domingo, 19 de septiembre de 2010

Marx, el jacobinismo negro y la experiencia subalterna de la modernidad

19-09-2010
El caso de la revolución antiesclavista de Saint-Domingue
María Cecilia Feijoo
Herramienta

  1. La revolución de Saint-Domingue es la primera del continente americano que combinó una revolución económico-social que transformó la estructura de clase de la sociedad, la revolución de los esclavos contra las formas no libres de trabajo, y una revolución política de independencia o anticolonial. Esta revolución en dos etapas tomó la forma de revolución republicana en 1794 y de guerra de independencia 1804. Su culminación es el establecimiento de Haití como nación independiente. Dentro del espacio americano la única que puede contrastarse en esta dualidad de sentidos es la revolución norteamericana pero, como afirma Barrington Moore, ésta no puede concebirse consumada sino mediante dos actos separados por un largo período de noventa años. Primero la independencia de la dominación colonial en 1776, que el autor clasifica como una revolución política o anticolonial; luego la guerra civil en la cual se termina con esa “institución particular”, la esclavitud de los afroamericanos, en 1865[1]. No sólo por la separación de casi un siglo sino por la inversión de los acontecimientos, revolución social y revolución de independencia en la primera, por contraposición a revolución de independencia y culminación de una revolución económica social dirigida desde el Estado de la segunda, muestra la complejidad de la recepción de la revolución burguesa en el espacio americano.
    Si la revolución norteamericana, con su sentido constitucional y moderado, lo que no es igual a “pacífica” (como falsamente ha querido ser representada por Hanna Arendt en su clásica contraposición con la Revolución Francesa), ha sido ubicada como parte de un legado positivo del espíritu de las revoluciones de independencia de Centroamérica y América del Sur, ése no ha sido el sentido que se ha otorgado al acontecimiento haitiano, más bien ubicado en las antípodas. De hecho es el suceso que le permite indicar a José Aricó que las “revoluciones de independencia” de América del Sur fueron ante todo “revoluciones pasivas”, de modificaciones estatales y estructurales impulsadas por las elites dominantes, desencadenadas en parte para evitar la irrupción radical del movimiento de masas, cuestión que tenían muy presente en el ejemplo haitiano[2].
    Esta relación por negación, mucho más explorada en el espacio del Caribe e incluso con las independencias de Venezuela y Colombia, no llega a teñir los festejos del bicentenario nacional y sobre todo de ese lugar poco explorado que es la imbricación entre el proceso de conformación de la clase burguesa local y la economía esclavista del siglo XIX. Si una visión del relato independentista nacional nos ofrece una genealogía de progreso y lucha por los ideales de la libertad, su versión hoy oficialista de una soberanía popular enfrentada a la clase dominante no aparece como reveladora. Ambas omiten en la discusión sobre los “hechos históricos” mismos su contenido de discurso de poder[3]. Los relatos oficiales ocultan el peso y las influencias recíprocas de estos acontecimientos así como en qué medida la consolidación de la clase dominante nacional está estrechamente ligada a las formas de trabajo no libres. Este elemento está presente por el muy concreto hecho de que la producción económica principal de aquella serán los alimentos de baja calidad (como el sebo y el tasajo), “exclusivos” para los esclavos. Tanto EE.UU. como el Imperio del Brasil se abastecerán de estos productos de inferior calidad (rechazados incluso por los trabajadores pobres de Europa, que al menos podían elegir dentro de ciertas posibilidades qué comer) para alimentar a las “cosas-esclavos” que no tenían muchas opciones al respecto. Con el Imperio del Brasil además los unirán empresas políticas como la guerra del Paraguay, propugnada por los esclavistas de Río Grande do Sul y la banca inglesa. Si Rosas es el cocinero de los señores esclavistas, aquel hombre de ideas liberales, Mitre, protagoniza la trágica guerra del Paraguay para defender la causa de la “libertad” junto al imperio propietario de un millón de esclavos[4].
    Un primer punto de nuestro trabajo estará referido a la relación entre Marx y el análisis de la esclavitud. En consonancia con esto nos adentraremos en el debate de los conceptos políticos que Marx utiliza para analizar las revoluciones burguesas del siglo XVII y XVIII. Uno de estos será el de jacobinismo y la emergencia en su interior del jacobinismo negro, concepto utilizado por el antillano marxista y trotskista C.R.L. James para definir el período de gobierno de la isla de Saint-Domingue bajo Toussaint Louverture. Tras este rastro intentaremos problematizar el contenido concreto que este concepto posee en los acontecimientos de las Antillas.
    Nuestro propósito es explorar, en el ámbito de las representaciones políticas, la recepción y las particularidades que adoptó el jacobinismo como fenómeno propio de las revoluciones burguesas europeas en el proceso de la revolución antiesclavista de Saint-Domingue. En primer lugar porque se produce una asociación original en el período de dominación de los sans-culottes y de los jacobinos entre éstos y la causa de la emancipación de la esclavitud, expresada en las figuras de los comisionados metropolitanos Santhonax y Polverel. Trascendiendo esta sociedad inicial entre los comisionados jacobinos y los líderes de los esclavos, en particular en la figura de Toussaint Louverture, se origina una tradición política propia y es en la colonia periférica donde los jacobinos negros, a diferencia de lo que sucede en la metrópoli, podrán sostenerse en el poder durante una serie de años.
    En la lectura cuarentaiochesca de Marx sobre las revoluciones inglesa y francesa ya se encuentra presente una tensa relación entre el contenido epocal de la revolución, expresada en que todo triunfo del movimiento de masas era un triunfo de la burguesía o beneficiaba-aceleraba su dominación total, y el análisis del acontecimiento revolucionario mismo que daba origen a fenómenos propios de las clases explotadas y sectores populares. El contenido de la época establecía el marco, las relaciones y las condiciones de posibilidad de un programa político de los sectores explotados diferenciado del de la burguesía en ascenso. Para Marx, en las revoluciones burguesas de “tipo europeo”, como él las llamó, las masas proletarias y las fracciones urbanas no pertenecientes a la burguesía, o no abrigaban intereses al margen de ésta o no formaban aún una clase diferenciada con un “desarrollo propio”. Sin embargo, “allí donde se enfrentaba a la burguesía, como ocurrió por ejemplo en Francia en 1793 y 1794, luchaban solamente por hacer valer los intereses de la burguesía, aunque no a la manera de ésta. Todo el terrorismo francés era sencillamente el modo plebeyo de luchar contra los enemigos de la burguesía, contra el absolutismo, el feudalismo y los filisteos”[5]. Sin duda esta paradójica relación entre una revolución que beneficia a la burguesía como clase social ascendente pero realizada en determinados períodos contra los intereses inmediatos de esta, con los métodos de los sectores proletarios y plebeyos urbanos, conforma y delinea las características de la revolución moderna.
    Existe una posición, podríamos decir, oblicua[6], en la que se encuentran las clases subalternas en las revoluciones burguesas. Marx la resumirá en la fórmula política que expresa su primer abordaje de la dinámica permanente de la revolución, indicando que las clases explotadas luchan en estos acontecimientos contra “los enemigos de sus enemigos”[7]. La posición tangencial del enfrentamiento de las clases explotadas, aún no directamente contra su enemiga de clase, la burguesía, sino contra los enemigos de ésta (el absolutismo, el feudalismo y la sociedad estamental) es la que le imprimirá características disruptivas[8]. La emergencia del jacobinismo negro abre en este sentido un campo de exploración inacabado y que nos interesa abordar en relación a las paradojas de este fenómeno político de las revoluciones modernas.
    Una de las características de esta tangencialidad u oblicuidad que expresa el jacobinismo como forma plebeya de combate contra el feudalismo lleva dentro de sí la compleja relación que se establece entre éste y las masas populares. Durante el período de dominación de los jacobinos negros -y luego en los gobiernos poscoloniales- existirá una tensión permanente cuyo punto más destacado se encuentra en las formas mismas que adopta la transformación económica-social por la que lucharán los esclavos emancipados. Si el programa de los sans-culottes metropolitanos giró en torno a la conquista del “bienestar”, resumido en las demandas de “vestido, alimentación y reproducción de la especie”, que derivó en el control de precios y los debates en torno a la limitación de la propiedad, el programa de los ex esclavos girará en torno a la imposición de las garantías de conservación de la liberación frente al posible retorno de la esclavitud y que tendrá su expresión en la demanda de la pequeña propiedad agraria.
    Uno de los interrogantes irresueltos a lo largo del proceso que se inicia con la revolución de los esclavos es la pregunta en torno a cuáles fueron los elementos que permitieron que de la acción de los sans-culottes negros no emergiera, como una radicalización del mismo, alguna demanda colectivista en el terreno de las formas económicas de organización del trabajo sino que, por el contrario, la demanda de éstos fuese la pequeña propiedad agraria. Si de la radicalización de los sans-culottes surgen los primeros elementos de una crítica socialista al programa de la pequeña burguesía en la figura de Babeuf, en el caso de los esclavos emancipados de las plantaciones -que ocupan el lugar de la comuna francesa- será la lucha tenaz por asociar el trabajo social a la explotación de la pequeña propiedad agraria. Debatiremos por último entonces con las distintas explicaciones existentes sobre el porqué de este programa y sus derivaciones ideológicas.

    El debate de la esclavitud entre los jóvenes hegelianos: Marx vs. Stirner

    En su conocido ensayo del año 2000 sobre Hegel y Haití, Susan Buck-Morss se anima a hipotetizar que la revolución de los esclavos de Saint-Domingue llegó incluso a fagocitar la imaginación de Hegel en su obra de juventud y que no sólo por Haití sino también por el Terror jacobino francés fue que el filosofo habló de la lucha de clases[9]. Sin olvidar, claro está, que el método especulativo de Hegel trastoca las representaciones reales, puesto que la lucha del esclavo para emanciparse del señor, en la lectura del filósofo (y en la que posteriormente realizará Kojève) se ubica al individuo burgués moderno y no al esclavo real y verdadero de la modernidad. A pesar de ello, e inclusive debido a esta utilización especulativa de la lucha real del esclavo al servicio de la justificación de un momento del devenir del “espíritu absoluto” hegeliano, se pone en evidencia cómo el discurso de la modernidad hegemonizado por la burguesía ha tenido que sacar -y por ello tomar prestados- recursos externos a ella misma, es decir, los enfrentamientos más radicales de la época, los del Terror jacobino y del jacobinismo negro -los dos puntos más sustanciales de la lucha de clases por aquel entonces- para fundamentar y justificar su “amanecer” sobre la historia.
    Como continuidad de la utilización especulativa del combate filosófico del individuo burgués en su lucha contra la esclavitud (espiritual) se ubicará el debate de los jóvenes hegelianos, incluido Marx mismo, en torno a los contornos reales de la categoría de esclavitud en el momento de disolución del sistema hegeliano. Si bien Marx realizará asociaciones históricas equivocadas sobre el curso de la revolución haitiana, como identificar a Toussaint Louverture con Napoleón, será en el debate con los jóvenes hegelianos, plasmado en La Ideología Alemana, donde aparecerá una mención directa al acontecimiento revolucionario. Además, la contemporaneidad de Marx con la esclavitud como “institución particular” del mercado mundial capitalista lo llevará a poner en contacto dos formas de trabajo social bajo el reinado del capital, la esclavitud y los asalariados, en aquel sincretismo del Manifiesto Comunista de que los proletarios son presentados como los “esclavos modernos”. Sin embargo, será en la obra antes mencionada (en la cual Marx avanzará en la formulación del materialismo histórico) donde aparecerá desarrollada una referencia histórica particular al acontecimiento de la revolución de los esclavos antillanos.
    En el apartado de La ideología alemana sobre la obra El Yo y su propiedad, de Max Stirner, significativamente denominado “La propia individualidad”, Marx se dispone a rebatir los argumentos en los cuales aquél expone el devenir de la individualidad moderna. Es interesante este debate, puesto que se da en el momento en que Marx avanza en descifrar el materialismo histórico como método de investigación, pero no sólo porque devela aquello de que las formas de la conciencia están ligadas a las “condiciones reales de existencia” y describe al hombre como un “ser social”, sino también porque refuta el tratamiento metafórico del recurso a la esclavitud para hablar de la esclavitud real y de la actitud de los esclavos reales frente a ésta.
    Max Stirner, siguiendo el método de Hegel “en lo peor que éste tenía”, lleva adelante una revisión sobre el “momento estoico” de la conciencia moderna, según el cual el esclavo aparece como una forma de existencia de la individualidad moderna, tal vez la más radical porque implica que aunque sea un esclavo, aunque su voluntad y su cuerpo pertenezca a otro, al amo, nadie puede negar su propiedad subjetiva, el hecho de que es él quien siente “y no otro, el dolor de los latigazos sobre su espalda”.
    Dice Stirner: “Interiormente, se puede ser libre a pesar del estado de esclavitud, aunque solamente libre de mucho, pero no de todo; pero no se es libre del látigo, de los caprichos imperativos, etc., del señor […] Interiormente, la propiedad es toda mi esencia y existencia, soy Yo mismo. Soy libre de aquello de que estoy desembarazado y propietario de lo que tengo en Mi poder o de aquello de que soy poderoso”. Continuando la cita de Stirner, éste quiere afirmar que la libertad conquistada, la libertad, ahora sí, del látigo y del señor es un producto o un devenir de la conciencia subjetiva del esclavo, quien antes de ser realmente libre de esta relación servil hace la experiencia de su individualidad aún como esclavo en la idea de que “yo soy mi único propietario”. Nos dice Stirner: “de los horrores de la tortura y de los latigazos no es libre mi cuerpo bajo el imperio de un señor cruel; pero son mis huesos los que crujen bajo la tortura, mis fibras las que se estremecen bajo los golpes, y yo gimo porque gime mi cuerpo”[10]. La relación que Stirner establece entre la libertad subjetiva, la individualidad como propiedad y la esclavitud, aparte de permitirles a Marx y a Engels continuar su rechazo a las vueltas especulativas de “San Sancho”, también lleva a éstos a afirmar que “la propiedad” es transformada en una “casuística de esclavos” que Stirner construye para indicar que “su poder y su individualidad no consisten en que pueda disponer de sus miembros, sino en el hecho de que estos miembros son los suyos. Una vez más salva su individualidad al considerarse determinado de otro modo, ya sea como simple conciencia, ya como cuerpo inconciente (véase la Fenomenología del espíritu, de Hegel)”.
    La individualidad del esclavo para Stirner es “determinada”, no por sus condiciones reales de existencia, su poder y potencialidades efectivas, sino por su afirmación o como conciencia pura o como cuerpo inanimado puro. La naturalización de la esclavitud y la ausencia de rebelión por parte del esclavo están fundamentadas en la defensa de su interés “individual” como esclavo. En función de su “propio interés” el esclavo opta por la paciencia, la espera del momento propicio, el no arriesgarse por las represalias del amo, etc., trazando una ideología de la resignación. Dice Marx que los esclavos reales “no se dejan convencer por semejantes necedades” sino que “por el contrario, insultan a sus verdugos y maldicen su propia impotencia”. Stirner se “representa que los negros sublevados de Haití y los negros fugitivos de todas las colonias no querrían liberarse ellos mismos sino liberar ‘al hombre’”[11]. Además del impulso humanista que lleva al esclavo a emancipar su individualidad de estas sujeciones, “del látigo, el capricho del amo, etc.”, pues él ya era un individuo propietario de sí mismo, su dolor y su espalda, además de otras cosas, supone que el esclavo que toma la resolución de liberarse debe sobreponerse a la idea de que la esclavitud es “su propia individualidad”[12] y no una condición de sometimiento de clase.
    Stirner transformaba una forma de existencia social -la esclavitud de los pueblos africanos por parte de la burguesía europea- en una propiedad puramente metafísica de la individualidad moderna, a la vez que hacía de la esclavitud una característica del individuo y no al revés, planteando que es el individuo quien la “sufre”. La libertad subjetiva para Hegel surgía de la lucha del amo y el esclavo por el reconocimiento y concretamente emanaba de las actividades contrapuestas de éstos (el goce y el trabajo). Así, era el trabajo del esclavo lo que llevaba a éste a tomar conciencia de su autonomía y no dependencia del amo. Esta independencia del esclavo a través del trabajo tomaba la forma de libertad subjetiva, movimiento que se continuaba en el capítulo dedicado al “Espíritu” en la figura del cortesano, el vasallo y el hombre de letras. Pero Stirner, tomando el método de la dialéctica especulativa “en lo que ésta tenía de malo”, otorga a la esclavitud -como figura de la conciencia- un contenido de verdad mucho menor que el que poseía en Hegel. Si ya Marx había criticado en el método de la dialéctica especulativa hegeliana el “positivismo lógico” en el cual los hechos reales eran un fundamento incuestionado, para hacer efectiva su crítica a los neohegelianos contrapondrá ahora a la especulación stirneriana de la esclavitud como condición de la individualidad moderna (es decir, al esclavo especulativo), el esclavo real, a los hombres sometidos a la esclavitud, a los que lucharon a muerte por emanciparse de ésta.

    La experiencia del jacobinismo negro

    Lejos de esta casuística de esclavos, los trabajadores esclavos de las colonias americanas -particularmente de Saint-Domingue- dieron vida a una revolución radical que reinterpretó a su manera la lucha por una condición libre y universal de los hombres proclamada por la Revolución Francesa, estableciendo una alianza original con los sans-culottes de las comunas de París, avanzando más allá de los límites impuestos por estos mismos derechos formales mediante la liberación efectiva de las relaciones estamentales, feudales y de esclavitud.
    Pocos años después de la escritura de la Ideología Alemana, Marx tiene la oportunidad de recapitular sobre sus afirmaciones en torno al origen y transcurso de la dominación burguesa en la historia de la modernidad. En los combates de la Nueva Gaceta Renana Marx hará referencia a los principales fenómenos de la revolución (que él denomina de “tipo europeo”) para indicar que, a pesar del objetivo “limitado” que le imponía el ascenso de la burguesía, ésta había habitado el terreno de su época histórica y representado un gran avance para la humanidad. Pero esta relación entre revolución y modernidad capitalista planteaba una serie de complejidades que para Marx caracterizaban a la “época revolucionaria” y que develaba un contenido específico en el mismo acontecimiento revolucionario, cuyas expresiones más sustanciales fueron la aparición del jacobinismo y el terror.
    El mismo acontecimiento revolucionario moderno llevaba inscripta una fractura, una falla interna. Por un lado, el impulso que la burguesía imponía a la transformación de la sociedad, destruyendo la organización estamental y pugnando por establecer su dominación basada en la escisión entre el Estado y la sociedad civil, entre los derechos universales del hombre y las diferencias económico-culturales de clase. Pero la burguesía -en su lucha contra el antiguo régimen- había abierto la posibilidad de la irrupción de las masas oprimidas, que dejó huellas indelebles en los acontecimientos revolucionarios. Esta fractura interna, esta experiencia diferenciada de la modernidad, actuará a ambos lados del Atlántico, en la metrópoli y en la colonia, pues “fue la querella entre burguesía y monarquía la que lanzó a las masas parisinas a la esfera política. Fue la querella entre bancos y mulatos la que terminó por despertar de su letargo a los esclavos”[13].
    La experiencia de una modernidad quebrada traza la emergencia de una temporalidad propia de las revoluciones burguesas, diferente de la de las revoluciones proletarias del siglo XX, expuesta en las conjunciones e intersecciones originales de estos acontecimientos, así como el surgimiento de las disputas en torno a esta herencia escindida. Al respecto, Daniel Bensaïd dice: “A través de las experiencias americana y francesa, la revolución aparece como la gran aceleradora del progreso y mito movilizador de las clases oprimidas. En el Siglo de las Luces la espera apocalíptica se metamorfosea en esperanza histórica. Después de la exploración de la perspectiva espacial se profundiza a su turno la perspectiva temporal. Ésta es el resultado de un cambio en el campo de lo posible y de una potencia inédita de la anticipación racional. Lejos de la incertidumbre de la predicción apocalíptica, a su turno el futuro deviene calculable. Pero la previsión enunciada modificaba recíprocamente los parámetros de la decisión. […] mientras que la predicción suponía un tiempo ‘vacío y homogéneo’, la profecía revolucionaria se apoyaba sobre la hipótesis de un tiempo roto, discontinuo, del cual puede surgir el acontecimiento”[14].
    El espíritu racionalizador del Siglo de las Luces, contra su ahínco de previsión y cálculo, habría la posibilidad del acontecimiento y de la ruptura de sus mismas previsiones, “modificaba los parámetros” de las decisiones políticas y abría la posibilidad, por la aparición de las masas oprimidas, de lo “incalculable” e “impensable”. Sin duda es en este campo ambivalente de la modernidad donde se inscribe la apropiación de la ciudadanía política burguesa por parte de los esclavos de la colonia de Saint-Domingue yla posterior guerra de independencia.
    Pero la irrupción de los oprimidos y la impronta que éstos le imponen al desarrollo de la época histórica se ubican en los intersticios de la nueva sociedad que para Marx se resumía en una fórmula paradójica, dado que constituyendo estos acontecimientos revolucionarios los oprimidos luchaban contra “los enemigos de sus enemigos”. Luchaban contra la sociedad feudal y no directamente contra la sociedad burguesa, de allí que su dominación podía ser sólo pasajera e incluso basada en un programa inacabado. Su intervención imprime de manera tangencial el sentido estratégico de los combates por venir contra la sociedad burguesa, que en esos momentos completaba así la imposición de su dominación “absoluta”.
    He aquí el destino desgarrado de los oprimidos: encerrados entre dos enemigos, teniendo que apoyar a uno contra otro para conquistar y hacer reales las proclamas de “igualdad” y “libertad” con las que uno de éstos se lanzaba al combate. Porque “los negros estaban cumpliendo su papel en la destrucción del feudalismo europeo que había iniciado la Revolución Francesa, y las palabras ‘libertad’ e ‘igualdad’, los lemas revolucionarios, significaban más para ellos que para cualquier francés”[15]. La lucha contra el espíritu de casta, contra la “aristocracia de la piel” -como la denominó Santhonax-, fue definitivamente completada por el levantamiento de los esclavos, quienes eran los más interesados en conquistar de manera real la igualdad de derechos declarada abstractamente en la primera constitución de la República Francesa, radicalizando de esta manera la constitución de 1794. Su intento de restauración bajo el consulado y el Imperio Napoleónico mostraba hasta dónde la burguesía, una vez en el poder, podía mantener y convivir, en el espacio periférico, con otras formas de sometimiento económico-social, lo que será una constante a lo largo del siglo XIX y parte del siglo XX[16].
    Es esta ubicación oblicua, este lugar de avanzada pero tangencial de las clases oprimidas y su programa inacabado, lo que caracteriza al fenómeno jacobino impulsado por la irrupción de los sans-culottes metropolitanos y los esclavos antillanos, categorías de la política que a su vez nos permiten avanzar en “la conceptualización y la representación de las figuras subjetivas que han hecho la experiencia de la modernidad en posición subordinada y antagonista”[17].
    Es el combate para enfrentar a la contrarrevolución y sus alianzas geopolíticas lo que radicaliza a las masas de la metrópoli y lleva a los comisionados de la Asamblea Nacional Francesa a la asociación original entre el jacobinismo metropolitano y los esclavos sublevados. Esta asociación particular quedará plasmada en la sanción legislativa de la emancipación de la esclavitud, que será impuesta sin discusión en la Convención Nacional Francesa y festejada en las comunas parisienses. Pero el jacobinismo, como ala radical de la revolución burguesa, como momento y mediación entre el movimiento de las masas oprimidas y el programa burgués limitado, expresará de manera concisa las contradicciones de clase sobre las cuales se había elevado como quedó de manifiesto en la negativa de Robespierre a organizar la insurrección de las comunas contra la Convención Nacional. Aunque ésta estuviera legalizada por la constitución, el respeto de Robespierre por las formas instituidas de poder, por el poder constituido, lo llevará a subordinar el poder constituyente, el impulso de las masas de los sans- culottes. Su negativa actúa como catalizador de esta tangencialidad inscripta en el fenómeno jacobino, en la forma republicana plebeya, que incluye en su sanción el derecho a la insurrección contra el orden instituido pero que sin una estrategia política alternativa, sin un sustento de clase definido, lleva a la impotencia y a la derrota.
    Robespierre y Toussaint Louverture compartirán esta ubicación mediadora entre los sectores más radicales de las masas, a los cuales también reprimirán de manera implacable, y la burguesía blanca y mulata, a la que impondrá la aceptación de las nuevas libertades conquistadas, la liquidación de la esclavitud. El rechazo de Toussaint Louverture a romper con la metrópoli y declarar la independencia de la isla cuando los signos de la reacción dentro de Francia eran evidentes, y su negativa a preparar la guerra contra las medidas ofensivas de la metrópoli serán muestras de esta limitación del jacobinismo.
    En este sentido, el paralelo entre el jacobinismo metropolitano y el jacobinismo negro es ilustrativo. No sólo porque en la isla existieron fenómenos de doble poder, como aquel entre las comunas y la Convención Nacional, así como entre las plantaciones y el gobierno jacobino de Toussaint Louverture, sino además por el hecho de que la estructura de la sociedad de la isla (menos diversificada si se la compara con la metrópoli), que trazaba sus estamentos en la piel, y se dividía en una gran masa de trabajadores esclavos en las plantaciones y en el servicio doméstico, por un lado, y por otro, en el sector de los propietarios de las plantaciones y el comercio marítimo (en este sentido muy similar a una sociedad moderna), permitió a los jacobinos negros detentar el poder por un período mucho más largo que sus pares metropolitanos.
    Es este firmamento social mucho más homogéneo[18], lo que lleva a James a diferenciar el jacobinismo negro de Toussaint Louverture respecto a su par metropolitano, puesto que aquel no compartía completamente las limitaciones de clase, los formalismos y las ambigüedades de sus pares metropolitanos. Toussaint Louverture era un hombre que expresaba mucho más directamente las aspiraciones de las masas negras a mantener su libertad recientemente conquistada, pero su posición histórica sólo podía llevarlo al desgarramiento, al igual que Robespierre. Ante la posibilidad incluso de una muerte segura se negó a tomar la determinación de preparar un enfrentamiento directo con sus nuevos enemigos (y aliados de antaño), el Estado francés ya en manos de la reacción burguesa. Cuando la independencia de Haití respecto a Francia fue declarada, Boisrond-Tonnerre, quien fue su redactor a pedido de Dessalines y de los jefes del ejército independentista -muchos de ellos analfabetos-, exclamó las palabras precisas de este desenlace: “Para avanzar en redactar el acto de independencia, nosotros hemos necesitado por pergamino la piel de un hombre blanco, su cráneo para escribirlo, su sangre por tinta y una bayoneta por pluma”[19].
    Si una fracción de los hombres blancos, los jacobinos y las masas obreras y plebeyas de París habían sido aliados de los esclavos negros en su lucha por la libertad, ahora la identificación era absoluta: el hombre blanco era la burguesía intentando reestablecer el sometimiento a la esclavitud a los hombres negros. El relato que propugna la integración de la particularidad dentro de una praxis universalista, tanto como aquel acerca de la negritud tienen sus antecedentes en estas fallas internas, en estas dislocaciones, de la modernidad periférica.

    Las formas de subjetividad y la acción revolucionaria de los ex esclavos…

    Como planteamos, es la relativa división y homogeneidad estructural de los antagonistas de clases en Haití lo que permite al jacobinismo negro poseer la dirección política del proceso revolucionario a lo largo de una serie de años. Desde James en adelante, y en parte rescatando su análisis de la estructura de clase de la isla, se ha destacado la importancia que tuvo en el desarrollo de los acontecimientos la estructura de la gran plantación de azúcar del norte de la isla. Para este autor, la plantación de caña de azúcar era la expresión de una combinación entre modernismo y arcaísmo, entre civilización y corrupción, entre una técnica de organización del trabajo “racional” muy similar a aquella de las grandes industrias inglesas y la forma social de la esclavitud con su barbarismo y arcaísmo. Serán los esclavos de las grandes plantaciones-factorías del norte de la isla la vanguardia de la revolución antiesclavista.
    Marx pensó las características del sujeto revolucionario anclado en la forma social de la gran industria moderna, con las formas del trabajo cooperativo. De manera similar se ha explicado la capacidad organizativa y política de los esclavos en su rebelión. Esta asociación, por la amplitud y el nivel de organización de la conjura de los esclavos en 1791, se comprende por las similitudes o características comunes de las formas del trabajo del proletariado y de los esclavos[20]. Sin embargo, este parecido estructural no da origen a un mismo trayecto. A medida que va madurando y avanza la rebelión de los esclavos, la distancia trazada entre uno y otro se hace evidente. En este terreno es donde se irá tejiendo una serie de hipótesis que nos interesa poner en cuestión.
    Para algunos como Léon-François Hoffmann: “La revuelta de los talleres del norte en agosto de 1791, que marca la irrupción en la historia de la población negra servil, se hizo contra el sistema esclavista y estuvo en el origen de un movimiento de reivindicaciones proletarias (atreviéndonos con este anacronismo), expresión de un hartazgo desesperado, más que de una acción política impulsada por un modelo de sociedad precisa o coherente”[21]. Esta visión, aunque tiende a jugar con similitudes y diferencias de los trabajadores esclavos con los trabajadores asalariados, desde el punto de vista del programa de los primeros tiende a separar sus reivindicaciones sociales de las políticas, cuestión que presenta dos problemas. Respecto a las causas del levantamiento de los esclavos, éste es interpretado desde un reduccionismo economicista; incluso, como diríamos hoy, puramente corporativo. Mientras que sus reivindicaciones políticas se reducen a un acompañamiento acrítico de las formas políticas de la burguesía en ascenso desvalorizando la utilización de las contradicciones que los oprimidos plantean desde el punto de vista del uso que hacen de las proclamas que la burguesía lanza en su lucha contra el feudalismo. Es decir, no sólo porque a partir de la revolución de los esclavos surge un republicanismo negro que liga las reivindicaciones económicas a las políticas[22], sino también porque esta interpretación no establece el carácter y las contradicciones del programa que irá madurando entre los esclavos, en lo que éste tiene de potente y en los límites del mismo.
    El principal problema que se plantea en este terreno gira en torno a la reivindicación principal que se planteará entre los ex trabajadores esclavos, es decir, la pequeña propiedad agraria, que dará origen a una nueva estructura económica y social, pasando de una estructura agrario-exportadora basada en grandes concentraciones “proletarias”, en grandes talleres agrarios-esclavistas, a una economía agraria ligada al abastecimiento del mercado interno, sustentada por el nuevo pequeño campesinado haitiano. ¿Cuáles son entonces los elementos que actúan en el desarrollo de las reivindicaciones y del programa de los ex esclavos?
    Sidney Mintz indica que en las grandes plantaciones azucareras los esclavos accedieron a los conocimientos de las técnicas agrarias, así como también el hecho de que muchos de éstos, en los lugares donde dormían y habitaban, realizaban de manera complementaria actividades agrarias autónomas, generándose de esta manera un “cuasi-campesinado” a la sombra de la plantación esclavista[23]. Por otro lado se ubican las prácticas del marronaje, sobre todo en el sur de la isla, a partir de las cuales los esclavos fugitivos vivían en comunidades y desarrollaban actividades agrarias más o menos cooperativas, como la comunidad marron Le Royaume des platons (“El Reino de los plantadores”, en creole), quienes se negaron a regresar a las haciendas-factorías ante la ordenanza de Santhonax y Polverel después de abolida la esclavitud en la isla.
    Según esta segunda interpretación, es en los resquicios de la sociedad esclavista donde los trabajadores esclavos hacen la experiencia con la pequeña propiedad, aceptada legalmente por los plantadores para consolidar el sistema de plantación o ilegalmente en el marronaje, y es a través de la misma que se plantea que “el hundimiento del viejo orden ha sido el resultado de la victoria de esta economía interna sobre el sector de exportación”[24].
    Si en un primer momento se plantea una identificación entre proletariado asalariado y trabajadores esclavos, la evolución del movimiento revolucionario de los últimos en el terreno de sus demandas de “democracia social” será una constante y persistente lucha por liquidar la gran plantación pos-revolucionaria bajo la forma de trabajo asalariado, y conquistar la pequeña propiedad como forma de afirmación de su libertad y como garantía de ésta. La dualidad inscripta en la forma que adquieren los talleres del norte (vanguardia de la revolución antiesclavista) entre modernismo y arcaísmo es identificada en la subjetividad del esclavo como un rechazo abierto a toda forma de trabajo directamente cooperativa (incluyendo la crítica de su aspecto modernizante), optando de esta manera por formas indirectas de cooperación social como las de la comunidad campesina y del mercado regional.
    Las formas bárbaras y embrutecedoras del trabajo esclavo, a diferencia del trabajo asalariado, no permiten así entrever el desarrollo de una práctica y una ideología comunitaristas-comunistas modernas basadas en la propiedad colectiva de los medios de producción y en el trabajo cooperativo directo. Ni los decretos jacobinos de Santhonax y Polverel para organizar las plantaciones nacionalizadas o aquellas abandonadas por sus dueños, ni las disposiciones de Louverture para continuar con la producción a gran escala, ni las normativas casi feudales de Christopher pudieron impedir esta lucha persistente de los ex esclavos por liquidar todo vestigio de la gran producción agraria y por atar su libertad individual a la pequeña propiedad de la tierra, legalizada definitivamente bajo la presidencia de Boyer en 1828[25].
    Irónico resulta que los esclavos, que eran hombres y mujeres que poseían sólo una experiencia negativa de la “propiedad”, como absoluta ausencia de ella, hayan encontrado un sentido positivo, de autoafirmación, en la forma de pequeña propiedad agraria. En 1797, uno de los líderes de las huelgas de los nuevos trabajadores asalariados de las plantaciones nacionalizadas de Guadalupe contra el gobierno del jacobino metropolitano Victor Hugues sostenía de esta manera un diálogo con los nuevos trabajadores rurales (ahora asalariados), planteando las asociaciones que los esclavos hacían entre clase, status racial y dominación política. Hablando a los huelguistas, señalaba: “¿No estamos cansados de ser pobres? Si son libres ¿por qué trabajan en la tierra de los blancos? ¿Por qué todo lo que produce su trabajo no les pertenece? Ustedes son trescientos contra uno. En Saint-Domingue cada uno hace lo que quiere, todos los que comandan son negros, los blancos han sido echados y los pocos que quedan sirven a los negros como ustedes sirven aquí a los blancos”[26] .
    Desde el punto de vista de una interpretación afincada en la pura racionalidad económica que cifra el antagonismo entre mercado externo versus mercado interno se presenta como el inmediato reverso de una visión apologética de la modernización capitalista, que ve una actitud irracional en la liquidación del sistema de la gran producción de mercancías agrarias a favor del sistema de la pequeña explotación parcelaria y de subsistencia. El camino que terminará liquidando la gran plantación, incluido sus aspectos modernistas, liquidación que sumado al aislamiento internacional y la guerra de baja intensidad de las potencias imperialistas de la época arrojará grandes padecimientos para las masas en la época pos-revolucionaria, sólo puede comprenderse entreviendo la “racionalidad” de las acciones de clase de los esclavos que vieron en el parcelamiento de la propiedad agraria la definitiva liquidación de aquella institución que había albergado la esclavitud, comportamiento similar en este sentido al de “tierra arrasada” de los siervos contra los señores feudales.
    De este elemento surge la asociación efectiva entre pequeña propiedad y libertad para los ex esclavos, puesto que ésta era la definitiva consumación de la gran hacienda –factoría cuya supervivencia identificaban como un posible retorno a la esclavitud. A contrapelo de la racionalidad del homo economicus moderno, de los estudios poscoloniales que buscan en los intersticios de la vieja sociedad la idea de una racionalidad económica alternativa, subalterna, en las revoluciones las clases sociales actúan impulsadas por un enorme ánimo destructivo de las relaciones económicas y sociales del antiguo régimen, que pretenden terminar mediante su acción, la esclavitud, y a ella asociada la principal institución que la albergó, la gran hacienda- factoría. Esta racionalidad propia, interna de la lucha entre las clases, de los esclavos versus los burgueses esclavistas, planteaba una enorme barrera a la radicalización del programa de los trabajadores ex esclavos para dar un nuevo salto en la lucha contra la modernización capitalista en su fase siguiente.
    El estancamiento de las relaciones económicas posrevolucionarias estuvo dado por un conjunto de condicionantes. Por un lado el fracaso de L’Ouverture y Dessalines en unificar la isla, incorporando la parte española, que hubiera dado una base más amplia para un desarrollo económico posterior. Por otro lado el fracaso de éste y de sus continuadores, de preservar la gran industria-factoría azucarera como forma de capitalizar al nuevo Estado mediante la exportación de azúcar a los EEUU. Este fue el intento de L’Ouverture, pero el impulso de los ex trabajadores esclavos enfrentó el proceso de asalarización y tendió a la liquidación de la gran propiedad. Por otro lado la ausencia de una industria manufacturera urbana que pudiera complementar a la pequeña producción agraria dio paso a una estructura económica imposibilitada de acceder a una vía de desarrollo autónomo. Estos elementos sumado a los factores políticos, el odio de las clases dominantes americanas y europeas hacía la pequeña nación independiente condiciono las posibilidades de mantener un desarrollo nacional autónomo.
    Artículo enviado especialmente para su publicación en Herramienta.

    [1] Barrington Moore, Jr., Los orígenes de la dictadura y la democracia. El señor y el campesino en la formación del mundo moderno, Ed. Península, Barcelona, 2002.
    [2] José Aricó, Marx y América Latina, Ed. Alianza, México, 1982.
    [3] Ver Michael-Rolph Troullot, Silencing the past. Power and the production of history, Beacon press, Boston, 1995.
    [4] Al finalizar la guerra las calles de Asunción se transforman en un verdadero mercado de esclavos. Como expresaba un general del ejército nacional: “había que ponerse el traje militar si uno no quería ser tomado por esclavo y vendido por esa gente”. Ver León Pomer, La guerra del Paraguay, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1971.
    [5] Karl Marx, “La Burguesía y la contrarrevolución, Nueva Gaceta Renana Nº 169, 15 de diciembre de 1848”, en Marx, K. y Engels, F., Las revoluciones de 1848. Selección de artículos de la “Nueva Gaceta Renana”, FCE, México, 1989, pág. 217.
    [6] Derrida ha trabajado sobre este concepto en J. Derrida, Pasiones. La ofrenda oblicua, 1991.
    [7] Esta categoría es utilizada por Marx en El Manifiesto del Partido Comunista a propósito de la política de los comunistas en la revolución alemana de 1848.
    [8] El debate historiográfico francés en torno a si existió un único acontecimiento revolucionario o varios acontecimientos, o varias revoluciones (aristocrática, burguesa y democrática- plebeya), deriva de esta oblicuidad de la posición de los oprimidos. Ver en este sentido José Sazbon, “La revolución burguesa y los avatares de la modernidad”, Seis estudios de la Revolución Francesa, Ed. Al Margen, Buenos Aires, 2005.
    [9] Susan Buck-Morss, Hegel y Haití. La dialéctica amo-esclavo: una interpretación revolucionaria, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2005.
    [10] Carlos Marx y Federico Engels, La Ideología Alemana, Ed. Nuestra América, Argentina, 2004, pág. 322.
    [11] Ídem., pág. 322.
    [12] Ídem, pág. 324.
    [13] C.R.L. James, Los jacobinos negros. Toussaint Louverture y la revolución de Haití, FCE, España, 2003, pág. 80.
    [14] Daniel Bensaïd, Éloge de la Politique Profane, Ed. Albin Michel, France, 2008, pág. 34.
    [15] C.R.L. James, op. cit., pág. 190.
    [16] El debate en torno al imperialismo en todas sus versiones en el siglo XX suponía la idea de que el sistema implicaba la convivencia con formas no capitalistas o no plenamente capitalistas de existencia social. Un mundo donde las relaciones capitalistas desarrolladas graviten a nivel global es un fenómeno relativamente reciente. Ver Ellen Maiksins Word, El Imperio del Capital, Ed. El Viejo Topo, España, 2003. Ver también Juan Chingo, “Crisis y contradicciones del ‘Capitalismo del siglo XXI’. Anexo III: Una asalarización universal”, Revista Estrategia Internacional Nº 25, 2007/ 2008, pág. 11-75.
    [17] Sandro Mezzadra, “Temps historique et sémantique politique dans la critique post-coloniale”, Multitudes 2006/3, 26, pág. 75-93.
    [18] Si bien Eugene Genovese destaca las diferencias que el sistema esclavista anglo-francés posee respecto al ejercido en Norteamérica y Brasil planteando que el primero se caracteriza por una mayor diversidad debido a la existencia de un sistema de tres castas y no dos (blancos, mulatos y negros), así como producto del acceso de mulatos y de facción de los esclavos a tareas de mayor sofisticación, como el artesanado, que favoreció el surgimiento de una intelligentsia revolucionaria, este hecho sin embargo no niega la polarización social reinante en el sistema esclavista colonial, incluido el anglo-francés. Ver Eugene Genovese, Esclavitud y capitalismo, Ed. Ariel, Barcelona, 1971.
    [19] Jean Luc Bonnid, “From Dessalines to Duvalier. Race, Coulour and nacional Independence in Haiti”, Annales, año 1983, vol. 38, Nº 3, pág. 658.
    [20] Es este sentido moderno e “industrial” de la plantación –factoría azucarera ha sido ampliamente estudiado, ver Yann Moulier-Boutang, De la esclavitud al trabajo asalariado: economía histórica del trabajo asalariado embridado, Ediciones AKAL, Barcelona, 2006.
    [21] Léon-François Hoffmann, “L´Haitïenne fut-elle un révolution?”, en Léon-François Hoffmann, Frauke Gewecke, Ulrich Fleischmann (Dir.), Haïti 1804. Lumières et ténébres: impact et résonances d'une révolution, Ed. Bibliotheca Ibero-Americana- Verveuert, España, 2008.
    [22] Ver Laurent Dubois, “‘Citoyens et amis!’. Esclavage, citoyenneté et République dans les Antilles françaises à l´époque révolutionnaire”, Annales. Historie, Sciences Sociales 2003/2, 58e année, págs. 281-303.
    [23] Esta práctica fue impulsada por los propios esclavistas para abaratar el costo de alimento de los esclavos, además de llevar a éstos a que trabajen en la parcela asignada en sus días de descanso.
    [24] Michael Levy, “La naissance de la paysaneirie haïtianne dans la période révolutionnaire, 1791-1804” en Giulia Bonacci (comp), La révolution haïtienne au-delà de ses frontières, Karthala Editions, París, 2006.
    [25] Frank Moya Pons, La independencia de Haití y Santo Domingo en Leslie Bethell (ed), Historia de América Latina, Tomo 5: La Independencia, Ed. Crítica, Barcelona, 1991.
    [26] L. Dubois, op. cit., pág.299.*La autora de este texto es socióloga, miembro del Instituto de Pensamiento Socialista Karl MarxFuente:http://www.herramienta.com.ar/herramienta-web-6/marx-el-jacobinismo-negro-y-la-experiencia-subalterna-de-la-modernidad-el-caso-de-
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viernes, 17 de septiembre de 2010

"En una sociedad de productores libremente asociados el ecocentrismo se impondría naturalmente"

17-09-2010
Resumen de una Conferencia sobre el Ecosocialismo (con M. Löwy y J. Kovel), en Montreal, el 26 agosto 2010
Melanie Belanger
Rebelión

El 26 de agosto 2010 a las 19 horas, en la Universidad de Québec en Montréal, se realizó un evento ecosocialista importante, organizado por las ONG Masa Critica ( Masse Critique ) y Alternativas ( Alternatives ) - en el marco de la llamada Universidad de Verano sobre los Nuevos Cuadernos del Socialismo ( Université d'été des Nouveaux cahiers du socialisme ).
La primera parte, que fue una proyección, consistió en la presentación de una entrevista (desde Francia) con Michael Löwy, un prominente ecosocialista franco-brasileno - excelente. Löwy trato esencialmente sobre los desafios y metas actuales del ecosocialismo a nivel mundial, de forma muy esclarecedora.
Luego, el "inevitable" ecosocialista Joel Kovel, autor (estadounidense) de: "El enemigo de la Naturaleza: El fin del capitalismo o el fin del mundo?" (2007 - The Enemy of Nature: The End of Capitalism or the End of the World? ), editor en jefe de la importante revista marxista " Capitalism, Nature, Socialism ", ofreció una elocuente presentación.
Ésta fue seguida de un panel de discusión con y entre los varios colaboradores y la concurrencia. Es entorno al contenido de esta conferencia y de los intercambios de este panel que quisiera detenerme en forma de resumen.
Kovel empezó su presentación hablando extensivamente de la muerte de los océanos (... de parte de un férreo defensor y profundo conocedor del pensamiento de Marx como él, esto chocó un poquito como entrada en la materia - lo cual, de hecho, se hubiera esperado más de un protagonista de la ecología profunda... o quizás sea precisamente porque él conoce tan bien a este pensamiento marxista - y no en superficie ni tampoco de forma dogmática - que se detuvo sobre este hecho crucial ...).
Dedicó su conferencia a su nieto de 6 semanas - por el cual mencionó estar muy preocupado en cuanto a su futuro, y lo dijo con emoción en la voz. Luego, recalcó que los cambios climáticos no son LA crisis ecológica, sino que constituyen UNA manifestación extrema (entre muchas otras) de esta actual crisis ecosistémica que el ser humano está provocando en el planeta entero, mayoritariamente a causa del modelo civilizatorio capitalista.
Mencionó el ritmo de desaparición de las especias (1000 veces más rapido que normalmente, una verdadera hecatombe), asi como del continente de plástico en el Océano Atlántico, del tam año de varios estados de los EEUU (!). Aquello lo llevó a proseguir con el problema de conceptualización occidental de la naturaleza , con referencias y ejemplos históric os numerosos, o sea: el problema del ser humano como sujeto ( Subject ) y la naturaleza como objeto ( Object ), pasiva, cuando en realidad, dijo, "formamos parte de la Naturaleza, y ella forma parte de nosotros" ("we are part of Nature, and Nature is part of us") - creando de esta forma, nuevamente, un puente con la ecología profunda .
Habló de la urgente necesidad de desarrollar el ecosocialismo como propuesta y alternativa frente a la crisis ecol ó gica mundial: menciono que el enfoque debe ser la resistencia y la acci ó n en contra del sistema - ambas imperativas - y que todas las formas de luchas en este sentido son válidas.
Mencionó al Ecofeminismo como un pilar fundamental del Ecosocialismo, pero no un feminismo burgués-liberal, sino un feminismo ecol ó gico (holístico), crítico y profundo.
Luego, present ó 4 principios y condiciones fundamentales del Ecosocialismo:
1) Debe tener una visión planetaria - es decir, ser holística;
2) Debe defender los " Commons" (las comunas), aquellos espacios geográficos de la Tierra donde los llamados "recursos" eran colectivos, de los cuales Marx habl ó extensivamente en cuanto a Inglaterra (...Polanyi también...), que no pertenecían a nadie y eran compartidos entre la gente: defender nuestros sistemas de educación, de salud, lo público, pero también los ecosistemas, el derecho al agua - a la vida. Apoyar y participar también en todas las iniciativas en este sentido: di ó el ejemplo de los agricultores urbanos en Nueva York que buscan con creatividad una forma autonoma de substitir para liberarse de la alienaci ó n a la cual les somete el sistema, o los miles de "squatters" en el mundo entero que ocupan ilegalmente -pero en realidad legitimamente- lugares de vivienda - destinados a ser destruidos, o vendidos a gente rica - para crear comunidades libres y no mercantiles, fuera del sistema dominante.
3) « Intersticeness » – según el término que el mismo introdujo, o sea, lo que podría traducirse como un principio de "tramado con interconectividad", es decir: el ecosocialismo debe ser inclusivo, con apertura a los otros, a nuevas ideas, y con una comprensión sistémica de la inter-relación entre la gente y las cosas, entre todo...
4) « Prefigurativeness » - otro término creado por él, o sea, la capacidad no solamente de producir (i.e.: ver antes de hacerlo el trabajo terminado, del latin producere - cercano de procrear), pero también de ver, más allá de este trabajo (o prefigurarse) "la vida" posterior de su producto, de todas nuestras acciones, etc. lo que conlleva a repensar totalmente nuestro modo de producci ó n (desde la concepción). No es solamente una cuesti ó n, como lo hay a menudo en el pensamiento (o interpretaci ó n) marxista ortod o xo, de cambiar el modo de propiedad de los medios de producción (de privado a colectivo), sino también que la forma de producir de forma colectiva debe ser (re)pensada desde una nueva racionalidad (esto también lo subray ó Löwy)
Kovel habló también de fijar limites colectivos y democráticos al "desarrollo ", lo que solamente se podría realmente lograr a través del socialismo.
Partió mucho de la teoría económica marxista y demostró su gran pertinencia: habló del problema "ecológico" de la plusvalía y d e su acumulación - ya que ésta en el capitalismo es infinita, " forever expandable ", mientras el planeta es finito. También trató de la imprescindible noción marxista de " valor de uso" VS el fetichismo propio del capitalismo (una persona entre los asistentes intervino y recalcó este aspecto en un comentario). Sin embargo, subray ó también el problema de las ciencias económicas clásicas y de la economía marxista ortod o xa, que no contemplan el concepto de valor INTRÍNSECO - o sea, un valor no calculable en $, que debe ser aplicado a la Tierra, a los ecosistemas, etc. Ya que en la teoría marxista, la naturaleza era (y sigue siendo) ALGO esencialemente pasivo, o sea, una cosa maleable según el entojo del ser humano.
Mencionó que el Ecosocialismo critica al productivismo y al extractivismo (característicos del capitalismo), por lo que apoya todas las luchas en contra de éstos.
Abordó el tema de la AUTOGESTIÓN Y DEL COOPERATIVISMO . Dijo que si hubiese una sociedad de productores libremente asociados (" a society of freely associated producers" ) con su democracia desde la base, el ecocentrismo como nueva racionalidad y ética se impondría naturalmente . (Sumamente interesante aquella idea; sin embargo, no pude evitar en pensar que quizas la "ecuación" no era tan sencilla, ya que algunos factores culturales hegemónicos podrían tener un efecto contrario a esta "ecocentrización" desde y vía el colectivismo...).
Sin embargo, luego añadió: « No solamente se trata de una crisis del capitalismo, sino también de una crisis de civilizaci ó n . Por lo que debemos examinar ciertos aspectos simbólicos... el lenguaje , entre otras cosas... por ejemplo, el "progresismo", la expresión "progresista"... ¿es pertinente hablar todavía de movimientos, de partidos, de izquierda "progresistas?"... creo que no... ya que el llamado progreso , como idea, esta relacionado con el leit motiv ecodestructor del capitalismo... lo que nos lleva a mirar a la llamada Modernidad ... y a la post-modernidad también... como marcos conceptuales, los debemos criticar fuertemente. Por todo esto, debemos desarrollar un respeto hacia los modos de vida tradicionales , más sencillos, considerarlos, ya que están mas conectados con la Tierra: por ejemplo, una vez, un amigo mío, antropólogo, me contó acerca del inmenso conocimiento empírico que había podido observar en un aut ó ctono de la Amazonia, que conocía por su nombre y podría identificar a más del 80% de las plantas y criaturas encontradas dentro de una hectárea... Así mismo, debemos también entender de una buena vez que la separación entre anarquismo y socialismo es, hoy por hoy, completamente caduca . »
En esta conferencia de Kovel, cinco elementos importantes (entre otros) surgieron, en mi humilde juicio:
1- Una crítica constructiva de la Modernidad (y de la post-modernidad también) desde una postura ecosocialista, asi como hacia los conceptos de progreso y de desarrollo - por lo que se aportó una perspectiva y apertura antropológica nueva e interesantísima;
2- Kovel mencion ó no menos de 4 veces el término "espiritual" ("crisis espiritual", "búsqueda espiritual por falta de sentido en el sistema capitalista", "necesidad espiritual", "espiritualidad con relaci ó n al planeta"...), lo que es INCREIBLEMENTE esperanzador y novedoso, que aquel tabú esté empezando a quebrantarse;
3- ABAJO EL SECTARISMO : hacia la inclusión, hacia la articulación fertil del anarquismo y del socialismo - este fue su mensaje, con un enfoque hacia lo holístico, la interconectividad, la validez de todas las luchas, unidas - no opuestas. De esta forma, el ecosocialismo se presenta como un a fuerza de unión transcultural , esencia lmente altermundialista (algo que Löwy subraya a menudo en sus escritos);
4- La mirada ecocentrista es necesaria (respeto hacia los otros seres vivos del planeta) y está estrechamente ligada al colectivismo humano ( socialismo );
5- Una mirada critica hacia la Ciencia. Un biólogo de la audiencia preguntó acerca de la ciencia - si él (Kovel), entonces, estaba en contra de la ciencia, y Kovel contest ó : "Criticar al progreso no es equivalente a negar el aporte y la necesidad de la ciencia, sino de hacer la distincci ó n entre ciencia de ideas y (vs) ciencia como mercancía , bajo la lógica hegemónica del capitalismo". Asi mismo, dijo que ser crítico del "progreso" y de esta ciencia "consumista" no es tampoco demonizar y/o negar el aporte de las tecnologias , sino de cuestionar su contexto y modo de producción, casi siempre anti-democrático, asi como de algunas de sus finalidades (de consumo en vez de uso racional).
Luego habló la autora canadiense Andrea Levy – desde las perspectivas de justicia ambiental y ecol ó gica: subrayó la necesidad de formar un frente común entre (eco)socialistas y ecologistas bajo la idea central de la "ecosolidaridad", con una perspectiva Norte / Sur fuerte (de romper urgentemente con el modelo de explotaci ó n derrochador del Sur por el Norte). Esta ecosolidaridad, sin embargo, debería también ser entendida como una solidaridad "inter-especies", entre los seres humanos y las otras especies animales del planeta, que no podemos seguir considerando como bienes de consumo o comodidades. Citando al filósofo checo philosophe Erazim Kohák, dijo que la diferencia entre los seres humanos y los otros animales era la libertad - de pensar, de actuar, de proyectarse y de sonar - pero que esta libertad no debía ser un 'privilegio' como lo es ahora, sino una responsabilidad profundamente ética. (ver: http://www.cahiersdusocialisme.org/2010/05/20/l%E2%80%99ecologie-est-elle-soluble-dans-le-socialisme/ )
Luego habl ó un joven militante e investigador quebecense, Eric Martin: trató sobre la crisis del capitalismo como una crisis de sentido, de representación del mundo , por lo que es profundamente una crisis política. Estamos frente a un capitalismo tecno-científico , ya se trata de una ciencia y unas tecnologías fuertemente al servicio del capitalismo (las biotecnologías , por ejemplo, los créditos de carbon « verdes » en las bolsas de valores, etc...), en fin, la mercantilizaci ó n de los saberes ... Mencionó que el ecosocialismo ante esto se presenta como esta alternativa anti-autoritaria, anti-productivista, es decir, un socialismo libertario, que solamente puede ser ecológico . Subrayó que tenemos que volver a hablar en el socialismo de los conceptos (más válidos que nunca) de la artesanía, de la autarquía y de la autonomía ... también, del Amor Mundi (de Arendt - amor hacia el mundo), de justicia humana (de Freitag) Y natural. Recalcó que debemos volver a encontrar sentido en una vida cuantativamente humilde pero cualitativamente rica, es decir, tratar cada dia de extirparnos más y más del modelo adictivo de consumo (asi lo llamó también Kovel, y lo comparó a una droga) que nos reduce a "sacos vacíos que deben llenarse de mercancias para ser". En fin, de SER , y no tanto de HABER (o TENER ). Dejar el capitalismo atrás, ya que es "una utopía negativa, un abismo y un no-lugar". (ver: http://www.massecritique.org/articles/devoir_de_resistance ).
Finalmente, Roger Rashi , miliante socialista desde hace más de 30 años, miembro central de la ONG Masa Crítica 1 , ecosocialista convencido, terminó la conferencia hablando del valor que necesitan y necesitarán los ecosocialistas, en muchos frentes (dentro y fuera de la izquierda), no solamente al denunciar el sistema, sino también (y sobre todo) al proponer una alternativa nueva - que podría encontrar fuertes reticiencias. Dijo que el ecosocialismo debe aprender a: 1) hablar el "idioma" de la gente - ya que en las luchas de muchos, hay ecosocialismo aunque no lo nombren así - dio el ejemplo de Cochabamba, donde él personalmente estuvo al lado de 35,000 campesinos, obreros, etc. bolivianos, que encarnan -segun él- esta lucha ecosocialista; 2) librar y unirse a batallas concretas , sobre todo entorno al tema energético - en contra del uso de la energía fosil y a favor de fuentes de energías renovables, en oposición al culto y modelo del "auto-solo" y a favor del transporte público, por ejemplo. (ver: http://www.pressegauche.org/spip.php?article4639 y
http://cap.qc.ca.edu/2008/03/12/capitalisme-de-desastre-ou-ecosocialisme/ ***
Cabe mencionar, para concluir, que se tocaron en esta conferencia, de forma explícita y elocuente, temas sensibles (a veces hasta tabues) para la izquierda, o sea: Modernidad, espiritualidad, sectarismo (obsoleto y necesidad de union con el anarquismo ), cultura, ecocentrismo y ciencia . También, todos los panelistas (Kovel incluso) pusieron de relieve la importancia de las luchas indígenas (autóctonas), así como la necesidad de apoyarlas, e hicieron alusión (en el caso de Kovel y Martin) al concepto del "buen vivir" *.
Cabe senalar también que existe desde el 2007 (fundada en la ocasión de la Conferencia Internacional Marxista en Paris) una Red Internacional Ecosocialista ( http://www.ecosocialistnetwork.org/ ): de hecho, su próximo encuentro sera este año, los días 26-27 de sept. (2010), en Paris.
En fin, se debe subrayar que el Ecosocialismo está tomando fuerza en el mundo entero, en Canada*, y también en Québec. Lo último es bastante increíble, ya que hace solamente un par de años, era el tema de algunos "loquitos" por allí. Así es como ciertos profesores universitarios y alguna gente veían esta propuesta. Hoy por hoy, tenemos artículos, conferencias, libros y mobilizaciones bajo esta temática. En ocasión de este evento, puntualmente, tuvimos la publicación de un cuaderno de reflexiones y de pautas de acción, absolutamente excelente, de Masa Crítica (ONG de izquierda, socialista y pluralista, de Québec) bajo el título « Hacia el ecosocialismo: para un socialismo verde y una ecología roja ». ¡Ojala esta fértil corriente de pensamiento y su esperanzadora praxis sigan cogiendo auge!
*Véase, por ejemplo: http://canadiandimension.com/magazine/issue/september-october-20101
P.D.: Recomiendo la lectura del libro de Kovel (en inglés), asi como dos textos muy recientes de M. Löwy, "Que es el Ecosocialismo" ( What is Ecosocialism ), y "Ecosocialismo y Planificación Democrática" ( Ecosocialism & Democratic Planning ) - ambos disponibles en el sitio Web de la Red Ecosocialista Int'l ante citado (en la sección "documentos"). Propongo igualmente explorar la obra ecosocialista del investigador catalán Joan Martínez Alier ( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=110777 ) y la del economista chileno Marcel Claude ( http://marcelclaude.blogspot.com/ ), para análisis y propuestas conexas a las expuestas por Löwy, Kovel, y los demás panelistas en la ocasión de este evento clave.
Descriptivo original (en francés) del evento:
Conférence sur l'Écosocialisme
Grande conférence sur l'Écosocialisme gratuite organisée en partenariat avec Alternatives et les NCS, avec Joel Kovel, co-auteur du Manifeste écosocialiste international et auteur the "Enemy of Nature", une présentation vidéo de Michaël Lowy, lui aussi co-auteur du Manifeste, des interventions de Andrea Levy, Roger Rashi, Eric Martin, Michel Lambert et Véronique Brouillette. Dans le cadre de l'Université d'été des Nouveaux cahiers du socialisme.
August 26 · 7:00pm - 10:00pm
UQAM, Local A-M050
http://www.facebook.com/event.php?eid=108747709178406
1 Cabe destacar también los trabajos del investigador Jean-Claude Balu, de la ONG Masa Critica (ver por ejemplo: http://cap.qc.ca.edu/2008/03/12/capitalisme-de-desastre-ou-ecosocialisme/ ), asi como la colaboraci ó n esencial del militante ecosocialista Stéphane Carré, de la misma organización .

Crisis del capital y ofensiva neoliberal

17-09-2010
Xabier Gracia
Corriente Roja
Una crisis estructural del capitalismo

Las crisis son un momento consustancial del sistema de producción, distribución e intercambio capitalista y son un momento de solución violenta de tensiones estructurales. La crisis mundial que se desató en el 2008 se extendió rápidamente al conjunto de la economía. A pesar de tener su origen en el sistema financiero las causas profundas de la crisis se deben buscar en los desequilibrios y tensiones acumuladas en los patrones de crecimiento y valorización del capital en su conjunto. Hay que tener cuidado con ver al sistema financiero y al sistema productivo como si fueran estancias separadas y estancas. O como si uno pudiera existir sin el otro, o como si uno fuera malo y parasitario y el otro bueno y productivo. Los dos sistemas son momentos necesarios del conjunto total del sistema de producción, distribución e intercambio capitalista, sus ciclos y circuitos se condicionan y entrecruzan recíprocamente a través de múltiples vínculos internalizando cada uno las virtudes y contradicciones del otro.
El capital no es una cosa sino un proceso social y como proceso (que además se caracteriza porque sus partes no tienen conciencia común sino conciencia parcial) contiene numerosas transiciones y articulaciones que pueden ser puntos de bloqueo del transcurso normal de su circulación y acumulación. Su expresión más específica se manifiesta en la sobreproducción generalizada: de capital-dinero (que no encuentra esferas rentables de inversión, o que entra en los circuitos de valorización ficticia); capacidad instalada ociosa; sobreproducción mercantil (medios de producción y de consumo); y una sobrepoblación de mano de obra en relación con las posibilidades de valorización del capital empleado que coexiste con la sobreexplotación de los trabajadores activos. Como señala Marx en los Grundrisse cada elemento de tensión del capital marca una posible solución, cada barrera es un límite que hay que franquear.
La ofensiva neoliberal, respuesta política del capital frente a la crisis
La crisis de los años 70 se caracterizó por un proceso generalizado de sobreproducción, caída de la tasa de ganancia y desequilibrios financieros. La respuesta política de las clases dominantes se concretó en la ofensiva neoliberal y la contrarrevolución conservadora de los años 80 que puso en el centro de su ataque las conquistas sociales de las clases trabajadoras. Desde entonces, los graves problemas de sobreproducción tuvieron como consecuencia una caída sustancial de las tasas de inversión en las economías centrales. Primero porque los capitales no podían reinvertirse en sus propios circuitos que ya estaban saturados, y segundo, por las dificultades crecientes para encontrar esferas de inversión rentable debido a la atonía general y a la existencia de numerosas empresas públicas que actuaban en ramas centrales de la producción de mercancías y servicios.
Asimismo, estas tensiones estructurales impulsaron a numerosos capitales hacia los circuitos de valorización especulativa tras la ruptura de la arquitectura financiera de posguerra. La competencia por la ganancia impulsó las reorganizaciones y racionalizaciones socio-tecnológicas que contribuyeron, junto con la débil tasa de inversión, a incrementar el desempleo en los mercados laborales presionando los salarios a la baja e impulsando de nuevo la tasa de ganancia sin que esta fuera acompañada por un crecimiento de la inversión productiva. Y es que aunque las ganancias crecieran coyunturalmente, el problema es que eran del todo insuficientes para valorizar las enormes cantidades de capital que ponían en marcha y que se encontraban acosados por la sobreproducción.
El proceso de internacionalización del capital a escala mundial, apoyado en la revolución de las comunicaciones y los transportes, respondía a lo que David Harvey llamó soluciones espaciales del capital. Los nuevos espacios de acción del capital internacional (que exigían a su vez un sistema financiero internacionalizado) buscaban soluciones para la producción incrementada de mercancías, impulsadas por las transformaciones tecnológicas y los incrementos de la productividad del trabajo, así como nuevos espacios para exportar los capitales productivos ociosos o que, sencillamente, buscaban una mayor tasa de ganancia.
Un sector de la producción que sí que conoció un incremento explosivo en el último periodo fue el de bienes de lujo y de consumo ostentoso que ha adquirido, desde entonces, proporciones obscenas y que es la expresión de la polarización de los ingresos. Mientras tanto los trabajadores y las clases populares han visto reducida su participación en el total del PIB a pesar del incremento de la población activa (debido a la mayor competencia en los mercados laborales, la individualización del salario y la incorporación de una parte de la sobrepoblación relativa latente).
El estancamiento de los salarios en el último periodo fue el caldo de cultivo que permitió un enorme crecimiento del crédito entre las clases populares (bienes de consumo y deuda hipotecaria) que fue, junto el enorme crecimiento de los bienes de lujo, el sostén parcial de la demanda. La enorme deuda acumulada por las clases trabajadoras (en especial la hipotecaria) opera, desde entonces, como un enorme mecanismo de succión financiera por parte de las fracciones rentistas del capital. Estas formas rentistas de explotación secundaria, que en un momento impulsaron la demanda y la producción, operaron más adelante como una punción que disminuyó la demanda de bienes salariales.
El programa de salida de la crisis dependerá de la lucha de clases
Sin embargo, crisis del capital y crisis del capitalismo no es lo mismo. El programa de salida de la crisis tiene una gran relación con el equilibrio de fuerzas entre el capital y las clases populares. En el actual contexto de reflujo ideológico, organizativo y de claro retroceso de la práctica y la cultura socialista son las clases dominantes quienes están tratando de imponer su programa de salida de la crisis.
Las estrategias neoliberales del capital tiene como objetivo: a) crear un marco institucional de primacía de los derechos de propiedad y libre mercado, b) reorientar los gastos del Estado hacia las empresas y convertir las actividades estatales en espacios de acumulación del capital a través de las privatizaciones, c) universalizar el carácter mercantil sobre espacios que anteriormente no se regían por la lógica de la ganancia d) crear un marco socio-laboral que permita un fácil disciplinamiento de la clase asalariada con el objetivo de abatir los costos salariales (directos o socializados por el Estado) para impulsar la ganancia empresarial, e) garantizar la continuidad de la succión financiera desde las rentas del trabajo a las rentas del capital financiero, f) canalizar los fondos de las pensiones públicas hacia los circuitos financieros de valorización del capital.
http://www.correntroig.org/spip.php?article1973〈=ca

jueves, 16 de septiembre de 2010

Un viaje instructivo a China: Reflexiones de un filósofo

16-09-2010
Domenico Losurdo
CEPRID

Del 3 al 16 de Julio tuve el privilegio de visitar algunas ciudades y realidades de China, en el ámbito de una delegación invitada por el Partido Comunista de China, delegación de la que también hicieron parte representantes de los partidos comunistas de Portugal, Grecia y Francia, y de Linke, de Alemania; en cuanto a Italia, además del que escribe, participaron en el viaje Vladimiro Giacché y Francesco Maringió. Este texto no es un diario ni una crónica: son solo reflexiones fruto de una experiencia extraordinaria.
1. La primera cosa que salta a la vista en el transcurso del encuentro con los representantes del Partido Comunista de China y con los dirigentes de las fábricas, de las escuelas y de los barrios visitados, es la tónica autocrítica, digamos la pasión autocrítica de que dan pruebas nuestros interlocutores. En este punto es evidente la ruptura con la tradición del socialismo real. Los comunistas chinos no dejan de señalar que el camino a recorrer es largo, y numerosos y gigantescos son los problemas a resolver y los desafíos a enfrentar, y que, a pesar de todo, su país continua siendo parte del tercer Mundo.
En verdad, en el transcurso de nuestro viaje, no encontramos ese Tercer Mundo. Por lo menos en Pekín que fascina con su aeropuerto ultramoderno y reluciente, y aún menos en Qingdao, donde se realizaron los Juegos Olímpicos 2008 y que recuerda una ciudad occidental de una belleza y elegancia especiales y con un nivel de vida elevado. Tampoco encontramos el Tercer Mundo cuando nos apartamos 1.500 kilómetros de las regiones orientales y costeras, las que son más desarrolladas y aterrizamos en Chongqing, la enorme megalópolis que tiene un total de 32 millones de habitantes y que, hasta hace algunos años, parecía tener dificultad en acompañar el milagro económico. No tenemos dudas de que el Tercer Mundo aún existe en el enorme país asiático, pero el encuentro frustrado con él fue consecuencia no de la voluntad de esconder los puntos débiles de la China moderna, sino del hecho de que el impetuoso crecimiento en curso desde hace ya más de treinta años está reduciendo, disminuyendo y fraccionando a un ritmo acelerado el área de subdesarrollo que se convierte en una lejanía cada vez más distante.
En Occidente no faltara, a este respecto, los que van a hacer muecas: desarrollo, crecimiento, industrialización, urbanización, milagro económico de una amplitud y duración sin precedentes en la historia, ¡qué vulgaridad! Este esnobismo del bello mundo parece considerar insignificante el hecho de que millones de personas hayan escapado a un destino que los condenaba a la desnutrición, al hambre y a la muerte por inanición. Y los que encuentran que el desarrollo de las fuerzas productivas es apenas una cuestión de bienestar económico y de consumismo deberían de leer (o releer) las páginas del Manifiesto del Partido Comunista que pone en evidencia el idiotismo de una vida rural circunscrita por la miseria, incluyendo la cultural, de las fronteras limitadas e intransponibles. Cuando visitamos hoy las maravillas de la Ciudad imperial en Pekín y, a algunos kilómetros de distancia, la Gran Muralla, deparamos con un fenómeno que no existía en el apenas lejano 1973, ni siquiera en el año 2000, o sea, en mis dos viajes anteriores a China. Hoy en día, salta a la vista la presencia masiva de visitantes chinos: son turistas con características especiales: llegan frecuentemente de una cantón remoto del enorme país; probablemente es la primera vez que visitan la capital; en el plano cultural comienzan a apropiarse de cierta forma de la noción de la civilización muy antigua de la que hacen parte; dejan de ser simples campesinos ligados como en una prisión a la parcela de tierra que cultivan y se convierten en verdaderos ciudadanos de un país cada vez más abierto al mundo.
Mucho después de las horas de la apertura para la visita de los monumentos y museos, la Plaza de Tiananmen continúa el hormigueo de personas: son muchos los que esperan y observan con orgullo el izar de los colores de la República Popular de China. No, no se trata de chauvinismo: los chinos gustan de ser fotografiados con visitantes extranjeros (yo también fui objeto y acepte con placer pedidos de este género); y como si invitasen al resto del mundo a festejar con ellos el regreso de una civilización muy antigua, oprimida y humillada durante mucho tiempo por el imperialismo. No hay la menor duda, el prodigioso desenvolvimiento de las fuerzas productivas no se limitó a arrancar de la miseria y de privaciones a centenas de millones de hombres y mujeres; les aseguró una dignidad individual y nacional, les permitió ampliar considerablemente su horizonte abriéndoles frente al enorme país del que hacen parte y, más aún, frente al mundo entero.
2. ¿Pero el desarrollo de las fuerzas productivas no es sinónimo de degradación y destrucción de la naturaleza? Estamos aquí en presencia de una preocupación, e inclusive una certeza evidenciada a modo de grito por la izquierda occidental. Vemos en esto aflorar una extraña visión de la naturaleza, que es considerada enferma si las plantas marchitan y se secan pero que, según parece, es considerada perfecta si los que enflacan y mueren en masa son los hombres y las mujeres. Hay un cierto ecologismo que acaba por excavar más profundamente el abismo que, en tanto, pretende querer criticar, entre el mundo humano y el mundo natural. Pero, igual así, concentrémonos en la naturaleza en su sentido estricto. Hace algún tiempo un historiador bastante conocido (Niall Ferguson) escribió un artículo, publicado también en Corriere della Sera, que en el titulo denunciaba “la guerra de China a la naturaleza”. En realidad, ya en el largo trayecto que, siguiendo el recorrido, que va de Pekín al aeropuerto, percibimos una cantidad impresionante de árboles obviamente recién plantados, en el marco de un proyecto bien ambicioso de reforestación y de ampliación de la superficie forestal en que todo el país participa. Unos días antes del fin de nuestro viaje tuvimos la posibilidad de visitar un área ecológica de 10 kilómetros cuadrados, situada en los alrededores de Weifang, una ciudad del nordeste en rápida expansión, dedicada al desarrollo de alta tecnología pero que simultáneamente quiere distinguirse por su calidad de vida. El área ecológica, cuyo acceso es libre y gratuito para toda la gente, y que solo puede ser visitada a pie, o en un auto abierto y movido por electricidad, fue liberada recuperando un territorio hasta entonces muy degradado y que actualmente resplandece de una belleza encantadora y serenidad. El desarrollo industrial y económico no está en contradicción con el respeto por el ambiente. Claro que el equilibrio entre estas dos exigencias es extremadamente difícil en un país como China, que tiene que alimentar un quinto de la población mundial teniendo a su disposición apenas un séptimo de la superficie cultivable; y en este cuadro es que deben ser situados los errores practicados y los grandes perjuicios ocasionados al ambiente en los años en que la prioridad absoluta era el arranque económico necesario para poner fin a la desnutrición y miseria de las masas. Pero esta fase fue felizmente rebasada; actualmente es posible promover un ecologismo, que además de garantizar la vida de los árboles y las flores, también sepa garantizar la vida y la salud de los hombres y de las mujeres.
3. Ya hable de la pasión autocrítica que parece caracterizar a los comunistas chinos. Son ellos quienes insisten en el carácter intolerable, en especial, del abismo creciente entre ciudades y el campo, entre zonas litorales por un lado y el centro y el oeste del país por otro. ¿Esos fenómenos no son la demostración de la desviación capitalista de China? Es una tesis que está ampliamente difundida en la izquierda occidental y que parece encontrar eco entre algunos miembros de nuestra delegación multipartidaria. En el debate franco y vivo que se desarrolla, intervengo con una puntualización, por así decir ”filosófica”. Podemos proceder a dos comparaciones bastante diferentes una de la otra. No podemos comparar el “socialismo de mercado” con el socialismo que llamamos de nuestros “deseos”, con el socialismo de cierta forma maduro, y por tanto poner en evidencia los limites, las contradicciones, las desarmonías, las desigualdades que caracterizan al primero; son los propios comunistas chinos los que insisten en el hecho de que el país que dirigen esta apenas en la “fase primaria del socialismo”, fase destinada a durar hasta la mitad del siglo, confirmando la gran duración y complejidad del proceso de transición necesario para llegar a la edificación de una sociedad nueva.
Pero eso no hace lícito confundir el “socialismo de mercado” con el capitalismo. Como ilustración de la diferencia radical que subsiste entre los dos podemos intentar recurrir a una metáfora. En China estamos en la presencia de dos trenes que se separan de la estación llamada “subdesarrollo”. Sí, uno de esos trenes es muy rápido, el otro es de velocidad más reducida; por causa de eso, la distancia entre los dos aumenta progresivamente, pero no podemos olvidar que los dos avanzan en la misma dirección; es también necesario recordar que no faltan los esfuerzos para acelerar la velocidad del tren, relativamente menos rápido y que, de cualquier modo, dado el proceso de urbanización, los pasajeros del tren más rápido son cada vez más numerosos. En el ámbito del capitalismo, por el contrario, los dos trenes en cuestión avanzan en direcciones opuestas. La última crisis destaca un proceso en acción desde hace arias décadas: el aumento de la miseria de las masas populares y el desmantelamiento del Estado social se encuentran a la par que la concentración de a riqueza en manos de una restringida oligarquía parasitaria.
4. Y, en tanto, entre los comunistas chinos crece la intolerancia en lo que se refiere a la separación entre las zonas litorales y las áreas del centro-oeste, entre las ciudades y el campo y en el seno de la propia ciudad. Es una actitud observada con sorpresa y agrado por toda la delegación de Europa occidental. Esta intolerancia se exhibe de forma aguda en Chongqing, la metrópoli situada a 1.500 kilómetros de distancia de la costa. La consigna (¡Vamos para el Oeste!), que llama a extender al centro y al oeste del enorme país los prodigiosos desarrollos del este, fue lanzada hace ya diez años. Los primeros resultados son visibles: por ejemplo, el Tíbet y Mongolia interior exhiben en los últimos años una tasa de crecimiento superior a la media nacional. No es el caso de Xinjiang donde, en 2009 (el año de la crisis), en relación a la media nacional del 8.7%, el PIB “solo” aumento 8.1%. Y fue en Xinjiang precisamente que se derramos, durante las últimas semanas y meses, una nueva ola de financiamientos y de estimulantes. Pero ahora, además de las regiones habitadas por minorías nacionales, a las que el gobierno central dedica evidentemente una atención especial, se trata de aplicar a nivel general una aceleración decisiva y un significado nuevo y más radical a la política de ¡Vamos para el oeste!.
Transformada en un municipio autónomo bajo la dependencia directa del gobierno central (en esta misma situación está Pekín, Shanghái y Tianjin) y pudiendo así beneficiarse de estimulantes y de apoyos de todo tipo, Chongqing aspira a volverse la nueva Shanghái, es decir aspira no solo a rebasar el atraso sino a alcanzar el nivel de la China más avanzada, y constituirse en un punto de referencia también en el plano mundial. La megalópolis situada en el interior del gran país asiático aparece frente a nuestros ojos como un enorme astillero: la actividad para potenciar las infraestructuras se desarrolla plenamente, tal como la construcción de fabricas, de oficinas, de habitaciones civiles; las filas de árboles recién plantadas y cuidadosamente tratadas salta a la vista, tal como los campos verdes que franquean y a veces también separan calles y avenidas. Sí, porque más allá del milagro económico, Chongqing persigue un objetivo aún más ambicioso: pretende presentarse ante toda la nación como un “nuevo modelo” de desarrollo, regulando mejor y de modo más “armonioso” las relaciones en el interior de la ciudad, entre la ciudad y el campo y entre el hombre y la naturaleza. En aquello que vendrá a ser la nueva Shanghai, la referencia a Mao Tsetung es permanente, y no solo se trata de un homenaje necesario al gran protagonista de la lucha de liberación nacional del pueblo chino, al padre de la patria que, y no es por casualidad está en la Plaza de Tiananmen y en los billetes de banco; se trata de que en serio han retomado el “pensamiento de Mao Tsetung”, inscrito en el Estatuto del Partido Comunista de China. En Chongqing tenemos la nítida impresión de que comienzan los debates y, presuponemos, la lucha política para la preparación del Congreso previsto a efectuarse en dos años.
Conviene en este momento, librarnos de un equívoco posible: la discusión no se trata sobre la política de reforma y de apertura definida hace más de treinta años en la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central (18-22 de Diciembre de 1978); en el estatuto del PCCh está inscrita también la “teoría de Deng Xiaoping” y la “importante idea de las tres representaciones”, a pesar de que la categoría de “pensamiento” tiene una importancia mayor que la categoría de “teoría” (que hace referencia a una coyuntura, a pesar de ser una coyuntura de largo plazo) y a que la categoría de “idea” (la cual, por más importante que sea, designa una contribución sobre un aspecto determinado). Pero, encima de todo, nadie quiere volver a la situación en que en China no había “igualdad” sino en el sentido en que los dos trenes de la metáfora que utilice varias veces estaban ambos parados en la estación “Subdesarrollo” o se separaban de ella lentamente. No, de ahora en adelante se puede considerar como definitivamente adquirida la conciencia según la cual el socialismo no es la distribución igual de miseria. Tanto más que una “igualdad” de esas es totalmente ilusoria y puede igualmente funcionar al contrario. Cuando la miseria alcanza un cierto nivel, puede contener el riesgo de la muerte por inanición. En ese caso, por más modesto y reducido que sea el pedazo de pan que garantice la supervivencia a los más afortunados significa a pesar de todo una desigualdad absoluta, la desigualdad absoluta que se mantiene entre la vida y la muerte. Fue, antes de la introducción de la política de reforma y de apertura, lo que se constato en los años más trágicos de la república Popular de China; consecuencia además de la herencia catastrófica derivada del pillaje y de la opresión imperialista, del embargo impiedoso impuesto por el occidente, de los graves errores practicados por la nueva dirección política. La centralidad de la responsabilidad de desarrollar fuerzas productivas se mantiene pues garantizada, pero esa centralidad puede ser interpretada de modo sensiblemente diferente...
5. La persona que fue llamada para dirigir Chongqing es Bo Xilai, el brillante ex-ministro de comercio exterior. Es una circunstancia que nos permite reflexionar sobre el proceso de formación del grupo dirigente en China. Un representante del gobierno central que, en el desarrollo de su función, se distinguió y adquirió un prestigio, también a nivel internacional, es enviado para la provincia para enfrentar una tarea de naturaleza diferente y de proporciones gigantescas. Combatiendo la corrupción de modo capilar y radical y proponiendo en la teoría y en la práctica real del gobierno un “modelo nuevo”, destinado a quemar etapas en la liquidación de las desigualdades, que se volvieron intolerables, y en la realización de una “sociedad armoniosa”, Bo Xilai suscito un debate nacional; es fácil prever su presencia en una posición eminente en el grupo dirigente que saldrá del XVIII Congreso del PCCh, a pesar de que sería un error dar como dato adquirido el resultado (y de la lucha política) en curso. Por tanto: al concluir un período de incertidumbres, de conflictos y de violencias, a la primera generación de revolucionarios que tenía como centro a Mao Tsetung, la sucedió la segunda generación de revolucionarios con Deng Xiaoping en el centro. Seguirán después las tercera y cuarta generaciones de revolucionarios teniendo al centro, respectivamente a Jiag Zemin y Hu Jintao. Del próximo Congreso del Partido y del Estado saldrá la quinta generación de revolucionarios. Es una perspectiva abierta en su tiempo por Deng Xiaoping que confirmo así su clarividencia y su lucidez en la construcción del Partido y del Estado; la personalización del poder y el culto a la personalidad fueron rebasados; se puso fin a la ocupación vitalicia de los cargos políticos; se afirmo un proceso de formación y de selección del grupo dirigente, que hasta ahora, ha dado excelentes resultados.
6. ¿Pero hasta donde podemos considerar como socialista el “socialismo de mercado” teorizado y practicado por el Partido Comunista de China? En la delegación multicolor que viene de occidente no faltan las dudas, las perplejidades, las críticas abiertas. Se desarrolla un debate, abierto y encendido, más de una vez asumido por nuestros interlocutores y anfitriones. No quedan dudas de que, en secuencia de la afirmación de la política de reforma y apertura, el área de economía del Estado fue reducida y que el área de la economía privada creció; ¿estaremos en la presencia de un proceso de restauración del capitalismo? Los comunistas chinos hacen notar que el papel central y dirigente del Estado (y del Partido Comunista) se mantiene firme. ¿Cuál es?
El panorama económico y social de China de hoy se caracteriza por la presencia simultánea de las formas más diversas de propiedad: propiedad del Estado; propiedad pública (en este caso el propietario no es el Estado central sino, por ejemplo, un municipio); sociedades por acciones en el marco de las cuales la propiedad del Estado o la propiedad pública tienen la mayoría absoluta, o en su caso una mayoría relativa, o un porcentaje significativo del paquete de acciones; propiedad cooperativa; propiedad privada; en estas condiciones se hace muy difícil calcular con rigor el porcentaje de la economía del Estado y pública. Cuando regrese a casa, encontré un número especialmente interesante del International Herald Tribune; leo en él un cálculo efectuado por un profesor de la prestigiada Universidad de Yale, precisamente Chen Zhiwu (un norteamericano, por tanto, de origen chino, que esta tal vez en una posición privilegiada para así orientarse en la lectura de la economía del gran país asiático) indicando que “el estado controla tres cuartas partes de la riqueza de China” (7 de Julio del 2010, pág. 18). Es preciso sumar a esto un dato generalmente olvidado; en China la propiedad del suelo está enteramente en manos del Estado; los campesinos tienen el usufructo de él, que también pueden vender, pero su propiedad no. En lo que se refiere a la industria, otros cálculos atribuyen un peso más reducido al Estado. En todo caso, los que imaginan un proceso gradual e irreversible de retirada del Estado de la economía, están completamente engañados. En el Newsweek del 12 de Julio, un artículo de Isaac Stone Fish llama la atención sobre las “empresas propiedad del Estado que dominan de modo creciente la economía china”. En todo caso – reafirma el semanario norteamericano – en el desarrollo del oeste (que a partir de ahora se diseña en toda su amplitud y profundidad), el papel de la empresa privada será más reducido de lo que el desempeñado en su tiempo en el desarrollo del este.
Los camaradas chinos nos hacen notar que, al introducir fuertes elementos de concurrencia, al área económica privada contribuyó en último análisis para el refuerzo del área del Estado y pública, que fue así obligada a desembarazarse de la burocracia, de la falta de empeño, de la ineficiencia, del clientelismo. En efecto, gracias a las reformas de Deng Xiaoping, las empresas del Estado gozan actualmente de una solidez y de una competitividad sin precedentes en la historia del socialismo. Es un punto que puede ser aclarado a partir de un número del Economist (10-16 de Julio 2010) que compro y hojeo en el confortable aeropuerto de Pekín, en tanto espero el vuelo de regreso; el artículo de fondo señala que cuatro de los diez bancos mundiales más importantes son actualmente chinos. Esos bancos contrariamente a los bancos occidentales, están en excelente salud, “ganan dinero”, pero “el Estado mantiene la mayoría de las acciones y el Partido Comunista nombra a los más altos dirigentes, cuya retribución es una fracción de la de sus homólogos occidentales”. Además de ello, esos dirigentes ”tienen que responder a una autoridad superior a la de la bolsa”, o sea, a las autoridades de un Estado dirigido por el Partido Comunista. El prestigiado semanario financiero ingles no consigue convencerse de estas novedades inauditas; tiene esperanza y apuesta que las cosas van a cambiar. Hoy hay un hecho que aparece a la vista de toda la gente: la economía del Estado y pública no es sinónimo de ineficacia, como pretenden los paladines del neoliberalismo, y los bancos no tienen que pagar a sus dirigentes como a nababs para que sean competitivos en el mercado interno e internacional.
7. Es probable que el área económica privada satisfaga las exigencias ulteriores. Primero que todo, hace más fácil la introducción de la tecnología más avanzada de los países capitalistas: no olvidemos que en ese punto los EEUU procuran aún imponer un embargo a China. Pero hay otro punto, del que me doy cuenta cuando visitamos el muy avanzado parque industrial de Weifang. En ciertos casos son los chinos de ultramar quienes fundaron las empresas privadas: estudiaron en el extranjero (sobre todo en los EEUU), obteniendo excelentes resultados y acumulando en ocasiones algún capital. Regresan ahora a la patria con una decisión que suscita alguna perturbación en la región en que se establecieron. ¿Cómo es posible que intelectuales de primer nivel abandonen la “democracia” para regresar a la “dictadura”? Pero además del llamado patriótico que los convoca a participar en el esfuerzo colectivo de todo un pueblo para que China alcance los niveles más avanzados de desarrollo, de tecnología y de civilización, estos chinos de ultramar son también atraídos por la perspectiva de hacer valer sus talentos y su experiencia tanto en las Universidades como en las empresas privadas de alta tecnología que fundan. En otros términos, estamos frente a la continuación política del frente unido teorizado y practicado por Mao no solo en el curso de la lucha revolucionaria sino también durante varios años después de la fundación de la República Popular de China.
Pero entremos finalmente en esas fábricas de propiedad privada. Con o sin chinos de ultramar, nos reservan grandes sorpresas. Los que van a nuestro encuentro son en primer lugar miembros del Comité del Partido, cuyas fotografías están en gran destaque en los diversos servicios. En las conversaciones aparecen casi casualmente los condicionalismos que pesan sobre la propiedad. Esta es obligada o presionada a reinvertir una parte considerable de las ganancias (a veces hasta el 40%) en el desarrollo tecnológico de la empresa; otra parte de las ganancias, cuyo porcentaje es difícil de calcular, es utilizada para inversiones de carácter social (por ejemplo, la construcción de escuelas profesionales que son entregadas al Estado o al municipio, o en su caso al auxilio de las víctimas de una catástrofe natural). Si nosotros recordamos que estas empresas dependen fuertemente del crédito atribuido por un sistema bancario controlado por el Estado y si pensamos también en la presencia en el interior de esas empresas del Partido y del sindicato, se impone una conclusión: en esas empresas privadas el poder de la propiedad privada es equilibrado y limitado por una especie de contra-poder.
¿Pero cuál es el papel desempeñado por el Partido y por el sindicato? Las respuestas que recibimos no satisfacen a todos los miembros de la delegación. Ciertamente, dando eco nuevamente a una tendencia bastante divulgada en la izquierda occidental, concentran su atención exclusivamente en el nivel de los salarios. Nuestros interlocutores chinos, por el contrario, nos explican que, además de la mejoría de las condiciones de vida y de trabajo de los obreros, se preocupan por la contribución que las empresas puedan dar para el desarrollo de la economía y de la tecnología de toda la nación. De este intercambio de ideas vemos nuevamente surgir la oposición entre dos figuras en que Lenin insiste en el ¿Qué hacer? El representante de la izquierda occidental, que llama a los obreros chinos a rechazar todos los compromisos con el poder del Estado en su lucha por salarios más elevados, considera ser radical, e igualmente revolucionario. En realidad se coloca en la estela del reformista o, peor aún, del “secretario” corporativista “de un sindicato cualquiera” que Lenin censura por perder de vista la lucha de emancipación en sus diversos aspectos nacionales e internacionales, volviéndose así, en ocasiones, en punto de apoyo de “una nación que explota a todo el mundo” (en aquella época Inglaterra). El revolucionario “tribuno popular” se conduce de una forma muy diferente. Claro que, en relación con 1902 (año de la publicación del ¿Qué hacer?), la situación cambio radicalmente. En tanto, en China el “tribuno popular” puede contar con el apoyo del poder político; lo que no quiere decir que para ser revolucionarios, él aprovechándose de las enseñanzas de Lenin, no deba saber encarar el conjunto de las relaciones políticas y sociales a un nivel nacional y a un nivel internacional. Se impone un aumento consistente de los salarios y esta ya previsto, favorecido o promovido por el propio poder central (como es reconocido por la propia gran prensa internacional) y este aumento además de mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los obreros, intenta aumentar el contenido tecnológico de los productos industriales y consolidar así la economía china en su conjunto, haciéndola menos dependiente de las exportaciones. Las (justas) reivindicaciones salariales inmediatas no puede comprometer la realización del objetivo estratégico de refuerzo de un país que, con su crecimiento económico, frena cada vez más los planes del imperialismo o de la “hegemonía”, como nuestros interlocutores chinos prefieren decir de modo más diplomático.
8. Finalmente, último objeto de escándalo: en homenaje a “la importante idea de las tres representaciones”, hasta los empresarios son aceptados en las filas del Partido Comunista de China. Y de nuevo surgen las preocupaciones y las angustias de algunos miembros de la delegación europea: ¿estaremos asistiendo al aburguesamiento del Partido que debe garantizar el sentido de la marcha socialista de la economía de mercado? Para comenzar los interlocutores chinos hacen notar que el número de empresarios aceptados en las filas del Partido (después de un riguroso proceso de verificación y selección) es insignificante en comparación con una masa de militantes que casi alcanza los 80 millones; en otros términos, se trata de una presencia simbólica. Pero esta explicación no es suficiente. Vemos que algunos de esos empresarios desempeñan un papel nacional: en ciertos sectores de la economía han cancelado o reducido la dependencia tecnológica de China del extranjero; en ocasiones, no solo en el plano objetivo sino más de modo consciente algunos de ellos se colocaron en la primera fila en la lucha librada por el Partido Comunista desde 1949: la lucha para derrotar el imperialismo pasando de la conquista de la independencia en el plano político a la conquista de la independencia también en el terreno económico y tecnológico. En un mundo que se caracteriza cada vez más por la knowledge economy, o sea por una economía basada en el conocimiento, puede acontecer que el héroe del trabajo stajanovista de la URSS de Stalin asuma el aspecto totalmente nuevo de un técnico super-especializado que, lanzando una empresa de alto valor tecnológico, aporte una contribución importante para la defensa y para el refuerzo de la patria socialista.
Podemos hacer una última consideración. En la onda del “socialismo de mercado” se constituyó un nuevo estrato burgués en rápida expansión. La cooptación de algunos de sus miembros en el marco del Partido Comunista significa una decapitación política de este nuevo estrato, del mismo modo que en la sociedad burguesa la cooptación por parte de la clase dominante de algunas personalidades de extracción obrera y popular estimula la decapitación política de las clases subalternas.
9. Llego al momento de sacar conclusiones. En mi inglés claudicante, las expongo en ocasión de algunos banquetes y, sobre todo, del almuerzo que precede al viaje de regreso y que se desarrolla en presencia entre otros de Huang Huaguang, director general del gabinete para Europa occidental del Departamento Internacional del Comité Central del PCCh Todos los participantes en el viaje son invitados a expresarse con gran franqueza. En mis intervenciones intento dialogar también con los otros miembros de la delegación de Europa occidental y probablemente sobre todo con ellos.
Cuando declaran encontrarse apenas en la fase primaria del socialismo y prevén que esa fase va a durar hasta la mitad del siglo XXI, los comunistas chinos reconocen indirectamente el peso que las relaciones capitalistas continúan ejerciendo en su país inmenso y tan variado. Por otro lado, el monopolio del poder político en las manos del Partido Comunista (y los otros 8 partidos menores que reconocen su dirección) está a la vista de toda la gente. Para un observador atento, tampoco debe escapar el hecho de que, situadas como están en una posición de subalternidad en el plano económico, político y social, las propias empresas privadas, más que llevadas por la lógica de la máxima ganancia, son estimuladas, empujadas y presionadas a respetar una lógica diferente y superior: la del desarrollo cada vez más generalizado y cada vez más ramificadamente divulgado tanto de la economía como de la tecnología nacional. En último análisis, a través de una serie de mediaciones, igualmente esas empresas privadas están sujetas y subordinadas al “socialismo de mercado”. Y por tanto esos sermones moralistas que una cierta izquierda occidental no se cansa de hacer al Partido Comunista de China son, por un lado, redundantes y superfluas y, por otro lado, infundadas en inconsistentes.
Evidentemente, es siempre legítimo formular dudas y críticas sobre el “socialismo de mercado”. Pero por lo menos en un punto considero que debería ser posible a la izquierda llegar a un consenso. La política de reforma y de apertura introducida por Deng Xiaoping no es de forma alguna la homologación de China al Occidente capitalista como si el mundo entero pasase a ser caracterizado por un mapa en calma. En realidad, a partir precisamente de 1979 se desarrolló una lucha que escapó a los observadores más artificiales pero cuya importancia se manifiesta con una evidencia cada vez mayor. Los EEUU y sus aliados esperaban reafirmar una división internacional en esta base: China se tenía que limitar a la producción, a bajo precio, de mercancías desprovistas de real contenido tecnológico. En otras palabras, estaban a la espera de conservar y acentuar el monopolio occidental de la tecnología; en ese plano, China, como todo el Tercer Mundo, debería continuar sufriendo una relación de dependencia en relación a la metrópoli capitalista. Se comprende bien que los comunistas chinos hayan interpretado y asumido la lucha para hacer fracasar ese proyecto neo-colonialista como la continuación de la lucha de liberación nacional; no hay una verdadera independencia política sin una verdadera independencia económica; ¡por lo menos los que se reclaman marxistas deberían estar de acuerdo con esta verdad! Gracias a la manutención encubierta del monopolio de la tecnología, los EEUU y sus aliados pretendían continuar dictando las leyes de las relaciones internacionales. Los comunistas y también todos los verdaderos demócratas deberían congratularse con ese resultado. Actualmente hay mejores knowledge economy condiciones para la emancipación política y económica del Tercer Mundo.
En este punto conviene desembarazarnos de un equívoco que hace difícil la comunicación entre el PCCh y la izquierda occidental en su conjunto. Igualmente en medio de las oscilaciones y contradicciones de todo tipo, desde su fundación la República Popular de China se empeño en luchar no contra una, sino dos desigualdades, una de carácter interno y la otra de carácter internacional. En su argumentación de la necesidad de la política de reforma y apertura que planteaba Deng Xiaoping, en una conversación el 10 de Octubre de 1978, llamaba la atención para el hecho de que el “foso” tecnológico estaba en vías de ampliarse en comparación con los países más avanzados. Estos se desenvolvían “a una velocidad terrible”, en tanto que China corría el riesgo de quedar cada vez más rezagada (Selected Works, vol. 3, pág. 143). Pero si fallara a la cita con la nueva revolución tecnológica, se encontraría en una situación de debilidad semejante a la que estaba entregada, indefensa, en las guerras del opio y la agresión del imperialismo. Si fallase a esa cita, además del daño a sí misma, China provocaría un importante perjuicio a la causa de la emancipación del Tercer Mundo en su conjunto. Es preciso añadir que, precisamente porque supo reducir de forma drástica la desigualdad (económica y tecnológica) en el plano internacional, China está hoy en mejores condiciones, gracias a los recursos económicos y tecnológicos que acumulo entonces, para enfrentar el problema de la lucha contra la desigualdad en el plano interno.
El “siglo de las humillaciones” de China (el periodo que va de 1840 a 1949,es decir, desde la primera guerra del opio a la conquista del poder por el PCCh) coincidió históricamente con el siglo de la más profunda depravación moral del occidente: guerras de opio con la devastación infligida a Pekín en el Palacio de Verano y con la destrucción y el pillaje de las obras de arte que le siguió, expansionismo colonial y el recurso de las practicas esclavistas y genocidas en detrimento de las “razas inferiores”, guerras imperialistas, fascismo, nazismo, con la barbarie capitalista, colonialista y racista que alcanzo el auge. De la forma como Occidente sepa encarar el renacimiento y el regreso de China, podremos evaluar si él está decidido a hacer realmente el ajuste de cuentas con el siglo de su más profunda depravación moral. ¡Que por lo menos la izquierda sepa ser intérprete de la cultura más avanzada y más progresista del Occidente!
http://domenicolosurdo.blogspot.com/
Traducción: Pável Blanco Cabrera
Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article935