jueves, 15 de septiembre de 2011


15-09-2011

El Gestell totalitario capitalista en crisis (sus dieciséis leyes)



I. Sobreacumulación cualitativa de capital y Gestell capitalista (Introducción)
Veinte años después de la [“Cumbre de la Tierra” de Río o]Eco92 [en donde por vez primera se colocó en la agenda de Naciones Unidas el tema de la devastación ambiental] las crisis ambiental, climática, alimentaria, energética, de salud, han empeorado a limites que uno pensaría insoportables, pero la maniobra sigue siendo [en 2011] cómo navegar temas tan grandes sin cuestionar sus causas: el capitalismo y el modelo industrial de producción y consumo.
(Silvia Ribeiro, 2011)1

Iniciemos con una breve Introducción al tema, aludiendo a las caracterizaciones de la crisis, con base en el análisis estadístico, así como en el análisis empírico que permite reconocer la complejidad de la crisis, como crisis múltiple en la que confluyen la crisis financiera y la crisis de la economía real. En síntesis, es una crisis económica pero que se vincula con una crisis alimentaria y, empíricamente, también, es constatable una crisis de salud, una crisis ecológica, una crisis energética y geopolítica de la potencia hegemónica, etcétera.
Pero después de reconocer la necesidad de llevar a cabo este tipo de caracterización y de análisis estadístico y empírico, así como —con base en éste— de llevar a cabo la denuncia de la ambición de ganancias, de la inmoralidad, de la injusticia, de decisiones clasistas, de decisiones falaces, de inyección de billones a los banqueros y desprotección y, aún, ataque a la economía familiar y de la población, también hay que reconocer la necesidad de una reflexión de fondo, de un acercamiento conceptual y metodológico a la crisis que, precisamente, logre explicarla en su totalidad; cual intentara Jorge Beinstein2, hace dos años, cuando, en resumen, nos decía que la crisis, para él, era una crisis de sobreproducción más una acumulación de parasitismo que se ha ido gestando en el curso de distintas crisis previas, y que esto ha dado por resultado una crisis de subproducción con la destrucción de fuerzas productivas correspondiente.
En su momento discutí esta idea3 de Jorge Beinstein pero, en principio, hay que reconocer el esfuerzo de intentar dar respuesta al cómo y al por qué de la crisis, es decir, al cómo es que no simplemente están conviviendo, en paralelo, la crisis económica con la crisis alimentaria sino cuál es la conexión de esencia, entre una y otra; o con la crisis de salud y la crisis ecológica. No si están coincidiendo en el tiempo o cómo una retroalimenta a la otra sino cómo es que se originan; cómo es que están, en esencia, conectadas; cómo y porqué, es a lo que me refiero con la necesidad de un acercamiento conceptual y metodológico de la crisis. Al respecto cabe decir lo siguiente.
En un reciente artículo Alejandro Nadal4 señala atinadamente que “las intuiciones de Marx sobre el capitalismo son demasiado importantes para dejar su teoría en el abandono” y, de hecho, en la primera parte de su artículo, Nadal critica desde Marx las “grandes limitaciones” del análisis de Hyman Minsky, “uno de los autores citado para justificar” la interpretación de la crisis actual como “una crisis confinada al sector financiero” con base en la ambición de los banqueros contrastada con las diversas fases de la coyuntura económica. Pero Minsky “casi no dice nada de lo que pasa en el sector real (no financiero) de la economía”, dejando sin explicar “las fuerzas que determinan la evolución de la tasa de ganancia” mientras que con base en la teoría de Marx existen abundantes y rigurosos análisis de corte marxista de “uno de los rasgos más interesantes de la economía estadounidense y de los principales países europeos”, a saber, “la caída en la tasa de ganancia a lo largo de la segunda mitad del siglo XX” que “revelan una reducción muy importante de la rentabilidad del capital en Estados Unidos [y en dichos países] a partir de los años 60 hasta los 80; en la década de 1990 hay una recuperación de la tasa de ganancia, aunque no se vuelve al nivel de la posguerra”
Nadal concluye del siguiente modo su artículo:
Lo más importante es su idea [de Marx] de que el principal obstáculo a la acumulación capitalista es el capital. Su enfoque permite integrar el análisis de la economía real con los fenómenos de la esfera financiera. Esto es importante porque la salida de la crisis requiere modificaciones profundas en el sector financiero, pero más que nada en las raíces del modo de producción capitalista. Como escribió Keynes, “el capitalismo internacional, pero individualista, no es un éxito. No es inteligente, no es bello, ni justo. Y no produce los resultados que ofrece”. Keynes pensaba en su transformación profunda. Se necesitan iniciativas radicales para su remplazo.5
Nadal no especifica la manera en que propone combinar a Keynes con Marx; pero, indudablemente, ante la actual debacle del neoliberalismo patentizada en la crisis económica y de civilización de 2008 a la fecha, solamente Keynes y Marx tienen algo sensato que decir. Así que recobra plena actualidad la profunda comparación de ambos pensamientos que de manera resolutiva favorable a Marx llevara a cabo Paul Mattick en su célebre Marx y Keynes6 de 1969. Por lo demás es la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia formulada por Marx la que permite integrar todos los aspectos del desarrollo económico del capitalismo y, entonces, integrar la explicación de la crisis económica en sus distintos aspectos: la crisis financiera, la crisis comercial y la crisis a nivel de la producción. Sin embargo resta por saber de qué manera puede conectarse esencialmente la crisis económica como un todo con la crisis ambiental y las restantes crisis que sufrimos actualmente. Veamos.
En el preciso tenor del aporte de Mattick —recuperador del de Grossmann7— dejemos de lado los términos indicativos pero imperfectos de subproducción o de sobreproducción y retomemos el concepto fuerte de la Sección tercera del Tomo III de El Capital de Marx para caracterizar al desarrollo capitalista y, en especial, sus crisis: “la sobreacumulación de capital”. Propiamente Marx observa la crisis —en la sección tercera— como una sobreacumulación de capital cuantitativamente considerada o en términos de valor. Pero, si queremos realmente vincular, en esencia, la crisis económica o de valor con la crisis alimentaria, la crisis de salud, la crisis ecológica, la energética y la crisis geopolítica, etcétera, debemos hablar de una sobreacumulación de capital cualitativamente considerada o desde el punto de vista y perspectiva del valor de uso; precisamente, porque estas diversas crisis aluden a diversas dimensiones de los valores de uso que la sociedad consume o con los cuales metaboliza.
Y bien, es momento de decir unas palabras en esta Introducción acerca de qué es eso de Gestell y, precisamente, totalitario. Lo que, como veremos, resulta ser casi una redundancia. Pues es apropósito de lo que denominara el “Estado total”8 —asumido laudatoriamente por él— que el teórico nazi Carl Schmitt habla de la conformación de una sociedad estatalmente cohesionada y coercionada a tal grado que funciona como un organismo único en el que como una inmensa máquina bien aceitada, como un inmenso aparato o dispositivo (o Gestell) que se nos propone y enfrenta en toda su solidez y en donde cada parte se contesta con todas las demás, la economía con la política y la cultura, el sentimiento con las instituciones y cada miembro de la nación con el destino de ésta. Así que Martín Heidegger retomó este concepto de Schmitt que glorifica al totalitarismo, refuncionalizándolo filosóficamente para aludir a una dimensión, a una cualidad surgida históricamente —pero que parece dimanar de las profundidades del ser—y pasó a hablar con toda propiedad filológica de lo Gestell (das Gestell), esto es, algo así como lo aparato, lo dispuesto allí y en lo que ha redundado la modernidad pero, también, siendo el dispositivo que posibilita trascender una tal civilización hacia una posmodernidad que, de manera oscura, Heidegger sugiere como transcapitalista —aunque sin cuestionar jamás al capital— en las páginas finales de su célebre ensayo de 1934 “La Época de la Imagen del Mundo”9 y en “La pregunta por la técnica” de 1937, escrito tan caro, por cierto, a François Lyotard10 y demás intelectuales posmodernistas. También para Schmitt el “Estado total” nazi era una alternativa a la modernidad, al modo de vida reconocido como capitalismo cuya figura modelar era representada por la sociedad británica y la estadounidense.
Ahora bien, la cuestión es que la sociedad burguesa contemporánea se ha sistematizado mundialmente y cada parte se contesta con las demás no sólo funcional y estructuralmente sino, incluso, geográficamente de un modo perfectamente globalizado; y la crisis múltiple del capitalismo mundial contemporáneo patentiza la existencia de un “Estado total” orgánicamente constituido como el que Schmitt y Heidegger figuraran pero de un modo que los rebasa y según el cual las ambigüedades teóricas de cada uno quedan superadas en la precisión mundial de lo que existe y que hoy parece caérsenos encima como una casa que se derrumba, para recobrar la célebre metáfora de Federico Engels sobre las crisis capitalistas expuesta en su genial “Esbozo de crítica a la economía política”11 de 1843, mismo que diera pie a que Marx se decidiera a reorientar a partir de 184412 su crítica global a Hegel y a la sociedad burguesa partiendo no de la crítica del derecho sino de la crítica de la economía política, ámbito en el cual encontró —dice— “la anatomía de la sociedad civil” base a su vez del Estado y del derecho, según recuerda puntualmente en su célebre Prólogo del 5913. He aquí la imagen de un Gestell total que se derrumba.
Pero este Gestell lejos de superar al capitalismo, alias la modernidad, hacia una posmodernidad —algo así como transcapitalista— más bien se nos muestra en su patencia actual como la realización ad nauseam del capitalismo; de suerte que, éste que durante la segunda posguerra se creyó muy distinto que el nazismo —en la misma medida en que los teóricos de éste se encaprichaban en creer que su Estado hípercapitalista ese sí y ahora sí era la superación franca del capitalismo judío— ahora se nos muestra a nosotros, habitantes del siglo XXI —y que vivimos extrañados respecto de la historia del propio capitalismo, como si fuéramos de otro planeta, sí, la globalización se nos muestra ahora a nosotros— como una escenificación mundial de lo que fuera el “Estado total” schmittiano y que el nazismo intentara poner en pie a sangre y fuego14 y muchísimo lodo15 por lo menos a escala nacional en Alemania.16
Ahora bien, en lo que sigue, intentaré establecer las leyes de esta estructuración histórica, esto es las leyes del capitalismo en tanto se ha realizado como un Gestell totalitario. Así que hablaremos de leyes económicas y de leyes políticas correspondientes; pero también de leyes sociales, culturales y psicosociales concordantes e imbricadas con aquéllas, incluidas las leyes medioambientales así como psicosexuales y emocionales del caso.
Hablaremos, en fin, y de manera científico demostrativa mejor que narrada o descriptiva, del capitalismo mundial actual como estructuración legaliforme17 y que, precisamente, no por error sino sistemáticamente y por ley es que ha arribado a una crisis integral desde su economía hasta su cultura, un verdadero colapso que por sí mismo no lo borra del mapa pero hace patente hasta para los propios grandes capitalistas la necesidad de remodelarlo; y a toda la humanidad le demuestra que debe revolucionar tal modo de vida hasta lograr construir una nueva sociedad y arrumbar como trasto viejo en el basurero de la historia al capitalismo so pena de que si no lo hace sucumba en tanto especie animal junto con el resto de las especies tanto vegetales como animales del planeta.

II. La ley de las alteraciones posibles del capitalismo y de su dominio sobre la clase obrera y la sociedad.
Ahora bien, dejando a un lado esta breve Introducción, señalemos que la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia es, precisamente, la ley de la sobreacumulación de capital, ley del desarrollo capitalista, ley de las crisis económicas del capital e, incluso, ley del dominio del capital industrial sobre el resto de formas de capital, incluido del financiero. Así que antes de seguir, debemos hacer un alto para explicar estas implicaciones o dimensiones de la ley formulada por Marx en su Sección tercera del Tomo III de El Capital, a la que originalmente tituló —pero Engels modificó este título al encargarse de la edición de este Tomo y notar que la parte final del capítulo que tocaba temas decisivos no se encontraba redactada a fondo sino a penas esbozada, así que no cumplía cabalmente con lo que el título de la sección prometiera, de manera que lo simplificó, es decir, disminuyó su concreción con una formulación más general: “Ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia”(1ª ley); pero Marx, como digo, tituló la sección— “Ley de la baja tendencial de la tasa general de ganancia en el desarrollo de la producción capitalista”18. Lo que de entrada ubica a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia no simplemente como ley de las crisis económicas capitalistas (3ª ley) y que permite explicarlas, que es como mucha veces se la interpreta reduciendo coyunturalmente sus alcances; pues, como vemos, se trata más bien de una ley que funciona continuamente —y no sólo en las coyunturas de crisis— en el curso de la historia del capitalismo a partir del momento en que éste ya se erige sobre la base de un modo de producción que ya no es heredado y no adecuado a su concepto sino que ya ha sido producido por el propio capitalismo y le es plenamente adecuado, es su modo de producción específico. Lo que sucede bajo la figura de la gran industria maquinística —según la expone Marx en su “Maquinaría y Gran Industria”19— en la que ha llegado a redondeamiento un largo proceso de perfeccionamiento tecnológico y social del modo de producción capitalista, proceso que Marx denomina “subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital20.
Es resaltante, entonces, que la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia —ley de la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, esto es, de cómo avanza cada vez más la subsunción bajo el capital del contenido real de este proceso— sea ni más ni menos que la ley del desarrollo capitalista (2ª ley). Esto es, que hay desarrollo del capitalismo sólo si hay desarrollo en el sometimiento del contenido real del proceso de trabajo humano. Sólo si este proceso queda crecientemente sometido y distorsionado por el capital, sólo así puede el capital desarrollarse. Y, bien, la ley que nos ocupa no es sólo la ley de una coyuntura del capitalismo —por ejemplo una coyuntura de crisis— pero tampoco de sólo una etapa o fase del mismo, sino del capitalismo en cuanto tal una vez que se para sobre sus propios pies tecnológicos, por decirlo así. Una ley que causa efecto mientras el capitalismo exista. Pero, precisamente, su vigencia es tal que rige cada vez una configuración distinta de la sociedad burguesa como un todo y, en particular, una configuración distinta de la economía capitalista, un escenario histórico completamente modificado y distinto del cada vez anterior.
En efecto, la ley formulada por Marx es la ley del desarrollo capitalista. Esto es, la ley de las alteraciones posibles que el capitalismo puede mostrar a lo largo de su historia. No es la ley de una figura del capitalismo sino de todas las figuras posibles de éste por más cambiadas o trastornadas que se nos muestren. Así la formuló y previó Marx y la historia del capitalismo —especialmente la de sus crisis— nos da la prueba múltiple y sobreabundante de la justeza de su formulación. La tasa de ganancia continuamente está cayendo en el curso del desarrollo capitalista, así que continuamente intenta ser contrarrestada esta caída hasta que es imposible y, entonces, estalla la crisis económica en tanto figura peculiar del desarrollo capitalista. Por eso es que la ley de Marx también explica las crisis económicas y, además, éstas son el momento en que los términos de dicha ley se vuelven patentes: la tasa de ganancia cae brutalmente a ojos vistas. Pero la ley se mantiene funcionando también cuando la tasa de ganancia crece; porque si lo hace es debido a que las causas contrarrestantes inherentes a la misma están pudiendo detener y, aún, revertir relativamente la caída de la ganancia.
Y el que la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia sea la ley del desarrollo capitalista —la ley de todas las alteraciones posibles de la sociedad burguesa— y eso lo pruebe una y otra vez la historia del propio capitalismo cada vez que revienta una crisis económica como la actual, no sólo evidencia que la idea de Lenin21 de una fase superior del capitalismo —que el denomina Imperialismo—, una fase monopolística y financiera, distinta a la fase que él denomina de libre competencia y que él dice que es la que conoció Marx —dicho de Lenin que el stalinismo convirtió en decreto— es una idea formulada sobre la base de una interpretación insuficiente de la teoría de Marx y, en particular, de la ley del desarrollo capitalista establecida por éste, la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Pero evidencia, además, que el Imperialismo no es una fase del capitalismo sino una característica propia de éste una vez que se ha vuelto sobreacumulativo, es decir, una vez que se nos muestra como capitalismo maquinísitico gran industrial y, precisamente, regido por la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Así que si Lenin data la emergencia del Imperialismo capitalista hacia 1871, en realidad, éste ya viene de atrás, desde 1825, en que estalla la primera crisis de sobreproducción del capitalismo, la primera crisis regida por la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.
Y también se vuelve evidente que cuando Jorge Beinstein22 intenta caracterizar la crisis económica actual diciendo que por una parte se muestra como las restantes crisis del capitalismo, como crisis de superproducción pero que, por otra parte, y debido a las alteraciones tecnológicas y sociales actuales del capitalismo, muestra rasgos antes imposibles de ser observados y que le son característicos, sí, que también es una crisis de subproducción, es evidente que una idea tal que asume las alteraciones cualitativas del capitalismo como factores que trastornan su regulación estructural, sí, que una idea tal se basa simplemente en la incomprensión del significado preciso de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en tanto ley de la estructura legaliforme del capitalismo.
Por cierto, es común encontrar interpretaciones de dicha ley que la vinculan esencialmente con lo que Marx denomina la sobreacumulación de capital —no digamos con la superproducción y el subconsumo— lo cual es correcto, pero no siempre se asume en estas interpretaciones que, entonces, porque la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia es la ley de la sobreacumulación de capital, por eso es que puede ser la ley del desarrollo histórico del capitalismo como un todo. Es lo que he intentado establecer en lo que antecede cohesionando estas tres dimensiones: caída de la tasa de ganancia, sobreacumulación y desarrollo histórico, incluido el imperialismo y las crisis.
Pero, además, dije que la ley que nos ocupa es también ley del dominio del capital industrial (4ª ley); no sólo es la ley de todas las alteraciones posibles de la sociedad burguesa, la ley del desarrollo capitalista, sino que todas las alteraciones posibles de dicha sociedad y todo posible desarrollo capitalista no puede sino ocurrir bajo el dominio del capital industrial y de ningún otro modo. Pues el desarrollo capitalista en cuanto tal se rige precisamente por la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Y esta es la ley del dominio del capital industrial. Veamos cómo lo establece Marx (y que a Lenin le pasó desapercibido cuando dijo que la nueva fase imperialista se caracterizaba precisamente porque ya no dominaba el capital industrial —como fuera el caso de la fase librecompetitiva, según él— sino el capital financiero, fusión del industrial y el bancario).
La sección primera del Tomo III de EL Capital23 expone el tema de la ganancia que es el motivo en torno al cual los múltiples capitales compiten; pero ocurre que al competir y contraponerse unos con otros no pueden sino interrelacionarse y así establecer una cohesión de todos ellos que, aunque contradictoria, es eficaz en contra de la clase obrera; y esto, la cohesión de los múltiples capitalistas como clase social unitaria, es lo que expone la Sección segunda del Tomo III24 precisamente como sujeto social que intenta continuamente acrecentar la tasa de ganancia a través de explotar más a fondo a la clase obrera; pero como un cometido tal lo logran los capitalistas industriales solamente a través de desarrollar continuamente el modo de producción inmediato en términos tecnológicos, metódicos y organizacionales al interior del cual son explotados los obreros, el intento de explotación continua y más a fondo de la clase obrera redunda en alteraciones cualitativas primeramente tecnológicas de la sociedad burguesa, redunda en un desarrollo histórico específicamente capitalista que siempre ocurre sobre los mismos motivos así que sigue una ley. Misma que es paradójica porque, de un lado, muestra como el capital logra explotar plusvalor absoluto y plusvalor relativo en mayor medida a la clase obrera, pero como lo logra necesariamente incrementando el capital constante, el peso específico dentro del proceso de trabajo de la tecnología y de todo el capital fijo, entonces, aunque la tasa de explotación de plusvalor crece, la tasa de ganancia decrece. Paradoja incluida en la fórmula de la tasa de ganancia: Pv/Kc+Kv. En la que si hacemos crecer Kc (capital constante) necesariamente disminuye la relación Pv/Kc+Kv no obstante que hayamos incrementado Pv/Kv o tasa de explotación de plusvalor. Así que lo que Marx expone en la sección tercera del tomo III de El Capital es la ley del paradójico dominio del capital industrial sobre la tecnología y sobre el trabajo, la ley del paradójico dominio del capital industrial sobre la clase obrera y sobre el funcionamiento de la competencia sobre los múltiples capitales, la ley de que el capital sólo puede explotar más y así desarrollarse como ente histórico y desarrollar a la sociedad según este motivo brutal en la medida en que socaba objetivamente las condiciones de la sobreacumulación de capital.
De tal manera que si vemos verificarse la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en las crisis capitalistas, resaltantemente en la crisis de 1971-82 y en la actual crisis que estallara en la segunda mitad de 2008, debemos ser consecuentes y entender que se está verificando ni más ni menos que la competencia entre los múltiples capitales por sobre toda condición monopólica que realmente pueda existir; y que se está verificando algo así precisamente por el impulso irresistible de todo capital a explotar más a fondo a la clase obrera, impulso que lo lleva a contraponerse contra todos los restantes capitales más allá de todo acuerdo que haya establecido previamente con ellos o más allá de cualquier límite que le han impuesto, por ejemplo monopólico; así que la competencia entre los múltiples capitales está saliendo adelante como modo en que cada uno de estos y la suma de todos ellos busca establecer el dominio férreo sobre la clase obrera para explotarle cada vez más plusvalor; la verificación de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, es la verificación de la ley del dominio del capital industrial sobre cualquier manejo financiero que realmente pueda existir.
Es más, cualquiera de estos manejos por contrario que parezca con el talante del capital industrial, en realidad, se muestra ahora —independientemente de lo que haya pensado el banquero o el jugador de bolsa en cuestión en el momento de su acto— se muestra ahora ni más ni menos que como instrumento al servicio del dominio del capital industrial, como el camino y método paradójico o directo para que este dominio lograra verificarse auténticamente dadas las condiciones. Ahora todas las apariencias —y es notorio que Lenin y otros muchos marxistas han quedado prisioneros de ellas— se muestran impotentes, pues la escena la ocupa empíricamente la esencia del capitalismo: el dominio del capital industrial y, precisamente, en su forma unilateral y brutal o como crisis económica en la que patentemente el dominio del capital industrial como potencia social unitaria, como capital social, se muestra explotando a la clase obrera afanosamente y, aún así, siempre de modo insuficiente; y se muestra así al tiempo en que despide a esta clase y la brutaliza tanto dentro como fuera del trabajo, y se muestra así actuando en contra de la clase obrera incluso a costa de actuar contra los restantes miembros de la clase capitalista, de irlos destruyendo uno por uno si esto es necesario para explotar más a fondo a la clase obrera, etcétera. ¿Qué no hará el capital industrial en contra de la sociedad y en contra de la Naturaleza en vista de llevar a cabo este que es el magno cometido de su dominio?
La respuesta más concreta al respecto nos la ofrece la actual crisis económica que por su propia fuerza se redimensiona como crisis de civilización, como crisis integral de todos los ámbitos de la sociedad, como crisis de sobreacumulación de capital o en donde éste se contradice consigo mismo, donde el capital es sobreabundante frente a sí mismo o dónde el capital es el límite para el propio capital, según Marx lo formulara en el capítulo XV de la sección tercera del Tomo III25. En lo que sigue cabe explicar el cómo y el por qué de esta presencia del capitalismo recién formulada.

II.1 Las dos leyes generales de la sobreacumulación cualitativa de capital y la argumentación de Marx más allá del Tomo III de El Capital.
Como un mal chiste [Charles] Holliday [Presidente del Directorio del Bank of America] estaba allí para explicarnos la economía verde y cómo las trasnacionales van a salvar el planeta (aunque el tema real era cómo salvar las trasnacionales a costa del planeta).
(Silvia Ribeiro, 2011)26
La cuestión se resuelve si entendemos que cuando la sobreacumulación de capital se muestra bajo la figura de sobreacumulación cualitativa de capital, la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia se desarrolla, se concreta e, incluso, rige en tanto tal, sólo en la medida en que se acompaña de un correlato cualitativo suyo, la ley de la creciente producción de valores de uso nocivos, incluida la ley de producción y reproducción del medio ambiente como medio nocivo para la vida, en general, y de la humanidad, en particular. Antes de proseguir, expliquemos lo dicho apretadamente en este párrafo.
En primer lugar, cabe distinguir la presencia general de la sobreacumulación de capital, consistente en que en el curso del desarrollo capitalista el capital industrial llega a acumular mayor cantidad de plusvalor que la que puede realizar. Por eso se dice que sobreacumula o que está sucediendo la sobreacumulación de capital. Marx lo explica diciendo que en la competencia entre los múltiples capitales, estos intentan adquirir una mejor posición por la vía de incrementar la productividad de sus empresas introduciendo nuevas tecnologías que posibilitan que el trabajo humano produzca gran cantidad de bienes con el mismo esfuerzo que antes o con menor27. Pero esta introducción de nuevas tecnologías generalmente involucra un aparato maquinísitico gran industrial o de capital constante más grande y más costoso. De suerte que en el curso del desarrollo capitalista, el monto del capital constante crece más rápidamente que el monto del capital variable o dedicado a pagar los salarios de la clase obrera28. Así es que para estar mejor posicionado en la competencia, el capitalista abarata sus mercancías echando a andar un proceso productivo con productividad aumentada; lo que al mismo tiempo redunda en que obtiene una mayor cantidad de plusvalor relativo explotando a unos obreros vueltos más productivos29. Mientras que de otro lado, tenemos que el plusvalor sólo brota del trabajo humano y no de las máquinas por poderosas que sean; brota del trabajo humano abstracto que es el que plasma valor y no del trabajo concreto que produce valores de uso y del que una de sus características es la mayor o menor productividad30. En definitiva, con la introducción de tecnologías más productivas, el capitalista explota más cantidad de plusvalor relativo y abaratando sus mercancías se posiciona mejor en la competencia; pero hace esto a costa de socavar la fuente general del plusvalor tanto del relativo como del absoluto, pues acrecienta el monto en capital constante de manera más rápida que lo que acrecienta al capital variable.
De tal manera que el capitalista industrial ve caer su tasa de ganancia, porque esta es la relación entre la suma de plusvalor dividida por la suma del capital variable y del capital constante ahora masivamente acrecentado31. Evidentemente esta caída desalienta el interés de los capitalistas en invertir su capital cada vez de mayor tamaño para echar a andar a un proceso de producción agrandado pero con expectativas de ganancia cada vez menores. Este es el primer sentido del fenómeno de sobreacumulación: el capitalista ha invertido demasiado plusvalor en capital constante adicional intentando acrecentar la productividad de su empresa; demasiado, porque ahora obtendrá por cada peso que invierta una cantidad de plusvalor proporcionalmente menor cada vez. Por si fuera poco, el capital industrial se encuentra produciendo montañas de productos cada vez más baratos mientras que los consumidores y compradores que deberían comprarlos y después consumirlos decrecen en número y, por lo que respecta a los obreros en tanto compradores y consumidores, su capacidad de compra es del tamaño de sus salarios y estos, en general, han decrecido en relación al capital constante. Así que el crecimiento en la escala de la producción —dice Marx— se expresa en el capitalismo como tendencia creciente a que el consumo de los obreros sea cada vez más insuficiente como para realizar el inmenso cúmulo de mercancías que arroja el capital al mercado32. Por su parte, los compradores capitalistas tampoco pueden absorber el resto ni en lo que respecta a los bienes que utilizan para su consumo personal ni en lo que respecta a los bienes de capital con los que acrecientan su capital constante. Con el agravante de que si lo hicieran la tasa de ganancia caería aún más por las razones antedichas. Así que, también, ha ocurrido un fenómeno de sobreacumulación de capital porque lo que este vende condicionado por la acumulación del plusvalor en el proceso productivo, la sociedad en su conjunto no lo puede comprar así que parte del nuevo plusvalor no podrá ser realizado.
Así las cosas, vemos que la sobreacumulación de capital nos muestra una relación cuantitativa entre la cantidad de plusvalor acumulada y la cantidad de plusvalor que deberá realizarse pero que dada la caída de la tasa de ganancia ve obstaculizado este feliz destino.
Vemos, pues, que la expresión general de la sobreacumulación de capital es dicha relación cuantitativa; pero existe, también, una expresión particular de la sobreacumulación de capital que es cualitativa y que está implicada en la anterior. Se trata de lo que denomino la sobreacumulación cualitativa de capital. Y es que con base en la relación cuantitativa antedicha entre el plusvalor que se acumula y el plusvalor que no puede ser realizado, ocurre otro proceso ahora referido a los productos del trabajo que arrojan esos capitales de productividad acrecentada. De tal manera que la competencia entre los múltiples capitales se expresa también —además de en relaciones de valor y de plusvalor— en términos de valor de uso. La sobreacumulación cualitativa de capital alude al hecho de que conforme el capital sobreacumula plusvalor y entra al callejón sin salida de la caída de la tasa de ganancia, antes descrito, no sólo produce grandes arsenales de valores de uso invendibles, incosumibles, superfluos relativamente para la sociedad porque ésta no los puede comprar aunque podrían satisfacer algunas necesidades de la misma; sino que, además, estas montañas de valores de uso invendibles cada vez más están compuestas por montañas de valores de uso degradados, nocivos. Y eso ocurre, paradójicamente, en aras de poder venderlos. En definitiva, la sobreacumulación cualitativa de capital nos muestra que el capital ya es cualitativamente sobreabundante, superfluo y aún lesivo respecto de las necesidades de la historia y de la sociedad en la exacta medida en que los valores de uso que produce son incosumibles o su consumo es lesivo y aún letal para la sociedad. Sin embargo, mientras ésta se quita de encima tal cadena cancerígena, esta cadena la somete tanto más brutalmente porque añade a la explotación del trabajo y la miseria, la degradación de la vida humana porque se degrada la satisfacción de las necesidades y se enferma a la población corporal y mentalmente. Veamos con más detenimiento cómo es que ocurre la producción de valores de uso nocivos como parte de la sobreacumulación cualitativa de capital. De donde veremos brotar la ley ya formulada de la creciente producción de valores de uso nocivos (5ª ley):
Marx implica en el texto del Capítulo XV de la Sección tercera del Tomo III de El Capital33 la sobreacumulación cualitativa de capital conforme arriba a las conclusiones de la exposición de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y de la sobreacumulación —llamémosle cuantitativa o general— de capital. Efectivamente, con gran visión no sólo muestra que “el capital es el límite del capital”, así que el capital es sobreabundante respecto del capital —y esta sobreabundancia o superfluidad es lo que patentiza la sobreacumulación de capital— pero como este no es sino una relación social, no puede suceder sino que siendo sobreabundante para sí mismo en términos cuantitativos y de valor resulte sobreabundante en términos cualitativos u ontológicos para la sociedad, resulte superfluo y aún cargoso para la humanidad en términos de valor de uso. De tal manera que la sobreacumulación cualitativa de capital implica para la sociedad que el capital resulta en esencia sobreacumulativo cualitativamente para la sociedad, que el ser del capital en tanto cualidad histórica (o valor de uso histórico) ya está mostrando su límite y relatividad históricas y que la sociedad pronto deberá rebasar o superar esta lacra. Sin embargo, esta acepción de la sobreacumulación cualitativa de capital en clave humana, ontológica e histórica —rigurosa en la argumentación propia del materialismo histórico que subtiende a la de la crítica de la economía política— se apoya en otra dimensión menos amplia de esta sobreacumulación cualitativa; sin embargo, Marx no la expone en el Tomo III de El Capital porque tiene que ver ya con el consumo humano en tanto factor de la economía capitalista; y este tema ya rebasa el nivel de abstracción o nivel argumentativo en que se mueven los tres tomos de El Capital. En libros ulteriores del plan de seis de la Crítica de la Economía Política34, Marx debería exponer lo correspondiente. Intentaré ofrecer la argumentación respectiva del caso.
Conforme la tasa de ganancia decrece la competencia entre los capitales se vuelve cada vez más virulenta e intentan abaratar costos por todos los medios. De entrada sobreexplotando a la fuerza de trabajo, es decir, depredándola en tanto valor de uso; y, luego, intentando conseguir insumos más baratos así sean de peor calidad; así mismo intentan no pagar todos los costos de producción, en especial los correspondientes a la limpieza o remoción de los detritus de la industria (las llamadas “externalidades” por la economía neoclásica) otros tantos valores de uso perfectamente nocivos, así que los arrojan al aire, al agua y al suelo polucionándolos gravemente, degradándolos en tanto valores de uso de toda la humanidad; pero, finalmente, la salida del capital siempre es productiva pues sólo ésta es integral35. Lo cual significa en este caso que diversos capitales intentarán producir nuevos valores de uso para colocarlos en el mercado en referencia a otras necesidades que las que éste se encuentra ya satisfaciendo; e intentarán, a su vez, en vista de colocar sus mercancías eficazmente que estas nuevas necesidades se conviertan en prioritarias para los consumidores. De tal manera que ya por el hecho de que necesidades secundarias o ulteriores se presenten como principales y originarias, comienza una degradación del sistema de necesidades humano y de la fisiología y de la psique de la humanidad; así fuera que estos nuevos valores de uso producidos por el capital fueran en cuanto tales no nocivos.
Pero el caso es que en la búsqueda de nuevos valores de uso que ofertar a los consumidores, importa más el venderlos para realizar el plusvalor contenido en ellos que el satisfacer, en verdad, las necesidades de aquellos, así que frecuentemente resultaran valores de uso intrínsecamente nocivos. No sólo sino que de modo sistemático serán producidos valores de uso nocivos, porque también para la masa de estos nuevos valores sigue rigiendo la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia que los capitalistas intentarán contrarrestar abaratando costos a como de lugar cada vez más presos de un virulento urgentismo que no parará mientes en vista de colocar el nuevo producto en el mercado simplemente dándole un aspecto agradable, presentable o atrayente pero descuidando su contenido nutricional o satisfaciente en general. Así que en vista de aminorar la masa de productos invendibles que corresponde a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, los múltiples capitales tenderán a producir nuevos valores de uso cada vez más nocivos. Por lo que el correlato de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y de la sobreacumulación (cuantitativa) de capital no sólo es la simple sobreacumulación cualitativa de capital sino, también, su complejización perfeccionante, reflejada en la ley de la tendencia acrecentada de la producción de valores de uso nocivos; y, por cierto, cada vez más nocivos36.
Además, como ya vimos, esta ley de generación de valores de uso nocivos incluye otra ley: la ley de la tendencia acrecentada a producir y reproducir un medio ambiente en tanto medio nocivo para la vida en general y para la vida humana en particular37 (6ª ley). Esto es así tanto porque el abaratamiento de costos angustiosamente perseguido conforme cae la tasa de ganancia, tiene un lugar privilegiado de ocurrencia en no cuidar los detritus que la industria arroja al aire, al agua y al suelo, precisamente porque la Naturaleza no se queja ni protesta; pero, también, porque extraer de la Naturaleza materias primas para la producción industrial sin reponerlas abarata costos. Pero, así mismo, habrá de producirse un medio ambiente nocivo por la vía de producir industrialmente valores de uso nocivos. Lo cual ejemplifican a la perfección los organismos genéticamente modificados o transgénicos38, pues no son sólo valores de uso nocivos para la salud de quien los consume sino que su código genético lesivo para la biota —incluida la humanidad— prosigue replicándose más allá del acto del consumo, el cual —en términos metabólicos— se dice que destruye al bien en cuestión39. Así que la Naturaleza se contamina con estos nuevos códigos genéticos modificados que le reportan ganancias al capital pero muertes, deformaciones y mil enfermedades a los seres vivos de todo el planeta, a nosotros en primer lugar.

II.2. Ley de la contradictoria degradación creciente de la cultura y de la psicología social de la sociedad burguesa, ley particular de la sobreacumulación cualitativa de capital
Tal es la ley dual de la crisis económica y, simultáneamente, ecológica del capitalismo tal y como la actual se nos presenta. Pues se trata de una ley de sobreacumulación cuantitativa de capital y, a la vez, de sobreacumulación cualitativa, así que de producción creciente de valores de uso nocivos y de medio ambiente nocivo. De ahí que la actual crisis sea, también, de salud y de alimentación, etcétera, así como de destrucción de todos los valores morales, políticos y culturales. Esto según que se está verificando o está teniendo ocurrencia la ley de incremento de esquizofrenia y del incremento del sadomasoquismo social (7ª ley). Así que es tiempo de leer, de releer y de estudiar al Marqués de Sade40 para tener una imagen integral del carácter y perfil de los amos neoliberales y sus depredaciones de lesa humanidad bélicas, económicas, ambientales, políticas, culturales, así como sexuales, etcétera; entre otras cosas, para no hacernos ilusiones respecto de ellos y del capitalismo y poder ver y prever a las claras sus pautas conductuales. Esta es la primera gran idea que quiero presentarles.
Pero antes de presentar nuestra segunda idea, debo aclarar la constitución de la ley de sadomasoquismo y esquizofrenia crecientes como parte de la sobreacumulación cualitativa de capital41; sí, de aquella ley cultural y psicosocial como parte de esta ley económica y civilizatoria. En efecto, la sobreacumulación cualitativa de capital involucra no sólo a la producción de valores de uso nocivos sino, también, —junto con ello y centrado por la producción de dichos valores de uso— de situaciones humanas crecientemente alienadas y directamente nocivas en términos corporales y psicológicos, así que crecientemente alienantes.
Adicionalmente, tenemos que entre las nuevas ramas industriales de acumulación de capital que apuntan a contrarrestar la caída de la tasa de ganancia se vuelven cada vez más importantes la industria de la prostitución y de la drogadicción, así como los del tráfico de órganos y de personas, niños incluidos y todas arrojan al mercado productos cada vez más sofisticados. Lo que para el caso significan valores de uso cada vez más degradados y alienantes, cada vez más nocivos y letales. Y todo ello ocurre, mientras el abaratamiento de costos corre la veta del despojo por cuenta del capital, de sectores de Naturaleza que ya se encontraban en manos de otros seres humanos; y, en primer lugar, del despojo de bienes comunales.
De tal manera que los treinta años de neoliberalismo han sido particularmente enfáticos en ofrecernos múltiples ejemplos de lo que no puede denominarse sino acumulación originaria residual y terminal42, pues los despojos de bienes comunales y de pequeños productores que ocurren a favor de grandes empresas privadas —muchas veces transnacionales— son despojos de elementos residuales que todavía había dejado intactos la acumulación originaria con la que diera inicio el capitalismo en cada nación. Pero se trata, también, de una acumulación originaria terminal, porque muchos de estos elementos residuales que el capital despoja y degrada son fundamentales para la existencia misma de la humanidad o de la biota en su conjunto. La contaminación del agua y del aire son el caso más patente y primero de una tal degradación; pero la contaminación genética con códigos artificialmente producidos por la industria pero letales para el medio ambiente, mostró una segunda faz aún más macabra (ni que decir de la nanotecnología). Lo cual ocurrió casi al mismo tiempo en que el resumen de todos los despojos y degradaciones de la Naturaleza por la industria capitalista se hacia patente bajo la forma del calentamiento climático planetario o “calentamiento global”, con toda la caterva de eventos desastrosos y letales para millones de seres humanos que de aquí derivan. Tsunamis incluidos.
Y, bien, mientras ocurre esta sobreacumulación cualitativa de capital y la ley de la producción de valores de uso nocivos a las que les es inherente la acumulación originaria residual terminal y, entonces, la ley de la tendencia a acrecentar la producción y reproducción de medio ambiente nocivo, los múltiples capitales siguen compitiendo entre sí intentando contrarrestar angustiosamente la caída de la tasa de ganancia; así que todas las referidas catástrofes sociales y naturales les resultarán poco significativas ante la unilateral, monolítica y cada vez más recalcitrante perspectiva de abaratar un costo o de incrementar la ganancia a costa de lo que sea.
Así por ese camino es que se va formando en los seres humanos paso a paso y de un modo sistemático a la vez que trágico un carácter psicológico funcional con esta cruel testificación aparentemente indiferente y con estos afanes angustiosos e innombrables, en primer lugar en el seno de la clase capitalista; un carácter preponderantemente sádico. Mientras que en las clases sometidas y en el pueblo en general que sufre impotente no sólo el sometimiento, la explotación y las degradaciones de todo tipo involucrados en la sobreacumulación cualitativa de capital, se va cincelando —como si se tratara de una monstruosa escultura— un carácter psicológico preponderantemente masoquista. Sin que esto quiera decir que el masoquismo no se extienda también entre la viciosa clase dominante y el sadismo entre la dominada y crecientemente humillada y resentida; por ejemplo, entre los cuerpos de policía como parte de volverlos “eficientes” y, por la misma absurda razón, entre los proxenetas y dealers de droga de toda laya, etcétera.
Y ni más ni menos, para que todos estos brutales despojos ocurran se requiere que el poder estatal y la política en general establezcan un contubernio con los capitales privados, de suerte que las leyes y el derecho se vean degradados crecientemente en el mismo sentido esquizofrénico, sádico y masoquista que el carácter de los ciudadanos y la política sociales.
Ni qué decir que la cultura en su conjunto tanto ética como estética y sapiencial corre camino análogo. Pues el capital dará prioridad y fomentará financieramente todas las investigaciones científicas, creaciones estéticas y propuestas morales que convaliden y fomenten las actuaciones del capital —criminales y sangrientos despojos incluidos— que soslayen la connivencia a nivel político y legal entre el Estado y las empresas privadas. Y en el colmo se generan crecientemente seres humanos que sufren todas estas plagas sin comprenderlas, pasándolas a atribuir con resentimiento al vecino o al otro ser humano en general o aquel grupo social o aquel “despreciable” grupo racial, a la estúpida Naturaleza o al injusto o impenetrable Dios; seres humanos que pintarán y harán poesía y música y que en estas artes expresarán su confusión al tiempo en que, conformistas, la aceptarán como forma de vivir, sufrir y gozar, convirtiéndose en promotores interesados sea afanosos o sea depresivos y ora conscientes ora inconscientes de todos los procesos de degradación humana y natural inherentes a la sobreacumulación cualitativa de capital.
Hay que decir, además, que el consumo creciente de valores de uso nocivos y de medio ambiente degradado por parte de los seres humanos que sobrevivimos sobre el planeta nos degrada fisiológicamente, vitalmente. E, incluso, emocionalmente tanto por lo que nuestra fisiología degradada condiciona nuestras emociones como porque directamente las interacciones humanas y los mensajes culturales que consumimos son también crecientemente nocivos y degradan nuestras emociones y pensamientos. A partir de este momento, cuando valores de uso nocivos sistemáticamente producidos en forma creciente son la columna vertebral de nuestra degradación emocional porque nos degradan fisiológicamente, a partir de este momento queda ya bien establecida la que formulamos más arriba y hemos venido explicando: la ley de la tendencia creciente de esquizofrenia y de sadomasoquismo sociales. Siendo las irracionalidades del caso las que patentizan la mencionada esquizofrenia; según que mueren millones por tsunamis e inundaciones provocados por el calentamiento climático planetario, etcétera, pero en la reciente reunión de Cancún sobre el medio ambiente (COP16) se revocaron uno a uno los acuerdos del Protocolo de Kyoto (11 de diciembre de 1997) para preservar el medio ambiente, cuando que incluso estos eran insuficientes. Y, así, a todo nivel los contrastes irracionales acompañan a las actuaciones sadomasoquistas del capitalismo.

III. La transformación de las fuerzas productivas de la sociedad en tecnologías capitalistas nocivas y la reconstitución del marxismo en el siglo XXI.
La segunda idea que quiero presentarles se abre con la pregunta de, en todo caso, ¿cómo hemos llegado a esto, a este gestell totalitario? y la contestación es como sigue. Tales condiciones históricas de vida y reproducción de la sociedad como las que muestra el gestell totalitario capitalista actual, sólo pueden ser posibles en la medida en que, las fuerzas productivas de la sociedad no sólo ven crecer a su lado un arsenal de fuerzas productivas destructivas, esto es, tecnología armamentista cada vez más poderosa en tanto que destruye seres humanos y destruye riqueza material, bombas atómicas y de neutrones incluidas. Sino que, además, las fuerzas productivas positivas —la tecnología capitalista normal— ellas mismas, se transforman internamente y de modo creciente en fuerzas productivas subordinadas realmente al capital en tanto productoras no sólo de plusvalor sino de valor de uso43. Y si las consideramos, medimos o evaluamos a partir del tipo de valor de uso que producen, observaremos que de ser fuerzas productivas se han transformado en tecnología capitalista nociva; porque, precisamente, son productoras de valores de uso nocivos y producen, acrecentadamente, valores de uso nocivos y cada vez más nocivos. Ejemplos de esto que digo son: la nanotecnología44, los transgénicos, la narcoproducción y el narcotráfico y toda la economía criminal, etcétera; pero también, además de la comida chatarra, el sistema alimentario “normal” que priva en todos los países del orbe arrinconando cada vez más las formas tradicionales de alimentación45. Y esta mención debe de sugerir al lector que también son crecientemente nocivos todos los valores de uso que se encuentran entre el sistema alimentario y la economía criminal. Es decir, los valores de uso producidos por todas las ramas industriales.
Ahora bien, la referida transformación de las fuerzas productivas de la sociedad en tecnologías capitalistas nocivas constituye un evento histórico inédito, pues ninguna época humana anterior a la nuestra vio surgir en su seno nada parecido. Este evento sorprendente dada su complejidad y carácter inédito ha sido difícil de ser comprendido por nuestros contemporáneos; de hecho, al respecto, priva la mayor confusión. Porque de pronto parece que las fuerzas productivas son y significan todo lo contrario de lo que deberían ser y significar, son fuerzas que destruyen y lesionan y que en vez de impulsar hacia la satisfacción y libertad humanas promueven insatisfacción y opresión. Y si Marx asocia la emergencia de las revoluciones sociales —y en especial de la Revolución comunista— al desarrollo de las fuerzas productivas46, los hombres del siglo XX, en especial de los de la segunda mitad del mismo, han creído que Marx había estado preso de una ilusión prometéica cuando dijo esto; misma que, en realidad, no sería sino una de las caras de la ideología del progreso con la que el propio capitalismo se autoglorifica. Marx ha quedado preso de esta ideología, creen constatar diversos intelectuales prominentes, muchos de ellos marxistas, a partir de la segunda mitad del siglo XX hasta la fecha. Quien con mayor fuerza ha argumentado algo así, ha sido Herbert Marcuse en el Prólogo a su Hombre unidimensional47 tematizando distintos aspectos del asunto en los capítulos del mismo. Y ya en el siglo XXI Armando Bartra, retomando el argumento marcusiano, lo profundiza y amplía enjundiosamente en las páginas de su El hombre de Hierro48.
Pero entiéndase que estos autores y otros análogos cuando sostienen algo así revelan que ciertamente han estudiado el tema, le han seguido la pista en la realidad contemporánea y se han preocupado en entender el argumento de Marx pero, desafortunadamente, matices importantes del mismo se les han escapado. Al parecer debido a la fuerte impresión que han recibido de las realidades que tenían ante sí: de un lado, potentes tecnologías capitalistas emblemáticas del progreso del capital y de su dominio sobre el mundo y, de otro lado, una clase obrera domada integrada al sistema y una revolución socialista que de ninguna manera parece ser preponderantemente proletaria y, en fin, un capitalismo mundializado que se muestra como fortaleza inexpugnable y parece frustrar cualquier intento de revolucionarlo. El efecto psicológico frustrante de esta presencia avasalladora parece ocupar militarmente todos los cerebros; y estos autores intentan rebelarse contra el mismo, superarlo y se desesperan por encontrar una salida creyendo encontrarla al renunciar a la idea de que las fuerzas productivas son satisfacientes, liberadoras y revolucionarias, pues que la realidad a la mano patentiza todo lo contrario. Tal es la mistificación y fetichismo inherentes al Gestell totalitario capitalista como un todo.
Pienso que la intención de estos autores es buena y más aún por ser revolucionaria; sin embargo, es evidente que no han superado la referida mistificación, fetichismo global y el correspondiente efecto psicológico frustrante, así que la realidad empírica los ha congelado; de suerte que al fetichismo capitalista de la tecnología y al fetichismo stalinista de las fuerzas productivas técnicas como presuntas condicionantes absolutas de la revolución, no han sabido oponerles sino otro fetichismo pero de signo negativo: el fetichismo de las fuerzas productivas maléficas, el cual no sólo tiene raíces románticas y en el voluntarismo revolucionario anarquista o en el de un Lenin49 o un Sorel50 sino, también, en la así llamada filosofía de la vida. Misma que —en el tercer tercio del siglo XIX e inicios del XX— ya con Bergson51, dominó el pensamiento filosófico de la burguesía, influyendo en la reflexión de Martin Heidegger52 sobre la técnica y en múltiples autores; incluidos Horkheimer53 y Adorno54 de la escuela de Frankfurt, a la que también perteneciera Marcuse, él mismo discípulo de Heidegger.
Tal parece que la desesperación por encontrar una salida revolucionaria en una época que no parece serlo, hizo caer a Marcuse —y a quienes lo siguen, por ejemplo a André Gorz con su Adiós al proletariado55— en una ilusión empirista consistente en identificar falazmente la idea de Marx de fuerzas productivas con la realidad avasalladora que tenía Marcuse ante sí, entre otras cosas porque esta realidad mostraba algo así como una “alta productividad”. De ahí que nada más fácil que decir que se trataban de “potentes fuerzas productivas”. Pero la cuestión es que si el pensamiento queda preso en la empirie ya no puede pensar el concepto, ningún concepto y tampoco el de fuerzas productivas. Porque los conceptos son universales mientras que la empirie ofrece lo universal inmediatamente fusionado con lo particular (in rem); y muchas veces esta fusión incluye una contradicción pero que el empirismo no registra sino que todo lo acepta como hecho positivo.
El equivoco empirista al respecto se vuelve patente si somos atentos a la incoherencia en la que concluye, cuando dice: las fuerzas productivas capitalistas de altísima productividad y, precisamente, debido a esta altísima productividad son fuerzas de alienación tanto más potentes cuanto mayor es su productividad. Es decir que se está argumentando en una forma pretendidamente dialéctica pero que en realidad es pseudodialéctica y absurda, sí, se está argumentando que las fuerzas productivas no son fuerzas productivas; pero esta incoherencia se enmascara apenas porque se introduce en medio la idea de “alta productividad”. Lo cual, en realidad, acrecienta la incoherencia. Pues se estaría diciendo que las fuerzas productivas no son productivas y que menos lo son cuanto más productivas son. De pronto no se le tiene confianza al pensamiento, al revolucionario le tiemblan las rodillas ante el enemigo formidable y pierde la confianza en sí mismo y como ve que el enemigo se afianza en los hechos ya sólo quiere tener para sí mismo otros hechos contrarios a los del enemigo, acciones y no pensamientos, algo cierto en medio de tanta confusión, un acto definitivo sin duda ninguna, sin incertidumbre… sin pensamiento56. Pero hete allí que el concepto de fuerzas productivas es un pensamiento y no puede sino mantener su universalidad bien afianzada. Ni más ni menos, las fuerzas productivas son fuerzas productivas y en tanto que los son producen satisfacción a las necesidades humanas y en tanto que satisfacen auténticamente no pueden sino propiciar el despliegue de la libertad humana, asa capitalista a que nos referimoscesidad particular para la que supuestamente esto enferman y degradan y, finalmente, terminan pí que se oponen a situaciones y relaciones humanas en las que ésta sea oprimida, relaciones de dominio y esclavitud de todo tipo. Las fuerzas productivas son revolucionarias en tanto que son productivas y son productivas en tanto que son satisfacientes. Esta coherencia fundamental es ontológica y antropológica y ninguna realidad particular puede removerla. Así que sorprende que Marcuse, Bartra y otros de pronto hayan creído que las fuerzas productivas no son fuerzas productivas o, bien, que las fuerzas productivas a las que ellos llaman fuerzas productivas no se comportan como debiera ser una fuerza productiva sino a la inversa. Véase aquí como el empirismo se combina con el nominalismo, simplemente porque estos hombres le dan el nombre de fuerzas productivas a una realidad empírica que ellos tienen la creencia de que es la figura puesta en pie, precisamente, de las fuerzas productivas.
Pero lo que tenemos, en verdad, es todo lo contrario. Tenemos ante nosotros un objeto hibrido que muy poco tiene de fuerza productiva; me refiero a aquella parte cuya plasmación objetiva o producción logra satisfacer una necesidad humana auténtica o, en otros términos, cuya satisfacción beneficia y, aún, plenifica al ser humano. Este artefacto tecnológico inscrito en el modo de producción capitalista, esta tecnología capitalista —estoy diciendo— en su mayor parte no es fuerza productiva; precisamente, porque no cumple con estas determinaciones: que sus productos satisfagan necesidades humanas. Pues esta tecnología produce objetos que continuamente dejan insatisfecho al que los consume o que lo enferman y degradan y, finalmente, terminan por distorsionar su sistema de necesidades y la necesidad particular a la que supuestamente están encaminados a satisfacer57.
Además, la tecnología capitalista a que nos referimos involucra en su ser ofrecérsenos como una impostura de fuerzas productivas; que se sostiene como tal en la medida en que, por un lado, arroja a la realidad y puede decirse más bien que vomita gran cantidad de productos y, de otro lado, satisface magramente alguna necesidad humana mientras degrada, aliena y deja insatisfechas las necesidades humanas, entre ellas aquella que en magra medida satisface. El caso es en verdad enredado; pero es posible llevar a cabo una distinción crítica fundamental que nos puede guiar para aclararlo y para no confundirnos ante ninguna variante concreta del mismo que topemos en la realidad empírica.
En efecto, las fuerzas productivas son realidades siempre positivas nunca neutrales ni menos negativas en referencia a la satisfacción de necesidades humanas58. Por supuesto que la operación de una fuerza productiva en un momento dado puede ser positiva para un ser humano o un grupo de seres humanos y negativa para otro o para la siguiente generación; pero esta limitación que bien puede ser ejemplificada con un hato de cabras apto para satisfacer múltiples necesidades humanas pero que puede terminar por depredar y devastar una región con implicaciones negativas para un grupo humano colindante o para la siguiente generación, una limitación tal deja de todas maneras en pie el aspecto positivo al que me refiero en relación a la satisfacción de las necesidades humanas; y, por otro lado, de ninguna manera esa limitación podemos identificarla con contradicción interna de la fuerza productiva como para considerarla que en cuanto tal no es fuerza productiva; esto es, que de ninguna manera satisface, libera o revoluciona o desaliena59.
Por su parte, las tecnologías capitalistas pueden ser en su totalidad o en su mayor parte fuerzas productivas; pero pueden no serlo de ninguna manera o serlo sólo parcialmente o en magra medida, cual es el caso de las tecnologías capitalistas, sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo XX y de manera avasalladora a partir de la década de los ochenta del mismo. Tecnologías cada vez más nocivas no sólo para el medio ambiente sino directamente para la fisiología y la psique humanas tanto por su funcionamiento como por el tipo de valores de uso nocivos que producen.
Por eso es que al respecto, hablar de incremento de la productividad resulta equívoco. Son tecnologías de alta productividad sólo en un sentido abstracto y unilateral que de ninguna manera cumple con el concepto concreto de productividad, tal y como Marx utiliza este concepto en El Capital cuando nos habla de creaciones de valores de uso o incremento de la productividad del trabajo por la introducción de una máquina, etcétera. Pues en todos los casos, el concepto de productividad Marx lo contextualiza y determina en referencia al hecho de que el producto satisface una necesidad, esto es, es auténticamente un valor de uso positivo satisfaciente y plenificante60. Mientras que la presunta alta productividad de la tecnología capitalista actual sólo alude a que arroja una gran masa de productos mayor que la de una tecnología previa arrojaba. Pero para Marx tanto las fuerzas productivas como la productividad se determinan en referencia al ser humano, son factores propiamente históricos y antropológicos; y, precisamente, en referencia al valor de uso es que son fuerzas productivas y productividad; y los valores de uso lo son en referencia a necesidades humanas61.
Cabe aquí traer a cuento una frase célebre de Marx que éste utiliza no para eventos económicos meros sino histórico revolucionarios (así que parcialmente inclusivos, de todas maneras, de eventos económicos). Ciertamente: “Ser radical es tomar las cosas por la raíz. Pero la raíz del hombre es el hombre mismo”62. Y bien, para saber en realidad qué es una fuerza productiva hay que ser radical en este profundo sentido. Y así no los confundiremos con las escenificaciones enmascarantes que pone ante nosotros el capitalismo con montañas cada vez más altas de productos como presunta prueba cuantitativa de algo que debiera probarse más bien cualitativamente.
Además, Marx nos entrega los instrumentos conceptuales con los cuales dar cuenta de la génesis de un engendro como el que nos ocupa. Su teoría de la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital63 incluye una teoría de la subsunción real de las fuerzas productivas bajo esta relación social histórica: historia crítica de la tecnología64, la denomina. Por eso he dicho más arriba que en el curso del desarrollo capitalista tal y como lo testificamos actualmente constatamos que las fuerzas productivas positivas —entre ellas la tecnología capitalista normal o que en su totalidad o en su mayor medida es fuerza productiva— son sometidas por el capital cada vez más a fondo y no sólo en cuanto a su forma de uso sino en cuanto a su realidad práctico material. Así que por eso hablo de que se trata de fuerzas productivas subsumidas realmente bajo el capital. Y es esta subsunción real de fuerzas productivas bajo el capital, la responsable de la conversión de fuerzas productivas positivas tanto precapitalistas como capitalistas en mera tecnología capitalista nociva o preponderantemente nociva y que por ende, va dejando de ser crecientemente fuerza productiva.
De tal suerte que no son las fuerzas productivas sino esta tecnología lo que no satisface, lo que enferma y aliena, lo que no propicia condiciones de libertad sino de sometimiento y lo que se convierte en un obstáculo franco a la revolución social, especialmente la socialista. Mientras que las fuerzas productivas —en la medida en que realmente existen todavía en nuestro mundo— siguen siendo satisfacientes, plenificantes, liberadoras y revolucionarias. Incluso lo que de fuerza productiva contiene sepultado y entrampado en su estructura una tecnología capitalista nociva como el automóvil65, como los transgénicos o como la producción de nylon y poliéster, etcétera, por sólo mencionar algunos ejemplos de entre cientos de miles.
No está por demás, sin embargo, ofrecer un ejemplo recentísimo y todavía en curso y en disputa social que ilustra la conversión de fuerzas productivas e, incluso, fuerzas productivas capitalistas —intrínsecamente positivas— en meras tecnologías capitalistas nocivas pero que aparentan ser fuerzas productivas. Así pues cito a Gilberto López y Rivas66:
Los trabajos de ingeniería en Belo Monte [Brasil], que se proponen dos megadesviaciones canalizadas del lecho original de uno de los principales afluentes del Amazonas, con excavaciones comparadas a las que se hicieron para construir el Canal de Panamá, impactarían la vida de los pueblos indígenas asentados en las riberas del río Xingú y regiones aledañas, quienes perderían sus territorios —base material de su existencia y reproducción como entidades colectivas—, recursos naturales incluida el agua, formas tradicionales de organización social, economía y subsistencia, así como el acceso a la navegación fluvial; asimismo, provocarían la migración abrupta hacia la región de al menos 100 mil personas, con el caos social u humano que esto representa; la muerte de millones de peces, aves y otras especies animales, así como la pérdida irreparable de una rica y variada biodiversidad. En suma, se trata de un etnocidio y un ecocidio, ambos de lesa humanidad.
Este ejemplo es por demás resaltante debido a que aunque López y Rivas no llega a establecer la distinción entre fuerzas productivas capitalistas propiamente dichas y tecnologías capitalistas nocivas, sí registra con toda puntualidad un momento mediador entre estos extremos, a saber, la conversión de las fuerzas productivas capitalistas en fuerzas destructivas capitalistas o propias de la guerra. Por eso es que puede tratar el caso de Belo Monte como si se tratara de una guerra de las empresas capitalistas y del Estado brasileños contra los pueblos indígenas de la región; y aunque no se dispare un solo tiro, la aplicación de esas fuerzas productivas convertidas en destructivas suscita un verdadero etnocidio, como él justamente señala.
Pero en este caso se trata, más matizadamente observado, de tecnologías capitalistas nocivas, pues que el efecto no es sólo de etnocidio y, entonces, análogo al de una guerra de seres humanos contra seres humanos sino que también está involucrado el ecocidio. Así que ocurre la producción masiva de valor de uso nocivo y las potentes tecnologías capitalistas nocivas generadoras tanto del etnocidio como del ecocidio sólo en muy magra medida involucran algo así como una fuerza productiva o si quiera una fuerza productiva transformada en destructiva. Y no se trata de la conversión de fuerzas destructivas bélicas en tecnologías capitalistas nocivas, como podría ser el caso de una bomba atómica que además de etnocidio produjera en su entorno ecocidio, como sucediera en Hiroshima y Nagasaki. Sino que aquí directamente fuerzas que parecen ser productivas pues que transforman la Naturaleza aparentemente en un sentido útil para la humanidad, han dejado de ser fuerzas productivas; son directamente tecnologías capitalistas nocivas, según digo. Y por eso generan ecocidio y también etnocidio.
Así que con esta simple distinción radical entre fuerzas productivas y tecnología capitalista nociva es posible resolver múltiples paradojas que nos arroja a la cara la realidad contemporánea. Y no nos vemos en la necesidad de deplorar el desarrollo de las fuerzas productivas o de despedirnos del proletariado o, finalmente, repudiar la revolución proletaria en cuanto tal. Sea uno de estos despropósitos o una combinación de dos de ellos o todos juntos. Pues hay autores que mantienen todavía la idea de Revolución socialista pero sin creer que debe ser proletaria; y otros que aunque creen lo anterior no por ello se despiden definitivamente del proletariado aunque ya no le confían plenamente; y otros aún que se atienen a la revolución socialista proletaria y dicen confiar en el proletariado pero rechazan a las fuerzas productivas o simplemente desvinculan la emergencias de la tal revolución respecto de las fuerzas productivas. En todo esto hay combinaciones y variantes diversas pero el fondo de las mismas siempre es el mismo: caer en la confusión de que la tecnología capitalista nociva que tenemos en frente es lo mismo que fuerzas productivas. Confusión que ha provocado que la mayor parte de los marxistas del siglo XX y de lo que va del XXI enarbolen un marxismo sin fuerzas productivas —verdadero despropósito— así que de fondo un marxismo impotente; y precisamente ante el Gestell totalitario capitalista actual es necesario que el marxismo se ponga a la altura de los tiempos, se reconstituya y recupere su potencia social, política y humana precisamente por la vía de recuperar integralmente su propio concepto de fuerzas productivas en vista de analizar crítica y transformadoramente toda la realidad contemporánea y cualquier aspecto de ésta.
Una vez puestas las cosas en claro podemos pasar a un siguiente paso de nuestro argumento.

III.1. Producción de valores de uso nocivos mediante tecnologías capitalistas nocivas y tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista.
En efecto, arribamos a una síntesis, pues debido a lo dicho, tenemos que la referida ley del incremento de la producción de valores de uso nocivos, se desdobla y acompaña de la ley del desarrollo creciente de tecnología destructiva y de la transformación creciente de las tecnologías destructivas en tecnologías nocivas (8ª ley) mediante las que se despliega, sistemáticamente, un tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista67. Y, ahora, por supuesto deberemos explicar lo recién dicho.
Evidentemente, es debida a la existencia de la subsunción real de las fuerzas productivas de la humanidad bajo el capital que tenemos ante nosotros las referidas tecnologías capitalistas nocivas y que la ley del desarrollo de las fuerzas productivas no ha sido anulada por el desarrollo capitalista del siglo XX pero sí fundamentalmente trastornada y parcialmente sofrenada al imponerle o someterla bajo la ley del desarrollo creciente de tecnologías nocivas. Y es también evidente que de esta ley recién mencionada, deriva la existencia de esa otra ley que mencionáramos paginas más arriba (Ad. II.1) y que recién hemos vuelto a traer a cuento: la ley del incremento de producción de valores de uso nocivos. Así que al respecto ya hemos dado en lo que antecede las explicaciones pertinentes. Pero al mostrar la articulación de ambas leyes —la del desarrollo de tecnologías nocivas y la de la producción de valores de uso nocivos— se vuelve forzoso reconocer que el tiempo de trabajo socialmente necesario se altera cualitativamente. Por eso introduzco el siguiente nuevo concepto que deberé explicar más abajo, el del tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista.
En efecto, Marx habla del tiempo de trabajo socialmente necesario en general válido para cualquier época histórica, como el tiempo en el que el trabajo plasma valor68; así que este tiempo de trabajo socialmente necesario en general es premicial para la existencia del capitalismo. Y los tres tomos de El Capital se sustentan en este concepto y sus correlatos; como, por ejemplo, el tiempo de trabajo socialmente negativo69 que se despliega en la circulación de mercancías (tiempo de circulación) y que hay que restar del tiempo de trabajo socialmente necesario productor de mercancías. Pero el caso es que el propio desarrollo capitalista toma esta premisa suya que es el tiempo de trabajo socialmente necesario y la transforma cada vez; primero, acelerándolo, reduciendo cada vez más el tiempo de trabajo socialmente necesario que en un momento previo se requería para la producción de éste o aquel producto. Y, aún más, el desarrollo capitalista no sólo transforma al tiempo de trabajo socialmente necesario sino que lo trastorna en la medida en que lo somete a sus requerimientos económicos e históricos.
En efecto, el sometimiento del tiempo de trabajo socialmente necesario bajo el capital es un producto continuo de la subsunción real del proceso de trabajo y de las fuerzas productivas de la sociedad bajo el capital en la medida en que estas fuerzas productivas son trastocadas en tecnología nociva que producen valores de uso nocivos, mismos que no pueden sino alterar lo que son las necesidades humanas. Con lo cual el contenido de lo socialmente necesario queda trastocado y, por ende, queda trastocado lo que debemos entender por tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista.
De tal manera tenemos, de un lado, al tiempo de trabajo socialmente necesario en general premisa de la existencia de la sociedad burguesa y, de otro lado, al tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista producido históricamente en el curso del desarrollo de la sociedad burguesa, en particular de su modo de producción inmediato. Y el tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista no es sino el correlato de la alteración patológica de las necesidades humanas, determinada ésta porque los seres humanos bajo el capitalismo nos vemos obligados a metabolizar los valores de uso nocivos que de continuo vomita la industria capitalista de forma creciente.
Seguimos siendo seres humanos pero con metabolismo fisiológico y psicológico completamente alterados patológicamente. Y esta alteración es nuestra forma de vida diaria normal bajo el capitalismo. Nuestro sistema de necesidades y casi cada una de estas tomadas en cuanto tales se encuentra trastornado lesívamente. Y nuestros organismos se encuentran enviciados con el tipo de valores de uso nocivos que han conformado y sometido a nuestros cuerpos y mentes. De tal manera que el capitalismo impone una nueva medida e índole de tiempo de trabajo socialmente necesario, el tiempo de trabajo socialmente necesario capitalista que se distingue radicalmente del tiempo de trabajo socialmente necesario y que, aún, es su opuesto.
¿Qué es el tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista? Es el tiempo de trabajo en el que ocurre la plasmación de valor que lleva a cabo el trabajo humano incluido como apéndice de las máquinas capitalistas nocivas o tecnologías capitalistas nocivas. Se sigue plasmando valor con base en el tiempo de trabajo socialmente necesario; pero se trata de algo que es socialmente necesario porque el capital lo ha trastocado funcionalmente en referencia a sus necesidades de acumulación, así que es simultáneamente, fisiológica y psicológicamente lesivo así que, también, socialmente lesivo, destructivo.
El tiempo de trabajo socialmente necesario en general satisfaciente, saludable y plenificante ya casi ha dejado de existir y, en su lugar, se nos presenta con su jeta de endriago el tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista que tiene que ver con necesidades trastocadas imposibles de satisfacer, patológicas y que generan vaciedad tanto fisiológica como psicológica o su contrario una llenura rebosante que nos pone siempre al borde de la nausea. En efecto, como dijera Marx, el mundo moderno no satisface y cuando parece hacerlo, esto es, que se encuentra “satisfecho consigo mismo es vulgar70 y, aún, letal.
De suerte que cada vez más la sociedad humana como un todo se desvía de su condición humana, se aliena no sólo económica, política y culturalmente sino, incluso, se aliena en cuanto a las premisas antropológico materiales de su existencia y, básicamente, de sus necesidades. La sociedad burguesa se aleja cada vez más de lo socialmente necesario y del trabajo socialmente necesario en la exacta medida en que construye en su seno lo socialmente necesario capitalista y el trabajo socialmente necesario capitalista. Es esta una manera de volverse superflua y de obligar a ser revolucionada y destruida pero, mientras tanto, constituye una extensión y profundización de la enajenación y del sufrimiento humanos y un suspenso de la posibilidad de la revolución socialista; y quizá aún de la imposibilización de ésta. Pues la humanidad y el planeta Tierra en su conjunto puede perecer antes de poder llevar a cabo dicha revolución y, precisamente, mientras la humanidad y la biota toda sobreviven conformados dentro de la sociedad burguesa así vuelta monstruosa. He aquí un auténtico retroceso histórico catastrófico constituido con base en la tecnología capitalista nociva y sus efectos. El gigantismo de la Modernidad, conocido por Gramci, Benjamin y Heidegger se transformó en Monstruosismo, Gore y Snuff realmente existentes.
De tal suerte que aunque hay tiempo de trabajo socialmente necesario, como éste es específicamente capitalista, ya no podemos hablar de que su reducción mediante tecnologías nocivas cada vez más potentes signifique progreso humano. Al contrario significa creciente decadencia y retroceso histórico. Y el incremento de productividad de estas tecnologías es también una productividad específicamente capitalista, no la socialmente necesaria en general sino la socialmente necesaria capitalista. Y aquí nos encontramos redondeando el proceso de enajenación que vive la sociedad bajo el capital y entendemos el profundo significado de la idea de Marx de que la sociedad burguesa es la sociedad de la total enajenación71.
En realidad todo lo dicho hasta aquí y lo que sigue, constituye el contenido de lo que debe entenderse por el concepto de subsunción real del consumo bajo el capital, es decir, la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital que funciona con tecnologías capitalistas nocivas y que por ende produce crecientemente valores de uso nocivos, así que subsume realmente al consumo y a las necesidades humanas. Lo que redunda en el trastrocamiento del tiempo de trabajo socialmente necesario en general en tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista recién expuesto.

III.2. El desarrollo de la contradicción valor de uso-valor al interior del tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista bajo el mercado mundial actual
Según lo dicho, arribamos a la siguiente idea sintética: el tiempo de trabajo socialmente necesario específicamente capitalista está conformado nada menos que por la dualidad del tiempo de trabajo socialmente necesario y tiempo de trabajo social nocivo (el capitalista). Esta dualidad contradictoria, es la expresión de la contradicción valor de uso-valor inherente a la mercancía72, constituida por tiempo de trabajo socialmente necesario no nocivo pero, una vez que se desarrolla el mercado mundial, la contradicción valor de uso-valor se vuelve determinante o recae sobre el mismo tiempo de trabajo socialmente necesario escindiéndolo, como digo, en tiempo de trabajo socialmente necesario y tiempo de trabajo social nocivo. Al interior de esta contradicción crece, cada vez más, el tiempo de trabajo social nocivo (9ª ley) en proporción análoga a como crece el capital constante a costa del capital variable en tanto factores dinámicos de la Ley general de la acumulación de capital73 y de la Ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia74.
La cuestión es que con el desarrollo del mercado mundial capitalista estructurado a partir de la contradicción valor de uso-valor, tenemos no sólo que esta contradicción encuentra su desarrollo máximo y por así decirlo se redondea o vuelve sobre sí misma; sino que, precisamente por eso, recae sobre sus propias premisas, a saber: el tiempo de trabajo socialmente necesario y la productividad, así como las necesidades humanas.
Esto es lo que, en general y en esencia, ha puesto en escena —y lo sigue poniendo— la actual crisis económica y ecológica mundial del capitalismo.
Ahora bien, con base en lo dicho —valores de uso nocivos, tecnologías nocivas y tiempo de trabajo social nocivo, así como necesidades degradadas en función de la subsunción real del consumo bajo el capital— cabe explicar que como parte fundamental de los valores culturales degradados en el curso de la sobreacumulación cualitativa de capital se degradan los valores estéticos de la sociedad según una paradójica ley de fealdad snuff y gore crecientes (11ª ley) tal y como lo ejemplifican la estética de los Marasalvatrucha, de los narcoajusticiamientos y de los feminicidios en todo el país.
Y otra parte a no olvidar de la degradación cultural es la de los valores espirituales en acuerdo a la ley de crecimiento del fundamentalismo religioso (12ª ley) . Así como la degradación científica y filosófica en acuerdo a la ley del crecimiento del credo neoliberal de “pensamiento único” así como de la positivización idiotizante de las ciencias sociales y de la instrumentalización irresponsable de las naturales (13ª ley), pérdida de gestión democrática incluida en todas ellas y de banalización creciente de sus temáticas de investigación. Lo que nos entrega sintéticamente una ley de mentiras crecientes y de mentiras presentadas como verdad en las más variadas versiones y en todos los ámbitos de la sociedad.
Con lo cual dejamos formuladas las leyes 11ª a 13ª que acompañan a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia o ley de la sobreacumulación de capital.

IV. La crisis en México bajo el Imperio norteamericano
Ahora bien, en países como México, dominados férreamente por el imperialismo, en este caso norteamericano y las empresas transnacionales internacionales —no sólo norteamericanas—, se añade una paradoja adicional a todo lo dicho.
IV.1. Ejercito Industrial de Reserva no nacional sino internacional a favor del capital imperial y reproducción ampliada negativa de capital en México (14ª ley)
A saber, no sólo la sobreacumulación de capital se desdobla y acompaña con la sobreacumulación cualitativa de capital y sus leyes correspondientes arriba mencionadas (1 a 13) , de tal manera que a la degradación de valores de uso en general y de fuerzas productivas en particular, así como, en singular, de valores éticos, sociales, políticos y culturales (10ª ley) se añade algo más.
En efecto, en países como México aplastados por el yugo imperialista, se añade a la sobreacumulación de capital cuantitativa y cualitativa, el hecho de que la reproducción ampliada de capital ve modificado crecientemente su esquema —y este hecho antiprogresivo en verdad es una ley que nos rige (14ª)— mostrándose como reproducción ampliada negativa75, de la que forma parte la desindustrialización creciente del país y la destrucción de las cadenas productivas tecnológicas, al tiempo en que crecen las tecnologías destructivas y las nocivas y la economía criminal se convierte en el componente particular más importante del PIB nacional (40% en 2009).
Bajo tales condiciones, se ofrece la paradoja de un país del que emigran treinta millones de mexicanos cuya fuerza de trabajo no puede ser empleada en su territorio sino en Estados Unidos. Así que la reproducción ampliada negativa de países como el nuestro, se acompaña de la formación de un Ejercito Industrial de Reserva no nacional sino internacional a favor del capital imperial76.

IV.2 La ley del Neoliberalismo entreguista mexicano
De tal suerte que la economía mexicana muestra un comportamiento que se explica por la paradójica ley dual de esquema de reproducción ampliada negativa y, simultáneamente, de sobreacumulación cualitativa de capital; dupla reproductiva y sobreproductiva que se acopla a la reproducción ampliada de capital del Imperio —Estados Unidos— ya también sobreacumulativa en términos cuantitativos o de valor y cualitativos o de valor de uso y erigida sobre tecnologías destructivas y nocivas. Así puede quedar formulada la 14ª ley que explica la actual situación de la crisis mundial del capitalismo.
V. La ley capitalista de destrucción creciente y sistemática del principio de placer
En síntesis, a la Ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, de la sobreacumulación cuantitativa de capital, se acopla su fantasma, la ley de la tendencia de la tasa de goce y afirmación fisiológica y psicológica de los seres humanos, así como social y cultural de estos mismos a decrecer77, ley de la sobreacumulación cualitativa de capital que así queda formulada según su figura más concreta y radical (15ª ley).

VI. La ley capitalista de degradación de la política y la emergencia de la política revolucionaria o auténtica
En México, los rasgos monstruosos de esta doble legalidad reproductivo-sobreproductiva capitalista, se evidencian a cada paso; incluso el deterioro de la política y los políticos del país. La crisis política estructural que vive México desde 1982, hoy se agudiza virulentamente no casualmente sino siguiendo una ley de la creciente degradación del quehacer político dentro del capitalismo (16ª), en particular el periférico y las diversas figuras de reproducción ampliada negativa que muestra. La respuesta la tiene y la está dando la humanidad proletarizada, es decir, el pueblo obligado a una resistencia en múltiples frentes y cada vez más a una lucha omnilateral y solidaria, generosa y anti sectaria78.

VI.1. Conclusión.
Ahora debo abordar un aspecto conceptual decisivo que creo vale mucho la pena tratar en medio de un tiempo de turbulencia, en medio de una crisis compleja y total como la que estamos viviendo. En efecto, creo que es muy importante volver a la coherencia, tener los pies muy bien plantados sobre la tierra y poder observar los movimientos del enemigo con tranquilidad y, al mismo tiempo, sus contradicciones. No nosotros caer en sus contradicciones sino aprovechar las del enemigo para combatirlo eficazmente teórica y prácticamente.
Pero es precisamente el caso de que en un tiempo así no es difícil que caigamos nosotros mismos en las contradicciones del enemigo; porque siendo este el capitalismo, constituye todo nuestro modelo de vida, nos constituye. Pondré un ejemplo recientemente acaecido en las discusiones que tuvieron lugar en la segunda edición del ya célebre seminario sobre la crisis económica y ecológica actual organizado por John Saxe-Fernández en la UNAM79.
El Maestro y Doctorante José Gandarilla expresó con agudeza algo que, de alguna manera, rondaba en la cabeza de todos nosotros participantes en dicho seminario. Pues a su parecer la crisis actual es tan grave y tan integral que llega a ser —dijo— una especie de “crisis del modelo mismo”. Y ello en el contexto de que poco antes Atilio Borón hiciera referencia a la crisis del modelo socialdemócrata de gestión política en los momentos actuales, esto es, de que en los días que corren hasta este modelo de gestión del capitalismo entraba en crisis. Pero José Gandarilla radicaliza la idea, pues se refiere a una crisis de modelo del capitalismo en cuanto tal. Es decir, no se refiere solamente a una contradicción, un agotamiento o una crisis del modelo neoliberal en tanto figura peculiar de capitalismo. Sino del modelo del capitalismo en cuanto tal, repito. Es en este punto donde quiero intervenir porque más allá de la buena intención aquí involucrada, tenemos que el pensamiento crítico-científico está quedando prisionero en las convulsivas contradicciones de la crisis actual, así que tiende a concebirla de manera incoherente; y hay que sacarlo de esta trampa. Debemos y podemos rescatarnos.
Ciertamente, el capitalismo en cuanto tal o como aquí se dice: “como modelo” (que no es ningún modelo de algo digno a seguir sino, precisamente, modelo de enajenación omnilateral) no se encuentra en crisis. Más bien, si somos consecuentes, entenderemos que en el curso de la crisis actual dicho modelo se está realizando, se encuentra integrándose y, precisamente, a costa de nosotros. Al capitalismo mundial le faltaban ámbitos por integrar pero ahora está logrando tal empresa. Así que es la propia lógica del capitalismo —el capitalismo como modelo— la que se está haciendo valer ahora hasta en nuestros cuerpos. Antes, dicha lógica se hacia valer solamente a nivel de la circulación, y a nivel de la explotación del plusvalor; nuestros cuerpos no estaban sometidos a la misma; pero, en estos momentos, las células de nuestro cuerpo están siendo regidas en su reproducción biológica cotidiana de acuerdo a la lógica del capitalismo. Todo tipo de animales y plantas se venían reproduciendo biológicamente pero cada vez más se empiezan a reproducir según la lógica del capital. El modelo capitalista no está en crisis sino realizándose; y eso es lo que nos duele y mata y lo que hay que combatir.
Ahora bien, en cuanto en mayor número de ámbitos el capitalismo se realice, no solamente a nivel económico y político sino, también, a nivel cultural, ecológico, sexual, emocional y fisiológico, esto es, en cuanto mayor número de ámbitos no mantienen vínculos con el capital solamente tangenciales sino que se encuentran sometidos a este no sólo formalmente sino que se encuentran realmente sometidos a la acumulación de capital, el dolor va a seguir creciendo. Y, entonces, debemos organizarnos en referencia a cada uno de estos ámbitos y a todos en su conjunto.
Hubo épocas en que había que organizarse políticamente, había que organizarse a nivel económico y, además, había que llevar a cabo la lucha ideológica; misma que se enderezaba para confrontar al capital a nivel económico y a nivel político. Pero ahora hay que llevar a cabo una lucha ideológica para confrontarlo integralmente como cultura; no solamente a nivel económico y político. Y además de llevar a cabo una tal lucha ideológica que implique una confrontación integral, debemos organizarnos prácticamente. En el entendido de que el curso mismo de esta crisis nos irá aupando, nos irá empujando conforme no se restablezcan las condiciones de desarrollo sino que dicho curso degradante se profundice cinco, diez, veinte años, como dijera Atilio Borón en su antedicha intervención.
Por eso vale más que estemos advertidos acerca de que debemos organizarnos en cada uno y en todos los niveles que el capital está subordinando realmente a su proceso de acumulación.

Notas
1Silvia Ribeiro; “El peligro camino hacia Río+20”; en: La Jornada; México, 29 de enero de 2011. Pág. 28.

2 Jorge Beinstein; “Rostros de la crisis. Reflexiones sobre el colapso de la civilización burguesa”; Ponencia presentada en el Seminario Internacional “Colapsos ecológico-sociales y económicos”, realizado del 29 al 31 de 0ctubre de 2008 - Universidad Nacional Autónoma de México.
3Jorge Veraza U.; “Crisis económica y Crisis de la forma neoliberal de civilización”, en: Revista Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, Nueva época, Año 23; Universidad Autónoma Metropolitana; México, mayo-agosto 2010. Págs. 123-160.
4 Alejandro Nadar; “La Crisis y la tasa de ganancia”; La Jornada; México, 8 de diciembre del 2010, Pág. 34.
5 Ibídem.
6 Paul Mattick; Marx y Keynes: los límites de la economía mixta (1962); Ediciones Era; México, 1985.
7 Henryk Grossmann; La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista : una teoría de la crisis (1929); Ed. Siglo XXI; México, 1979.
8Carl Smidtt; El concepto de lo político; texto de 1932 con un prólogo y tres corolarios; Ed. Alianza; Madrid, 1999.
9 Martin Heidegger: «La época de la imagen del mundo» (1938); en Caminos de bosque, Ed. Alianza, Madrid, 1995.
10Jean François Lyotard; La posmodernidad explicada a los niños (1992); GEDISA; Barcelona, 1987.
11 Friedrich Engels; Esbozo de crítica de la economía política; Ed. Grijalbo; México, 1962.
12 Karl Marx; Manuscritos económico-filosóficos de 1844 (1844);Ed. Cultura Popular; México, 1976.
13Karl Marx; Karl Marx; Contribución a la Crítica de la economía política (1859); Ed. Siglo XXI; México, 1990. Prólogo.
14 “La historia de esta expropiación de los trabajadores ha sido grabada en los anales de la humanidad con trazos de sangre y fuego”, en: Karl Marx; El Capital, Tomo I, Vol. 3; Ed. Siglo XXI; México, 1984, Capítulo XXIV “La llamada acumulación originaria”; Pág. 894.
15“Si el dinero, como dice Augier, <>, el capital lo hace chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies”, en: Karl Marx; El Capital, Tomo I, Vol. 3; Ed. Cit., Capítulo XXIV “La llamada acumulación originaria”; Pág. 950.
16 En La subsunción del consumo bajo el capital. Dominación fisiológica y psicológica en la sociedad contemporánea; Ed. Itaca; México, 2008., he expuesto esta idea del capitalismo actual como Gestell totalitario en tanto forma de realización de la subsunción real del consumo bajo el capital —concepto que más abajo expondremos— mientras que aquí lo he relacionado con las leyes constitutivas del capitalismo contemporáneo desde las económicas hasta las culturales, que son simultáneamente las de una condición en las que domina la subsunción real del consumo bajo el capital.
17 Ernst Bloch; “Proceso y estructura” (1966) en: Las nociones de génesis y estructura; Ediciones Nueva Visión; Buenos Aires, 1976. (Varios autores), Tomo I: Proceso y Estructura. Filosofía. Fenomenología y Psicoanálisis. Págs. 35-89.
18 Negritas mías.
19 Karl Marx; El Capital, Tomo I, Vol. 1; Ed. Cit., Capítulo XIII “Maquinaría y Gran Industria”.
20 Karl Marx; El Capital, Tomo I, Vol. 1; Ed. Cit., Capítulo XIV. “Plusvalor absoluto y plusvalor relativo”, así como “La subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al capital” en: Karl Marx; Capítulo VI Inédito; Ed. Siglo XXI; México, 1974.
21 Vladimir Ilich Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo (1916); Ed. El Caballito; México, 2002.
22 Jorge Beinstein; Op. cit.
23 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo III, Vol. 6, Sección I: “La transformación del plusvalor en ganancia y de la tasa de plusvalor en la tasa de ganancia”.
24 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo III, Vol. 6, Sección II: “La transformación de la ganancia en ganancia media”.
25 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo III, Vol. 6, Capítulo XV “Desarrollo de las contradicciones internas de la ley”.
26 Silvia Ribeiro; Ibíd.
27 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo III, Vol. 6, Capitulo XIII “La ley en cuanto tal”.
28 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo I, Vol. 3, Sección VII: “El proceso de acumulación de capital”.
29 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo I, Vol. 1, Sección III, Capítulo X “El concepto de plusvalor relativo”.
30Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo I, Vol. 1, Sección I, Capitulo I. §2 “El doble carácter del trabajo” y Sección tercera, Capítulo VI “Capital constante y capital variable”
31 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo I, Vol. 1, Capitulo VII “La tasa de plusvalor” y Tomo III, Vol. 6, Capítulo XIII “La ley en cuento tal”.
32 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo III, Vol. 6, Capítulo XV “Desarrollo de las contradicciones internas de la ley”.
33 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo III, Capitulo XV “Desarrollo de las contradicciones internas de la ley”.
34 Karl Marx; Contribución a la Crítica de la economía política (1859) (Prólogo); Ed. Siglo XXI; México, 1990.
35 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo III, Vol. 6, Capitulo XIV “Causas que contrarrestan la ley”.
36 Cfr. Jorge Veraza U.; Leer El Capital hoy. Pasajes selectos y problemas decisivos; Ed. Itaca-Ed. Paradigmas y utopías; México, 2007.
37 Jorge Veraza U.; Op. Cit., Capítulo XII “Subsunción real del consumo al capital, reproducción y desarrollo capitalistas. Continuación. La Sección tercera del Tomo II y Sección tercera del tomo III.
38 Cfr. Acción Ecológica, Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo, Re Interamericana de Agriculturas y Democracias (RIAD); El ABC de los Transgénicos; Editado por Acción Ecológica y el Instituto de Estudios Ecológicos del Tercer Mundo; Ecuador, 1999.
39 Cfr. Jorge Veraza U. “Subsunción real del consumo bajo el capital y biotecnología” en Subsunción real del consumo al capital. Dominación fisiológica y psicológica en la sociedad contemporánea. Ed. Cit.
40 Cfr. Jorge Veraza U. “Justine o la crítica política, ética y psicosocial”; contenido en Revista Polis. Investigación y Análisis sociopolítico y psicosocial, Vol. 7, Núm. 1; UAM-Xochimilco; México, 2011.
41 Jorge Veraza U.; Para la historia emocional del siglo XX; Ed. Itaca; México, 2003.
42 Sobre este concepto Cfr. Jorge Veraza U. Economía y política del agua; Ed. Itaca, México, 2007.
43 Jorge Veraza U. “Karl Marx y la técnica desde la perspectiva de la vida”; Contenido en: Revista Criticas de la Economía Política, No. 22/23; Ediciones el Caballito; México, 1984.
44 ETC Group y Fundación Heinrich Böll; La inmensidad de lo mínimo. De los genomas a los Átomos; ETC Group- Fundación Heinrich Böll; S.L, 2003.
45 Jorge Veraza U. (coord.); Los peligros de comer en el capitalismo; Ed. Itaca; México, 2007.
46 Karl Marx; Contribución a la Crítica de la economía política (1859) (Prólogo); Ed. Cit.
47 Herbert Marcuse; El hombre unidimensional: ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada; Ed. Ariel; Barcelona, 1999.
48 Armando Bartra; El hombre de Hierro: los límites sociales y naturales del capital; UACM; México, 2008.
49 Cfr. Vladimir Ilich Lenin; El Imperialismo fase superior del capitalismo; Ed. Cit.
50 Cfr. Georges Sorel; El sindicalismo revolucionario; Ed. Juan Pablos; México, 1975.
51 Cfr. Henri Bergson; La evolución creadora; Ed. Cactus; Buenos Aires, 2007.
52 Cfr. “La pregunta por la técnica”, Contenido en: Martín Heidegger; Conferencias y Artículos; Ed. del Serbal; Barcelona, 1994.
53 Cfr. Max Horkheimer; Crítica de la razón instrumental; Ed. Trotta; Madrid, 2002.
54 Cfr. Theodor W. Adorno y M. Horkheimer; Dialéctica de la Ilustración; Ed. Akal; Madrid, 2007.
55 André Gorz; Adiós al proletariado: Más allá del socialismo; Ed. Viejo Topo; Barcelona, 1982.
56 Jorge Veraza U.; Para pensar la opresión y la emancipación desde la posmodernidad: Crítica a la dialéctica del amo y el esclavo en Hegel, Editorial Itaca, México, 2005.
57 Cfr. Jorge Veraza U. “Karl Marx y la técnica desde la perspectiva de la vida”; Ed. Cit.
58 Ibíd.
59 Ibíd.
60 Karl Marx; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrise) 1857-1858; Ed. Cit. Pág. [387] “Pero, in fact, si se despoja la riqueza de su limitada forma burguesa, ¿qué es la riqueza [esto es el valor de uso] sino la universalidad de las necesidades, capacidades, goces, fuerzas productivas, etcétera, de los individuos, creada en el intercambio universal? ¿[[Qué, sino]] el desarrollo pleno del dominio humano sobre las fuerzas naturales, tanto sobre las de la así llamada naturaleza como sobre su propia naturaleza? ¿[[Que, sino]] la elaboración absoluta de sus disposiciones creadas sin otro presupuesto que el desarrollo histórico previo, que convierte en objetivo a esta plenitud total del desarrollo, es decir, al desarrollo de todas las fuerzas humanas en cuanto tales, no medidas con un patrón preestablecido? ¿[[Qué, sino una elaboración como resultado de]] la cual el hombre no se produce en su carácter determinado sino que produce su plenitud total? ¿[[ Cómo resultado de]] la cual no busca permanecer como algo devenido sino que está en el movimiento absoluto del devenir?” (Negritas entre corchetes mías).
61 Ibíd.
62 Karl Marx; En torno a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel y otros ensayos; Ed. Grijalbo; México, 1962; Pág. 3.
63 Cfr. Karl Marx; Capítulo VI. Inédito; Ed. Cit.
64 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit. Tomo I, Vol. 2, Capítulo XIII “Maquinaria y gran industria” §1 “Desarrollo de la máquina”, Nota al pie No. 89
65 Jorge Veraza U. El Siglo de la Hegemonía mundial de Estado Unidos. Guía para comprender la historia del siglo XX, muy útil para el XXI; Ed. Itaca; México, 2004.
66Gilberto López y Rivas “Carta abierta y urgente a Dilma Rousseff”; La Jornada; México, 29 de enero de 2011. Pág. 19
67 Cfr. ”La subordinación real del consumo al capital o el tiempo de trabajo socialmente nocivo como necesidad estructural”, en el Capítulo Subsunción real del consumo al capital y economización de la sociedad. El Gestell totalitario”. Contenido en: Jorge Veraza U. Subsunción real del consumo bajo el capital. Dominación fisiológica y Psicológica en la sociedad contemporánea. Ed. Cit.
68 Cfr. Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Capítulo V “Proceso de Trabajo y proceso de Valorización”.
69 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo III, Vol. 6, Sección IV Transformación de capital mercantil y de capital dinerario en capital dedicado al tráfico de mercancías y en capital dedicado al tráfico de dinero (capital comercial).
70 Karl Marx; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858; Ed. Cit. Págs. [387] y [388] “En la economía burguesa —y en la época de producción que a ella corresponde— esta elaboración plena de lo interno aparece como vaciamiento plena, esta objetivación universal, como enajenación total, y la destrucción de todos los objetivos unilaterales determinados como sacrificio del objetivo propio frete a un objeto completamente externo. Por eso el infantil mundo antiguo aparece por un lado como superior. Por otro lado, lo es en todo aquello en que se busque configuración cerrada, forma y limitación dada. Es satisfacción desde un punto de vista limitado, mientras que el [[mundo]] moderno deja insatisfecho o allí donde aparece satisfecho consigo mismo es vulgar”.
71 En: Karl Marx; Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858; Ed. Siglo XXI; México, 1989: “En la economía burguesa —y en la época de la producción que a ella corresponde— esta elaboración plena de lo interno, aparece como vaciamiento pleno, esta objetivación universal, como enajenación total, y la destrucción de todos los objetivos unilaterales determinados, como sacrificio del objetivo propio frente a un objetivo completamente externo” Pág. [388] . “(Analizaremos más adelante cómo la forma más extrema de la enajenación, en la cual el trabajo, la actividad productiva, aparece respecto a sus propias condiciones y su propio producto en la relación del capital con el trabajo asalariado, es un punto de pasaje necesario y por ello contiene en , aún cuando en forma invertida, apoyada sobre la cabeza, la disolución de todos los presupuestos limitados de la producción y, más bien, produce y crea los presupuestos no condicionados de la producción y, por ello, las condiciones materiales plenas para el desarrollo universal, total de la fuerza productiva de los individuos.) Pág. [414]”
72 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo I, Vol. 1, Capítulo I: “La Mercancía”.
73 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo I, Vol. 3, Sección séptima “El proceso de acumulación de capital”.
74 Karl Marx; El Capital; Ed. Cit., Tomo III, Vol. 6, Sección tercera “Ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia”.
75 Nicolai Bujarin; El imperialismo y la acumulación de capital. Ed. Tiempo Contemporáneo; Buenos Aires, 1974.
76 Cfr. Jorge Veraza U.; “La autonomía del capital mundial y la migración obrera internacional”; en Revista Relaciones, Núm. 11-12;UAM-Iztapalapa; México, 1996.
77 Cfr. Jorge Veraza U.; “Hipótesis sobre la formulación de una problemática emoción. (Comentario a la poesía); Revista Itaca, Núm. 3, Estacional; México, Primavera 1985.
78 Cfr. Jorge Veraza U.; “Subsunción real del consumo bajo el capital y luchas emancipatorias del fin de siglo XX (Internándose en el XXI)” Contenido en: Subsunción real del consumo al capital. Dominación fisiológica y psicológica en la sociedad contemporánea; Ed. Cit.
79 Seminario Internacional “Crisis económica-ecológica. Retos y alternativas” (Ciudad Universitaria-UNAM; México, 8-11 de Noviembre de 2010). Panel de discusión: “La Crisis” (Martes 9 de Noviembre de 2010); Auditorio del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades.

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