viernes, 8 de enero de 2010

Para leer el Manifiesto Comunista

Salvador López Arnal
Rebelión
Sacristán impartió dos cursos de postgrado en la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la UNAM mexicana a lo largo del curso académico 1982-1983. “Inducción y dialéctica” y “Karl Marx como sociólogo de la ciencia” fueron las temáticas en ellos desarrolladas. En un artículo escrito en ese período (“¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?”, Pacifismo, ecologismo y política alternativa, Barcelona, Icaria, 1987 [1], pp. 123-124), destacaba Sacristán la excelencia literaria del Manifiesto Comunista en los términos siguientes:
(...) no es nada fácil prever qué Marx se leerá en el siglo XXI. Hermann Grimm lo tuvo más llano al preguntarse que Goethe leeríamos con más gusto en el siglo XX, predijo que no sería el del Werther, ni, menos el de la Teoría de los colores, que ni siquiera consideró, sino el del Fausto, y acertó. La cuestión no se puede plantear así para Marx, aunque los dos casos tienen parecidos. También en la obra de Marx hay ciencia y hay otras cosas, como en la de Goethe, pero las otras cosas son diferentes y, además, están organizadas de otro modo: no es la misma para los dos la relación entre poesía y verdad [2]. Las páginas de Marx que pueden sobrevivir como clásicas ofrecen textos de varias clases: científicos sistemáticos, históricos, de análisis sociológico y político, de programa. Por otra parte, ninguno de esos textos -tal vez con la excepción del Manifiesto Comunista y de algunos trozos de El Capital- es tan bueno literariamente como para perdurar por su sola perfección…
No se conserva ninguna cinta ni se han encontrado apuntes de la conferencia que, según testimonio de Jaume Botey [3], impartió Sacristán en la Escuela de Adultos de Can Serra de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) sobre el Manifiesto a mediados de los años setenta. Existe, en cambio, copias de un texto titulado “Para leer el Manifiesto del Partido Comunista. Plan de estudios elemental. Curso primero” (PLMC) atribuido a Sacristán y datado en 1956 o 1957, escrito muy poco después de su vuelta de la Universidad de Münster y de su adhesión al PSUC-PCE en la primavera de 1956, que ahora puede leerse en la red en la dirección indicada al inicio de esta nota.
Dejando aparte octavillas clandestinas o informes partidistas, PLMC fue probablemente el primer material marxista elaborado por Sacristán. Fue discutido con la hispanista Giulia Adinolfi, con la que se casó en el verano de 1957, y con Pilar Fibla, discípula, compañera de lucha en las filas del PSUC y amiga recientemente fallecida [4]. Fue editado posteriormente –sin firma, obviamente- por el comité ejecutivo del PSUC en febrero de 1972. Por las referencias bibliográficas, es casi seguro que Sacristán -o algún miembro del comité ejecutivo del PSUC- corrigiera las erratas y actualizara la bibliografía para esta edición. Se trata de un material pensado, básicamente, para ser discutido entre militantes y simpatizantes del PSUC y entre de círculos próximos al partido, al perseguido y castigado partido de la resistencia antifranquista no silenciada.
El escrito se inicia con una breve reflexión sobre la necesidad que sienten grupos de trabajadores organizados de mejorar su formación teórica con el estudio del pensamiento marxista. En opinión de Sacristán:
Satisfacer esta necesidad exige en primer lugar la práctica, aprender de la lucha. Pero también exige siempre trabajo de estudio. El trabajo de estudio ha de ser primero individual, intentar “ponerse de codos” sobre los libros. El trabajo colectivo en círculos de estudio, que lleva aparejado el estudio individual, puede resultar muy útil al menos por dos razones: 1ª, porque da la costumbre de estudiar a quienes no la tienen, 2ª porque con las opiniones de muchos se precisa y enriquece el pensamiento de cada uno.
El material elaborado está dividido en tres apartados. En el primero de estos, Sacristán da cuenta de las razones por las que no le parecen recomendables manuales de introducción escritos por marxistas para “basar un plan de estudios elemental”. En primer lugar, porque todo manual resulta de “una interpretación, que prescinde de cosas, recoge otras y pone a éstas en un determinado orden”. Los manuales en castellano con que se contaba en aquellos años estaban “concebidos como si no existiera nunca ningún problema de interpretación de los clásicos, ni necesidad de atender a nuevas realidades”. En segundo lugar, en esos mismos manuales se introducían divisiones o clasificaciones que no estaban en los clásicos propiamente y que habían hecho fortuna en la tradición. Por ejemplo, la usual división del marxismo en materialismo dialéctico y materialismo histórico. Esas clasificaciones, en su opinión, convertían “el marxismo en una escolástica catequística”. Por último, Sacristán señalaba que tanto Marx como Engels consideran muerta la filosofía en el sentido de sistema, es decir, como sistema conceptual poseedor de la totalidad de los conocimientos, como teoría que tuviera como objetivo la misma explicación del Todo. Sin embargo, “los manuales existentes son precisamente filosofía en ese sentido escolástico extraño al marxismo...”
El traductor de El Capital señalaba a continuación que entre los escritos de los clásicos, sin adulteraciones, existían dos manuales que “tienen las características que hacen del manual un instrumento útil para aprender a hacer o pensar algo: son breves repasos de muchos temas”. Los textos a los que se refiere Sacristán son el Anti-Dühring [6] y el Manifiesto Comunista. No eran la solución perfecta -el Manifiesto tenía entonces más de un siglo de antigüedad y al primero poco le faltaba- pero éste era, en su opinión, un mal menor.
El segundo apartado del escrito está centrado en el contenido del Manifiesto del Partido Comunista, a cuyo estudio debería dedicarse la primera parte de un curso elemental. Señala Sacristán que, en el prólogo de 1872, Marx y Engels ya sostenían el carácter caduco de algunas de las partes de este manual. Si eso era así en 1872, mucho más lo sería noventa años después, en el momento en el que él escribía este material.
El MC había sido escrito por encargo de la Liga de Comunistas, “una organización clandestina formada sobre todo por emigrados alemanes en Francia”. Dada la influencia que entre los obreros franceses tenía el socialismo utópico, Marx y Engels dedicaron varias páginas a la crítica de diversas tendencias del socialismo. Señala Sacristán a continuación que, por aquel entonces, las ideas de la misma Liga de los Comunistas eran poco precisas, que el propio Marx aún no había elaborado su teoría de la plusvalía y que muchos miembros de la Liga eran, propiamente, de tendencia anarquista [7]. De ahí que en el MC faltaran ideas centrales de Marx y que, por otra parte, contuviera pasajes ambiguos, “tal vez con objeto de que los miembros de tendencias anarquistas aprobaran el escrito”. Además de ello, no es Sacristán quien habla ahora, el MC es un texto de juventud, un texto que Marx escribió cuando apenas tenía 30 años, aproximadamente la misma edad que tenía Sacristán cuando escribió su material.
Por lo tanto, la persona interesada por el marxismo no debía pensar éste como “un dogma que se le presente hecho, concluso, perfecto y detallado”, dado que, en primer lugar, el marxismo no es en absoluto un sistema filosófico que lo explique todo:
[…] el marxismo es, visto como teoría, la toma de conciencia de la actitud científica, no la suma de todos los conocimientos científicos. La conciencia científica es la clave de la ciencia, pero no es la ciencia.
En segundo lugar, esta toma de conciencia ante la realidad era histórica, dependía de nuestro grado de conocimiento alcanzado. De ahí que no fuera inmutable.
Finalizaba Sacristán este segundo apartado con indicaciones pedagógicas. De este modo, la lectura del texto debía ser individual. En la primera fase de estudio colectivo, un miembro del grupo resumiría una parte o la totalidad de un capítulo; los restantes miembros criticarían, completarían o aprobarían la lectura anterior. La finalidad de esta fase era “asegurarse de que se ha llegado a una interpretación textual en la que esté de acuerdo todo el grupo de estudio”. En la última fase se discutirán las cuestiones de fondo; es decir, no “¿qué es lo que dice el texto?”, sino “¿es verdad lo que dice el texto?”.
La sección III de PLMC señala algunos puntos de discusión. Está dividido en tres apartados: 1. Cuestiones teóricas generales; 2. Análisis de la sociedad capitalista y su evolución, y 3. Toma y ejercicio del poder por la clase obrera; sociedad comunista.
En el primero, se discuten temas como los siguientes:
El papel de los factores sobrestructurales.
Sacristán señala que en este punto la cuestión es precisar qué se quiere decir cuando se afirma que ”la vida política y cultural se construye sobre la base económico-social”. Si lo afirmado fuera que todo elemento político-cultural viniera, directa o indirectamente, de la base económico-social, entonces ningún elemento sobreestructural tendría influencia en la base económica. La tesis estaría refutada en el mismo MC. Dos son los hechos citados en el clásico de Marx y Engels de carácter sobreestructural que han influido en la marcha de la economía burguesa: el descubrimiento de América y la circunnavegación de África.
2. El comunismo primitivo.
La tesis de la historia entendida como lucha de clases había sido modificada en uno de los prólogos del Manifiesto: se exceptuaba de esa tesis metahistórica el llamado “comunismo primitivo”. Las cuestiones que sobre este punto valía la pena discutir eran: a) ¿qué validez tenía entonces [1956] la hipótesis del comunismo primitivo en la ciencia prehistórica, la antropología y la etnología?; y b) la introducción de esa nueva hipótesis sólo les había hecho modificar a Marx y Engels su concepción de la prehistoria humana, no, en cambio, su visión global de la historia propiamente dicha. ¿Era correcta esta observación?
3.La falta del concepto de plusvalía en el Manifiesto.
Señala Sacristán que la teoría de la plusvalía, a diferencia de la hipótesis del comunismo primitivo, “acarrea una ampliación esencial y una corrección al marxismo del Manifiesto”: por una parte, permite la comprensión del mecanismo de beneficio capitalista y de la acumulación del capital industrial, y por otra, la rectificación de la tesis de que el obrero vende su trabajo. Vende, como se sabe, su potencial productivo, su fuerza de trabajo.
4. La alienación[8].
En el capítulo III del Manifiesto se rechaza “la consideración filosófica de los problemas sociales o básicos”. De este modo se margina el delicado asunto de la alienación.
El tema había sido ampliamente discutido entre marxistas. Para unos, era un simple resto idealista-hegeliano; para otros, era, es un punto esencial del marxismo. Para Sacristán, la situación del tema en los textos clásicos de la tradición era la siguiente: 1. Antes del MPC: Marx ha hablado de alienación en el siguiente sentido: “el hombre ha estado siempre sometido, como si fueran fuerzas autónomas, a cosas que él mismo crea” De este modo, ideas religiosas, ideales morales, concepciones jurídicas, son producto suyo pero las considera poderes externos a él. 2. En el MPC, Marx se desentiende de este tipo de consideraciones filosóficas generales. 3. Después del MPC, Marx habla de un fenómeno, por él descubierto, “el fetichismo de la mercancía”. Cuando un producto producido por el ser humano pasa al mercado, cobra en él un valor de cambio, que es un valor abstracto. El valor de cambio, llamado mercancía, no es idéntico a su valor de uso. La mercancía a pesar de ser un producto de seres humanos “está regida por leyes que son independientes de la voluntad de sus productores y de sus consumidores, y a menudo contrarias a dicha voluntad”. En la sociedad capitalista, donde todo se mercantiliza, el producto humano, convertido en mercancía, se hace “fetiche”: “como el fetiche, la mercancía está producida por el hombre, pero el hombre se somete a ella como el primitivo al fetiche”. 4. En sus últimos años, Marx y Engels sostuvieron que la sociedad comunista no causará la fetichización de los productos, ni el fetichismo generalizado causado por la economía y la sociedad capitalistas.
La posición de Sacristán en este tema contradice, pues, la opinión de otros marxistas de la época que sostenían que el tema de la alienación era un resto hegeliano-idealista en la obra de Marx, una cuestión no propiamente marxista o, cuanto menos, inexistente en el Marx maduro.
En el apartado B de su escrito, titulado “Análisis de la sociedad capitalista y de su evolución”, Sacristán señala las insuficiencias del MPC respecto a la situación y evolución de la sociedad capitalista a mediados del siglo breve. Discute aquí los siguientes temas:
1. ¿Dos clases únicas? ¿Existe una tercera clase entre la burguesía y el proletariado? Su propia posición la resume del modo siguiente:
[…] una cosa es que con la gran industria capitalista y su evolución sea naturalmente compatible una industria artesana -cuyos miembros forman efectivamente una clase media entre el proletariado y la clase capitalista-; y otra cosa es que con la gran industria capitalista y su evolución sean compatibles industrias pequeñas o menores, pero también capitalistas- en cuyo caso no hay tercera clase...
2. El estado burgués como administrador de los intereses de la burguesía.
Plantea aquí Sacristán cuestiones del siguiente tenor: la lucha de la clase obrera, ¿ha perturbado esa función del estado burgués? ¿Es impedida esa función por la división misma de la burguesía en capas y grupos de interés?
El cambio en la sociedad burguesa.
Clarifica en este punto la tesis del MPC según la cual es característico de la sociedad burguesa un rápido cambio en la producción misma. ¿Es contradictoria esa afirmación con la tesis básica del MPC que supone que un cambio en las relaciones de producción es un cambio de toda la base social? La respuesta de Sacristán es negativa: “cada clase sigue en la misma relación en que estaba con los medios de producción”. Lo característico del capitalismo [9] es que se producen en él muchas más innovaciones técnicas que en otros anteriores modos de producción.
4. La pauperización.
Había que distinguir aquí dos aspectos en opinión de Sacristán: la pauperización absoluta y la relativa, en la que aun ganando cada vez más, el obrero “vea aumentar su salario real menos de lo que aumenta la productividad de su trabajo”. Señala Sacristán que en el MPC hay una interesante presentación de este problema que, apunta, “no parece haber sido estudiado como merece”.
Finaliza este apartado Sacristán con preguntas abiertas del siguiente tenor que fueron atendidas por él mismo en conferencias e intervenciones de años posteriores: “¿podrá el capitalismo cubrir con gastos políticos la probable existencia de grandes masas de fuerza de trabajo liberada por la automatización, convirtiendo a los parados en pobres parásitos?” o “¿no será demasiado antieconómico para ser compatible con el principio del beneficio?”.
Al final de la sección, Sacristán da cuenta de algunas tesis del MPC que han quedado superadas por la propia evolución de la sociedad burguesa. Entre ellas, que la economía capitalista ponga la explotación al descubierto o que el obrero industrial no necesite aprender nada.
La última parte del escrito está dedicada a la cuestión del poder político. Señala aquí Sacristán que en el MPC Marx y Engels no indican nada sobre “la toma del poder por la clase obrera y muy poco acerca del ejercicio del mismo”. Hablarán de un cambio total de la organización del Estado a partir de 1871, en base a la experiencia de la Comuna de París.
Respecto a la familia, la moral y la cultura, Sacristán sostiene que la sociedad comunista debe desfetichizar completamente esas relaciones, liberarlas de todo carácter no-personal y hacerlas libres y puramente humanas. El MPC, advierte, es muy oscuro en este punto. Por dos razones probablemente: para ser aceptado por los miembros anarquistas de la Liga de Comunistas y por falta de elaboración. Así, apunta:
[…] el Manifiesto presenta al proletariado desligado del pasado cultural, como si el proletariado no tuviera nada que ver con las conquistas conseguidas por la humanidad bajo el dominio de otras clases (piénsese, por ejemplo, en la ciencia).
PLMC finaliza con una “bibliografía marxista de la España actual” en la que Sacristán relacionaba las obras de Marx y Engels entonces traducidas al catalán o al castellano, así como antologías sobre economía, filosofía, sociología o arte (indicando, además, el precio exacto o aproximado de todas ellas). Sacristán presenta la bibliografía con las siguientes palabras, que enseñan también sobre sus preocupaciones didácticas y sobre las personas que tuvo en mente al escribir el material
Se ha tratado de reunir la lista de los principales textos de Marx y Engels que pueden adquirirse hoy en las librerías españolas. Resulta conveniente dirigirse a las grandes librerías donde es probable que haya existencias de los mismos o bien encargarlos si no es así, para ello basta indicar al librero el título y la editorial de referencia y acaso para mayor seguridad el lugar de la publicación. En la lista que sigue se indican los precios de las obras (que pueden haber variado levemente), precio que en algunos casos va seguido de la indicación apr. (aproximadamente) cuando no se tiene la absoluta certeza de los mismos.
Probablemente Sacristán no hubiera tenido divergencias con este comentario de Eric Hobsbawm [10] escrito con ocasión del 150 aniversario de la edición del Manifiesto, unos cuarenta años después de que Sacristán escribiera su material de estudio (obsérvese su coincidencia con Hobsbawm en su juicio sobre a la fuera estilística del Manifiesto):
¿Qué efecto tendrá el Manifiesto en el lector que acceda a él por primera vez en 1998? El nuevo lector difícilmente se podrá resistir a ser arrastrado por la convicción apasionada, la brevedad sintética, la fuerza intelectual y estilística, de este sorprendente panfleto... No obstante, lo que también llamará sin duda la atención del lector contemporáneo es el notable diagnóstico del Manifiesto acerca del carácter revolucionario y el impacto de la “sociedad burguesa”... Hoy vivimos en un mundo en el que esta transformación se ha realizado en su mayor parte, aunque los lectores del Manifiesto en el tercer milenio del calendario occidental sin duda observarán que ha avanzado incluso más allá desde 1998. En algunos sentidos, hoy podemos incluso ver de forma más clara la fuerza de las predicciones del Manifiesto que las generaciones situadas entre nosotros y su publicación...P ara acabar, lo que en 1848 pudo sorprender a un lector no comprometido como retórica revolucionaria o, como mucho, como predicción verosímil, hoy se puede leer como una caracterización concisa del capitalismo a finales del siglo XX. ¿De qué otro documento de la década de 1840 se puede decir lo mismo?
No fue esta la última vez en que Sacristán se aproximó a “este sorprendente panfleto” [11]. Lo haría repetidas veces. Dar cuenta de ello exige una nueva aproximación.
http://manuelsacristan.blogspot.com/2009/11/msl-per-llegir-el-manifest-comunista.html
Notas:
[1] Este libro de Sacristán fue reeditado por Público, a finales de noviembre de 2009, en su colección “Pensamiento crítico”. El artículo -“¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?”- se editó con cortes en El País de 16 de marzo de 1983 y posteriormente, en versión completa, la que es recogida en el volumen, en mientras tanto, nº 16-17, octubre de 1983, pp. 127-132, el magnífico monográfico que la revista dedicó a Marx en el primer centenario de su fallecimiento. El número incluyó también el artículo “Karl Marx como sociólogo de la ciencia”, publicado como opúsculo en México, y su conversación con Gabriel Vargas y otros amigos para Dialéctica, una revista de filosofía y ciencias sociales que sigue publicándose en la actualidad.
[2] Sobre el clásico alemán, véase “La veracidad de Goethe”, Lecturas, Barcelona, Icaria, 1985, pp. 94-95. En un paso de esta presentación la edición castellana de las obras en prosa del autor de Fausto traducidas por José Mª Valverde, señalaba Sacristán: “[…] A ese nivel de la metodología general, a propósito de la intrincada conjunción de la teoría con la experiencia, Goethe es mucho más moderno y veraz que sus contemporáneos y hasta que el propio Newton. Goethe sabe que el científico está constantemente “fingiendo hipótesis”: “Curiosísima exigencia ésta, presentada sin duda alguna vez, pero incumplida siempre incluso por los que la esgrimen: que hay que exponer las experiencias sin conexión teorética alguna, dejando que el lector, el discípulo, se formen a su arbitrio la convicción que les plazca. Pero el mudo mirar una cosa no puede hacernos adelantar. Todo mirar se convierte, naturalmente, en un considerar; todo considerar, en un meditar; todo meditar, en un entrelazar; y así puede decirse que ya en la simple mirada atenta que lanzamos al mundo estamos teoretizando.” Y ese principio, básico en la ciencia moderna después de la primera ofuscación empirista-induccionista a lo Bacon, se convierte en motivo central del pensamiento de Goethe: “pues, ¿qué es intuición sin pensamiento?” se pregunta en Poesía y verdad.
[3] Véanse las declaraciones de Jaume Botey en los documentales “Integral Sacristán” de Xavier Juncosa (El Viejo Topo, Barcelona, 2006).
[4] Tomo la información del imprescindible trabajo de Juan-Ramón Capella, “Aproximación a la bibliografía de Manuel Sacristán”, mientras tanto, nº 30-31, 1987, pp. 193-224.
[5] La expresión “materialismo dialéctico” apenas fue usada por Sacristán en sus escritos. Sobre su aproximación a la noción, véase M. Sacristán, Sobre dialéctica, El Viejo Topo, Barcelona, 2009.
[6] Sacristán tradujo el Anti-Dühring engelsiano en 1964. De su prólogo para la edición, uno de sus escritos más influyentes, se dará cuenta en posteriores aportaciones.
[7] En una entrevista con el diario barcelonés La Vanguardia de 5 de abril de 1983 -“Manuel Sacristán, un marxista que se acerca al anarquismo”- señalaba Sacristán: “Antes de entrar en el PSUC, me consideraba un marxista anarquista, un poco al estilo de Rubel (...) Creo que los términos “marxismo”, “comunismo”, “socialismo”, “anarquismo” abarcan ya cada uno de ellos formulaciones con tantos matices diferentes que, en mi opinión, aluden más a tradiciones de pensamiento que a cuerpos doctrinales fijos. Y, además, me parece que eso es un bien, no sólo por lo que tiene de rectificación de posibles esquematismos injustificables, sino porque en esta época de reflujo de las expectativas de cambio social revolucionario esa situación de crisis de estructuras teóricas supuestamente rígidas puede ayudar a remontarse a la fuente común de la que ha salido todas esas tradiciones: socialismo, anarcosindicalismo, marxismo, etcétera (...) En mi concepción, el anarquismo podría identificarse con el principio del placer, del pensamiento revolucionario: el marxismo representaría el principio de realidad. Aunque eso no sea más que una broma didáctica. En cualquier caso, en estos momentos la necesidad de emplear una nueva época del pensamiento revolucionario es tan visible, que lo mejor sería que las disputas de escuela pasaran a último lugar. Y, por otra parte, siempre es bueno hablar sin palabras terminadas en “ismo” enfrentándose directamente con los problemas (...) Ni siquiera se puede olvidar que antes de la revolución rusa a muchas instituciones conservadoras europeas les era sumamente difícil distinguir entre un anarquista y el Lenin de El Estado y la Revolución. Pero no se trata de volver atrás en el tiempo, cosa a la vez ilusoria y poco consistente. Se trata mas bien de proyectar hacia adelante: lo que pasa es que las motivaciones que hay que proyectar tienen esos nombres históricos de socialismo, anarquismo, comunismo...”
[8] Sacristán escribió en 1969 la voz “Alienación” para un diccionario de lógica y filosofía cuya traducción él mismo coordinó. Puede verse ahora en Manuel Sacristán, Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 411-413.
[9] En una nota a pie de página de su traducción del primer libro de El Capital -OME-41, p. 262, n. 148- daba Sacristán la siguiente definición “aristotélica” del capitalismo por género y diferencia: “Según la doctrina tradicional desde Aristóteles, la definición de una especie se forma mediante el producto del género más reducido a que pertenece esa cosa y la diferencia que la separa de los demás grupos de cosas que pertenecen al mismo género. En ese caso, la especie capitalismo se define por el producto del género próximo “producción mercantil” y la diferencia específica “llevada a cabo para valorar capital”.
[10] “Introducción al Manifiesto Comunista” (edición de la editorial Crítica, 1998, con ocasión de 150 aniversario de la publicación del MC).
[11] En la nota previa que escribiera Sacristán para el primer volumen de sus Panfletos y Materiales –Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, p. 7- definía así este denostado género: “(…) aparte de materiales no he hecho más que trabajo académicos, cuando he estado en la universidad, y panfletos. No es difícil distinguir entre un material y un panfleto, aunque traten de lo mismo. El panfleto no se escribe para la gente de uno, a diferencia del material, sino para llamar la atención de otros círculos que se considera interesantes.”

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