debates políticos. Los jóvenes son todo oídos cuando conocen la producción entre iguales, porque eso es lo que hacen .Los «eco...» son todo oídos cuando se enteran del principio de copyleft que les permite la reproducción viral de software y contenidos. Se enteran de que «ese complicado asunto de las autorizaciones» es para defender el libre acceso al conocimiento y a técnicas culturales. Eso es precisamente lo que reclaman en su campo. Los «tecno...» encuentran motivación para utilizar sus sorprendentes habilidades para ayudar a gestionar sistemas complejos de recursos naturales. Dicho de otro modo, los bienes comunes ensanchan el horizonte, vienen acompañados de una brisa de aire fresco de pensamiento y práctica colectiva dinámica y no dogmática.
El de los bienes comunes es un concepto poderoso, de capacitación y fortalecimiento de comunidades destinado a recrear constantemente una vida más digna. Eso es lo que necesitamos para forjar un movimiento diverso e irresistible basado en un pensamiento político y conceptual coherente.
Porto Alegre (Rio Grande do Sul), Enero de 2010
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Nota
(1) A Green New Deal es el título del informe presentado el 21 de julio de 2008 por el Green New Deal Group en el que se esbozan una serie de propuestas para abordar el cambio climático, la actual crisis económica y la tasa máxima de extracción de petróleo. (N. del T.)Fuente: http://commonsblog.wordpress.com/2010/01/28/the_commons_as_a_common_paradigm_for_social_movements_and_beyond/ La presente traducción cuenta con una licencia Creative commons (Atribución, Compartir obras derivadas igual) http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/

Una piñata que no es solo griega

Por: Jorge Altamira Fecha de publicación: 18/02/10

Por fin la prensa financiera internacional dejó de jugar con la rúbrica previsible de "la tragedia griega" y decidió llamar a las cosas por su nombre. La nueva etiqueta ("piñata griega") la estampó el individuo menos pensado, precisamente porque conoce mucho de arrebatos y rapiñas: fue director consejero del fondo especulativo Long Term Capital Management, cuyos manejos casi derribaron al sistema financiero norteamericano en 1998 (Financial Times, 11.2.10). De manera similar, las finanzas griegas están siendo sometidas a un ataque especulativo furioso, que deberá desembocar en una cesación de pagos abierta o disimulada.
Es que lo fundamental de la crisis griega no consiste en sus déficits fiscales sino en la situación de bancarrota de sus acreedores -la banca internacional, que afecta en especial a la de Alemania, Francia y la propia Grecia. Ocurre algo parecido al derrumbe de la banca norteamericana que se expuso a los créditos hipotecarios, sólo que ahora las hipotecas están formadas por la deudas pública de los estados de la Unión Europea, que suman unos dos billones y medio de euros -o sea casi cuatro billones de dólares.
El desequilibrio de las cuentas griegas consiste, por sobre todo, en una creciente acumulación de facturas impagas a los proveedores y contratistas nacionales -algo que en Argentina es también un deporte nacional; el área afectada que los diarios señalan con mayor frecuencia, es el de la salud, que depende fuerte de servicios privatizados y de los pulpos farmacéuticos. Pero esta es un versión interesada, pues aún mayores son los gastos para represión y militares, toda vez que Grecia ha sido puesta al frente en la llamada ‘guerra global contra el terror' y es también una base de operaciones hacia el Medio Oriente. El déficit de 40 mil millones de dólares (un 13% del PBI) significa que esos gastos duplican los ingresos fiscales corrientes. Como se puede ver, no hay ninguna posibilidad de que Grecia salga del atolladero mediante un ajuste fiscal, pues su magnitud hundiría a Grecia en una recesión sin precedentes.
De cualquier modo, el déficit fiscal no es tampoco lo más grave, pues más abultadas aún son las llamadas ‘necesidades de financiamiento', unos 70 mil millones de dólares (20% del PBI) que corresponden a los vencimientos de capital de la deuda pública, de 400 mil millones de dólares, que se concentran en 2010. La cuenta de intereses, de 5.5 mil millones de dólares, equivale al 15% de los ingresos del fisco. Antes de abril próximo Grecia deberá cancelar 25 mil millones de dólares en concepto de amortización del capital de la deuda. Esto quiere decir que el Estado griego se ha endeudado con la banca internacional a plazos muy cortos. Este es el núcleo duro de la crisis, que transforma a la crisis fiscal en una crisis bancaria internacional. La mayor parte de esta deuda se encuentra en poder de la banca de Francia y de Alemania, que además tiene fuerte participación e incluso el control de los principales bancos de Grecia. Así como la crisis de las hipotecas cruzó el Atlántico debido a la compra de bonos garantizados por esas hipotecas por parte de bancos europeos (Societé General, Deutsche Bank, etc), ahora, dice The Economist, "los diez mayores bancos de Estados Unidos tienen una exposición total en deuda de Irlanda, Portugal, España y Grecia de 176.000 millones de dólares". Más importante, incluso, como veremos enseguida, es que una porción significativa de ella se encuentra en el Tesoro del Banco Central Europea, que tomó esa deuda como garantía de los prestamos que otorgó a la banca que opera en ese continente.
Crisis fiscal del Estado y la crisis bancaria
Cuando la prensa habla del "rescate de Grecia", está distorsionando los hechos, pues la quiebra Grecia apenas disimula la de sus bancos acreedores. Ocurre que estos bancos no reúnen las condiciones para reestructurarlos plazos de la deuda griega y disipar la amenaza inmediata sobre el euro y la Unión Europea, debido a que han financiado a Grecia con su propio endeudamiento a corto plazo en los mercados internacionales (¡lo que quieren hacer precisamente los K con el canje y el Fondo del Bicentenario!) y fundamentalmente ante el Banco Central Europeo, convertido en una suerte de especulador de última instancia, a igual título que los restantes Banco Centrales. El BCE tenía abierta, hasta diciembre pasado una ventanilla de créditos para los bancos, a cambio de bonos de los Estados (incluso de baja calificación crediticia), a una tasa de interés de ganga (alrededor del uno por ciento). En lugar de utilizar esta facilidad para reanudar el flujo del crédito a la producción, la banca internacional lo utilizó para especular en las Bolsas, con la deuda pública y con operaciones de corto plazo en los llamados mercados emergentes. De la ganga financiera se ha pasado a la crisis como consecuencia de la decisión del BCE de terminar con la subasta de créditos a los bancos y con el cese de la aceptación de títulos del Estado de baja calificación. Como ocurriera con el derrumbe financiero de 2007-8, la crisis fue desencadenada por la tentativa de poner un control sobre la especulación financiera que había sido alentada por esos mismos bancos centrales. Esta ganga financiera, con el pretexto de evitar la quiebra bancaria. En resumen, la situación fiscal ha entrado en crisis como consecuencia de la continua crisis bancaria o financiera, y no al revés.
La caracterización de la crisis queda más clara cuando se observa que el sistema financiero (bancos, fondos, compañías de seguro) tiene un ‘apalancamiento' (proporción entre capital y fondos propios, por un lado, respecto a inversiones y créditos, por el otro) de 1 a 30 y hasta 60. Esto significa que los bancos compraron bonos con un múltiplo enorme de dinero ajeno, o sea sin respaldo. Se repite aquí el mecanismo que detonó la bancarrota de hace un año con los créditos hipotecarios y obligaciones de corporaciones, pero en esta oportunidad con un papel sin precedentes del Estado. El Estado reemplaza ahora a los deudores hipotecarios y corporativos de hace un año, pero reemplaza también a los proveedores de fondos de los bancos, mediante la emisión monetaria de sus bancos centrales. Dos puntas tiene el camino y en ambas aparece el Estado para que los bancos ejerzan una función de mediación parasitaria. En síntesis, la deuda de países como Grecia, España, Portugal o Irlanda (¡pero especialmente de Estados Unidos, Alemania o Gran Bretaña!) se encuentra en poder de los bancos centrales de ese conjunto de estados: la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y los Bancos de Inglaterra, de Japón...y de China! Este es el resultado que han obtenido los que cantan las loas al remedio de la intervención estatal. Como quiera que ninguna de las deudas del pasado ha sido cancelada (hipotecarias, corporativas, créditos al consumo, etc.), el ‘plus' de la deuda fiscal ha creado una situación financiera mundial varias veces más explosiva.
O sea que el nivel de ‘apalancamiento' (¡desendeudamiento!) no cambió, a pesar de que ese era el objetivo declarado de los gobiernos para salir de la crisis. Pero si antes los bancos recaudaban fondos mediante la emisión secundaria y sucesiva de bonos, que se encontraban ‘respaldados' por créditos originados en el comercio o la industria, ahora los fondos fueron provistos por los subsidios fiscales y, principalmente, mediante la emisión de moneda y garantías de los bancos centrales.
¡Para ‘apalancar' a la nueva especulación financiera, los bancos centrales mismos tuvieron que ‘apalancarse' - o sea ¡crear moneda de la nada! La Reserva Federal creó de la nada un pasivo de dos billones y medio de dólares, que prestó a los bancos. La situación es similar en casi todos los países de Europa, por eso es irrelevante que se pretenda ningunear la importancia de Grecia con el argumento de que representa solamente el 2.8% de la economía del euro. En todos los miembros de la eurozona y fuera de ella, el déficit fiscal ha crecido en forma exponencial, aún más que en Grecia, pues por ejemplo España entró a la crisis, en 2007, con superávit del 3% y cerró 2009 con un déficit del 9% del PBI; está previsto que su deuda pública arribe al 70% del PBI, en 2010, o sea que se acercaría al billón de dólares. Pero tampoco aquí la cuestión fiscal es la crucial (ingresos versus gastos). En el caso de España, los incumplimientos en el cobro de la cartera de créditos inmobiliarios se han triplicado, por un monto equivalente al 9% del PBI, o sea que los bancos no están en condiciones de seguir refinanciando la deuda pública del Reino de Juan Carlos, el cual también tiene vencimientos abultados a corto plazo. Los diletantes recuerdan que la vieja monarquía española cayó, en 1931, luego de una elección municipal, pero el elemento decisivo fue el golpe mortal que le propinó a la dictadura de Primo de Rivera y Alfonso XII la bancarrota del ‘30. Una situación más grave aún atraviesa otro Reino, el Unido de Gran Bretaña, cuyo déficit fiscal, del 15.1% del PBI, y sus necesidades de financiamiento, de cerca del 25% de ese mismo PBI, solamente parecen aliviadas por la circunstancia de que Inglaterra puede emitir libras y permitir, hasta cierto punto, su desvalorización. Pero lo que los ingleses no podrán lograr de ningún modo es compatibilizar la emisión de libras y la devaluación con la conservación de la relevancia financiera de la City de Londres, cuyas transacciones representan el 25% del total de su PBI.
Repitamos: la causa subyacente de la crisis no fue, en absoluto, la revelación de que las cuentas públicas griegas estaban dibujadas (contabilidad creativa) y que el déficit fiscal era mayor al anunciado. Los servicios de inteligencia de los Estados y de los bancos no pueden ser engañados sobre este punto. Cuando una empresa semi-estatal de Dubai declaró, hace poco, el default parcial de su deuda, también soberana, había quedado en claro que la causa no era la falta de recursos públicos (Dubai es un emirato petrolero), sino una incapacidad de los bancos para reestructurarla. Lo caracterizamos como ‘un síntoma, no un caso aislado'. Dejó al desnudo la prosecución y profundización de la crisis financiera que estalló en julio de 2007 con el colapso de Bear & Sterns, y que explotó, en septiembre de 2008 con la quiebra de la banca de inversión Lehmann Brothers y el rescate del pulpo de los seguros AIG.
Los bancos centrales inyectaron sumas varias veces billonarias (millones de millones), por diversas vías, para evitar la quiebra generalizada de los bancos. Con este rescate se pretendió también una nacionalización integral (‘provisoria') del sistema financiero. Así se financió la absorción de Bear Stearns, Merril Lynch, Wachovia, etc., por otros bancos, y la sobrevivencia del Citi o de Goldman Sachs y Bank of America. Las principales medidas que se utilizaron fueron las compras de los activos devaluados e invendibles de los bancos a precios de libros o a un precio artificial basado en ‘modelos matemáticos'; la compra masiva de títulos públicos y de hipotecas o de títulos garantizados por hipotecas de propiedades desvalorizadas; el otorgamiento de garantías a los bancos; la reducción a casi cero de las tasas de interés de los préstamos de los bancos centrales a los bancos privados - y hasta operaciones declaradamente fraudulentas como el resarcimiento integral de los créditos de los bancos como el Deutsche y Goldman Sachs afectados por la quiebra oficial de la aseguradora AIG.
La nacionalización frustrada y sus consecuencias
Esta emisión gigantesca de dinero dio lugar a un fenómeno conocido como ‘carry trade', que tiene lugar cuando los bancos obtienen dinero a tasas bajas en determinada plazas financieras para prestar o invertir a tasas o rendimientos muy superiores en otras. El ‘carry trade' es siempre una operación de corto plazo, para prevenir cualquier reversión de la situación. Se estima que solamente el ‘carry trade' en circulación, originado en los dólares que la Reserva Federal prestó a tasa casi cero a los bancos de Wall Street y el originado en yenes japoneses a tasas similares es, actualmente, de cuatro billones de dólares. Si este dinero se retirara de, por ejemplo, Brasil, otros países de Latinoamérica, o del sudeste asiático o India, simplemente podría provocar un cataclismo. Esos países, por ironía, son reputados sólidos precisamente ¡por haber sido receptores de un dinero tan volátil!
Esta reversión ya está ocurriendo. Pero el ‘carry trade' no se limita a operaciones entre monedas diferentes: la financiación a tasa casi cero de los bancos europeos, por parte del BCE, para especular con deuda pública es una manifestación de ese mismo proceso. O sea que las sumas involucradas en estos negocios especulativos, en medio de una formidable crisis industrial, son sencillamente enormes. Es claro ahora el desenlace que tuvo, a fines de 2008, el debate sobre la ‘nacionalización temporaria' de los bancos, como pregonaban algunos economistas en boga; la alternativa a esa nacionalización ha sido la financiación de un nuevo ciclo de especulación, dentro de la crisis, y la reanudación de las bancarrotas, pero ahora comprometiendo la solvencia de los Estados que deberían oficiar como rescatistas de última instancia del capitalismo. La nacionalización generalizada temporaria había sido presentada como un medio para recomponer el crédito, con métodos dirigistas, hacia inversiones promovidas por el propio Estado. Las nacionalizaciones, sin embargo se hubieran debido generalizar entre los países para evitar un dislocamiento financiero internacional y para coordinar la reactivación. Lo que en abstracto hubiera sido una salida capitalista a la crisis, en concreto habría debido vencer la resistencia de los capitales individuales y de los intereses contrapuestos de los diferentes Estados imperialistas. El plan de rescate que salió en definitiva fue impuesto directamente por Wall Street para su propio salvataje contra las propuestas nacionalizadoras de los economistas académicos.
Los derivados financieros
La crisis europea, más que griega, también ha vuelto a poner en circulación un proceso que caracterizó al desenlace de la crisis a partir de septiembre de 2008. Nos referimos a una operación especulativa de grandes proporciones, que apuesta a la cesación de pagos de los países en crisis, en primer lugar la propia Grecia.
Han explotado los contratos de seguros contra un default (CDS en la jerga financiera). Ocurre que estos contratos no los compran, ni sólo ni principalmente, aquellos que quieren proteger sus inversiones colocadas en bonos o títulos de los países cuestionados, sino que lo hacen los especuladores en general para obtener un beneficio (cobrar el seguro) de la caída del Estado en cuestión. Fue lo que ocurrió con Lehmann Brothers y AIG, y antes con otros bancos: una onda de capitalistas muy bien forrados que apuestan a la quiebra del capitalismo, para resarcirse ellos de la quiebra capitalista(a esto se refiere la ‘piñata'). El encarecimiento de este seguro como consecuencia de la especulación, tiene como resultado una caída del valor de la deuda pública que se asegura, y esta caída de la cotización de la deuda pública encarece su refinanciación y la imposibilita, y apresura su derrumbe. Los especuladores a la baja de la deuda descuentan que la incapacidad de los aseguradores para pagar los seguros será cubierta por el estado, como ocurrió cuando quebró la norteamericana AIG. Pero son numerosos los casos en los que los especuladores solamente pudieron cobrar un 20% del seguro -¡y aun así ganaron plata! Es que los especuladores operan con dinero al margen - ponen un monto mínimo para adquirir los bonos contra default.
Los bancos que han vendido estos contratos de seguros de la deuda griega son fundamentalmente los bancos griegos, que sin embargo no tendrían ninguna posibilidad de pagar esos seguros en caso de default. Se trata obviamente de que apuestan en sentido inverso: de que el default no se produzca por la intervención de la Unión Europea, en cuyo caso esos bancos podrían quedarse con las jugosísimas primas que cobran por esos seguros. Pero en la medida en que el ‘riesgo soberano' se expande a todos los países, también crece, por parte de los bancos, la demanda de seguros contra default y las primas que hay que pagar por ellos. "La demanda está sobrepasando la oferta", advierte el Financial Times (11.2), que también añade: "Un incremento en el costo del seguro de la deuda de Estados Unidos o el Reino Unido produciría sacudidas que obligarían a los bancos a poner coto a estas operaciones". Pero, en este caso, se cerrarían los mercados financieros y la financiación de la deuda pública, y quedaría replanteado el tema de la nacionalización.
La especulación capitalista contra el capitalismo pone de manifiesto la tendencia fundamental de toda crisis capitalista a la imposibilidad de una salida sin una quiebra más o menos masiva de capitalistas, con la consiguiente destrucción de riqueza social y fuerzas productivas, y el aumento del desempleo y de la pauperización. La tendencia objetiva al derrumbe se manifiesta como una competencia entre capitales, y toma el vigor de una ley de hierro. Contra ella chocan los rescates estatales y el mito del poder juratorio del intervencionismo. El keynesianismo no tiene recetas para esta ocasión: solamente ‘funciona' en fases expansivas, no en fases contractivas, ya que el capitalismo en descomposición no garantiza el pleno uso de recursos y el pleno empleo ni siquiera en la fase ascendente de los ciclos. Fue inútil frente a la crisis del 30, pero sirvió como un arma de contención del proletariado insurgente luego de la última guerra mundial,
A este nivel de la crisis resuena como un latigazo la advertencia de Lenin: las disputas capitalistas se resuelven por medio de la fuerza, no como creen algunos por el mecanismo del mercado -que no es otra cosa que la pantalla que oculta una lucha anárquica que se desarrolla a espaldas de los pizarrones electrónicos de los Mercados de Valores. Por primera vez, en este cuadro de ataque especulativo contra España, Grecia e incluso Gran Bretaña, han aparecido las operaciones que apuestan a la desvalorización del propio euro, con la expectativa de que las operaciones de rescate ni siquiera salgan de las carpetas. En esta timba financiera mundial, se produce el sugestivo caso de que la prensa inglesa está apoyando el no pago de la deuda por parte de Islandia, que solamente puede interpretarse como una operación para desvalorizar la libra esterlina y beneficiar a los que han apostado en esa dirección con contratos de ventas futuras de libras.
En el desarrollo de la crisis griega ocurrió un incidente altamente ilustrativo del impasse general desatado por la crisis. El banco de inversión Goldman Sachs armó un paquete de compra de la deuda pública de Grecia por parte de China (que podía llegar a los 25 mil millones de dólares). Grecia fue presionada, sin embargo, a rechazar esta ‘ayuda', porque China reclamaba, a cambio, la posibilidad de convertirse en accionista de referencia de un banco griego y de partes de la industria naviera. La burguesía griega se inclinó a defender sus propios ‘intereses nacionales' aún a riesgo de provocar una hecatombe fiscal, financiera y social. El rechazo a la oferta de China se suma al antecedente no tan lejano de la prohibición para que China pudiera comprar una petrolera en Estados Unidos y otras inversiones de relevancia industrial en Estados Unidos; recientemente, España vetó la posibilidad de que un fondo soberano de China adquiriera YPF a Repsol. Se trata de manifestaciones altamente ilustrativas de las contradicciones internacionales y del impasse en que se encuentra la crisis mundial. En primer lugar, sirve para demostrar que no es suficiente tener reservas internacionales para tener capital, pues las primeras no pasan de un capital-dinero que se limita a cobrar intereses. China podrá tener dos billones y medio de reservas en divisas, pero no por ello tiene capital, pues para ello esas reservas deben ser capaces de apropiarse de fuerza de trabajo y crear plusvalía, no solamente cobrar un interés. En segundo lugar, queda claro que la capacidad cancelatoria de los dólares tiene límites severos; sirve para adquirir mercancías norteamericanas, o sea mercancías que compiten con las de China, pero no para adquirir capitales, o incluso realizar inversiones de capital, que tendrían que competir en el saturado mercado norteamericano. No ocurre, en cambio, lo mismo, con los capitales occidentales en China, donde no cesan de ingresar a capitales chinos, adquirirlos o iniciar inversiones. Esta limitación al poder cancelatorio del dólar, cuando el mercado mundial se encuentra sobre saturado de reservas en dólares, equivale a una declaración de default parcial por parte de Estados Unidos, y pone de manifiesto la tendencia a la desvalorización del dólar. China solamente puede realizar inversiones industriales en naciones periféricas o como socio minoritario, sin poder de decisión; de nuevo, solamente como cobrador de intereses o de dividendos. En Estados Unidos, las inversiones chinas en sectores privados no pasarían de los nueve mil millones de dólares - siempre participaciones minoritarias de capital. La condición del dólar como supuesto dinero universal está cuestionada, toda vez que hay un veto total para la adquisición de capitales contra el país que tiene las mayores reservas en dólares del planeta.
Un episodio
En definitiva, a fuerza de rumiar en torno a la crisis europea, se corre el riesgo de perder la visión del cuadro en su conjunto. La prensa internacional da la impresión de haber olvidado que la ronda actual de caída de las Bolsas y de las deudas públicas que han puesto en crisis al euro y a la Unión Europea, comenzó el año pasado desde bastante lejos de Europa, cuando China puso límites al monto de créditos de su sistema bancario para frenar la especulación bursátil e inmobiliaria desatada por sus medidas de rescate financiero y fiscal. Hace 48 horas, el Banco Central de China reforzó estas medidas.
También en China las operaciones oficiales de rescate iniciaron una nueva onda especulativa, o sea que no resolvieron ninguna de las cuestiones estructurales de la crisis. Además de reiniciar una nueva onda fuerte de especulación en la Bolsa y en el mercado inmobiliario, el dinero del rescate fue destinado a acrecentar una capacidad productiva industrial que ya es excedente en el mercado mundial. El abaratamiento de la inversión por parte del dinero del Estado ha acentuado la tendencia a la sobreproducción, y a la caída de los precios y de la ganancia, y por consecuencia a la desvalorización de los capitales en cuestión. Como el Estado chino es un vendedor neto de suelo urbano (algo que no ocurre fuera de los países en restauración capitalista o en naciones atrasadas con elevada propiedad fiscal), la especulación inmobiliaria ha servido también para apresurar la concentración de la propiedad y la carestía urbana.
Esta ‘burbuja' financiera e industrial es la contrapartida de las enormes reservas en dólares que ha acumulado China. No solamente ingresa capital del exterior sino que China ha debido emitir una enorme deuda interna con los bancos para absorber el dinero local creado por la entrada de dólares. No hay evidencia más clara de atascamiento en la circulación del capital que la acumulación desorbitada de reservas extranjeras. China se encuentra más cerca del epicentro de la crisis actual que Grecia. No es casual que tendencia a la baja en las Bolsas, en 2010, haya comenzado con el anuncio de las medidas de restricción del crédito por parte de China. Cuando se observa el desarrollo que ha tenido la crisis mundial a partir de los rescates implementados por los Estados capitalistas y, en especial, sus bancos centrales, resulta más claro que nunca que el Estado no reúne ni puede reunir las condiciones financieras para salvar al capitalismo, pues el capital es la base del Estado, no éste el fundamento del capital.
El estado es el bastión del capital como órgano de dominación y represión. Con esta capacidad, no en virtud de una capacidad financiera, puede imponer a las clases explotadas todos los sacrificios necesarios para restablecer la acumulación capitalista y todos los reordenamientos sociales y políticos necesarios para ellos. El supuesto remedio representado por la llamada intervención del estado es una fantasía de centroizquierdistas a la caza de recetas que preserven el capital. De la bancarrota actual no se puede salir con el aumento de la demanda agregada, pues ella entrañaría más gasto y déficit fiscales. De manera inversa, el corte a los gastos sociales y a los salarios acentuará la recesión y la crisis fiscal. Al final del camino el resultado es el mismo: el capital necesita destrucción de recursos y mayor vulnerabilidad de la fuerza de trabajo para salir de la crisis mediante una nueva concentración de capitales a nivel internacional.
Una palmada en la espalda
Lo que se acaba de decir se ve claramente en el manejo de la crisis de Grecia y de España por parte de la Unión Europea. A pesar de que están advertidos del incremento de la tendencia al default de ambos países y de los enormes vencimientos que tiene Grecia en abril próximo, los gobiernos de la UE han decidido limitarse a dar una declaración de respaldo. La razón es meridiana: antes de anunciar un rescate quieren que los gobiernos respectivos impongan los planes de ajustes a sus explotados, en particular el aumento de la edad de retiro y las privatizaciones (También están ejerciendo una presión para que Grecia, España y Portugal vendan sus reservas de oro). Estas exigencias tienen que ver con un planteo más general, que se manifiesta en la coincidencia que existe en las cúpulas de los Estados y en los capitalistas de que la quiebra de los sistemas de salud y de jubilación es sólo una cuestión de tiempo, ¡no tienen salida ni siquiera privatizándolos, pues la crisis financiera ha llevado a la quiebra, en primer lugar, a los fondos de jubilación privada! La pelea por la reforma de la salud en Estados Unidos demuestra que lo mismo vale para la protección sanitaria. La Unión Europea está tanteando la vía de la confrontación, con la expectativa de imponer sus planes contra las masas en los marcos democráticos. Fue lo que intentó el gobierno de De la Rua a principios de 2001, bajo el ministerio de López Murphy. Es lo que ha hecho la UE en los países bálticos, Ucrania y Hungría, donde ha impuesto planes draconianos - la producción industrial de Letonia ha caído un 38% en el último trimestre! Si el ajuste no tiene la profundidad que le reclaman los estados capitalistas, Grecia irá a la cesación de pagos, para reestructurar su deuda en nuevas condiciones. Los gobiernos de Francia y Alemania no irán al rescate de Grecia sino de sus propios bancos, que cuentan con la garantía de sus respectivos bancos centrales. Lo cierto es que Grecia no puede evitar la cesación de pagos; la única duda es la forma que tendrá el default, por ejemplo si se hará dentro o fuera de los marcos de la Unión Europea. Alemania y Francia deben cuidar su corral, antes de pensar en socorros. Previmos al comienzo de la crisis, en julio de 2007, que su primera victima sería la UE. Añadamos simplemente que, dada la presencia de la banca griega en los Balcanes, los países de la ex Yugoslavia habrán de saborear primero el tornado de la crisis, si es que alguna vez verán los frutos de la integración.
Estados Unidos empantanado
Incuestionablemente, el corazón de la crisis continúa estando en los Estados Unidos, donde el crédito está parado, el valor de la propiedad inmobiliaria sigue cayendo y los desalojos, aumentando. La mentada reactivación industrial se basa en una recomposición limitada de inventarios -no en un viraje de la inversión o el consumo. El Wall Street Journal habla incluso de una desarticulación de la cadena industrial como resultado de la desaparición de tercerizadas, subcontratistas o redes de ventas, que el columnista de Clarín, Jorge Castro, disimula con referencias a cambios en los patrones tecnológicos. La situación de las dos enormes agencias de crédito hipotecario (Fanie Mae y Freddie Mac) es de completa bancarrota: pérdidas de 200 mil millones de dólares y activos inflados por cuatro billones de dólares. De este modo, el presupuesto federal, con un déficit previsto 1.8 billones de dólares, es lo más parecido a un dibujo, porque no incluye a estas agencias hipotecarias. A esto hay que sumar la bancarrota de ocho estados, incluida California, que la prensa internacional ha asimilado a los estados europeos que encabezan el ranking de la crisis. La desocupación oficial en las grandes ciudades de California es del 27% de la población activa. "Yes, we can".
El viraje a la baja en la Bolsa de Nueva York, que comenzó con las restricciones de crédito en China, se volvió a convulsionar con los avatares griegos, lo cual demuestra la correa de transmisión que liga al sistema bancario y las deudas públicas a través del financiamiento espurio de los bancos centrales.
El desarme de las operaciones de ‘carry trade', con el consiguiente reflujo del dinero hacia el dólar y el yen, ha desatado una corriente de devaluaciones monetarias, en la que el euro ha sido especialmente afectado. Pero en la fila también se encuentra Brasil; una devaluación significativa del real brasileño obligaría a los K pedir el Fondo del Bicentenario al FMI. La devaluación del euro ya ha precipitado una corriente especulativa que apuesta a la baja; si esta tendencia se confirmara se asistiría a una revalorización del dólar y del yuan chino, que reforzaría las presiones a una guerra comercial, pero, por sobre todo, se vería una desvalorización de las carteras bancarias de Europa y la posibilidad de una huída del euro y de una crisis monetaria internacional - el punto más alto de cualquier crisis.
Muchos interpretan que la evolución negativa del euro y la irrelevancia internacional del yen como moneda de reserva demuestran la fuerza inquebrantable del dólar y de los Estados Unidos, refugio último del capital mundial. Se trata, sin embargo, de una interpretación simplista: lo último que necesita Estados Unidos es que la demanda mundial de dólares caiga, que retornen los dólares en circulación en el exterior y que este reflujo de capitales provoque una nueva onda especulativa interna. En realidad, un derrumbe de las monedas rivales del dólar sería una premisa para el derrumbe del dólar, afectado por la enorme emisión provocada por las operaciones de rescate. Esto es lo que explica la demanda de oro con fines de acumulación monetaria - incluso después de una venta de una porción de reservas de oro por parte del FMI. .
Una parada intermedia, todavía
Como puede apreciarse, la bancarrota capitalista se encuentra en pleno desarrollo. Como corresponde a la naturaleza del capitalismo, su curva es zigzagueante y se entrelaza con crisis políticas y luchas sociales cada vez más agresivas. Todas las clases sociales sufrirán las consecuencias de este desarrollo y se verán obligadas a adaptar sus conductas a las nuevas circunstancias. No es casual que en Italia haya numerosas ocupaciones de fábrica y que se produzcan grandes huelga generales, como ha ocurrido en Turquía y comienza a ocurrir en Grecia o que, en Estados Unidos, haya surgido "el partido del té", una ‘reunión social' de tendencias fascistas, mientras las crisis políticas avanzan país por país.
El punto más importante es, sin embargo, la desintegración de su tendencia histórica de fondo, que es el desarrollo del capital ficticio. El capital ficticio no es el capital mismo sino su representación o forma derivada de él, bajo la forma de acciones, títulos de deuda pública y privada. En las últimas décadas, este desarrollo se completó con segundas y terceras formas de derivados, que permiten intercambiar entre si todas las formas de ese capital ficticio. El capital ficticio permite que el capital se pueda transar con mayor facilidad, y que con ello aumente la rapidez de su circulación, que es uno de los factores fundamentales del aumento de sus beneficios. Obviamente, la forma desarrollada del capital ficticio es la forma última del capital, cuando éste ha perdido su forma concreta y su forma de propiedad individualizada, y cuando el capitalista se ha transformado en un parásito absoluto, que prospera por medio de la transacción de papeles. Este capital ficticio, sin embargo, creó la ilusión de que el capital se había despojado de todas las trabas para su desarrollo, pues podía recrearse a si mismo y crear los mercados para esa reproducción, incluso que se independizaba de la creación de plusvalía, única vía en el capitalismo de creación de valor. La manifestación más contradictoria de este capital ficticio fue el desarrollo del crédito hipotecario y al consumo para compensar la tendencia a la caída de los ingresos personales de los usuarios. La expresión más abstracta de este desarrollo es la circulación de un dinero que no tiene valor propio, y que da toda la impresión de que es una creación ‘científica', o sea caprichosa, de las autoridades de los bancos centrales. El mercado de ‘derivados', la burbuja financiera de las últimas dos décadas, ha sido la manifestación de la dominación del capital ficticio.
Para algunos, la crisis actual no marca el ‘pinchazo' del capital ficticio y, por lo tanto, una depresión histórica de la reproducción capitalista, sino, al revés, la crisis despejará el terreno para una expansión mayor aún del capital en su forma más abstracta. Si se considera el antecedente de la crisis del 30, esta expectativa es ilusoria, pues el capital recuperó la tendencia a su forma más abstracta de constitución social, solamente al cabo de 60 años, luego de una guerra mundial sin precedentes y revoluciones sociales colosales, y finalmente como consecuencia de una reversión extraordinaria de las conquistas sociales y estatales ganadas por la clase obrera mundial.
Ahora, como lo hace notar una columnista del Financial Times, ese mercado está totalmente paralizado: los bancos no consiguen dinero a cambio de la colocación de los títulos de deuda que tienen en su poder. Los bancos centrales están cumpliendo esta función, con las consecuencias descriptas en este artículo. Asimismo, el oro, relegado a la condición de otra materia prima industrial más, levanta cabeza, como unidad de medida y reserva de valor. Medido en onzas de oro, el valor del capital que se cotiza en las Bolsas es mucho menor de lo que parece en dólares. Los llamados activos tóxicos no encuentran valor de mercado, y el valor que se pretende atribuirles, según modelos matemáticos, no es aceptado por casi nadie. En una palabra, el capital creyó que había superado a la ley del valor y que la economía podía funcionar en base a precios sin relación con el tiempo de trabajo social necesario para la producción de las mercancías correspondientes y sin relación con la capacidad de consumo final de las personas, y que podía crear su propio dinero subjetivo sin necesidad de materializarlo, objetivamente, en un producto social particular.
La crisis consiste en el estallido de estas contradicciones. Como lo explicó Marx: "...el crédito acelera la violenta erupción de esta contradicción -la crisis- y por este medio los elementos de desintegración del viejo modo de producción. Las dos características inmanentes en el sistema de crédito son, por un lado desarrollar el incentivo de la producción capitalista, el enriquecimiento a través de la explotación del trabajo de otros, hacia la forma más pura y colosal de apuesta y estafa, y reducir cada vez más el número de los pocos que explotan la riqueza social; por el otro lado, constituir las formas de transición hacia un nuevo modo de producción".
En este cuadro histórico concreto, las etapas decisivas de la crisis aun están por delante. De un lado, como lo demuestran las políticas que se han impuesto o buscan imponerse en Grecia, España, Ucrania, Islandia, Irlanda, el Báltico y Portugal, el capital tendrá que enfrentar la resistencia de los trabajadores que habían asumido importantes conquistas sociales como derechos adquiridos. Se encuentra en desarrollo una colosal confrontación social. Pero más allá de este aspecto ineludible, el capital está forzado a buscar una salida en la colonización de los mercados que recientemente fueron recuperados para la circulación capitalista mundial. Hasta ahora, China y Rusia (pero especialmente China) fueron factores propulsores poderosos para el capital y la clave de la bóveda del gigantesco desarrollo de capital ficticio de las últimas décadas. Pero, al mismo tiempo, han intervenido como competidores en el mercado mundial y han acelerado la tendencia a la sobreproducción. De factores de reversión de la caída de la tasa de beneficio mundial, se han transformado en impulsores de una nueva curva descendente. La disputa entre Estados Unidos y China para que ésta abra más su mercado para los capitales internacionales y para que revalorice su moneda, el yuan, son el toque de clarín para proceder a una colonización integral, que ponga a disposición del capital los mil millones de trabajadores que aún se encuentran confinados en la pequeña producción agraria o en las empresas del Estado. Pero ni Rusia ni China son los estados previos a sus respectivas revoluciones. En el caso de China, por ejemplo, es la primera vez en quinientos años que enfrenta una crisis mundial con un estado unificado. El imperialismo no puede avanzar, como a principios del siglo pasado o en los años 30, por medio de la creación de regiones libres; más aún, China podría integrar con Corea y Japón un área económica rival de los Estados Unidos. China es una sociedad capitalista sui géneris, en transición, es mucho más que simplista reducir su caracterización a una categoría ultra general. Un razonamiento diferente, pero metodológicamente similar, se puede aplicar a Rusia, que tiene una de las reservas tecnológicas más importantes. La dialéctica de la desintegración de la forma última del capital incluye una nueva confrontación política internacional, con claros alcances revolucionarios, pues pondrá a prueba si la restauración capitalista en los ex estados llamados socialistas ha sido una salida de largo plazo para el capital, o el punto de partida de nuevas revoluciones sociales. Asimismo, Estados Unidos entra a esta gran crisis mundial con un agotamiento de los recursos que acumuló en su más o menos prolongado período de primacía. La lucha de clases en los Estados Unidos será uno de los centros políticos relevantes, si no el mayor, en la presente crisis mundial.

jueves, 18 de febrero de 2010

Marx y Minsky frente a la crisis

Alejandro Nadal
La Jornada

Cuando la economía capitalista entra en crisis no es porque una fuerza externa la golpea. Es porque algo no anda bien internamente. Pero ¿qué podría ser ese malestar endógeno?La pregunta no es trivial: el diagnóstico es clave para determinar las medidas para salir de la emergencia.Hoy predomina la interpretación de que estamos en una crisis causada por la desregulación del sector financiero, bancario y no bancario. Este debilitamiento de reglas habría generado incentivos perversos a la especulación y la aceptación de riesgos desmedidos.Por supuesto, cuando reventó la burbuja especulativa los sectores no financieros también se vieron afectados por el colapso en la demanda agregada. Por eso se han aplicado estímulos fiscales para reactivarla. Pero la narrativa oficial es que los sectores no financieros de la economía (agricultura, industria y servicios) iban bien hasta que pegó el coletazo de una crisis que nace en el sector financiero.Eso es erróneo. Los problemas de la economía real están en la raíz de esta crisis y, mientras no sean encarados, la economía mundial seguirá sufriendo tropiezos y un día llegará una verdadera hecatombe.En 1992, mientras los economistas oficiales cantaban loas al neoliberalismo, Hyman Minsky elaboraba su teoría sobre la inestabilidad financiera del capitalismo. Según este autor, en épocas de bonanza el optimismo lleva a empresas y familias a sobrestimar el valor de sus activos, a considerar que los buenos tiempos perdurarán y a asumir mayores riesgos.Esto sucede en cada ciclo de negocios, pero el proceso culmina en un ciclo más largo que acaba por transformar el régimen regulatorio del sector financiero, sus mercados y hasta sus prácticas contables. La erosión de las instituciones que debían controlar la especulación y dar estabilidad termina generando la proliferación de esquemas financieros de alto riesgo, escasas garantías y grandes niveles de apalancamiento.El modelo Minsky se queda corto. En él no hay cabida para los impulsos que desde el sector real conduzcan a la crisis. Es cierto que en los ciclos de negocios de la economía estadunidense a partir de 1980 los deudores y acreedores tomaron cada vez mayores riesgos y que a lo largo de ese periodo se erosionó el régimen regulatorio. Según esto, la crisis se debe a fenómenos psicológicos y a los incentivos perversos que favorecieron la especulación descontrolada. Los factores estructurales en las esferas (no financieras) de la producción quedan fuera de esta explicación.En contraste, otras investigaciones revelan que entre 1973-1984 ocurrieron cambios importantes en la economía real de Estados Unidos y otras economías capitalistas. El más importante es que la tasa de ganancia comenzó a reducirse. Aunque hay diferencias entre sectores, los indicadores elaborados con diferentes metodologías no se equivocan: la tasa de ganancia se reduce en Estados Unidos, Alemania, Japón y otros países.Esa caída en la tasa de ganancia desencadenó una ofensiva en contra de los asalariados desde la década de los setenta. Sindicatos y reglas laborales que habían mantenido una evolución favorable en los salarios y prestaciones fueron atacados en todos los frentes. La globalización neoliberal fue parte de ese ataque, generando fuerzas para deprimir más los salarios.El resultado fue que los salarios se estancaron y el poder de compra de la clase trabajadora en Estados Unidos se debilitó. El sobrendeudamiento fue lo único que mantuvo el nivel de vida al que aspiraban las clases trabajadoras. Las burbujas especulativas mantuvieron el nivel de la demanda agregada que necesitaba la economía estadunidense.Frente al descenso en rentabilidad, el capital se refugió en las finanzas. La ofensiva contra los asalariados y la expansión del sector financiero son dos caras de la misma moneda: la caída en la tasa de ganancia, un problema con raíces profundas en la evolución del capitalismo.Aquí se escucha el eco del análisis de Marx que ha estado a la defensiva desde hace tiempo. El dogmatismo y varias dificultades teóricas, especialmente el llamado problema de la transformación de valores en precios de producción (planteado por Marx en el tomo III de El Capital), frenaron durante años el desarrollo crítico del pensamiento marxista. Hoy cobra fuerza la reflexión de corte marxista sobre la crisis, aunque siga pendiente la solución de varios problemas teóricos importantes.En estos análisis se articula la evolución del cambio técnico, la competencia intercapitalista y el conflicto por la explotación y la distribución del ingreso en un edificio analítico coherente. Los aportes de Minsky, de la teoría de Keynes, y por supuesto Kalecki, se fusionan bien con estas interpretaciones marxistas. El punto central es que las raíces de la crisis están en la economía real y no sólo en la esfera de las transacciones financieras. La conclusión es clara: la economía de la globalización neoliberal (y no sólo su casino financiero) está mortalmente enferma y sus fundamentos deben modificarse radicalmente.http://www.jornada.unam.mx/2010/02/17/index.php?section=opinion&article=029a1eco