viernes, 30 de abril de 2010

La segunda arista de la concepción marxista del mundo: la dialéctica (décima aproximación). El caso Korsch

Salvador López Arnal
Rebelión

Tras el capítulo dedicado a Marx y Engels y a “La cristalización de la concepción de origen engelsiano”, el último apartado del curso sobre “Inducción y dialéctica”, impartido por Sacristán durante el año académico 1982-1983 en la UNAM mexicana, llevaba por título “Crítica de la dialéctica en la tradición marxista o socialista”. Estaba dividido en seis puntos; el tercero estaba dedicado a “El caso Korsch”. Seguía el siguiente esquema:
“3.1. Atractivo del personaje: su evolución, en el curso de la cual, luces y oscuridades de gran interés.
3.2. Valentía y sinceridad.
3.21. Aunque restricciones mentales.
3.3. Continuidad a través de los grandes cambios.
3.4. Su primera concepción de la dialéctica.
3.4.1. Versión tradicional de la dialéctica en 1923, con rasgo personal.
3.4.2. Arranque idealista anti-positivista, como Lukács (coetáneo y condenado), 1924.
3.4.2.1. Pero trabajará sobre eso, no se verá intelectualmente forzado, como Lukács, a cambiar de ruta.
3.4.3. Aún mantiene posiciones hegeliano-lukácsianas en la Antikritik de 1930.
3.4.3.1. En parte por oponerse al marxismo-leninismo.
3.4.3.2. Y con el importante rechazo de la tesis de la Umstülpung [inversión], que, aunque no nueva en él, cobra particular relieve en la Antikritik.
3.4.4. Por otra parte, desde muy pronto (Marxismus und Philosophie), noción concreta de la dialéctica, más epistemológica que metodológica: ciencia conceptual de la historia.
3.4.5. Por otra parte, también desde muy temprano, 1924, concepción de una ciencia dialéctica no pura, sino revolucionaria.
3.4.5.1. “Grandeza y miseria." del filosofar de Korsch, salvo en los últimos años.
3.5. Su segunda concepción de la dialéctica.
3.5.1. A principios de los años 30, Korsch colabora en la Gesellschaft für empirische Philosophie [Sociedad de Filosofía empírica] con Philip Frank, Hans Reichenbach, Ludwig von Mises.
3.5.2. Nueva actitud: conservar un Hegel compatible con la nueva filosofía de la ciencia.
3.5.2.1. Método de Hegel, método axiomático, constructos teóricos modernos.
3.5.2.2. Muy libre comprensión de la filosofía del Círculo de Viena.
3.5.2.3. La culminación de esta época es el Karl Marx [1], obra de muchos planos y muchas restricciones mentales, con restos de anteriores y anticipación de las siguientes. La intervención de Brecht.
3.6. Última presentación de la dialéctica.
3.6.1 Negación del sistema dialéctico (Diamat) en el Karl Marx.
3.6.2. Desformalización del hegelismo de Marx.
3.6.2.1. Muy original, pero dentro de la tradición, a propósito de la distinción método-sistema en la filosofía hegeliana.Karl Marx.
3.6.3. Eliminación de las categorías hegelianas en una versión contenidista, no formal, de la dialéctica.
3.6.4. Dialéctica y teoría de juegos de estrategia (Gerlach).
3.6.5. La “ciencia empírica” marxista, fruto de la dialéctica concreta, contenidista.
3.6.5.1. Ciencia histórica exacta (Althusser).
3.6.5.1.1. Con muy buena captación de Marx en “odres nuevos".
3.6.5.2. Reconocimiento de que esa ciencia tiene un estatuto epistemológico diferente del de la "ciencia burguesa”, porque
3.6.5.2.1. Es "social”.
3.6.5.2.2. Es crítica.
3.6.6. Esta concepción busca aunar la desmesura del programa hegelizante juvenil con el buen sentido epistemológico, que se aprecia en las claras distinciones.
3.6.7. Pero resulta evidente que el Korsch maduro es ambiguo acerca de la "dialéctica”.
3.6.7.1. Pero en esa ambigüedad se puede apreciar una concepción positiva, original, con un defecto importante.
3.6.8. Y, dicho sea de paso, su imponente forcejeo en el Karl Marx entre epistemología standard y aspiraciones marxiano-praxiológicas da a veces frutos notables, muy korschianos.
3.7. El abandono de la dialéctica.
3.7.1. Observación de Gerlach para 1931: ya dialéctica no es para Korsch lógica ni super-lógica.
3.7.2. Rechazo de la dialéctica en 1937.
3.7.3. El programa de "reconstrucción'' de Marx”.
No fue, desde luego, la primera ni la última vez en que Sacristán hizo referencia a Korsch. En uno de sus últimos escritos -“¿Para que sirvió el realismo de Lukács?”[2]-, un texto de 1985, señalaba
“[…] Resulta interesante comparar su conducta con la del otro principal filósofo condenado, Karl Korsch, que aquel mismo año había publicado Marxismo y filosofía. Korsch no se retractó de su marxismo primero, tan hegelizante como el de Lukács, ni tampoco rectificó su izquierdismo. Por el contrario, empezó una larga y deprimente carrera de fundador de grupúsculos comunistas radicales que desembocó en el aislamiento completo durante su exilio en EE.UU. Pero lo notable es que Korsch acabó por abandonar completamente, en el curso de su vida, las posiciones hegelianas que compartió con Lukács en los veinte, mientras que éste, que tan prontamente aceptó en política el comunismo centrista de Lenin y el Gobierno soviético, siguió siendo un marxista hegeliano hasta en las grandes obras de su vejez (Estética, 1963). Sólo después de 1968 pareció algo dispuesto a revisar de verdad su pensamiento”.
Sacristán señalaba finalmente que la comparación entre Lukács y Korsch ilustraba acerca de lo torpe que era “identificar adhesión política con homogeneización intelectual, con ortodoxia”, como solía hacerlo la literatura política trivial. Lukács se había adherido al comunismo estaliniano, muy antihegeliano, pero había seguido cultivando su hegelomarxismo a lo largo de los años.
Del mismo modo, en su aproximación a “Lenin y la filosofía” [3], apuntaba una nota crítica sobre las consideraciones usuales entre marxistas, Korsh no excluido, sobre el empiriocriticismo filosófico:
“[…] Cosa análoga ocurre con los izquierdistas neopositivistas de los años 20 y 30. Así, por ejemplo, Korsch criticaba a Lenin, todavía en 1938, por no haber visto “el punto de partida resueltamente materialista en que se basa la filosofía neopositivista”. Esa crítica está fuera de lugar: lo que había que ver y que apreciar -ya desde Mach y Bogdánov- era, por ejemplo, el análisis formal que reduce, sólo para fines internos del estudio de los lenguajes científicos, la noción de objetividad a la de intersubjetividad, o la de axiomas evidentes a la de simplicidad, a eficacia deductiva, a “armonía de pensamiento”, como decía Mach. Muchas de esas nociones han sido ya abandonadas, incluso en el trabajo analítico que era su terreno propio y de origen. Pero eran apreciables (y su intención científica sigue siéndolo) como instrumentos destinados a traducir las afirmaciones generales y materiales sobre el mundo por enunciados de contexto interno al trabajo científico mismo y, por lo tanto, de manejo más simple formalmente exacto e inambiguo. En cambio, si esos enunciados se toman por afirmaciones sobre el mundo, entonces se tiene no el análisis de las teorías, no una “crítica de la experiencia”, sino el neopositivismo como filosofía de tipo tradicional...”
Por lo demás, en una nota de traducción a Sociedad antagónica y democracia política de Abendroth [4], Sacristán observaba:
“[…] Traduzco Betriebsverfassung por “constitución industrial” creyendo que el autor [Wolfgang Abendroth] está pensando, aunque no lo diga explícitamente, en temas sugeridos en la tradición marxista alemana, por Karl Korsch a principios de los años veinte. Y el léxico histórico-teórico de éste (Arbeitsverfassung, etc.) recomienda versiones como “constitución del trabajo”, etc.
Complementariamente, anotaciones de Sacristán sobre obras de Korsch pueden verse en el fichero “Dialéctica” depositado en Reserva [5]. Las primeras notas hacen referencia a Marxismus und Philosophie [Marxismo y filosofía]:
1. KK: “Al situar unilateralmente la dialéctica en el objeto -en la naturaleza y en la historia- y caracterizar el conocimiento como un reflejo meramente pasivo y una reproducción de ese ser objetivo en la consciencia subjetiva, Lenin y los suyos destruyen en realidad toda relación dialéctica entre el ser y la consciencia y, por consecuencia necesaria, también la relación dialéctica entre la teoría y la práctica” (p. 62)
MSL: En esta vieja inspiración idealista hay siempre una fusión del problema de la actividad del sujeto con el de la naturaleza del producto.
2. “(...) para la concepción dialéctica, método y contenido van inseparables” (p. 63).
MSL: También en este punto la tradición dialéctica (o sea, idealista) es imprecisa: pues es claro que no prohíbe el silogismo para ningún contenido. Lo que es inseparable es la singularidad de procedimiento heurístico.
3. página 100 [Desde “Cuando, por ejemplo, muchos intérpretes burgueses de Marx y también bastantes marxistas...” hasta “... Pues uno de los rasgos esenciales de ese método materialista-dialéctico es que no conoce esa diferencia, sino que consiste más bien esencialmente en la conceptuación teórica de lo histórico”].
MSL: Ese paso magnífico capta en mi opinión la verdad y la inspiración del espíritu dialéctico. Al mismo tiempo, permite bien ver que eso no es ni puede ser un método: es un programa. La debilidad potencialmente acientífica, pseudocientífica, de las dialécticas consiste en no querer admitir que para la realización de ese programa de conocimiento no hay más “métodos”, más instrumentos, que los comunes.
4. pp. 126-128 [Desde “El gran defecto básico de este socialismo vulgar consiste en que se aferra “de modo no científico”..” hasta “...una crítica de la economía política no habría podido jamás convertirse en el elemento principal de una teoría de la revolución social”].
MSL: La madre del cordero, como en Lukács. Pero dicho mucho más agudamente. La causa de la locura es la ortodoxia: toma la carrera intelectual de Marx desde la crítica a la teoría como si fuera una demostración, y no una aventura con curvas y rodeos. Pero qué bien expresa lo que ocurrió en la cabeza de Marx. Y de esa locura idealista se desprenderá fácilmente su crítica de la división base-sobreestructura y de las interrelaciones
5. KK: “Esos camaradas creen que la cuestión del método “científico” ha quedado resuelto de una vez para todas en el método empírico de las ciencias de la naturaleza y en el correspondiente método histórico-positivo de las ciencias de la sociedad; y no se dan cuenta de que precisamente ese método, grito de guerra con el cual la clase burguesa ha conducido desde el primer momento su lucha por el poder, sigue siendo hoy el método específicamente burgués de investigación científica” (pp.172-173).
MSL: Como lo que añade es la práctica, se puede pensar que siempre sostuvo las ciencias en su “limitación”.
Las segundas observaciones hacen referencia a Karl Marx, el ensayo que él mismo tradujo para Ariel en 1975:
1. pp. 60-61 [Desde “Este método tan tremendamente devorador de contradicciones se podía considerar...” hasta “...en sentido materialista y liberada de su mistificación, los métodos específicos de su ciencia materialista de la sociedad”].
MSL: En el Karl Marx, Korsch escribe con una peculiar ambigüedad (a primera vista): en el asunto de la dialéctica, como en cualquier otro, conserva modos de decir ortodoxos en los que ya no cree mucho; pero luego trabaja los conceptos de un modo original. Las frases sobre dialéctica, aparentemente contradictorias, se pueden resolver tal vez en una nueva concepción, en un nuevo uso de “dialéctica” que se puede ir rastreando por todo el libro. El programa es muy bueno, pero contiene todavía la errónea afirmación “ortodoxa” de que eso es un método o ciencia nueva. Mejor sería decir que es un saber o conocimiento nuevo. Logrado, en lo que tiene de sólido, con las ciencias de la academia.
2. KK: “El postulado de Hegel de que la verdad es concreta es teóricamente exagerado y prácticamente irrealizable en el terreno positivo [MSL: Scientia non est de particularibus]. Pero eso Marx lo desarrolla hasta obtener un nuevo principio de conceptuación en la ciencia social, principio que mantiene el carácter histórico específico de todas las relaciones sociales y la realidad de la transformación histórica sin abandonar la generalización y en ella misma” (p. 71)
MSL: Parece que quiere decir (si se concreta y desgermaniza la vaguedad de la formulación) que Marx construye un modelo de leyes y, además, considera históricas estas leyes y el modelo.
[Nota añadida posteriormente por Sacristán: De todos modos, expresa la esencia del programa de Korsch: una ciencia histórica exacta].
3. KK: “Mientras que con el corriente procedimiento de abstracción con que se forman los llamados conceptos “generales”... Marx analiza la particular forma histórica de la sociedad burguesa y llega así a un conocimiento más general del desarrollo social, conocimiento que rebasa realmente dicha forma histórica burguesa” (p. 72).
MSL: Es el paso clave de la concepción de la dialéctica marxiana por KK.
4. KK: “La moderna ciencia de la naturaleza no generaliza cualesquiera rasgos de un objeto empíricamente dado, a la vieja manera aristotélico-escolástica, pasando, por ejemplo, de la piedra que cae a la ley general de caída de las piedras, sino que parte del análisis del caso singular en toda su particularidad, o bien procede del experimento singular realizado bajo condiciones bien precisas a la formulación de la ley de la gravitación universal...”
MSL: Buen análisis, aunque no se pregunta qué guía el análisis previo a la inducción o abstracción.
“Análogamente, una ciencia social rigurosa... Sólo así lleva a ser la investigación de la sociedad una ciencia exacta basada en el experimento y en la observación” (p. 73).
Esta segunda parte es una analogía desmesurada, por las ideas de exactitud y de experimento.
5. p. 200 [Desde “Lo que hizo que el joven Marx, pese a su sana resistencia, sucumbiera finalmente a la filosofía hegeliana...” hasta “...que ya en el período hegeliano habían constituido el verdadero contenido oculto de los conceptos”].
MSL: Una de las causas de que el texto de Korsch deslumbre es que escribe todas las interesantes agudezas que se le ocurren, aunque procedan de puntos de vista diferentes sobre la obra de Marx.
6. p. 239: “(...) al formular su principio materialista, Marx y Engels han partido desde el principio, como de cosa obvia, del hecho de que “una misma base económica -misma en cuanto a las condiciones principales- puede mostrar por innumerables circunstancias empíricas diversas... infinitas variaciones y gradaciones en su manifestación, las cuales sólo se pueden entender por el análisis de esas condiciones empíricamente dadas” (K III, MEW 25, 9.800).
MSL: La interesante comprensión de este punto por Korsch, con su cita de K III, da otra luz a la cuestión del ”verdadero método científico”. Es la nueva concepción de la dialéctica típica de Korsch, la cual supone otro trato de las abstracciones, inspirado en el desarrollo hegeliano del concepto. En metodología positiva, el resultado es posiblemente una idiografía científica, “exacta” al decir de Korsch.
7. pp. 249-250 [Desde “Para la determinación del tipo particular de relaciones y conexiones que existen entre la “base” económica y la “sobreestructura” jurídica y política...” hasta “(...) El principal trabajo preparatorio de esa resultante determinación moderna respecto de las particulares conexiones que dominan la vida práctica histórico-social, del hombre, se debe, en forma filosófica propia de la época, a la dialéctica hegeliana, y luego, en forma ya no filosófica, pero tampoco enteramente desprendida de la filosofía hegeliana, al materialismo dialéctico de Marx y Engels”].
MSL: Da la impresión de que su familiaridad con el Círculo de Viena no pudo ser muy profunda, porque sólo así se entiende que no perciba la abismática diferencia de estilo intelectual entre [Philip] Frank y Hegel-Marx.
Pero sin duda, concluía Sacristán, Karl Korsch quería decir algo razonable a través de oscuridad: “a saber, que en historia -o, más korschianamente, en la teoría de la revolución- lo que interesa es una cosa distinta de las leyes causales conocidas en la tradición”.
En un breve apunte sobre Karl Korsch, Einleitung a Das Kapital [Introducción a El Capital], Berlin, G. Kiepenheur, 1932, Sacristán señalaba una laguna informativa de Korsch:
1. p. 12 [Desde “En el libro primero del Capital, Marx limita sólo formalmente su investigación...” hasta “(...) con un procedimiento aparentemente sólo lógico, el material adquirido en los detalles de la investigación”].
MSL: El que considere que el procedimiento axiomático es aparentemente lógico indica que sólo había oído campanas sobre el mismo. Seguramente.
Notas:
[1] Sacristán tradujo en 1975 para Ariel el Karl Marx de Karl Korsch.
[2] M. Sacristán, “¿Para que sirvió el realismo de Lukács?”. Pacifismo, ecologismo y política alternativa. Icaria, Barcelona, 1985, pp. 176-177.
[3] M. Sacristán, “Lenin y la filosofía”. Sobre Marx y marxismo. Barcelona, Icaria, 1983, pp. 180-181.
[4] Nota de traductor de W. Abendroth, Sociedad antagónica y democracia política, Barcelona, Grijalbo, 1973, p. 48.
[5] Documentación depositada en Reserva de la BC de la UB, fondo Sacristán.
Referencia Prólogo:
El prólogo de Sacristán en la red: http://archivo.juventudes.org/node/114

miércoles, 28 de abril de 2010

La ética marxista y la izquierda en América Latina

Alirio Montoya
Aporrea

Los triunfos de la izquierda latinoamericana han representado un revés para las oligarquías y para el imperio norteamericano, de eso no hay duda. Pero lo que preocupa son dos cosas. Primero, que en algunos países latinoamericanos se ha llegado al poder mediante una amplia alianza, incluso con agrupamientos de derecha, razón por la cual se sostiene que la izquierda, en efecto, sí ha llegado al gobierno, pero no tiene el poder para llevar a cabo las transformaciones que demanda la clase desposeída. Muchas veces se ha caído en políticas de ajuste estructural que en nada han ayudado a solucionar el problema de raíz. Estas políticas sociales han logrado camuflar el modelo neoliberal imperante en los países que gobierna la izquierda.
El ejemplo más ilustrativo es el caso de Brasil, donde las familias pobres reciben un poco de ayuda del gobierno, lo que le asegura el apoyo popular en las regiones más pobres del país.[1] La contraparte de Brasil en este aspecto político es Venezuela, en donde se lleva a cabo una verdadera lucha de transformación social a través de la puesta en marcha de la Revolución Bolivariana. A este último modelo de gobierno le sigue Bolivia y Ecuador. En el caso de Centro América, quien se asemeja un ápice a Venezuela es Nicaragua. En El Salvador la cuestión es más complicada, porque se llegó al poder en una amplia coalición –de hecho- con sectores de la derecha dirigidos por el presidente Mauricio Funes, en consecuencia lo que tenemos es un co-gobierno de derecha e izquierda; por ello es que al FMLN se le dificulta llevarle mejoras a los campesinos y a la clase trabajadora. Además la correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa le favorece a la derecha.
En este país centroamericano y en Brasil las izquierdas deben re-conectarse con el pueblo y los movimientos sociales. A este nivel es fundamental iniciar una relación interactiva entre un gobierno de izquierda y el pueblo que tiene que fortalecer su nivel de autoorganización construyendo desde abajo estructuras del poder popular[2] tal como el escenario planteado en Venezuela, Bolivia y Ecuador.
Pero el segundo y gran problema con el que se enfrentan todos los gobiernos de izquierda en América Latina, y sobre todo los partidos de izquierda, es que desconocen que existe una ética marxista, la cual marca los lineamientos que hacen la diferencia entre un gobierno o partido de izquierda frente a los gobiernos y partidos de derecha. Al desconocer que hay una ética marxista se corre el riesgo de perder el rumbo; es decir, de pensar y hacer en el gobierno lo que la derecha hacía cuando gobernaba. Es que la corrupción no es un mal que padecen únicamente las derechas, la corrupción es una degradación del ser humano por carecer de una formación ética que, en el caso de la izquierda, debe ser como ya se dijo una ética marxista.
Este peligro de mutación que corren los dirigentes y funcionarios de izquierda, en el caso de Venezuela, Nicaragua y más que todo El Salvador, es que conviven en su diario vivir con ex funcionarios de anteriores gobiernos de derecha que se han reenganchado en los cargos de las instituciones estatales. El Secretario General del Partido Comunista de Venezuela, a estos funcionarios de derecha dentro del gobierno le llama la “maleza” con la que enfrenta la Revolución Bolivariana. “Está abierto un camino, es el camino del proceso revolucionario venezolano, por eso el Partido Comunista sigue siendo parte de las fuerzas que propugnan en alianza estos cambios. Es un camino abierto que nos ha permitido avanzar en la dirección correcta, pero es un camino que también se ha venido llenando de maleza”.[3] Con lo anterior se logra percibir que la Revolución Bolivariana tiene sus limitantes desde adentro, y es labor del Comandante Hugo Chávez y su colectivo lograr despejar del camino esa “maleza”.
¿Qué es la ética marxista?
Los detractores compulsivos del marxismo afirman que Marx nunca habló de una ética y menos de una moral marxista. De eso estamos claros, en el entendido que no dedicó una obra en particular sobre la ética; sin embargo, implícitamente, como demostraré más adelante, el contenido de la obra marxiana está repleto de cuantificaciones y postulados éticos. Agustín Juárez afirma que ni Marx, ni ningún otro de los «grandes» del marxismo escribió ningún tratado especial y sistemático sobre este asunto, y recuerda la célebre frase de la “Ideología alemana”, según la cual «los comunistas no predican ninguna moral».[4] Pero vamos desenmarañar esta afirmación, para que no quede la menor duda que Marx y los ideólogos marxistas sí apelan y practican una ética marxista.
Tenemos que tener bien claro que nos encontramos ante una ética que ha sido diseñada por la clase dominante, la cual es diseminada por la superestructura y por las leyes que, como ya sabemos, son creadas por la misma clase dominante. En consecuencia, Graff señala que durante la transición al comunismo, los principios morales juegan un papel cada vez más importante en la vida de la comunidad.[5] Los comunistas rechazan la moral de la clase explotadora, y se oponen fuertemente a las perversas concepciones egoístas. Marx llamó al sistema feudal como un “estado de esclavitud”, y describe la deshumanización del trabajo bajo el sistema capitalista.
Los primeros Manuscritos Económicos y Filosóficos de Marx, y más que todo en su obra cumbre “El Capital”, deja entrever la injusticia de ese sistema. Es decir que Marx en toda su obra hace referencias a la moral, a la ética y a juicios axiológicos. Todo “El Capital” está lleno de críticas a la falsa moral capitalista. Habla de injustas estructuras socioeconómicas, de fraudes y robos de la burguesía. Esencialmente Marx propone la igualdad y la dignificación del ser humano.
Además para Engels, los hombres construyen sus conceptos morales según las circunstancias prácticas que derivan de su posición de clase, determinada ésta por las relaciones económicas de producción. De tal manera que para comprender y llevar a la práctica la ética marxista los militantes de izquierda, sus dirigentes y funcionarios deben estudiar la monumental obra de Marx. De lo contrario no estaríamos hablando de gobiernos de izquierda en el poder. Este es uno de los factores que también están incidiendo negativamente en los procesos revolucionarios en Latinoamérica, porque no hay de parte de la militancia una conciencia de clase, por ello es que muchos militantes han caído como fruta madura en manos de los oligarcas y del imperialismo.
Para comprender a Marx, es de estudiar la Ideología Clásica Alemana, que es donde el joven Marx obtiene los presupuestos filosóficos para crear el Socialismo Científico. Después es de estudiar El Socialismo Utópico Francés, y enseguida nutrirse de La Economía Política Inglesa.
No hay que olvidarse de leer a Lenin, quien es el primer líder político que lleva a la práctica el marxismo, y para ser plural, si nos queda tiempo es de leer a Trostky y a Rosa Luxemburgo. Posteriormente a todo este sorprendente recorrido teórico, es de llevarlo a la práctica, no olvidando nuestra condición de clase. Si esto no se hace ¿Cómo podemos osar en llamarnos revolucionarios socialistas? Peor aún, ¿Cómo podemos hablar del Socialismo del Siglo XXI?
http://alimontoyaopinion.blogia.com
alimontoya_7@yahoo.com
[1] - “La izquierda llega al gobierno, pero no tiene el poder”. Eric Toussaint. www.rebelion.org
[2] - Ibíd.
[3] - Oscar Figuera. http://kaosenlared.net
[4] - “¿Existe una ética en Marx?”. Agustín Juárez. www.cepc.es
[5] - “Moral, Marxismo y ética en la URSS”. Graff, Salamanca 1968

Filosofía de la Salud

El Capitalismo, sus médicos y sus medicamentos
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía
Una sociedad enferma lucra, incluso, con las enfermedades

Mientras la salud (o las enfermedades) de los pueblos sean un negociado de mercachifles en el que estén prendidos como vampiros muchos laboratorios, universidades, instituciones gubernamentales, hospitales y médicos... mientras existan personas y pueblos enteros sin seguridad médica... mientras reinen los hábitos y las manías patológicas que inoculan las mafias publicitarias en contra de la salud pública... viviremos una injusticia monstruosa que se ha naturalizado como parte del decorado miserable de las sociedades divididas en clases. Todos los días, durante las madrugadas, las filas de personas a las puertas de los hospitales, en espera de una consulta, padecen listas enromes de violaciones a los derechos humanos mientras, por ejemplo, la industria farmacéutica (13 de los 20 más voraces) instalada en Puerto Rico, recibe beneficios fiscales caimánicos y mueve saludables fortunas en el orden de 60 000 millones de dólares.
El capitalismo entrena a los médicos, a las enfermeras y a los trabajadores de la salud como se entrena a un ejército de mercenarios vendedores de análisis cínicos, estudios diagnósticos, cirugías, medicamentos y terapias. Las materias y reflexiones humanísticas, la conciencia social, brillan fulgurosamente por su ausencia y precariedad. Les uniforman las cabezas con aspiraciones y sueños burgueses (estereotipados hasta las náuseas) para que exhiban impúdicamente su lealtad convenenciera a los negocios de dueños de los laboratorios que ya antes entrenaron a sus jefes. “Pfizer es actualmente la mayor compañía farmacéutica, y se reporta 45 mil millones de dólares de rentabilidad. Las empresas multinacionales entre ellas Glaxo Smith Kline, Merck & CO., Bristol-Myers Squibb, AstraZeneca, Aventis, Johnson & Johnson, Novartis, Wyeth y Eli Lilly, acapararon el 58,4% del mercado alrededor de 322 mil millones de dólares en ganancias”.1
Hay que ver los desplantes de prepotencia y petulancia que pasean muchos jefes de sección, de guardia, de departamento... en cada clínica, hospital o laboratorio frente a las enfermeras, los estudiantes y los trabajadores que deben aprender primordialmente a convertir su humillación en buenas calificaciones, diplomas, nombramientos especiales o premios... como la asistencia a congresos, la publicación de “papers” y los regalitos de los laboratorios. No nos asustan, ni silencian, los medicuchos que se envuelven con enjambres terminológicos y estadísticos par inmolarse en el reino de la erudición archi-especializada y donde no sólo no se aceptan las denuncias más obvias sino que éstas son vistas como desplantes de “mal gusto”. De esos bonzos demagogos, tecnócratas y burócratas, están repletas las academias y asociaciones de especialistas... y muchos hospitales. No todos, claro... claro. Pero. Muchos estudiantes son adiestrados con excelencia “técnica” para sustentar la servidumbre de clase que justifica el negocito y justifica también algunas dádivas de la filantropía médica que, con su ética mesiánica, beneficia a algunos pobres en hospitales para pobres y con burocracia para pobres.
¿Es esto muy exagerado?
Los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud suelen ser amaestrados para que adopten, como suyas y originales, ideas reaccionarias y conductas mediocres. Su heroicidad se reduce a ser serviles y mansos con el negocio y llevar al reino de su individualismo las glorias de las cuentas bancarias y los bienes terrenales. Su heroicidad tiene por alma mater una vanidad inmisericorde entrenada diariamente en el campo de concentración a que someten a sus “pacientes” y a los familiares de ellos. Muchos “doctorcitos” se hacen pagar su magnanimidad con agradecimientos eternos, y halagos, gracias a extorsionar a todo mundo con el viejo truco de regatear información, hablar con tono didáctico y condescendiente, jugar a que el tiempo nunca les alcanza y sacarse de la manga soluciones milagrosas. Muchas bajo el método de la escopeta... algún perdigón le pegará a la perdiz. Cuantos más medicamentos ensayen... mejores regalitos mandarán los laboratorios. Existe un ranquin internacional de premios en hoteles, líneas aéreas y merchandising variopinto. Lo aprenden los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud desde las primeras lecciones.
Sueñan con infectarnos la vida con saliva de burócratas serviles a la carnicería neoliberal son “doctores” de inoculados de epidemia usurera entre los mercados farmacéuticos caldo infecto de la demagogia neoliberal el peso de la miseria y el crimen, el hambre, el desempleo, la injusticia galopante. Nosotros lo pagamos. Ellos se autonombran “doctores” para esconder su prepotencia y suficiencia de ignorantes funcionales indolentes a la miseria, desnutrición, hospitales destruidos, escuelas desvencijadas, podredumbre y hediondez a diestra y siniestra. Depresión, mal humor, desesperanza, hartazgo, tristeza, melancolía rabia... furia... odio. Cansancio y soledad, trabajadores humillados. Ancianos victimados con indolencia... enfermos carcomidos por la burocracia. Los niños miran atónitos el futuro que les heredamos. Es una Monstruosidad. Vivimos infestados de negligencia. Los más pobres están más desprotegidos, no están bien alimentados, no pueden ir al doctor, imposible pagar medicamentos y en general no tienen posibilidad de atender su salud. No es poca cosa.
Nosotros sabemos que la guerra contra la medicina corrupta debe ser una guerra contra el capitalismo, también. El negocio de los laboratorios farmacológicos ha sacado una tajada monstruosa. Y no hemos visto lo peor. Sabemos que las corporaciones fabricantes de medicamentos son dueñas de la seguridad de miles o millones de personas. Reina el cinismo. Sabemos que la crisis sanitaria expresa la irracionalidad capitalista. Los monopolios imponen sus negocios como si fuesen políticas de salud e imponen condiciones de mercado para especular con medicamentos y precios. Son dueños de la salud de millones de seres humanos.
¿Y el pensamiento ético en materia de salud?
Está claro que la pachanga obscena de comerciar con las enfermedades, al alcanzar sumas millonarias en cualquier moneda, requiere gerentes gubernamentales encargados de legalizar la tranza e idear mecanismos creativos para sacarle más jugo a las víctimas. Por eso construyen hospitales cuyo sello de clase garantiza un modelo de consumo perfecto para el nivel de corrupción alcanzado por los “doctorcitos” y sus compinches. Por ejemplo construyen hospitales para consumir los mil y un productos que, encarecidos a precio de gobierno, mejor convengan a las empresas proveedoras; por ejemplo gastarán a manos llenas los impuestos de los pueblos para congraciarse con empresas fabricantes de aparatologías y artículos de toda índole, para, recurrentemente, tapizar la ruta de las entregas con diezmos a granel para los intermediarios; por ejemplo pondrán salas de espera, quirófanos, habitaciones, pasillos, oficinas y salas de urgencias... al servicio de la lógica “fordista” aplicada a la atención médica. Todo esto tributario de desentenderse rápido de los “pacientes” para que no engorden los gastos que pudieran amenazar la pachanga de las corruptelas. Hoy, en la obscenidad extrema del sistema de corrupción médica, los pacientes son obligados a llevar a los hospitales sus sábanas, tenedores, agua, vendas y bacinicas... no hay muchos médicos protestando por eso.
Muchos médicos, y sus compinches, gustan de celebrar cifras de eficiencia y atención a los pacientes. Se embriagan en estadísticas exitosas que desbordan gráficas powerpoint, libros, tratados y enciclopedias. Si cada página editada con guarismos triunfalistas implicara a una persona atendida con eficiencia... no habría crisis sanitaria en el mundo. Y la medicina habría dejado de ser una industria burguesa para ser un derecho socialista inalienable.
En la cúspide del alma mater en los médicos medicamentalizados (es decir con la mente puesta en ayudar a vender medicamentos muchos de ellos innecesarios) están los laboratorios farmacéuticos anudados todos en una red multinacional de inversionistas que, cómo en todo comercio, rigen sus tareas por las leyes capitalistas de la oferta y la demanda. ¿Nos sorprendería saber cuántas veces han inventado epidemias, pandemias y contagios para hacer circular millones de vacunas, jeringas, pastillas, cremas o ungüentos? La base material capitalista de esta industria mundial sustenta una cúspide ideológica -metodológica- vestida de “ciencia” en la que se han protocolizado operaciones técnicas con operaciones financieras donde los que ganan son los dueños del negociado. ¿Se ofenderán mucho con este retrato?
¿Es poco filosófico?
No son pocos los médicos que viven de mentir y de mentirse. Fabrican fantasías y explicaciones desopilantes para ganar la “confianza” de sus pacientes-clientes. Si hubiese una colección mundial sobre las fantasías inventadas por muchos médicos sobre el comportamiento del organismo humano, y su relación con los químicos prescritos, tendíamos una enciclopedia del horror monumental. La “filosofía” burguesa de la “industria de salud” ha producido durante su historia un monstruo insaciable enredado con las más deplorables anécdotas de corrupción e impunidad. Lo que menos les importa es la erradicación de las enfermedades porque tal cosa disminuye los ingresos farmacéuticos. No importa que muchos de los productos “médicos” (de quirófanos, farmacias, hotelería hospitalaria y toda la parafernalia) no tengan eficacia probada... lo importante es cubrir las metas mensuales en materia de ventas y cobros. Es esa su “filosofía” y punto.
Su “filosofía” no se compromete con una lucha efectiva contra las enfermedades que agobian a los trabajadores, lo que importa son las regalías y el secuestro de las patentes para gozar de exclusividad en el usufructo de una enfermedad y más si se vuelve epidemia. Sin importar (hay casos de infamias insondables) cuán tóxicas sean para las personas las medicinas, las operaciones o los tratamientos, ni sus consecuencias colaterales, las enfermedades asociadas ni la muerte (que el capitalismo también ha convertido en negocio)
Su “filosofía” también consiste en invertir millonadas, para esconder bajo el tapete, los planes de negocios relativos a la investigación que ellos llaman “científica”. No es el bien social lo que determina inversiones ni lo que determina las políticas sanitarias... es descarnadamente, la búsqueda de beneficios financieros privados para un puñado de monopolios alcahueteados por los gobiernos serviles. Si para eso hay que manipular y falsificar datos, si para eso hay que publicar revistas, organizar congresos y entregar “premios nobel”... no se detendrá una industria tan pesada. No tendrá pruritos metodológicos o morales, una industria deshonesta que se disfraza con la palabra Ciencia para esconder su “filosofía” de los negocios.
La lista de ligerezas y errores con que se maneja la fabricación industrial de medicamentos es enorme. Hay denuncias y debates que generalmente se esconden porque afean el panorama. La industria farmacéutica tiene controles sobre la inmensa mayoría de publicaciones especializadas y las revistas de divulgación científica. La industria farmacéutica gasta fortunas en publicidad y en regalos para sus médicos favoritos. Se trata de una dictadura del negocio farmacéutico.
Los médicos son la tercera causa de muerte en los EE.UU.: causan 250.000 muertes por año.2 No todos, claro, no todos.
¿Está todo tan mal?
Contamos con Cuba, por ejemplo. Algunas tareas indispensables para superar las patologías generadas por la industria médico-farmacéutica del capitalismo deberían pasar a estas horas por la expropiación, sin pago, y bajo control obrero, de todo el negociado obsceno que hoy deambula impunemente por el mundo. No hay alternativas. El capitalismo es un delito3 y una maquinaria infernal de producir crisis ecológica, enfermedad y muerte. A estas horas es preciso reformular todas nuestras concepciones teórico-metodológicas en materia de salud y de políticas socialistas de salud. Aprovechar los mejores logros, los que son realmente útiles y liberarlos de las garras del capitalismo. Reformular nuestras ideas y preconcepciones sobre el organismo humano sus interdependencias con la naturaleza toda, su desarrollo y su situación actual. Reformular la investigación científica y los principios mismos de la actividad médica adaptados a la realidad concreta y las urgencias de esta etapa. Transformar los modelos de enseñanza y la educación médica en todos sus niveles. A estas horas es inexcusable garantizar la salud y los servicios en condiciones que permitan soberanía política en políticas concretas, democracia médica revolucionaria, erradicación del rezago médico y de las enfermedades de la pobreza. Prevención socialista y planificación, educación y la cultura de la salud, empleo digno para los trabajadores de la seguridad social... afincar una Filosofía socialista de la salud que privilegie la vida digna como un derecho concreto e inalienable. Vincular el problema de la salud con la preservación de los ecosistemas. Garantizar condiciones materiales de existencia, justas y democráticas. Los más avanzados descubrimientos de la medicina no pueden ser propiedad privada de un puñado de capitalistas. El movimiento obrero debe exigir su nacionalización inmediata al lado de la nacionalización de los grandes bancos, los latifundios y los monopolios que someten nuestras vidas a la dictadura del Capital. Sólo una economía socialista planificada racionalmente podrá desarrollar la riqueza de los conocimientos en materia de salud para ponerlos realmente al servicio de la humanidad y su desarrollo. Eso será realmente curativo.
1 http://www.militante.org/medicinas-laboratorios-monopolios-y-nuestra-salud
2 http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_industryweapons02.htm
3 Antonio Salamanca http://www.aporrea.org/ideologia/a97634.html

Alienación, plusvalía ideológica, plusvalía sexual y represión sexual del capital

Manuel Sutherland
CEPRID

Algunos “cientistas” predicen la muerte de algunas categorías filosóficas que según ellos son puro gamelote. Entre ellas, la alienación es una recurrente víctima de quienes opinan que ese vocablo forma parte de un Marx joven aún hegeliano. Los que afirman esto (Althusser, por ejemplo) suelen tener epígonos que contemporáneamente se dedican a denostar de otras ideas interesantes como: plusvalía ideológica y plusvalía sexual. Se echan a reír con cualquier intento de abordar realidades que evidentemente están imbricadas en el modo de producción de la sociedad, pero que tienen connotaciones sensibles y particulares. Así, en este breve ensayo se intentan conciliar las determinaciones explicitadas en el título, con una perspectiva abiertamente materialista y dialéctica, sin caer en el tedio de las –como decía Lenin- palabrejas sapientes.
¿Es la alienación una ridiculez hegeliana de Marx o un fenómeno latente?
En el brillante trabajo de Israel Joachim, Teoría de la Alienación, se denota una larga lista de formas de presentación de la alienación. Nosotros partiremos de la más esencial y la que atañe al escrito, es decir, la alienación en la producción y la alienación del Eros.
La alienación principal, a grosso modo, se fundamenta en la sistemática separación de los productores directos (trabajadores) y sus medios (herramientas) y objetos de trabajo (tierra, agua etc.). Ese acto inicial, conlleva a derivaciones importantes como: la expropiación del fruto del trabajo propio y el divorcio entre el conocimiento del proceso productivo y el productor. Así, el trabajador despojado de bienes con los cuales pueda proveerse de satisfactores, es forzado, so pena de perecer de inanición, a venderse como una mercancía a quien lo desee explotar. De esa forma, la gente se enajena, se transfiere a otra por un período determinado de tiempo para que el “Jefe” disponga de su vida a plenitud y le ordene qué, cómo, dónde y cuando trabajar para beneficio del explotador.
Lo anterior se constituye como una sólida respuesta para explicar las razones de la deserción y el ausentismo laboral. Es a su vez una parte fundante (aparte de las míseros salarios) de la trágica pena en que se constituye el empleo en las sociedades de explotación. Por ello, la religión como defensor ideológico del status quo, suele decir que el Trabajo es el castigo de Dios en la tierra y claro, si viene de Dios lo único que queda es cargar la Cruz. Claro, la iglesia no es tan bruta y tiene capacidades para ajustarse al gusto de las nuevas clases dominantes. Cuando el trabajo en general y más aún el manual, era visto como una bazofia infamante por la nobleza, la iglesia le seguía el coro. Pero cuando el trabajo era bien visto por la burguesía, los inútiles clérigos salieron a corear que “dignificaba el hombre” e incluso en algunas opiniones papales se les “salió” el trabajo humano es la única fuente de valor.
Pero, esta relación de alienación en el trabajo y la alienación ideológica de aparatos apologistas del sistema no se queda allí; se traslada y difumina en el conjunto de relaciones que integran la totalidad social. Por ello, estas características vinculaciones alienantes son en gran parte las tocólogas de lo que a continuación esbozamos.
Plusvalía Ideológica (PI) una categoría con plena vigencia
Al borde de mis diferencias con ciertas frases de Ludovico donde, por ejemplo, ornamenta al oscurantismo Talibán y copia el infeliz absurdo de motear a la URSS como Socialimperialista, en su libro Contracultura, es de Perogrullo reconocer la dilucidación de la PI. El libro de Ludovico PI, fue editado en 1970 y trajo consigo una serie de novedades interesantes que por razones de espacio no abordaremos. Fernando Saldivia y Nelson Guzmán tienen trabajos interesantes acerca del tema, que a mi juicio se centra en matrimoniar la extracción de plusvalía en el lugar de trabajo, con la extracción de plusvalor en el plano de la adopción pasiva del sistema.
Ludovico explica que el reforzamiento en el plano ideológico del sistema es inconsciente y constituye el corazón significante de la PI. Esa PI es fácilmente vista en personas víctimas del capital que con desparpajo y de manera gratuita (no como los “expertos” tarifados que nos marean en la televisión) defienden vigorosamente la explotación (trabajo asalariado), la flexibilización del empleo (la precarización), la enajenación de los activos del estado (las privatizaciones) y la sacrosanta Propiedad Privada (a pesar de que no tienen más que sus cuerpos vociferantes). Esta “gente”, hace una propaganda inestimable a la opresión burguesa y se constituye como una feroz reserva de la burguesía en caso de un acto revolucionario que paradójicamente, venga a liberarlos de la expoliación.
Marx y Engels en su trabajo La Ideología Alemana explicaron un par de cosas con meridiana claridad: las ideas de la clase dominante son las ideas que se reproducen en la sociedad y el desarrollo de estos planteamientos se instituyen en cada ser como Falsa Conciencia, como falaz aproximación al real (es decir, científico) funcionamiento de la realidad. Eduardo Sartelli, en su maravillosa investigación La Cajita Infeliz, un viaje marxista a través de la historia, nos explica que la utilización con fines políticos de la falsa conciencia es lo que llamamos los marxistas: Ideología. Y es ideología porque partiendo de un miligramo de verdad, distorsiona de manera alevosa la realidad y las estrategias verídicas para su transformación. La propaganda y formación comunista no es ideológica, debe ser científica, porque amerita de investigar en las reales causas explicativas de los fenómenos. De esa forma el socialismo se hace ciencia.
Este trabajo impago para el reforzamiento ideológico del sistema de infortunios burgués nos lleva a otras áreas que el título principal nos asoma:
Plusvalía sexual o cuando la explotación llega a nuestras camas Hace poco fui parte de un motín subversivo por parte de unos alumnos que fungen como empleados del Instituto Venezolano del Seguro Social, a los cuáles yo les daba clases de finanzas. En efecto, ellos elaboraron una carta exigiendo mi despido por mis intentos de “ideologizar”, con mis jurásicas opiniones comunistas, las muy objetivas lecciones de finanzas. Así, ellos creen que las clases de finanzas son “imparciales” o libres de contenido político, aún cuando les revele algunos de los mecanismos de expoliación financiera. Así, la mayoría de la gente ve inversamente ideología donde no la hay (en el análisis científico, es decir, marxista de la realidad) y ven objetividad donde sólo hay ideología palurda y metafísica, verbigracia, la fraseología burguesa aplicada a la economía política.
Pero lo anterior no es un asunto de meros gaznápiros. El hombre y la mujer promedio llevan en sus hombros toneladas de ideología burguesa sin saberlo. Más aún, la reproducen a diario en TODAS sus relaciones al pasar por el filtro del “sentido común” que creen propio o al menos popular, pero que no es más que la falsa conciencia hecha cotidianidad. Como escribe Ludovico:”el capitalismo no suministra a sus hombres cualquier ideología, sino concretamente aquella que tiende a preservarlo, justificarlo y presentarlo como el mejor de los sistemas posibles”. Por ello, lo que nuestros sentidos captan en la realidad social es ideología burguesa que nos invita a aplaudir al opresor y a recibir de buen agrado los azotes del patrón enfurecido por nuestra “escasa” productividad. En las relaciones amorosas, familiares, sexuales y de todo tipo, nuestra venia capitalista rige nuestro comportamiento sin apenas nosotros percibirlo.
De lo anterior se deriva el término Plusvalía Sexual (PS), que he visto yo por primera vez, en un atrayente ensayo del mexicano Humberto Escobedo que lleva por nombre El capitalismo neurótico. En ese opúsculo, sucintamente se expresa que: “La energía sexual utilizada neuróticamente por los proletarios incrementa el capital y el poder autoritario de la moral sexual burguesa. A mayor miseria sexual de las masas, mayor riqueza para la moral sexual conservadora. Las clases dominantes han enriquecido su moral sexual con la extracción de ese excedente, esa plusvalía libidinosa, arrebatada a las masas sumisas y productoras de riquezas”
¿Hasta qué punto es cierto eso? Habría que hacer un estudio de la sexualidad al estilo Dr. Kinsey (pero marxista), o un psicoanálisis colectivo (con el perdón de los enemigos de Freud como Natalie) según nos sugiere Fernando Saldívia. Así las cosas, se podría elucubrar en relación al peso de la moral burguesa que recae sobre los trabajadores, pero que a su vez, es olímpicamente ignorada por sus propulsores. Aunque haya mucha gente que esquive ese lastre, la gran mayoría acepta la represión sexual, la persecución a la homosexualidad y el castigo a la imaginación sexual como naturales. Lo cual según Humberto es un peso que frustra y disminuye las capacidades subversivas y políticamente independientes de los trabajadores. Así, ese traslado de energía va a henchir el autoritarismo burgués en su rectoría de la sociedad, en detrimento de la capacidad política obrera y a favor de la aceptación apática de su destino de miseria.
La represión sexual en el capitalismo. El miedo y la desdicha se reflejan en todo.
La inmensa mayoría de personas son víctimas de la persecución y frustración sexual de las instituciones más castradoras del sistema capitalista: la escuela (construcción del Estado para educar en la alienación a los infantes), la iglesia y la familia (que aún siendo proletaria, arrastra la moral burguesa como un valor inmarcesible). Según el desarrollo de nuestro escrito, esa malhadada sexualidad, se refleja en acciones aprensivas o conservadoras a la hora de desafiar la expoliación que sufre la clase obrera en el sistema. Wilhelm Reich nos dice, que nada de lo explicado anteriormente es accidental. Sin caer en la delirante y absurda teoría de la Conspiración que enreda la esencia de la crisis sistémica del capital, podemos notar que como dice WR en La lucha sexual de los jóvenes: “la familia, [la iglesia] y la escuela, no son más que talleres del orden social burgués destinados a la fabricación de sujetos discretos y obedientes. El padre es el representante de las autoridades burguesas y del poder del Estado en familia” Exacto, la superestructura social indica que todo está hecho precisamente para esa deformación educativa.
Por ello, es normal que la exigencia de un padre comúnmente despótico: obediencia ciega, prohibición de la protesta, ausencia de opinión personal y represión; sea la copia acotada del abominable hostigamiento de los Estados donde una clase (que no trabaja) oprime a otra (que hace todo el trabajo que permite la reproducción de la vida). Así, desde el ámbito estadal se irrigan esas relaciones íntimas de explotación y violencia. De hecho, los episodios de violencia doméstica, devienen de las relaciones violentas en las cuáles se desenvuelve la sociedad en el proceso de producción de bienes y servicios.
Todo ese proceso de represión llevado al plano sexual, exige un enorme gasto de energía (psíquica y nerviosa) que eventualmente ocasiona trastornos vinculados al freno de pulsiones y deseos sexuales que pudieran desarrollarse, pero que son duramente castigados por la sociedad. Esto, es un factor de inhibición de la crítica, la actividad y el intelecto liberador. Por ello, el capital se esmera en castigar expresiones de autonomía sexual que puedan escurrirse de la mercantilización del Eros en el capitalismo.
La batalla por liberar (sobre todo en la pubertad) a la población de la moral burguesa, determina en buena parte las posibilidades de convertirse en un revolucionario consciente del papel histórico de la liberación del proletariado; o de ser militante de un partido socialdemócrata (liberal) o de transformarse en un espíritu indolente que divaga en la soledad del vacío de su castrada e inútil existencia. Luchar contra la moral burguesa es indispensable para la construcción de una verdadera humanidad. Es hora de echarle tierra a la reacción, para evitar que nos consuma.
Manuel Sutherland es miembro de la Asociación Latinoamericana de Economía Política Marxista (ALEM)
Fuente:http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article814

martes, 27 de abril de 2010

El Banquete platónico presentado, anotado y vertido al castellano por el traductor de Quine, Gramsci, Benjamin, Marx y Lukács (con un comentario tempe

Salvador López Arnal
Rebelión

“La traducción de El Banquete de Platón la trabajé muchísimo; es la traducción mía que [José María] Valverde ha elogiado más”, comentaba Sacristán en una conversación con Esteban Lines para La Vanguardia en diciembre de 1981 [1]. La traducción, añadía, la hizo con mucha calma. Dos años trabajó en ella. Le abonaron dos mil pesetas por su trabajo.
La evolución de sus preocupaciones teóricas, comentaba dos años más tarde en una conversación con Gabriel Vargas para la revista mexicana Dialéctica [2], no respondía exactamente a lo que se había visto obligado a hacer. El caso de la traducción era paradigmático: “[…] Estará feo decirlo, pero el hecho es que yo he traducido para comer. Bajo el franquismo estuve expulsado de la Universidad durante años, e incluso en los períodos en que trabajé en la Universidad, mi condición académica era económicamente muy mediocre, de modo que traduje e hice trabajo editorial para subsistir. Lo que pasa es que, al cabo de cierto tiempo de traducir, si uno cumple con plazos y criterios de calidad, puede tomar iniciativas: por ese camino pude llegar a practicar una modesta política de publicaciones, aunque sólo después de varios años de traducir todo lo que se pusiera por delante. Como la traducción es en España un trabajo mal pagado e inseguro, ocurre que casi nadie se profesionaliza en ella; los editores, cuando encuentran a una persona que de verdad se profesionaliza en traducir, acaban por concederle un cierto margen de iniciativa. A partir del momento en que me ocurrió eso, sí que pude seguir una línea consistente en difundir pensamiento socialista, principalmente de tradición marxista. Al mismo tiempo traduje bastante literatura lógica y epistemología, que responde a mi principal campo de trabajo en filosofía” [la cursiva es mía]
Sacristán empezó a traducir en torno a 1954, antes de su viaje al Instituto de lógica de Münster. El Banquete fue su segunda traducción publicada. La última, de 1983, fue la traducción de un trabajo de E. P. Thompson sobre el desarme nuclear. En este amplio arco, en estos casi 30 años, fueron unas 30.000 las páginas traducidas [3]. Del griego, del latín, del alemán, del francés, del italiano, del inglés y del catalán. Marx, Engels, Lukács, Gramsci, Quine, Adorno, Marcuse, Heller, Markús, Schumpeter, Abendroth, Korsch, Meinhof, Zeleny, Copleston, Fischer, Galbraith, Geymonat, Heine, Hull, Della Volpe, Mario Bunge,… son algunos de los autores por él traducidos. Más de cien libros en total. Entre ellos, El Capital, Filosofía de la Lógica, Historia y consciencia de clase, Historia del análisis económico, Anti-Dühring, Las raíces de la referencia, Historia general de las ciencias, Lógica combinatoria… y El Banquete”.
*
La palabra “banquete”, señalaba Sacristán en el vocabulario que cerraba su traducción, era una insatisfactoria traducción, pero acaso la mejor, de la palabra griega “symposion”, que significaba bebida en común. Como los syssitia, comidas en común, parecían haber tenido los symposia un origen religioso o político-civil. En la época clásica, el symposio era la “tertulia” ateniense:
“[…] la reunión para beber oyendo música o haciendo juegos de sociedad, o para beber hablando de temas más interesantes, si la reunión está formada por personas cultas (recuérdese las palabras de Eryxímaco al ordenar el banquete). Acaso a lo que más se parezca un “symposion” sea a la costumbre todavía viva entre los pueblos centroeuropeos de reunirse para beber según reglas, para embriagarse reglamentadamente, como hacen las sociedades estudiantiles alemanas, mientras los pueblos latinos se reúnen para charlar. Pero no debe olvidarse que el ateniense bebía el vino rebajado con agua -como también siguen haciendo los pueblos de cultura greco-latina. En el Banquete, y a pesar de tratarse de una fiesta muy señalada, sólo Alcibíades dice estar bebido”.
No fue ésta la única voz incorporada al vocabulario. Unas setenta formaban parte del glosario anexo. Asclepio, Ironía, Pericles, Atenea, Cronos, Dion, Demos, entre ellas. Además unas cincuenta notas de traductor a pie de página y su propio próloho para el diálogo.
La voz Dión de Siracusa, por ejemplo, era definida así en el glosario de la traducción: “Pariente y ministro de Dionisio I y Dionisio II de Siracusa; influido por Platón, le llamó para realizar en aquel principado las ideas políticas del fundador de la academia. Fracasado éste, también Dión tuvo que huir de Sicilia; pasó a Atenas, donde se convirtió en un completo platonista. Como fruto de una expedición militar, reconquistó Siracusa e intentó poner allí la utopía platónica. Fracasó de nuevo, ayudado por Platón, y fue asesinado por un correligionario en 354”.
De las notas a página, cabe citar aquí algunos ejemplos:
1. El Banquete (p. 88): “Cuando uno de esos hombres de alma divina, fecundo desde joven, llegada la edad, desea engendrar, procrear, busca, según creo, yendo también él de un lado a otro, la belleza en que engendrar, pues en lo feo no engendrará de ningún modo. Y como es fecundo, se aficionará más a los cuerpos hermosos que a los feos…”
MSL: Afirmación que Diótima no ha fundamentado. Agathón sí lo había hecho, pero de la afirmación de que el amor sólo engendra en belleza no sale, una vez introducida la división entre belleza corporal y del alma, que el amor del amor deba engendrar -ni siquiera pueda- en cuerpo bello.
2. El Banquete (p. 24): “Además de la justicia, el Amor participa de la mayor templanza. Se suele admitir que la templanza consiste en dominar placeres y deseos. Por otra parte, también se admite que no hay ningún placer más poderoso que el amor; si pues los demás placeres, como inferiores, vienen dominados por el amor, que así impera sobre placeres y deseos, el amor será indudablemente de una suma templanza”
MSL: Agathón muestra aquí un rasgo importante de la enseñanza de los sofistas retóricos: hablar por hablar con gracia externa, afirmando lo que se quiera sin la menor preocupación por su fundamento, pues no es verosímil que Agathón sentara la ristra de sofismas que aquí encuentra su culminación creyéndolos fundamentados”.
Una nota previa a la segunda edición de la traducción editada por Icaria en 1982 daba cuenta de los principales destinatarios de la edición del diálogo:
“La primera edición (1956) de ese volumen llevaba una nota preliminar en la que se decía, entre otras cosas: “La presente traducción querría ser una introducción a la lectura de Platón. Con eso se determina a sí misma un público relativamente caracterizado; a las circunstancias de éste pretenden corresponder:
1. Las características del prólogo (...)
2. El haber añadido a la versión un breve vocabulario de términos filosóficos, mitológicos e históricos”.
Esta segunda edición revisada se dirige también a estudiantes de enseñanza media. Precisamente ha sido sugerida por profesores de ese ámbito, a los que agradezco su interés”
Entre otros, por profesores como Pere de la Fuente, Francisco Tauste o María Rosa Borràs.
Una aproximación al discípulo de Sócrates abría los primeros compases del prólogo del diálogo traducido:
“Platón nació en Atenas (o en Egina, pero más probablemente en aquella ciudad, en la que se encontraba en su juventud) el año 429, 428 o 427 antes de nuestra era, de una familia noble ateniense, a la que la tradición hace descendiente del antiguo rey Codro. Sus abuelos contemplaron, pues, probablemente la revolución de Clístenes (508 antes de n. e.) que llevó al poder a las clases medias atenienses, a la victoria definitiva en la lucha que sostuvieron durante más de un siglo (desde el fracaso del golpe de estado de Cylón en 630) contra la aristocracia poseedora de la tierra ática. El mismo Platón pudo asistir al último intento de la aristocracia por recuperar el poder en Atenas: el gobierno de los Treinta Tiranos (404-403), el más radical de los cuales -Critias- era pariente suyo.
Cuando fracasa la restauración aristocrática de los Treinta, llegados al poder con la ayuda de un estado -Esparta- en la que no había tenido lugar nada parecido a la victoria de las clases medias de Atenas, Platón pertenece ya al círculo de Sócrates y se ha apartado de toda actividad no filosófica. Durante toda su vida, sin embargo, quedaran en él dos rasgos de su origen social y de la situación política de la nobleza ateniense: el sentido aristocratizante de su pensamiento y su entusiasmo por las formas de vida y gobierno espartanas. Antes de serlo de Sócrates, Platón había sido discípulo de Cratilo, el heraclíteo. Su primera formación filosófica tiene, pues, lugar en el ámbito de la cosmología de la época.
La entrada en el círculo de Sócrates (Platón tendría entonces unos 20 años) tiene que haber sido para el joven filósofo el acontecimiento más importante de su vida intelectual. Platón vio y asimiló de Sócrates lo que la cosmología de su época no podía proporcionarle: el ideal científico de la definición exacta y la corrección lógica en el discurso (...) Con excepción de la serie de viajes realizados entre 399 y 388, a raíz de la condena y muerte de Sócrates, y de los viajes a Sicilia (...), Platón permaneció toda su vida en Atenas, enseñando en la Academia fundada por él en torno a 387. Murió en esa ciudad el año 347 antes de n. e.”
La teoría de las formas era presentada y comentada en los términos siguientes:
“[…] Aristóteles ha señalado el origen socrático de la preocupación por definir bien, colocando a Sócrates en la Historia de la Filosofía como el fundador de la teoría del concepto. Pero Platón -tal vez acaso ya Sócrates- ha rebasado notoriamente el marco científico prudente que Aristóteles señala a la filosofía socrática al calificarla fundamentalmente como teoría de la definición (Metafísica, 987b). Al definir, en efecto, un concepto, se hace necesario prescindir de muchas características de los objetos que diferencian a éstos de otros con los que tienen, por otra parte, una fundamental similitud, que es la que el concepto recoge y establece como fruto de la abstracción. Pues bien: el elemento decisivo del pensamiento platónico consiste en ver en lo que de semejante tienen las cosas semejantes, en el producto de la abstracción -en la blancura, por ejemplo, de las cosas blancas- la auténtica realidad. Esos productos de la abstracción son llamados por Platón “aspectos” o “formas”, en griego “ideas”: de aquí el nombre de “idealismo” con que el sistema platónico ha pasado a la Historia de la Filosofía. Características importantes del sistema y que hay que añadir a esta tesis fundamental son:
1. Las ideas existen en sí y las cosas participan de ellas -participación cuyo modo queda indicado vagamente (como en Banquete, 211 b) o bien, es definido como imitación (Parménides, 132 c-d).
2. Las ideas forman un mundo jerárquico, presidido por la idea de “Bien” (República, 508 c).
En el Parménides y en los diálogos que le siguen, así como en las enseñanzas “no escritas” de Platón -de las que da testimonio Aristóteles(Física, 209 b)-, tiene lugar una revisión profunda del sistema, cuyos frutos no son ni tan conocidos ni tan importantes en la Historia de la Filosofía como la formulación clásica aludida.
Pocos sistemas merecen tan plenamente como el platónico el nombre de “metafísica”: la propia teoría de la realidad consiste fundamentalmente en el Platón clásico en una negación del carácter real de la realidad -como mero reflejo de otra- y en la atribución del auténtico ser a entidades que están “más allá” de la realidad, a la otra realidad, que es la propia, y que es ideal.
El tratamiento de la “meta-realidad”, de lo que está “más allá” de la realidad, cristaliza en las obras de la vejez de Platón en una teología. Esa teología tiene precedentes en obras anteriores (especialmente en la República, en la que se predican de Dios los atributos de perfección e inmutabilidad) pero un intento de demostración de la existencia de Dios sólo aparece propiamente en las Leyes (886 y siguientes). Los argumentos utilizados son los que luego la tradición tomista designará como “del movimiento” y “del orden”. Más íntimamente platónico es un argumento de cariz animista que se encuentra también en las Leyes (892), en el que se atribuye a las almas el ser causa de todo movimiento, siendo Dios una especie de alma originaria”.
El Banquete aparecía en todas las cronologías, señalaba Sacristán, como un diálogo del período medio, “del período en que Platón ha elaborado ya el sistema por virtud del cual es considerado un filósofo clásico, y no ha percibido o tratado todavía las dificultades fundamentales, los puntos críticos del mismo (lo que ocurre probablemente a partir del Parménides)”.
Aparte de los motivos formales para considerarlo así, en especial los datos estilométricos, destacaba Sacristán, existían dos razones de fondo que justificaban ese criterio:
“1ª. El Banquete presupone (sin tratarla) la teoría de las ideas, que subyace a toda la explicación sobre el “camino del amor”.
2ª. El Banquete parece ser una aplicación de esa teoría, hecha para “legos”, para personas alejadas de preocupaciones filosóficas. Esa intención supone en su autor la confianza en un sistema ya cristalizado.
El tema explícito del Banquete -el amor- es acaso lo de menos. De lo que parece tratarse substancialmente es de un tema metodológico y educativo: el tema metodológico se desarrolla mediante la confrontación de unos discursos (sobre el amor), ajenos a la ciencia platónica, con otro (el de Sócrates-Diótima) que si no desarrolla esa ciencia, por lo menos la presupone y aplica. Y la aplica con fines pedagógicos, con el objeto de promover una “recta opinión” en las personas que escuchan a Sócrates y con el de establecer la naturaleza educativa del amor como fuerza que conduce al conocimiento de la idea “Belleza”.
Esta interpretación del Banquete se expresa con más prolijidad en el esquema que damos a continuación...”
En cuanto a la antropología, Sacristán señalaba conexiones de la tesis platónicas con el pensamiento oriental:
“[…] Sea como sea, un punto parece estar claro: que el desarrollo de la psicología platónica y el de su antropología sólo son explicables admitiendo una conexión de Platón con el pensamiento ocultista de origen oriental. En violenta ruptura con la tradición griega -según demostró la obra clásica de Rohde- Platón define al hombre por una alma espiritual en sentido moderno y desarrolla con mucha vaguedad, es cierto, una teoría de la inmortalidad del alma, la cual se encuentra fundamentalmente en el Fedón.
Los argumentos en favor de la preexistencia y de la supervivencia del alma al cuerpo -sin venir nunca basados en una previa demostración de la existencia del alma- parten de la afirmación de una heterogeneidad absoluta e irreductible entre ella y el cuerpo. El más importante de los argumentos platónicos es el que se basa en la semejanza del alma con las ideas, a las que es capaz de conocer. De esa capacidad infiere Platón la semejanza y de la semejanza, la indestructibilidad del alma, ya que las ideas son imperecederas. (En el Fedón ese esquema argumental presenta dos formulaciones clásicas: el llamado “argumento de la reminiscencia” -72e a 77a- y la asimilación del alma a la idea “Vida” -105b a 107a-; otra formulación en República, 608c a 611a).
La doctrina se completa con la creencia pitagórica en el juicio del alma después de la vida del cuerpo”
Sobre la lectura y características de la obra dialógica de Platón, apuntaba Sacristán:
“La obra platónica escrita no es obra científica. Se ha aludido ya al testimonio de Aristóteles, según el cual la labor científica y pedagógica de la Academia se basaba -por lo menos en la última época de la vida de Platón- en "principios no escritos". Todo lleva a admitir que los "diálogos" platónicos son literatura para el público común, "mimos" u obras teatrales, como apunta Aristóteles con su habitual agudeza (Poética,1447b). En nuestro lenguaje moderno, podría decirse que los diálogos platónicos son teatro de tesis para leer, no para representar. Admitiendo este punto de vista, el problema que plantean las contradicciones señalables en la obra escrita de Platón pierde mucho de su virulencia, a la par que resulta mejor leíble el texto platónico más problemático, el Parménides.”
Sacristán sostenía que quien deseara penetrar en el pensamiento platónico no debía emprender una lectura sistemática de los diálogos sin tener conciencia del problema de su colocación cronológica.
En el apartado “Esquema de la composición y del contenido del Banquete” del Prólogo, Sacristán presentaba, esquematizaba y comentaba críticamente los discursos de los participantes, con especial atención, como no podia ser de otro modo, al discurso de Sócrates.
PS: Uno de los pasos de Años de penitencia de Carlos Barral a los que se refiere Sacristán en la carta que a continuación se reproduce, dice así: “[...] Recuerdo que [Sacristán], en una tertulia de domingo en el bar Club, el bar de la Universidad en domingo, a propósito de las almas húmedas y las almas secas, creyó conveniente citar a Heráclito. Se sacó de un folder la edición de los Fragmentos de los presocráticos que todos conocíamos y leyó demoradamente su cita, tras excusarse de su lentitud en el hecho de que traducía directamente no sé si del alemán o del griego, que para el caso es lo mismo, porque todos sabíamos que el libro no contenía otra lengua que el castellano de Indias. Pero, métodos aparte, era muy inteligente y sabía, de sus cosas, mucho más que la mayoría de nosotros. De sus cosas, sobre todo; sus excursos al terreno literario eran más bien irritantes. En eso se definía como un verdadero filósofo. ¡Ah, maestro!” (Memorias, p. 224). Igualmente, este paso de Barral de la página 286 de sus Memorias: “(…) Otro personaje notable de aquellos meses era el capitán Parejo. Era el capitán de mi compañía, pero estaba en situación de semiexcedencia, practicando una cura de alcoholismo en el manicomio de Sant Boi, de modo que se le veía de vez en cuando. Rarísimo tipo, era licenciado en exactas y leía filosofía griega en el texto original. Pero de veras, no como Sacristán” [la cursiva es mía]
El 18 de abril de 1975, Sacristán escribía a Manuel Edreira disolviendo sus posibles dudas:
“Apreciado amigo,
en su libro recientemente publicado Años de penitencia, Carlos Barral dice repetidamente que yo no sabia griego por los años en que preparé para usted una edición del Banquete de Platón. Tengo interés en afirmarle por escrito que Carlos Barral se equivoca y, en particular, que la traducción del Banquete que le entregué y que usted publicó es realmente mía y de verdad lo es directa del griego. Con amistad, Manuel Sacristán. Diagonal, 527 4º2ª”
No dijo más Sacristán sobre el comentario o las observaciones de Barral en sus Memoras. Y, según creo, nunca habló nada directamente con el que fuera, pocos años después, senador real, senador por designación de la realeza queremos decir.
Notas:
[1] Esteban Lines, “Manuel Sacristán sobre el oficio de traductor”. La Vanguardia, 8 de diciembre de 1981, p. 39.
[2] “Manuel Sacristán habla con Dialéctica”. En De la Primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón. Los Libros de la Catarata, Madrid, 2004, pp. 149-150 (edición de Francisco Fernández Buey y Salvador López Arnal)
[3] El cálculo ha siro realizado por Albert Domingo Curto.
Anexo.
De uno de los ficheros depositados en Reserva, estas notas de Sacristán sobre los siguientes diálogos de Platón.
Cármides.
La ciencia de la ciencia, ¿es la teoría del conocimiento o la metafísica?.170a-172a: en el desarrollo están contenidos incluso temas cartesianos. “Pues “la ciencia de la ciencia” sólo sabe qué es ciencia y qué es ignorancia. Y, cuando se tiene una ciencia, “la ciencia de la ciencia” sólo hace saber que eso que se sabe se sabe y que es una ciencia, pero no enseña esa ciencia”. Podría leerlo Schlick.
Medicina psicosomática: la enfermedad radical es la del alma (156d-157c).
Alcibíades.
“Define” el mínimo de “acuerdo” (que vale como “ley”) liberal, el cual debe dejar fuera, irregulado, aquello que no necesita ser uniforme en la sociedad: 126 b-e.
Critón.
La rigidez de Sócrates para consigo mismo, en contraste con su disgusto por la rigidez de Euthyfrón contra su padre, es como la parábola de la mujer adúltera (46b).
Traduciendo “justicia” por “perfección” (en el lenguaje de Cristo), la razón socrática es la misma que la de Cristo. Con la diferencia -quizás- de que en Cristo el mandato de perfección es un mandato de deificación, mientras que en Sócrates el mandato de justicia parece proceder de una intuición directa de la justicia o de un imperativo (49b).
. Antinomia moral-religión (49 d). El rigor de las leyes en la “prosopopeya” en contraste con Alcibiades, 126 b-e. da el esquema del liberalismo formalista a lo Kelsen.
Euthyfrón.
Para justificar su piedad -perseguir al impío- Euthyfrón recurre al dogma. Pasa, pues, del sentimiento (la piedad) o valor (hosiotes) al dogma. Y Platón va a deshacer esa definición de la piedad o santidad por un dogma (5d-6c).
Gorgias.
Idea de ciencia. Comentable positivistamente (454d-e). Esta es la cara de la medalla, cuyo reverso es la frase final del Tractatus de Wittgenstein.
. Idea de política (464b-465a). En todo caso, este trozo formula el problema de la fundamentación de la ciencia política. ¿Cuál va a ser el logos que va a permitir suministrar lo político, diciendo y sabiendo opa atta thn jusin estin, y sus causas?
472 a-b: contra el fariseísmo.
. Bello, bueno y malo. Podría afirmarse que todo el desarrollo arranca de una intuición del valor kalon por Caliclés en 474a. Pero también podría sostenerse que no hay tan intuición, sino una definición del término kalón.
480a-e: Derecho penal. 481 c: La filosofía. Lema para un repaso de Platón: 498e. Utilización de los deseos: 503c. 504b: el para qué de la utilización: táxis y kósmos. 504d: táxis y kósmos, que para el alma son justicia.
506d-e: fundamento antropológico de la ética: concepto ontológico (y, por ende, antropológico) del bien moral en Platón. Bueno y útil o conveniente y perfeccionador se funden en el bien “moral” platónico. Unidad de las virtudes: 507 a-c. Geometría: 507e-508a. La misión del político: 517 b-c. El tema del “conocimiento auténtico”: en 513c se dice que el mensaje socrático tenía realmente escaso efecto. El no ser más que palabras poco convincentes era to twn pollwn padoz de la protréptica y del elenco socráticos. Sin embargo, la doctrina de Sócrates era para él, Platón, una verdad incendiaria, la verdad que transforma la vida. Heráclito habla de que los hombres, cuando carecen de cierta fe luminosa, se hacen ciegos a lo que conocen. Y en otro lugar habla de los que conociendo no conocen. Esto es lo de San Juan, 1, 10. Y acaso el credo ut intelligam.
Es la expresión de San Juan el reproche es más patético que en los otros textos. Pero la cosa es la misma: una especial sensibilidad cognoscitiva se enfrenta en estos textos con quienes carecen de ella.
La transmigración como postulado de la ética de la personalidad buena o perfecta: 525a-c. Primero está la moral que la política, puesto que ésta trata de mejorar a los demás (527c-e).
Hipias elaton.
En el diálogo existe ya la idea -importante para la cuestión del principio del llamado “intelectualismo ético”- de que el valor está determinado por las cualidades del alma “dunatotéra” y “ámeinom”. Todo esto está lejos de la moral casuista del libre albedrío. Es ya, en germen, una moral de la excelencia del alma. Luego será una moral del “Bien”.
Ion.
Incluido por Trasilo en la séptima tetralogía, procedido de los dos Hippias y seguido del Menexeno. K. Prächter lo coloca entre los “Jugendschriften” [escritos de juventud], precedido de la Apología, Critón y Protágoras. P. Friedländer lo pone entre las obras del período de “Aufstieg”[progresión], precedido del Protágoras, Laques, Politeia I, Cármides, Eutyfron, Lysis, Hippias I, Hipparcos. U. v. Wilamowiz lo coloca como primer diálogo platónico, inaugurando el grupo de los “Schriften vor dem Tod des Sokrates” Esquema: I. Exposición fáctica del modo de conocimiento de los rapsodas. II. Exposición fáctica del modo de conocer de los científicos. III. Caracterización negativa del conocimiento de los rapsodas. La crítica incluye una cierta determinación positiva del modo de conocimiento científico. IV. Caracterización positiva del conocimiento rapsódico y del poético. V. Sobre el modo de comprensión de la poesía, su exégesis y su comunicación, definidas como modos de conocimiento esencialmente idénticos al poético mismo.
Me parece máximamente aceptable la hipótesis de Wilamowitz. Ningún pensamiento es preciso en el Ion, si no es el postulado de una ciencia rigurosa. Y éste es un tema inicial en Platón.
La concepción del conocimiento poético-rapsódico como inspiración divina señala la temprana aparición de un tema constante en Platón. Y aquí el tema es totalmente religioso. Desde los comienzos está fuera de duda el carácter y los móviles religiosos de la especulación platónica, que como tendencia, se marca ya en el Ion como religión que busca una teología.
Windelband considera al Ion como un diálogo de madurez, con Menexeno, Fedro, Politeia. Le perece de dudosa autenticidad.
Lysis.
El accidente en Platón: 217 c-e. Con muchísimo más positivismo que el Aristóteles de la tradición, se dilucida aquí una cuestión lógico-sintáctica: en determinados casos, un atributo puede ser predicado del sujeto, teniendo la cópula un sentido de plena (?); en otros no. ¿Distinciones modales?
En una distinción de 217 d está preparando el juego de distinciones con que se incia las categorías.
Laques.
190c: Sócrates opina que lo correcto es preguntarse primero por una virtud en concreto y luego sobre la virtud en general. 191 c-e dice lo mismo respecto de la andreia en particular. De modo que hay todo un proceso de abstracción o generalización o reducción completo.
En Cármides y Laques habría que estudiar el uso del adjetivo kala en su relación con agaqd .
194 a-b: Filosofía y lenguaje. La “caza” es la expresión del pensamiento.
La ciencia no se refiere al pasado, al presente ni al futuro: 198d-199a.
Protágoras.
Felicidad y bondad: 313 a. Política y pedagogía: 319a. La democracia como ideal, o la política como pedagogía: 322 b-d. Esta es la posición socrática que él mismo (?) al final del diálogo. Ya Protágoras le contestará que todo el mundo tiene que conocer esa ciencia. Yo leo el trozo como un logos independiente que describe un hecho. Y luego veo en él las dos consecuencias implicadas (en el fondo, una sola) del rótulo que le he puesto.
La pena: 324a-c.
Argumento contra la multiplicidad de la virtud, que utiliza nombres indeterminados de los que Aristóteles rechaza en el Peri Hermeneias. 330a-331b.
326b. Trozo de mucho interés: a) por intelectualismo ético. b) Porque muestra que, para Platón, el mal que juega el papel de la ética vulgar no intelectualista es el mal anecdótico, no el mal en sí. Yo traduciría: “pues éste es el único sucedido malo: perder la ciencia; el hombre malo, por su parte, no puede volverse malo, pues lo es siempre”.
El mal moral, el “pecado”, la “falta” concreta, es la pérdida de la ciencia. Entonces, el no tener ciencia por no haberla tenido nunca no es una falta moral, sino óntica. Y así la incapacidad moral para la bondad es deficiencia óntica. Malo en sentido propio sólo es lo ontológicamente deficitario.
345b-c. Las cinco virtudes del Protágoras.
349b. Ciencia y acción. La virtud es una ciencia. Exposición del error moral, del “pecado”, de la “falta” concreta, que antes hemos visto como pérdida de la ciencia (y aquí se presenta, más precisamente, como fallo de la ciencia, o como ciencia incompleta).
Otro problema del trozo: ¿cuál es la cantidad en bien y mal? Mi contestación sería: la determinada por la antropología, u ontología de la persona. Pero la lectura axiológica de Platón (diversa de la mía) podría fundamentarse en 355d.
Menón.
Para el concepto de útil. 77d-e.
Croiset habla en nota de “la confusión entre les notions de mal et de mauvais”. La supuesta confusión entre malo-perjudicial (adjetivo) y mal-perjuicio (sustantivo) no es un lapsus o argucia de Platón, sino una tesis central en su sistema, en su ética ontológica: malo es el mal y todo lo malo es una forma del mal, porque el mal es la deficiencia ontológica y todo lo malo es causa o efecto de deficiencia ontológica.
El problema del conocimiento y su ruptura mística (?): teoría de la reminiscencia. 80d-81e.
Bueno y útil: 87e.
Virtud y ciencia: a) primero, argumentación de que la virtud es ciencia. Luego, repudiación de la tesis, para ir pasando a la tesis final de que la virtud es un favor divino. b) Mi lectura: la virtud es a´) como ejercicio para conseguir la virtud, es ciencia; b´) la virtud plena conseguida es el bien moral, la plenitud ontológica del sujeto moral, de acuerdo con la ética platónica. Aquí ya no hay ciencia, conocimiento que regula el ejercicio; hay pleno estado ontológico no sólo mental (como la ciencia). Esta plenitud ontológica es el don divino. 87c-98c. Y luego, breve recapitulación en 98c-99d.

domingo, 25 de abril de 2010

Mario Bunge

Jordi Soler Alomà
Rebelión

"En este artículo voy a criticar, con gran pesar, a un amigo intelectual al que admiro con toda mi alma y a quien considero el mejor filósofo de la ciencia de todos los tiempos: Mario Bunge, porque soy más amigo de la verdad que de él. (Aristóteles dijo en griego, aunque se cite en latín, Amicus Plato, sed magis amica veritas, que significa “soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad” a mi no me queda más remedio que ser más amigo de la verdad que de Bunge).Coincido con Mario Bunge en todo su arduo peregrinaje iconoclasta, durante el cual, con gran autoridad y magisterio, desenmascara impostores y proyecta poderosos haces de luz a través de las tinieblas de la pseudofilosofía y la pseudociencia.
Llega un momento, empero, en que ya no puedo seguir al lado del maestro; en este punto del camino hay un cartel con el rótulo “MARX”, y una bifurcación con dos indicadores, uno para el lado izquierdo donde pone “Lectores de Marx” y otro para el lado derecho con el rótulo “Opinantes sobre Marx”. Yo tomo el sendero de la izquierda, mientras que Bunge toma el mejor pavimentado camino de la derecha.
Realicé mi tesis doctoral sobre el concepto más problemático del denso y profundo pensamiento de Karl Marx: el concepto de alienación. Me vi obligado, por lo tanto, a estudiar la voluminosa producción intelectual de Marx, y a analizar la extensísima bibliografía existente sobre el genial pensador. Por consiguiente, creo que tengo permiso para hablar de Marx y de marxismo con conocimiento de causa.
Es sabido que Marx, en vista de las especies que algunos de sus seguidores (entre los cuales se hallaban sus dos yernos) propalaban como marxismo, espetó la célebre frase “¡yo no soy marxista!” Pues bien, a través de mi fatigoso análisis pude comprobar que, efectivamente, el pensamiento de Marx y el marxismo son dos cosas distintas, que raramente coinciden y que en algunas ocasiones incluso llegan a ser opuestas. A algunos escritores marxistas se les ve a la legua que no han leído ni siquiera el primer tomo de Das Kapital, la obra más importante de Marx, y en otros es vergonzosamente evidente que no han leído directamente a Marx, sino obras de autores que han escrito sobre él. En la época en que ser marxista confería un cierto prestigio había mucho “intelectual marxista”. Algunos de ellos ahora son neocons o socialdemócratas (todos nadan en la misma charca).
El amigo Bunge, que es tan sutil a la hora de expulsar del templo de la ciencia a los mercaderes de la pseudociencia (Jun, Freud & Co), y tan fino a la hora de distinguir lo que es verdadero pensamiento filosófico de lo que no es más que charlatanería de feria (Feyerabend, Heidegger & Co) no es capaz de distinguir entre el pensamiento de Marx y el marxismo, a los que mete en el mismo saco. No sólo eso: atribuye a Marx doctrinas parafilosóficas que no son suyas (como el materialismo dialéctico, un invento del marxismo leninismo mal cocinado a partir de ciertos esbozos de Engels, y que es una asignatura pendiente de la filosofía, que no ha sabido dar cuenta cabal del mismo).
Cuando Mario Bunge se refiere a Marx, lo hace desde su pedestal de filósofo científico que está por encima de todo, tratando a Marx como “perro muerto”, tal como hicieron en su tiempo con Hegel, cosa que provocó las protestas de Marx (quien no obstante fue su crítico más profundo).
La actitud que tiene Bunge hacia Marx proviene del hecho de que, al contrario que su admirado colega Piaget, es alérgico a la dialéctica, y por ello no se puede enfrentar sin prejuicios a la obra de Marx, porque toda ella transpira dialéctica. Parece ser que para Bunge, todo lo que no se pueda poner en forma matemática, no es científico, y si no es científico, no tiene interés alguno. Bunge no puede admitir que la dialéctica es la lógica (el logos) del movimiento de lo viviente y de lo pensante: para él sólo existe la lógica matemática, y no soporta que la dialéctica soslaye el sagrado dogma del principio de no contradicción. La física (especialidad de Bunge) no puede explicar procesos como el movimiento del pensamiento (por ejemplo cuando abstrae de lo concreto para volver a concretarlo sobre una base conceptual); como máximo, y con la ayuda de la química y de la neurología, puede averiguar los intercambios intersinápticos que envuelve este hecho y en qué partes del cerebro predomina la actividad neuronal. Este proceso, según Marx y Piaget, es dialéctico.
Pero, si bien le podemos perdonar a Bunge el pecado de no comulgar con la dialéctica (la cual, a pesar suyo, usa sistemáticamente a lo largo de toda su obra) no le podemos pasar por alto la superficialidad y la soberbia con la que trata al pensador más importante de todos los tiempos, a quien a veces cae en la bajeza de atacar en lo personal (indirectamente lo hizo en un artículo publicado recientemente en Rebelión, cuando lo acusa de publicar artículos de Engels bajo su firma; si no sabe por qué motivo sucedió eso, lo mejor es callarse, y si lo sabe, es una impostura indigna de un sabio; en ambos casos es una falacia, y las falacias se usan a falta de argumentos sólidos).
En el artículo “Del mal metafísico al bien público” ( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100105) escribe Bunge
“Recordemos dos casos que, aunque muy diferentes, se parecen en que ponen en evidencia la necesidad de construir una visión inteligente del porvenir en lugar de dejarse arrastrar por la corriente o de escuchar los llamados de individuos aquejados de mal metafísico… El primer caso es el de los autores de las dos revoluciones rusas de 1917. La primera fracasó porque los socialistas de Kerensky no ofrecieron lo que quería la gente: paz y pan. La segunda revolución, encabezada por Lenin, no fue guiada sino por dos objetivos: la paz y el desmantelamiento del orden semifeudal. Los bolcheviques no tenían una visión de la nueva sociedad porque creían que ella vendría espontáneamente. Siguiendo a Marx [y Engels], creían que planear el futuro era sueño utópico.”
¿Así que “siguiendo a Marx”? ¿Dónde dijo Marx que no había que planificar la sociedad del futuro? ¿No dijo Marx que sin una buena teoría no puede haber una buena práctica? ¿Si la práctica es la revolución la teoría no involucra el nuevo modelo de sociedad, es decir, el sentido de la revolución? Precisamente durante el establecimiento de la Comuna de París lo que más preocupaba a Marx era que no había un diseño claro del nuevo modelo y que todo debía irse improvisando (así y todo, fue el momento histórico más democrático que ha vivido Francia). Bunge sólo tiene razón en que los bolcheviques no habían diseñado el nuevo modelo, pero es falso que fueran tan ingenuos como para creer que la nueva sociedad vendría espontáneamente (“siguiendo a Marx i Engels”). ¡Che, Mario, no seás tan boludo, viejo!
En su obra “La relación entre filosofía y sociología” escribe, en la página 25 (EDAF), que Marx, por culpa de su adhesión a su héroe Hegel (sic), no aportó ninguna nueva técnica a la filosofía. En primer lugar, si Hegel tuvo un crítico radical, objetivo y contundente después de Feuerbach este fue Marx. No fue la “adhesión a su héroe” lo que le impidió a Marx penetrar en la esencia de la mercancía; su eficaz y original enfoque dialéctico al efectuar el análisis constituye una nueva metodología y, por tanto, un aporte histórico no sólo a la filosofía sino también a la ciencia. Además: si bien la técnica de abstraer del contexto, que Marx también aplicó al análisis de la mercancía, ya vigía desde la época de los griegos (y es un proceso fundamental en todas las ciencias que matematizan), Marx innovó también al aportar la técnica para investigar en lo a priori, que otros filósofos sólo habían nombrado e imaginado como algo muy elemental, para poner de manifiesto todo lo dado por supuesto, desvelar las reglas del juego que ya encontramos de antemano como preestablecidas y que nunca nos cuestionamos porque el hecho de no cuestionárselas forma parte del juego. Esto le permite desentrañar la esencia más escondida: la del dinero (que es el valor, una relación social “cosificada”), contribuyendo por lo tanto a poner en evidencia en qué consiste lo que Aristóteles veía como la causa de todos los males de la sociedad. Marx descubrió que lo a priori es mucho más complejo de lo que se había imaginado por ejemplo Kant, y demostró que nuestra práctica diaria está llena de juicios sintéticos a priori dialécticos, de los cuales no somos conscientes.
Más adelante [p. 31] Bunge acusa a Marx de concebir el individuo como un elemento pasivo en una red que lo controla. En primer lugar, va de suyo que si Marx hubiera creído eso no se hubiera molestado en escribir sobre la revolución, la cual supone un papel activo y consciente del individuo (la revolución es un proceso objetivo y subjetivo). Por otro lado, tampoco habría afirmado que la teoría se convierte en una fuerza material cuando es asimilada por la gente (“cuando prende en las masas”). Si bien es cierto que Marx concebía la sociedad como alienada, tanto objetiva como subjetivamente, precisamente la única manera que concebía de salir de esta situación histórica era a través de la autoliberación de las consciencias mediante la crítica de la ideología, que es al mismo tiempo una “autocrítica”, porque la ideología la llevamos dentro. (Por cierto, a pesar de la importancia del concepto de alienación en el pensamiento de Marx, Bunge no lo menciona ni una sola vez).
Una páginas después [p. 39] dice Bunge que la teoría de Marx ha fracasado (y se queda tan ancho). En este punto comete la frivolidad de la que acusa a otros: descalificar sin pruebas. Cuando se hacen afirmaciones de este calibre, amigo, hay que argumentarlas sólidamente; no se puede soltar la frase y quedarse tan tranquilo. Si fracasó como teoría, hay que aportar datos sobre quién, dónde y cuándo demostró que la teoría de Marx no era consistente; si fue en la práctica (que es por donde me imagino que van los tiros) se trata de una falacia, porque, lamentablemente, Marx no llegó a diseñar un modelo de sociedad (aún tenía que terminar los tomos II i III de Das Kapital, y un cuarto tomo que tenía en mente).
En la pág. 45 atribuye a Marx una frase sacada de contexto “la violencia es la comadrona de la historia”, y acusa a Marx de partidario de la violencia. Cuando Marx menciona la violencia lo hace en el contexto de la lucha de clases. Tal como dice en el Manifiesto, “la historia, hasta nuestros días, ha sido la historia de las luchas de clases”. Es sabido que quien ejerce la violencia es precisamente la clase que tiene el poder y que oprime a las clases subyugadas, y que no duda en enviar las fuerzas represivas, incluso el ejército si hace falta, para reprimir las protestas contra el orden establecido; por lo tanto, si no hay otro medio, las clases oprimidas deberán derrocar el poder opresor con medios materiales. ¿Alguien es tan ingenuo de creer que, por ejemplo, la red mafiosa del capital especulativo va a renunciar a su poder a favor de una sociedad más justa si intentamos conmover a esos vampiros inhumanos a través de buenas palabras? ¿No se ha podido comprobar la calaña de estos personajes carentes de moral y de escrúpulos cuando se los ha subvencionado con dinero público y ya están conspirando, aprovechándose de la crisis, para especular contra los propios países que los han salvado del desastre? Antes que perder su poder el capital es capaz de volver a iniciar otra guerra mundial, soltando los perros del fascismo, el cual están dejando crecer y organizarse en Europa y USA, o lo que haga falta. Precisamente describiendo este tipo de situación histórica Marx escribe, en Das Kapital, que “La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva”; ¿por qué? Pues porque la vieja sociedad, con todo su entramado de chanchullos, cargos, prebendas y privilegios, no está dispuesta a una transformación que implique la desaparición de esa estructura, resistiéndose con uñas y dientes… y esto no es más que una constatación histórica, no un eslogan a favor de la violencia, que es lo que Bunge atribuye a Marx.
En fin, amigo Bunge, te recomiendo que, pertrechado con toda tu sabiduría pero también con un poco de humildad, te leas, si más no, el primer tomo de El Capital.
* El autor es doctor en Filosofía.

jueves, 22 de abril de 2010

140º aniversario del natalicio de Lenin

Paco Azanza Telletxiki
Rebelión

Hoy hace 140 años, el 22 de abril de 1870, nació Vladimir Ilich Ulianov, más conocido por Lenin. Bastantes años después, éste tuvo dos grandes maestros en Carlos Marx y en Federico Engels, cuyos textos comenzó a estudiar durante el invierno de 1895. Nadie como él fue capaz de interpretar toda la esencia de la teoría marxista, llevándola a la práctica hasta sus últimas consecuencias, porque, según sus propias palabras, no hay más que una sola filosofía para el proletariado: el marxismo. Lenin, además, fue capaz de desarrollarla y de enriquecerla.
Él comprendió que la creación del sistema colonial era parte del desarrollo del imperialismo moderno y que el problema nacional era una de sus consecuencias. Teórico de la política y hombre de acción, Lenin libró infinidad de batallas en el campo ideológico. Insistió en la necesidad de que la lucha de los trabajadores fuera más allá de las reivindicaciones meramente económicas, de modo que pasara a adentrarse en la lucha política como paso imprescindible para transformar la realidad capitalista. Consciente de que los círculos marxistas debían unirse y actuar como partido, pronto se puso a la tarea unificadora, y no descansó un solo momento por la consecución de un partido fuerte, disciplinado y bien organizado, con el propósito, siempre, de que éste conquistara el poder para transformar la sociedad burguesa en sociedad socialista. La lucha fue dura. Por una parte estaba la obvia represión zarista aplicada a todos los revolucionarios, y por otra la disputa por la dirección del Partido Socialdemócrata Ruso entre mencheviques y bolcheviques.
Pero finalmente, como decía el lema del Iskra, el primer periódico dirigido por Lenin, de la chispa surgió la llama, y, tras las heroicas jornadas de Octubre, el 7 de noviembre de 1917, los bolcheviques –el sector mayoritario, más radical y consecuente de la socialdemocracia rusa-, con Lenin a la cabeza, tomaron el cielo por asalto otorgando todo el poder a los soviets.
Atrás había quedado el fallido intento de 1905. En 1917 se había conjugado lo más alto de la intelectualidad política de Europa con el espíritu revolucionario de las masas oprimidas, los obreros y los campesinos de Rusia.
Si Lenin hubiera vivido físicamente unos años más –éste murió el 21 de enero de 1924, a la temprana edad de 53 años-, los errores cometidos más adelante por los conductores de la extinta URSS no se hubieran producido; o al menos, en buena parte, se hubieran corregido evitando, quizá, su conocida debacle.
En cualquier caso, a pesar del desenlace dramático del sistema soviético, nunca se deben olvidar las hazañas de 1917 y los años en que Lenin tuvo en sus manos la dirección del proceso revolucionario ruso, ya que constituyeron hitos de valor ejemplar en la lucha de los pueblos por la conquista de la libertad.
Durante muchos años los comunistas rusos libraron importantes batallas, alcanzando grandes avances en los campos económicos, social, político, cultural y militar; lo que supuso pasar de un país empobrecido y explotado a una potencia mundial de primer orden, todo ello en un tiempo histórico relativamente corto.
Tampoco se puede olvidar que el primer Estado socialista jugó un papel fundamental en la derrota del fascismo; y que ese logro costó la vida de entre 28 y 30 millones de soviéticos.
Los enemigos del socialismo tienden a atribuir a las ideas de la Revolución de Octubre todos los males surgidos tras la muerte de Lenin. Tamaña injusticia y tamaña mentira; porque, como dijera Armando Hart Dávalos, eso sería igual que atribuirles a las nobles ideas de Jesús de Nazareth, las desviaciones ocurridas más tarde y las cuales alcanzaron puntos extremos en la inquisición.
Al igual que Marx y Engels, Lenin dedicó su existencia, con no poco éxito, al propósito de la liberación humana. Guste o no a sus eternos enemigos, su nombre permanecerá, sin duda, entre las personalidades que mayor trascendencia hayan tenido en la historia de la humanidad.
Blog del autor: http://baragua.wordpress.com